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Elecciones: arranca el raid en 5 provincias y la Ciudad, y es incierto el debut de los libertarios

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Uno por uno, qué diputados votaron a favor de la reforma laboral y quiénes en contra

La reforma laboral promovida por el Gobierno de Javier Milei obtuvo este viernes media sanción en la Cámara de Diputados, con 135 votos a favor y 115 en contra, sin abstenciones y con seis ausencias, y volverá ahora al Senado para el tratamiento de las modificaciones incorporadas al texto original.
El debate dejó expuesto el posicionamiento individual de cada legislador frente a una de las iniciativas más sensibles del oficialismo.
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Diputados que votaron a favor de la reforma laboral
Conformaron la mayoría afirmativa los legisladores de La Libertad Avanza, el PRO, la UCR, Innovación Federal y bloques provinciales. El respaldo fue clave para alcanzar el umbral de 126 votos necesarios.
Votaron afirmativamente (135): Guillermo César Agüero, Sabrina Ajmechet, Carlos Alberto Almena, Lisandro Almirón, Bárbara Andreussi, Pablo Ansaloni, Damián Arabia, Martín Ardohain, Alberto Arrúa, Belén Avico, Karina Banfi, Atilio Basualdo, Carolina Basualdo, Mónica Becerra, Beltrán Benedit, Bertie Benegas Lynch, Emmanuel Bianchetti, Bernardo Biella, Rocío Bonacci, Alejandro Bongiovanni, Gabriel Bornoroni, Adrián Brizuela, Eliana Bruno, Mariano Campero, Sergio Eduardo Capozzi, Alejandro Carrancio, Giselle Castelnuovo, Abel Chiconi, Gerardo Cipolini, Facundo Correa Llano, Fernando de Andreis, María Florencia de Sensi, Romina Diez, Nicolás Emma, Eduardo Falcone, Alejandro Fargosi, Daiana Fernández Molero, Elia Marina Fernández, Alida Ferreyra, Sergio Figliuolo, Alejandro Finocchiaro, María Gabriela Flores, Alicia Fregonese, Maira Frías, María Virginia Gallardo, Álvaro García, Carlos García, José Luis Garrido, Antonela Giampieri, Silvana Giudici, Rosario Goitia, Alfredo Gonzales, María Luisa González Estevarena, Álvaro González, Diógenes Ignacio González, Gerardo Gustavo González, Maura Gruber, Carlos Gutiérrez, Jairo Guzmán, Diego Hartfield, Oscar Herrera, Patricia Holzman, Gerardo Huesen, Gladys Humenuk, María Cecilia Ibañez, Carlos Gustavo Jaime Quiroga, Andrés Ariel Laumann, Lilia Lemoine, Andrés Leone, Mercedes Llano, Enrique Lluch, Johanna Sabrina Longo, Lorena Macyszyn, Álvaro Martínez, Karina Maureira, Nicolás Mayoraz, Gladys Medina, Julieta Metral Asensio, Soledad Molinuevo, Soledad Mondaca, Guillermo Montenegro, Juan Pablo Montenegro, Francisco Morchio, Julio Moreno Ovalle, Gabriela Luciana Muñoz, Lisandro Nieri, Miriam Niveyro, José Núñez, Joaquín Ojeda, Pablo Outes, Sebastián Pareja, Marcos Patiño Brizuela, Santiago Pauli, Agustín Pellegrini, Federico Agustín Pelli, José Peluc, Luis Petri, María Lorena Petrovich, Luis Albino Picat, Nancy Viviana Picón Martínez, María Celeste Ponce, Manuel Quintar, Valentina Ravera, Adrián Ravier, Verónica Razzini, Karen Reichardt, Gastón Riesco, Cristian A. Ritondo, Jorge Rizzotti, Gonzalo Roca, Laura Elena Rodríguez Machado, Miguel Rodríguez, Yamila Ruiz, Javier Sánchez Wrba, Juliana Santillán Juárez Brahim, Santiago Santurio, Gisela Scaglia, Darío Schneider, Laura Soldano, Yamile Tomassoni, Rubén Darío Torres, Aníbal Tortoriello, José Federico Tournier, César Treffinger, Hernán Urien, Daniel Vancsik, Patricia Vásquez, Yolanda Vega, Andrea Fernanda Vera, Pamela Fernanda Verasay, Lorena Villaverde, Gino Visconti, Martín Yeza, Oscar Zago y Carlos Raúl Zapata.
Diputados que votaron en contra y ausentes
El rechazo estuvo encabezado por Unión por la Patria, el Frente de Izquierda, la Coalición Cívica y otros espacios provinciales, que cuestionaron el contenido y el alcance de la iniciativa.
Votaron negativamente (115): Hilda Aguirre, Ernesto “Pipi” Alí, Claudio Álvarez, Cristian Andino, Javier Andrade, Jorge Neri Araujo Hernández, Lourdes Micaela Arrieta, Martín Aveiro, Fernanda Ávila, Jorge Antonio Ávila, Marcelo Barbur, Luis Eugenio Basterra, Gustavo Bordet, Alejandrina Borgatta, Myriam Bregman, Juan Fernando Brügge, Santiago Cafiero, Celia Campitelli, Julieta Marisol Campo, Lucía Cámpora, Florencia Carignano, Carlos Daniel Castagneto, Jorge Chica, Carlos Cisneros, Mariela Coletta, Ricardo Daives, María Graciela de la Rosa, Natalia de la Sota, Nicolás del Caño, Romina del Plá, Fernanda Díaz, Sergio Dolce, Gabriela Beatriz Estévez, Pablo Farías, Emir Félix, Jorge Fernández, Abelardo Ferrán, Maximiliano Ferraro, Mónica Frade, Andrea Freites, Sebastián Galmarini, María Teresa García, Diego A. Giuliano, José Glinski, José Gómez, Juan Grabois, Ramiro Gutiérrez, Raúl Hadad, Itai Hagman, Ana María Ianni, Pablo Juliano, Máximo Kirchner, Moira Lanesan Sancho, Aldo Leiva, Cecilia López Pasquali, Jimena López, Martín Lousteau, Juan Pablo Luque, Marcelo Mango, Mario Manrique, Marianela Marclay, Varinia Lis Marín, Juan Marino, Germán Pedro Martínez, Nicolás Massot, Guillermo Michel, Fernanda Miño, Juan Carlos Molina, Matías Molle, Fernando Monguillot, Roxana Monzón, Cecilia Moreau, Hugo Antonio Moyano, Jorge Mukdise, Estela Mary Neder, Sebastián Nóblega, Kelly Olmos, Blanca Inés Osuna, Marcela Marina Pagano, Sergio Omar Palazzo, Claudia María Palladino, María Graciela Parola, Esteban Paulón, Gabriela Pedrali, Paula Andrea Penacca, Miguel Ángel Pichetto, Horacio Pietragalla Corti, Néstor Pitrola, Lorena Pokoik, Luciana Potenza, Agustina Lucrecia Propato, Ariel Rauschenberger, Santiago Luis Roberto, Agustín Oscar Rossi, Marina Dorotea Salzmann, Nancy Sand, Sabrina Selva, Adriana Cristina Serquis, Vanesa Raquel Siley, Guillermo Snopek, Julia Strada, Jorge Taiana, Rodolfo Tailhade, Caren Tepp, Pablo Todero, Victoria Tolosa Paz, Nicolás Alfredo Trotta, Eduardo Félix Valdés, M. Elena Velázquez, Luana Volnovich, Hugo Yasky, Pablo Raúl Yedlin, Natalia Zaracho, María Inés Zigarán y Christian Alejandro Zulli.
Ausentes (6): Sergio Guillermo Casas, Ignacio García Aresca, Javier Noguera, Juan Schiaretti, Paulo Agustín Tita y Alejandra Torres.
Con este resultado, el proyecto vuelve al Senado, donde el oficialismo deberá revalidar los apoyos en un escenario de tensión con la oposición.
Diputados, reforma laboral, votacion
POLITICA
El paro de la CGT en contra de la reforma laboral tuvo un fuerte impacto por la adhesión del transporte y hubo cruces con el Gobierno

Decidida a confrontar con el Gobierno a pesar de haber blindado sus cajas en el proyecto de ley de reforma laboral, la CGT activó su cuarto paro general contra la gestión de Javier Milei. A diferencia de las otras oportunidades, la huelga de hoy tuvo un fuerte impacto por la adhesión casi total del transporte público de pasajeros, lo que afectó a la circulación y a la actividad económica en todo el país.
La huelga se concretó en paralelo al tratamiento en la Cámara de Diputados de la iniciativa oficial para modificar la legislación laboral, cuyos ejes son reducir cálculos indemnizatorios, contar con más facilidades para emplear y despedir personal, limitar el derecho a huelga y habilitar cambios en la jornada laboral. Si bien la CGT llamó a un paro sin movilización, hubo grupos de izquierda, piqueteros y gremios díscolos que marcharon hacia el Congreso para expresar su rechazo al plan libertario. Hubo incidentes, con choques entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad.
La jornada arrancó con algunos focos de tensión por sectores de izquierda y piqueteros que se desmarcaron de la CGT y decidieron salir a la calle. Los trabajadores despedidos de la planta de Fate cortaron por unos minutos la Panamericana, mientras que otros grupos interrupieron los accesos a la Ciudad de Buenos Aires con bloqueos en el Puente Pueyrredón y en Puente La Noria. Intervino la Gendarmería en todos los cortes hasta liberar las calles para que circulen los vehículos.
El Gobierno relativizó el impacto de la huelga con acusaciones a los sindicalistas. “El paro es bastante perverso, porque si te cortan el medio de transporte, por más ganas que tengas de trabajar, no podés hacerlo. No hay nada más extorsivo y en contra de la libertad que lo que están haciendo los sindicalistas. Por algo la gente los odia, tienen 80% de imagen negativa, y cómo no van a tener esa imagen si lo único que hacen es complicarle la vida al trabajador”, dijo el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Adorni estimó una pérdida de $600 millones de dólares por la medida de fuerza y en la Casa Rosada no descartan sancionar con una multa a la Unión Tranviaria Automotor (UTA) y a La Fraternidad, los gremios de colectiveros y maquinistas de tren, que no prestaron servicios a pesar de ser considerados una actividad esencia. Tampoco funcionó el transporte aeronaútico, con más de 300 vuelos suspendidos.
“Tuvo un acatamiento de más del 90% de la actividad detenida”, dijo Jorge Sola, uno de los integrantes del triunvirato de mando de la CGT. Sola hizo su balance rodeado del consejo directivo en plenitud y cuestionó “la falta de diálogo” del Gobierno y caminó con pies de plomo sobre el proyecto de reforma laboral. “Por este proyecto de ley pretenden sacar 6000 millones dólares anuales que van a pasar del salario diferido de los trabajadores al sector financiero”, dijo el jefe del Sindicato del Seguro, escoltado de Cristián Jerónimo y Octavio Argüello, sus otros dos laderos en la cúpula cegetista.
“En estas 12 movilizaciones y cuatro paros [generales] hemos sido consecuentes y responsables para mantener la paz social, ante la negación del diálogo”, subrayó Sola. El paro general sirvió como una vía para descomprimir tensiones internas en el mapa sindical, ya que hubo fuertes cuestionamientos al triunvirato por la negociación que abrió con la Casa Rosada antes de que el proyecto logre su media sanción en el Senado, el 11 de febrero pasado.
“Los gobernadores son cómplices de esta traición”, apuntó Jerónimo contra los mandatarios provinciales que ordenaron a sus legisladores acompañar al oficialismo, entre ellos, muchos peronistas y hasta con raíces sindicales, como es el caso del santacruceño Claudio Vidal. El oficialismo logró el quorum en la Cámara de Diputados para abrir la sesión gracias al aporte de los gobernadores Osvaldo Jaldo (Tucumán), Gustavo Sáenz (Salta), Marcelo Orrego (San Juan), Vidal (Santa Cruz), Hugo Passalacqua (Misiones) y Raúl Jalil (Catamarca). Los sindicalistas también lanzaron advertencias contra los diputados.
La medida de fuerza de la CGT se dio en un contexto de cierre de empresas, paritarias por debajo de la inflación y el apuro oficial para sancionar la reforma laboral antes de la apertura de las sesiones ordinarias que encabezará Milei, el 1° de marzo próximo. El Presidente no estuvo en el país durante el desarrollo de la huelga. Participó en Washington del Consejo de la Paz que lanzó Donald Trump. En paralelo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) apoyó la reforma laboral, aunque pidió “mitigar los costos de transición”, en relación a los coletazos en la economía doméstica de la apertura de las importaciones.
El rechazo de los sindicatos a la reforma laboral no se mitigó a pesar de la decisión del Gobierno de eliminar del proyecto el artículo 44, que disponía descuentos salariales ante faltas por lesiones o enfermedad del trabajador. La preocupación de los gremios se centra hoy en los límites al derecho a huelga y en la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), creado para financiar las indemnizaciones. Por ambos puntos, la CGT ya trabaja en una estrategia judicial para intentar frenar su implementación, en caso de que se convierta en ley.
En comparación con los otros tres paros, el de hoy fue el más contundente por la adhesión casi total del transporte. Fueron determinantes los aportes de los colectiveros de la UTA y de los ferroviarios. Además, se paralizó el polo agroexportador en Rosario por el cese de los portuarios, aceiteros y camioneros. Se resintió la actividad en los comercios, bancos y actividades deportivas (se suspendieron los partidos de la Liga Profesional de fútbol), aunque hubo sectores particulares y autónomos que desarrollaron su jornada con normalidad.
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Desmovilización e incidentes en la marcha contra la reforma laboral: ¿Por qué el Gobierno volvió a ganarle la pulseada a los piqueteros?

Una vez más, el Gobierno de Javier Milei le ganó la pulseada a los organizadores de la marcha frente al Congreso, convocada en rechazo al proyecto de reforma laboral.
La definición no es ideológica, sino objetiva. Tampoco está basada en recortes de redes sociales, imágenes de drones o planos cerrados o abiertos de las cámaras de televisión. Es la certeza de quien auscultó el corazón de la marcha en la Plaza Congreso desde las 13 hasta las 21.
Los organizadores ya no cuentan con el mismo poder de movilización. Ni siquiera gremios convocantes como la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), identificados con sus chalecos verdes, ni las dos CTA consiguieron demostrar contundencia a la hora de copar las calles.
Podrán escudarse en que la CGT convocó a un paro general sin movilización, al que adhirieron los gremios del transporte. Es una verdad a medias: buena parte de los militantes sindicales llegaba al centro porteño en micros, camionetas y camiones; no en colectivos, subtes o trenes.

La izquierda, las organizaciones trotskistas y piqueteras, y los sindicatos combativos tampoco lograron teñir de rojo la Plaza Congreso.
Lo mismo sucedió el miércoles 11, cuando fue el primer turno del tratamiento del proyecto de ley, al que calificaron como “esclavista”. Ese día, los medios de transporte funcionaban con normalidad y la CGT convocó a marchar. Sin embargo, tampoco reventaron la plaza ni, mucho menos, los alrededores del Palacio Legislativo.
Por los aciertos del Ministerio de Seguridad de la Nación y su protocolo antipiquetes; por las políticas del Ministerio de Capital Humano, que quitó el incentivo que tenían las organizaciones sociales con los planes y bolsones de comida; por el accionar de los camiones hidrantes, de la brigada motorizada de la Policía Federal Argentina; por la acción de la Gendarmería —a cuyos efectivos algunos llaman “tortugas ninja”— y el trabajo combinado con la Policía de Seguridad Aeroportuaria y Prefectura Nacional; o por una combinación de todos esos factores, lo cierto es que las marchas anteriores —y esta, la del 19 de febrero— fueron un 90 por ciento menos numerosas que, por ejemplo, las que se registraban contra las políticas del gobierno de Mauricio Macri.

Incluso, el Polo Obrero y el bloque piquetero concentraban más militantes frente al Ministerio de Desarrollo Social para reclamar planes y bolsones durante el gobierno kirchnerista de Alberto Fernández que ahora.
Y esto sin mencionar a las organizaciones sociales agrupadas en la Unión Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). “Los Cayetanos”, que cada 7 de agosto se movilizaban contra el gobierno del PRO de Mauricio Macri desde la basílica del santo patrono del trabajo, ubicada en el barrio porteño de Liniers, hasta Plaza de Mayo, congregaban más de trescientas mil personas. Reclamaban la “emergencia alimentaria”.
Al frente de “Los Cayetanos” marchaban referentes como Esteban “Gringo” Castro, secretario general de la UTEP; el ahora diputado nacional Juan Grabois, por entonces referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE); Emilio Pérsico, líder del Movimiento Evita; y Juan Carlos Alderete, referente de la Corriente Clasista y Combativa (CCC).
Ayer, la UTEP envió una representación de menos de 300 personas. Y el miércoles 11 “Los Cayetanos” no representaban ni el 2 por ciento de los que marchaban contra Mauricio Macri.
Las principales organizaciones convocaron a concentrar a partir de las 12. A la una de la tarde, la Plaza Congreso estaba prácticamente vacía. Recién a las 14 ingresaron las principales columnas y, entre las 15.30 y las 16, con absoluto orden y la misma prolijidad con la que habían llegado, comenzaron a desconcentrarse. Lo hicieron por Solís y Virrey Cevallos en dirección a la avenida Belgrano; y por Hipólito Yrigoyen y la avenida Rivadavia hacia la 9 de Julio.
El vallado que separaba a los manifestantes de los agentes de seguridad era impactante. También lo era el despliegue de efectivos, móviles y recursos logísticos. Por momentos, los movimientos de los federales, con sus camperas, formaban olas de color azul con las letras PFA en amarillo.
Pero el Gobierno no solo ganó la pulseada de la desmovilización y la desmotivación —algo que será materia de estudio para sociólogos y politólogos—, también ganó por demolición, porque una vez más un grupo de inadaptados, infiltrados, guevaristas, piqueteros ultras, encapuchados pagos —o como se los quiera llamar— logró lo que se propuso: que la violencia, la represión y los desmanes se desataran con toda su fuerza.
Alrededor de las 16, cuando las columnas del Polo Obrero, ATE, CTA, MST, MAS, PTS y comunistas, entre otras agrupaciones, desocuparon la Plaza Congreso y la dejaron vacía, un grupo minoritario —con una enorme bandera argentina al frente y pancartas con el rostro de Ernesto “Che” Guevara, además de la identificación roja y negra que los señalaba como supuestos integrantes del Movimiento Territorial Liberación, organización territorial de la CTA Autónoma— intentó derribar el compacto vallado detrás del cual se encontraba una triple formación de gendarmes y policías federales, custodiados por un camión hidrante.

No lo consiguieron. Comenzaron a arrojar botellas y palos contra los agentes apostados detrás de la fortificación. Las imágenes son inapelables. A la acción siguió la reacción: gases y chorros de agua a presión.
Después de más de una hora de esa esgrima, la Policía —no los violentos— abrió parte del vallado ubicado en Rivadavia y Callao, y cientos de gendarmes y oficiales, que llegaron a triplicar en número al grupo anarquista, cruzaron la línea divisoria. Con el respaldo de la brigada motorizada, que ingresó por el otro extremo del vallado en la intersección de Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos, desalojaron a los revoltosos que corrían por Rivadavia en dirección al Cine Gaumont.
Ambulancias del SAME y equipos de rescate desplegaron camillas. Los uniformados trasladaban a los detenidos hacia los móviles, con las manos inmovilizadas con precintos negros. A las 19, mientras en la Cámara de Diputados se seguía debatiendo la norma que sería aprobada a la medianoche, la calma regresó a los alrededores del Congreso. Algunos vecinos se asomaron a los balcones para aplaudir a los federales que retomaban posiciones.
Cada uno cumplió con parte de su labor. Un pequeño grupo generó violencia al final de una marcha pacífica y los agentes federales la sofocaron.
Los violentos, una vez más, fueron funcionales al Gobierno que dicen enfrentar.

La semana próxima, el Senado volverá a debatir el proyecto con las modificaciones introducidas en la Cámara baja. Para ese día, las organizaciones sociales y piqueteras convocan a una nueva marcha.
Alejandro Gramajo, secretario general de la UTEP, lo expresó en su cuenta de X: “La semana que viene, todas las centrales sindicales, movimientos populares, movimientos estudiantiles, organizaciones políticas y el pueblo en su conjunto, a copar el Congreso y todas las calles del país”.
¿Se repetirá el escenario? ¿El oficialismo seguirá ganando la pulseada callejera? ¿O las organizaciones sociales, gremiales y piqueteras habrán tomado nota?
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