POLITICA
Ficha defensiva de CFK y desafío de Milei en Buenos Aires: una sola elección, pero que expone ocho peleas

La jugada defensiva de Cristina Fernández de Kirchner al postularse para una banca en la Legislatura bonaerense y el combustible que le agrega al desafío de Javier Milei para polarizar y nacionalizar la pelea -con expresión en internas y alianzas aún irresueltas- confirman la enorme atracción política del capítulo bonaerense que se terminará de escribir en septiembre. La novedad, con todo, es el condimento inesperado que acaba de agregar la ex presidente al reto que supone el estreno de elecciones anticipadas en el principal distrito del país. Coloca el foco en un punto antes poco contemplado: la provincia es vista como un todo, gigante, pero en este caso no hay lista provincial sino competencia en cada una de las ocho secciones electorales.
Se trata de ocho elecciones en una sola entrega: cuatro secciones eligen diputados y las otras cuatro, senadores. Cada una con sus listas, por separado. La movida de CFK venía circulando desde hace rato, aunque pasada la oscura operación que volteó el proyecto de Ficha Limpia, había reaparecido la idea de la candidatura a diputada nacional, en octubre. No son tiempos distendidos para la ex presidente y entonces se impuso una decisión que mezcla cuestiones de necesidad política -que no disimulan debilidades a pesar del discurso- y cuentas en su frente judicial, con la mirada puesta en la Corte y en la causa Vialidad.
El anuncio de la ex presidente, centrada en la pelea con Axel Kicillof, altera sustancialmente el cuadro tradicional de elecciones en la provincia y genera un extraño efecto: sobresale su apuesta a una sola sección electoral -la Tercera, no sólo por el volumen de su padrón- y se destaca a la vez la tendencia a nacionalizar el resultado en base a la lectura provincial.
Vale hacer un repaso de la historia reciente y detenerse también en la característica absolutamente novedosa del desdoblamiento electoral, atado a la batalla doméstica del peronismo/kirchnerismo. Hasta ahora, desde el regreso a la democracia, las elecciones en Buenos Aires unieron en un mismo acto los comicios de diputados nacionales -también senadores, cada seis años- y legisladores provinciales. Esta vez, por decisión del espacio interno que encabeza Kicillof, la competencia local será el 7 de septiembre, desenganchada del turno nacional de octubre.
Y el cambio es significativo en términos de apuesta de los jefes territoriales y de los aparatos políticos. En el caso de las elecciones conjuntas, asomaban dos factores decisivos en el armado político: por debajo empujaban los intendentes de cada partido o coalición -que además ponen en juego su poder en los Concejos Deliberantes- y por encima traccionaban las figuras más convocantes o al menos conocidas de la lista nacional. En el medio quedaban las nóminas para la Legislatura bonaerense, por lo general sin mucho interés en colocar dirigentes de renombre y más bien nutridas de operadores y leales a cada sector.
Ahora, se produce un giro significativo. La atracción tiene que estar dada por la cabeza de cada lista de legisladores provinciales. CFK anunció que pondrá su nombre en la Tercera Sección y se verá qué pasa en las otras siete. Tiene una explicación que está lejos de mostrarla en su esplendor y expone sus limitaciones actuales para afirmar liderazgo interno. Pero como sea, constituye además un desafío para LLA, que teje un acuerdo aún impreciso con el PRO y tal vez con parte de la UCR. Es cierto que la nacionalización de la campaña, con eje en la confrontación deseada tanto por la ex presidente como por Milei, puede generar arrastre con la marca y colores partidarios, pero por ahora, al menos en el armado, no borra pretensiones peso de los jefes locales.

Este es un problema para todos. Los intendentes necesitan conservar o mejorar posiciones en la Legislatura, que es donde se negocia y se juega el poder provincial. Y no es un tema sólo del peronismo.
Es lo que expusieron en el interior del PRO quienes empujan alianzas en sus distritos, para conservarlos: necesitan ganar y a la vez, no ceder al extremo de perder posiciones valiosas. También se escuchan planteos entre intendentes radicales, incluso entre los amigables con LLA. Y el espacio para las jugadas locales puede producir sorpresas. Acaba de ocurrir con un aliado del PRO: el intendente de San Nicolás, Santiago Passaglia, anunció la creación de un frente propio en la Segunda Sección, para competir con LLA -y sus socios- y con el PJ/K.
CFK expresó una línea lógica para sostener su candidatura. Dijo, en otras palabras, que es inimaginable una disputa con chances para el PJ/K en octubre si pierde mal en septiembre y peor aún, si cae en la Tercera Sección Electoral de la provincia, que concentra las principales intendencias del GBA en manos del peronismo/kirchnerismo y que es el territorio en que nunca fue derrotado.
La ex presidente sabe que ese núcleo electoral no garantiza éxito total. Lo experimentó ella misma en 2017, cuando resultó derrotada por Esteban Bullrich en la elección de senadores nacionales. Entonces, sólo ganó en la Tercera Sección y perdió por cuatro puntos frente a lo que era Cambiemos en el resultado provincial.
Sin embargo, las consideraciones de CFK tienen más pliegues. Y anota en primera línea no sólo el objetivo de afirmarse como contrafigura de Milei, sino -y sobre todo- la apuesta a refirmar liderazgo partidario frente al proyecto presidencial de Kicillof.
Desde el primer momento de la exposición pública de esa tensión en el interior del propio kirchnerismo, la ex presidente cargó contra el juego del gobernador y su decisión de adelantar la elección bonaerense. Movida esa ficha por Kicillof y después del resultado porteño, apuntó contra La Plata por un posible desenlace similar en la provincia.
En otras palabras, presentó su decisión de competir como candidata a diputada provincial como un intento de salvar la ropa partidaria. Si al peronismo le va mal en general y gana en la “fortaleza” del sur del GBA, podría colocar toda la responsabilidad sobre Kicillof y, aún dañada, presentarse como reaseguro de “reconstrucción”. Y si le va relativamente bien a escala provincial, podría exponer que el suyo es el principal capital con efecto de arrastre. En espejo, una derrota propia sería catastrófica.
Por lo pronto, después de su anuncio se dejaron trascender unos primeros contactos personales con el gobernador. El repetido mensaje de la unidad contra Milei es parte de la campaña. Una elección que esta vez tiene un costado original y que genera un desafío para Olivos: el punto sería cómo nacionalizar y polarizar la disputa sin reducir el resultado a lo que ocurra exclusivamente en el terreno distrital elegido por la ex presidente. Ella movió su pieza, como reaseguro.
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POLITICA
Patricia Bullrich: “No nos asusta que vuelva al Senado”

La casta fue dada de alta. Goza de excelente salud. Gracias, presidente Milei. Aunque el Gobierno acaba de alcanzar un importante triunfo parlamentario con la media sanción de la reforma laboral, esa contundente victoria hubiera sido imposible sin la participación activa de varios integrantes, de un lado y otro, de la vieja casta política. La actual senadora libertaria Patricia Bullrich tiene casi cincuenta años de vida política, y Diego Santilli, ministro del Interior de Milei, ronda los 30 años de actividad pública, si se cuenta también el tiempo que vivió como militante del peronismo. Ellos negociaron con amigos y allegados, exhibiendo su larga experiencia, el contenido de ese proyecto. Del lado opositor, negociaron los dirigentes sindicales (un antiguo pedazo de la casta que se aseguró la conservación de su famosa “caja” con el aporte forzoso de los trabajadores), y varios senadores peronistas y radicales, algunos de ellos alentados por los gobernadores de sus provincias, que son la casta de la casta. Sin embargo, sería necio negar que con la compañía de tan destacados cófrades de la vieja casta el Presidente comenzó, luego también del acuerdo comercial con Estados Unidos y de impulsar el tratado de libre comercio con la Unión Europea, un proceso de radical modificación de la estructura económica del país. Una transformación que necesitará tiempo para verla funcionar plenamente, pero que se propone terminar con el excesivo protagonismo del sindicalismo en la política argentina, con una economía renuente al intercambio comercial con el exterior y con una producción nacional desmedidamente protegida por el Estado. El sistema vigente solo creó un país injusto, con una pobreza creciente y con una desigualdad progresiva. Es el mismo país que se jactó durante muchísimas décadas de tener la clase media más numerosa de América latina. Gran parte de esa clase media se desgarra ahora sus manos aferrándose a una pared simbólica para no caer en los sectores bajos de la sociedad. Llegó la hora, en efecto, de intentar algo nuevo y diferente.
POLITICA
La Justicia ya analiza los chats y audios entre la mano derecha de Pablo Toviggino y el financista para traer millones desde el exterior con empresas fantasma

La Justicia ya analiza los chats y audios entre la mano derecha de Pablo Toviggino, Juan Pablo Beacon, y el financista que entró al país con millones de dólares desviados a empresas fantasmas.
Son una serie de grabaciones, a las que tuvo acceso TN, entre ambos hombres, en la que exponen una presunta maniobra para cobrar en efectivo en la Argentina los fondos que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) tenía en el exterior.
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La secuencia empezó días antes de que se concretara la primera operación de movimiento de fondos entre las firmas TourProdEnter, la firma de Javier Faroni y Dicetel. En el primer audio se escucharía Beacon ansioso por dar el primer paso de la operatoria.
Además, aparece un mensaje amenazante y se escucha al colaborador de Toviggino admitir que hay un video con la plata.
Hay uno que lo envía Beacon después de una discusión con el financista porque en una entrega faltaban US$2000. “Dale, gracias amigo. Me dejás tranquilo. Nunca hubo error y no lo va a haber ahora, pero vos sabés que ese video lo hice por otra cosa. Algún día te contaré”, aseguró.
Ante ese mensaje, “Fiño” le contestó: “Es buenísimo ese video porque te termina liquidando. No puedo discutir por algo que decís que mandaste. Te creo. No tengo por qué no creerle a ellos. ¿Entendés lo que te digo? Es buenísimo. Estamos en el medio. Cuando me dijeron que no habían mandado un fajo de US$2000, le dije ‘bolu…, ustedes son pelot…’. Listo, amiguito, ya está, tranquilo“.
Hay otro audio de marzo de 2022 en el que el financista estaba preocupado por una transferencia a Dicetel que no se acreditaba y Beacon respondió que en breve le enviaba el comprobante.
“Fiño, no me pidas ese nivel de certeza porque no lo tengo, pero me dijo Pablo que lo vio él todo. Me dijo que ya lo estaban esperando, que me mandaba el comprobante y lo mando, pero está pendiente. Son de US$425.000 y el otro hoy o mañana”, le planteó el abogado.
El financista “Fiño” aparece descrito como alguien que operaba desde una oficina en la Avenida Corrientes al 400, dedicada a préstamos y servicios financieros fuera del sistema bancario tradicional. Siempre según la documentación, se quedaba con un 10% de cada entrega.
El rol de Beacon es central en toda la trama. Abogado, con antecedentes laborales dentro de la AFA, Beacon tuvo vínculos estrechos con Toviggino, aunque ahora estarían distanciados por supuestos negocios irregulares que quiso hacer Beacon en nombre de Toviggino, sin que él diera su consentimiento.
Cómo era la supuesta ruta de las entregas
- La AFA recibió U$S260 millones por sponsors, partidos amistosos y AFA Play, en el exterior.
- Esa plata la recibía Tourprodenter, la empresa de Javier Faroni.
- Faroni hacía desvíos a empresas fantasmas, entre ellas, Dicetel, que recibió US$4,8 millones.
- El intermediario era “Fiño”, el financista, quien le avisaba a Juan Pablo Beacon que entraba la plata. ¿Quién sería el destinatario final? ¿Pablo Toviggino?
AFA, Pablo Toviggino, Justicia
POLITICA
Milei y la maratón de “la Piba”, que no termina

La victoria cristalina y pura que creyó alcanzar Patricia Bullrich en el Senado corre el riesgo de escurrirse entre sus dedos. En la madrugada del jueves pasado, la media sanción a la reforma laboral fue una victoria política incuestionable para el Gobierno: un triunfo histórico en una de las reformas más necesarias y más resistidas de las últimas décadas en la Argentina. Con eso, Bullrich sumó una muesca valiosísima en su revólver político. Pero la maratón de “la Piba” contra la casta sindical que le puso aquel apodo a principios de los 2000 todavía no termina: después de casi treinta años del capítulo “la Piba versus los Gordos de la CGT”, la llegada a la meta sigue pendiente, y acaba de complicarse.
Los éxitos políticos se miden en el puro presente. Los triunfos reales y estructurales, en el mediano y largo plazo, cuando las leyes y las decisiones de Gobierno se concretan en resultados palpables. El problema para el Gobierno es que el futuro queda lejos, y en el presente, la taba del triunfo en el Senado se dio vuelta demasiado rápido. La munición gruesa que puede usar la oposición dura para complicar el tratamiento de la “modernización laboral” en la Cámara de Diputados salió del mismo Gobierno. Apenas horas después de terminada la votación por la reforma laboral, cayó el precio del triunfo en el Senado: la polémica por las licencias médicas y la cobertura salarial en caso de enfermedad coparon el centro de la escena.
Una gran pregunta atraviesa la discusión sobre la reforma laboral en su marcha hacia Diputados: ¿quién es el padre de la criatura, es decir, del artículo 44 del Título VII que recortó el salario en caso de enfermedad o accidente? En el Gobierno, arrecia una disputa por la paternidad, pero inversa: nadie pelea por atribuírsela sino por atribuírsela a los otros. La interna libertaria en las más altas esferas está al tope. Y ahora, los Gordos de hoy y de siempre encuentran argumentos para llamar a la huelga general: plantarse en contra de una ley “anti derechos del trabajador”.
El desafío de la gestión de Javier Milei en este momento pasa por la gobernabilidad, pero no la gobernabilidad externa: ése fue el signo dominante de 2025, un Congreso indomable por fallas en la gestión del vínculo oficialismo y oposición. Para el Gobierno, hoy el problema es la gobernabilidad interna, es decir: el gobierno de la interna en el seno del poder libertario. Ese es el rasgo más persistente del modus operandi político de la gestión mileísta: se puede rastrear en 2024 y en 2025, con derivaciones en causas judiciales que investigan corrupción en el Gobierno, y empieza a notarse también este año, aún en días de éxito legislativo como los de la semana pasada. Un pasito pa’ adelante, dos pasitos pa’ atrás: esa parece ser la coreografía a la que se autocondena el mileísmo.
Capacidad cada vez mayor para ordenar la vida política y social detrás de un modelo de reformas estructurales, históricamente impopulares en la Argentina. Del otro lado, incapacidad para ordenar el tironeo por el control de los cotos de poder dentro del Gobierno. El gran problema: esa incapacidad interna termina repercutiendo en la efectividad de la gobernabilidad externa, en este caso, la construcción de obstáculos por parte del oficialismo para confirmar la reforma en Diputados. Por ahí pasa la síntesis.
Es cierto que el mejor socio de Milei es la oposición: un vacío político y una falta de alternativa potable en la otra orilla del escenario político, tanto en la oposición dura como en la más dialoguista. No hay una oposición política organizada y con capacidad de disputar el poder que ordene al Gobierno: Milei no tiene miedo a perder una elección. El monopolio del mercado político y electoral complica la calidad de la gobernabilidad mileísta. Siempre se necesita un enemigo externo y con chances de triunfo para domar las internas oficialistas, y gobernar mejor. La libertad de mercado electoral y la disponibilidad del triunfo electoral mejora la competitividad de oficialismo y oposición. Cualquier hegemonía, aunque sea la nueva hegemonía de tercio, empeora la política.
También es cierto que la oposición dura, el kirchnerismo residual y el peronismo clásico anquilosado, tiene en el Gobierno al mejor socio: los daños políticos que se autoinfligen mantienen viva, al menos, la llamita del calefón kirchnerista y sindical cuando parece que está a punto de quedarse sin gas.
La interna indomable viene cobrándose nombres destacables del oficialismo. En relación al artículo 44, el foco cae sobre Federico Sturzenegger. Su explicación pública sobre ese punto fue el tipping point del artículo 44: el momento en que la discusión saltó de escala y empezó a viralizarse el cuestionamiento. Su estilo de comunicación, una especie de hiperabstracción y fría racionalidad desenganchada de la vida cotidiana, volvió a ponerlo contra la pared de la opinión pública. En el debate en el Senado, la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti encontró argumentos atendibles en ese artículo: “Si una persona tiene cáncer de mama, le van a pagar el 75 por ciento del básico”.
“Federico no tiene base política”, decía tres días antes de la votación en el Senado una figura clave de un ministerio mileísta, también clave. Los cuestionamientos sobre su rol en la reforma, con eje en el artículo 44 alimentan esa versión. El ímpetu desregulador de Sturzenegger, su sociedad autoral con Milei para dar la batalla de las ideas liberales en economía y el privilegio de esa cercanía con el Presidente le crean críticos en el Gobierno.
¿Cuándo se hizo la inclusión del artículo de la discordia? Las fuentes son divergentes: la versión que más circula habla de seis minutos antes de la votación, cuando se repartió el proyecto a votar, que sufrió modificaciones hasta último momento. Otros señalan que en realidad el artículo ya estaba incluido en la versión del martes 10. Lo que está claro es que el Gobierno se resiste a abrazar ese artículo. Desde hace días, Bullrich intenta controlar la interpretación y ofrece una corrección al artículo 44 para evitar una contramarcha en Diputados.
En esa interna, Bullrich salió ganadora. Primero, encontró el tono político necesario para una negociación complejísima con sus aliados dialoguistas, con las provincias y con el sindicalismo más duro. En público, la libertaria Bullrich celebró “el consenso” y el espíritu “reformista”. “Salen veintiocho cambios, es el consenso. Es la idea de llegar a un consenso entre los que somos reformistas”, dijo hace una semana. A años luz de la crítica a los tibios y el tono de orden y mano dura. Así, con estrategia casi moncloísta, llegó una victoria clara de la gobernabilidad externa.
Segundo, fue pragmática con la “casta sindical”, y así bajó la intensidad de su resistencia. En la negociación, los benefició con la caja sindical pero los limitó en los acuerdos sectoriales. Tercero, alineó a las distintas terminales de la interna libertaria en función del objetivo común de obtener la media sanción en diputados.
En su relación con la oposición, el Gobierno se anotó triunfos parlamentarios tanto en la media sanción de la reforma laboral como en el caso de la media sanción de la baja de la imputabilidad. Dos proyectos caros a Bullrich.
Bullrich se quedó con el apelativo de “la Piba” cuando fue ministra de Trabajo en el gobierno de De la Rúa. “Los Gordos” de la CGT la definieron así, despectivamente, en esa batalla político sindical. Todo un capítulo de la historia del trabajo en la Argentina. De esa época, 2001, es el encontronazo televisivo entre Bullrich y Hugo Moyano, donde los planteos del debate muestran el estancamiento argentino en un problema endémico: la resistencia del sindicalismo a cualquier reforma y las acusaciones de corrupción y prebendas que pesan sobre esa corporación. La llegada de Milei al poder se explica, en parte, por la persistencia de esa élite sindical, refractaria a cualquier modernización. Falta saber si esta reforma laboral alcanzará su objetivo. Primero, que sea sancionada. Segundo, que cree empleo.
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