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Las Islas Malvinas reciben una de las subas más altas de aranceles recíprocos anunciadas por Donald Trump: 41%

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La inclusión de las Islas Malvinas en la lista de nuevas tarifas arancelarias que difundió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, coincidió este 2 de abril con la conmemoración de los 43 años del inicio de la guerra entre Gran Bretaña y Argentina por la soberanía sobre el archipiélago.

Bajo el nombre inglés de Falkland Islands, el presidente estadounidense incluyó el territorio insular entre los que recibirán las más altas subas en porcentaje de aranceles a las importaciones por parte de los Estados Unidos para el resto del mundo con un 41 por ciento, en respuesta a los 82 que le impone la administración británica a los productos norteamericanos.

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Las Malvinas aparecieron en la tercera página del reporte que la Casa Blanca repartió entre los periodistas acreditados y la mención figura en la nómina entre Gabón y Saint Marteen, a las cuales les aplicó un equivalente del 10 por ciento, el mínimo general que también se aplicó a Argentina y al Reino Unido de Gran Bretaña.

La cifra impuesta al archipiélago del Atlántico Sur se convirtió en una de las más altas de la nómina general, dado que igualó en 41% a Siria y fue superada por países de Asia y África. Como un 50 por ciento para Lesoto, un 47% Madagascar y un 44% para Myanmar y Sri Lanka.

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A diferencia del 10 por ciento recíproco que aplicó el gobierno de Estados Unidos para Argentina y otros países del Mercosur, el 41 por ciento apuntado para la administración británica de las Malvinas marcó la mayor diferencia entre los porcentajes dispuestos a lo largo del continente americano.

Al exponer esta tarde en los rosedales de la Casa Blanca, el presidente Trump presentó los anuncios como el «Día de la liberación» para los Estados Unidos con el argumento de que estos nuevos aranceles recíprocos servirán para igualar barreras comerciales y fiscales con otros países.

Para justificar las nuevas alícuotas, el presidente de Estados Unidos dijo: «Si ellos nos lo hacen a nosotros, nosotros se lo hacemos a ellos». En su discurso, el jefe de estado mencionó con críticas de diversa índole a México, Canadá y China.

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En las ocho tablas que presentó la Casa Blanca, Argentina aparece con un 10% que se aplicarán en aranceles a las importaciones que lleguen desde este país, en un intento por balancear las distintas cifras que los países de Sudamérica aplican a los productos norteamericanos.

El anuncio de Trump fue realizado casi una hora después del cierre de los mercados en la bolsa de Nueva York y se espera para mañana la respuesta de la Unión Europea, bloque al que la gestión de Trump le impuso un arancel generalizado del 20 %.

Tras la presentación, funcionarios de la Casa Blanca explicaron que los nuevos aranceles presentados por Trump entrarán en vigencia el 5 y el 9 de abril. Según la aclaración, el sábado comenzarán a regir los porcentajes más bajos, entre los que se encuentra la Argentina, mientras desde el miércoles siguiente lo harán los más altos que incluyen a China y la Unión Europea.

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La CGT lanzará un INDEC propio para medir la inflación, el empleo y los precios: qué se propone y con quién se asociará

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La CGT atraviesa todavía una etapa de desconcierto tras no haber podido frenar la reforma laboral (pese a que logró salvar “la caja” que representan las cuotas solidarias) y trata de reperfilar sus próximos pasos para no quedar tan a la retaguardia de la realidad socioeconómica de la Argentina de Javier Milei.

Por lo pronto, su impugnación judicial a la nueva ley laboral fue rechazada por un juzgado del fuero Contencioso Administrativo y tampoco prosperó su apelación: la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal confirmó el rechazo a la cautelar pedida por la CGT.

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Esta semana, la CGT presentó un amparo ante el fuero laboral con la intención de que declare la invalidez de 64 artículos vinculados con el derecho colectivo (como la reglamentación del derecho de huelga en los servicios esenciales, que la Justicia suspendió cuando figuraba en el DNU 70) por considerar que “vulneran derechos humanos fundamentales reconocidos por la Constitución Nacional y por tratados internacionales que tienen jerarquía constitucional”.

Javier Milei logró aprobar su reforma laboral, pese a la oposición de la CGT (Foto: Nicolás Núñez)

Su única alegría en ese rubro fue cuando un juez de primera instancia frenó este martes el traspaso de la Justicia Nacional del Trabajo a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires. Pero la medida cautelar responde a una demanda de la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación (UEJN) contra el Estado y no de la CGT.

Por eso en las últimas semanas los líderes cegetistas están buscando reorientar su estrategia con decisiones que les permitan dejar atrás el frustrado (por ahora) objetivo de invalidar la reforma laboral.

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La idea que lanzarán en forma inminente es el lanzamiento de un observatorio de estadísticas socioeconómicas y laborales, una suerte de INDEC propio desde donde tratarán con números “confiables” para confrontar con las cifras que elaboran en el Estado. Para eso se firmará un convenio con la UBA, que aportará la metodología y los expertos técnicos que, junto con los asesores cegetistas, elaborarán todos los meses un índice de inflación alternativo y datos sobre empleo y precios de la canasta básica, entre otros.

Los sindicalistas buscan tener su propio INDEC para confrontar con el Gobierno (Foto: Shutterstock)

Será una forma de salir hacia arriba de un laberinto en el que quedó atrapado por su pelea contra la reforma laboral, que tuvo un final amargo (al menos hasta ahora).

Con esos números en mano, la CGT procurará reunirse con empresarios para armar una estrategia conjunta “en defensa de la producción nacional y de las fuentes de trabajo”, con la clara conciencia de que la economía de Milei provoca crujidos en el sector empleador.

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A la vez, los sindicalistas están convencidos de que contar con estadísticas propias también los ayudará a negociar con mejores fundamentos un período de las paritarias que se perfila áspero porque la pauta del Gobierno es que se cierren acuerdos por debajo de la inflación (2%) y con vigencia mayor a la trimestral.

El ala dura sindical agrupada en el FRESU le disputa el protagonismo a la CGT

Algunos dirigentes de la CGT están preocupados por los indicios de crisis económica y, al mismo tiempo, porque está perdiendo la iniciativa en manos del ala dura agrupada en el Frente de Sindicatos Unidos (FRESU), donde están la UOM, Aceiteros, ATE, Pilotos y las dos CTA, que le disputan a la dirigencia cegetista la presencia en los conflictos laborales y el control de la calle.

Todavía no se desperezó la otra vertiente dura del gremialismo que está en la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), que lidera Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), aunque es cierto que perdió poder de fuego cuando tomó distancia de la entidad su anterior titular, Sergio Sasia, que dirige la Unión Ferroviaria, el gremio más numeroso del sector.

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Hay sindicalistas muy desconcertados por un fenómeno que están detectando en sus bases: trabajadores suspendidos o despedidos como consecuencia del plan económico de los libertarios, según aseguran, están más enojados con el pasado (léase gobierno de Alberto Fernández) que con el presente (Javier Milei).

Cristian Jerónimo, Jorge Sola y Octavio Argüello, el triunvirato de la CGT (Foto: RS Fotos)

Eso, más el miedo a perder el trabajo, son dos de los factores clave que explican por qué la conflictividad sindical no crece en forma proporcional a los problemas que tienen muchas empresas para sobrevivir en un contexto de fuerte caída de la producción y del consumo.

Aun así, en la CGT crece la sensación (o el deseo) de que la luna de miel de una parte del electorado con Milei no se extenderá demasiado: el aumento de la desocupación al 7,5%, que se conoció esta semana (y que refleja lo sucedido en el cuarto trimestre de 2025) es un dato que prende las alarmas porque los expertos estiman que esa cifra creció en los primeros 3 meses de este año.

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Gran parte del apoyo que tenía Carlos Menem en la sociedad durante su gobierno se diluyó cuando se dispararon los números del desempleo: llegó a su máximo nivel en mayo de 1995, con el 18,4%.

Axel Kicillof, una de las apuestas políticas del sindicalismo peronista para 2027

Los líderes sindicales se preparan para resistir, aunque son conscientes de que, en el fondo, la salida es política: por eso ya se aceleraron los aprestos para definir candidaturas presidenciales competitivas en 2027 que puedan impedir la reelección de Milei.

Aun así, el estigma de la división permanente persigue al gremialismo peronista: hoy, una parte importante de la dirigencia apoya sin fisuras el proyecto de Axel Kicillof para la Casa Rosada, pero otro bloque, donde hay algunas figuras de la CGT, está decidido a apostar a la figura de un “outsider” como el pastor evangélico Dante Gebel.

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El golpe del 76 | Las particularidades de un experimento tenebroso

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Es imposible comprender el período histórico que se abre el 24 de marzo de 1976, con el establecimiento de la última dictadura, sin advertir que ese experimento estuvo plagado de peculiaridades. Por muchos motivos aquel gobierno militar no obedeció a varias características notorias de su género.

Las razones principales por las cuales los militares volvieron a intervenir en el juego democrático son bastante conocidas. La más obvia es que era muy habitual que lo hicieran. Desde 1930 la política argentina estuvo corroída por sucesivas crisis de representación que se intentaban liquidar con el recurso a las Fuerzas Armadas. Esos desembarcos castrenses en la vida pública se inspiraron casi siempre en una concepción de raigambre católica, fundamentalista, elaborada durante la gran crisis internacional del liberalismo de los años 20 y 30. Una de sus formulaciones más tempranas fue el discurso que pronunció Leopoldo Lugones en Lima, en una conmemoración del centenario de la batalla de Ayacucho que él tituló “La hora de la espada”. Fue el 11 de diciembre de 1924. Un año después de que en España se estableciera la dictadura de Miguel Primo de Rivera. En el marco de esa ideología las Fuerzas Armadas se atribuyeron la custodia del “ser nacional” y, con ella, el derecho a arbitrar en el sistema político. En los extremos de esta visión, la dictadura no era un recurso al que había que resignarse. Era un modelo de gobierno.

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En 1976 los militares tomaron otra vez el poder para resolver la gran inestabilidad económica que se hizo incontrolable después del “rodrigazo” de junio de 1975, durante el cual el país conoció por primera vez una inflación anual superior al 100%. Para marzo del año siguiente, el ministro Emilio Mondelli dispuso un aumento de salarios del 12% y un ajuste tarifario del 100%.

Vapuleado por presiones corporativas, entre ellas las reivindicaciones salariales del propio sindicalismo peronista, el gobierno de María Estela Martínez de Perón intentó incorporar al sector castrense a sus filas. El Ejército se acercó a “Isabel” a través de una de sus líneas, la del “profesionalismo integrado”. En agosto de 1975 el general Alberto Numa Laplane llegó a la jefatura de la fuerza, y el coronel Vicente Damasco, al Ministerio del Interior. El ensayo duró poco: el 25 de agosto Numa Laplane fue destituido por el “profesionalismo prescindente” del general Jorge Rafael Videla.

Isabel Perón y los militares Fautario, Massera y Videla, en julio de 1975Archivo

Esta militarización era la respuesta al fenómeno sobresaliente de la vida pública de aquellos años: el avance de la violencia guerrillera. Sin recordar este factor es imposible comprender el apoyo que tuvo el golpe en un sector muy amplio de la sociedad. Como sostiene Eric Hobsbawm, los historiadores suelen hacer más daño con el anacronismo que con la mentira. Muchas veces se cae en el error de valorar esa solidaridad de muchísimos argentinos con el golpe de Estado suponiendo que conocían de antemano las atrocidades sanguinarias que se iban a cometer bajo ese régimen. En la estela de la revolución cubana, la guerrilla no sólo justificó la violencia como forma de resistencia a un gobierno ilegítimo, sino que la vio como el método más eficaz para alcanzar la socialización de la riqueza. Al igual que había sucedido con los golpes, ya no era un recurso extremo, era un modelo de gobierno. En ese clima mental, organizaciones como Montoneros y ERP aceleraron su militarización aun después del restablecimiento de la democracia, en 1973. El asesinato de José Ignacio Rucci, dos días después de las elecciones que reinstalaban a Juan Domingo Perón en el poder, expresa ese mesianismo revolucionario que Pablo Giussani definió como “la soberbia armada”.

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Juan Domingo Perón al bajar del avión que lo trajo de regreso en 1972; junto a él, José Ignacio RucciARCHIVO

La radicalización de la izquierda fue respondida con la radicalización oficial, aun en vida de Perón. Así se explica la creación de una fuerza parapolicial como fue la Triple A, que el general puso en manos de José López Rega. Durante 1975, las organizaciones guerrilleras atacaron innumerables blancos militares, policiales y civiles. El presidente provisional del Senado, Italo Luder, emitió el 5 de febrero de 1975 el decreto que disponía “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos” que asolaban Tucumán.

Entre todas esas acciones hubo una decisiva. Fue la “Operación Primicia”, que realizó el flamante Ejército Montonero en el Regimiento de Monte 29 de Formosa, el 5 de octubre de 1975. En el ataque, para el que se secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas, fueron asesinados varios conscriptos. Al día siguiente Luder firmó tres nuevos decretos de “aniquilamiento”, extendiendo el alcance de la represión a todo el territorio nacional.

Una imagen icónica de la Operación PrimiciaOperación Primicia / Sudamericana

La “Operación Primicia” fue el principal disparador del golpe. Sobre ella, sobre su agresividad, pesa un enorme interrogante. Hay quienes leen esa secuencia en términos conspirativos e interpretan que los Montoneros actuaron en complicidad o, tal vez, inducidos por un sector de las Fuerzas Armadas que pretendían sustituir a la administración de la viuda de Perón. El jefe de la Armada, Eduardo Massera, era quien ejercía la presión más intensa. ¿Actuaron los Montoneros en combinación con Massera? La pregunta puede resultar insólita. Pero entre el almirante y esa organización guerrillera hubo varias convergencias. La más importante tiene que ver con la también irracional “Contraofensiva Montonera”, que se realizó al cabo de varias reuniones de Massera con jefes guerrilleros en París. Informar sobre este contubernio le costó la vida a la diplomática Elena Holmberg, desaparecida el 20 de diciembre de 1978. ¿Los indultos de Carlos Menem, que beneficiaron a los jefes de la dictadura y a los líderes de las organizaciones armadas, fueron parte del mismo pacto negro? Carlos Manfroni lo sugiere en el título de su libro Montoneros, soldados de Massera.

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Lo relevante es que el ataque a la unidad militar de Formosa abrió el camino del golpe de Estado. Algunos episodios fueron claves para la adopción de un método represivo que se volvió atroz. Uno de ellos ocurrió en España. Fue el fusilamiento de dos militantes etarras y tres insurgentes antifascistas que dispuso un Consejo de Guerra establecido por Francisco Franco, el 27 de septiembre. La decisión levantó una ola de protestas dentro y fuera del país, que incluyó un pedido de clemencia realizado desde la Santa Sede por el papa Pablo VI. Los militares argentinos creyeron encontrar una lección en esa crisis. Había que evitar que la eliminación de guerrilleros tuviera carácter público. Así se concibió la inconcebible estrategia de la desaparición de personas.

El otro antecedente que sirvió para modelar las acciones represivas fue el descubrimiento de que las Fuerzas Armadas podían ser “infiltradas”. Fue la forma de leer un descubrimiento que comenzó en 1973 con la muerte del militante montonero Juan Carlos Alsogaray en un enfrentamiento con policías cordobeses. Se trataba del hijo del general Julio Alsogaray y sobrino de Álvaro Alsogaray. La posibilidad de que hubiera guerrilleros en el seno de familias militares aconsejó radicar el “exterminio” fuera del organigrama oficial castrense. Así se idearon Grupos de Tareas, es decir, escuadrones de la muerte que actuarían de manera descentralizada, agregando clandestinidad a un combate que ya era irregular.

Son características de la represión que ya están presentes en las operaciones llevadas adelante por el gobierno peronista. Es la razón por la cual la ley de autoamnistía que dicta el general Reynaldo Bignone el 22 de septiembre de 1983, antes de que los militares abandonen el poder, absolvía los delitos cometidos entre el 25 de mayo de 1973, fecha de la asunción de Héctor J. Cámpora, y el 17 de junio de 1982, que fue el último día de la gestión de Leopoldo Galtieri.

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La derechización cada vez más aguda de la gestión encabezada por Isabel Perón ayuda a entender otro rasgo atípico del golpe de Estado de 1976: no tuvo una participación ni directa ni importante de los Estados Unidos. Es decir, fue una asonada muy distinta de otras que ocurrieron en América latina, en especial de la que llevó al poder a Augusto Pinochet en Chile, en 1973. Para explicar esta atipicidad hay que recordar que estas intervenciones militares ocurrían en plena Guerra Fría. Es decir, durante el enfrentamiento entre dos bloques: el occidental, liderado por Washington, y el comunista, liderado por Moscú. La proliferación de regímenes castrenses se entendía como el resultado de la urgencia por limitar el avance de gobiernos de izquierda en la región.

El gobierno que los militares voltearon en 1976 en Buenos Aires era un gobierno de derecha que combatía al comunismo. Así se explica que desde Washington no se haya visto como urgente su desplazamiento. Esta pasable prescindencia podría explicar también las relaciones posteriores entre las administraciones norteamericanas y argentinas. Por ejemplo, como consta en los archivos del Departamento de Estado, desde muy temprano la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires comenzó a recibir denuncias por la desaparición de personas. Apenas había transcurrido un año del golpe, James Carter envió a la Argentina a Patricia Derian, su subsecretaria de Estado para los Derechos Humanos, para recabar datos que permitieran calibrar la dimensión de la represión ilegal. Esa visita, que formó parte de una campaña internacional, contrastó con la casi indiferencia de Moscú frente a los desbordes del régimen militar. En 1980, después de la invasión soviética a Afganistán, Carter dispuso un embargo comercial contra la Unión Soviética y pidió la solidaridad de sus aliados. Pero la Argentina no se plegó. La afinidad con los Estados Unidos ya se había repuesto en 1981, como demuestra un detalle: a fines de ese año el asesor en Seguridad de Ronald Reagan Richard Allen, describió al jefe del Ejército, Leopoldo Galtieri, como un “general majestuoso”. Una versión corriente afirma que el elogio envalentono a Galtieri no sólo para voltear a Viola; también para invadir Malvinas.

El presidente estadounidense Jimmy Carter conversa con Jorge R. Videla, en una reunión en la Casa Blanca, en Washington, el 9 de septiembre de 1977. (AP Foto/Bob Daugherty, archivo)

La conducta de Galtieri nos lleva a otra nota peculiar del gobierno de facto inaugurado: la de haber sido una dictadura inestable. No sólo porque los militares habían fragmentado el poder entre las tres armas. Un motivo más profundo de esa inestabilidad fue que en esos gobiernos convivían, en tensión, dos proyectos distintos. El golpe y la revolución. Un sector del régimen pretendía que la toma del poder se limitara a restaurar el orden republicano-democrático que se había ido degradando durante la última experiencia peronista. Otro sector quería algo más, y era esto: una remodelación radical de la sociedad y, sobre todo, de la economía. Esta segunda ala fue la que bautizó el experimento: Proceso de Reorganización Nacional. Con acento en “Reorganización”. El contrapunto entre estas visiones acompaña toda la trayectoria del régimen.

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Leopoldo Galtieri, Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Omar Graffigna. Una reunión de la Junta Militar en el Congreso, en 1979.

Si hubiera que encarnar estas dos almas de la dictadura, se podría apelar a un par de nombres. Uno es el de José Villarreal, secretario general de Videla. Simpatizante del radicalismo, Villarreal siempre pensó que había que pacificar y, cuanto antes, dar una salida electoral. Por sus propias vinculaciones pero, sobre todo, por la proximidad con Ricardo Yofre, tenía interlocutores interesantes en el campo político. Uno de ellos fue Raúl Alfonsín. Pablo Gerchunoff, en El planisferio invertido, reconstruye el plan que Alfonsín negoció con los militares para que se formara una Asamblea Constituyente, se diseñara un nuevo Estado y se abriera una transición cívico-militar breve, encabezada por el propio Videla.

Una versión muy confiable asegura que un viernes le llevaron la propuesta a Videla, que prometió estudiarla. El lunes siguiente la rechazó. Villarreal se encargó de averiguar con quiénes había estado el Presidente durante el fin de semana. Le informaron que el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, y su esposa, habían visitado la residencia de Olivos. Martínez de Hoz personificaba el curso de acción alternativo al de Villarreal. El de los que creían que la dictadura debía servir para una gran reforma capitalista. Esta pretensión se enfocaba sobre todo en la vida sindical. Martínez de Hoz, como otros funcionarios de aquel régimen, consideraban que el punto de llegada de sus políticas no debía ser el aplastamiento de la guerrilla. Había también que sofocar o neutralizar a la izquierda radicalizada pero no violenta, que convulsionaba la vida de las fábricas.

Eran las fuerzas sindicales que habían salido ganado la escena con el Cordobazo. Eran las fuerzas sindicales con las que había convivido el ministro cuando estaba al frente de Acindar. Martínez de Hoz había sido presidente del directorio de esa siderúrgica, una de las más importantes del país, fundada por Arturo Acevedo en 1942. Es una información significativa. Por un lado, porque quiere decir que él llegó al Ministerio de Economía desde la conducción de una compañía que gozaba de una altísima protección estatal. Por otro lado, porque en su última etapa al frente de Acindar a Martínez de Hoz le tocó hacer frente a uno de los conflictos sindicales más agresivos de esa época: el “Villazo”, llamado así porque ocurrió en Villa Constitución, donde estaba la sede de la compañía. Fue un enfrentamiento de los dueños y ejecutivos de esa siderúrgica con un sector radicalizado de la Unión Obrera Metalúrgica, que se extendiò varios meses entre 1974 y 1975. Para terminar con la crisis, el gobierno de Isabel Perón lanzó un gran operativo represivo que para numerosos historiadores fue un antecedente de la dureza con que se trató al sindicalismo combativo después del golpe de 1976. La relación de los Acevedo con el Ejército era muy estrecha. Por eso no debe sorprender que el reemplazante de Martínez de Hoz haya sido el general Alcides López Aufranc. La gravitación de este caudillo militar era de tal magnitud que ejecutivos de aquella época comentan que, cuando López Aufranc tenía que comunicarse con el presidente Videla, el que esperaba en la línea telefónica era Videla.

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José Alfredo Martínez de Hoz Ricardo Ceppi – Getty Images South America

¿El de Martínez de Hoz fue sólo un rol técnico, destinado a alcanzar un inventario de objetivos económicos? Hay quienes creen que no. Que el ministro cobijaba una fantasía política: convertirse en candidato a presidente cuando hubiera una salida electoral. El famoso Joe venía de una familia muy ligada al poder, la de su madre, los Carcano, importantísimos en la vida del Partido Demócrata en la provincia de Córdoba. Esta hipótesis da derecho a sospechar de intenciones tambén personales que podrían haber aconsejado a Martínez de Hoz desaconsejar a Videla de tomar el camino trazado por Alfonsín en aquel proyecto de transición.

Este enfoque menos convencional de la figura del ministro de Economía de Videla podria explicar la orientación de su programa. Hay que volver a Gerchunoff y la columna que publicó en el pasado sábado 14, en la que explica que Martínez de Hoz fue un gradualista. Las razones pueden ser variadas: ¿su experiencia al frente de una empresa industrial protegida?, ¿el temor a un desborde social?, ¿sus recónditas ambiciones de candidato? Gerchunoff explica que la adhesión de Joe a una política más severa de shock fue el gesto desesperado de quien, ante el filo del fracaso, prefirió aceptar una receta elaborada desde el Banco Central.

El bloqueo a una salida temprana, como la que proponía Alfonsín en contacto con Villarreal y Yofre, no fue sólo una consecuencia de los objetivos que se había fijado Videla, inspirado por Martínez de Hoz. Había en el seno de la dictadura un bloque sanguinario que soñaba con un poder eterno. Lo integraban Massera, Camps, Suárez Mason. Esos alineamientos sostenían distintos proyectos de poder para cuando se normalizaran las instituciones. Una fragmentación que acentuaba la que ya había introducido el reparto tripartido de funciones de las Fuerzas Armadas. Sobre ese mapa básico tomaban partido algunas organizaciones civiles. Por ejemplo, los sindicalistas que podían acercarse más a la Marina o al Ejército. Hasta la Iglesia estaba fisurada: la línea política de la Nunciatura, encarnada al comienzo en la figura eminente de Pio Laghi, estaba expuesta al disenso de obispos jóvenes que comenzaron a denunciar las violaciones a los derechos humanos que se cometían desde el poder.

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Con el reemplazo de Videla por Roberto Viola se produjo otro vaivén expresivo de esas divergencias internas. Llegó Lorenzo Sigaut al Ministerio de Economía y, sobre todo, Horacio Tomás Liendo al del Interior. Liendo fue importantísimo en esa gestión porque su cartera se convirtió en una membrana osmótica con la clase política proscripta y, sobre todo, con la dirigencia sindical. En este aspecto hay que rescatar otro rasgo de aquél experimento castrense y es que desde temprano se intentó incorporar al sistema de poder a dirigentes políticos. Sin ir más lejos, el canciller de Viola fue el dirigente desarrollista Oscar Camilión. El énfasis se puso en acercar a figuras que habían tenido responsabilidades de gobierno a nivel local. Por eso en numerosas intendencias se repuso a los jefes comunales del período anterior, algunos procedentes de la UCR y otros del Partido Socialista. El procedimiento tenía un lejano aire de familia con lo que sucedió en Brasil, donde el gobierno militar alentó la participación de dirigentes partidarios en ciudades y gobernaciones, fundando inclusive un partido político, Arena, que funcionó al mismo tiempo que la administración seguía en manos de uniformados.

Como ya se consignó, la gestión de Viola fue derribada, alegando problemas de salud, por Galtieri. Un golpe dentro del golpe. Con Galtieri regresó una visión liberal ortodoxa de la economía, encarnada por uno de los principales representantes de esa corriente: Roberto Alemann.

Galtieri abrió la puerta a través de la cual la dictadura caminaría hacia su cancelación. La guerra de Malvinas. Ese conflicto determinó otra nota peculiar del régimen militar argentino, que ha explicado con mucha lucidez Natalio Botana. El final por colapso. Que ese final fuera una catástrofe imprimió una lógica a toda la transición democrática. A diferencia de lo que sucedió con otras normalizaciones, la democracia argentina se precipitó. No fue la construcción que habría resultado de una negociación racional entre el poder que se iba y el poder que llegaba, como sucedió en España, Uruguay o Chile.

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La rendición argentina en la guerra de Malvinas (1982)Archivo

La derrota militar consumió el último monto de una legitimidad de ejercicio que la dictadura había consumido en sucesivos fracasos económicos. El 24 de marzo de 1976 fue el resultado de un ciclo convulsivo que fue desangrando la capacidad de representación hasta el debilitamiento terminal del gobierno de la viuda de Perón. Ese crepúsculo patético impide rescatar la dignidad con que Isabel enfrentó su destino político. Se le ofrecieron varias negociaciones muy convenientes para su futuro personal, que ella rechazó. Tuvo una alta consciencia de lo que representaba su investidura, aun en medio de un aislamiento cada vez más asfixiante. Esa virtud explica su final.

Sobre el filo de la medianoche del martes 23 de marzo de 1976, María Estela Martínez de Perón abordó en la azotea de la Casa Rosada el helicóptero que debía llevarla a Olivos. Minutos antes, su ministro de Defensa, José Deheza, le había comunicado que el golpe de Estado, sobre el que la había alertado José López Rega desde España, no se iba a producir.

Isabel Perón abandona la Casa Rosada en la madrugada del 24 de marzo: el golpe estaba en marcha

Isabel volvía más tranquila hacia la residencia, acompañada por su secretario, Julio González, y su custodia. Dos minutos después de levantar vuelo, uno de los policías tomó su arma y gritó: “¡Nos están llevando hacia otro lado, estamos sobre el río!”. El edecán naval adujo un desperfecto: “Señora, debemos aterrizar en Aeroparque”. La presidenta giró hacia González: “No se preocupe, doctor. Es pura acción psicológica”.

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Un vicecomodoro esperaba en la pista y condujo a Isabel a las oficinas del jefe de la base. Llegados allí, la hicieron pasar. En cambio, González fue detenido por un empellón: “Lo siento, doctor”, dijo el aeronauta. La presidenta de la Nación había sido secuestrada. Y fue necesario secuestrarla por temor a que resistiera en la Casa Rosada con los granaderos, obligando a un desenlace mucho más dramático. La calidad de la dirigencia política ha descendido tanto en estos días que aquella conducta de Isabel adquiere contornos ejemplares.

Con su captura comenzó el 24 de marzo. Es decir, comenzó una dictadura tenebrosa, signada por un brutal atropello a derechos elementales y por la exposición abierta de la violencia física. Esas características hacen que sea más dificultosa la percepción de algunas continuidades entre aquel pasado autoritario y este presente democrático. Una de ellas es la dificultad para dotar a la tarea de gobierno de una organización estable para el manejo del poder. La ausencia de partidos, entonces por proscripción, en estos días por aletargamiento, es una de las claves de esta indigencia.

Hay una evidencia para celebrar. La sociedad argentina, como las de otros países de América latina, se curó de la propensión a resolver sus crisis con golpes de Estado. Es alentador. Hay enfermedades colectivas que pueden curarse. Sin embargo, esa misma sociedad sigue amenazada por una inclinación repetitiva a caer en crisis de representación. Y otra tendencia recurrente: la de suponer que existe un modelo operativo, que no es el de los militares, pero podría ser el de los empresarios, los tecnócratas o los personajes de la farándula, que podría rescatar a la política de las miserias de la política. Ese espejismo produce un daño grave: posterga la regeneración que la vida colectiva está pidiendo a gritos y que explica el ascenso de un outsider como Javier Milei.

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la columna que publicó en LA NACION el pasado sábado 14,Carlos Pagni,Derechos Humanos,Golpe de estado de 1976,María Estela Martínez de Perón,Conforme a,Derechos Humanos,,La Perla. La hermana de dos desaparecidas le escribió una carta a Milei para que los forenses sigan con la investigación,,Dictadura. Revelaron los nombres de los 12 desaparecidos identificados en el campo de detención clandestino La Perla,,»Princesas» e influencers. Quiénes son las nietas del último sha de Irán: moda, miles de seguidores y activismo político

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Una batalla tras otra: Milei busca retomar una agenda que parece imposible

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Manuel Adorni aún no había pisado territorio argentino cuando explotaron las nuevas revelaciones del caso Libra. Desde que comenzó el escándalo por los viajes del jefe de Gabinete (más las posteriores denuncias penales), la agenda mediática salió del control que tuvo el Poder Ejecutivo desde el triunfo electoral en octubre del ’25. Un verdadero problema para el relato libertario que busca ser figura central de cada aspecto de lo que se dice y lo que no. Y para peor, el primer escándalo golpeó de lleno al funcionario de mayor confianza de Karina Milei. “No puedo creer que haya sido tan p…”, dijo un ministro en reuniones reservadas con equipos de trabajo al ver la imagen de Adorni subiendo al avión privado una y otra vez.

El segundo directamente puso a los hermanos otra vez en la lupa judicial. En el escándalo Libra, el Presidente había dicho que solo había difundido un emprendimiento y que desconocía los detalles. El peritaje informático sobre el teléfono de Mauricio Novelli demostró todo lo contrario. Hubo cruce de llamados hasta un minuto antes del lanzamiento del tuit. “No estaba interiorizado”, “lo difundí como cientos de cosas”, “ante la duda, quité el tuit”, repitió. El peritaje demostró que ese 14 de febrero Milei y Novelli hablaron 7 veces por un total de 13 minutos y 10 segundos. Karina Milei participó en otras 6 llamadas. ¿Cuál será esta vez la estrategia del Gobierno?

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El presidente Milei se mostró con Manuel Adorn en el acto por el aniversario del atentado a la embajada de Israel. (Photo by JUAN MABROMATA / AFP)

La aparición del flamante ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, ofrece una primera conclusión de manual en Comodoro Py: Apuntar a encontrar inconsistencias en el proceso para voltear la investigación: “Como vengo sosteniendo en todas las entrevistas yo no hablo de causas en trámite”, dijo. Pero al instante agregó: ”Si quiero aclarar para que quede claro, hay dos causas: la causa $LIBRA y la que está investigando la filtración de parte de un informe que aparentemente habría sido extraído del celular de Novelli”, dijo. Y agregó: “Es grave que se haya filtrado esa información”. Mahiques sentenció: “La cadena de custodia no está garantizada”. El martes el ministro se reunió por primera vez con la Corte Suprema e insistió en la necesidad de cubrir vacantes judiciales. Lo hizo luego de la jura de su segundo, Santiago Viola, como representante del Consejo de la Magistratura por parte del Poder Ejecutivo. Karina se encargó de que estuvieran sus protegidos en ese acto. Se observó a su armador bonaerense y diputado nacional, Sebastián Pareja.

El otro problema para el Gobierno es la interna entre quienes rodean a Milei. Su hermana -jefe máximo- pasó de afiliar en vivo en un móvil de televisión a Patricia Bullrich a desconfiar de la senadora que mantiene relaciones en el Ministerio de Seguridad. Al mismo tiempo quiere terminar con el poder de Santiago Caputo. Hay que ir por partes. Sobre la senadora, competencia de Adorni para ir por la jefatura de gobierno porteño en 2027, pesa ahora una sospecha casi imposible de cortar. El jefe de gabinete habló de una operación interna por la filtración del vídeo en San Fernando. No detalló si apuntaban a Bullrich o a Caputo, más allá de algún tuit aclaratorio. La SIDE está en manos de Caputo. La PSA está en órbita de Bullrich. ¿Y si ninguno de ellos fue? Ya es tarde. Además de ARCA y Legal y Técnica, en las últimas horas la hermana del Presidente puso la lupa en el ministerio de Salud, dirigido por Mario Lugones. Los ruidos por ciertos desmanejos y la imposición a gremios intervenidos para que contraten empresas vinculadas a funcionarios del área volvieron a correr por los despachos de Casa Rosada. Ayer, tras la reunión de la mesa política, el Gobierno se apuró a mostrar acción en la agenda parlamentaria con distintos proyectos. Minutos más tarde se conoció la salida del titular de ANSES, Fernando Bearzi. Su lugar fue ocupado por Guillermo Arancibia, quien ya venía trabajando dentro del organismo.

El gobierno se vio afectado por la filtración de los mensajes y llamadas entre Milei y Novelli

A los problemas internos se le agrega un escenario internacional tan movido como impredecible. Y el ruido afuera golpea de lleno dentro. En el Gobierno todos miran el dato de inflación y la discusión gira en torno a dos posibilidades. Relajar la meta y bajar la tasa de interés para intentar una reactivación de la actividad o darle un nuevo shock subiendo ahora que el aumento de los combustibles inyectará más nerviosismo. “Los dos caminos traerán una mala noticia, pero en Argentina no se gestionan las buenas, sino las menos malas”, explicó un economista que supo trabajar para el ministro de Hacienda cuando estaba en el sector privado. Luego de que la semana pasada el INDEC diera a conocer que la inflación de febrero fue 2,9% el techo de las paritarias que aceptará el ministerio de Trabajo pasaron del ya famoso 1% mensual a 2%. Se duplicó. Así y todo está muy por debajo del alza mensual. El primero en acatarlo fue ni más ni menos que Hugo Moyano (Camioneros). Su gremio firmó aumentos del 2% en marzo, 1,8% en abril, 1,7% en mayo, 1,6% en junio y 1,5% en julio. ¿Creerá el histórico dirigente sindical que en agosto el número del INDEC arrancará con 0%? Difícil. Fue Milei en Córdoba quien habló de reconversión a su estilo. Dijo el Presidente: “Y ahí ustedes tienen dos dimensiones: tienen una dimensión a lo Schumpeter, que es la idea de la destrucción creativa. El día que Edison inventó la lamparita, bueno, los fabricantes de velas si no se ajustaban iban a tener problemas, iban a terminar quebrados. Ahora acá nos estamos iluminando todos con luz eléctrica. O a alguien se le ocurre ir a llorar por los puestos de los carteros porque apareció el email”. El mensaje para los que sufren la parálisis de la economía sigue siendo “reconviértanse”. La frase en un escritorio es interesante. Sin embargo, la realidad tiene un impacto distinto: “No hay instrumentos para la reconversión, ese es el problema”, explicó días atrás el economista Federico Poli en Infobae a las nueve.

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El cierre de FATE expuso la crisis en algunos sectores de la economía (RSFotos)

Y si no hay reconversión, habrá presión. Al menos eso siente Madanes Quintanilla. Desde que decidió cerrar Fate, el Gobierno hizo lo imposible por entorpecer el procedimiento. Como nunca antes decidió meterse. Primero con una conciliación obligatoria y luego con un pedido informal, para que el empresario dueño de Aluar reubique a los 920 despedidos en otras empresas del grupo. Madanes dijo, por ahora, que no. ¿Aguantará? Quienes lo vieron durante los últimos días contaron a este medio que estaba dispuesto a dar la pelea. El Presidente lo apuntó en todo lugar donde le dieron un micrófono. Primero en X, su lugar en el mundo. Luego en cadena nacional en el Congreso. A mediados de marzo, en Nueva York frente a posibles inversores extranjeros y por último el fin de semana en España.

El nerviosismo oficial baja cuando reaparece Cristina Kirchner. Ahora no por cuestiones políticas o por un mensaje que ella busque sino por cuestiones judiciales. La expresidenta tuvo que presentarse ante Comodoro Py. Al salir, en la vereda de su departamento estaban dirigentes de La Cámpora y el kirchnerismo. El gobernador Axel Kicillof no fue. Si estaba su mano derecha, “Carli” Bianco. Su ausencia no pasó desapercibida: “No le da el coraje”, dijo un dirigente del riñón de Máximo Kirchner. La respuesta del entorno del mandatario bonaerense llegó por otra vía, más electoral: “Los enfrentamos en 16 distritos el domingo. Ganamos en 10”, soltó un funcionario.

Anniversaries,South America / Central America,BUENOS AIRES

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