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No cambies la esponja de cocina cada mes, es un error: cada cuánto debés hacerlo y por qué

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La esponja de cocina es el elemento de cocina que más se usa a diario, por lo que tiende a desgastarse rápido y acumular restos de comida. En este marco, no todos saben cuándo es el momento recomendado para cambiarla.

Los especialistas aseguran que renovarla una vez por mes no es suficiente, ya que la esponja puede acumular muchos microorganismos.

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Cada cuánto hay que cambiar la esponja de cocina

La recomendación es que hay que cambiar la esponja cada 3 semanas. Además, si notás que tiene mal olor, perdió la forma o empieza a largar pedacitos, es momento de tirarla sin dudar.

Debido su uso diario, la esponja puede acumular bacterias. (Foto: Freepik)

Para que la esponja dure un poco más, conviene enjuagarla bien después de cada uso, escurrirla y dejarla en un lugar seco. También se puede desinfectar sumergiéndola en agua con lavandina o vinagre.

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El error que común con el detergente y la esponja que puede arruinar la vajilla

Lavar los platos es una tarea de todos los días y que muchas veces hacemos de forma inconsciente. Aunque parece algo simple, lo cierto es que hay un error común al que hay que estar atento porque puede arruinar nuestra vajilla.

Se trata de la forma en la que usamos el detergente y la esponja para lavar los platos, dos elementos esenciales en la limpieza de nuestros utensilios de cocina.

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La mayoría de las personas tiende a aplicar el detergente de forma directa sobre la esponja. Sin embargo, esto puede ser perjudicial ya que se corre el riesgo de que el limpiador no se distribuya de manera uniforme, lo que puede llevar a un uso excesivo del producto y a un desgaste innecesario de la vajilla.

esponja, TNS

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Muchos creen que la mejor serie de Star Trek actual es una que la parodia. ¿El secreto? Entender lo que el espectador quiere

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Estos días he estado muy atento a los comentarios en Reddit sobre Star Trek: Starfleet Academy. Me interesaba descubrir qué piensan realmente los seguidores de la saga de ciencia ficción, más allá de las polémicas de turno en X (Twitter), y debo decir que me ha sorprendido encontrar a mucha gente reivindicando todavía hoy a The Orville, de Seth MacFarlane, como el mejor producto «vinculado» al universo de Gene Roddenberry realizado en los últimos años. Es una opinión que comparto en parte, pero que resulta bastante llamativa considerando que la serie se concibió originalmente como una parodia.

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¿Qué otra cosa podría ser una space opera creada por el autor de Padre de familia y Ted sino eso? De entrada, la ficción disponible en España a través de Disney+ nos presentaba a un capitán que había pillado a su esposa en la cama con un alienígena de piel azul y aspecto algo desternillante. Tras el divorcio, la Unión Planetaria —el equivalente a la Federación Unida de Planetas en este universo— decide asignarla a ella como primera oficial de su nueva nave. En definitiva, una premisa narrativa ideal para buscar la risa fácil y poco más, redondeada con un grupo de personajes que claramente parecían pensados para ese fin.

No tardamos en darnos cuenta de que lo que Seth MacFarlane pretendía hacer no era burlarse de Star Trek y sus muchos y a veces reiterativos tropos, sino algo más profundo: una carta de amor a la franquicia de CBS & Paramount. A medida que avanzaban los episodios, la serie empezó a despojarse de su disfraz de sátira irreverente para revelar un respeto reverencial por la ciencia ficción humanista. El guionista estadounidense, junto a su equipo, supo aprovechar las ventajas de trabajar sobre un producto totalmente original —un lienzo en blanco— para construir un nuevo Star Trek o, mejor dicho, lo que podría haber sido la serie original de haberse rodado en 2017 con buena parte de sus ideas intactas.

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No solo nos hace reír, también nos hace pensar

Mientras Star Trek: Discovery y Star Trek: Picard apostaban por grandes y sombrías epopeyas donde el destino de la galaxia estaba en juego en cada temporada —dejando poco espacio para el desarrollo de los secundarios—, The Orville prefirió rescatar el espíritu de The Next Generation o Voyager, dando al espectador justo lo que quería. Así, apostó por ofrecernos capítulos bastante autoconclusivos donde la tripulación del capitán Ed Mercer (MacFarlane) debía hacer frente a un misterio o a un dilema ético, casi siempre con la diplomacia como primera opción y recurriendo a la empatía para comprender la postura del «otro». Aunque eso no quiere decir, ni mucho menos, que faltara la acción.

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The Orville

Por ejemplo —prometo no daros muchos spoilers—, hay un personaje en la nave que pertenece a una raza alienígena donde todos son hombres y ponen huevos. Aunque al principio parece una curiosidad para introducir algún gag habitual en los títulos de MacFarlane, pronto el asunto se torna mucho más peliagudo al revelarse que esto no es un rasgo natural de su especie, sino una imposición social. Cualquier recién nacido de sexo femenino es sometido a una cirugía de reasignación forzosa, lo que da paso a un episodio reflexivo de carácter judicial que a más de uno podrían recordar a «La medida de un hombre» (The Measure of a Man) de TNG, donde se debatía si Data poseía consciencia y libre albedrío.

Otra entrega que me impactó fue aquel en el que el mejor amigo del capitán, y también uno de los recursos cómicos más habituales, el teniente Gordon Malloy, se queda atrapado en el pasado: nuestra actualidad. Tras creerse abandonado por las circunstancias, decide romper la Directriz Principal de la Unión y formar una familia, a pesar del riesgo de alterar la línea temporal. Con el tiempo, sus compañeros encuentran una solución pero, ¿sería capaz Malloy de renunciar a lo que había creado? Es decir, ¿podrías borrar una vida con esposa e hijos por pura lealtad institucional? Y no sería esto un poco, ¿cometer un crimen a lo Tuvix?

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Puede que MacFarlane creara su tripulación para que nos riéramos, pero les dio desarrollo y trasfondos más que interesantes

Además, tenía personajes muy bien pensados a lo que era fácil cogerle el cariño. Repitiendo la jugada de producciones anteriores de Star Trek donde teníamos a un androide, o un doctor holográfico, aquí también teníamos una forma de vida artificial con un trasfondo narrativo que cogía importancia en el programa, estaba el alienígena moclano antes mencionado, y también apuestas arriesgadas como un cachondo ser gelatinoso, o una chica perteneciente a un mundo cuya gravedad la hacia ser muy fuerte. Todos, unidos, funcionaban bastante bien, eran variados, y te gustaba verles interactuar. MacFarlane puede que diseñara alguno de ellos para hacernos reír, pero luego los desarrollo de auténtica fábula.

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El lienzo en blanco al que hacíamos alusión también facilitaba un nuevo juego geopolítico que a Star Trek, con todas sus potencias dispuestas sobre el tablero, ya le cuesta presentar sin generar inconvenientes en el canon. En definitiva, The Orville es un reboot que reimagina, sin enfurecer a los puristas, cómo podría ser un futuro utópico donde la humanidad viaja a estrellas lejanas y teje alianzas con civilizaciones diversas mientras lidia con pueblos de idiosincrasia compleja.

Igual no hacía falta reinventar la rueda

Y todo ello, además, con un presupuesto bastante ajustado. Se ha hablado mucho sobre cómo Starfleet Academy ha necesitado un gran desembolso por parte de Paramount+ que podría hacer inviable su continuidad a largo plazo. Sin embargo, The Orville, antes de dar el salto al streaming donde elevó su factura técnica, demostró que no hace falta tanto para recuperar esa televisión que nos mantenía pegados a la pantalla en los años 80 y 90 (aunque yo crecí en los 2000). El creador de Padre de Familia, en su intento de parodiar la saga, se impregnó tanto del espíritu social y optimista de Roddenberry que nos entregó el producto más fiel a la esencia original de lo que llevamos de siglo.

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The Orville

¿La pega? Solo hay tres temporadas. MacFarlane afirma tener los guiones escritos para una cuarta, pero tendrá que negociar con una Disney que no parece del todo interesada. Una pena, aunque hay que reconocer que el éxito de The Orville entre los fans propició, en cierta manera, un regreso a las raíces de Star Trek, primero con Strange New Worlds, y ahora con Starfleet Academy. Sí,  porque este show puede ser lo más Star Trek que se haya hecho aunque algunos episodios y/o personajes puedan pecar de ser aburridos o estar mejor escritos.

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Muchos creen que la mejor serie de Star Trek actual es una que la parodia. ¿El secreto? Entender lo que el espectador quiere

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3DJuegos

por
Marcos Yasif

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Poner una alfombra en la entrada: para qué sirve, según el Vastu Shastra

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En muchas culturas, la puerta principal de la casa tiene un significado especial. Para el Vastu Shastra, el antiguo sistema de arquitectura y diseño de la India, es el punto por donde entran las personas y, sobre todo, las energías que van a influir en todo el hogar.

Por eso, poner una alfombra o felpudo en la entrada no solo es una cuestión de limpieza, sino que tiene un fuerte simbolismo relacionado con la armonía y el bienestar.

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Para la técnica milenaria, este pequeño gesto influye en las energías del hogar. (Foto: AdobeStock)

Qué significa poner una alfombra en la entrada de la casa

Dentro del Vastu Shastra, este gesto simboliza protección y filtro de energías. La creencia sostiene que este objeto ayuda a que las energías negativas del exterior no entren al hogar.

Al mismo tiempo, la alfombra representa un gesto de bienvenida y apertura, asociado a atraer prosperidad, armonía y buenas oportunidades. Es una especie de transición entre el afuera y el adentro, marcando el paso a un espacio protegido.

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Por qué recomiendan tenerla en la puerta principal

  • Filtra energías negativas: actúa como una barrera antes de entrar al hogar.
  • Invita a la buena energía: un ingreso cuidado y limpio se asocia con atraer prosperidad.
  • Representa orden y armonía: mantener la entrada organizada favorece el flujo energético de la casa.
  • Marca el límite entre el exterior y el interior: simboliza el paso a un espacio protegido y equilibrado.

Además, en lo práctico, permite limpiar el calzado antes de ingresar y ayuda a mantener la casa más limpia.

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Qué recomienda el Vastu Shastra sobre las alfombras

  • Debe estar limpia y en buen estado.
  • No debería estar rota ni demasiado desgastada.
  • Es recomendable sacudirla o limpiarla con frecuencia.
  • Debe estar bien ubicada frente a la puerta, sin doblarse ni quedar mal acomodada.

Según esta tradición, los objetos descuidados o deteriorados pueden bloquear el flujo de energía positiva dentro del hogar.

alfombra, puerta, TNS

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La confesión de uno de los ladrones que asesinó a un referente del peronismo

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Carlos Alberto Fernández fue asesinado el 20 de junio de 2024 por la noche. Esperaba sentado junto a un amigo a bordo de un Toyota Corolla, estacionado en doble fila sobre la calle Castro al 1100, barrio porteño de Boedo, con sus balizas encendidas. Dos hampones los rodearon, según la investigación de la Justicia. Les ordenaron bajarse. La víctima se resistió. Así, recibió un tiro entre las costillas. El asesino y su cómplice escaparon de inmediato.

El daño que causó el disparo calibre .32 al cuerpo de Fernández lo detalló la autopsia: la bala ingresó de frente, entre la segunda y tercera costilla; luego impactó en la vena cava superior y le perforó el pulmón derecho. Casi le atraviesa la espalda. La víctima fue trasladada de urgencia al Hospital Ramos Mejía, donde falleció una hora después. Tenía 65 años.

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La noticia del crimen se conoció en las primeras horas de la mañana del día después. Fue un shock, en más de un sentido. No solo por el asesinato en sí: hace varios años los crímenes violentos son algo infrecuente en territorio porteño, un hecho que vuelve en noticia inmediata a cualquier homicidio. Pero también por quién era la víctima. Especialmente, por la víctima: esos dos ladrones habían matado a un referente silencioso del peronismo porteño.

Los mensajes en torno a la figura de Fernández se repetían en las redes y en los grupos de WhatsApp. Era empleado en el Senado bonaerense en aquel momento, un asesor de Verónica Magario, vicegobernadora de Axel Kicillof. Había pasado también por la Magistratura provincial, la Gobernación bonaerense y la Secretaría de Deportes de la provincia.

La esquina de Castro y San Juan, donde ocurrió el hecho (Google Street View)

“Por su militancia, Carlos tenía contactos con referentes históricos territoriales de la Capital. Lo conocían y respetaban”, aseguraba una reconocida figura del peronismo porteño que había trabajado con Fernández y hoy es diputado y una de las principales caras de la oposición.

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¿El crimen de Fernández fue un hecho político? No parecía. Para la Justicia y la Policía de la Ciudad, con una causa a cargo del fiscal Edgardo Orfila, se trató de un robo que terminó en muerte. Y así quedó, en la memoria de los crímenes de CABA.

El mes pasado, finalmente, la Justicia porteña condenó a un sospechoso por el homicidio. El Tribunal N°16, integrado por los jueces Valeria Rico y Gustavo González Ferrari, sentenció en un fallo que trascendió en las últimas horas a Iván Carlos Gómez, un reincidente oriundo de Villa Caraza en Lanús Oeste. El delito: homicidio en ocasión de robo, junto con robo a mano armada.

El crimen de Fernández fue solo una parte de la secuencia de aquella noche.

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La condena a iván Gómez: 25 años de prisión

Hoy, Gómez está preso en el penal de Devoto, luego de ser arrestado en Villa Lugano tras una investigación de la División Homicidios de la Policía de la Ciudad. No fue quien disparó la bala que mató al asesor de Verónica Magario, según la condena en su contra.

El autor material del crimen fue su cómplice, identificado con nombre y apellido, que sigue prófugo hasta hoy.

“Ambos imputados esgrimiéndoles armas de fuego, les ordenaron bajarse del rodado a las víctimas”, afirma el texto del Tribunal N°16. “Sin embargo, ante la resistencia de Fernández trenzándose en lucha”, el ladrón prófugo le dio una golpiza al militante peronista. Luego, le disparó.

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Minutos más tarde, pistola en mano y en plena fuga, le robaron el Peugeot 208, el iPhone 13 y la billetera a otro hombre en la calle Castro Barros al 800. El vehículo fue descartado en el partido bonaerense de Lomas de Zamora poco después.

Gómez, curiosamente, aceptó hablar luego de ser capturado. Dijo ser changarín, ayudante de albañil, con un salario de 15 mil pesos al día, trabajando de lunes a lunes. En paralelo, consumía a diario también alcohol, cocaína y pasta base. En su descargo, representado por un defensor oficial, lejos de negar su presencia aquella noche en Boedo, admitió todo, o casi todo.

La confesión

“Yo estuve presente, no sabía que él estaba armado“, en referencia a su compañero en el asalto.

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“Es así como ustedes dicen, yo me paro en la puerta del acompañante y se escucha un disparo. Me asusté mucho; yo salí corriendo, y él salió corriendo al lado mío; ahí es cuando me doy cuenta de que él tenía un arma. Hasta ahí, no sabía que él estaba armado”, aseveró. Luego, reconoció el robo del Peugeot 208.

“Yo nunca tuve un arma. Le quiero pedir perdón a la familia de la víctima, les pido perdón. Estoy muy arrepentido, me pongo en el lugar de ellos, yo también perdí un familiar y es muy feo”, continuó. Segundos más tarde, Gómez señaló a su cómplice, con nombre y apellido.

Verónica Magario, jefa de la víctima

Para ese entonces, el arrepentimiento del hampón de Villa Caraza se había convertido en un largo monólogo.

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“Pido mil disculpas, estoy muy arrepentido de haber acompañado a esta persona, desde mi casa hasta donde terminó todo esto. Mi familia me espera en mi casa; sé que no me voy a ir rápido, no quiero estar muchos años acá adentro porque tengo una familia que realmente me quiere y está apoyándome, tengo una familia que me espera”, finalizó.

Así y todo, el Tribunal N°16 le dio 25 años de cárcel.

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