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POLITICA

Patricia Bullrich y el plan B de Milei: cómo retener al votante que dice “sí, pero”

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Hay una pregunta que empieza a sobrevolar la política argentina a medida que se acerca 2027: ¿qué pasa con los votantes que quieren que Javier Milei continúe, pero no están dispuestos a acompañarlo en todo? Son los que respaldan el equilibrio fiscal, el combate contra la inflación, la política de seguridad y el intento de terminar con determinadas prácticas de la política tradicional. Pero, al mismo tiempo, se incomodan con algunas formas del Presidente, reclaman que la recuperación económica llegue a sus bolsillos y esperan que el cambio no se lleve puestos ciertos límites institucionales.

Son los votantes del “sí, pero”. Los que pueden decir que sí al rumbo, pero no a cada decisión. Los que no quieren volver al pasado, aunque tampoco están necesariamente conformes con todo lo que sucede en el presente.

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En ese espacio aparece Patricia Bullrich. Y sus últimos movimientos permiten formular una hipótesis: quizás no esté construyendo un plan para sacar a Milei del centro de La Libertad Avanza, sino para evitar que quienes tienen reparos con el Presidente terminen buscando una alternativa fuera del oficialismo.

Los acontecimientos de los últimos días le dieron una nueva dimensión a esa posibilidad.

El viernes 23 de octubre, durante la cena de la Fundación Faro, Milei volvió a utilizar expresiones extremadamente duras contra periodistas que investigaron la causa $LIBRA. Habló de “quemarlos en la hoguera”. Al día siguiente, Bullrich publicó una fotografía abrazada al Presidente y destacó la actividad como “una noche de ideas y de libertad”.

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Pero el domingo llegó el contraste. En una entrevista televisiva, la senadora cuestionó las expresiones presidenciales y sostuvo que Milei había “cruzado un límite”. “Defender la libertad también es respetar a quienes nos cuestionan”, afirmó. Y agregó una definición que marca una diferencia conceptual: frente a las críticas, “se responde con argumentos”.

La secuencia es elocuente: primero, la foto de cercanía; después, la diferenciación pública. Bullrich no reniega de la identidad libertaria ni de su pertenencia al Gobierno, pero establece un límite frente a una conducta presidencial que considera inconveniente.

Javier Milei, Patricia Bullrich, Karina Milei y Diego Santilli

El lunes 26 llegó otro episodio. La senadora no asistió a la reunión de gabinete encabezada por Milei en la Casa Rosada. Desde el Gobierno se habló de motivos personales. Sin embargo, distintas reconstrucciones periodísticas vincularon la ausencia con su malestar por los ataques a la prensa y con las diferencias que comenzaban a hacerse visibles alrededor de las elecciones brasileñas. No hay una explicación única que permita atribuir el faltazo exclusivamente a una razón política, pero su coincidencia temporal alimentó las interpretaciones.

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Y el miércoles 28, Bullrich volvió a marcar una diferencia. Mientras Milei decidió no emitir un mensaje oficial de felicitación a Luiz Inácio Lula da Silva por su victoria frente a Flávio Bolsonaro, la senadora reconoció el resultado electoral brasileño. “La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta”, escribió. También cuestionó la utilización de una Justicia que no sea imparcial como herramienta para eliminar a la oposición.

No se trata de presentar a Bullrich como una dirigente que abandona sus convicciones políticas. De hecho, respaldó a Flávio Bolsonaro durante la campaña. La diferencia es otra: una cosa es tener preferencias ideológicas y otra, desconocer el resultado de una elección. La senadora defendió el respeto a la voluntad popular aun cuando el ganador pertenece a un espacio político con el que mantiene profundas diferencias.

Prensa, instituciones, resultados económicos y reconocimiento electoral: los matices empiezan a configurar un patrón de diferenciación. La pregunta es si ese patrón responde solamente a convicciones personales o si, además, puede tener una utilidad política dentro de la coalición gobernante.

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No es la primera vez que Bullrich se mueve en esa dirección. En agosto había reclamado “más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana”. La frase apuntaba a uno de los principales desafíos del Gobierno: transformar los indicadores macroeconómicos en mejoras perceptibles para las familias. También se diferenció cuando se discutió la continuidad de la candidata judicial María Verónica Michelli y cuando rechazó promover un jury contra jueces que habían cuestionado aspectos del régimen penal juvenil. En este último caso sostuvo que las decisiones judiciales deben discutirse mediante las vías de revisión correspondientes, no mediante la persecución política de los magistrados.

Patricia Bullrich en el Senado

A esos episodios se sumaron sus publicaciones en redes sociales. Primero, un video musicalizado con “No me importa”, de Lali Espósito. Después, una pieza que terminaba con una frase de tono electoral: “Patricia sabe de la fuerza de los argentinos. Patricia conoce Argentina”. El video alimentó las especulaciones sobre un eventual proyecto propio, aunque no constituye por sí mismo una confirmación de una candidatura presidencial.

La pregunta es qué significa todo esto para el oficialismo.

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En el mundo de las encuestas y la consultoría política empezó a circular el concepto de “siperismo”. La expresión intenta describir a quienes responden “sí, pero”: acompañan aspectos centrales del cambio impulsado por Milei, aunque conservan objeciones sobre sus formas, sus costos o sus resultados.

No necesariamente son moderados ni centristas. Pueden ser votantes convencidos de que la Argentina necesitaba un cambio profundo, pero que no consideran que ese cambio justifique cualquier conducta o cualquier demora en la recuperación de sus ingresos.

Es allí donde Bullrich podría cumplir una función específica. Su mensaje implícito sería: no hace falta abandonar La Libertad Avanza para expresar disconformidad con determinadas decisiones. Es posible acompañar el rumbo y, al mismo tiempo, reclamar correcciones.

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La hipótesis tiene una lógica electoral. Si esos votantes encuentran dentro del oficialismo una voz que los representa, podrían tener menos incentivos para buscar una alternativa por fuera de la coalición. Bullrich podría convertirse, así, en una suerte de garante de los matices: una dirigente que sostiene el proyecto general, pero procura establecer límites y representar los reclamos de quienes no adhieren sin reservas a Milei.

Javier Milei, Karina Milei y Patricia Bullrich en el balcón de la Casa Rosada

La pregunta es cómo. Milei —y Karina— está decidido a que no haya PASO. Eso —en línea con el planteo de esta columna— sería un problema para Patricia Bullrich. “Patricia no quiere eliminar ni suspender las PASO”, repiten a coro una decena de senadores aliados del gobierno. Es que las primarias constituyen una herramienta que le permitiría a la senadora competirle al presidente la candidatura en 2027. Consciente de eso, el presidente de la Cámara de Diputados y mano derecha de la hermana del Presidente, Martín Menem, salió a marcar la cancha el viernes pasado. “No hay dos candidatos en La Libertad Avanza a la Presidencia. Es mi postura. Soy vicepresidente del partido a nivel nacional y presidente por mi distrito, que es La Rioja, y te diría que es unánime la idea de que el único candidato de La Libertad Avanza es Javier Milei”, dijo en un claro mensaje a Bullrich.

En definitiva, pesarán la matemática y la opinión pública. Los datos de imagen pública aportan un elemento adicional, aunque deben leerse con cautela. En una medición de D’Alessio IROL y Berensztein difundida en octubre, Bullrich registró un 45% de imagen positiva y un 51% negativa, frente al 35% positiva y el 62% negativa de Milei. Otras encuestas mostraron resultados diferentes, incluso con cifras similares entre ambos. Por eso, no se puede afirmar que exista una ventaja uniforme ni convertir la imagen personal en una estimación automática de votos. Sí puede señalarse que Bullrich conserva un nivel de reconocimiento y una base de valoración que hacen políticamente relevante su posicionamiento.

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Hay, además, una diferencia entre la demanda y la oferta. Que exista un electorado que quiera continuidad con correcciones no significa que ya haya una tercera fuerza competitiva, ni que Bullrich vaya a encabezarla. Tampoco demuestra que sus diferencias públicas formen parte de una estrategia acordada con Milei. Por ahora, eso pertenece al terreno de las hipótesis.

Pero el dilema de 2027 está planteado. La elección podría no organizarse únicamente entre continuidad y cambio, sino también alrededor de una discusión dentro del propio espacio oficialista: qué significa continuar, qué aspectos del rumbo deben preservarse y cuáles necesitan correcciones.

Bullrich parece estar explorando ese lugar sin romper formalmente con el Gobierno. Sus declaraciones sobre la economía, sus reparos frente a los ataques al periodismo, su ausencia en la reunión de gabinete y su reconocimiento del resultado electoral en Brasil son episodios distintos, pero pueden ser leídos como expresiones de una misma búsqueda de autonomía.

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El desafío para Milei es que el rumbo económico y político que propone no depende solamente de conservar a sus votantes más convencidos. También necesita retener a quienes lo acompañaron para terminar con un modelo que rechazaban, pero esperan resultados y límites que consideran indispensables.

Quizás el verdadero “plan B” no sea un candidato alternativo ni una ruptura inminente. Quizás sea algo menos visible y, al mismo tiempo, decisivo: evitar que los votantes que dicen “sí, pero” tengan que salir de La Libertad Avanza para encontrar a alguien que los escuche.

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POLITICA

Milei bajo presión: entre el corset de Trump y la negociación clave con los gobernadores

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El ensayo de Javier Milei por convertirse en líder internacional chocó nuevamente con los vientos externos. El triunfo de Lula en Brasil lo dejó atrapado y en soledad. Su salida política fue coordinar con Estados Unidos una operación de escape de Flavio Bolsonaro, intervención que el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, negó. No pudo celebrar la elección en Israel, y tampoco logró sacar provecho en España, viaje que resultó más rentable para Pedro Sánchez que para sus aliados de ultraderecha. Pasado mañana se expone a un cimbronazo si los comicios de medio término terminan confirmando una merma considerable del poder de Donald Trump.

La consecuencia inmediata será una suba aún más pronunciada del riesgo país, que ya llegó casi a los 800 puntos, quedando en 790 el viernes, el nível más alto desde octubre de 2025. El Gobierno vive en una tensión permanente. El año electoral se le adelantó con valores que se parecen mucho más al momento de los comicios legislativos y la derrota en la provincia de Buenos Aires que a un año que debería haber sido de relativa calma. Milei alimenta ese estado de conflicto eterno.

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A la ya tirante relación que mantenía con Brasil, Mieli le sumó uno de los actos más hostiles que la diplomacia pueda ejecutar. Sus consecuencias, a esta altura, dependen más de Lula que de Milei. Hasta ahora no se ha resentido el comercio bilateral. Se mantiene la tendencia estructural deficitaria para la Argentina por el volumen comercial, pero el país tiene una protección especial en la industria automotriz, el acuerdo de complementación económica 14, que Lula podría poner en juego ahora. No lo hizo durante estos casi tres años de convivencia forzosa con Milei. Los analistas de un lado y otro sostienen que es poco probable que juegue esa carta, pero Milei puso en riesgo décadas de trabajo diplomático.

El senador brasileño Flavio Bolsonaro desembarca de un avión tras su llegada al aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, cerca de Miami, Florida, EE. UU., el 28 de octubre de 2026

El mayor interesado en mantener y renovar el acuerdo debería ser la Argentina. Hoy están cortados los lazos. No hay diálogo. Tampoco coordinación, fundamental, por ejemplo, para sortear con cierto margen la devaluación del real que se dio en Brasil. La última renovación fue en 2019, por 10 años. Ambas cancillerías deberían estar negociando de nuevo, sobre todo porque cualquier inversión demora entre 3 y 5 años en tomarse y ejecutarse, y los industriales necesitan saber que ese escenario no cambiará. Hay preocupación porque incluso antes de las elecciones, nadie se había sentado a discutir. El acuerdo establece que por cada dólar que la Argentina le exporta a Brasil, el país vecino puede hacerlo hacia acá sólo por 2. Ya el pacto tiene pasos de actualizaciones, que llevarán a que la diferencia sea 3 dólares en 2029. Esa protección a la industria automotriz podría ser un motivo de represalia. Lo que más llama la atención de los analistas internacionales es que tampoco al gobierno de Milei parecería importarle demasiado proteger esa industria, como ninguna industria. La relación bilateral siempre se sostuvo con consensos lógicos, incluso en el mandato de Mauricio Macri, que Lula se encargó de poner de manifiesto en su respuesta al ex presidente, que había celebrado su triunfo. Entonces, el mayor desaire fue que Macri fue reticente al liderazgo internacional de Lula vía el crecimiento de los Brics. “Recuerdo con nostalgia los tiempos en que diferencias circunstanciales entre nuestros países se discutían y se solucionaban de manera civilizada y republicana”, atendió Lula a Milei en el intercambio con Macri. El ex presidente no puede entender la política exterior del Gobierno. Es una de las áreas que más le cuestiona, y por la que pujó bastante cuando comía milanesas en Olivos. Nunca logró convencer a Milei. Dirigentes del entorno de Macri se sorprenden de ver a Pablo Quirno, un hombre que venía del PRO, en un rol secundario en la toma de decisiones. El lugar soñado de Macri se lo regaló Lula. “Es lo que siempre le dijimos”, refuerza un allegado al ex presidente.

El otro punto de posible conflicto se podría dar en la Agencia de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares, un organismo binacional que garantiza que los materiales e instalaciones nucleares de ambos países se empleen exclusivamente con fines pacífico. Este modelo es único en el mundo. Sólo existen acuerdos entre países y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) pero no entre dos países. A pesar de las tensiones, hoy funciona en piloto automático, pero la distancia política hace que no se avance en su desarrollo. Por un lado, el organismo pierde peso internacional, pero sobre todo se pone en juego en momentos en que Brasil avanza en la construcción de un submarino nuclear.

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Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva (Imagen Ilustrativa Infobae)

Milei sigue sin reconocer al gobierno de Brasil y se especula por estas horas qué decisión tomará si Bolsonaro se autoproclama presidente desde los Estados Unidos. Hizo un primer intento que después desactivó, pero el viernes a la noche lanzó un inquietante mensaje al advertir que volvería a competir en elecciones pero que para eso no esperaría al próximo turno electoral, en 2030.

Una encuesta que publicó ayer O Globo reflejó que 3 de cada 4 electores del Partido Liberal no respaldan el “texto golpista”, así califican la primera carta de Bolsonaro, y sostiene que sólo el 38% lo defendió, abonando el aislamiento de ese sector político. Milei, en su guerra permanente, abre y deja otro conflicto sin resolver.

Mientras tanto se acumulan alrededor del Presidente las presiones internas. Santiago Caputo quedó en el ojo de la tormenta por las dudas sobre su rol en la fuga. Tendrá que dar explicaciones el jefe formal de la Secretaría de Inteligencia, Cristian Auguadra, a la comisión bicameral de control y seguimiento de los organismos de inteligencia. Se supone que las reuniones y los pedidos que ingresan a ese organismo son secretos. En este caso se hizo público que Unión por la Patria había pedido su presencia. El cuerpo está presidido por Sebastián Pareja, mano derecha de Karina Milei. ¿Quién lo filtró?, se preguntan con suspicacia en el Congreso. Caputo es el jefe de Auguadra. El asesor presidencial es el más comprometido si la Justicia avanza en investigar cómo se financió la salida de Bolsonaro y si se usaron recursos públicos para la operación. La trama de lo que pasó dejó en evidencia una cancillería paralela, ya no una embajada, como en otros tiempos. Pero desnudó además vínculos de Caputo con sectores marginales norteamericanos, por fuera de los carriles formales de la diplomacia. Caputo se expuso a ubicarse en la escena, una extrañeza para un mago al que no se le deberían ver los hilos. Lo más llamativo del caso es que nadie defendió las razones por las que la Argentina colaboró para la huida de Bolsonaro, una suerte de actitud culposa de quien se sabe en falta.

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El asesor presidencial Santiago Caputo

Hace rato que el Gobierno promueve políticas sin vocero. No hay narrativas que convenzan. Le pasó con la ley de tierras la semana pasada, cuando nadie pudo defender que estaban reponiendo una norma de Cristina Kirchner, y lo repitieron el miércoles pasado con los cambios que debieron hacerle al proyecto de soberanía nacional para cumplir con las exigencias norteamericanas. En el debate de comisión sólo Damián Arabia terminó llevando el caso, para exponer los cambios. Antes había hablado otro diputado, Federico Pelli, por Tucumán, y cerró Lisandro Almirón. No llevaron a ningún especialista a defender la ley en las cinco reuniones que se hicieron. Sólo estuvo la secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzabal. Todas las exposiciones fueron críticas del proyecto. Martín Menem sólo juntó los votos, pero evitó exponerse. La suerte final del sueño de Caputo se verá en plena sesión. Está previsto que se lleve al recinto el 18 de noviembre. El oficialismo consiguió las firmas gracias a los aliados, que lo hicieron en disidencia. El debate por estas horas en todos los bloques de la oposición es cómo votar: quedaron atrapados por el Gobierno, que colocó en el capítulo 1 toda la defensa y sanciones por la explotación petrolera y de recursos naturales en Malvinas e incorporó un control estatal sin precedentes vía la creación del Consejo de Seguridad Nacional en el resto de los artículos. Tendrían que votar a favor en general y oponerse en particular.

Paradójicamente, en el proyecto de soberanía nacional se impuso Estados Unidos y el oficialismo aceptó limitar las sanciones para empresas y fondos de inversión que tengan una porción minoritaria, de hasta el 2%. Antes entraban todas. Y no sólo eso. Con los cambios, cualquier empresa podrá argumentar que no sabía. “Se dan garantías para quienes desconocieran un sentido ilícito”, explicó Arabia cuando anunció las modificaciones. El oficialismo todavía tiene que construir su mayoría para aprobarlo. Seguramente habrá más cambios, como el artículo 111 que establece penas de prisión de cinco a doce años para quienes intervengan en campañas de desinformación masiva financiadas por actores extranjeros. Todo decidido por el Poder Ejecutivo con un posterior control del Congreso, que se incorporó en el debate de comisión. “Que no nos pase lo mismo que con morosidad”, apunta una diputada aliada. Son más de 15 días para negociar.

Karina Milei junto a gobernadores

Otra vez los gobernadores estuvieron dispuestos a jugar con Milei. Los misioneros y los catamarqueños, que se habían acercado al peronismo, ahora acompañaron al Gobierno. El dato más llamativo fue la firma de Pablo Farías, del socialismo de Santa Fe. Se lo pidió el gobernador Maximiliano Pullaro. Ni siquiera estaba en juego el número, pero firmó igual. Necesitaban 54 diputados y tuvieron 60. Pullaro intervino de hecho el bloque de Provincias Unidas. Juega también su propia interna provincial. Hace tres semanas que tiene trabado en la legislatura un nuevo proyecto de seguridad que no logra los votos ni de los propios. Ya había quedado expuesto en el debate del DNU 70 cuando aportó la última firma que faltaba para el dictamen de mayoría del oficialismo.

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Candidatos en fuga

La interna Karina-Caputo también tiene su correlato en la previa al debate por la eliminación de las PASO. Mientras el asesor presidencial generaba uno de los hechos de mayor tensión política con su principal socio comercial, Karina Milei se rodeaba de 13 gobernadores en Rosario, en la presentación de la ronda de negocios del RIGI para la producción nacional. Pullaro fue el anfitrión. El contraste es notorio. La secretaria general avala la posibilidad de acordar con los mandatarios mientras Caputo ampara a los rebeldes. Ocurrió con Luis Petri. Buena parte del acuerdo con los gobernadores radicales está trabado en Mendoza. Petri se refugió en el asesor presidencial para conseguir que no lo bajen de la candidatura. El actual mandatario, Alfredo Cornejo, viene reclamando eso a cambio de apoyar al Gobierno. En Mendoza tomaron nota de que toda la maquinaria digital de Caputo salió a levantar a Petri. “No es nuestro candidato”, respondieron desde el ala karinista cuando pudieron explicaciones. Están seguros de que hubo difusión de contenidos de Petri por la agencia que maneja Caputo.

Luis Petri, diputado de LLA

El radicalismo le cambió la estrategia a Diego Santilli. Ahora negocia en bloque, cansados de la falta de acuerdos. Quedó al mando el ex gobernador de Corrientes Gustavo Valdés. “Nosotros no cerramos hasta que no cierren los radicales”, dicen en el PRO de Macri. La cuestión está más trabada en el primer anillo de aliados que en el ampliado. Todos los actores consultados sostienen que el proyecto va a salir, pero al apuro del Gobierno, los gobernadores le contestan con paso de tortuga. Es la última oportunidad de negociar que tienen y la quieren aprovechar. Primero está el Presupuesto, que irá al recinto el 25 de noviembre. La reforma política quedará para sesiones extraordinarias. Ya no hay tiempo. Sólo se puede dictaminar hasta el 20 de noviembre.

El Gobierno tiene un cuello de botella. Como quien no llega a fin de mes. No es literal y se las arregla para seguir, pero con una agenda que no es propia. En Diputados se le acumula aún el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, Defensa de la Soberanía, Presupuesto y Biocombustibles. En el Senado esperan el nuevo régimen de patentes, Super RIGI y reforma política. Patricia Bullrich dio media sanción esta semana a un proyecto del radicalismo que tocará la caja de Luis Caputo. Prevé beneficios fiscales para pequeñas empresas.

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Los aliados necesitan algún reaseguro de que no habrá competencia por las reelecciones de los gobernadores, un pacto imaginario, una suerte de pagaré. Pero además, necesitan un dique de contención para los distritos donde no gobiernan pero pueden tener candidatos competitivos, incluso por encima de los dirigentes libertarios. Un ejemplo es Córdoba, con Rodrigo De Loredo. También apuntan a La Pampa, Catamarca y Misiones. La pregunta que se hacen los gobernadores es por qué deberían rifar su marca. Vuelve el proyecto de colectoras. Es la única opción viable para contener hacia abajo. También está trabado Jujuy. Los liberarios presentan a Ezequiel Atauche, más vinculado a Caputo, y al diputado del Tesla, Manuel Quintar, aliado de Karina.

En el PRO todavía desconfían, pero sostienen que está cerrado el acuerdo en la Ciudad para la reelección de Jorge Macri. Cambia el logo y el nombre, todo pasa de amarillo a violeta, pero dicen, tienen la palabra de que se respetará esa candidatura.

Diego Santilli, Cristian Ritondo, Martín Menem, Fernando de Andreis y Lule Menem

Pesa la economía

Nadie quiere poner la firma por adelantado. Sobre todo en momentos en que la economía no da señales de recuperación. Macri también quiere esperar a ver cómo evoluciona el juego de Patricia Bullrich. No descarta a nadie, solo a él, que no quiere ser candidato. En el PRO dicen que también está listo el acuerdo en Chubut y Entre Ríos, los otros dos distritos que gobiernan. Como el radicalismo, el momento de hacerlo esperar a Santilli y a Milei es ahora. Nadie se quiere adelantar.

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Ayer se conocieron los anticipos sobre recaudación. Según el economista Nadin Argañaraz, la recaudación nacional de IVA de octubre habría caído un 7,6% real interanual. Se acumularían doce meses consecutivos de caídas reales interanuales, desde noviembre de 2025. La demanda de dólares no merma. En septiembre se compraron USD 3410 millones, un 1,3% superior a agosto. La cantidad de cheques rechazados creció 30% en septiembre. Equilibra adelantó una inflación de 1,8%, hacia la baja, pero el Gobierno anunció el aumento tarifarios para servicios de electricidad y gas que podría ponerle más presión. Como herramienta a mano sólo atinó a postergar un mes más la suba del impuesto a los combustibles. Luis Caputo anunció que no se mueve de su plan, para desmentir diferencias con el Presidente. Las diferencias son con la mesa política, que sin reactivación económica, ve cada vez más difícil una recuperación de expectativas.

Según Pulso Research, la evaluación de la gestión de Mileí alcanzó un 66,4% de rechazo contra un 28,9% de aprobación. Eso es lo que reclama el ala política. Le queda un año para corregir, pero ni Milei ni Caputo quieren tocar nada. Cuentan con un valor agregado, que por ahora es su gran aliado. Ante la pregunta abierta, esa misma medición arrojó que si se consulta por quién es el líder de la oposición un 43,5% responde “nadie”.

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Círculo rojo: Milei juega a todo o nada mientras el establishment especula hasta dónde tensionará Bullrich

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“Estén seguros de que el plan de Javier va a salir… En lo que a mí se refiere, no hay chance de que yo termine bien”, les dijo Santiago Caputo a los periodistas Manuel Jove y Maia Jastreblansky, según consta en la biografía del consultor presidencial escrita por ambos.

Es difícil predecir el final, más allá de algunos cuantos indicios, pero el asesor suele coquetear con el abismo, y cuando lo hace, pareciera disfrutarlo. Acaba de suceder con la salida de Flavio Bolsonaro de Brasil hacia los Estados Unidos a través de Misiones, un operativo cinematográfico que Caputo supervisó dentro de la Argentina en contacto con la familia del ex candidato investigado por la Justicia brasilera e interlocutores de la administración norteamericana, que garantizaron la operación.

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Javier Milei sabía del plan desde el lunes: esa garantía fue una de las razones por la que definió que no reconocería el triunfo de Lula da Silva mientras todos los presidentes de la región, sin excepciones ideológicas, saludaban al veterano líder del PT que en el verano iniciará su cuarto mandato.

Existe, más allá de los matices y de la profundidad del vínculo que cosecharon en estos años con el círculo rojo –a pesar de su rebeldía pública, el consultor construyó y mantiene, a diferencia del presidente, relaciones muy aceitadas con el establishment político y empresarial-, un hilo rojo entre ambos: cierta fascinación por la espectacularidad, por jugar muchas veces al límite y por un ejercicio del poder poco convencional. Casi siempre, a todo o nada.

Fuentes oficiales aseguran que la semana anterior al balotaje brasilero, los enviados de la administración republicana, encabezados por Christopher Landau, que visitaron la Argentina dieron señales de que la elección en el país vecino no marchaba, como suele decir Caputo, acorde al plan. Fue en el contexto de la reunión que se desarrolló en Economía con Luis y Santiago Caputo, y que el ministro se encargó de difundir por los canales oficiales del ministerio con un video cuidadosamente editado para resaltar la presencia del estratega libertario. Una semana de puro show que siguió con la cena de la Fundación Faro y terminó con el operativo de Puerto Iguazú.

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“Toto” y el consultor estrella de Milei se han encargado en los últimos tiempos de instalar que la relación con el gobierno norteamericano depende en buena medida de ellos. En lo económico, y en lo político.

Santiago Caputo, Luis Caputo y el embajador Peter Lamelas

Eso explica, en parte, que el operativo en Puerto Iguazú, que estaba previsto para la madrugada del martes y que se demoró 24 horas –esa primera alteración del plan original desató una paranoia inusual en Las Fuerzas del Cielo-, haya sido supervisado en persona por el consultor. Se montó para eso una fenomenal maniobra de distracción ejecutada por colaboradores que incluyó un alto nivel de secretismo –funcionarios de primera línea se enteraron con el hecho casi consumado- y el servicio full time de funcionarios del ente Yacyretá, como Orlando Palacios y Jorge Waisman, que quedaron al descubierto cuando fueron demorados por un control provincial junto al principal asesor de Milei. Por ese operativo policial, hubo cortocircuitos con el gobernador Hugo Passalaqcua.

Sin embargo, tal vez uno de los mayores impactos de la operación Bolsonaro y la decisión presidencial de desconocer la victoria de Lula, que exhibió el alineamiento irrestricto del gobierno con la administración Trump, esté asociado al nuevo deterioro en la relación entre la Casa Rosada y Patricia Bullrich. En desacuerdo con la posición oficial, la senadora homologó el triunfo del líder del PT el miércoles en sus redes sociales: tuvo tiempo de sobra para procesar la operación Bolsonaro y conocer el nivel de colaboración del Gobierno con el ex candidato presidencial.

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Esa publicación pudo haber sido un parteaguas en la relación con los hermanos Milei, cada vez más fastidiados con la ex ministra. Fuentes oficiales confían en que ya no es solo Karina Milei la que está furiosa con la senadora, sino también el presidente. Ahora se sumó Caputo, que hasta el momento había funcionado internamente como un aliado de Bullrich frente a la “guerra santa” –así la califican en su entorno- desatada entre la jefa del bloque libertario en el Senado y los Menem. El viernes, Martín Menem dijo públicamente que en La Libertad Avanza no hay espacio para dos liderazgos: Milei reposteó mensajes en sus redes con esas declaraciones.

El senador brasileño Flávio Bolsonaro desembarca de un avión tras su llegada al aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, cerca de Miami, Florida, Estados Unidos, el 28 de octubre de 2026

Hasta qué punto Bullrich es capaz de tensionar con Milei es la pregunta más recurrente del círculo rojo, que sigue fantaseando con una ruptura que propicie una candidatura de la senadora. “Hasta la Presidencia”, respondió un integrante de su entorno consultado por esa inquietud que atraviesa al establishment. “Se están precipitando las cosas”, desparramaron desde ese entorno a mediados de semana. Ese interrogante alcanza también a los representantes de la administración norteamericana, que regaron al círculo rojo con un mensaje unívoco: “Hay que trabajar por la reelección de Milei”. Cerca de la senadora aún recuerdan algunos chispazos en la campaña del 2023 con el entonces embajador estadounidense, Mark Stanley.

Hace poco más de quince días, Bullrich recibió en sus oficinas a un grupo de economistas afines -al menos tres- para analizar el rumbo del programa económico. Se compartió un diagnóstico pesimista. La senadora no cree que todo esté marchando acorde al plan, más bien lo contrario. Y suele machacar públicamente. Quiere resguardar su capital político: para eso reproduce spots de campaña que tienen horas de edición y que suelen contener un mensaje cada vez más explícito a la Casa Rosada. Su última pieza de TikTok tuvo 4.8 millones de reproducciones.

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En el Gobierno están convencidos, además, de que Bullrich no trabaja activamente para lograr la suspensión de las PASO, un objetivo prioritario de la Casa Rosada dentro de la reforma política. Incluso creen que negoció con el peronismo la citación del jefe de Gabinete para finales de noviembre. Diego Santilli ya no sabe cómo sostener la impaciencia de los gobernadores aliados que están dispuestos a cerrar un acuerdo con el Gobierno a cambio de reglas de juego claras en sus distritos: básicamente, que no les instalen competidores. Ya ni siquiera es cuestión de plata. El tiempo se agota a medida que se acerca el fin de año. Puertas adentro atribuyen la demora a los Menem, que insisten con la instalación de dirigentes en varias provincias. Karina Milei duda. Santilli espera: no pudo todavía garantizarle a ningún gobernador que sus superiores validen sus promesas.

Karina Milei, Diego Santilli y el gobernador Maximiliano Pullaro

Esa posición de Eduardo y Martín Menem expone una de las diferencias con Caputo, que volvió a relacionarse activamente con algunos gobernadores tras el confinamiento al que se sometió cuando perdió la interna con la hermana presidencial y fue despojado del control de la estrategia política y del vínculo con la Justicia. En los últimos tiempos, se ha reunido con varios jefes provinciales en Buenos Aires, en extrema reserva. “Hay por lo menos media docena de ellos que quieren cerrar el acuerdo a través de él”, aseguró una fuente que tiene intereses en ese sector.

El consultor se delató públicamente en Iguazú, durante el operativo Bolsonaro, en una exhibición de poder y de su aparente cercanía con un sector del Partido Republicano, y para mostrar que todavía presta servicios valiosos en nombre de la la batalla cultural del Presidente, una variable de la gestión a la que Milei le dedica la mayoría de su tiempo. “Es más un canciller de las ideas que un presidente”, lo definió un operador libertario.

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Caputo, de todos modos, presta mucho más que servicios para Milei. El Presidente no pareciera conocer el alcance ni la magnitud de las áreas que controla su consultor estrella. En ese universo tomó mayor protagonista en los últimos tiempos Macarena Alifraco, una colaboradora premium del asesor que pasó a monitorear la Aduana y el PAMI. Hubo movimientos recientes en Ezeiza. Francisco, hermano del estratega, tiene un rol clave. Las relaciones por fuera de ese grupo empezaron a modificarse de un tiempo a esta parte. Hay nombres que empiezan a tomar cada vez más notoriedad. Por ejemplo, el de Juan Pablo Mazzola.

Ninguno tiene cargo oficial.

Patricia Bullrich, senadora nacional por LLA

Es la economía… Milei está en otra sintonía. La última semana la dedicó, casi con exclusividad, a seguir los pormenores de la operación Bolsonaro y sus implicancias regionales. En el plano local, está enfocado solo en la gestión del programa económico, que decidió mantener a rajatabla a través de una firme disciplina fiscal que el ministro de Economía ejecutó al pie de la letra. Tanto que, varios meses atrás, se llegó a cortar –por error- la provisión de comida de Olivos para sostener la política de ajuste. Los más memoriosos recordaron cuando, en la previa de la crisis del 2001, se recortó –no por error- el servicio de catering del avión presidencial.

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“Toto” Caputo está preocupado. Lo manifestó en diversos encuentros privados con economistas o dirigentes afines, a los que le preguntó, uno por uno, qué hacer frente a los magros resultados del programa. Esa preocupación se trasladó a los encargados de la misión argentina del Fondo Monetario, que también plantearon inquietudes por la sostenibilidad futura del programa en reuniones reservadas con economistas y consultores. Por ejemplo, en torno a la política monetaria. Uno de esos economistas patentó el concepto de “Argen-RIGI” en referencia al “20%” de la actividad que vive una expansión por el boom de la minería, el agro y el oil & gas concentrada en esos sectores, y que le proporcionará al Banco Central una lluvia de dólares el próximo año. Son los ganadores indiscutidos del modelo. El problema es la incertidumbre electoral, que llevó por ejemplo a una suba del Riesgo País hasta los 790 puntos básicos, y la cobertura que busquen los ahorristas frente a esa volatilidad: en el 2025, año eleccionario, la dolarización de carteras por parte de los argentinos alcanzó los USD 32 billones.

El ministro de Economía, Luis Caputo, se reúne con el titular de la UIA, Martín Rappallini, Rodrigo Pérez Graziano y Eduardo Nougués para abordar temas económicos. (@LuisCaputoAr)

Fueron toda una novedad, en ese sentido, las declaraciones de Karina Milei del jueves en Rosario, cuando planteó la necesidad de que esas inversiones converjan en mayor empleo para las pymes locales. Es la discusión que los industriales llevaron al Senado en la discusión por el Súper RIGI.

La industria está castigada, y el Gobierno parece haber tomado conciencia de la seriedad de ese castigo. Por eso esta semana “Toto” Caputo y Santilli darán el presente en un encuentro de la UIA, a diferencia de lo sucedido meses atrás, cuando el oficialismo vació la reunión anual de la entidad en el Gran Buenos Aires.

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El conurbano es el más castigado por la política económica del Gobierno. El miércoles, en Infobae al mediodía, el obispo de San Justo, Eduardo García, dijo que era la primera vez que habían tenido que espaciar el servicio de comedores populares por falta de fondos a través del programa PNUD que administra Capital Humano. Aseguró que la asistencia a esos comedores volvió en el último tiempo a niveles de la pandemia. Intendentes del Gran Buenos Aires empezaron a notar, en ese contexto, un nivel mayor de malestar en los sectores más postergados.

Son malas noticias para Santilli, que sigue aparentemente decidido a postularse en la provincia de Buenos Aires. No cree, como algunos de la cúpula libertaria -¿incluido el Presidente?-, que es mejor dejar librada al peronismo la suerte de los bonaerenses y no gastar un peso en ese distrito.

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POLITICA

El pedido de la Iglesia argentina frente a la llegada del Papa y la mirada del Gobierno

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El próximo viernes, León XIV partirá desde Roma rumbo a Uruguay, la primera escala de la gira sudamericana que lo traerá a la Argentina el próximo domingo, 8 de noviembre, después de casi cuatro décadas sin una visita papal al país. Para la Iglesia argentina, el acontecimiento excede largamente la organización de una agenda de misas, encuentros institucionales y actividades pastorales. También representa una oportunidad para intentar recomponer un vínculo con el poder político que, a pesar de los contactos de los últimos meses, todavía está lejos de alcanzar la continuidad que reclaman las autoridades eclesiásticas.

En el Episcopado hay una expectativa concreta: que la llegada del Papa no funcione como una tregua circunstancial ni como una foto institucional que se agote cuando el avión papal despegue rumbo a Perú. El planteo que hicieron llegar a los interlocutores del Gobierno es de largo plazo. Quieren que se establezca un canal de diálogo permanente, con interlocutores definidos y una agenda que no dependa exclusivamente de las necesidades de cada coyuntura.

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En algunos sectores de la Iglesia hay, incluso, malestar por la percepción de que el Gobierno se acerca ahora por conveniencia. “Están enojados porque creen que los están usando”, sintetizaban fuentes eclesiásticas. La sospecha es que, una vez que León XIV abandone la Argentina, los contactos volverán a espaciarse y la relación institucional perderá la intensidad que adquirió durante los preparativos del viaje. “Sienten que después de la salida del Papa no va a haber más relación. Es algo transitorio”, describen.

En la Casa Rosada, según pudo reconstruir este medio, se comprometieron a escuchar el planteo, y tomaron nota. Un alto funcionario lo consideró “lógico”. Y en conversaciones informales apuntaron que el vínculo no quedeará limitado a la coordinación de la visita, aunque todavía no se habla de la forma concreta que tendrá ese compromiso.

Hay una necesidad del Gobierno de evitar que la visita del Papa sea un punto de inflexión negativo para su gobierno, en especial en un momento de debilidad económica, en medio de la suba del riesgo país y la fuerte caída de la actividad que admite el propio Presidente, que impactan en los habituales temas sociales que preocupan a la Iglesia.

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El encuentro de marzo de 2024 entre Milei y la Conferencia Episcopal

La distancia tiene antecedentes. Milei recibió a las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina una sola vez desde que llegó a la Presidencia: fue el 12 de marzo de 2024, cuando el titular del organismo era monseñor Oscar Vicente Ojea, entonces obispo de San Isidro. En aquella reunión, los obispos le transmitieron su preocupación por la situación económica y social, la falta de alimentos y medicamentos y las dificultades que atravesaban los sectores más vulnerables, según las inquietudes que recibían de las distintas diócesis del país.

Desde entonces, los encuentros con el Presidente no tuvieron continuidad. La relación se sostuvo a través de otros funcionarios y volvió a cobrar intensidad con los preparativos de la visita papal, pero sin una nueva audiencia de Milei con la conducción del Episcopado. Los contactos más recientes tuvieron como protagonistas a Karina Milei y al canciller Pablo Quirno, además de funcionarios de otras áreas del Gobierno. Y últimamente, a autoridades del ministerio de Seguridad e incluso de la SIDE.

En ese recorrido se fueron incorporando reclamos que exceden la organización del viaje. La discapacidad y la ludopatía, dos cuestiones sobre las que la Iglesia viene insistiendo desde hace tiempo, se sumaron a la agenda. En ambos casos, el Congreso terminó dando respuestas que fueron recibidas favorablemente por las autoridades eclesiásticas, aunque después de meses de reclamos y de una resistencia oficial que generó malestar. La Iglesia valora que finalmente se hayan producido avances, pero algunos críticos consideran que la reacción llegó tarde.

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El reclamo por la discapacidad había quedado especialmente expuesto en octubre, cuando representantes de la Conferencia Episcopal solicitaron al Gobierno que prorrogara la Emergencia del sector y revisara los recortes previstos en el Presupuesto 2027. En materia de ludopatía, el Episcopado insistió ante el Senado para que avanzara la regulación de las apuestas online, con especial preocupación por el impacto sobre niños y adolescentes.

Detrás de esos planteos hay una discusión más amplia sobre el papel social de la Iglesia y su capacidad de interlocución con el Estado. En el Episcopado advierten que la demanda religiosa está creciendo y que la convocatoria de las expresiones populares de fe contradice algunas lecturas sobre una sociedad cada vez más alejada de las instituciones religiosas. La última peregrinación a Luján, con una concurrencia estimada por fuentes eclesiásticas de entre 2,8 y 3 millones de personas, es uno de los ejemplos que utilizan para ilustrar ese fenómeno.

La llegada de León XIV ocurre, además, en un momento en que el Gobierno necesita administrar varios frentes políticos y diplomáticos. Después de los cortocircuitos con Brasil por el posicionamiento argentino frente al bolsonarismo, y en medio de las dificultades económicas, la visita papal pondrá inevitablemente en primer plano cuestiones como la pobreza, la desigualdad y la situación de los sectores más vulnerables. Son asuntos sobre los que la Iglesia tiene una posición propia y acerca de los cuales no siempre encuentra coincidencias con la administración libertaria.

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El Gobierno, por su parte, buscará que la visita tenga una dimensión institucional y pastoral, sin que se convierta en una disputa política. La agenda oficial contempla un encuentro del Papa con Milei en la Casa Rosada y una reunión con autoridades, representantes diplomáticos y de la sociedad civil en el Palacio Libertad. En la Iglesia, sin embargo, recuerdan que León XIV tendrá libertad para expresar sus posiciones y que no está previsto que su mensaje quede condicionado por las necesidades de ningún gobierno.

La interna que no se detiene

Mientras se acerca la visita papal, en el oficialismo sigue abierta la disputa entre Patricia Bullrich y el sector de Karina Milei, que en los últimos días volvió a quedar expuesta en redes y en los movimientos en el Senado. La Casa Rosada intenta bajarle el tono a los cruces, pero en el entorno de la senadora se envalentonan cada vez más y no están dispuestos a dejar pasar las réplicas a sus críticas o diferenciaciones, cuando se producen.

Los episodios de esta semana tuvieron dos detonantes. Por un lado, el distanciamiento de Bullrich respecto de la estrategia del Gobierno frente a Brasil y el bolsonarismo. Por otro, las diferencias por el dictamen sobre soberanía de Malvinas, porque el sector de Santiago Caputo le atribuyó a Bullrich la maniobra para involucrar al Ministerio de Seguridad, ahora conducido por Alejandra Monteoliva, en el futuro Consejo de Seguridad Nacional.

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En el círculo íntimo de Bullrich reconocen que la relación personal y política de la senadora con Santiago Caputo es de mejor sintonía que la que mantiene con Karina Milei. Pero eso “no significa” que estén dispuestos a tolerar sus cuestionamientos sin reaccionar. “Tenemos recursos para responder y no somos larretistas”, advierten, en una frase que remite a la vieja interna de Juntos por el Cambio.

Patricia Bullrich y Javier Milei

La senadora también tiene reproches para la secretaria general de la Presidencia. Le cuestiona el nivel de compromiso de los Milei con la elección y, sobre todo, el impulso por intervenir en las decisiones del Senado como si se tratara de una dependencia del Poder Ejecutivo. “No entiende que no es una escribanía, que no es un ministerio”, dicen cerca de Bullrich, en referencia a los intentos de promover cambios en la estructura del bloque y en las comisiones que no cuentan con los votos necesarios.

En ese contexto se inscriben las versiones sobre un posible desplazamiento de Bullrich de la jefatura de la bancada libertaria para ubicar en su lugar a la senadora neuquina Nadia Márquez. La visita que Milei y su hermana hicieron este sábado a Neuquén para participar de la inauguración de un templo vinculado con la familia de Márquez fue leída también en clave de la interna. La legisladora es una de las dirigentes más cercanas al karinismo y ya había recibido señales de respaldo en la disputa por espacios de poder dentro de la Cámara alta.

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Cerca de Bullrich descartan que el movimiento pueda concretarse. “No se van a animar”, sostienen sobre la posibilidad de que Karina avance con el reemplazo. Consideran que una decisión de ese tipo provocaría “una crisis sin retorno”. Entre dirigentes y satélites libertarios circula otra hipótesis: si un quiebre termina de formalizarse, será más probablemente en febrero que antes de fin de año. “La ruptura ya ocurrió, solo que no se concretó”, resume un exintegrante de La Libertad Avanza.

Milei en Neuquén junto a Martín Menem, Karina Milei y Nadia Marquez

En el karinismo, en cambio, buscan evitar una confrontación abierta. Los cuestionamientos a Santiago Caputo por su intervención en el frente brasileño, al que algunos dirigentes reprocharon haberse involucrado con una lógica de operador internacional —“hacerse el 007″, según la descripción que circuló internamente—, tampoco generaron una reacción pública del entorno de la secretaria general. Después de que Donald Trump tomara distancia de la estrategia de respaldo a Bolsonaro, aunque mantuviera gestos de protección hacia el expresidente brasileño, algunos en el oficialismo consideraron que aquella apuesta terminó mal. En el sector de Karina prefirieron no profundizar la discusión. “Para nada nos pareció que fuera un tema negativo”, respondieron.

La respuesta más visible de ese sector a Patricia Bullruch llegó a través de la cuenta de X Oficina de Respuesta Oficial, que está bajo el control de dirigentes de Las Fuerzas del Cielo y salió a cuestionar con dureza al economista Carlos Melconian. En el entorno de Bullrich aseguraron que las críticas del exministro de Economía de Mauricio Macri les tienen sin cuidado. También buscaron despegarse de él: recordaron que había colaborado con la elaboración de la plataforma económica para la campaña presidencial de la ex presidenta de PRO en 2023, pero ahora lo describen como “un ex despechado” por sus cuestionamientos al programa de Milei.

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El Presidente, mientras tanto, volvió a utilizar sus redes para intervenir en la discusión política. Esta semana retuiteó un mensaje de una cuenta cercana al oficialismo que apuntaba contra las internas de sus adversarios, en una línea que fue interpretada como una alusión a las diferencias entre el PRO y La Libertad Avanza. También replicó un video difundido por la cuenta blue de Karina Milei -“Me dicen el Jefe”-, en el que Martín Menem sostenía que no había espacio para una interna dentro del oficialismo y que el único candidato posible de La Libertad Avanza era Javier Milei.

El gesto fue leído dentro del espacio como una señal de respaldo a la conducción de Karina y una advertencia a quienes empiezan a proyectar candidaturas propias. No es casual que haya coincidido con la reaparición pública de Mauricio Macri, quien el viernes aseguró que el acuerdo electoral entre el PRO y La Libertad Avanza está “estancado”. En el Gobierno respondieron que “los estancados son ellos”, en referencia a las dificultades del partido amarillo para resolver su propia estrategia y sus diferencias internas.

Pero en Balcarce 50, ávidos aún por bajar el tono a la disputa con Bullrich, niegan que los retuits presidenciales hayan estado dirigidos hacia ella. Dicen que el tema “ya los aburre”, que se trata de “más de lo mismo” y que no existe ninguna decisión de desplazar a la senadora. También aseguran que los Milei le tienen paciencia por las cuestiones personales que atraviesa, aunque rechazan que los excepcionales mensajes por temas de rosca política en redes del jefe de Estado hayan sido una advertencia.

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Maximiliano Pullaro, Karina Milei, Diego Santilli y Luis Caputo participan en la primera fila de una conferencia ante una multitud de asistentes.

La tensión, sin embargo, persiste. En el Gobierno hay funcionarios que resaltan con malestar que tanto Macri como Bullrich se animan a plantear diferencias públicas en un momento en que la administración enfrenta dificultades económicas, una suba del riesgo país, caída de la actividad y una inflación que todavía no consiguió perforar el nivel que el propio Presidente había anticipado para esta altura del año. La discusión sobre el acuerdo con el PRO también se reactivó después de que Cristian Ritondo presentara una serie de pedidos y de que se retomaran los contactos en Balcarce 50, tras varias semanas sin reuniones oficiales.

La respuesta libertaria consiste, por ahora, en correr el foco hacia los problemas ajenos. En el oficialismo sostienen que el PRO debe “ordenar primero sus propias internas antes de discutir una alianza para 2027”. El problema es que, puertas adentro, La Libertad Avanza tampoco consigue cerrar las suyas. Al contrario, se multiplican y cada vez con mayor fuerza.

La visita de León XIV encontrará a un Gobierno que busca mostrar una relación institucional fluida con la Iglesia, mientras intenta administrar tensiones que no logra resolver dentro de su propia estructura. Para el Episcopado, la llegada del Papa puede ser una oportunidad para abrir un diálogo que no existió con continuidad desde el comienzo de la gestión. Para Milei, esa será una semana de alta exposición pública, en la que deberá convivir con una agenda religiosa y social que no controla por completo y con una interna política cada vez más florida.

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