POLITICA
Derrota inapelable con serias consecuencias

Sin atenuantes. Debieron pasar 352 días para que, al fin, el pleno del Senado tratara los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla enviados por el Poder Ejecutivo para integrar la Corte Suprema. Y después de más de una decena de horas de debate y duras críticas, el gobierno de Javier Milei sufrió una de las derrotas legislativas más resonantes (y probables) desde que asumió hace 16 meses.
El fracaso se magnifica ante los esfuerzos, coacciones y otras acciones menos nobles del oficialismo para tratar de sumar (o torcer) la voluntad de dos tercios de los senadores. Fueron maniobras que rodearon de incertidumbre hasta último momento la realización misma de la sesión y, por supuesto, su resultado.
Las reuniones previas en dependencias oficiales con senadores de varios espacios para evitar lo que al final ocurrió le impide ahora a los libertarios sostener la simulación de indiferencia que se intentó para minimizar el resultado, así como las acusaciones a quienes por abrumadora mayoría no le dieron acuerdo a los candidatos oficialistas.
También resalta la oposición transversal que el Presidente y su gestor principal en el tema, Santiago Caputo, consiguieron fraguar al unir en el voto a libertarios críticos, macristas, peronistas kirchneristas y no kirchneristas y radicales que en pocas cosas pueden y se animan a coincidir. Solo pueden arrogarse las sugestivas, pero insuficientes, fugas registradas en varias bancadas.
La demora en el tratamiento y el destino final de estos pliegos reflejan mucho más que las dificultades o la tozudez y la incapacidad del oficialismo para obtener el apoyo del número mínimo de los senadores para integrar el máximo tribunal.
Primero, se destaca que a lo largo de estos casi 12 meses estuvo bastante más cerca de lo lejos que quedó ayer de lograr la aprobación de, al menos, uno de los dos candidatos.
Durante ese período, el Gobierno no solo empeoró su posición inicial sino que, además, nunca articuló en público una argumentación sólida y una narrativa consistente en defensa de su intención y sus candidatos. En especial de Lijo, cuyos pergaminos estaban muy ajados y ahora lo están mucho más. Eso dice demasiado. No obstante, seguirá siendo juez federal, a pesar de todas las manchas que este proceso dejó expuestas sin posibilidad de blanqueo.
Sólo le puso cara, cuerpo y energía a las negociaciones y presiones en las sombras emprendidas por Caputo (el consejero), por los agentes de este, como el viceministro de Justicia, Sebastián Amerio, por el propio juez federal, por su principal mentor y esponsor, el juez y expresidente de la Corte Ricardo Lorenzetti, algunos espías de nota y ciertos empresarios. Eso ya dice mucho. Tanto del Presidente y su asesor como del frustrado aspirante.
Exhibió el Gobierno, por sobre todas las cosas, haber aprendido poco de los golpes acumulados en este año y cuatro meses que lleva de mandato a la hora de enviar al Congreso sus proyectos y pretender imponerlos. A cualquier costo.
Al final, la administración de Javier Milei consiguió, en contra de su propósito, que muchos senadores hicieran lo que eran reticentes a hacer por convicción o por falta de coraje. Es decir, rechazar al más cuestionado por la sociedad de los dos postulados, el juez federal Ariel Lijo, a quien le temían y le temen.
Lo han reconocido obscenamente varios legisladores ante numerosos periodistas y dirigentes sectoriales para justificar la dificultad que encontraban para votar en su contra y ser consecuentes con las convicciones que decían profesar y que entraban en contradicción evidente con la trayectoria, el currículum y el estilo de vida del magistrado.
La designación por decreto presidencial de Lijo y de García-Mansilla al borde de la finalización del receso parlamentario, o sea más que al límite de una interpretación ya de por sí forzada de la Constitución Nacional, fue el precipitador o la gran justificación para que se rechazaran los pliegos, aún cuando la trayectoria de los dos postulados ofrecían notables diferencias. Lo destacó el libertario disidente Francisco Paoltroni.
La derrota del Gobierno y, en particular, del Presidente y de su súper asesor es solo el final de un proceso que nunca consiguió explicar por qué se empecinó en iniciar y continuar cuando todo le decía que tenía demasiada probabilidad de terminar mal. Y no es la primera ocasión en la que adopta ese temperamento tan poco exitoso.
Un año y medio atrás, o, mejor dicho, antes de la elección presidencial habría sido inimaginable (o suicida) que alguno de los principales candidatos anunciara durante la campaña que si llegaba a la Presidencia propondría para integrar la Corte a Lijo. De hecho, nadie lo hizo. Ni siquiera Milei. Y eso que no se privó de hacer promesas que entonces (aún más que ahora) se consideraban políticamente incorrectos.
Ahora, antes que cerrarse se abren nuevas y mayores preguntas que las que ya había cuando Milei y Caputo se obstinaron por sostener la continuidad de una postulación inviable y llevarla al borde de la ilegalidad. Y mucho más allá de la legitimidad.
En primer lugar, lo que queda en cuestión es qué pasará con García-Mansilla y con las decisiones de la Corte Suprema si una vez más el jurista no hace honor a su palabra y decide seguir allí hasta que termine el actual período legislativo o empiece uno nuevo (otra circunstancia de tiempo que está también en discusión). Esta tal vez sea la incógnita más relevante por la inseguridad jurídica que genera. Los fallos del máximo tribunal con su voto, que ya ha emitido en numerosas causas, quedarán observados.
Desde el entorno de García-Mansilla dejaron trascender que en lo inmediato no renunciará y que “como asumió una responsabilidad institucional hará una presentación formal para consultar con sus colegas de la Corte en qué estatus queda su investidura como juez”.
Lo singular de la situación del jurista García-Mansilla es que comenzó el proceso de su postulación con una consideración sobre su persona y su condición profesional muy superior de la que emergió, más después de la sesión de ayer.
Las principales objeciones a su candidatura estaban concentradas en cuestiones político-ideológicas, no sobre su idoneidad o integridad, sobre las que había una mayoría de opiniones positivas.
Por eso, muchos no entienden por qué aceptó jurar ante la Corte en comisión por decreto presidencial luego de haber respondido a una pregunta hipotética que no vería con agrado asumir en esas condiciones, citando lo ocurrido cuando Mauricio Macri hizo lo propio en 2015 con Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti.
Sobre esto se pararon los senadores que justificaron en sus intervenciones la razón por la que votarían en su contra. Lo resumió con mordacidad la presidenta de la Comisión de Acuerdos, la senadora larretista Guadalupe Tagliaferri, al preguntarse: “¿García Mansilla nos mintió o es manipulable por el Poder Ejecutivo y por eso asumió? En cualquier caso, se demuestra la falta de idoneidad.”
Sobre eso abundaron los legisladores que lo objetaron y varios de los que rescataron sus cualidades para llegar a la Corte no encontraron argumentos contundentes para salvarlo de ese cuestionamiento y de la inconsecuencia de su palabra.
La designación en comisión por decreto fue, por otra parte, el atajo brindado por el Gobierno el que le facilitó a varios senadores justificar el rechazo a los dos postulados sin expresarse deliberadamente sobre Lijo, el más objetado de los dos.
Lo dijo expresamente, el radical Martín Lousteau: “No es contra los pliegos, sino contra el mecanismo adoptado. Y para que García-Mansilla se vaya a su casa”.
Fue un favor explícito a su principal soporte partidario, el vicerrector de la UBA, Emiliano Yacobitti, y hacia quien, a su vez, esponsorea a este, el empresario del juego y operador judicial Daniel Angelici, quienes desde hace demasiado tiempo mantienen relaciones demasiado estrechas con el juez federal y su entorno.
La sesión del Senado no solo dejó golpeado al Gobierno y al Presidente, que vienen sufriendo daños severos en el último bimestre en dos de los atributos principales que llevaron a Milei a la presidencia: la autenticidad y la autoridad.
La autenticidad está vinculada a su diferenciación de “la casta corrupta e incapaz”, resumida en la frase de sus seguidores: “Javier es así. Como se lo ve. No miente ni esconde, como los demás. Es distinto”.
Pero nadie lo alejó más de tal premisa y la acercó más a “la casta” que la postulación y el sostenimiento obcecado de Lijo, así como la forzada interpretación de la Constitución para nombrarlo a él y a García-Mansilla por decreto, contra el espíritu de elementales principios republicanos.
En tanto, la autoridad fue dañada por dos vías. Primero, por la incapacidad para llevar a cabo sus propósitos, con el rechazo y el desafío que le imprimieron senadores que llegaron por su espacio o aliados que se desgañitan por ayudarlo. Ya sea por convencimiento, como el cordobés Luis Juez, de Pro; o por conveniencia explícita, como los radicales Eduardo Vischi, de Corrientes, y Víctor Zimmerman, de Chaco, cuya palabra había sido empeñada en la Casa Rosada sin garantía de rescate. Los aportes y préstamos para pagar sueldos, jubilaciones u obras pueden costar caro y tener efectos efímeros.
En segundo lugar, el daño al atributo de autoridad provino de la falta de consistencia de sus propuestas y de conocimiento de las dinámicas parlamentarias que se suman a los tropiezos en el ámbito preciso del autoproclamado saber de Milei, en materia económico-financiero. El Criptogate abrió la primera grieta en el blindaje del que gozaba en esta temática y en el plano de la ética (o la honorabilidad).
El debate también volvió a desnudar miserias de casi toda la dirigencia política. Los discursos no se agotaron en las referencias a Lijo y García-Mansilla ni en la hipercuestionada designación por decreto.
Abundaron las acusaciones cruzadas por intentos o casos concretos de manipulación de magistrados, por la violación de la independencia de poderes, por la politización de la Justicia y la judicialización de la política y hasta por la utilización de jueces amigos contras adversarios políticos.
Ese cruce a cielo abierto tan poco edificante como esclarecedor, no impidió que una mayoría de senadores defendiera la seguridad jurídica como argumento para justificar el rechazo de los pliegos fundamentalmente por haber sido designados jueces de la Corte en comisión por decreto presidencial.
El impacto que esa inseguridad tendría en la economía fue uno de los argumentos que utilizó la senadora cristinista Anabel Fernández Sagasti. Toda una paradoja dada la saga de casos multimillonarios que se dirimen en tribunales internacionales por decisiones políticas adoptadas durante el kirchnerismo sin reparar en limitaciones contractuales o jurídicas. Todo puede cambiar.
Al final la votación fue contundente: los dos tercios se reunieron para no darle acuerdo a Lijo y García-Mansilla. Exactamente lo opuesto a lo que soñó el Gobierno.
Podría ser una buena noticia para la institucionalidad, dadas las mayoritarias objeciones con las que llegó Lijo o la forma en la que se animó a asumir en el máximo tribunal García-Mansilla, contra la que había dicho que haría ante el Senado.
Sin embargo, quedan demasiados interrogantes abiertos y un gobierno nuevamente dañado cuando la estabilidad escasea. En el país y en el mundo. Una derrota inapelable y con serias consecuencias.
POLITICA
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POLITICA
Un heterogéneo grupo de profesores de derecho reclamó que Manuel García-Mansilla deje la Corte

Un grupo de profesores de derecho que incluye a especialistas de diversos perfiles ideológicos y políticos reclamó hoy que Manuel García-Mansilla, que fue nombrado por Javier Milei en la Corte Suprema “en comisión”, deje el máximo tribunal, después de que el Senado rechazó anoche su pliego para el cargo.
García-Mansilla no dio señales de que vaya a irse y el Gobierno sostiene públicamente que debe quedarse porque tiene mandato hasta el fin de las sesiones del Congreso de este año.
“En nuestro carácter de profesores/as, docentes e integrantes del ámbito académico jurídico de todo el país, solicitamos el cese inmediato del Dr. Manuel García Mansilla en las funciones que desempeña en la Corte Suprema de Justicia de la Nación”, dijeron los firmantes, que advirtieron: “No estamos dispuestos a aceptar que la enseñanza del derecho se convierta en nuestro país en un relato de ficción”.
La lista de quienes suscriben la solicitada incluye a hombres y mujeres que dan clases en universidades públicas o privadas; a abogados que ejercen la profesión, pero también a jueces y a fiscales. Muchos de ellos tienen o tuvieron un rol relevante en la vida pública, más allá de las aulas.
Están Manuel Garrido, que como fiscal de Investigaciones Administrativas impulsó numerosas causas contra funcionarios públicos del kirchnerismo; el juez federal Daniel Rafecas y el camarista de Casación Alejandro Slokar; los constitucionalistas Daniel Sabsay, Roberto Gargarella, Andrés Gil Domínguez, Raúl Gustavo Ferreyra y Gustavo Arballo; Roberto Saba, exdirector de Poder Ciudadano y la Asociación por los Derechos Civiles; el fiscal Víctor Abramovich, exdirector ejecutivo del CELS y exmiembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA; la experta en derecho civil Marisa Herrera; Damian Loretti, especialista en ciencias de la comunicación y exvicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA; Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), y el fiscal federal Leonardo Filippini, entre otros profesores de destacados antecedentes en el mundo de la academia.
En su solicitada, ellos recordaron que la propuesta de designación de García-Mansilla “fue rechazada por el Senado de la Nación con 51 votos, que representan las dos terceras partes del cuerpo” y dijeron que “en ese marco, resulta insostenible su continuidad en el máximo tribunal, en directa violación del artículo 99, inciso 4, de la Constitución Nacional”.
“Esta grave situación -afirmaron- vulnera las garantías de los justiciables y compromete el valor de las decisiones de la Corte Suprema, afecta la confianza social en el tribunal, y su legitimidad como máximo intérprete de la Constitución.”
Los profesores advirtieron: “No estamos dispuestos a aceptar que la enseñanza del derecho se convierta en nuestro país en un relato de ficción”. Y reclamaron: “Por respeto a la Constitución Nacional y al derecho que juró respetar, el Dr. García Mansilla debe apartarse del cargo para el que finalmente no ha sido designado”.
Manuel Garrido, Profesor Titular, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UNLP y UNNOBA
Roberto Saba, Profesor Titular, Facultad de Derecho, UBA
Victor Abramovich, Profesor Titular, Facultad de Derecho, UBA, UNLA
Laura Clérico, Profesora Titular, Facultad de Derecho, UBA
Nancy Cardinaux, Profesora Titular, Facultad de Derecho, UBA, UNLP
Raul Gustavo Ferreyra, Profesor Titular, Facultad de Derecho, UBA
Marisa Herrera, Profesora Titular y Adjunta, UNDAV, UBA
Roberto Gargarella, Profesor Titular, Facultad de Derecho, UBA y Universidad Di Tella, CONICET
Fabian Salvioli, Profesor Titular, Facultad de Derecho, UNLP
Damian Loretti, Profesor Titular, Facultad de Ciencias Sociales, UBA
Daniel Sabsay, Profesor Titular, Facultad de Ciencias Sociales, UBA
Laura Giosa, Decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN)
Claudio Martyniuk, Profesor Titular, Facultad de Derecho, UBA
Carlos Arianna, Profesor Titular Consulto, Facultad de Derecho, UBA
Horacio Corti, Profesor Titular, Facultad de Derecho, UBA, UNDAV y USAL
Gabriel Ignacio Anitua, Profesor Titular en Derecho (UnPaz) (UBA)
Alejandro Slokar, Profesor Titular, Facultad de Derecho UBA y UNLP
Marcelo Alegre, Profesor Titular, Facultad de Derecho, UBA
Mariela Puga, Profesora Titular, Facultad de Ciencias Sociales, UNC
Laura Pautassi, Profesora Adjunta, Facultad de Derecho, UBA
Andrés Gil Domínguez, Profesor, Facultad de Derecho, UBA
Leonardo Filippini, Profesor Adjunto, Facultad de Derecho, UBA
Julieta Rossi, Profesora, Facultad de Derecho, UBA
Silvina Zimerman, Profesora Adjunta, Facultad de Derecho, UBA
Natalia de la Torre, Profesora, Facultad de Derecho, UBA
Mauro Benente, Profesor Adjunto, Facultad de Derecho, UBA
Diego Duquelsky, Profesor Regular UNPAZ, UNICEN, UBA
Eduardo Raúl Hualpa, Profesor Adjunto, Facultad de Ciencias Jurídicas, UNPSJB
Horacio Javier Etchichury, Profesor Adjunto, Facultad de Derecho, UNC
Natalia Gherardi, Profesora, UBA y UNLP
Sebastián Alejandro Rey, Profesor Adjunto, Departamento de Ciencias Jurídicas, Universidad Nacional de José C. Paz
Francisco Verbic, Profesor Adjunto, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UNLP
Gilda Maltas, Profesora Adjunta, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UNLP
Leticia Vita, Profesora Adjunta, Facultad de Derecho, UBA
María Cecilia Corfield, Profesora Adjunta, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UNLP
Marcelo Sena, Profesor Adjunto Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP y Asociado UNNOBA
Martín Aldao, Docente, Facultad de Derecho, UBA
Adriana Micale, Profesora investigadora UBA Derecho, Profesora titular UBA Ciencias Sociales
Gustavo Arballo, Profesor Facultad de ciencias económicas y jurídicas, UNLPam
Daniel Rafecas, Profesor adjunto regular, Facultad de Derecho, UBA
Diego Zysman Quirós, Profesor adjunto regular, Facultad de Derecho, UBA
Alejandro Rodolfo Cilleruelo, Profesor UNIE, UCJC (España) y docente investigador Facultad de Ciencias Jurídicas, USAL.
Agustina Ramon Michel, Profesora, Universidad de Palermo
POLITICA
García-Mansilla evalúa su futuro en la Corte en medio de las críticas de Lorenzetti y la presión del Gobierno

En las últimas horas la situación de Manuel García-Mansilla como integrante de la Corte Suprema de la Nación quedo comprometida. Luego de que en la noche del jueves el Senado rechazara su pliego, al igual que el de Ariel Lijo, quedó impedido de intervenir en las causas que ya están en trámite en el máximo tribunal, de acuerdo a un fallo del juez Alejo Ramos Padilla.
El Gobierno, que impulsó su nombramiento, ahora presiona para que continúe en su cargo: García-Mansilla juró el 27 de febrero luego de un DNU del presidente Javier Milei. No obstante, este viernes Ricardo Lorenzetti lo cuestionó con dureza: “Yo nunca aceptaría ser designado por decreto”, dijo el ministro de la Corte Suprema.
Leé también: Ricardo Lorenzetti tomó distancia de García-Mansilla tras el rechazo del Senado al pliego
“El Senado opinó y eso es respetable -advirtió Lorenzetti-. Si uno analiza lo que se discutió ayer (en el Congreso), se habló más del decreto que de los candidatos. Si uno suprime mentalmente el decreto, la situación de los candidatos (por García-Mansilla y Lijo) hubiera sido distinta”.
Ante este escenario -el rechazo del Senado, el fallo de Ramos Padilla, las críticas de Lorenzetti y el respaldo del Gobierno-, García-Mansilla evalúa por estas horas su futuro en la Corte Suprema. Y en los pasillos de Tribunales no descartan una eventual renuncia.
Fuentes cercanas al juez nombrado en comisión por Milei aseguraron a TN que García-Mansilla “quiere validar su estatus, dado el juramento que le tomaron y la votación del Senado”. Por esa razón espera el respaldo de sus colegas, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, aun cuando ya sabe que no cuenta con el de Lorenzetti.
Lo cierto es que la Corte Suprema no tiene función consultiva, es decir, no hay ningún mecanismo institucional previsto para que el máximo tribunal emita una opinión sobre este caso. Sobre todo, cuando hay una causa iniciada como la que lleva adelante el juez federal Alejo Ramos Padilla, que analiza la inconstitucionalidad de los dos nombramientos en comisión.
Si García-Mansilla decide apelar el fallo de Ramos Padilla, la causa podría llegar a la Corte para una decisión final y es por eso que los jueces no pueden dar ninguna opinión por fuera de un expediente puntual.
Frente a ese panorama, García-Mansilla debe decidir si declina la renuncia y se posiciona con la versión del Gobierno, que sostiene que el académico puede permanecer como integrante de la Corte Suprema hasta el final del actual período legislativo.
El fallo de Ramos Padilla que le impide a García-Mansilla firmar sentencias en la Corte
En su fallo, Ramos Padilla sostuvo que la decisión del Senado cuestiona la legitimidad de García-Mansilla en su cargo en la Corte, por lo tanto, que todos los actos a los que suscriba como juez de la Corte “podrían ser considerados ilegítimos, nulos o incluso inexistentes, dañando la seguridad jurídica. En definitiva, el dictado de sentencias, que luego podrían ser declaradas inválidas, podría resquebrajar el sistema judicial”.
El juez desestimó los argumentos de García-Mansilla en cuanto sostuvo que solo puede ser removido a través de un juicio político de su cargo y explicó que “lo que aquí se discute no es la remoción de un juez por otro juez, sino la legitimidad, constitucionalidad y alcances de un decreto del Poder Ejecutivo Nacional”.
“Este caso no se trata de un juez que remueve a otro, sino de un juez que ejercita su función de controlar la constitucionalidad de un acto del Poder Ejecutivo. Es incongruente presentar este control como un conflicto de competencias entre los tribunales, el Presidente o el Congreso”, advirtió al respecto Ramos Padilla.
“Por tratarse de un mecanismo que busca evadir la falta de acuerdo del Senado y forzar con los hechos la designación de las personas propuestas, el decreto 137/2025 produjo una afectación de la división de poderes, de la independencia e imparcialidad judicial y, en síntesis, del debido proceso constitucional”, destacó el fallo.
Producción periodística: Cindy Monzón.
Manuel García-Mansilla, Corte Suprema
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