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Prometió un circuito de lujo en Zárate para la Fórmula 1 y 140 millones de dólares: la increíble historia de Velociudad

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Así era el proyecto de Velocidad con un circuito para la Fórmula 1

En 2007 un empresario jamaiquino llamado Max Higgins anunció la creación de un Disney en San Pedro en un campo de 132 hectáreas y años más tarde apareció mendigando en la zona de Aeroparque. En el norte bonaerense en 2011 también se prometió una obra de tamaña envergadura que tampoco llegó a concretarse. Fue la construcción de un autódromo de lujo en Zárate para recibir a la Fórmula 1.

El responsable fue un empresario hijo de alemán y de argentina llamado Eddie Freedman, y el proyecto era un parque temático llamado Velociudad, que incluía un hotel de seis estrellas y una inversión total de 140 millones de dólares con capitales privados provenientes de Suiza e Inglaterra, según consignó La Voz de Zárate. Freedman llegó a presentar su plan en el Automóvil Club Argentino (ACA) y hasta brindó con champagne en el predio de 62 hectáreas ubicado en la Ruta 193 a pocos metros de la Ruta 9, el día que un monoposto giró sobre lo que iba a ser el trazado. Sin embargo, todo quedó en la nada y esta es la historia.

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El anuncio inicial estableció las bases de una pista de 4,7 kilómetros que iba a ser homologada con el Grado 1 de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), es decir, un autódromo en condiciones de recibir a la Máxima y cualquier categoría del mundo. Además del hotel al estilo del de Yas Marina en Abu Dhabi, sus instalaciones iban a contar con una academia profesional de manejo, un centro de exposiciones, espacios para terminales, clubes y pilotos amateurs. Sus tribunas iban a tener una capacidad máxima para 50 mil espectadores. Con estos componentes, el proyecto aspiraba a consolidarse como referente en Sudamérica y convertirse en el escenario de futuros Grandes Premios de F1.

Freedman, que había pasado la mayor parte de su vida en Montreal, Canadá, mostró su entusiasmo por el automovilismo y en ese momento, además del proyecto del autódromo, apoyó a pilotos argentinos en el exterior. Uno de ellos fue Eric Lichtenstein, quien por entonces corrió en la Fórmula Ford Británica, la misma donde Ayrton Senna fue campeón en 1981. El ex piloto porteño también se consagró en esa categoría en 2012 y llegó a correr en GP3 Series (actual Fórmula 3) en 2013. “Eddie era blanco o negro. Sin vueltas. Era como un personaje de Tanque de Tiburones, lo quería todo ya”, le cuenta Eric a Infobae. “Nació como un proyecto para poder apoyar a pilotos argentinos en el exterior. Había otros dos chicos, Nicolás Maranzana y el Colo Rosso (Juan Ángel)”, agrega.

Lichtenstein tenía 18 años y fue el corredor emblema de Freedman. “Recuerdo que cuando nos conocimos en Monza yo estaba probando un monopostos de la Fiat Abarth, llegó y puso mala cara al verme en el décimo puesto. Volví a salir a pista y mejoré en todos los sectores y al volver a pista me dijo “me gustó tu actitud, estás contratado”. Viajamos juntos desde Italia hacia Suiza y nos pasamos charlando”, relata. “Era una relación especial porque yo era como un empleado suyo y tenía que hacer todo lo que me dijeran”, destaca.

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Entrevista a Eddie Freedman en la presentación que hizo en el ACA

La obsesión profesional de Freedman sobre Lichtenstein fue tal al punto que “estaba encima en todos los detalles y por ejemplo, una vez me junté con otro piloto y nos sacamos una foto. De fondo apareció un vaso. Eddie vio la foto, me llamó y me dijo ‘espero que en ese vaso no haya alcohol’”. El tiempo pasó y reconoce que las exigencias de Eddie eran acordes en el camino hacia la élite: “En ese momento me parecía demasiado, pero con el correr de los años lo entendí al dame cuenta que en el máximo nivel todas estas cosas son moneda corriente”. Sobre Velociudad, Eric afirma que “al ser un proyecto grande se cansó de las vueltas que le dieron desde el Estado para poder concretar el proyecto”.

Durante la presentación en el ACA realizada a mediados de 2012, el autor de este artículo habló con Freedman en la nota que se puede ver en el video. “Siempre me gustó el automovilismo, pero como viví en diferentes países no pude correr. Entonces practiqué natación. Cuando tuve éxito en los negocios compré autos, participé en eventos y quise ayudar a pilotos”, explicó. Sobre su actividad contó que “tengo una empresa de inversiones en Suiza. Invertimos en recursos naturales, como petróleo, gas y también en inmobiliarios, de desarrollo y por eso tengo que viajar mucho. Ahora tenemos algunos proyectos en Sudamérica, no solo en Argentina, en Brasil también”.

En ese encuentro afirmó que llegó a desembolsar “un millón de dólares para que Lichtenstein corra en la GP3 Series” y destacó de su piloto su “talento y también la actitud mental. Está listo para exportar a Europa. Hay muchos otros que vamos a buscar para apoyar ellos también. Pero Eric es el primero y el objetivo final es que llegue a la F1”.

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De los trabajos en el predio de Zárate indicó que “estamos en últimas fases de estudios de suelo, con un poco de demoras, pero ya resolveremos todo y estamos listos para avanzar con la pista. La idea es a fin de mes poner las máquinas”. Más tarde se vieron las máquinas nivelando la tierra en lo que fueron uno de los pocos trabajos que se hicieron. “La idea es terminar todo en tres o cuatro años. El presupuesto total es de 140 millones de dólares”, subrayó Freedman, quien no se contactó con Hermann Tilke para el diseño del circuito, si no con “Populous, la empresa que hizo el Estadio Olímpico de Londres (para los Juegos de 2012), también las reformas en Silverstone, el Autódromo de Dubai, y va a mejorar también el circuito de Montreal. Entonces, Populous era la mejor opción para nosotros”, según explicó.

Así era el proyecto de Velocidad con un circuito para la Fórmula 1

El proyecto tomó consistencia y Freedman informaba en su tarjeta personal que sus oficinas se ubicaban en Pilar, en un edificio en el kilómetro 51 de la Panamericana. La colocación de la piedra fundamental se realizó a fines de noviembre de 2011 en una zona rural de Zárate. Fue en un predio de 62 hectáreas sobre la Ruta 193 a la altura del kilómetro 80 de la Ruta 9. El evento marcó el inicio simbólico de las obras, aunque aparecieron palas mecánicas arando la tierra y un auto de Fórmula giró con el piloto Gonzalo Perlo en el trazado de tierra que se dibujó. El propio Freedman, acompañado por inversores extranjeros y autoridades locales, participó del evento e insistió en que el complejo cubriría los estándares más altos exigidos por la FIA para competencias internacionales, e incluso permitiría incursionar en otras disciplinas más allá del automovilismo. Por ese entonces también estuvo presente John Rodes, titular de la firma Populous y responsable del diseño de la pista. Las obras también fueron recorridas por el ex piloto de Ferrari en F1, Stefan Johansson, según informó el sitio Autoblog.

El sustento del plan apuntó a que Velociudad iba a ser un auténtico motor para la economía de la región y un polo de desarrollo turístico y deportivo, capaz de poner a la Argentina a la altura de los países europeos. Más allá del impacto deportivo, la obra generó expectativas en torno a la creación de empleos directos e indirectos y la llegada de turismo internacional.

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No obstante, en marzo de 2012, el anuncio del gobierno nacional de las negociaciones avanzadas para tener F1 en Mar del Plata entre 2013 y 2015, trajo incertidumbre al desarrollo de Velociudad. Esta propuesta alternativa fue percibida como un obstáculo concreto para la viabilidad del emprendimiento en Zárate, ya que indicaba un probable cambio de prioridades por parte del Estado argentino respecto a la estrategia para el regreso de la F1.

Freedman, en la mencionada entrevista en el ACA, sentenció que “yo sabía que se anuló el proyecto (el de Mar del Plata). También para mí, inicialmente, no es válido hacer una carrera en Mar de Plata. La ciudad no está lista ni preparada para recibir mucha gente, turismo, ni equipos de F1. No hay suficiente hotelería como para una carrera de F1: calculo entre 30.000 y 40.000 personas en Europa, 20.000 y 30.000 de Brasil, 10.000 chilenos y uruguayos. Además, los circuitos callejeros son aburridos”.

A la izquierda, uno de los render del circuito y a la derecha cómo lució el predio en 2022 antes de venderse por 750.000 dólares (Fotos: Velociudad e Inmobiliaria Coarasa)

El proyecto se complicó por cuestiones ligadas a la obtención de permisos ambientales y urbanísticos. La burocracia atentó contra el sueño de Freedman. Pero el contexto económico también aportó obstáculos, con restricciones para el financiamiento internacional para la construcción de grandes obras de infraestructura, lo que complicó aún más el panorama de los inversores. Con este panorama desembolsos privados no tuvieron garantías ni perspectivas reales de recupero.

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A pesar de que Velociudad llegó a celebrar la licitación de parte de los primeros trabajos y sumó promesas de acuerdos con algunas terminales automotrices, ninguna de las etapas previstas logró completar la urbanización ni el asfaltado del circuito principal. En tanto que el sector automovilístico local observó con escepticismo el estancamiento del proyecto.

En febrero de 2013, el director de Operaciones de Velociudad, Carlos Naish, reconoció que “hubo retrasos en la obra debido a los estudios geotécnicos y al análisis y a la interpretación de los mismos. Los ingleses habían tenido muchos errores con la interpretación del suelo y tuvimos que reajustar algunos parámetros, nada preocupante ya que estamos en la fase de planificación y estas cosas suceden”, según testimonios publicados en La Voz de Zárate.

Tanto el circuito callejero de Mar del Plata como las gestiones de Freedman tampoco lograron avanzar con Bernie Ecclestone, por entonces a cargo de Formula One Management (FOM), la empresa que maneja los derechos comerciales de la F1, que desde 2017 dirige Liberty Media. De hecho, el magnate inglés desconoció lo de Mar del Plata y dijo que él “solo hablaba con gente seria”. Ambos proyectos cayeron en un punto muerto. La promesa del retorno de la F1 se desvaneció progresivamente, a medida que los plazos originales de inauguración de Velociudad -previstos para 2014 o 2015- se incumplieron.

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En 2018, del predio donde alguna vez se pensó levantar un circuito para F1, solo quedaron algunas estructuras de las primeras obras que en ese momento lucieron abandonadas y sin nuevos inversores a la vista. El campo de 60 hectáreas se puso a la venta por 2,2 millones de dólares, de acuerdo a lo publicado por Autoblog. Aunque Infobae habló con una fuente de la inmobiliaria Coarasa que terminó cerrando la operación y se pidieron 750.000 dólares. En ese momento, Freedman no era el dueño y la operación de venta estuvo a cargo de terceros. Una imagen aérea tomada en 2022, aproximadamente, muestra cómo quedó el predio que ya no tenía la traza que se había hecho once años antes.

Más allá del final de esta historia, hay que reconocer que Freedman se la jugó por pilotos argentinos en el exterior y el caso de Lichtenstein lo demuestra. Lo del circuito ya fue una aventura muy jugada, considerando una inversión ciento por ciento privada. Este medio se contactó en dos oportunidades con Eddie para tener su testimonio, pero no hubo respuesta.

La F1 corrió por última vez en Argentina el 12 de abril de 1998, con victoria de Michael Schumacher a bordo de su Ferrari. Aquella vuelta por cuatro años no pudo continuar debido a que el evento no fue rentable ante una inversión totalmente privada. Al proyecto trunco de Velociudad y al anuncio del callejero en Mar del Plata, se sumó el intento para 2018 en Buenos Aires (inversión público-privada) que tuvo la visita en 2017 del recordado Director de Carrera de la F1, Charlie Whiting, con un circuito que incluía la zona del lago, pero tampoco avanzaron esas negociaciones. Hoy el gobierno porteño busca tener su fecha a partir de 2028 y por eso se lleva a cabo la reforma estructural más grande en la historia del Autódromo, en principio con la fecha confirmada del MotoGP para 2027. El operativo retorno también se encuadra en una inversión pública-privada y con un canon estimado de 40 millones de dólares anuales. Aunque hoy el principal obstáculo es el calendario con un tercio que se corre en América. El plan de rotación de sedes que la Máxima iniciará en dos años podría generar una ventana. En este marco tan complejo hoy resulta una anécdota aquella aventura de Eddie Freedman.

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EL PROYECTO DE VELOCIUDAD:

El circuito anunciado era de Grado 1 de la FIA
El circuito anunciado era de Grado 1 de la FIA
Uno de sus fuertes era un hotel de seis estrellas
Uno de sus fuertes era un hotel de seis estrellas
Iban a haber espacios dedicados para las concesionarias y terminales
Iban a haber espacios dedicados para las concesionarias y terminales
La imagen de la primera maqueta difundida
La imagen de la primera maqueta difundida
Los cinco circuitos planificados
Los cinco circuitos planificados
Se llegaron a hacer trabajos de nivelación de tierra y una traza, pero las obras no pudieron avanzar
Se llegaron a hacer trabajos de nivelación de tierra y una traza, pero las obras no pudieron avanzar
Las máquinas en una de las pocas obras que se hicieron
Las máquinas en una de las pocas obras que se hicieron

Fotos: @velociudadba

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Cuando Uruguay inventó el Mundial

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Piezas históricas del glorioso fútbol uruguayo en el Museo del Football, en el Estadio Centenario (Fuente: AUF)

La historia comenzó con una medalla olímpica en 1924, se convirtió en leyenda con el primer Mundial de 1930 y tendrá un nuevo capítulo en 2030, cuando Uruguay celebre simultáneamente el bicentenario de su Constitución y los cien años de la Copa del Mundo. Otra vez, el Centenario volverá a abrir sus puertas al planeta.

Hubo un tiempo en que un Mundial de fútbol era una utopía. Un proyecto improbable. Un sueño que parecía demasiado grande para una época demasiado difícil. En 1930, el mundo acababa de entrar en la Gran Depresión: las economías se derrumbaban, los gobiernos enfrentaban una crisis sin precedentes y organizar un campeonato internacional parecía una extravagancia imposible.

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La FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) quería crear una Copa del Mundo, pero nadie quería asumir el desafío. Entonces apareció Uruguay. Un pequeño país del sur, con apenas dos millones de habitantes, decidió hacer algo que nadie más se animaba a hacer: organizar el primer Mundial de la historia.Un dato curioso: aunque hoy se usa en todo el mundo la sigla FIFA, conserva su nombre original en francés porque fue fundada en 1904 en París y el francés era entonces el idioma diplomático predominante en las organizaciones internacionales.

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La tipografía creada para el Mundial de 1930 se convirtió en uno de los legados visuales más reconocibles de aquel torneo fundacional (Recreación digital: Gemini)

Cuando Uruguay presentó su candidatura no era una nación desconocida en el fútbol. Muy por el contrario: la selección celeste había conquistado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París en 1924 y repitió la hazaña en Ámsterdam en 1928. En aquellos años, cuando todavía no existía la Copa del Mundo, los Juegos Olímpicos eran considerados el máximo campeonato internacional de fútbol.

La FIFA encontró en Uruguay al candidato ideal: un país ganador dentro de la cancha y dispuesto a asumir una responsabilidad que ninguna otra nación quería tomar.

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Uruguay, comienzan los preparativos del primer Mundial de fútbol, el torneo que daría origen a la mayor competencia deportiva del planeta (Recreación digital Gemini)

Una república moderna mirando al mundo

Para comprender la magnitud de aquella decisión hay que observar el Uruguay de comienzos del siglo XX. Bajo el legado reformista de José Batlle y Ordóñez y durante la presidencia de Juan Campisteguy, el país atravesaba uno de los períodos de mayor prosperidad y prestigio internacional de su historia. Sus niveles de alfabetización, desarrollo social y estabilidad institucional le habían valido el apodo de “la Suiza de América”.

Montevideo era una ciudad moderna para la época: los tranvías eléctricos recorrían sus avenidas, el puerto impulsaba el comercio internacional y una intensa vida cultural acompañaba el crecimiento urbano. Mientras gran parte del planeta intentaba recuperarse de la crisis económica de 1929, Uruguay decidió aprovechar una fecha simbólica para presentarse ante el mundo: el centenario de la Jura de la Constitución de 1830.

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Montevideo en 1930, cuando la capital uruguaya atravesaba uno de los períodos de mayor crecimiento y modernización de su historia; entre comercios, vehículos y una intensa actividad urbana, la ciudad proyectaba la imagen de una nación confiada en su desarrollo y abierta al mundo (Recreación digital Gemini)

La organización del Mundial fue mucho más que un acontecimiento deportivo. Fue una declaración de confianza nacional.

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El puerto de Montevideo en 1930, puerta de entrada de viajeros, inmigrantes y delegaciones llegadas de distintos rincones del mundo; en una ciudad en pleno auge económico y urbano, sus muelles fueron escenario de la llegada de los barcos que transportaron a los protagonistas del primer Mundial de la FIFA (Recreación digital Gemini)

Para recibir el campeonato se construyó una obra destinada a convertirse en leyenda: el Estadio Centenario. Su nombre homenajeó los cien años de la Constitución uruguaya y su construcción avanzó contra reloj. Levantado en pocos meses, en medio de una compleja situación económica internacional, simbolizó la capacidad de un país pequeño para concretar una obra de alcance global.

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Las tribunas del Estadio Centenario toman forma durante su construcción en 1930, reflejando la magnitud de una obra concebida para recibir al primer Mundial de la FIFA (Recreación digital Gemini)

No existe una cifra única y confiable sobre el costo total de aquel primer Mundial. Sí se cita habitualmente que la construcción del Estadio Centenario demandó alrededor de un millón de dólares de la época. Para un país de apenas dos millones de habitantes, la inversión era enorme. Pero Uruguay no solo levantó el estadio: también asumió gastos de traslado, alojamiento y manutención de las delegaciones para garantizar la presencia de los equipos extranjeros.

La FIFA había aceptado la candidatura uruguaya, pero el problema recién comenzaba. Cruzar el Atlántico demandaba casi tres semanas de navegación. Los clubes europeos no querían liberar a sus futbolistas durante tanto tiempo y muchas federaciones consideraban que el viaje era demasiado costoso.

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Los equipos ingresan al campo de juego durante la vuelta inaugural del Mundial de 1930 en el Estadio Centenario, en una ceremonia que marcó el comienzo de la primera Copa del Mundo de la historia (Fuente Montevideo Antiguo)

Finalmente solo cuatro países europeos aceptaron el desafío: Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia. La historia de Rumania merece una mención especial: el rey Carol II intervino personalmente para convencer a los jugadores de viajar y les garantizó que conservarían sus empleos al regresar.

Las delegaciones europeas embarcaron rumbo a Sudamérica en el legendario transatlántico italiano Conte Verde. A bordo también viajaba Jules Rimet, presidente de la FIFA, llevando consigo el trofeo original de la competencia.

El torneo comenzó el 13 de julio de 1930. Participaron trece selecciones: Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Estados Unidos, México, Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania.

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No había televisión ni transmisiones satelitales. Las radios apenas comenzaban a desarrollar coberturas internacionales. Tampoco había marketing deportivo, patrocinadores globales ni redes sociales. Había fútbol. Y una ciudad entera pendiente de cada partido.

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Los futbolistas uruguayos celebran la conquista del primer Mundial de la historia dando la vuelta olímpica en el Estadio Centenario, el 30 de julio de 1930 (Fuente AUF -Asociación uruguaya de Futbol-)

La Celeste no siempre fue celeste. Hasta 1910 Uruguay jugaba de blanco. El color que hoy identifica a la selección surgió como homenaje al club River Plate de Montevideo, que ese año derrotó al poderoso Alumni argentino vistiendo una camiseta celeste. Aquella victoria fue considerada un orgullo nacional y la Asociación Uruguaya adoptó ese color para la selección. Desde entonces, la Celeste se convirtió en una de las camisetas más emblemáticas de la historia del fútbol.El éxito deportivo tampoco fue casualidad. El fútbol había llegado tempranamente al Río de la Plata de la mano de los británicos y Uruguay desarrolló una estructura competitiva sólida antes que gran parte del mundo. La concentración de la población en Montevideo favorecía un nivel extraordinario entre los mejores jugadores.

Además, la selección celeste sorprendía por un estilo innovador. Mientras muchos equipos europeos privilegiaban el juego físico y directo, los uruguayos apostaban por la técnica, los pases cortos, la movilidad y la inteligencia táctica. Cuando conquistaron los Juegos Olímpicos de París en 1924, Europa descubrió que el mejor fútbol del planeta podía encontrarse no en Londres, Viena o Budapest, sino en una pequeña república del Río de la Plata.

El 30 de julio llegó el momento esperado. Uruguay y Argentina, los dos gigantes futbolísticos de la época, se enfrentaron ante más de 68.000 espectadores en el Estadio Centenario.

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Argentina se fue al descanso ganando 2 a 1. Pero en el segundo tiempo ocurrió lo inesperado: Uruguay reaccionó, marcó tres goles más y se impuso por 4 a 2. Jules Rimet entregó personalmente el trofeo a los campeones y Montevideo estalló en festejos. El gobierno uruguayo declaró feriado nacional.

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Entrega de la Copa del Mundo (1930): la joya cincelada por el artífice galo Abel Lafleur y llegada bajo la celosa custodia de Monsieur Jules Rimet, pasa a manos del presidente de la AUF, Dr. Raúl Jude, quien dentro de su esfera hizo tanto como el más brioso de los «centauros» de la camiseta color cielo (Fuente AUF)

La derrota argentina generó protestas e incidentes frente al consulado uruguayo en Buenos Aires. Durante algunas horas, un partido de fútbol pareció capaz de alterar incluso las relaciones diplomáticas entre dos países vecinos. Era el comienzo de una rivalidad que atravesaría gran parte de la historia del fútbol sudamericano.

Veinte años después: el Maracanazo

La historia mundialista de Uruguay no terminó en Montevideo. Veinte años después de conquistar la primera Copa del Mundo, la selección celeste volvió a escribir una de las páginas más extraordinarias de la historia del fútbol.

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El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, Uruguay enfrentó a Brasil ante una multitud estimada en casi 200.000 espectadores. Los locales necesitaban apenas un empate para consagrarse campeones del mundo. Brasil comenzó ganando y el festejo parecía inevitable, pero Uruguay reaccionó: Juan Alberto Schiaffino marcó el empate y, a once minutos del final, Alcides Ghiggia anotó el gol que silenció al estadio más grande del planeta.

Obdulio Varela, capitán de Uruguay, rodeado de periodistas en el Maracaná (Fuente AUF)
Obdulio Varela, capitán de Uruguay, rodeado de periodistas en el Maracaná (Fuente AUF)

La victoria por 2 a 1 le dio a Uruguay su segunda Copa del Mundo y dio origen a una palabra que todavía hoy forma parte de la memoria colectiva del fútbol: el Maracanazo. Años más tarde, el propio Ghiggia resumiría aquella tarde con una frase que se volvió inmortal: “Solo tres personas lograron silenciar el Maracaná: el Papa, Frank Sinatra y yo.”

Con aquel triunfo, Uruguay se convirtió en bicampeón mundial. Primero había inaugurado la historia de los Mundiales en 1930; dos décadas después conquistaba la copa más recordada de todas, en el corazón futbolístico de Brasil.

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El color celeste, adoptado por Uruguay en 1910, es uno de los símbolos más reconocibles del fútbol mundial; la nueva camiseta incorpora una tipografía inspirada en el diseño Art Déco de la época del Mundial de 1930, mientras las cuatro estrellas sobre el escudo evocan las conquistas de 1924, 1928, 1930 y 1950, que hicieron de la Celeste una leyenda (Recreación digital Gemini)

La conquista de 1930 fue mucho más que un título. Fue el tercer gran capítulo de una historia que había comenzado varios años antes. Antes de crear la Copa del Mundo, la selección uruguaya ya había sorprendido al planeta al conquistar los Juegos Olímpicos de París en 1924 y de Ámsterdam en 1928. Aquellos torneos, organizados por la FIFA, eran considerados en su época los campeonatos mundiales de fútbol y marcaron la irrupción definitiva de la Celeste en la escena internacional.

Cuando Uruguay organizó y ganó el Mundial de 1930, confirmó que aquellos triunfos no habían sido una casualidad. Y veinte años más tarde, en el inolvidable Maracanazo de 1950, volvió a demostrarlo al derrotar a Brasil en Río de Janeiro y conquistar su segunda Copa del Mundo.Por esa razón, la camiseta celeste luce cuatro estrellas sobre su escudo. Cada una representa una de esas conquistas históricas: París 1924, Ámsterdam 1928, Montevideo 1930 y Maracaná 1950. La FIFA reconoce oficialmente esa singularidad y ha autorizado a Uruguay a mantener las cuatro estrellas, una distinción única en el fútbol mundial. Ninguna otra selección combina en su camiseta dos títulos olímpicos reconocidos como campeonatos mundiales y dos Copas del Mundo FIFA.De alguna manera, la historia de Uruguay resume la propia historia del fútbol internacional: antes de ganar el Mundial, ayudó a demostrar que una competencia global era posible; después, fue el primer país en conquistarla.

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El trofeo entregado en 1930 era una pequeña escultura diseñada por el artista francés Abel Lafleur. Representaba a Niké, la diosa griega de la victoria, sosteniendo una copa octogonal. Décadas más tarde, la FIFA decidió que el país que ganara tres veces el campeonato conservaría definitivamente el trofeo. Brasil alcanzó esa marca en 1970 y se quedó para siempre con la histórica Copa Jules Rimet.

Uruguay Mundial
La medalla otorgada por la FIFA a los campeones del Mundial de 1930 fue entregada varios meses después de la consagración, el 11 de noviembre de ese año, en la sede de la Asociación Uruguaya de Fútbol (Recreación digital Gemini)

Pero aquella copa tuvo un destino novelesco. En 1983 fue robada de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol, en Río de Janeiro, y nunca volvió a aparecer. Se cree que fue fundida, aunque su paradero definitivo sigue siendo uno de los grandes misterios del fútbol mundial.

A partir de 1974 comenzó a entregarse la actual Copa Mundial de la FIFA, diseñada por el escultor italiano Silvio Gazzaniga. La nueva pieza muestra a dos figuras humanas sosteniendo el planeta y simboliza la dimensión universal que alcanzó el torneo.

A la distancia, aquel primer Mundial parece una aventura romántica: trece equipos, un viaje de tres semanas en barco, una economía mundial en crisis y un puñado de dirigentes convencidos de que el fútbol merecía una competencia global. Sin embargo, ese campeonato terminó convirtiéndose en el acontecimiento deportivo más importante del planeta.

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Hoy la Copa del Mundo moviliza a miles de millones de espectadores, genera ingresos multimillonarios y paraliza países enteros cada cuatro años. Todo comenzó en Uruguay durante el invierno de 1930, con un barco llamado Conte Verde cruzando el Atlántico, con una copa viajando en la valija de Jules Rimet y con un pequeño país que se atrevió a imaginar lo que el resto del mundo todavía no podía ver.

Mientras el Mundial 2026 vuelve a reunir al planeta alrededor de una pelota, la ilusión sigue intacta. La selección que conquistó París 1924, Ámsterdam 1928, Montevideo 1930 y el Maracaná de 1950 vuelve a perseguir una hazaña reservada para muy pocos: alcanzar una quinta estrella y seguir escribiendo capítulos en una historia que ayudó a comenzar.Casi un siglo después, el contraste resulta asombroso. El Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, cuenta con un presupuesto de FIFA de 3.839 millones de dólares solo para la competencia masculina, dentro de un ciclo 2023-2026 que proyecta ingresos por 11.000 millones de dólares.

Uruguay Mundial
Pocas naciones pueden decir que cambiaron la historia del fútbol. Uruguay lo hizo. Desde la gloria olímpica de 1924 hasta el Mundial de 1930 y la epopeya de Maracaná, la Celeste construyó una leyenda que sigue viva. En 2030, cuando se celebren los cien años de la Copa del Mundo, Montevideo volverá a ocupar el centro de la escena. Allí donde todo comenzó, la historia tendrá un nuevo capítulo (Recreación digital Gemini)

La comparación no necesita demasiada explicación: en 1930 todo se jugó en una sola ciudad; en 2026, el torneo se expande por tres países, 16 sedes, 48 selecciones y 104 partidos. Lo que nació como una apuesta audaz del Río de la Plata se convirtió en una de las mayores industrias deportivas del planeta.

Cien años después de aquel torneo pionero, Uruguay volverá a ocupar un lugar central en la historia del fútbol mundial. En 2030, cuando se cumpla el centenario de la primera Copa del Mundo, el Estadio Centenario de Montevideo será nuevamente escenario de un partido oficial del Mundial, en homenaje al país donde todo comenzó. La FIFA confirmó que Uruguay, Argentina y Paraguay albergarán los encuentros conmemorativos del centenario, mientras que el resto de la competencia se disputará en España, Portugal y Marruecos.

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Será la primera Copa del Mundo organizada en tres continentes y seis países. Aunque la sede principal estará en Europa y África, el puntapié inicial de la celebración volverá a darse en el Río de la Plata, allí donde nació la competencia más importante del planeta. Cada uno de los tres países sudamericanos recibirá un partido oficial de sus respectivas selecciones como parte de los festejos por los 100 años del Mundial.Otra vez, el Centenario volverá a ser protagonista. El estadio construido para celebrar los cien años de la independencia uruguaya será también el escenario donde el mundo recordará que fue en Montevideo donde comenzó esta historia. Una historia que, un siglo después, sigue escribiendo nuevos capítulos de gloria.

  • 1910 Nace la Celeste. Uruguay adopta la camiseta celeste tras la histórica victoria de River Plate sobre Alumni.
  • 1924 Oro olímpico en París. El mundo descubre el fútbol uruguayo.
  • 1928 Oro olímpico en Ámsterdam. Uruguay confirma que es la potencia del fútbol mundial.
  • 1930 Montevideo organiza el primer Mundial de la historia y Uruguay conquista la Copa.
  • 1950 Maracanazo. Uruguay vence a Brasil en Río de Janeiro y logra su segundo título mundial.
  • 2026 La ilusión continúa. Una nueva generación defiende el legado de las cuatro estrellas.
  • 2030 El Mundial vuelve a casa. A 100 años de la primera Copa del Mundo, Uruguay será sede de los partidos inaugurales del centenario.

Artículo publicado originalmente en Punta del Este Internacional

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Argentina enfrentará a Austria con el historial de enfrentamientos a favor

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Argentina vs Austria por el Mundial 2026. Foto: Twitter @Argentina/oefb1904

La selección de Lionel Scaloni se prepara para afrontar un nuevo desafío en el Mundial 2026 cuando enfrente a Austria por la segunda fecha del Grupo J. Más allá de la importancia que tendrá el encuentro para las aspiraciones de ambos equipos en el torneo, el partido también permitirá sumar un nuevo capítulo a un historial que cuenta con pocos enfrentamientos.

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El inolvidable 5 a 1 de 1980 con triple de Maradona

El primer enfrentamiento entre ambos se disputo el 21 de mayo de 1980 en Viena. Una selección Argentina, vigente campeona del mundo, y dirigida por Cesar Luis Menotti, goleó a Austria por 5 a 1 en una noche que quedaría marcada por la gran actuación de un joven Diego Armando Maradona.

La Albiceleste golpearía  rápidamente con goles de Santiago Santamaría a los 2 minutos y Leopoldo Luque a los 10 del primer tiempo. Apenas cinco minutos después apareciería Maradona para marcar el tercero. Austria descontaría a través de Kurt Jara a los 19 minutos, pero en el complemento el «10» volviera a hacerse presente con dos tantos más a los 73 y 78 minutos para sellar el 5-1 definitivo.

Empate en la antesala de Italia 1990

Diez años después, el 3 de mayo de 1990, ambas selecciones volvieron a verse las caras en otro amistoso disputado en Austria. En aquella ocasión el resultado fue 1 a 1.

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El conjunto local se puso en ventaja apenas a los tres minutos del primer tiempo gracias a Manfred Zsak. Sin embargo, Argentina reaccionó y encontró la igualdad a los 31 minutos mediante Jorge Burruchaga, tras una asistencia de Maradona. El equipo dirigido por Carlos Bilardo utilizó ese compromiso como preparación para el Mundial de Italia 1990, torneo en el que terminaría alcanzando la final.

El primer duelo oficial de la historia

Tras 36 años sin enfrentarse, Argentina y Austria volverán a cruzarse en el Mundial 2026. Será la primera vez que ambos seleccionados se enfrenten en una competencia oficial, agregando un capítulo inédito a un historial que hasta ahora registra dos partidos, seis goles argentinos, dos austríacos, una victoria albiceleste y un empate.

Yendo al presente, ambos pelearan por el liderazgo del grupo J ya que ambos lograron conseguir los tres puntos en el primer encuentro. Por el lado de Argentina, vencío por 3 a 0 a Argelia, mientras que Austria hizo lo propio contra Jordania por 3 a 1. Sin dudas que será un partido vibrante y emocionante donde ambos equipos luchen por llevarse el encuentro y la clasificación a la siguiente fase del torneo.

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Argentina,Austria

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River va por otro refuerzo top: acuerdo con Fiorentina por Lucas Beltrán y qué falta para cerrar el trato

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«Si me llaman lo voy a pensar, pero es difícil decirle que no a River…». En enero de este año, cuando estaba en el radar de Marcelo Gallardo, Lucas Beltrán dejó una puerta entreabierta para un posible regreso a casa. En aquel entonces se ilusionaba con consolidarse en Valencia, pero no cerró la temporada como esperaba y, seis meses después, está frente a una importante decisión. En silencio, a la par de las búsquedas de Giovanni Simeone y Ángel Correa, desde las oficinas del Monumental llegaron a un acuerdo con Fiorentina -dueño de su pase- y ahora la pelota la tiene el delantero, que deberá decidir si se queda a pelearla en Europa o si le dice que sí a su vuelta a Núñez.

Con contrato en la Viola hasta diciembre de 2028, el cambio de postura del club, que en principio sólo contempla una salida por una venta, le permitió a River avanzar por un préstamo con cargo de 500 mil euros y una opción de compra de 6,7M euros por el 55% del pase. Un trato auspicioso para el CARP teniendo en cuenta que no debería hacer una importante inversión de entrada para sumar un refuerzo de élite, jerarquía a la que le apuntan en este mercado, aunque para cerrarse dependerá de la palabra final del futbolista.

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Sus sueños son ganar la Copa Libertadores con la banda en el pecho y ser el capitán del club que lo formó y en el que debutó en diciembre de 2018, después de la final de Madrid. Volver al Liberti, ese lugar donde fue tan feliz, es una opción tentadora en la búsqueda de cumplir eso anhelos, pero a sus 25 años el cordobés también contempla la posibilidad de tener revancha en el Viejo Continente. Dos alternativas que por estas horas pasan por su cabeza a la espera de determinar hacia qué lado se inclinará la balanza.

Lucas Beltrán en Fiorentina. EFE.

Autodefinido como una persona que va con el día a día, en River esperan con ansias un pulgar en alto para así poder cerrar los últimos flecos con la Fiorentina, que viene de tomar una decisión que lo aleja a Beltrán de la institución. Porque si bien en un primer momento se barajó la posibilidad del regreso de Paolo Vanoli al banco, un DT que tuvo muy en cuenta al argentino, finalmente llegó como entrenador Fabio Grosso, quien tiene en mente otras opciones para la ofensiva.

Lucas Beltrán en su paso por Valencia. EFE/Biel AliñoLucas Beltrán en su paso por Valencia. EFE/Biel Aliño

Después de cerrar la temporada sin ser convocado por el Valencia en los últimos cinco partidos de LaLiga -en plena lucha por no descender- y de sumar 1.604 minutos repartidos en 30 partidos (poco más del 50% del total), para River representaría incorporar al centrodelantero natural que Eduardo Coudet no tiene en el plantel. Una inyección de jerarquía ofensiva tras un primer ciclo en Núñez en el que, además de tres títulos, aportó 22 goles y ocho asistencias en 78 partidos, con su momento prime en 2023 en la Liga Profesional que ganó bajo el mando de Martín Demichelis.

Mientras el director deportivo Pablo Longoria intenta avanzar por Correa con Tigres y por Simeone con Torino, con la posibilidad de hacer un esfuerzo superior dependiendo de plazos, montos y si se cierra la venta de algunos de los jugadores prescindibles, en River se ilusionan con cerrar en las próximas horas a su tercer refuerzo. Beltrán para creer…

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Los números de Beltrán en River

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