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Qué ver en Netflix: la miniserie de 8 episodios que promete robarse el lugar nº1 y subirse la ranking de las más elegidas

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Una relación sentimental, una empresa que prometía transformar las finanzas y miles de millones de dólares en juego. Esa combinación está en el centro de “The Altruists”, la nueva miniserie de Netflix que lleva a la pantalla uno de los escándalos más resonantes del universo de las criptomonedas: la caída de FTX y sus protagonistas.

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La ficción sigue a Sam Bankman-Fried y Caroline Ellison, dos jóvenes ambiciosos que buscaban revolucionar el sistema financiero global. Mientras él fundó la plataforma de intercambio FTX, ella quedó al frente de Alameda Research, una firma de inversiones estrechamente vinculada con el negocio.

En un comienzo, ambos se presentaban como idealistas convencidos de que podían utilizar su éxito económico para generar un impacto positivo. Sin embargo, detrás de esa imagen se fue desarrollando una trama de decisiones financieras que terminó convirtiéndose en un escándalo de proporciones internacionales.

La historia de Netflix también pone el foco en el vínculo amoroso entre sus protagonistas y en cómo la ambición, la confianza y las contradicciones personales se entrelazaron con el crecimiento de sus negocios. La producción propone así un relato que combina drama romántico, poder y delitos financieros, más allá de los aspectos técnicos del mundo cripto.

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LA MINISERIE DE NETFLIX QUE PROMETE ARRASAR

El elenco está encabezado por Julia Garner, reconocida por su trabajo en “Ozark”, y Anthony Boyle, quienes interpretan a Ellison y Bankman-Fried, respectivamente. La serie fue creada por Graham Moore y está inspirada en investigaciones periodísticas publicadas por New York Magazine. 

El caso real salió a la luz en noviembre de 2022, cuando FTX se declaró en bancarrota. Las investigaciones revelaron el uso indebido de fondos de clientes por miles de millones de dólares. Bankman-Fried fue condenado en 2024 a 25 años de prisión por fraude y conspiración, mientras que Ellison se declaró culpable y colaboró con la Justicia. 

“The Altruists” tendrá ocho episodios y llegará a Netflix el 19 de noviembre de 2026. La miniserie reconstruye el ascenso y la caída de una pareja que aspiraba a cambiar las reglas de las finanzas y terminó en el centro de un caso que sacudió la confianza en el mercado de las criptomonedas. 

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CHIMENTOS

Litto Nebbia revisita dos de sus discos clave de los ’70, pero advierte: «No me gusta hacer un cover de mí mismo»

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Litto Nebbia en su estudio Melopea, donde crea su música

Hay músicos que hacen carrera. Litto Nebbia hizo algo más difícil: hizo historia. Y la sigue escribiendo. A sus 75 años, con una rótula y un húmero recién recuperados, el fundador de Los Gatos ensaya con su quinteto el repertorio de dos álbumes que grabó hace medio siglo y que buena parte del mundo todavía no terminó de descubrir. Fuera del Cielo (1975) y Bazar de los Milagros (1976) son los protagonistas de un concierto que se celebrará el sábado 31 de octubre a las 21 en el Teatro Santa María, Montevideo 842, en la ciudad de Buenos Aires, con producción es de Darío Arellano.

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No es nostalgia, aclara Nebbia. Es evocación. La diferencia, para él, es sustancial. Mientras la nostalgia mira hacia atrás con melancolía, la evocación convoca algo que estuvo vivo y puede volver a estarlo. Y lo que está convocando ahora es un período de su obra que quizás sea el menos conocido del gran público pero que, entre quienes lo siguieron de cerca, tiene la densidad de un clásico secreto: canciones largas, complejas, grabadas con músicos que venían del jazz y que no tenían miedo de tocar rock, folclore o lo que fuera necesario. Canciones que, en muchos casos, Nebbia no volvió a tocar desde que las registró.

Para la ocasión, el sello europeo Vampi Soul publicará reediciones en vinilo de ambos álbumes, con nueva masterización realizada por Mario Sobrino en Melopea, el sello que Nebbia fundó hace casi cuatro décadas y que sigue siendo su cuartel general creativo. Antes del show, Teleshow habló con él sobre la recuperación, los discos, Brasil, la industria musical y una serie documental de diez capítulos sobre su vida que podría estar lista a mediados del año próximo.

Nebbia atendió el teléfono apenas terminó de ensayar con Ariel Minimal —guitarrista y voz de Pez—, Mica Corley y Tomás Corley —bajo y batería de Los Reyes del Falsete— y Santi Martínez —teclados y voces de El Kuelgue—, los músicos que lo acompañarán en el escenario. Lo hizo con la misma energía con la que, según él mismo cuenta, encara cada nuevo proyecto: sin mirar demasiado atrás, sin pensar en jubilarse, convencido de que la vida —como la música bien escrita— no tiene fecha de vencimiento.

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Retrato en blanco y negro de Litto Nebbia sobre fondo rosa junto a dos portadas de sus discos Bazar de los milagros y Fuera del cielo.
Litto Nebbia revisita sus álbumes Bazar de los milagros y Fuera del cielo

— En 2023 tuviste una fractura seria que te obligó a suspender conciertos. ¿Cómo fue esa recuperación?

— Me quebré la rótula y el húmero. Estuve un año en una cama. No podía ir al baño, no podía hacer nada. Me operaron, salió todo bien, pero después vino la recuperación, que con los huesos y la rótula son tres o cuatro años bajo la pata. Ahora estoy bien, no tengo dolor, camino despacito, tengo que cuidarme al bajar escaleras. Por eso había que postergar algunos aniversarios. El año pasado hicimos Pormelopea, que era de 1974. El año anterior, De Muerte en la Catedral, de 1973. Ahora les toca a estos dos, del 75 y el 76. Todos los años se cumple algo, cuando uno tiene tantos discos y tanto tiempo de carrera. Así que metí los dos juntos. Todos los días hago una hora, una hora y pico de ejercicios. A premio consuelo me digo: “Mick Jagger hace cincuenta años que hace eso por día”. El tipo sale corriendo al escenario. Si no movés el cuerpo, fuiste.

— ¿Qué lugar ocupa ese período —el de Fuera del Cielo y Bazar de los Milagros— dentro de tu trayectoria?

— Mirá, en esa época yo tenía un trío que duró más de seis años con dos grandes músicos que venían del jazz: Jorge “Negro” González en contrabajo eléctrico y Néstor Astarita en batería. Eran muy dúctiles, con una aplicación musical fenomenal, pero no eran ortodoxos. Si era rock, tocaban. Si era otra cosa, también. Entonces las canciones que yo llevaba tomaban un lenguaje nuevo que salía de la combinación de la experiencia de ellos y la mía por otro lado. Para colmo, en esa época nos juntábamos y grabábamos con músicos como Dino Saluzzi, Chango Farías Gómez, Rodolfo Acharrán, Manolo Juárez. Nadie tenía el prejuicio de tocar con el otro, a pesar de que algunos venían del folclore, otros del tango y otros del jazz. Tengo un muy buen recuerdo de esa época. Y fijate que estos dos álbumes acaban de salir en Europa, editados por Vampi Soul. Los compran tipos de Bélgica, de Holanda, de España. Lo importamos también para vender acá en los recitales.

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— Fuera del Cielo nació de una experiencia escénica con el mimo Olkar Ramírez y con textos de Mirtha Defilpo. ¿Qué recordás de ese cruce entre música, teatro y palabra?

— Muy bueno. Nosotros éramos muy amigos de él. Era fotógrafo, había hecho varias tapas de discos nuestros. Pero también actuaba, practicaba danza, era mimo. Se anotó en el Festival Internacional del Mimo que se hizo en el Teatro General San Martín, en octubre del 74. Venían mimos de Venezuela, de Brasil, de todos lados. Y un día nos dijo: “No sé qué obra voy a preparar”. Entonces le pregunté si quería que le escribiéramos algo, de puro gusto, por hacer algo nuestro. Ahí Mirtha Defilpo escribió ese texto extenso que narra, poéticamente, las vicisitudes de un tipo que fracasa en casi todo lo que se mete. Un clown que fracasa. Por eso Fuera del Cielo. Yo inmediatamente le empecé a poner música. Cuando se lo mostré, a él se le ocurrió que por qué no actuaba en escena con él. Le dije: “Pero yo no soy mimo, me va a dar vergüenza”. Finalmente lo orquestamos: yo aparecía mientras él hacía su trabajo de mimo, narrando y cantando las vicisitudes, tocando el piano. Duraba 45 minutos. Tuvo muchísimo éxito. Cuando terminamos dijimos: “Uy, esto ahora va a quedar en la nada”.

Litto Nebbia
Para presentar los temas de Bazar de los milagros y Fuera del cielo, Litto Nebbia tocará en formato de quinteto

— ¿Y para este concierto pensaste en traer un mimo?

— No, lo voy a tocar con los chicos que toco ahora. Nada de eso. Lo que sí hice fue una adaptación para llevar aquello al disco: quité las improvisaciones más largas que había metido para acompañar el trabajo de él, dejé toda la parte del texto musicalizada, los cambios, y logré una versión de 14, 15 minutos, que es la que está en el álbum. Después hicimos tres o cuatro canciones más. Es un disco que trae cinco temas nomás. Son muy largos. Muy contento de haberlo dejado registrado.

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— Al volver a trabajar sobre estas canciones, ¿qué encontraste en ellas que quizás no habías advertido cuando las grabaste?

— Es una sensación muy noble volverte a encontrar con cosas que no tocaste desde que las hiciste, es decir, hace medio siglo. Muy rara. Por un lado decís: qué buena cosa que hacíamos en esa época. Tocábamos mucho por el interior, en bolichitos, en pubs, y todo el mundo nos escuchaba dos o tres horas tocar estas cosas que eran barbaridades para la época, porque eran bastante complejas. No era rock de tres acordes. Tengo la sensación de que dejé las canciones guardadas en un cofre, enterrado en el fondo de un jardín, y las saqué ahora. Enseguida me acuerdo las melodías. Pero lo siento todo muy fresco, con mucha energía para tocarlo. Eso es lo que pasa cuando escribís sin el prurito de: “Esto no lo pongo porque es difícil, no lo van a entender”. Yo escribí lo que salía. Y eso hace que ahora las canciones sean muy ricas. Hasta se pueden disfrutar un poco más, quizás.

— ¿Qué se mantiene intacto de las versiones originales y qué cambia al tocarlas hoy?

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— No me gusta hacer un cover de mí mismo. No tiene sentido. Además, las químicas entre los músicos y el tempo de las canciones tienen que ver con ese momento de tiempo y espacio que se viven y después no se ven nunca más. Algunas de estas las canto un poco más acelerado o más lento, y nunca será como cuando las grabé. Es otra historia. Lo que sí hago es una adaptación: hay temas que duran 20 minutos con todos los arreglos del trío de esa época. Les rescato la línea melódica, la armonía, la letra, pero los adapto. Lo vamos a grabar para ver si el año que viene lo publicamos también como disco en vivo.

Litto Nebbia
Litto Nebbia habló con Teleshow de su amor por la música brasileña

— Para esta revisión estás con Ariel Minimal, los hermanos Corley y Santi Martínez. ¿Qué encontraste en ellos?

— Son tipos que me gusta cómo tocan, pero más que nada que les gusta la música que yo escribo. Me llevo bien con ellos para hacer sonar esto. Ocurren cosas bárbaras porque a todos les gusta, pero muchas cosas que escribí ellos no habían nacido todavía. Es como un secreto a voces. Por el momento somos un quinteto y suena muy bien. Tiene otra química, otras improvisaciones. Por eso me gusta cómo está saliendo.

— Bazar de los Milagros tiene una influencia brasileña muy marcada e incluso su título viene de una novela de Jorge Amado. ¿Qué lugar tenía Brasil en tus búsquedas musicales de esos años?

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— Ese disco es manifiestamente un disco dedicado a la climática de Brasil. El título viene de la lectura de dos o tres libros de Jorge Amado, el bahiano: Teresa Batista, Tienda de los Milagros. Me impresionaron mucho. Un día dije: “Voy a juntar todo esto”. Y por eso grabé el disco con Daniel Homer, que es otro loco de la música brasilera. A mí siempre me gustó Brasil desde la música más antigua hasta las cosas nuevas. Cuando vas allá te das cuenta de que toda la gente ama su música, la defiende a muerte. Acá nosotros nos creemos que somos nacionalistas. No es así. Acá discutimos treinta años sobre si empezó el tango o no. Los brasileros aman a todos sus artistas. Y logran meterse internacionalmente, cosa que es muy difícil con otras músicas. Si me preguntás cómo es reconocida la música argentina en el mundo, es el tango, sí. Por las viejas películas de Gardel o de Libertad Lamarque y también por la danza. Pero la música brasilera la reconocés en cualquier lugar de la Tierra.

— ¿Hubo un vínculo personal con esa música, más allá de lo estrictamente musical?

— Sí, cuando yo tenía 19 años conocí a Tom Jobim, conocí a Milton Nascimento. Una vez me invitó a su casa Elis Regina. Estuve con Hermeto Pascoal. He estado con algunos de ellos en distintos viajes. Eso hace que entiendas un poco más de su historia, de su música. Tienen unos libros muy buenos sobre su historia. Yo entiendo bastante. Me gustan los compositores. En cada zona tienen una onda distinta. Los de San Pablo, los cariocas de Río, los de Minas Gerais, donde no hay agua ni mar y hay una música espectacular. El más importante que salió de ahí es Milton Nascimento. Y como quince tipos más amigos de él, de sus barras. Todos cantan y tocan bien.

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Litto Nebbia
Litto Nebbia tendrá el año que viene su propia docuserie biográfica, que produce su hija Miranda

— Tu productora Melopea lleva casi cuatro décadas. ¿En qué proyectos estás concentrado ahora?

— Estamos sacando esencialmente discos míos. El negocio ha cambiado: no hay la cantidad de tiendas de discos que había antes, y una parte importante se vende digitalmente. Pero el que toca en vivo, como mi caso, vende mucho en los shows. Lo que más renovamos son mis discos personales y vamos sacando otros en menor medida que en otras épocas. Hubo años que yo producía veinte discos de otros artistas; ahora capaz que produzco tres. La economía está muy difícil para la gente. Hay que ser ubicado con la realidad, especialmente cuando uno hace lo que le gusta. Todo lo que hago de música tiene como búnker a Melopea, y siempre con capital que sale de la misma música: giras, derechos de autor, documentales, películas.

— ¿Y hay algún proyecto propio en puerta además del concierto?

— Sí. Mi hija Miranda, junto con el cineasta Marcelo Yapses, está haciendo una serie sobre mi historia. Diez capítulos de aproximadamente una hora cada uno. No es ficción. Está hecha con cuarenta testimonios. de músicos, escritores, gente que quiere opinar sobre mí. Yo también aparezco enlazando las narraciones. Cada capítulo está dedicado a una parte más o menos fundamental: mis inicios, Los Gatos Salvajes, Los Gatos, cuando empiezo como solista, el exilio, la vuelta, Melopea, hasta el capítulo más actual. Hay material inédito de actuaciones, reportajes, lugares en vivo. Y está hecha con un criterio bastante cinematográfico. Por ejemplo, Pablo Helman, el técnico que hace los efectos especiales con Martin Scorsese y antes con Steven Spielberg, que es muy amigo mío, tuvo la gentileza de mandarme algunas cosas inéditas de la última película de Scorsese donde él trabajó. Esas cositas van a estar de adorno. Si todo sale bien, es posible que a mediados del año próximo ya se pueda ver en alguna plataforma.

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— Después de haber sido compositor, intérprete, productor y editor durante tantas décadas, ¿qué te sigue dando curiosidad?

— Esto es un poder de vocación: o lo tenés o no lo tenés. No es una tarea que vos algún día digas: “Ahora no lo hago más, me jubilo”. No existe eso. Lo que hacés es seguir adelante con nuevos proyectos que nacen a partir del último que hiciste. Querés intentar tocar con otro, escribir así, asado. Lo hacés con una conciencia totalmente de vida. Yo le explicaba el otro día a alguien que me lo preguntaba como si uno pudiera decidir parar: “Nosotros no sabemos de dónde venimos a este planeta, pero tampoco tenemos una fecha de cuándo nos vamos. Al no tener eso, para mí la vida es interminable”. Esa es mi idea. Hoy que soy más grande y estoy bastante estabilizado, si antes lo hacía cuando había épocas que no tenía para comer, imaginate ahora.

Litto Nebbia

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A horas de casarse, Lali Espósito reveló que no tendrá luna de miel y explicó el extraño motivo: «A él le pasa lo mismo»

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Lali Espósito atraviesa la cuenta regresiva hacia uno de los momentos más especiales de su vida: su casamiento con Pedro Rosemblat. Después de casi tres años de relación, la cantante empezó a compartir algunos detalles de la celebración, habló del vestido que eligió, anticipó cómo será la fiesta y contó por qué, por ahora, no tiene planes de luna de miel.

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En una charla con el medio Frontera, la artista dejó en claro que no imagina una boda multitudinaria ni una producción descomunal. De hecho, salió al cruce de las expectativas que suelen rodear este tipo de acontecimientos y adelantó que eligió un estilo mucho más relajado para dar el sí. “Sí te puedo contar que a veces me dicen: ‘Vas a entrar con un vestido larguísimo, con una cola de no sé cuántos metros’. No, nada de eso va a pasar. Es muy tranqui y es muy para nuestra familia, nuestros amigos y para nosotros, para celebrar este amor”, contó.

La celebración tendrá como protagonistas a los afectos más cercanos de la pareja. Lali explicó que habrá familiares que viajarán desde distintos puntos del país y que uno de los momentos más emocionantes será encontrarse con todos ellos en un día tan significativo. “Se unen los amigos, se une mi familia. Yo tengo familia en el interior del país en Argentina y viajan para esta boda. Ver a mi madre ahí y a mis hermanos”, expresó.

En ese sentido, la cantante se detuvo en el valor emocional de compartir semejante acontecimiento con las personas que la acompañaron durante su vida. “Cómo el otro se alegra por tu felicidad, cómo vos ves a esa persona con la que estás eligiendo vivir eso y te llenas de emoción y te sentís acompañado en la vida. Creo que va a ser un momento bonito”, agregó, dejando ver la importancia que tendrá el entorno íntimo en la celebración.

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LALI ESPÓSITO CONFESÓ QUE NO SE IRÁ DE LUNA DE MIEL

Pero si hay algo que por ahora no figura en los planes inmediatos de los novios es la tradicional escapada romántica después de la boda. Entre los compromisos profesionales de ambos, organizar una luna de miel quedó para más adelante. “No, cero. Por ahora no, ningún tipo de descanso. No me dio la agenda, pero en algún momento me iré de viaje. Él también trabaja mucho, así que no se queja porque a él le pasa lo mismo”, reconoció.

La confesión llegó en un momento en el que Lali también reflexionó sobre los cambios personales que experimentó con el paso del tiempo. A sus 35 años, explicó que aprendió a encontrar un equilibrio entre su intensa actividad laboral y los espacios para disfrutar de sus seres queridos. “Yo antes era muy trabajo, trabajo, trabajo y ahora también soy muy trabajadora, pero también aprendí a darme los tiempos del disfrute de los seres queridos, de los espacios para mí”, señaló.

Así, mientras se prepara para celebrar su amor con Pedro, Lali disfruta de una etapa en la que parece tener bastante claras sus prioridades. Una boda íntima, un vestido sin estridencias, la familia y los amigos como protagonistas y una luna de miel que deberá esperar. Sobre la posibilidad de formar una familia con el conductor, también dejó una reflexión sincera: “Me pregunto mucho si lo deseo de verdad y mientras me hago esa pregunta, aquí estoy. Sin niños”.

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Lali Espósito

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De dirigir ‘La masacre de Flores’ a retratar a la familia Tinelli y a Wanda Nara en la pantalla: los desafíos de Augusto Tejada

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La Masacre de Flores dirgido por Augusto Tejada

Augusto Tejada construyó una carrera audiovisual que atraviesa registros muy distintos: del documental y la ficción a los realities, con una mirada puesta en el tono, la puesta en escena y la escucha de quienes tiene delante de cámara. A los 42 años, el director acaba de estrenar La masacre de Flores, una serie que aborda una historia atravesada por la violencia, pero que busca alejarse de los lugares habituales del género para centrarse en la reconstrucción y la dimensión humana de su protagonista, Matías Bagnato.

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Juan José Campanella y Augusto Tejada durante el rodaje de La masacre de Flores

En charla con Teleshow, Tejada repasó el trabajo colectivo detrás de la producción, la decisión estética que guía el relato y su recorrido profesional, que comenzó con la fotografía y los ciclos documentales de televisión. También anticipó algunos de sus próximos proyectos, entre ellos una película de ficción en Perú y la serie sobre Wanda Nara para una plataforma internacional.

Benjamin Vicuña hijos Uruguay
Con experiencia en documental, ficción y realities, el realizador prepara también una película en la selva peruana

—La historia de la serie es muy potente, al igual que la manera en que está relatada y filmada. ¿Cómo fue ese trabajo?

—Fue en conjunto. Desde el principio era muy importante para nosotros buscar la manera de acompañar el relato de Matías y acompañarlo a él, con conciencia de lo difícil de la historia. También queríamos encontrar algo que representara quién es él, porque Matías tiene una luz muy grande. Nos interesaba trabajar sobre ese contraste entre la oscuridad de lo que ocurrió y la luz que hay detrás, en relación con él.

—En las escenas que no son de archivo, la palabra y los testimonios tienen un valor central…

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—Son fundamentales. La serie tiene elementos del true crime, aunque estaba esa disyuntiva porque hay muchos proyectos de ese estilo con mucho éxito. Pero la intención era contar una historia profundamente humana y luminosa. El objetivo era hablar de la capacidad de una persona para reconstruirse y seguir adelante.

—También aparecen testimonios que el público no conocía…

—Hubo un trabajo de investigación muy bueno de Mariana Montero, que viene contando esta historia con Matías desde hace tiempo. Él la contó durante muchísimos años en distintos lugares, así que la búsqueda era pensar qué podíamos agregar y cómo narrarla de una manera diferente. Eso atravesó la forma de filmar: necesitábamos tensión, archivo y oscuridad, pero sobre todo acompañar el relato de Matías y del resto de los entrevistados. Ahí hay algo interesante para observar y escuchar, que para mí define la identidad de la serie.

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La masacre de Flores
La masacre de Flores, Matías y Juan José Campanella

—Sorprendió la participación de Juan José Campanella, parecía que iba a ser un testimonio más…

—Matías y Juan se conocen desde hace mucho tiempo. Para Matías también era tranquilizador que Juan estuviera detrás de la producción, trabajando con nosotros. Él quería que fuera una charla, no una entrevista. Al principio, por los compromisos de Juan, era complicado coordinarlo, pero logró venir. Cuando registramos ese encuentro pensamos que debía ser una conversación y no algo tan formal. Entonces decidimos que participara en cámara y que ese momento tuviera una dinámica más descontracturada.

—Tu trabajo abarca universos muy diferentes, desde una historia como esta hasta un reality familiar. ¿Cómo se da esa transición?

—Tengo un recorrido audiovisual bastante ecléctico. Me gusta encontrarme con desafíos distintos y buscar la particularidad y el tono de cada proyecto. También aprendo en el intercambio con los demás. Todo alimenta la observación. Ahora, por ejemplo, voy a filmar una película de ficción a la selva peruana, que no tiene nada que ver con esto.

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Hago documentales desde que empecé. Trabajé en Endemol, en proyectos como Policías en acción y Cárceles, dentro de un área documental que tenía mucha presencia en la televisión de ese momento. Después fui incorporando herramientas de puesta en escena y construcción narrativa. Todo es un aprendizaje, ya sea un documental, una ficción o un reality. La intención siempre es hacer crecer cada proyecto y llevarlo a un lugar diferente, sin perder su identidad.

—¿Siempre quisiste ser director?

—De más chico quería ser fotógrafo. Me gustaba mucho la fotografía y admiraba a los reporteros que trabajaban para National Geographic, viajaban por el mundo y hacían fotoperiodismo. De a poco me fui acercando al video y al documental. Agarré una cámara, empecé a trabajar en la productora de un amigo y después pasé a una productora más grande.

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Tres personas de pie sonríen junto a una cámara de video profesional instalada sobre un trípode en una habitación
Augusto Tejada y Juan José Campanella, junto a un equipo fueron los responsables de contar la dolorosa historia de Bagnato

En paralelo, a los 19 años, empecé a estudiar cine en la Universidad del Cine. Ahí se me abrió el mundo de las películas y la ficción, y me deslumbró. Mientras estudiaba seguí trabajando hasta que conocí a Alejandro Ravazzola, que trabajaba para History Channel. Con él hicimos tres documentales sobre incas, mayas y aztecas. Viajamos durante unos seis meses por América Latina y sentí que estaba haciendo aquello que quería hacer, pero con una cámara de video.

La ficción también ocupó siempre un lugar importante en mi vida, por el aprendizaje y la admiración hacia grandes directores. Por eso, cada vez que puedo hacer una película, trato de hacerlo. Y proyectos como La masacre de Flores, por su dimensión humana, representan un privilegio: permiten acompañar a una persona en el relato de una experiencia muy fuerte y dejar testimonio de algo que, de alguna manera, interpela a toda la sociedad.

El rodaje con los Tinelli y la nueva serie sobre Wanda Nara

Avance de la segunda temporada del programa de telerrealidad de la familia Tinelli

—¿Es difícil filmar una familia, como ocurrió con los Tinelli?

—Es difícil por todo lo que implica, desde lo logístico, hasta prender la cámara y empezar a grabar. Pero una vez que llegás a ese momento, la cosa fluye. La energía va mutando y te lleva por lugares inesperados. En ese proyecto hubo un equipo de contenidos muy atento a cómo armar las continuidades entre las escenas. Fue muy divertido de hacer y todos, con sus matices, sus mambos y sus buenas ondas, fuimos encontrando la manera.

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—También estás trabajando en la serie sobre Wanda Nara. ¿Ya comenzaron las grabaciones?

—Sí. La plataforma ya lo anunció en redes. En principio serán seis capítulos, aunque ya estamos viendo los primeros cortes y la serie está muy buena. Wanda es un imán; escucharla y verla en todo lo que hace es un show.

—¿Qué se verá en la serie?

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—Hay cuestiones que no se pueden abordar por temas judiciales, pero es inevitable que algunos temas estén presentes. Aparecen sus hijos, sus padres, amigos y también viajamos a Italia. Hay una mezcla de elementos que hace atractivo el proyecto. La idea es que salga el año que viene.

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