ECONOMIA
Santa Fe Business Forum: empresas de todo el mundo buscan proveedores argentinos en rondas de negocios exprés

Desde Rosario- 25 minutos. Ese es el tiempo. El reloj corre y la dinámica es frenética: en el Santa Fe Business Forum (SFBF), importadores de distintos países y exportadores argentinos se sientan frente a frente para cerrar acuerdos comerciales en reuniones de esa duración. Los empresarios locales buscan abrir nuevos mercados y afianzarse en el exterior; los extranjeros, en tanto, llegan con la mira puesta en aprovechar las oportunidades que ofrece la Argentina para diversificar proveedores.
En mesas cubiertas de muestras y carpetas, se intercambian propuestas y se analiza, en cuestión de minutos, si existe una posibilidad concreta para avanzar. Las banderas funcionan como pequeñas postales del mapa comercial que se despliega en el encuentro. Brasil, Uruguay, Colombia, Países Bajos, Nicaragua, Costa Rica, India, Emiratos Árabes, Alemania, Noruega y Venezuela son solo algunos de los países presentes.
El sector alimenticio fue uno de los protagonistas de las rondas de negocios del SFBF, en las que participan más de 1.100 vendedores argentinos y 250 compradores internacionales. Durante el primer día del evento, que se lleva a cabo esta semana en La Fluvial de Rosario, ya se generaron 915 contactos. Empresas de todos los tamaños anhelan conseguir un lugar en las góndolas asiáticas, europeas y latinoamericanas.

Ornella Giacosa, representante de Campo Austral y La Piamontesa, llegó con un objetivo claro: encontrar nuevos mercados y llevar la carne porcina y los subproductos que elaboran al resto de la región. El grupo, uno de las productores más importantes de cerdos del país, ya tiene presencia en destinos como China, Filipinas y Singapur, tres plazas que despiertan especial interés por la alta demanda y por los valores que ofrecen, superiores a los de África, donde hoy concentran la mayor parte de sus ventas.
“Buscamos exportar a México, Perú, Paraguay, Bolivia y Chile. Hoy tuvimos reuniones con brasileños y tenemos buenas expectativas”, contó.
¿El problema para vender más? Los costos. “La Argentina está siendo poco competitiva en los cortes de carne”, aseguró Giacosa, resaltando que Brasil termina definiendo los precios por la escala.
En ese contexto, apuestan a construir relaciones comerciales ahora para estar preparados cuando cambie la ecuación. La intención es que, con una mejora en la competitividad, puedan ganar espacio en el exterior tanto con cortes como con jamones y salames.
Guillermo Federico Schreyer, dueño de Angiola, una pyme de la localidad de Esperanza con 11 empleados dedicada a la producción de panificados libres del gluten, vino con la meta de exportar a países limítrofes, pero le sorprendió la demanda en Asia. Con una década de experiencia en el mercado interno, tienen la intención de internacionalizarse. El caballito de batalla son las galletitas bañadas en chocolate, consideradas premium.
Para el empresario, las claves de la expansión son la previsibilidad económica, la estabilidad del tipo de cambio y el acceso a financiamiento, fundamental para adquirir nuevas maquinarias y aumentar la automatización.
Alejandro Scarabelli es trader de productos especiales de Agricultores Federados Argentinos (AFA), una firma de granos nacida en 1932 con presencia en más de diez provincias, 130 plantas de acopio y 1.700 empleados. Hace ya unos 20 años empezó un proceso de diversificación productiva en origen y agregado de valor a los granos.

Ya exportan a 65 países y ven oportunidades para colocar en el exterior varios tipos de arvejas, garbanzos, porotos y maíz pisingallo. Tienen interés en insertarse en Colombia, Ecuador y Perú. “Estamos en condiciones de ofrecerles productos a sus industrias y a los consumidores finales”, remarcó.
Débora Gudiño, dueña de Lácteos Ramolac, una pyme familiar creada hace 76 años, sostuvo que el Santa Fe Business Forum es una puerta de entrada a nuevos mercados. En la actualidad, venden a Brasil y planean, además de crecer allí, hacer contactos en Colombia. Si bien producen todos los derivados, como yogures y quesos, solo exportan leche en polvo, donde, al haber pocos competidores, corren con ventaja.
Consultada por los precios, comentó: “Lamentablemente, el producto que nosotros ofrecemos es un commodity y los valores tendrían que estar más altos”. El reacomodamiento en el sector lácteo, que tendió a la concentración por la crisis en grandes compañías como Sancor, los benefició pero no movió el amperímetro. Por ello, aspiran a ampliar su negocio en la región. “Estamos en vías de desarrollo”.
En cuanto al lado comprador, Rajesh Somarajan, representante de Truebell marketing and trading, está a la espera de poder sumar un proveedor más a la lista de 48 países desde los que importan carne y lácteos, para luego distribuir en su mercado interno. Ya mantuvo varias reuniones y califica la jornada del lunes como “muy productiva”. Hubo “match” con dos firmas argentinas, pero necesitan seguir discutiendo los precios.
En Paraguay, en cambio, consideran que Argentina tiene precios competitivos y más estables. Así lo manifestó Dario Cavadini Morcio, de GP importadora, quien explora productos de desayuno, como galletitas, y golosinas. “Vengo a ver qué me sorprende”, dijo.

Aunque ya trabajan con varias empresas locales, observan que en el último año se produjeron muchos cambios, con una oferta más diversificada. En suma, Morcio nota que las compañías “quieren salir más del país, antes era todo mercado interno”.
Destacó la calidad de los alimentos argentinos y subrayó que el país tiene una muy buena industria: “Por eso volví“.
Países Bajos también tiene varias mesas. Harmen Vlaardingerbroek, dueño de Samax Meat Trading, abrió su empresa hace apenas un mes y eligió Argentina como uno de sus primeros proveedores. “El mercado en Europa está difícil”, cuenta, haciendo referencia a la prohibición de importaciones brasileñas por razones sanitarias. Asegura que la medida eleva los precios y complica las negociaciones, pero confía en finalizar el SFBF con acuerdos.
En este marco, el ministro de Desarrollo Productivo de Santa Fe, Gustavo Puccini, expresó: “Las rondas de negocios son el corazón del SFBF. También lo es el programa de circuitos productivos, en donde se van a poder recorrer empresas, frigoríficos, tambos y feedlots”. “Cada producto que se exporta genera mano de obra, trabajo y que nuestras industrias se consoliden en el mercado internacional”, agregó.
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ECONOMIA
Precios, carga y todo lo que hay que saber sobre las nuevas estrellas del mercado de autos: pros y contras de los 100% eléctricos

La principal diferencia entre un auto eléctrico y uno convencional es la más evidente. Mientras uno carga litros de nafta, el otro recarga kilowatts a una batería de litio. Pero más allá de esa cualidad esencial, hay varias diferencias adicionales entre un auto y otro.
Hasta hace dos años, el otro gran contraste estaba en el precio, porque los autos eléctricos llegan importados desde Europa, Asia o Norteamérica y pagaban un 35% de arancel de importación y eso los convertía en mucho más caros. Pero eso ya casi no ocurre (solo en los modelos más caros) porque gracias al cupo de 50.000 autos híbridos y eléctricos admitidos por el Gobierno para entrar sin pagar arancel, los precios están bastante parejos.
Al primer contacto sensorial, hay tres elementos que rápidamente denuncian su origen. Los eléctricos no tienen caño de escape, no hacen ruido a motor sino un zumbido electrónico que podría asemejarse a una nave de Star Wars, y no tienen parrilla perforada entre las luces delanteras.
El caño de escape no es necesario porque no hay un motor de combustión que emane gases; el sonido artificial es una exigencia de las regulaciones mundiales de tránsito para que los peatones perciban que se acerca un auto eléctrico; y la ausencia de entradas de aire se debe a que no hay un radiador debajo del capó porque no hay circuito de refrigeración que asistir con aire fresco. Solo hay algunas entradas de aire superiores e inferiores para que funcione el sistema de climatización del habitáculo, nada más.
Las diferencias económicas
Sin embargo, hay varias diferencias que pocas personas conocen, especialmente en Argentina, donde la electromovilidad es bastante reciente y aún dentro del paraguas de los vehículos que tienen una batería, los autos 100% eléctricos representan apenas el 10% del total de ventas.
Primero está el costo puro de movilidad. Para hacer los mismos kilómetros, un auto eléctrico insume un gasto de entre un 80% y un 90% menor de lo que se gasta cargando la cantidad de litros de nafta equivalente.
Pero no queda solo en consumo el ahorro. porque el vehículo a batería no tiene que hacer un service cada 10.000 km sino uno cada 20.000 kilómetros. Y al ahorro en sí mismo que representa un mantenimiento por cada dos que hace el auto convencional, el costo es más bajo también porque se reemplazan menos elementos o componentes.
El auto convencional debe cambiar los 4 litros de aceite a los 10.000 km, y también reemplazar el filtro de aceite. El auto eléctrico no, el único aceite que tiene es el de la transmisión que se cambia cada 40.000 km.
En el auto convencional, además, hay otros componentes mecánicos como un filtro de nafta, sistema de distribución con sus poleas y eventualmente con correa, hay bujías, cables de bujía, sistema de escape y catalizador, etc. En el auto eléctrico todo eso no existe.
Después están los elementos comunes como el filtro de aire del habitáculo, el líquido refrigerante (que en los autos eléctricos se usa para refrigerar las baterías), y el sistema de frenos completo.
Distinto modo de conducción
Sin embargo, en este punto hay nuevamente una ventaja en los eléctricos, ya que todos tienen un sistema de regeneración de energía por medio del propio motor eléctrico. Esta es la tecnología del One Pedal Drive (conducción con un solo pedal), que permite que el auto frene solo al levantar el pie del acelerador, sin tocar el pedal de freno. Esto hace que tanto las pastillas de frenos como los discos tengan una vida útil mucho más prolongada por menor uso.

Pero así como hay ventajas del eléctrico, también hay algunas desventajas, que sin embargo, requieren un cambio de hábito para que no sean un perjuicio sino una adaptación. Son dos y ambas tienen que ver directamente con la batería de litio.
El primer ítem es el tiempo de carga, ya que los 5 minutos que se pierden en un auto con motor de combustión al parar en un surtidor de una estación de servicio y llenar el tanque de nafta, en un auto eléctrico se multiplica por 8 y 10 veces más.
En un auto eléctrico, la carga desde el 20% a un 80% de la batería nunca es menor a los 30 minutos, y dependiendo del tamaño de la batería y la potencia del cargador, puede ser de más de una hora. Sin embargo, esa diferencia se debe compensar con un cambio de mentalidad al usar un vehículo eléctrico.
Se debe aprovechar el “tiempo del auto parado” y no restar tiempo de auto en movimiento. Estadísticamente, el automóvil particular que no se usa para trabajar sino solo como un medio de transporte personal, está entre el 80% y el 90% del día estacionado. Esa es la clave, el cambio de hábito. Porque mientras el auto convencional se carga cuando uno sale a usarlo, el auto eléctrico se carga cuando no se lo usa.
Quién se compra un auto eléctrico debe saber que es indispensable tener un cargador propio o accesible a mano. Si se tiene el punto de carga en casa o el trabajo, durante las 8 horas de descanso nocturno o las mismas 8 horas de trabajo diurno, se puede cargar perfectamente. La ventaja está también en el precio del kWh, que en un domicilio es entre dos y tres veces más caro que lo que se paga en un cargador público de un centro comercial o una estación de servicio.

El otro cambio de mentalidad que se debe adoptar en un auto eléctrico es la programación del uso. La autonomía es limitada, en general no supera los 400 kilómetros salvo en los modelos de alta gama que tienen enormes baterías y los vehículos superan los USD 70.000 de precio.
Entonces, si se va a hacer un recorrido que se exceda de 300 kilómetros, el auto eléctrico tiene una limitante clara en el tiempo que demandará hacer ese trayecto. Porque aún si existiera el cargador público al acercarse a esa distancia, hay que conocer antes de llegar con qué potencia funciona para poder calcular el tiempo que demandará completar al menos el 80% de la batería.
Y aquí vuelve a ser importante saber que una batería no se carga a la potencia nominal del cargador hasta el 100%, ya que a partir del 80% o el 90% en el mejor de los casos, la velocidad de carga se reduce considerablemente para proteger el sistema, con lo cual, si se demoró 40 minutos en llegar al 80% es probable que completar el 100% demande otros 40 minutos adicionales.
Entonces, al hacer la previsión del tiempo de un viaje, hay que calcular que la batería no tendrá una autonomía de 300 km en el segundo tramo, sino probablemente de algo más de 220 kilómetros, porque tras esa primera parada, no se cargará al 100 por ciento.
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ECONOMIA
El agro que viene no se parece al que imaginamos

Durante muchos años, incluso décadas, el imaginario cultural sobre lo que era el campo permanecía inalterable. No hacía falta actualizar manuales escolares, ni siquiera era preciso trabajar sobre el impacto real que esta actividad tiene en nuestro día a día. Sin embargo, en poco tiempo, esa idea evolucionó, se complejizó y ganó en productividad, preparándose para un futuro en el que será una actividad cada vez más esencial.
Hoy el campo combina ciencia, tecnología, datos, conocimiento y sustentabilidad. Entonces, si queremos pensar en este futuro para nuestro país, es necesario contarles a las nuevas generaciones de qué se trata el campo en la actualidad, porque el abanico de oportunidades laborales es cada vez más amplio, y el impacto que tiene en el desarrollo económico de la Nación también.
Las grandes extensiones de tierra le dan paso a la siembra programada; la maquinaria pesada hoy goza de tecnología aplicada para hacer más productivo el proceso del cultivo; las semillas tienen una fortaleza mucho mayor, y los resultados se ven en la mesa de todos los argentinos.
Hoy el campo combina ciencia, tecnología, datos, conocimiento y sustentabilidad
Queda claro que el agro cambió. Por eso, el desafío actual es como profesionales, y como industria, estar a la altura de lo que esta actividad nos demanda. De ser exitosos no solo tendremos mejores opciones de cultivos: también habrá resultados económicos muy favorables para el país.
Hoy producir alimentos implica tomar decisiones cada vez más sofisticadas. Conocer el suelo, interpretar el clima, anticipar la aparición de malezas y enfermedades, seleccionar la genética adecuada para cada ambiente, administrar recursos y utilizar información para decidir cuándo y cómo intervenir. La tecnología, la biotecnología, la inteligencia artificial y las herramientas digitales son una parte vital de este proceso.
¿Cómo podemos resumirlo? El campo es la tierra, su gente, los cultivos y el ganado, y también ahora un laboratorio de innovación.
Pensar hoy mirando al mañana
Hablar sobre el futuro de la agricultura nos obliga a preguntarnos cómo vamos a producir, con qué conocimiento y quiénes tendrán las capacidades necesarias para hacerlo.
Es una conversación que no se puede postergar, porque el desafío es enorme. Según la FAO, el mundo necesitará producir cerca de un 70% más de alimentos hacia 2050. En un contexto de crecimiento poblacional, cambio climático, presión sobre los recursos naturales y necesidad de mejorar la eficiencia productiva, la agricultura tendrá que hacer mucho más con los recursos disponibles.
Producir alimentos implica tomar decisiones cada vez más sofisticadas
Eso obliga a pensar en una agricultura cada vez más inteligente: con tecnología aplicada adecuadamente, convirtiendo los datos en información y en una estrategia que empieza en la semilla y termina alimentando a los argentinos (y, por qué no, a gran parte del mundo).
El manejo temprano de malezas, enfermedades y plagas, la elección de semillas adaptadas a cada ambiente, el monitoreo de los cultivos y la planificación de aplicaciones son ejemplos de cómo las buenas prácticas agrícolas pueden apoyarse en nuevas tecnologías para mejorar la productividad y, al mismo tiempo, cuidar los recursos.
Esta mirada integral estuvo muy presente en el último Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), donde distintas soluciones tecnológicas fueron planteadas como herramientas estratégicas que combinan genética, protección de cultivos, digitalización y conocimiento agronómico.
Ellos y ellas, la clave
En este nuevo campo, el talento también evoluciona. Nacen oportunidades de la mano de la tecnología aplicada a la industria: biotecnólogos, agrónomos, analistas de datos, programadores, ingenieros industriales, expertos en sustentabilidad y hasta especialistas en inteligencia artificial. Todos son hoy necesarios, y juntos construyen una flamante e innovadora manera de trabajar.
Por eso, acercar a los jóvenes a esta actividad se vuelve esencial para cuidar una de las industrias que será cada día más importante para el desarrollo del país, pero también para resguardar uno de los recursos más necesarios para todas las personas: el alimento.
Si queremos una agricultura capaz de responder a los desafíos que vienen, necesitamos personas dispuestas a aprender, investigar, innovar y tomar decisiones con una mirada de largo plazo. El agro argentino tiene una enorme capacidad para hacerlo. Tiene conocimiento, experiencia, recursos naturales, emprendedores y una cadena de valor con fuerte presencia internacional.
Ahora también necesita construir un puente con las nuevas generaciones.
El autor es gerente senior de Marketing para Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia de BASF
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ECONOMIA
La morosidad de las familias llegó al 12,9% y los menores de 35 años concentran la mayor cantidad de deudores



ARCA,deuda impositiva,morosidad empresarial
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