Del ajuste del gasto a la recaudación
Los supuestos que sostienen la cuenta
El rebote que todavía no aparece
- La pesca, con una expansión de 44,7%
- La minería y las canteras, con 16,4%
- El agro, con 6,9%

El vino argentino sigue atravesando un período de caída de consumo en el mercado interno que parece no tener fin. Según estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el dato que resume la magnitud del fenómeno es el del consumo per cápita. Tras un 2025 marcado por un récord histórico negativo, el 2026 continúa mostrando una tendencia a la baja.
Para entender este fenómeno, resulta interesante primero repasar lo ocurrido en el pasado inmediato. En 2025 los argentinos tomaron 16,1 litros de vino por habitante, la cifra más baja de toda la serie histórica. Ese registro profundiza una caída que viene de arrastre desde hace varias décadas. Sin ir más lejos, en apenas veinte años, el promedio se redujo a poco más de la mitad.
Lo que más preocupa a la industria es que el arranque de 2026 no muestra señales de que esa tendencia se revierta. El acumulado de los primeros cinco meses del año arrojó un consumo de 6,07 litros per cápita, contra los 6,11 litros en el mismo período de 2025.
Es un dato que debe leerse con cuidado: la comparación corresponde al acumulado enero-mayo de ambos años y no debe confundirse con el consumo total del año pasado completo, que fue el de 16,1 litros mencionado anteriormente. Son magnitudes de distinta naturaleza, ya que una corresponde a cinco meses y la otra a los doce del año. Pero sí queda claro que, mes a mes, el ritmo de consumo viene por debajo del de 2025, que a su vez ya había sido un año de mínimos históricos.

Al observar el detalle mensual del INV se advierte que la comparación no fue pareja a lo largo del cuatrimestre. Enero y marzo de este año mostraron un consumo per cápita levemente superior al de igual mes de 2025, mientras que febrero, abril y -sobre todo- mayo marcaron retrocesos más marcados.
En el quinto mes del año, el consumo per cápita fue de 1,22 litros por habitante, frente a los 1,30 litros del mismo mes del año pasado, una baja de 5,6 por ciento. Ese resultado terminó de inclinar el acumulado a la baja y explica buena parte de la diferencia entre los primeros cinco primeros meses de ambos años.
El comportamiento del consumo per cápita está directamente asociado a la evolución del mercado interno, que también mostró un año arranque flojo. En mayo de 2026 se comercializaron 568.853 hectolitros en todo el país, un volumen 5,5% menor al de igual mes de 2025. Ese resultado también implicó una caída de 2,2% respecto de abril de este año, lo que muestra que la demanda no logró sostener el repunte que había mostrado en marzo.
En el acumulado de los cinco meses, el mercado interno totalizó 2.821.143 hectolitros, una baja de 0,4% frente a igual período de 2025. Se trata de una diferencia más acotada que la registrada en el mes de mayo aislado, lo que indica que hubo meses del cuatrimestre previo con mejor desempeño relativo, como marzo, que había crecido 8,8% interanual.
Detrás de esos números agregados también se observan corrimientos en el tipo de vino que eligen los consumidores. En el acumulado a mayo, los vinos sin mención varietal crecieron 12,8% frente a 2025, mientras que los varietales cayeron 26,3% en el mismo período.

Los vinos blancos, por su parte, aumentaron 4,9% en lo que va del año, en contraste con los vinos de color, que retrocedieron 2,1%. Ese desplazamiento hacia productos de menor valor relativo convive con la caída general del volumen comercializado y forma parte del mismo proceso de ajuste que atraviesa el consumo interno.
En cuanto a los envases, la tendencia también se sostuvo: el tetra brik creció 7,7% en el acumulado a mayo y ya representa más de un tercio de las ventas totales, mientras que la botella, que sigue siendo el formato mayoritario, retrocedió 3,8% en el mismo lapso. Entre ambos envases concentran más del 97% de lo que se despacha en el mercado interno, por lo que cualquier variación en sus proporciones termina definiendo el comportamiento general de las ventas de vino en el país.
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El presidente Javier Milei negó hoy que la economía argentina se encamine a una recesión y sostuvo que el menor dinamismo responde a una etapa de cambios en la estructura productiva. “Lo que hay es una desaceleración del ritmo de expansión”, afirmó al ser consultado por la caída mensual de 2,9 % que registró la actividad en julio.
Milei cuestionó la lectura de los datos desestacionalizados y argumentó que las transformaciones que atraviesa la economía reducen la precisión de esas mediciones. “Cuando usted construye un indicador desestacionalizado, se arma en función de la historia. Si su economía está teniendo muchos cambios estructurales, los desestacionalizados miden mal”, sostuvo. Según planteó, el Gobierno sigue especialmente el indicador de tendencia-ciclo porque considera que permite observar mejor la evolución general de la actividad.
El mandatario afirmó que durante su gestión hubo crecimiento del producto, aseguró que su gobierno completará cuatro años de expansión económica y destacó los registros de consumo, exportaciones y PBI per cápita. “Estamos en niveles máximos de PBI y de PBI per cápita, máximos de consumo privado y máximos de exportaciones”, sostuvo. Ante el planteo sobre el estancamiento de algunos rubros del consumo masivo, respondió que existe un cambio en las modalidades de compra: “El consumo está en máximo histórico. Lo que está cambiando es la modalidad de consumo”.
En ese sentido, mencionó a las plataformas de comercio electrónico y las compras en el exterior como parte de ese cambio. “Mire los balances de Mercado Libre y se va a dar cuenta”, dijo. También relató una conversación sobre las dificultades de ventas de comercios de indumentaria: “Le preguntaron a una chica dónde compraba y respondió: ‘En Temu’. Listo, se acabó la discusión”.
Milei defendió la apertura comercial y la desregulación como instrumentos para reasignar recursos hacia actividades más competitivas. “La economía está cambiando, está reasignando recursos y hay una parte de la economía que se queda atrás”, afirmó. Para ejemplificar su postura, comparó esa situación con la eventual quiebra de una fábrica de televisores en blanco y negro y sostuvo que no tendría sentido mantenerla con barreras comerciales o emisión monetaria.
El Presidente argumentó que las restricciones a las importaciones perjudican a los consumidores porque limitan su capacidad de elegir y encarecen los precios. “Si yo me quiero comprar otra marca, es un problema mío qué marca me quiero comprar”, afirmó al recordar el caso de los neumáticos. “Si además esa situación hace que usted tenga que pagarlo cuatro o cinco veces más caro, lo están robando”, agregó, antes de cuestionar la protección a determinados sectores como un beneficio otorgado por la política.
Sobre la desocupación, Milei relativizó el incremento y aseguró que el nivel actual no se aleja de los registros de 2023. “No son números sustancialmente distintos a los que teníamos durante 2023”, sostuvo. Además, señaló que el promedio histórico de desempleo en la Argentina es de 9,8 % y atribuyó parte del fenómeno a una mayor cantidad de personas que busca empleo.
El jefe de Estado también defendió la creación de puestos de trabajo, incluidos los informales, y rechazó la caracterización de “uberización” para describir los cambios laborales. “Trabajo es trabajo”, respondió. “El Uber alguien lo tiene que tomar. Si alguien lo está usando es porque lo puede pagar y porque entonces hay otro empleo en otro lado; hay demanda para ese empleo”, afirmó.
Durante la entrevista, Milei vinculó la falta de inversiones y de nuevas contrataciones formales con el escenario electoral. “Cuando usted va a hacer una contratación, es una decisión de largo plazo. Hay un montón de inversiones que están esperando”, dijo. Y agregó: “Usted no se va a jugar a formalizar y terminar de materializar ciertas inversiones si del otro lado viene Drácula, Frankenstein y todo el tren fantasma”.
Por otro lado, sostuvo que el Gobierno tiene cubiertas sus necesidades de financiamiento hasta fines del año próximo y defendió la estrategia para contener la demanda de dólares. “La probabilidad de default que el mercado le asigna a este gobierno es cero, literalmente”, aseguró. También enumeró la acumulación de reservas, los swaps con Estados Unidos y China y las posiciones en el mercado de futuros como parte de las herramientas oficiales frente a la volatilidad cambiaria.
Noticia en desarrollo.

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