POLITICA
Viaje al corazón de una fiesta inolvidable

La Argentina vive en un estado de festividad continuada desde que la selección nacional ganó el Mundial 2022 en Qatar, un clima que escaló el miércoles y que volverá a expresarse en las calles hoy y mañana, más allá del resultado de esta tarde en la final. Se trata del festejo popular más masivo y transversal que pueda experimentar el país, un ritual que representa la alegría desbordante por los logros deportivos, pero también una celebración que cataliza sufrimientos y frustraciones. Un regreso a una primitiva sensación de comunidad, donde todas las diferencias se diluyen por compartir una emoción desbordante. Demasiado simple; demasiado profundo.
En este escenario hay dos protagonistas: el equipo y la gente, enlazados por una conexión pasional que sólo fenómenos muy extraordinarios pueden lograr. No hay lugar en el medio para ningún tipo de intermediación institucional o política. Ni el Estado está invitado a esa fiesta interminable, a pesar de ser, supuestamente, el representante más legítimo de la voluntad popular.
Hay una secuencia que exhibe con nitidez cómo fue mutando ese juego de roles entre la selección, el Estado y la sociedad. Cuando la Argentina ganó el Mundial de 1986, Diego Maradona fue a ofrendarle la copa a Raúl Alfonsín a la Casa Rosada. Después el líder radical le cedió el balcón al equipo para que festejara con la gente y él se corrió. Hubo un reconocimiento a lo que representaba para la democracia la figura de Alfonsín. Todavía la institucionalidad tenía un valor.
En 2022 los papeles habían cambiado tan bruscamente que la masa de gente que salió a las calles desplazó por completo al Estado, con el guiño de un equipo que quería mantenerse al margen de la utilización política que le proponía el gobierno de Alberto Fernández. Fue el día del regreso de la delegación y de los tironeos para decidir si iban o no a la Casa Rosada. Finalmente no hubo foto política, sólo las imágenes inolvidables de la multitud y la selección.
Nunca antes se había producido una escena de desprecio popular tan manifiesto como elegante contra el poder institucional. No era una revolución, una protesta masiva ni un piquete; era una señal de deslegitimación, de vacío, de desdén. El sociólogo Pablo Seman escribió entonces, junto con Ulises Ferro: “La relación entre sociedad y estado cambió; no estamos en 1986. La política no pudo ofrecernos siquiera la fantasía de un lugar común”. Ese lugar fue ocupado una sociedad autónoma, que construye su propia narrativa, y a la que “las dirigencias invalidadas quieren ejercer un punguismo simbólico”.
Quizás por eso, intuitivo, esta vez Javier Milei directamente ofreció de antemano desalojar la Casa Rosada para que los jugadores puedan salir al balcón a celebrar su gesta. Simbólicamente es una imagen muy fuerte: el Estado se retira de su oficina central al asumir que en estas circunstancias puede enturbiar la fiesta. Es una señal de saludable pragmatismo; también una admisión implícita de que las nociones de felicidad popular y política ya son incompatibles.
Fútbol 1, Política 0
Cuando se iniciaba el Mundial Jorge Giacobbe hizo una encuesta reveladora sobre la selección y sus implicancias políticas. Los resultados fueron muy nítidos: el 85,5% dijo que no habría beneficios para Milei si la Argentina salía campeón y el 93,4% respondió que de “ninguna manera” un triunfo del equipo de Lionel Scaloni cambiaría su voto.
Incluso hubo una pregunta más honda que también generó rechazo: “¿Creés que los argentinos deberíamos aprovechar el Mundial para estar más unidos políticamente?”. El 71,5% dijo “no, el Mundial no tiene nada que ver con la política”. La sociedad distingue muy claramente las pasiones y las elecciones, para desterrar aquella vieja creencia de que un gobierno se favorece o se perjudica con un resultado deportivo. Alfonsín y Alberto Fernández pudieron verificarlo; ambos perdieron al año siguiente de la obtención de la copa.
En el trabajo hay una pregunta bisagra porque actúa como un indicador del ánimo social más profundo. Un 44,2% dijo que si pudiera elegir una opción para los próximos cuatro años prefería que la Argentina vuelva a ganar el Mundial a que la economía mejore, contra un 48,8% que dijo que prefería que la economía mejore, aunque a la selección le fuera mal. Es cierto, ganó la opción más racional, pero casi en situación de paridad con una expresión de nihilismo pasional de gente que expresa algo así como “dame un instante de felicidad total y después vemos”. Dice mucho de esa irracionalidad adictiva que se mueve alrededor de la pelota. De hecho, el 71,5% de los encuestados dijo antes de iniciarse el Mundial que la Argentina volvería a ser campeón. ¿Ilusión, cábala, fetichismo, convicción?
Los principales jugadores de la selección gozan de una popularidad que jamás un político, un empresario, un gremialista o un periodista podría igualar. Julián Álvarez araña el 93,2% de imagen positiva, Scaloni el 92,3%, Emiliano Martínez el 92,2% y Messi el 90,9%. Cualquiera de los dirigentes que hoy debe esforzarse por superar el 30% de aceptación debe mirar esos índices con envidia.
La selección también ha sido muy hábil para apartarse del universo político. Puede haber especulación, pero también mucho de intuición. Esos muchachos saben interpretar el sentir de una sociedad que conocen desde adentro. De hecho el episodio con la bandera de Malvinas después del partido con Inglaterra se transformó en la primera expresión pública desde que se inició la era Scaloni, a pesar de que durante años han recibido propuestas para distinto tipo de causas.
El sociólogo Pablo Alabarces, que hace años estudia el fútbol como fenómeno popular, subraya que la frase de Messi de esta semana sobre la gente que no llega a fin de mes, es la tercera vez en su historial en la que hizo referencia a una cuestión política. Las dos anteriores fueron en 2020, primero con un periodista catalán, cuando se limitó a decir que no entendía mucho de política, aunque intentaba leer sobre el tema; y otra a la revista Garganta Poderosa, en la que señaló que debería haber menos desigualdad social. Ninguna de las tres es una declaración de alguien que quiera sentar posición, más bien son señalamientos éticos.
Sin embargo, tanto la bandera de Malvinas como la frase de Messi sacudieron la prescindente comodidad del Gobierno. El conflicto por la soberanía de las islas es un tema espinoso para el discurso libertario, porque tuvo muchas ambigüedades sobre la relación con Gran Bretaña. Y la cuestión social marcada por Messi también forzó al Gobierno a mensajes contradictorios durante la semana, que terminaron con un comunicado oficial.
Fabian Marelli
Milei siente una genuina admiración por el ídolo, que expresó muchas veces en público. Nadie dio cuenta de que haya habido un diálogo personal entre ellos, pero en el Gobierno aseguran que en los últimos días fue el propio Presidente quien se puso en contacto “con el plantel, no con la AFA”, para coordinar la logística de los próximos días. ¿Habrá hablado directamente con Messi? Hasta ahora, el único nexo reconocido entre el Gobierno y la AFA había sido Martín Menem, especialmente por el operativo de repatriación del gendarme Nahuel Gallo. Ahora se sumó también Diego Santilli y en particular su viceministro Gustavo Coria, quien tiene una larga relación con Claudio Tapia a través de su rol en la Ceamse.
La indicación que les bajó Milei a sus funcionarios fue hacer todo lo necesario para cumplir con los deseos de la selección y evitar cualquier gesto de politización. Nadie entiende mejor que Milei lo que es correrse de las conductas de la casta.
Hubo una reunión el viernes y hoy habrá otra para terminar de ajustar detalles del operativo festejo entre los equipos de seguridad de y de la ciudad (con la provincia sólo hubo comunicaciones de la ministra Alejandra Monteoliva con su par bonaerense Javier Alonso). Los dos problemas más importantes hasta ahora fueron la tradición supersticiosa del plantel, que no quiere hablar del después hasta que termine el partido, y el enfrentamiento del Gobierno con la AFA, que impide un diálogo directo.
Quienes conversaron en estos días con Tapia lo notaron revitalizado y desafiante. Vive el Mundial como una suerte de revancha. “Está exultante porque siente que la sigue peleando a pesar de todo, con un plantel que no había llegado al 100% y que va a jugar el octavo partido, que era su objetivo; y arrastrando una presión judicial muy fuerte”, graficó uno de sus interlocutores. Por eso durante su estadía en Estados Unidos refrendó su alianza con el equipo. Está convencido de que el empresario Guillermo Toffoni, uno de los denunciantes de la AFA, conformó un triángulo con Milei y Santiago Caputo para desbancarlo y llevarlo a prisión. Para él, el éxito en el Mundial, sin importar el resultado de hoy, es la mejor protección que podría obtener.
Fútbol 1, Sociedad 2
Pero más allá de la despolitización del vínculo entre la selección y la gente, emerge una dimensión mucho más profunda de la fiesta del fútbol. Un reflejo de una nueva sociología, una noción renovada de nacionalismo; una nueva argentinidad, que se define a partir de la pasión como el principal rasgo identitario. Ser argentino hoy es ser intenso, desbordante, emocional, caótico, capaz de hacer cualquier cosa con tal de demostrar que puede sentir como nadie. Hace juego con la época, la era del caos que retrata Giuliano da Empoli.
También es el regocijo de la transgresión. Si hubo un vaso comunicante entre la gesta maradoniana de 1986 y la del último miércoles no sólo fue la victoria frente a los ingleses, sino también el orgullo de la infracción. Hace 40 años fue la mano del primer gol; ahora, la violación de la regla que impedía apelar a mensajes políticos en el campo de juego. Hay una satisfacción por demostrar superioridad futbolística, pero también la jactancia de la contravención.
En este sentido es muy interesante un apartado del trabajo de Giacobbe que primero pregunta por el mejor jugador de la historia. La respuesta favorece a Messi con el 73% contra el 22,8% de Diego Maradona. Pero después consulta: “En cuanto a nuestros valores y forma de ser, ¿a quién nos parecemos más los argentinos?”, y ahí el 57,4% eligió a Maradona y el 39,4% a Messi. Por eso la idolatría y la locura que genera Messi es respondida socialmente con un comportamiento maradoniano, cargado de transgresión, excesos y provocaciones.
Alabarces destaca algunas novedades en estas nuevas expresiones populares en torno del fútbol, en comparación con los festejos de los 80 o los 90. Una de ellas es que nadie parece querer quedarse afuera. Así como Jorge Luis Borges dio una conferencia en 1978 a la misma hora en que se inauguraba el Mundial, o Beatriz Sarlo militaba en contra del cierre de los museos durante los partidos, hoy no hay referentes sociales que se jacten de la prescindencia.
Pero hay otro fenómeno más reciente que es el protagonismo que adquirieron las mujeres y los jóvenes, las primeras porque estaban más alejadas del fútbol y las movilizaciones, y los segundos porque no tenían el papel preponderante que asumieron ahora. Hoy son parte vital de la escenografía popular.
Según un estudio del consultor Fernando Moiguer, el segmento joven es el que más encarna esa nueva argentinidad. El 80% dice estar “muy orgulloso del país que tenemos” (contra un 60% en la población total) y el 71% dice que prefiere vivir acá antes que en cualquier otro país del mundo (contra el 54% general).
“Hay un nuevo fervor por lo argentino. En los 90 la Argentina era todo lo malo; todo lo lindo estaba afuera. Ahora eso cambió, especialmente por los jóvenes, ya que el adulto se identifica más con la protesta, la lógica del tachero. Pero ese fervor joven no es un amor por el himno, por Aurora y la escarapela. Es un amor por el mate, el Fernet, la amistad, la juntada. Es la gente y esa capacidad hermosa de ritualizar cualquier cosa y de buscar exportarla con orgullo”. Y fundamentalmente la pasión, la desbordante pulsión por sentirse único en su fanatismo y reclamarle al mundo que los reconozcan por esa entrega inigualable.
Alabarces añade una dimensión más al análisis, que es trascendente. “Otro de los cambios más notorios es el que tiene que ver con la relación entre el fútbol y la patria, las narrativas de la nación. Tradicionalmente, el relato nacional era un relato del Estado, y el fútbol era un complemento. Eso se modificó con la aparición de Maradona, que alteró el eje y de una manera figurada pasó a decir ‘la patria soy yo’. Era una patria popular y plebeya. Y la selección actual vuelve a cambiar un poco, porque Messi es un muchacho de clase media, parte de un equipo en el que son amigos entre ellos, y que no tiene la carga de la posdictadura ni el estigma de Villa Fiorito que arrastraba Maradona”.
Pero lo que es fundamental en todo este recorrido es que esos virajes fueron validados por una sociedad que entendió que era parte fundamental de esa narrativa renovada, que retrata una patria gozosa, unida y compartida. Una utopía efímera como un Mundial, pero tan profunda como para transformarse en un rasgo de una nueva identidad en gestación.
La Argentina cambio mucho su composición social en las últimas décadas. Pero al mismo tiempo, también está mutando su esencia, lo que significa el ser argentino. Esa comunidad en transformación hoy volverá a lanzarse a las calles para repetir el ritual, más allá del resultado. Se merece lo mejor.
Jorge Liotti,Conforme a
POLITICA
Las elecciones en EE.UU. y la visita del Papa alteran la agenda del oficialismo en el Congreso: se posterga el debate del Presupuesto y las PASO

El viaje de legisladores argentinos a Estados Unidos y la visita del papa León XIV a la Argentina modificarán el ritmo de actividad del Congreso durante los próximos días. Mientras diputados de La Libertad Avanza, el peronismo, la UCR y el PRO participan como veedores del proceso electoral estadounidense, el Parlamento también se prepara para recibir al sumo pontífice en el Palacio Libertad y organizar actividades en Luján y Córdoba.
En paralelo, las autoridades de La Libertad Avanza ya definieron las fechas del 18 y el 25 de noviembre para convocar a sesiones especiales en la Cámara de Diputados. La agenda legislativa, sin embargo, tendrá varios debates pendientes y reuniones de comisión que, en su mayoría, serán de carácter informativo.
Los debates que podrían postergarse
Uno de los legisladores que viajó a Estados Unidos es Bertie Benegas Lynch, presidente de la comisión de Presupuesto y Hacienda. Su ausencia coincide con la etapa de preparación de uno de los principales proyectos del oficialismo: el Presupuesto 2027.
Otro de los temas centrales para la Casa Rosada es la reforma política, que incluye la discusión sobre el futuro de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO).
En ese contexto, entre los proyectos que podrían postergar su tratamiento figuran el Presupuesto 2027 —si se alcanzan los acuerdos necesarios para reunir las firmas de los dictámenes—, los cambios a la Ley de Biocombustibles y la iniciativa de Defensa de la Soberanía en Malvinas, entre otros.
Aunque hay varias reuniones de comisión programadas para esta semana en ambas cámaras, la mayoría serán informativas. Es decir, contarán con invitados y exposiciones, pero no tendrán como objetivo avanzar con dictámenes.
La delegación invitada por AmCham
La Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham) invitó a diez diputados nacionales, en su mayoría integrantes del oficialismo. Entre ellos se encuentran los libertarios Nicolás Mayoraz, Gabriel Bornoroni, Santiago Santurio y Bertie Benegas Lynch; la radical de Adelante Buenos Aires Karina Banfi; y los peronistas del Frente Renovador Sebastián Galmarini y Sabrina Selva.
Las invitaciones también alcanzaron a funcionarios del Gobierno nacional: Eduardo “Lule” Menem, subsecretario de Gestión Institucional de la Presidencia; Ignacio de la Riva, subsecretario de Asuntos Legales y Técnicos; e Ignacio Devitt, vicejefe de Gabinete y uno de los funcionarios involucrados en la construcción de mayorías en el Congreso.
La Fundación Diálogo Argentino Americano invitó a varios diputados nacionales, entre ellos tres integrantes de la UCR: la presidenta del bloque, Pamela Verasay; Lisandro Nieri; y el correntino Diógenes González.
POLITICA
Lulismo vs. trumpismo: la guerra entre los ejércitos de Milei y los de Massa

El medio es el mensaje, sobre todo cuando el mensaje no está claro: Sergio Massa sueña con reproducir la remontada de Lula con ejército digital propio, una especie de acelerador electoral del “frente anti-Milei” que diseña para 2027. Al modelo peronista-kirchnerista-massista le está costando dar con una versión futura creíble que disipe el peso de la mochila después de cuatro mandatos y el legado de daños profundos a la economía. Surge un atajo al alcance de la mano: si no hay modelo potable, es decir, mensaje, entonces hay que buscarle la vuelta enfocándose en el medio. Ahora, la expectativa se pone en el aparato electoral. De los clásicos punteros a los punteros de la calle digital. El modelo es la remontada electoral de Lula de la mano de su “general” virtual, André Janones, que aterrizó en Buenos Aires y este lunes se reunió durante dos horas con Sergio Massa y, luego, con Cristina Kirchner.
Pero las lecciones lulistas para Massa no se terminan ahí. El contacto de Massa con los estrategas que asesoran a Lula nació en 2023 y, en realidad, nunca se cortó. Es habitual que dirigentes clave del Frente Renovador tengan “capacitaciones” virtuales con Esther Solano, española experta en opinión pública, que trabaja para “el campo progresista”, según sus palabras, y también aportó su mirada en 2023. Solano vive en Brasil y da clases en la Universidad Federal de San Pablo. Es Doctora en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y autora de El odio como política. La invención de las derechas en Brasil, publicado en 2018. Viene estudiando la irrupción del bolsonarismo desde 2013. Ayer por la mañana, poco antes del encuentro Massa-Janones, se llevó a cabo otra de las capacitaciones de Solano.
El tema fue el segundo tramo de la campaña electoral de Lula, la que lo llevó a la remontada. “Solemos tener zooms de trabajo con Solano, pero esta vez fue todo Lula, la segunda parte de la campaña, la digital y la remontada”, confirma un massista que estuvo en el Zoom.
Surgen una pregunta: ¿alcanza con inundar la estrategia electoral con una técnica de campaña para suplir la falta de un mensaje convincente? El problema del modelo kirchnerista sigue vigente.
“Miedo a Milei”
El “miedo a Milei”, como Janones machacando el “miedo a Bolsonaro” en las redes brasileñas, despunta como la ficha por la que se jugará Massa, o el kirchnerismo en general si el líder del Frente Renovador cierra su alianza con Cristina Kirchner y desplazan a Axel Kicillof del centro de la propuesta electoral 2027.
A falta de modelo claro, un mensaje simple basado en los puntos negativos del modelo de identidad más precisa y dominante por el momento, es decir, el modelo mileísta. Eso, y la vocación de copiar la estrategia que a Lula tanto le acaba de rendir.
Una visión indulgente del massismo ve a Massa como la esperanza de los mercados, pero con sintonía en el llamado “campo popular”. Pero esa identidad tiene problemas. Por un lado, porque la figura de Massa despierta desconfianza en la opinión pública. Puede ganar una primera vuelta, como en 2023, pero es probable que le siga costando sumar más votos en un balotaje: como Cristina Kirchner, el techo está demasiado cerca y fijo. Lo que no pudo hacer Massa fue la remontada que se le dio a Lula este año.
En 2023, la ayuda de Lula para asegurar el balotaje no le alcanzó. Después del triunfo massista en octubre, Massa contó con Lula para su estrategia. Le pidió ayuda a través de Celso Amorim, asesor de Lula en temas internacionales, que envió a Buenos Aires a Alexandre Pupo Quintino.
Por otro lado, porque el Massa de los mercados también genera desconfianza: es más bien el Massa de los mercados regulados dispuesto a intervenir directamente en la macro para crear ventajas estructurales en beneficio de sectores que se vienen apoltronado en la falta de competitividad. Una historia que los votantes resistieron en 2023.
¿Milei y los obstáculos que no logra resolver todavía, o que su misma gestión crea, estarán logran la proeza de licuar el recuerdo de esos dolores? Esa pregunta está abierta, y el massismo a lo Janones apuesta a clavar el puñal en esa herida posible. El “miedo a Milei” es lo mejor que puede hacer la oposición dura ante una falta de propuesta económica con potencial.
Jabones y la “rachadinha”
Todo dependerá de cómo llega la economía mileísta en los tramos clave de la campaña 2027: el triunfo de Lula da esperanzas a la oposición dura, pero puede pecar de demasiado anticipada. También, depende de la credibilidad de los estrategas.
El triunfo de Lula le dio visibilidad global a la figura de Janones. En la Argentina, el kirchnerismo lo abrazó como al joven militante capaz de leer los designios de las redes y aprovecharlas en beneficio de la utopía progresista. En política, las cosas no son tan transparentes, nunca. Por un lado, Jabones no es tan joven, tiene 42 años, ni tan prístino. El que levantó la voz de alerta fue el periodista estadounidense Glenn Greenwold en X, una figura llena de matices, con aciertos y polémicas que obligan a la prudencia entre comentaristas brasileños. Se le reconoce su rol clave en dos filtraciones periodísticas, la publicación de los documentos secretos divulgados por Edward Snowden y el Vaza Jato, cuando filtró los mensajes de Telegram del juez Sergio Moro en The Intercept, que pusieron en evidencia una coordinación indebida en la investigación judicial de la corrupción de Lula.
En X, Greenwald recordó la investigación judicial contra Janones de hace tan sólo dos años. En 2023, Janones, mientras era diputado, fue acusado por la justicia brasileña de desvío indebido de dinero: es decir, Janones obligó a sus colaboradores en el Congreso a entregarle parte de su sueldo. No era sólo para gasto de campaña sino también para gastos personales. En Brasil se lo llama “rachadinha”, un delito por el que Flávio Bolsonaro fue imputado en 2013, un precursor en ese tipo de esquemas. Las vueltas de la vida.
Janone evitó la condena penal después de reconocer formalmente los hechos y pagar una compensación económica. “Y esto no parece molestar a nadie de la izquierda brasileña”, se indignaba Greenwold en X.
El antecedente es un riesgo para Massa y su imagen pública, siempre sujeta a cuestionamiento. Para Milei, quizás sea una oportunidad: un Janones poco efectivo en el caso argentino le jugaría a favor.
Milei se ha mostrado más efectivo que Lula y sus estrategas. En realidad, lo de Lula y Janones, alguien ya lo hizo. Fue en 2023 y fue Milei: “Cristina y gran parte de la clase política no pueden superar que Milei, la hermana y diez gordos tuiteros le ganaron las elecciones del 2023”, dijo. Pero no fue sólo eso, y ahí hay una diferencia central con el kirchnerismo en su esperanza por concretar un calco perfecto de la remontada de Lula. En la elección de 2023, Milei representaba un modelo económico claro y una promesa impoluta, sin pasado.
A diferencia de Lula cuyo legado, sobre todo el que nació en 2000, tiene logros macroeconómicos duraderos, a pesar de los desafíos actuales, el pasado del kirchnerismo, más que legado, es mochila. También es una alerta para Milei: en 2027, Milei ya no es el “outsider” sin pasado ni legado. Quizás ya no alcancen los tres gordos tuiteros de Las Fuerzas del Cielo, que cada vez son menos y con menos energía.
Lula a Trump, de CFK a Milei
Lula también está en la cabeza de Cristina Kirchner: la expresidente sueña con ser Lula, el expresidente que termina preso, recupera su libertad, retoma sus derechos políticos y vuelve a ser elegido Presidente, dos veces. Pero su pesadilla es más palpable: está más cerca del espejo de Jair Bolsonaro, con prisión domiciliaria y sin chances de volver a la vida política. La gestión de su abogado brasileño, Rafael Valim, y el español Javier Borrego, ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU para que pueda ser candidata no daría frutos en el corto plazo, y posiblemente, tampoco en 2027.
“Fue a pedido de Lula”, dice otra fuente confiable con lazos en el kirchnerismo. Según esa versión, Janones llegó a la Argentina por encargo de Lula, que le habría encargado dos encuentros: uno, con Massa y el otro, con Cristina Kirchner. Esa lectura hace pensar en una coordinación entre los tres dirigentes, Lula, Massa y Cristina Kirchner, reordenando la estrategia electoral y el escenario político-ideológico para el futuro. Desde su prisión domiciliaria, todavía conservaría influencia, a pesar de todo.
¿A Kicillof le conviene o no quedar fuera de ese juego? Hay interpretaciones encontradas. La lectura positiva lo coloca como el candidato popular con mayor autonomía de las estructuras kirchneristas y su imagen en caída, algo que la ciudadanía podría premiar. La lectura negativa ve una incipiente condena al ostracismo político. En la asunción, Lula imagina la presencia tanto de Massa como de Kicillof y Alberto Fernández, pero en las efectividades de construcción de poder no queda claro el lugar reservado para Kicillof.
¿Ahora es Lula el gran elector, y no tanto Cristina Kirchner? Lula, ordenando el desorden del campo kirchnerista en sentido amplio. ¿También es el ordenador de la estrategia de Milei?
A Milei, Lula también le resulta funcional: es el enemigo político perfecto contra el cual reforzar su identidad. Un sistema de reflejos invertidos: mientras Milei promete no moverse “ni un milímetro” de su visión económica centrada en la baja de la inflación y el blindaje del superávit fiscal aún en año electoral, Lula gasta en campaña más de 50.000 millones de dólares, 298,4 billones de reales, en políticas públicas que impactan directo en el creciente déficit brasileño. El monto es una estimación del Instituto Fiscal Independiente, un organismo afiliado al Senado brasileño.
El “plan platita” de Lula extiende gastos en medidas políticas que Milei desecha, justamente, como parte de su campaña: aumentos de la Bolsa Familia, algo así como la AUH brasileña, justo antes del balotaje, subsidios al transporte de pasajeros y refinanciación de los morosos. Bajo esa presión fiscal, los meses futuros de Lula pueden servirle a Milei como ratificación de que su modelo es el que vale. Y que el modelo lula-kirchnerista tiene los problemas que la Argentina ya conoce.
se reunió durante dos horas con Sergio Massa,Luciana Vázquez,Javier Milei,Sergio Massa,Lula da Silva,Conforme a
POLITICA
Tras anunciar su posible candidatura, Cristina Kirchner se reunió con los estrategas de la campaña de Lula – Nexofin

Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa mantuvieron encuentros con el diputado André Janones y los especialistas en comunicación Chico Kertész y Rafael Marroquim.
Los visitantes compartieron detalles sobre la campaña que llevó a la victoria a Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil.
Las reuniones se concretaron en San José 1111 donde la expresidenta cumple prisión domicilaria y en las oficinas del exministro de Economía ubicadas en Retiro.
Sergio Massa recibió a André Janones (creador del Ejército do Lula) y a los estrategas de la campaña a Chico Kertész y Rafael Marroquim.
Se conocen desde el 23. La reunión en las oficinas del Frente Renovador duró dos horas.
— Rosario Ayerdi (@rosarioa) November 2, 2026
Durante los encuentros evaluaron la importancia de coordinar herramientas digitales y territoriales para enfrentar al gobierno de Javier Milei.
El diputado André Janones, reconocido por armar redes de apoyo masivas, explicó el funcionamiento del denominado “Ejército de Lula”. Dicha estructura digital logró movilizar a millones de simpatizantes a través de Whatsapp durante los comicios.
Lula da Silva y Cristina Kirchner
Para sintetizar la relación entre los espacios de difusión digital y la militancia organizada, Rafael Marroquim expresó en una entrevista: “Hay que ponerle relleno a la empanada”. De esta manera, los expertos destacaron que la tecnología debe sostenerse mediante organización política real.
Los dirigentes opositores buscan articular estas experiencias internacionales para reordenar al peronismo y consolidar una alternativa electoral de cara a 2027.
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André Janones,Cristina Kirchner,Lula da Silva,Sergio Massa
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