ECONOMIA
Furor por el carry trade: cuál es el problema detrás de la maniobra predilecta de la City

Una de las incógnitas que el mercado no termina de desentrañar es qué ocurrirá con las tasas de interés en la «fase 3» del plan económico de Javier Milei. A juzgar por las reacciones iniciales del mercado, todo indica que la tónica será un mayor retorno por la tasa en pesos. Sin embargo, también hay señales del gobierno en el sentido opuesto.
Por ejemplo, Felipe Núñez, uno de los ideólogos del plan de «las tres anclas», opinó que «con la recapitalización del BCRA y el nuevo esquema cambiario, es de esperar que las tasas reales y nominales compriman fuertemente».
No es lo que se ha visto en las primeras jornadas, sobre todo porque el propio gobierno convalidó subas de tasas en la primera licitación de deuda en pesos. Al mismo tiempo, se verificó el desplome sobre la curva del dólar futuro, lo cual recrea las condiciones para un nuevo carry trade, dado que las tasas en pesos volverán a tener un atractivo incluso si tuvieran una caída nominal.
Por lo pronto, no quedó muy claro qué fue lo que celebró el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, quien al informar sobre el resultado de la licitación dijo que se trataba de «un día histórico para Argentina». Ese día, se logró un «rolleo» de 75,71% de los vencimientos por $6,6 billones. Lo que implica, mirando la parte del vaso vacía, que se inyectaron pesos al mercado $1,6 billón.
Podría interpretarse que fue una buena noticia el hecho de que nadie demandara los bonos «dólar linked», a diferencia de lo ocurrido tres semanas atrás, cuando hubo una demanda de $1 billón por esa cobertura. Pero, en realidad, esa situación era algo que se daba por descontado luego de anunciarse el final del cepo y del agotado «crawling peg».
El regreso del punto Anker
¿Fue, entonces, una buena noticia que haya quedado un 24,29% de los vencimientos sin renovar? No sería la primera vez que en el gobierno se toma esa situación como una noticia positiva, porque se lo interpreta como un aumento genuino de la demanda de dinero. Es decir, que al recuperarse la actividad económica, los bancos vuelven a transferir al sector privado recursos que antes no tenían dónde alojar y terminaba fondeando al Tesoro.
La primera vez que se expuso esa situación como un hecho positivo fue en septiembre del año pasado, cuando los funcionarios explicaron que se estaba llegando al «punto Anker» en el que la economía se remonetizaba después de haber repudiado al peso hasta hacer que la base monetaria se desplomara a menos de un 5% del PBI.
«Estamos logrando que los bancos vuelvan a trabajar de bancos», afirmaba entonces Toto Caputo. Sin embargo, no siempre se mantuvo esa actitud: cuando hace dos meses empezó a quedar en evidencia el nerviosismo del mercado por la situación cambiaria y se produjo un éxodo desde las letras del Tesoro hacia las coberturas del mercado de futuros del dólar, Caputo no dudó en dar un volantazo: concentró el menú de bonos en letras de vencimiento corto y subió las tasas de interés para que el «rolleo» estuviera cerca del 100%.
Pero claro, ya sin cepo, la renovación se torna naturalmente más complicada. «Parte de esto puede venir explicado por la caída de la demanda cautiva de los bancos que implicó la suba de los encajes efectivos a principios de abril en relación con la no renovación de las bonificaciones para la cartera PYME y el endurecimiento de las condiciones de liquidez vía cierre de pases activos«, argumentó un reporte de la consultora Outlier.
¿Inevitable un crédito más caro?
Lo cierto es que cada vez que el Tesoro deja vencer parte de la deuda se inyectan pesos a la economía. Según ha explicado el propio gobierno, esos fondos provienen de los depósitos que, gracias al superávit fiscal, había guardados en el Banco Central. Por ende, se argumenta, el incremento de la liquidez no implica una expansión de la base monetaria en su sentido amplio.
El propio Javier Milei, en su comentada entrevista de cuatro horas con Alejandro Fantino, planteó que la falta de pesos era un problema para la economía. «Si tuviéramos menos dinero del que circula hoy, ya estaríamos en una economía de trueque«, graficó el presidente, quien sostuvo que no hay otro destino para la moneda nacional que la revaluación.
Dado que se recapitaliza al BCRA y que además habrá una mayor expansión monetaria en Estados Unidos y que la economía argentina crecerá a una tasa anual del 5,5%, el tipo de cambio tenderá a caer sobre el piso de la banda, pronosticó Milei.
En definitiva, ratificó la promesa que había realizado Caputo, en el sentido de que el dólar pasaría a ser la moneda abundante y el peso la moneda escasa. Esa situación sólo puede implicar tasas más altas, y de hecho es lo que está esperando el mercado.
El primer efecto se vio el mismo lunes en las remuneraciones a los ahorristas de plazo fijo, con el Banco Nación tomando la delantera: llevó la tasa nominal anual desde el 29,5% hasta el 37%. Y la decisión se interpretó no sólo como una respuesta al nuevo esquema cambiario, sino también al sorpresivo repunte inflacionario después del 3,7% que dejó el IPC de marzo.
Esto llevó a que los analistas pronosticaran un inevitable aumento del spread con la tasa activa. En otras palabras, que el crédito de los bancos a las empresas se hará más caro, no sólo porque sube la remuneración del plazo fijo, sino porque además ahora el Banco Central ya no marcará una tasa de referencia sino que dejará que sea el propio mercado el que la fije. Y, también, el propio hecho del levantamiento del cepo hace que los «clientes cautivos» que tenían las colocaciones en pesos ahora piden un mayor premio para no ir al dólar.
Como esto implica mayor volatilidad, la previsión es que se viene un encarecimiento de la financiación bancaria
La disyuntiva del carry trade
¿Qué hace Caputo ante esa situación? Podría pensarse que, al estabilizarse la situación cambiaria, buscaría una compresión de las tasas, tanto para bajar el costo de su fondeo como para sacarle presión al costo del crédito privado.
Sin embargo, no fue eso lo que ocurrió. Más bien al contrario, con el 3,75% de tasa efectiva mensual que se pagó por las Lecap más cortas, en el mercado se empezó a hablar sobre la posibilidad de un rearme del carry trade.
Sigue siendo una tasa baja en términos reales, si se considera el último dato de la inflación -3,7% en marzo y pronósticos de IPC similares en los próximos meses-, pero puede tornarse un rendimiento atractivo si se consolida la estabilización del dólar ahora flotante en torno a los $1.200.
El tema implica una disyuntiva para el Gobierno: una tasa más alta puede volver a convertirse en un garante de la estabilidad cambiaria -detalle no desdeñable al entrar en los meses preelectorales- pero, en la parte negativa, puede encarecer el costo de la deuda pública y además restarle fuerza a la recuperación de la actividad productiva.
Por lo pronto, los analistas del mercado dan como inevitable una suba, porque va en línea con la aspiración histórica del Fondo Monetario Internacional sobre las tasas positivas.
Un reporte de la gestora de fondos SBS afirmaba que en el contexto de relajamiento de las restricciones cambiarias, «esto implicará una mayor tasa de incremento de los stocks de deuda en pesos del Tesoro».
Por su parte, la consultora Analytica pronostica que «el crédito se encarecerá, ya sea por suba de los encajes bancarios o por un aumento de la tasa de interés».
La lupa en el plazo fijo
Mientras en el mercado de capitales se debate respecto de si el Gobierno tiene el objetivo de rearmar el carry trade, la lupa está puesta también en la reacción de los miles de pequeños ahorristas que tienen sus pesos depositados a plazo fijo.
Por más que el gobierno esté celebrando que las reservas del BCRA hayan subido a u$s36.799 millones luego de que se acreditara la asistencia del FMI, en el mercado quedó flotando la advertencia de veteranos de las finanzas, como Miguel Kiguel, quien dijo que el objetivo más importante no es que los pesos circulantes estén respaldados por las reservas, sino que se evite una corrida bancaria.
Hablando en plata, el potencial de corrida asciende a u$s100.000 millones depositados en plazos fijos en pesos. Es una masa que supera cualquier refuerzo de las reservas, y que para mantenerse en su lugar necesita una combinación de tasa atractiva y confianza en el gobierno.
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ECONOMIA
El Banco Central volvió a comprar dólares, pero las reservas cerraron la semana a la baja

En un contexto de estabilidad en el mercado cambiario, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantuvo una posición compradora durante 48 jornadas consecutivas, fortaleciendo la compra diaria de divisas. Este viernes, incorporó USD 45 millones, lo que llevó el acumulado anual a casi 3.300 millones de dólares.
Con la implementación de la cuarta etapa del programa monetario en enero, la entidad alcanzó compras por USD 3.298 millones, cifra que representa más del 32% del objetivo previsto para todo 2026. Solo en febrero, las adquisiciones sumaron 1.555 millones de dólares.
Para concretar estas operaciones, el BCRA inyecta pesos sin recurrir a mecanismos de esterilización, mientras que el Tesoro absorbe parte de esa liquidez a través de emisiones de deuda en el mercado interno. En las últimas licitaciones, el Ministerio de Economía optó por no expandir la base monetaria, con el fin de limitar posibles presiones sobre los precios y el tipo de cambio.
De acuerdo con proyecciones oficiales, la meta de acumulación neta de reservas para 2026 se encuentra entre 10.000 millones y 17.000 millones de dólares, dependiendo tanto de la demanda de pesos como del flujo de divisas. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, señaló que el ritmo de compras estará condicionado por la demanda de moneda local y el ingreso de dólares. Hasta ahora, el ritmo anual de acumulación supera el 32% del objetivo establecido.
El BCRA estableció un límite diario para sus compras de divisas, equivalente al 5% del volumen operado en el Mercado Libre de Cambios, y firmó acuerdos directos con empresas e instituciones para canalizar parte de las transacciones fuera del segmento mayorista, buscando reducir la presión sobre el dólar.
Las reservas internacionales descendieron a USD 45.659 millones, una baja de USD 109 millones frente al día anterior y de USD 345 millones en la semana. El mercado atribuyó esa caída a variaciones en los precios de monedas y materias primas, como el oro, que forman parte de las reservas del Central.
Al finalizar el mes pasado, las tenencias extranjeras se ubicaban en USD 46.905 millones, el nivel más alto desde el inicio de la actual gestión y el mayor en seis años, cuando el stock llegó a 47.448 millones de dólares. Los pagos de deuda y los cambios en la valuación de activos generan oscilaciones en ese saldo.
El ritmo de acumulación se vio limitado por la incidencia de los compromisos de deuda del Tesoro, que recurrió al BCRA para comprar divisas destinadas a cancelar vencimientos, influyendo en el resultado final e impidiendo un atesoramiento mayor.
El flujo de divisas que permitió este proceso provino en su mayor parte de la liquidación del sector agroexportador y de colocaciones de deuda por parte de empresas privadas y gobiernos provinciales. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las emisiones de obligaciones negociables y bonos provinciales alcanzaron los 11.000 millones de dólares.
Con un volumen negociado de USD 447 millones en el Mercado Libre de Cambios (MLC) —donde participan exportadores, importadores y el Banco Central— el dólar mayorista cerró la semana en 1.400 pesos. Este valor representa una suba de 5,5 pesos frente al cierre del jueves. No obstante, en el balance semanal, la divisa al por mayor retrocedió 16 pesos, tras haber acumulado una suba de 19 pesos en la semana anterior.
En cuanto al esquema de bandas cambiarias, el BCRA fijó el límite superior en $1.627,97. El precio mayorista actual se ubica un 16,28% por debajo de ese techo, lo que otorga un margen de incremento de 227,97 pesos antes de que el Banco Central deba intervenir para mantener la cotización dentro de los límites establecidos.
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ECONOMIA
Agustín Etchebarne: “Argentina se encamina hacia el crecimiento sostenible, un Banco Central sólido e inflación bajísima”

El economista especializado en desarrollo económico y comercialización estratégica analizó los avances y desafíos del actual modelo económico para la segunda mitad de gestión de Javier Milei, y anticipó los factores clave para consolidar un escenario de estabilidad y crecimiento.
— ¿Considera que el plan del equipo económico alcanzó un límite en su capacidad para reducir la inflación mensual, o estamos ante un proceso de ajuste de precios relativos que está cerca de completarse, especialmente en tarifas públicas?
— De ninguna manera. Creo que tuvimos una demora de ocho meses debido a las elecciones de medio término. En medio de una muy sucia campaña electoral, sumada a la presión de los devaluacionistas, lograron generar un temor que hizo que los argentinos dolarizaran casi el 50% del M2, es decir, de los pesos en circulación, más los depósitos, cajas de ahorro, etc. Esa caída brutal de la demanda de dinero obligó al Gobierno a secar el mercado, con altísimos encajes, provocando una suba desmesurada de las tasas de interés que frenaron la economía.
Una vez que Milei ganó las elecciones de octubre, el índice de riesgo país se desplomó junto con las tasas de interés, y paulatinamente volveremos a la tendencia a la baja en la inflación y a recomponer el crecimiento. Pero la disrupción del año pasado dejó costos y heridos.
Ahora iremos volviendo a la tendencia anterior y todavía falta terminar la fase final del ajuste de precios relativos, particularmente en tarifas y algunos servicios regulados. Cuando ese proceso termine, la inflación tenderá a converger hacia niveles internacionales mucho más bajos que los actuales.
“Una vez que Milei ganó las elecciones de octubre, el índice de riesgo país se desplomó junto con las tasas de interés, y paulatinamente volveremos a la tendencia a la baja en la inflación”
La clave sigue siendo mantener el superávit fiscal, la disciplina monetaria y la recomposición de reservas y del balance del Banco Central. Si esos pilares se sostienen, la desaceleración inflacionaria va a continuar.
— ¿Es posible, en el contexto argentino actual, compatibilizar simultáneamente una baja de la inflación, acumulación de reservas y aumento de la actividad, o existe un “trilema” que obliga a priorizar alguno de estos objetivos?
— No creo que exista un trilema estructural. Sí existen tensiones en el corto plazo, porque el proceso de reformas estructurales todavía está a mitad de camino, lo mismo que la reforma monetaria y cambiaria. Además, es inevitable que el cambio de sistema económico deje heridos, reestructuraciones de todo tipo y empresas que quiebren durante la transición. Una vez que ese proceso termina, las tres cosas son compatibles.
Argentina se encamina hacia el crecimiento sostenible, un Banco Central sólido e inflación bajísima, una vez que mejore la credibilidad y aumente la demanda de dinero, facilitando la acumulación de reservas. A su vez, eso generará las condiciones para la recuperación del crédito y la actividad de la construcción, que se sumará a otros sectores que ya están en expansión como el agro, la ganadería, la energía, el sector financiero y la economía del conocimiento.
El problema aparece cuando falta credibilidad o crece la incertidumbre en períodos electorales, por el temor racional a que vuelva el kirchnerismo. En ese caso sí hay tensiones. Pero con superávit fiscal y normalización monetaria, los objetivos van a converger.
— Según la experiencia internacional en países con desequilibrios macroeconómicos comparables, ¿Qué estrategias han resultado más efectivas para estabilizar la economía y cuáles podrían trasladarse al caso argentino?
— La experiencia internacional muestra tres elementos comunes: disciplina fiscal sostenida, anclas monetarias claras y reformas estructurales pro-mercado. Lo vimos en Israel en los 80, en Europa del Este en los 90 y en varios emergentes en las últimas décadas. Lo que se puede trasladar a la Argentina es justamente eso: equilibrio fiscal permanente, reglas monetarias previsibles, apertura, desregulación y reformas que aumenten la productividad.
“No hay atajos; salvo la adopción de una moneda fuerte, como es el caso del euro, todos los países con economías inflacionarias y déficits fiscales crónicos se vieron enormemente beneficiados al dejar sus monedas”
No hay atajos; salvo la adopción de una moneda fuerte, como es el caso del euro, todos los países con economías inflacionarias y déficits fiscales crónicos se vieron enormemente beneficiados al dejar sus monedas. Italia, Francia, España, Grecia, Portugal e Irlanda eliminaron las liras, los francos, las pesetas y las dracmas y adoptaron el euro. La inflación cayó por debajo del 2% anual y sus tasas de interés se desplomaron, multiplicando el crédito a largo plazo.
En nuestro caso, sería un acuerdo monetario con Estados Unidos. para usar el dólar, pero eso no se ve en el horizonte cercano.

— ¿Cuáles son los riesgos y ventajas de que el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo anuncien públicamente que esperan una tasa de inflación inferior al 1% mensual a partir de agosto?
— La ventaja es que refuerza el anclaje de expectativas si el programa es consistente. El riesgo es que, si se percibe como demasiado ambicioso, pueda generar frustración si no se cumple exactamente en los plazos anunciados.
En general, la comunicación económica funciona mejor cuando combina metas claras con prudencia en los tiempos. Pero en este caso, si el ajuste de precios relativos termina y se mantiene la disciplina macro, no es una meta descabellada. Creo que efectivamente en algún momento del segundo semestre veremos la tendencia a una tasa de inflación que comience con cero por ciento.
Instituciones y consultoras especializadas han señalado un contexto de estanflación, pero el EMAE marcó récord en diciembre y habría mantenido ese nivel en los meses siguientes. ¿Cómo interpreta esta aparente contradicción entre actividad y precios?
— Tuvimos un breve período de estanflación por lo que comentamos durante la campaña electoral. Pero creo que ya estamos viendo una recuperación gradual que se verá más fuerte a partir del segundo trimestre gracias a una buena cosecha de soja, maíz y girasol. La inflación todavía es alta porque arrastra la inercia del año pasado, pero la tendencia mensual retoma la trayectoria descendente, fundamentalmente porque vemos un balance del Banco Central que cada mes es un poco más sólido, la reducción del gasto público.

La baja de la inflación permitirá una reducción de las tasas de interés, lo cual es esencial para volver a crecer.
— Frente al conflicto en Medio Oriente, Argentina es protagonista en la producción energética y de alimentos, pero vulnerable ante la inflación. ¿Qué impactos prevé sobre la economía local y la política internacional?
— La guerra es siempre incierta porque es difícil predecir las acciones, sobre todo cuando el enemigo es un fanático religioso dispuesto a suicidarse. Dicho eso, nuestro escenario base es que la guerra será corta y el impacto neto será positivo para nuestro país. Irán amenaza al estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. Pero eso afecta fundamentalmente a China, a la India y a los países árabes, y a todos ellos les conviene que la guerra sea corta. También a Donald Trump le interesa porque tiene elecciones en noviembre y, si se extiende el conflicto, el consumidor americano se verá afectado por el aumento de la gasolina, que ya creció un 19 por ciento.
En cuanto a Argentina, tiene una posición relativamente favorable. El aumento del precio del petróleo mejora nuestras cuentas externas porque tenemos un saldo energético positivo, salvo en invierno. Nos pega en la urea que importa el campo, pero, por suerte, es un año donde ha tenido una excelente cosecha de trigo y se viene una buena cosecha gruesa entre marzo y junio. En el neto, posiblemente mejore en unos USD 2.000 millones, pero puede ser bastante más.
“A largo plazo, el efecto de la guerra en Medio Oriente es muy positivo porque Argentina se consolida como un proveedor de alimentos, energía y minerales, que está alejado de los escenarios de conflictos bélicos”
La parte negativa se da en un impacto inflacionario de corto plazo vía combustibles y logística, que se revertirá más adelante; puede ser un incremento algo superior a un punto anual. A largo plazo, el efecto es muy positivo porque Argentina se consolida como un proveedor de alimentos, energía y minerales, que está alejado de los escenarios de conflictos bélicos.
— El cierre de empresas en algunos sectores contrasta con nuevas inversiones en minería, energía y grandes marcas. ¿Observa una tendencia generalizada al cierre, o debe analizarse sector por sector?
— Claramente hay que analizar sector por sector y empresa por empresa. Hay sectores que estaban artificialmente protegidos o dependían de distorsiones macroeconómicas que hoy necesitan una reconversión y algunos no sobrevivirán. Pero también depende de las decisiones empresarias: si apostaron a la devaluación o a reconvertirse. Otros sectores están creciendo con fuerza.
Claramente estamos atravesando una transformación que es un “proceso de destrucción creativa”, como la famosa definición de capitalismo de Joseph Schumpeter. Al liberarse la economía se reasignan los recursos a los sectores más productivos y eso aumenta la riqueza del país y de sus habitantes.
— El equipo económico implementó una política cambiaria gradual (fases) para la salida del cepo. ¿Esto indica falta de una única estrategia, y debemos esperar modificaciones relevantes en el tipo de cambio?
— No indica falta de estrategia, sino que se eligió un camino de gradualismo pragmático en la salida del cepo, con discrecionalidad, hasta que el balance del Banco Central sea tan sólido que se animen a avanzar a la libertad cambiaria y monetaria como corresponde. Creo que este es el año de la acumulación de reservas, mientras seguirá bajando la inflación y se recuperará el crecimiento.
— Pese al superávit fiscal, estabilidad monetaria y reducción de la deuda pública, los mercados reclaman más instrumentos de anclaje para mejorar expectativas y reducir el riesgo país. ¿A qué atribuye esta exigencia adicional?
— A la historia argentina. Diversos gobiernos han estafado a los ahorristas sistemáticamente: varias hiperinflaciones, Plan Bonex, corralito, corralón, pesificación asimétrica, estafa permanente a los jubilados, confiscación de las AFJP… y también a los inversores externos con una decena de defaults. Los mercados miran no solo los datos actuales, sino la sostenibilidad en el tiempo.
“Se requiere ver acumulación de reservas y reformas estructurales avanzando, cosa que está ocurriendo. Pero permanece latente el riesgo de que retorne el kirchnerismo”
El Gobierno por eso debe sobreactuar el superávit fiscal, pero además se requiere ver acumulación de reservas y reformas estructurales avanzando, cosa que está ocurriendo. Pero permanece latente el riesgo de que retorne el kirchnerismo. Ese es el principal escollo. Por eso, cuando gane Milei el año próximo -cosa que creo va a ocurrir- vamos a ver una rápida caída del índice de riesgo país a 300 puntos básicos y luego paulatinamente hasta 100 puntos básicos.
— Los datos oficiales muestran mayor proporción de depósitos canalizados a préstamos para empresas y familias, pero persiste la percepción de estancamiento del crédito. ¿Cómo explica esta aparente desconexión entre datos y expectativas?
— Por un lado, partimos de niveles extremadamente bajos. Segundo, nuevamente el impasse por las elecciones del año pasado. A medida que bajen las tasas de interés y aumente la estabilidad, el crédito se expandirá más claramente. Va a ser uno de los principales motores del crecimiento durante la próxima década.
— La economía genera unos 250.000 empleos al año, aunque cae el empleo asalariado privado registrado. ¿La nueva legislación laboral permitirá reducir la informalidad en el corto plazo?
— Puede ayudar, pero no es inmediato y lamentablemente no se completó todo lo que era necesario. La formalización dependerá del crecimiento, la estabilidad y, sobre todo, de seguir reduciendo los costos laborales no salariales y los impuestos.
— ¿Qué variable o factor considera clave para monitorear la evolución económica argentina en los próximos meses?
— El equilibrio fiscal y el índice de riesgo país. Pero creo que también hay que monitorear la morosidad: hay que digerir las altas tasas de interés del año pasado, que impactaron muy fuerte sobre el consumo y sobre las pyme.
— Considerando el segundo semestre, ¿qué proyecta de inflación anual y crecimiento para 2026 bajo el escenario más probable?
— Veo inflación en torno al 20% anual y crecimiento del PBI superando el 4 por ciento.
— ¿Cuál sería el “cisne negro” o evento inesperado que podría alterar dramáticamente el escenario económico actual?
— Que se extienda la guerra generando una crisis internacional severa o una implosión de lo que tal vez sea una burbuja en las empresas relacionadas con la inteligencia artificial.
“Se subestima también la importancia de invertir en la primera infancia y en liberar el sistema educativo para que se adapte a la rápida transformación del mundo por la tecnología”
— ¿Qué cree que el debate público sobre la economía subestima o sobredimensiona respecto a los desafíos actuales?
— Subestima la importancia de las reformas estructurales y sobredimensiona los movimientos de corto plazo. Creo que se subestima también la importancia de invertir en la primera infancia y en liberar el sistema educativo para que se adapte a la rápida transformación del mundo por la tecnología.

— ¿En qué momento y bajo qué condiciones la población podría percibir en su bolsillo una mejora tangible derivada de la política económica?
— Creo que se va a ver muy claramente a partir de 2028, cuando la inflación ya esté en un dígito anual, las tasas de interés sean muy bajas, crezca la construcción y se consolide la recuperación del empleo y del crédito. La sorpresa va a ser la escasez de mano de obra, en especial de mano de obra calificada.
ECONOMIA
Los bancos refuerzan las restricciones y la gestión de cobranza frente al récord de mora en préstamos a familias

El nivel de morosidad en el crédito a las familias llegó a su máximo histórico en enero. El último dato oficial reportado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para diciembre arrojó una irregularidad del 9,3% de la cartera de préstamos a hogares, alcanzando 15 meses consecutivos en alza. La mora saltó a un récord de 10,3% según estimaciones de mercado incluidas en el informe “Mora e Irregularidad en Hogares: Enero 2026” de Bastien Consultores.
Ese número preliminar para el primer mes del año podría derivar en un dato aún más negativo. “La experiencia con datos de mercado indica que estas estimaciones suelen ser levemente más bajas que la realidad final reportada”, destacó el informe.
Al mismo tiempo que refleja la situación problemática para los hogares que decidieron tomar deuda bancaria, el informe señala que la morosidad podría haber llegado a un techo en enero. El dato surge de los “indicadores adelantados de mora temprana”, aquellos que reflejan los atrasos en los préstamos que van de 30 a 90 días y que permiten anticipar hasta dónde llegará la morosidad del sistema.
la morosidad podría haber llegado a un techo en enero. El dato surge de los “indicadores adelantados de mora temprana”, aquellos que reflejan los atrasos en los préstamos que van de 30 a 90 días (Bastien)
“A pesar del aumento en la irregularidad total, por segundo mes consecutivo el porcentaje de montos en mora temprana está bajando. Este fenómeno presagia que el índice de cartera irregular podría estar alcanzando su máximo y que comenzaría a revertirse en los próximos meses”, apuntó el informe. La mora temprana tocó un pico de 6% pero en los últimos dos meses cayó a poco más de 4 por ciento.

Un punto central es que esas señales de mejora no provienen de un freno al deterioro de los ingresos ni a una mayor puntualidad en los pagos de las familias, sino a que los bancos están tomando más precauciones. La morosidad encuentra un techo porque los bancos, por distintas vías, comienzan a poner un freno a la colocación de créditos a un público más riesgoso.
Esta tendencia de mejora en los tramos cortos de mora se sustenta en tres pilares estratégicos que los bancos pusieron en marcha. El primero es la depuración de carteras, para sanear sus activos. El segundo es la concentración del riesgo, que hace que “las nuevas ofertas de crédito se han enfocado estrictamente en perfiles de menor riesgo”.
El tercer factor mencionado por Bastien Consultores es que los bancos hicieron más eficiente la gestión de cobranza y reforzaron “las acciones de recuperación en los primeros días de atraso”.
Las señales de mejora no provienen de un freno al deterioro de los ingresos ni a una mayor puntualidad en los pagos de las familias
El Banco Central lanzó una medida clave en este último terreno: desde agosto, los bancos podrán volver a cobrar las cuotas de sus préstamos en forma automática debitando de las cuentas del cliente. Para evitar abusos, los bancos podrán hacer un primer débito y, si no hubiese fondos suficientes, tendrán dos intentos más a las 48 y 96 horas.
Resalta el informe de marras: “Estos guarismos son promedios del sistema financiero y ocultan situaciones muy diversas según el tipo de entidad o segmento”.
El escenario del crédito para los próximos meses podría mejorar para los bancos aunque no para los hogares. Si los datos de la “mora temprana” finalmente se convierten en un menor índice de irregularidad, será gracias a la oferta y no a la demanda. Dicho de otro modo, será porque los bancos prestan menos y cobran mejor, no porque las familias estén en mejores condiciones para tomar préstamos y devolverlos con puntualidad.
La evolución del crédito para personas físicas se ajusta a ese escenario. En el comienzo del año, los préstamos para el consumo se estancaron. Después de haber tenido un buen desempeño en 2024, en el que fueron un factor clave en la recuperación de la economía en el segundo semestre, en 2025 fueron perdiendo impacto.
Los préstamos personales y las tarjetas de crédito dejaron de crecer y son el epicentro del crecimiento de la morosidad. A su vez, el crédito bancario en la Argentina funciona a dos velocidades: el pobre desempeño de los préstamos al consumo se contrapone con el crédito hipotecario que sigue mostrando, por el momento, números en verde.
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