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ECONOMIA

Dólar futuro: el «arma silenciosa» que usa el BCRA para intervenir y que divide a los economistas

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El intercambio de misiles se intensificó, pero no en el Medio Oriente, sino en la city porteña y en las discusiones financieras de las redes sociales. Los economistas se están tirando con munición gruesa en el debate sobre si está bien o está mal que el Banco Central intervenga en el mercado de futuros del dólar, y si puede afirmarse que el tipo de cambio flota o hay una regulación camuflada.

Ni bien se publicó el informe del BCRA en el que se admite que al 31 de mayo pasado se pusieron contratos por u$s1.946 millones -lo que implica que incrementó durante el mes sus posturas por u$s1.541 millones- la polémica subió de volumen.

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Y hubo un ingrediente que condimentó más ese debate: están en Buenos Aires los enviados del staff técnico del Fondo Monetario Internacional, que vienen a monitorear el cumplimiento del acuerdo. Como suele ocurrir, esto da lugar a filtraciones de información que circula entre bancos y consultoras. Y una de las versiones apuntaba a que al organismo no le agrada este uso de instrumentos financieros.

Para los más críticos, no hay dudas sobre cómo interpretar esta situación. Se puede sintetizar en esta frase de Roberto Cachanosky: «Los econochantas pro gobierno siguen con el verso de que hay flotación libre».

Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier, lo grafica así: «Si alguien intenta explicarte que intervenir en futuros no es una forma de disciplinar el Fx spot, fíjate si todavía seguís teniendo la billetera». Y agrega que, aunque la operatoria en futuros no es negativa de por sí, tiene más sentido para frenar una presión alcista que para forzar una baja que «ancle» los precios.

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Incluso economistas que usualmente se muestran afines a la política oficial, admitieron que, por más que el Banco Central ya no compre ni venda dólares en el mercado «spot» de divisas, su intervención en los futuros tiene un efecto similar.

Dólar: incentivo a la venta

Por caso, Federico Machado -cuyos análisis suelen ser elogiados por el propio ministro Luis Toto Caputo- argumentó que al hacer caer la tasa implícita de los futuros por debajo de la tasa que rinden los títulos en pesos, el BCRA incentiva que los inversores vendan sus dólares hoy.

«El beneficio de esta intervención es presionar el dólar de hoy sin gastar reservas«, sostiene, junto con la aclaración de que no es una jugada exenta de riesgos.

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«Los agentes no tienen por qué creer que el precio al cual el BCRA vende los futuros será el precio del dólar efectivamente. No hay un compromiso del BCRA de vender a ese precio en el spot, mientras sea debajo de la banda superior. Todo depende de que los incentivos traigan cada vez más jugadores a vender dólares y ganar tasa», explica.

Y deja una advertencia inquietante para el caso de que haya una pérdida de credibilidad en el mercado y las ventas de futuros ya no contengan al tipo de cambio. En ese caso, «el BCRA tiene que salir a emitir, reforzando el efecto de una corrida».

Dólar: los que argumentan que «no hay plancha»

Pero hubo también muchos defensores de la estrategia, que justifican el accionar del Central con el argumento de que se ayuda a darle previsibilidad al mercado sin que eso implique -como antes- un sacrificio de las reservas. Y que es lícito que el Central aproveche que haya inversores que no confíen en la estabilidad cambiaria, porque luego cobrará la diferencia que pagaron quienes tomaron la cobertura por una devaluación que no se produjo.

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Antonio Aracre -ex CEO de Syngenta y ex asesor de Alberto Fernández– fue uno de los más firmes defensores de esa estrategia. No ahorró chicanas para sus colegas: «Hay gente que compara las intervenciones del BCRA en el mercado oficial con las ventas en el mercado futuro. Lo peor es que muchos tienen título habilitante pero es evidente que han perdido habilidades cognitivas».

Y justifica el accionar de Santiago Bausili: «Setear expectativas en el mercado futuro es la tarea fundamental de un banco central y es lo que hace en un entorno que tiene el viejo chip del amor a las devaluaciones ‘divinas’ y ‘salvadoras’».

En ese sentido opino Nau Bernues, analista de CFA -cuyos reportes suelen ser difundidos por el secretario de Finanzas, Pablo Quirno-, quien marca que la diferencia fundamental reside en que ahora quien compra divisas es el Tesoro y no el BCRA. Argumenta que esa emisión de bonos del Tesoro tiene un tipo de cambio implícito muy similar al del mercado.

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Y se pliega al argumento oficial: «Acá nadie está ‘pisando’ el dólar. ¿Querés decir que hay intervención? La intervención es para comprar dólares, así que nada de atrasar el dólar por parte del gobierno acá».

¿Es lo mismo o es distinto?

El debate está lejos de terminar, porque no hay consenso sobre los puntos fundamentales. Hay analistas influyentes de la city que afirman que, en realidad, cuando no hay cepo cambiario, la intervención del BCRA en futuros es equivalente a vender dólares en el mercado spot de divisas.

El argumento es que, en realidad, se trata de un mismo mercado, que se transa con diferentes plazos de liquidación. Y que la prueba de la conexión es que en los primeros días de mayo, el Central vendió en el mercado de futuros un volumen equivalente a u$s1.000 millones, lo que forzó a una baja de 15 puntos en la tasa de interés implícita. Ese mismo día, la cotización del dólar bajó un 6%.

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Si hay algo en lo que sí hay acuerdo es en que la clave es la comparación entre lo que un inversor consigue por invertir en títulos en pesos versus la tasa implícita que surge de cubrirse de una devaluación en el mercado futuro.

Esa operación es conocida como «tasa sintética». Consiste en vender dólares y colocarse en pesos para aprovechar la tasa de títulos públicos -las Lecap, por ejemplo-, y en simultáneo comprar un contrato de dólar futuro para asegurarse un tipo de cambio. 

Cómo funciona la «tasa sintética»

Cuando lo que se gana por comprar el título público es mucho más que lo que cuesta ese «seguro» contra la devaluación, entonces los inversores se desprenden de los dólares y el tipo de cambio baja. Y lo contrario ocurre cuando la tasa queda debajo de la curva de futuros.

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Salvador Vitelli, analista de Romano Group, es uno de quienes pusieron sobre la mesa la influencia de la «tasa sintética». «Cuando tirás abajo la implícita de futuros, el mercado hace short FX en spot (o no compra), coloca a tasa en pesos y recompra (cubre) FX en Rofex. Eso le da una ganancia (la sintética)», explica, con la conclusión de que en esa situación el dólar tiende a bajar. Y agrega que, en el caso contrario -una tasa en pesos inferior a la de futuros-, el mercado «mete long FX spot, se fondea en pesos y short Rofex, quedándose también con ganancia», en una operación que presiona al tipo de cambio al alza.

En definitiva, lo que se argumenta es que en los momentos de mayor intervención del BCRA, ese diferencial de tasa fue mayor y forzó a la baja la cotización del dólar. En este momento, hay señales en el sentido de que el BCRA alivió la operatoria –la posición a diciembre tuvo un alza de 9% este martes, con un dólar pactado en $1.355-. Y van cuatro jornadas consecutivas de suba del tipo de cambio.

¿Es legal la intervención?

Uno de los puntos que se debatieron apunta a si puede haber represalias legales contra Bausili y el directorio del BCRA, en el futuro.

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En realidad, no hay nada de ilegal en este tipo de operaciones, aunque sí existe un tope para la intervención, fijado en u$s9.000 millones. Esto implica que Bausili todavía tiene un amplio margen de u$s7.000 millones para hacer posturas en el mercado A3 (ex Rofex) para ayudar a contener al tipo de cambio.

Las dudas sobre la legalidad están relacionadas a los juicios que en su momento se realizaron contra Cristina Kirchner, Alejandro Vanoli y Axel Kicillof, que en 2015 y con el cepo cambiario vigente llegaron a un nivel récord de posturas por u$s17.400 millones para sostener al dólar en $9, cuando en el mercado global la tasa era de $16. Cuando finalmente se devaluó, ya en la gestión macrista, esa intervención del Central implicó un costo de u$s5.400 millones para el Estado.

Aunque finalmente la sentencia dictaminó la inocencia de los imputados, por entender que no se había incurrido en una conducta que deliberadamente dañara el patrimonio del BCRA y que esa intervención en futuros era una decisión que está dentro de las potestades de los funcionarios, igualmente quedó un remanente de rechazo en el mercado. En caso de que, efectivamente, ocurra una devaluación, el BCRA tendrá que pagarles a quienes compraron contratos, y ante esas situaciones aparecen las acusaciones de índole político.

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ECONOMIA

Caputo no dejó pesos sueltos en el mercado, pero tuvo que resignarse a pagar una tasa mucho más alta

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Luis Caputo había llegado a su primera licitación del año más necesitado de liquidez que nunca. Con apenas $3 billones en la cuenta del Tesoro, no podía darse el lujo de dejar en la calle una cantidad importante de pesos, que necesita para comprarle dólares al Banco Central. Por otra parte, el dato de la inflación de diciembre confirmó las sospechas sobre la persistencia de una baja demanda de dinero por parte del público.

Una situación muy diferente a la de hace tres meses, cuando el ministro, en ese momento preocupado por la aguda falta de liquidez del sistema financiero, había renovado apenas un 45% de los vencimientos.

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Pero en ese lapso muchas cosas cambiaron: el BCRA volvió a comprar dólares, con lo cual inyecta pesos al mercado, y las tensiones inflacionarias ya resultan inocultables.

En consecuencia, no resultó sorpresivo que consiguiera un «rolleo» casi total de los $9,6 billones que vencían este miércoles. La renovación del 98% implica que dejó en el mercado $0,2 billones.

Lo que sí resultó sorpresivo, en cambio, es el alto nivel de tasas de interés que el ministro tuvo que convalidar para que los bancos renovaran. En los títulos de renta fija a plazos más cortos fue donde se acumuló el grueso de la demanda. Por ejemplo, la Lecap que vence a fines de febrero, ofreció una tasa de 3,39% efectiva mensual, equivalente a una tasa anual efectiva de 49,16%.

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Esto implica un quiebre de tendencia, dado que en la segunda mitad del año pasado se estaba constatando una disminución paulatina del costo de financiamiento para el Tesoro: desde el pavoroso 75,6% que se llegó a pagar en pleno pánico del mercado luego del desarme de régimen de las LEFIs -que le daban refugio «overnight» a la liquidez bancaria- hasta el 37,5% logrado sobre fin de año.

Malo, pero no tanto

Es cierto que, pese a la suba en las tasas, no resultó una licitación mala para el Gobierno. Primero, en los títulos con vencimiento de mediano plazo el mercado aceptó tasas más alineadas con las previsiones del gobierno. Por caso, en la Lecap que paga en noviembre, la tasa efectiva mensual cae a 2,5%. Es decir, sigue siendo una tasa elevada si se la compara con las proyecciones de inflación oficiales -20% para todo el año- pero que, de todas formas, prevé una tendencia a la estabilización.

Por otra parte, los inversores no mostraron interés por los títulos «dólar linked» -ajustables por el tipo de cambio oficial-, lo cual parece confirmar que en el mercado no hay una expectativa de que el dólar experimente un impulso al alza que lo haga traspasar el nuevo techo de la banda de flotación. Es una situación que contrasta con la previa a las elecciones legislativas, cuando había un marcado temor por un salto del dólar y, ante la demanda por cobertura devaluatoria, más de la mitad de la deuda que colocaba el Tesoro era en títulos dólar linked.

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Tampoco hubo gran interés por los bonos CER -que ajustan con la inflación más un premio-. Es un tipo de inversión típicamente defensiva en momentos de alta volatilidad, cuando resulta arriesgado hacer proyecciones de inflación a largo plazo. Esta vez, apenas tuvieron demanda por un 13% del monto de deuda a renovar.

Luis Caputo cumplió con el objetivo de corto plazo

En términos generales, la licitación cumplió con el objetivo de corto plazo del Gobierno. Pero, de todas formas, no deja de tener un sabor agridulce. Porque confirma que el célebre «Punto Anker» prácticamente dejó de existir.

En el equipo de Caputo llamaban así al momento en el que la demanda por crédito en el sector privado subía de tal forma que resultaba natural que los bancos no renovaran el 100% de los vencimientos de deuda, ya que necesitaban esa liquidez para acompañar los requerimientos de una economía en crecimiento.

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Por eso, la tónica del 2024 y el inicio del año pasado fue la de celebrar cada vez que en las licitaciones quedaba un «sobrante» de pesos. La interpretación oficial era que esa situación era normal, en el contexto de superávit fiscal y una recuperación del crédito. Según la célebre definición de Caputo, «los bancos vuelven a trabajar de bancos».

Sin embargo, hace ya varios meses que el sector público se queda con la mayor parte del ahorro, en detrimento de los préstamos bancarios para la producción y el consumo. Es, justamente, lo que Caputo y su equipo le reprochaba al gobierno peronista.

Dicho de otra forma, el Gobierno se vio en la dura disyuntiva de tener que elegir entre priorizar el crédito o la recomposición del Tesoro para manejar el exigente calendario de deudas. Y priorizó lo segundo.

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De hecho, uno de los mayores temores de los analistas es que Caputo termine echando mano a los depósitos que el Tesoro tiene en la banca pública, donde hay unos $14 billones producto del superávit fiscal. En teoría, esos pesos podrían ser usados para comprar divisas. Pero el costo de esa decisión limitaría el margen de acción de los bancos estatales, que quiere estimular la actividad en el rubro hipotecario y tienen prestada la mayor parte de esos depósitos del Tesoro.

Los próximos vencimientos de deuda

Lo que viene en el corto plazo no será fácil. El calendario de la deuda en pesos emitida por el Tesoro indica vencimientos desafiantes en un mercado donde los bancos se siguen quejando de la falta de liquidez.

A fin de mes habrá vencimientos por $11,5 billones, y en febrero $15,8 billones. El promedio de los vencimientos mensuales hasta junio es de $12 billones.

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La contracara de la situación del Tesoro es la caja del Banco Central, que el mismo miércoles de la licitación compró su mayor volumen de dólares del año: u$s187 millones en una sola jornada, en la que hubo muy poca demanda por parte de los inversores privados. Los más optimistas ven en este hecho un síntoma de que se mantiene la demanda de dinero por parte de los argentinos.

Lo cierto es que en lo que va del año el BCRA lleva comprados u$s515 millones. O, visto desde otro punto de vista, volcó al mercado unos $0,7 billones. Es un tema que está generando creciente polémica, porque si bien es cierto que había un clamor para que se acumularan reservas, aprovechando el momento de calma financiera, también hay quienes creen que esa política agravará la presión inflacionaria.

También ha generado críticas la intervención del BCRA en el mercado de bonos dólar linked y en el del dólar futuro. Ambas operaciones son consideradas formas de contener la demanda de divisas en el corto plazo, pero con un costo financiero a mediano plazo.

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ECONOMIA

Tras el salto de la inflación, el Banco Central aceleró la compra de dólares y el Tesoro subió las tasas en pesos

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Mientras el BCRA compra dólares en el mercado cambiario, el Tesoro sube las tasas de interés que paga por su deuda en pesos.

Con USD 187 millones adquiridos ayer, la cifra más alta desde el inicio de la ”fase 4” del plan monetario, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) envió un mensaje claro al mercado: no hay marcha atrás ni se le pondrá un freno a este nuevo esquema pese al pico de 2,8% que arrojó la inflación de diciembre.

El nuevo sistema que arrancó en enero pone el foco en la acumulación de reservas como uno de los ejes centrales. La idea es que se compren divisas contra emisión de pesos, que luego no son absorbidos. De esta manera, el BCRA busca satisfacer el incremento en la demanda de dinero en un clima de mayor tranquilidad y confianza.

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Algunos economistas, sin embargo, advirtieron que mantener este esquema tal como fue anunciado podría demorar el proceso de desinflación. En otras palabras, el Gobierno estaría priorizando en esta etapa la acumulación de reservas aún cuando signifique una baja de dinámica inflacionaria más lenta de lo que se venía proyectando.

Andrés Neumeyer, ex subgerente general del Central, alertó que tras el dato de diciembre “la inflación corre a un ritmo anualizado de casi 40%, lo que plantea un dilema de política monetaria. ¿Acumular reservas con un piso implícito al tipo de cambio nominal o comprar menos reservas y dejar apreciar más al peso?”.

Por el momento, no hubo que enfrentar este posible dilema. El Central compró el mayor monto desde que empezó la fase 4 a principios de enero, sin embargo el dólar minorista cayó un escalón hasta $1.480 y el mayorista a 1.453 pesos. Esto dejaría entrever que hay incluso mayor margen para seguir comprando y acumulando reservas sin que se produzca mayor presión sobre el tipo de cambio.

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Miguel Kiguel, director de Econviews, también señaló ayer que el proceso de desinflación podría ser más lento de lo que esperan los analistas. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) efectuado por el Central arrojó una estimación de 20,1% para la inflación de 2026.

A priori, parece un número complejo de alcanzar, salvo que la caída en los próximos meses sea muy significativa. También complica las cosas que el proceso de ajuste en servicios públicos aún no finalizó, lo que agrega presión sobre el índice tal como sucedió en diciembre.

Pero si bien se inyectan pesos por la compra de dólares, a su vez el Tesoro optó por renovar el 98% de los vencimientos de la licitación del miércoles, por casi $ 9,4 billones. Se trató de un mensaje de cautela, evitando expandir por demás la cantidad de liquidez en el mercado.

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Incluso las tasas fueron algo más altas con el objetivo de seducir a los inversores a quedarse en moneda local. Para el plazo más corto fue del 49% anual en pesos, pero luego promediaron el 35%. Por otra parte, tiene lógica salir a pagar un rendimiento mayor teniendo en cuenta el dato de inflación de 2,8% en diciembre.

En el caso de los bonos CER, que se licitaron a plazos más largos, las tasas también fueron mayores. Para comprar títulos indexados y que vencen en junio de 2027, el rendimiento se ubicó en 7,2% sobre la inflación.

Los títulos más elegidos fueron las LECAP más cortas, porque pagaron tasas arriba del 40% anual. Se concentró casi la mitad de la licitación en los dos plazos más cortos.

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El analista Nahuel Bernues indicó que “en la licitación casi no se dejaron pesos en la calle y se logró una vez más seguir estirando la duración de los títulos colocados por el Tesoro”. Al mismo tiempo, consideró que las tasas en pesos “quedaron atractivas para quedar comprado si confiás que el Gobierno va a ser exitoso en bajar la inflación”.

La gran incógnita hacia adelante es cuál será el nuevo nivel de compra de dólares mensual. En la medida que no aumente significativamente, un indicio de una mayor demanda de pesos, habrá mayor margen para que el Central acumule reservas sin presión excesiva sobre el tipo de cambio y la inflación.

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ECONOMIA

El BCRA suma reservas y anticipa una lluvia de dólares de la mano de la súper cosecha y Vaca Muerta

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El Banco Central concretó ayer miércoles la mayor compra de divisas desde la salida del cepo: sumó u$s187 millones en una sola jornada, y ya concretó ocho jornadas al hilo con compras netas en el mercado cambiario.

La compra del miércoles fue la mayor en diez meses: desde el 11 de marzo del año pasado que no sumaban semejante volumen de divisas.

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Desde que arrancaron las intervenciones en el mercado, el BCRA ya embolsó 525 millones de dólares.

Este volumen, que sorprendió al mercado, precede a la ola de oferta de dólares que aparecerá en el mercado a partir del otoño, de la mano de la cosecha gruesa.

El Banco Central suma dólares para reservas y anticipa cosecha récord

Lo más interesante de este proceso es que dio inicio antes de la llegada de la época típica en la oferta de divisas, que suele arrancar a mediados o fines de marzo de cada año.

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Por delante, el Gobierno tendrá a disposición la liquidación de la cosecha gruesa, que dejaría un volumen importante de divisas.

La próxima cosecha será récord en volumen: se aguarda una producción cercana a los 152 millones de toneladas, un 10% adicional a la cosecha versión 2025.

Sin embargo, las divisas no crecerán en ese mismo volumen dada la contracción de los precios internacionales de las materias primas. Y no solamente esa cuestión.

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«Se debe a una combinación de menores precios esperados y a que no se repetirían factores excepcionales que hubo en 2025. Algo similar ocurriría con la oferta energética, afectada por el retroceso de los precios», resumió el último reporte de la consultora Eco Go.

Exportaciones de granos y petróleo: los dólares que se vienen

«Tras finalizar con ventas agrícolas por u$s31.084 millones en 2025 y crecer 6,5 % anual, el valor exportable de la cosecha 2025/26 retrocedería 10,6% hasta los u$s27.804 millones en 2026», estipuló Eco Go.

En relación con las cantidades de esta próxima cosecha, el volumen de envíos de granos tendría cambios (+0,4%) respecto a 2025, cuando alcanzó a 95,7 millones de toneladas, a pesar de la mayor oferta disponible.

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«Si bien los cereales incrementarían su oferta exportable en 13%, esto se compensa con una merma de las cantidades exportadas de productos oleaginosos producto de una menor cosecha y la normalización de las exportaciones de porotos de soja», destacó Marina dal Poggetto, directora de la consultora.

En 2025 las ventas externas de porotos de soja alcanzaron a los 12 millones de toneladas, más que el doble del promedio del último quinquenio (4,9 millones). El impulso extraordinario de la demanda de China en medio de «la pelea » con EE. UU. , la rebaja transitoria de derechos de exportación y la eliminación de la brecha cambiaria impulsaron a los productores a liquidar stocks, por más de 7 millones de toneladas.

«El precio promedio proyectado para 2026 (partiendo de los precios futuros) retrocede en 11,5% en los cereales y en 4% en el caso de las oleaginosas», planteó Eco Go.

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Qué pasa con el petróleo

Otro de los factores que presiona sobre el saldo exportable es la dinámica del mercado petrolero. La mayor oferta prevista y la debilidad de la demanda global contrastan con las expectativas de expansión del comercio exterior.

En ese contexto, los precios futuros promedio se ubican actualmente un 8,4% por debajo del nivel promedio de 2025, lo que limita el crecimiento de las ventas externas del sector a apenas un 1% interanual.

Como resultado, las exportaciones del complejo agroindustrial y del sector energético sentirían el impacto y, en conjunto, registrarían una caída del 10%, hasta ubicarse en u$s31.461 millones.

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Esto supone una reducción de la oferta exportable de u$s3.550 millones en comparación con este año. Si se considera el resto de los productos, se estima que las exportaciones totales alcanzarían en 2026 los u$s85.618 millones, un 1% por debajo de lo proyectado en 2025.

De acuerdo a las proyecciones de Dal Poggetto, en el frente cambiario aparece un elemento extra que condiciona la disponibilidad de divisas, al menos en el arranque del año.

Entre enero y noviembre de 2025, la liquidación de exportaciones superó en u$s2.100 millones al valor efectivamente exportado, un desfase explicado en gran medida por el anticipo de ingresos generado por los distintos esquemas de reducción de derechos de exportación.

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Ese adelantamiento tenderá a corregirse durante los primeros meses de 2026, lo que implicaría una oferta de dólares más acotada del sector agrícola, al menos hasta febrero. Bajo este escenario, la liquidación del complejo CIARA se proyecta en u$s27.250 millones para 2026, lo que representa una caída de u$s4.037 millones en relación con el año pasado.

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