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ECONOMIA

Más presión para el dólar: a Caputo le sale más caro aspirar los pesos que están dando vueltas en el mercado

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La licitación de bonos del Tesoro puso en números el nivel de incertidumbre que se vive en el mercado. No logró el objetivo de renovar la totalidad del vencimiento -sólo se «rolleó» un 76,3% del total- y, además, hubo que convalidar una tasa de interés alta, que para los plazos mas cortos llega a 4,28% de tasa efectiva mensual.

Hablando en plata, eso implica que el Tesoro deberá resignarse a que unos $2,8 billones queden en circulación. En otros tiempos no muy lejanos, esto habría sido hasta celebrado por Toto Caputo, que decía que un rollover menor al 100% era el síntoma de una economía que crecía y en la que los bancos reclamaban liquidez para prestarles más a las empresas y los consumidores.

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Pero luego de los episodios de volatilidad de los últimos días, y tras la evidencia de que el Banco Central intervino fuerte en el mercado de futuros para contener al dólar, cada vez se hace más difícil sostener ese argumento.

Más bien al contrario, hay síntomas de enfriamiento del crédito. En junio, los préstamos del sector bancario tuvieron un crecimiento mensual real de 2,6%, lo cual implica una ralentización respecto de los meses anteriores, cuando el crecimiento venía a una velocidad de 3,9%. Y los últimos informes hablan sobre una caída de 7,1% mensual para la financiación con tarjeta de crédito, mientras que también disminuyen los depósitos, aunque a un ritmo menor, de 1,4%.

Esa situación tendió a agravarse tras la turbulencia que llevó a las tasas de interés muy por encima de la expectativa inflacionaria.

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Y la apuesta del gobierno era que la situación se normalizara con la nueva licitación de Lecaps, a donde suponían se canalizaría toda la nueva liquidez que les quedó a los bancos por la eliminación de las LEFI.

Carrera dólar versus tasas

Sin embargo, los resultados dejaron a los inversores más nerviosos que antes, dado que hubo que convalidar tasas superiores a las de la última licitación fuera de programa, en la que se había pagado una tasa efectiva anual de 47% que a muchos analistas les pareció escandalosa.

Este martes para los títulos de vencimiento corto se pagó una tasa de 4,28% efectiva mensual, que equivale a un 65% tasa de retorno efectiva anual. Si se tiene en cuenta que la inflación mensual está debajo del 2% y que se estima a 12 meses una inflación anual de 20%, son tasas difíciles de justificar.

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A no ser, claro, que dentro de esas tasas haya un componente de cobertura contra el riesgo de una devaluación. De hecho, quien haya comprado el bono que paga en octubre, tendrá un premio equivalente a un dólar que cotice a $1.438. Es un nivel mayor al del mercado de futuros, donde los contratos para octubre cotizan a $1.410. Es decir, es una tasa rentable para quienes hagan la doble cobertura.

Aun así, no se logró la renovación que el gobierno esperaba. Y ello ocurre en el contexto de un mercado que empuja el tipo de cambio al alza. En el último mes, el dólar mayorista tuvo un incremento de 7,6%.

Los más críticos del gobierno afirman que la estabilidad financiera sólo se mantendrá en la medida en que cada licitación logre un rolleo casi total de los títulos que vencen. Y que, en caso de que el número sea menor -como acaba de ocurrir- los pesos «excedentes» no irán lubricar el sector productivo, sino que terminarán corriendo al dólar.

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Esa presunción parece confirmada por los últimos números del mercado cambiario que informó el Banco Central. En junio los minoristas adquirieron dólares por u$s4.357 millones, contando las compras netas de billetes en los bancos por u$s2.020 millones y otras salidas netas de divisas por u$s2.308. La cifra implica una suba de 25% respecto de mayo -el primer mes completo sin controles cambiarios-, que a su vez había sido superior en 59% a abril.

El BCRA estimó que un millón de personas compraron divisas en el sistema bancario, un nivel similar al que se había registrado en mayo. Y todo indica que los números serán peores en julio, cuando los ahorristas siguieron al pie de la letra el ya célebre consejo de Toto Caputo –»si te parece que el dólar está barato comprá, no te la pierdas, campeón»-.

«¿Con qué pesos?»

Otro signo del cambio de humor del mercado es que, aunque quedaron desiertas por falta de interés las licitaciones de bonos dólar linked -es decir, los que ajustan con la devaluación del tipo de cambio oficial-, ya no hay margen para tomarlo como un síntoma de confianza.

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En las licitaciones anteriores, cada vez que surgían críticas sobre el atraso cambiario, Caputo ponía en el menú los títulos dólar linked y, cuando finalmente quedaban sin interesados, el gobierno lo consideraba un motivo de celebración, porque lo interpretaba como un gesto de credibilidad sobre la sostenibilidad del esquema cambiario.

Otra diferencia respecto de licitaciones anteriores es que ya no puede argumentarse que hubo una mejora en el perfil de la deuda por haberse renovado bonos a mayores plazos y menores tasas de interés.

Más bien al contrario, lo que se vio este martes es que casi un 70% de la renovación de deuda se concentró en títulos de cortísima duración: uno que vence el 15 de agosto y otro el 29 del mes próximo. No hubo títulos que vencieran después de octubre -considerado por el mercado un punto de inflexión, porque es cuando se realizarán las elecciones legislativas-.

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Lo cierto es que los funcionarios del equipo económico ya no muestran la confianza de otros momentos. Y el mayor blanco de los ataques fue el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, a quien le gusta polemizar en las redes con los críticos del plan económico. Muchos le recordaron con sorna que en otros tiempos, el secretario había propuesto que se estamparan remeras con la inscripción «¿Con qué pesos?». Las chicanas indican que esas remeras bajaron drásticamente de precio.

También abundaron los memes vinculados a la sigla TMAP, que en la intimidad del gobierno significa «todo marcha acorde al plan», pero que en el mercado financiero acaba de ser resignificada como «tasas muy altas, Pablo».

¿Es manejable la bola de Lecaps?

Lo peor para el gobierno no es el resultado de una licitación puntual, sino el cuestionamiento que está por detrás de los números: cada vez son más los economistas argumentan que no existe el ancla monetaria que supuestamente otorgará la estabilidad cambiaria.

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La crítica principal es que la «base monetaria amplia» que toma como referencia el gobierno no es relevante en este momento. Y quienes ponen el foco en el agregado monetario M3 -incluye, además del circulante, las cuentas corrientes y las cajas de ahorro, los depósitos a plazo públicos y privados- ven que viene creciendo aceleradamente: un 11% en un mes, y un 59% acumulado en el año.

Es en ese contexto que se comenzó a hablar de una «bomba de Lecaps» y que lo que el gobierno presenta como una mejora en el perfil de deuda no fue más que cambiar el déficit cuasifiscal -las Leliqs y pases a un día que pagaba el Banco Central- por una nueva deuda.

El vencimiento de este martes fue grande, pero el calendario marca otra prueba difícil en agosto con vencimientos de Lecaps por $30 billones. Cuando un analista que le preguntó al secretario Quirno de dónde saldrían los fondos para pagar los intereses de Lecap a su vencimiento, el funcionario respondió con un lacónico «se refinancia».

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Esa tesitura se está devaluando. Ya quedó en claro que no sólo no se puede refinanciar en su totalidad sino que, además, el costo es el riesgo de una espiralización en la clásica carrera del dólar contra las tasas.

Cuestionando el superávit

Algunos críticos hasta empezaron a cuestionar la veracidad de los números fiscales. En otras palabras, que si se contabilizara correctamente el costo de intereses de la deuda que se está acumulando, entonces ya no existiría el superávit fiscal financiero, sino que los números estarían en rojo.

Es un argumento que tiene la potencia de un misil a la línea de flotación del plan económico, porque justamente el dato en el que se basa Caputo para sostener que «esta vez es diferente» es que, a diferencia de otros momentos de la historia reciente, ahora hay superávit fiscal.

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Tomando el caso el resultado fiscal de junio, el dato oficial marca un superávit de $551.000 millones, pero cuando se calcula la acumulación de intereses capitalizados -y no pagados- de Lecaps, entonces queda un «rojo» de $5,8 billones. En enero, ese déficit era de $3,1 billones, lo cual da la pauta de la alarma que tienen estos economistas por la velocidad de crecimiento de la «bola» de deuda del Tesoro. Si se contabiliza el acumulado anual, entonces el déficit rondaría los $27 billones.



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ECONOMIA

Caputo no dejó pesos sueltos en el mercado, pero tuvo que resignarse a pagar una tasa mucho más alta

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Luis Caputo había llegado a su primera licitación del año más necesitado de liquidez que nunca. Con apenas $3 billones en la cuenta del Tesoro, no podía darse el lujo de dejar en la calle una cantidad importante de pesos, que necesita para comprarle dólares al Banco Central. Por otra parte, el dato de la inflación de diciembre confirmó las sospechas sobre la persistencia de una baja demanda de dinero por parte del público.

Una situación muy diferente a la de hace tres meses, cuando el ministro, en ese momento preocupado por la aguda falta de liquidez del sistema financiero, había renovado apenas un 45% de los vencimientos.

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Pero en ese lapso muchas cosas cambiaron: el BCRA volvió a comprar dólares, con lo cual inyecta pesos al mercado, y las tensiones inflacionarias ya resultan inocultables.

En consecuencia, no resultó sorpresivo que consiguiera un «rolleo» casi total de los $9,6 billones que vencían este miércoles. La renovación del 98% implica que dejó en el mercado $0,2 billones.

Lo que sí resultó sorpresivo, en cambio, es el alto nivel de tasas de interés que el ministro tuvo que convalidar para que los bancos renovaran. En los títulos de renta fija a plazos más cortos fue donde se acumuló el grueso de la demanda. Por ejemplo, la Lecap que vence a fines de febrero, ofreció una tasa de 3,39% efectiva mensual, equivalente a una tasa anual efectiva de 49,16%.

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Esto implica un quiebre de tendencia, dado que en la segunda mitad del año pasado se estaba constatando una disminución paulatina del costo de financiamiento para el Tesoro: desde el pavoroso 75,6% que se llegó a pagar en pleno pánico del mercado luego del desarme de régimen de las LEFIs -que le daban refugio «overnight» a la liquidez bancaria- hasta el 37,5% logrado sobre fin de año.

Malo, pero no tanto

Es cierto que, pese a la suba en las tasas, no resultó una licitación mala para el Gobierno. Primero, en los títulos con vencimiento de mediano plazo el mercado aceptó tasas más alineadas con las previsiones del gobierno. Por caso, en la Lecap que paga en noviembre, la tasa efectiva mensual cae a 2,5%. Es decir, sigue siendo una tasa elevada si se la compara con las proyecciones de inflación oficiales -20% para todo el año- pero que, de todas formas, prevé una tendencia a la estabilización.

Por otra parte, los inversores no mostraron interés por los títulos «dólar linked» -ajustables por el tipo de cambio oficial-, lo cual parece confirmar que en el mercado no hay una expectativa de que el dólar experimente un impulso al alza que lo haga traspasar el nuevo techo de la banda de flotación. Es una situación que contrasta con la previa a las elecciones legislativas, cuando había un marcado temor por un salto del dólar y, ante la demanda por cobertura devaluatoria, más de la mitad de la deuda que colocaba el Tesoro era en títulos dólar linked.

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Tampoco hubo gran interés por los bonos CER -que ajustan con la inflación más un premio-. Es un tipo de inversión típicamente defensiva en momentos de alta volatilidad, cuando resulta arriesgado hacer proyecciones de inflación a largo plazo. Esta vez, apenas tuvieron demanda por un 13% del monto de deuda a renovar.

Luis Caputo cumplió con el objetivo de corto plazo

En términos generales, la licitación cumplió con el objetivo de corto plazo del Gobierno. Pero, de todas formas, no deja de tener un sabor agridulce. Porque confirma que el célebre «Punto Anker» prácticamente dejó de existir.

En el equipo de Caputo llamaban así al momento en el que la demanda por crédito en el sector privado subía de tal forma que resultaba natural que los bancos no renovaran el 100% de los vencimientos de deuda, ya que necesitaban esa liquidez para acompañar los requerimientos de una economía en crecimiento.

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Por eso, la tónica del 2024 y el inicio del año pasado fue la de celebrar cada vez que en las licitaciones quedaba un «sobrante» de pesos. La interpretación oficial era que esa situación era normal, en el contexto de superávit fiscal y una recuperación del crédito. Según la célebre definición de Caputo, «los bancos vuelven a trabajar de bancos».

Sin embargo, hace ya varios meses que el sector público se queda con la mayor parte del ahorro, en detrimento de los préstamos bancarios para la producción y el consumo. Es, justamente, lo que Caputo y su equipo le reprochaba al gobierno peronista.

Dicho de otra forma, el Gobierno se vio en la dura disyuntiva de tener que elegir entre priorizar el crédito o la recomposición del Tesoro para manejar el exigente calendario de deudas. Y priorizó lo segundo.

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De hecho, uno de los mayores temores de los analistas es que Caputo termine echando mano a los depósitos que el Tesoro tiene en la banca pública, donde hay unos $14 billones producto del superávit fiscal. En teoría, esos pesos podrían ser usados para comprar divisas. Pero el costo de esa decisión limitaría el margen de acción de los bancos estatales, que quiere estimular la actividad en el rubro hipotecario y tienen prestada la mayor parte de esos depósitos del Tesoro.

Los próximos vencimientos de deuda

Lo que viene en el corto plazo no será fácil. El calendario de la deuda en pesos emitida por el Tesoro indica vencimientos desafiantes en un mercado donde los bancos se siguen quejando de la falta de liquidez.

A fin de mes habrá vencimientos por $11,5 billones, y en febrero $15,8 billones. El promedio de los vencimientos mensuales hasta junio es de $12 billones.

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La contracara de la situación del Tesoro es la caja del Banco Central, que el mismo miércoles de la licitación compró su mayor volumen de dólares del año: u$s187 millones en una sola jornada, en la que hubo muy poca demanda por parte de los inversores privados. Los más optimistas ven en este hecho un síntoma de que se mantiene la demanda de dinero por parte de los argentinos.

Lo cierto es que en lo que va del año el BCRA lleva comprados u$s515 millones. O, visto desde otro punto de vista, volcó al mercado unos $0,7 billones. Es un tema que está generando creciente polémica, porque si bien es cierto que había un clamor para que se acumularan reservas, aprovechando el momento de calma financiera, también hay quienes creen que esa política agravará la presión inflacionaria.

También ha generado críticas la intervención del BCRA en el mercado de bonos dólar linked y en el del dólar futuro. Ambas operaciones son consideradas formas de contener la demanda de divisas en el corto plazo, pero con un costo financiero a mediano plazo.

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ECONOMIA

Tras el salto de la inflación, el Banco Central aceleró la compra de dólares y el Tesoro subió las tasas en pesos

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Mientras el BCRA compra dólares en el mercado cambiario, el Tesoro sube las tasas de interés que paga por su deuda en pesos.

Con USD 187 millones adquiridos ayer, la cifra más alta desde el inicio de la ”fase 4” del plan monetario, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) envió un mensaje claro al mercado: no hay marcha atrás ni se le pondrá un freno a este nuevo esquema pese al pico de 2,8% que arrojó la inflación de diciembre.

El nuevo sistema que arrancó en enero pone el foco en la acumulación de reservas como uno de los ejes centrales. La idea es que se compren divisas contra emisión de pesos, que luego no son absorbidos. De esta manera, el BCRA busca satisfacer el incremento en la demanda de dinero en un clima de mayor tranquilidad y confianza.

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Algunos economistas, sin embargo, advirtieron que mantener este esquema tal como fue anunciado podría demorar el proceso de desinflación. En otras palabras, el Gobierno estaría priorizando en esta etapa la acumulación de reservas aún cuando signifique una baja de dinámica inflacionaria más lenta de lo que se venía proyectando.

Andrés Neumeyer, ex subgerente general del Central, alertó que tras el dato de diciembre “la inflación corre a un ritmo anualizado de casi 40%, lo que plantea un dilema de política monetaria. ¿Acumular reservas con un piso implícito al tipo de cambio nominal o comprar menos reservas y dejar apreciar más al peso?”.

Por el momento, no hubo que enfrentar este posible dilema. El Central compró el mayor monto desde que empezó la fase 4 a principios de enero, sin embargo el dólar minorista cayó un escalón hasta $1.480 y el mayorista a 1.453 pesos. Esto dejaría entrever que hay incluso mayor margen para seguir comprando y acumulando reservas sin que se produzca mayor presión sobre el tipo de cambio.

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Miguel Kiguel, director de Econviews, también señaló ayer que el proceso de desinflación podría ser más lento de lo que esperan los analistas. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) efectuado por el Central arrojó una estimación de 20,1% para la inflación de 2026.

A priori, parece un número complejo de alcanzar, salvo que la caída en los próximos meses sea muy significativa. También complica las cosas que el proceso de ajuste en servicios públicos aún no finalizó, lo que agrega presión sobre el índice tal como sucedió en diciembre.

Pero si bien se inyectan pesos por la compra de dólares, a su vez el Tesoro optó por renovar el 98% de los vencimientos de la licitación del miércoles, por casi $ 9,4 billones. Se trató de un mensaje de cautela, evitando expandir por demás la cantidad de liquidez en el mercado.

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Incluso las tasas fueron algo más altas con el objetivo de seducir a los inversores a quedarse en moneda local. Para el plazo más corto fue del 49% anual en pesos, pero luego promediaron el 35%. Por otra parte, tiene lógica salir a pagar un rendimiento mayor teniendo en cuenta el dato de inflación de 2,8% en diciembre.

En el caso de los bonos CER, que se licitaron a plazos más largos, las tasas también fueron mayores. Para comprar títulos indexados y que vencen en junio de 2027, el rendimiento se ubicó en 7,2% sobre la inflación.

Los títulos más elegidos fueron las LECAP más cortas, porque pagaron tasas arriba del 40% anual. Se concentró casi la mitad de la licitación en los dos plazos más cortos.

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El analista Nahuel Bernues indicó que “en la licitación casi no se dejaron pesos en la calle y se logró una vez más seguir estirando la duración de los títulos colocados por el Tesoro”. Al mismo tiempo, consideró que las tasas en pesos “quedaron atractivas para quedar comprado si confiás que el Gobierno va a ser exitoso en bajar la inflación”.

La gran incógnita hacia adelante es cuál será el nuevo nivel de compra de dólares mensual. En la medida que no aumente significativamente, un indicio de una mayor demanda de pesos, habrá mayor margen para que el Central acumule reservas sin presión excesiva sobre el tipo de cambio y la inflación.

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ECONOMIA

El BCRA suma reservas y anticipa una lluvia de dólares de la mano de la súper cosecha y Vaca Muerta

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El Banco Central concretó ayer miércoles la mayor compra de divisas desde la salida del cepo: sumó u$s187 millones en una sola jornada, y ya concretó ocho jornadas al hilo con compras netas en el mercado cambiario.

La compra del miércoles fue la mayor en diez meses: desde el 11 de marzo del año pasado que no sumaban semejante volumen de divisas.

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Desde que arrancaron las intervenciones en el mercado, el BCRA ya embolsó 525 millones de dólares.

Este volumen, que sorprendió al mercado, precede a la ola de oferta de dólares que aparecerá en el mercado a partir del otoño, de la mano de la cosecha gruesa.

El Banco Central suma dólares para reservas y anticipa cosecha récord

Lo más interesante de este proceso es que dio inicio antes de la llegada de la época típica en la oferta de divisas, que suele arrancar a mediados o fines de marzo de cada año.

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Por delante, el Gobierno tendrá a disposición la liquidación de la cosecha gruesa, que dejaría un volumen importante de divisas.

La próxima cosecha será récord en volumen: se aguarda una producción cercana a los 152 millones de toneladas, un 10% adicional a la cosecha versión 2025.

Sin embargo, las divisas no crecerán en ese mismo volumen dada la contracción de los precios internacionales de las materias primas. Y no solamente esa cuestión.

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«Se debe a una combinación de menores precios esperados y a que no se repetirían factores excepcionales que hubo en 2025. Algo similar ocurriría con la oferta energética, afectada por el retroceso de los precios», resumió el último reporte de la consultora Eco Go.

Exportaciones de granos y petróleo: los dólares que se vienen

«Tras finalizar con ventas agrícolas por u$s31.084 millones en 2025 y crecer 6,5 % anual, el valor exportable de la cosecha 2025/26 retrocedería 10,6% hasta los u$s27.804 millones en 2026», estipuló Eco Go.

En relación con las cantidades de esta próxima cosecha, el volumen de envíos de granos tendría cambios (+0,4%) respecto a 2025, cuando alcanzó a 95,7 millones de toneladas, a pesar de la mayor oferta disponible.

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«Si bien los cereales incrementarían su oferta exportable en 13%, esto se compensa con una merma de las cantidades exportadas de productos oleaginosos producto de una menor cosecha y la normalización de las exportaciones de porotos de soja», destacó Marina dal Poggetto, directora de la consultora.

En 2025 las ventas externas de porotos de soja alcanzaron a los 12 millones de toneladas, más que el doble del promedio del último quinquenio (4,9 millones). El impulso extraordinario de la demanda de China en medio de «la pelea » con EE. UU. , la rebaja transitoria de derechos de exportación y la eliminación de la brecha cambiaria impulsaron a los productores a liquidar stocks, por más de 7 millones de toneladas.

«El precio promedio proyectado para 2026 (partiendo de los precios futuros) retrocede en 11,5% en los cereales y en 4% en el caso de las oleaginosas», planteó Eco Go.

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Qué pasa con el petróleo

Otro de los factores que presiona sobre el saldo exportable es la dinámica del mercado petrolero. La mayor oferta prevista y la debilidad de la demanda global contrastan con las expectativas de expansión del comercio exterior.

En ese contexto, los precios futuros promedio se ubican actualmente un 8,4% por debajo del nivel promedio de 2025, lo que limita el crecimiento de las ventas externas del sector a apenas un 1% interanual.

Como resultado, las exportaciones del complejo agroindustrial y del sector energético sentirían el impacto y, en conjunto, registrarían una caída del 10%, hasta ubicarse en u$s31.461 millones.

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Esto supone una reducción de la oferta exportable de u$s3.550 millones en comparación con este año. Si se considera el resto de los productos, se estima que las exportaciones totales alcanzarían en 2026 los u$s85.618 millones, un 1% por debajo de lo proyectado en 2025.

De acuerdo a las proyecciones de Dal Poggetto, en el frente cambiario aparece un elemento extra que condiciona la disponibilidad de divisas, al menos en el arranque del año.

Entre enero y noviembre de 2025, la liquidación de exportaciones superó en u$s2.100 millones al valor efectivamente exportado, un desfase explicado en gran medida por el anticipo de ingresos generado por los distintos esquemas de reducción de derechos de exportación.

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Ese adelantamiento tenderá a corregirse durante los primeros meses de 2026, lo que implicaría una oferta de dólares más acotada del sector agrícola, al menos hasta febrero. Bajo este escenario, la liquidación del complejo CIARA se proyecta en u$s27.250 millones para 2026, lo que representa una caída de u$s4.037 millones en relación con el año pasado.

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