SOCIEDAD
La psicología dice que los adultos de los años 80 y 90 que crecieron con un Tamagotchi y ahora son padres han entrenando algo que ahora les da ventaja

Cuando en noviembre de 1996 llegó a las tiendas un pequeño huevo de plástico con una mascota virtual en su interior, Bandai estaba iniciando, sin saberlo, uno de los mayores experimentos de la historia. Para quienes nacieron entre los años 80 y 90 y se criaron con un Tamagotchi en las manos, la psicología sabe que ese fue su primer contacto con la crianza y cómo les afectó.
30 años después de que los Tamagotchi estuvieran hasta en la sopa después de volar semana tras semana de las estanterías, aquellos niños y niñas se han convertido en padres. Es precisamente ahora cuando estamos empezando a ver qué influencia tuvo aquél fenómeno en la forma en la que criamos a nuestros hijos. En las ventajas que nos aportó aquella experiencia y, como suele ocurrir en estos casos, qué malas prácticas traía también bajo el brazo.
El mayor experimento sobre crianza emocional
Quienes vivieron aquella época en la que no había otro tema de conversación entre los críos, recordar cómo se vivió aquella fiebre del Tamagotchi no será especialmente difícil. Volverán a tu mente aquellos pitidos mediante los que el bicho te avisaba de sus necesidades, los recuerdos de cómo lo llevabas a todos lados guardado a buen recaudo en el bolsillo, y de los dramas que suponía acudir a él y comprobar que estaba más tieso que una loncha de mojama.
Las noticias sobre cómo los colegios de otros países prohibían llevar el Tamagotchi a clase empezaron a amontonarse. Los profesores de China o Japón se quejaban de cómo aquellos molestos pitidos interrumpían la clase y la atención de los críos, pero también de lo perturbador que llegaba a ser ver a los niños completamente abatidos porque el bicho que minutos antes se movía y saltaba en la pantalla había dejado de hacerlo.

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La respuesta de nuestras madres frente a esa situación podía ser un «están locos perdidos», pero la explicación de la psicología era muy distinta. Aquella reacción era la clave para entender hasta qué punto la mascota virtual estaba provocando un vínculo emocional basado en el cuidado al responder a tres pilares básicos: proximidad, necesidad y consecuencia.
De la misma forma que la teoría del apego se valía de la crianza clásica para explicar cómo esa relación afectaba a nuestra regulación emocional y el crecimiento psicológico, el Tamagotchi estaba aprovechando esos tres pilares para dar forma a una relación. A fin de cuentas lo llevabas siempre encima, emitía señales de hambre o suciedad para alertarte de sus necesidades, y si se ignoraban esas mismas señales había una clara y demoledora consecuencia.
Aquellas reacciones, alarmantes en televisión y polémicas a ojos de nuestras madres, estaban a kilómetros de ser una exageración porque, simple y llanamente, eran psicología en su forma más básica. Es probable que, ya en aquél momento, alguien se parase a rascarse la cabeza intentando descubrir cómo terminaría salpicándonos todo aquello en el futuro. Ahora ya tenemos una respuesta.
Los padres Tamagotchi de los años 80 y 90

Aquél vínculo con los Tamagotchi evidenció que los Millenial mantenían con sus mascotas virtuales una relación que no se centraba en la razón, sino en nuestra capacidad para ser seres sociales. Según la psicóloga Sherry Turkle, el apego frente a ese ser digital se basaba en nuestra predisposición psicológica a cuidar y ser cuidados, no a un circuito mal conectado que nos hiciese perder la noción de la realidad.
La base de aquellos pequeños traumas se explicaba años después cuando, de la mano del efecto IKEA, se demostraba hasta qué punto el tiempo dedicado a alimentar, lavar y entretener a aquellos Tamagotchi se volvía en contra de los niños cuando ese ser desaparecía de su rutina diaria en un instante. Cuanto más grande era el esfuerzo por cuidarlo, más duro era perderlo.
De aquella lógica escondida detrás de conexiones neuronales se extraía también una valiosa lección. Sin saberlo, quienes se enfrentaron al desafío de cuidar a aquella mascota virtual estaban enfrentándose al desafío de ser padres, de gestionar el cuidado de otro ser que no podía verbalizar sus necesidades de forma clara y que requería una atención proactiva que se adelantase a posibles problemas.
Poca broma con esto. Hablamos de dar a un niño la responsabilidad de mantener vivo a un ser, aunque fuese de forma simulada, sin la supervisión de un mayor. No era la mascota de la familia, era la tuya, y según el estudio Toward a Psychology of Positive Youth Development, con ello se convertía en tu primer entrenamiento para la autonomía adulta.

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Los niños que crecieron con la obligación autoimpuesta de aprender a leer el estado de otro ser y responder en consecuencia para cuidarlo estaban, sin ser conscientes de ello, entrenando para cuando tuviesen que hacer lo propio con una vida real.
No sólo por cómo enfrentarse a esas necesidades, sino también aprendiendo a reconocer las emociones implicadas en el proceso, dominando cómo regularlas y, de rebote, también cómo aprovecharlas en una crianza emocional más sana que las de generaciones anteriores. Que las madres y padres de ahora tengan esa obsesión por estar siempre disponibles y atentos en forma de padres helicóptero es, lamentablemente para sus hijos, el otro lado de esa misma moneda.
Imagen | Lucas Lagos
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La psicología dice que los adultos de los años 80 y 90 que crecieron con un Tamagotchi y ahora son padres han entrenando algo que ahora les da ventaja
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3DJuegos
por
Rubén Márquez
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SOCIEDAD
Tres pasajeros murieron por un brote de hantavirus en un crucero que salió desde la Argentina

GINEBRA.- La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó este domingo sobre tres muertes relacionadas con un posible brote de hantavirus, que se transmite a través de los roedores, en un barco de crucero en el Atlántico que partió desde Ushuaia, Tierra del Fuego, el pasado 20 de marzo. En la Argentina rige una alerta sanitaria desde hace varias semanas por el aumento de casos y fallecimientos.
“La OMS fue informada de un evento de salud pública relacionado con un barco de crucero en el Atlántico y está brindando apoyo. Hasta el momento, se confirmó por laboratorio un caso de infección por hantavirus y hay otros cinco sospechosos. De las seis personas afectadas, tres fallecieron y una permanece en cuidados intensivos en Sudáfrica”, indicó el organismo.
El foco se habría originado a bordo del crucero MV Hondius que partió, de acuerdo con la BBC, el pasado 20 de marzo desde la terminal portuaria de Ushuaia con destino a Cabo Verde el próximo 4 de mayo. Según informó el vocero del Ministerio de Salud sudafricano, Foster Mohale, un pasajero de 70 años fue el primero en desarrollar síntomas. Murió en el barco y su cuerpo fue trasladado a Santa Elena, territorio británico en el Atlántico Sur.
Su esposa, de 69 años, también enfermó durante el viaje, fue evacuada a Sudáfrica y murió en un hospital de Johannesburgo. Fuentes vinculadas al caso indicaron que ambos son oriundos de los Países Bajos. La tercera víctima fatal, en tanto, seguiría a bordo del barco.
Otro caso confirmado, un ciudadano británico de 69 años, también fue evacuado a Johannesburgo y se encuentra internado en terapia intensiva. Los otros dos casos activos continúan en el crucero.
Al respecto, el Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido declaró: “Estamos siguiendo de cerca los informes sobre un posible brote de hantavirus en el crucero Hondius y estamos preparados para brindar apoyo a los ciudadanos británicos si fuera necesario. Nos mantenemos en contacto con la compañía de cruceros y las autoridades locales”.
Posible evacuación
Según fuentes cercanas a la situación, se evalúa el traslado de los dos pacientes restantes a un hospital en Cabo Verde, donde serían aislados. De concretarse, el barco podría retomar su ruta hacia el archipiélago español de Canarias, a dos o tres días de navegación.
Por su parte, la OMS señaló que está “facilitando la coordinación” entre los países involucrados y los operadores del barco para organizar las evacuaciones médicas, y destacó “la rapidez de las medidas adoptadas y la cooperación entre las partes”.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, difundió el comunicado del organismo y reforzó que se “está trabajando estrechamente con los Estados Miembros y los operadores del barco en respuesta a casos sospechosos de hantavirus detectados a bordo de un crucero”.

“La OMS está facilitando la evacuación médica de dos pasajeros sintomáticos, realizando una evaluación completa de riesgos y apoyando a las personas afectadas a bordo.La acción rápida y coordinada es fundamental para contener los riesgos y proteger la salud pública”, subrayó.
El MV Hondius es un crucero polar operado por la compañía neerlandesa Oceanwide Expeditions. Entre sus itinerarios figura uno que parte de Ushuaia hacia Cabo Verde, con escalas en las islas Georgias del Sur y Santa Elena.

Según varias páginas de monitoreo de buques, el MV Hondius se encontraba el domingo frente al puerto de Praia, capital de Cabo Verde. El buque tiene capacidad para unos 170 pasajeros y una tripulación de unos 70 miembros.
El crucero es un visitante frecuente del puerto de Ushuaia durante la temporada de verano austral (octubre-abril), utilizado principalmente para expediciones a la Antártida. A nivel local, tanto desde la Municipalidad de Ushuaia como desde el sector privado de la salud se descartó que haya habido reportes de contagios de hantavirus en los últimos meses; tampoco aparece ningún registro en los informes de epidemiología que realiza el Ministerio de Salud de Tierra del Fuego.
“Hay que ver las escalas posteriores que hizo el barco, y de dónde venían los pasajeros cuando embarcaron en Ushuaia. Si los casos se hubieran registrado o contagiado en Ushuaia, ya habría otros casos o al menos algún tipo de alerta, cosa que hasta el momento no sucedió”, destacaron en diálogo con LA NACION fuentes sanitarias locales.
El hecho de que el crucero haya iniciado su itinerario en Ushuaia pone el foco de la investigación epidemiológica en la región patagónica, donde el hantavirus es una enfermedad zoonótica transmitida principalmente por el roedor colilargo (Oligoryzomys longicaudatus).
En el sur de la Argentina y Chile, predomina la cepa Andes, que posee una característica única y preocupante a diferencia de otras variantes del virus: la capacidad de transmisión de persona a persona.
Las autoridades investigan si el contagio inicial se produjo por contacto ambiental con roedores en las zonas rurales antes del embarque, o si existió un foco de contagio dentro de la logística del buque.
“Lo concreto es que el ratón que puede transmitir la enfermedad no es una especie que se encuentre en la isla. Nos tienen que comunicar información sobre si las personas estuvieron realizando paseos turísticos en alguna zona de la Patagonia donde sí se encuentra, o si se encontraba previamente en el barco”, sumaron fuentes del área de Epidemiología provincial.
Como consecuencia de la intervención del puerto por parte de la Nación en enero de este año, “la provincia de Tierra del Fuego hoy no tiene control ni acceso al puerto de Ushuaia, no siquiera podemos ingresar al muelle”, detalló Roberto Murcia, presidente de la Dirección Provincial de Puertos. “Es un crucero que hace temporada de acá siempre, pero lamentablemente con la intervención nacional no tenemos ningún control ni sabemos del recambio de pasajeros y personal de logística”, explicó a LA NACION.
El comunicado del ministerio de Salud de Tierra del Fuego
En medio de la investigación, la cartera de Salud fueguina emitió un escrito en el que subrayó que no existen casos confirmados de hantavirus en el distrito desde que hay registros, y que hasta el momento no recibió ninguna notificación por parte del Ministerio de Salud de la Nación vinculada a este episodio.
En esa línea, las autoridades remarcaron que la zona endémica del hantavirus en el sur argentino se ubica principalmente en áreas cordilleranas de Neuquén, Río Negro y Chubut, por lo que Tierra del Fuego no forma parte de los territorios donde habitualmente circula el virus. Además, indicaron que no hay evidencia concluyente sobre la presencia de reservorios —como el roedor colilargo— con capacidad de transmisión en la provincia.
El comunicado también enfatizó que, hasta el momento, no existe ningún vínculo epidemiológico que conecte a Tierra del Fuego con los casos reportados en el crucero.
Pese a este escenario, el Ministerio de Salud fueguino señaló que mantiene un seguimiento activo de la situación y que permanece a la espera de información oficial por parte de las autoridades sanitarias nacionales e internacionales, en un contexto de monitoreo permanente frente a eventos de posible impacto en la salud pública.
Hantavirus
El hantavirus se transmite a través de los roedores, en particular por contacto con su orina, sus heces y su saliva, según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.

“Aunque sea raro, el hantavirus puede transmitirse de una persona a otra y provocar enfermedades respiratorias graves”, indicó la OMS.
“Se están realizando investigaciones en profundidad, sobre todo análisis de laboratorio adicionales e investigaciones epidemiológicas. Los pasajeros y la tribulación están recibiendo atención médica. También se está llevando a cabo la secuenciación del virus”, agregó.
En la Argentina, circulan distintas variantes del virus. La Andes, como se dijo, pueden presentar transmisión de persona a persona, aunque el mecanismo más frecuente continúa siendo ambiental.
Síntomas
Los síntomas iniciales suelen ser inespecíficos y pueden confundirse con una gripe. Incluyen fiebre superior a 38 grados, dolores musculares, cefalea, náuseas, vómitos y malestar general. En una segunda etapa, la enfermedad puede evolucionar de manera brusca hacia un síndrome cardiopulmonar, con dificultad respiratoria y compromiso hemodinámico.

Especialistas remarcan que la consulta médica temprana es clave para mejorar el pronóstico, en especial en personas que estuvieron en zonas rurales o con posible exposición a roedores en las semanas previas.
Con información de AFP y Sol Agusti (Ushuaia)
SOCIEDAD
Fin del reinado de las alacenas tradicionales: la tendencia que se impone en las cocinas en 2026

Las cocinas ya no son lo que eran. En 2026, la tendencia que pisa fuerte en la Argentina deja atrás las alacenas tradicionales y apuesta por un diseño mucho más moderno, funcional y cálido. El cambio es total: las cocinas abiertas, con grandes vitrinas, se imponen y convierten este ambiente en el verdadero centro de la casa.
Atrás quedaron los muebles cerrados y los espacios fríos. Ahora, la cocina se integra al living y al comedor, formando un único ambiente donde se vive, se charla y se comparte mucho más que una comida. Las islas y los desayunadores ganan protagonismo, y los muebles ya no tienen reglas fijas: todo se mezcla y se adapta al ritmo de cada familia.
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Las vitrinas, la nueva cara del almacenamiento
Según expertos en decoración, las vitrinas de gran tamaño son la gran novedad de este año. “Si en 2025 vimos muchas cocinas sin armarios superiores, en 2026 lo que veremos, cada vez más, son grandes vitrinas, diseños espectaculares”, aseguran desde El Mueble, un sitio de referencia en el mundo del diseño de interiores.
La idea es simple: mostrar la vajilla, la cristalería y los objetos más lindos, y dejar que la madera y los materiales nobles sean los protagonistas. Estas estanterías no solo suman elegancia, sino que también dan sensación de amplitud y ayudan a organizar mejor el espacio.
Cocinas con alma: el nuevo espacio de encuentro
Para la estilista Olga Gil-Vernet, la cocina dejó de ser solo un lugar para cocinar. “Ahora es un espacio donde compartimos charlas, risas y momentos intensos con amigos y familia. Al ser abiertas o semiabiertas, se integran cada vez más en la vida diaria y en la convivencia. Las cocinas de hoy buscan ser más cálidas, acogedoras y con alma, reflejando nuestra manera de vivir y de disfrutar del hogar”, explicó en una entrevista.
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Qué queda atrás y qué se viene en 2026
La tendencia es clara: se terminan los espacios fríos y minimalistas, las cocinas completamente blancas o negras, los acabados brillantes y las encimeras finitas. También pierden terreno los estantes abiertos poco prácticos y los armarios de toda la vida. En su lugar, llegan las baldas vanguardistas y las vitrinas de diseño, que convierten cualquier cocina en una verdadera obra de arte.
Cocina, TNS
SOCIEDAD
Se fue a bañar, prendió la luz y le estalló el calefón: la trágica muerte de una docente tras una explosión por una fuga de gas

Jésica Coria (44) sintió olor a gas durante días. Se lo dijo al dueño del departamento que alquilaba en la localidad bonaerense de Virreyes, en San Fernando, donde vivía con dos de sus tres hijos. El hombre le dijo que se iba a ocupar, pero no lo hizo. Días después, al encender la luz del baño, una acumulación de gas provocó una explosión que le causó quemaduras en el 60 % del cuerpo. Murió una semana más tarde.
El hecho ocurrió el viernes 27 de marzo en una vivienda ubicada sobre la calle Málaga al 2400, a pocas cuadras de la avenida Avellaneda, en la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Tras el estallido, Jésica fue trasladada de urgencia al Hospital San Cayetano y luego derivada a la Clínica Santa Juana de Arco, en Ciudadela, donde permaneció internada en estado crítico. Finalmente, falleció el 3 de abril.
A un mes de su deceso, su familia organizó una marcha para pedir “justicia”. “Esto no puede quedar así. Este hombre no puede seguir libre y caminando por la calle mientras yo no tengo a mi hija”, le dice su madre, Antonia, a Infobae. “Hay ocho familias más viviendo ahí que también corren peligro”, agrega.
Jésica tenía 44 años y tres hijos de 22, 18 y 7. Era docente y trabajaba en tres instituciones educativas, entre ellas la Escuela de Educación Primaria N° 34 “Guayaquil” y el Colegio Santo Domingo Savio, donde se desempeñaba como acompañante. Además, estudiaba. “Se iba a cursar después de trabajar”, recuerda su mamá.
Aquel 27 de marzo, antes de entrar al baño, Jésica les pidió a sus hijos que se quedaran en la habitación. “Cuidá a tu hermano”, le dijo al mayor. Segundos después, cuando encendió la luz, se produjo la explosión y se prendió fuego.
“Se quemó toda”, resume su madre. Envuelta en llamas, salió al exterior como pudo y una vecina le tiró una sábana mojada para apagar el fuego. Luego la trasladaron al hospital.
Antonia se enteró de lo que pasó por otra de sus hijas. La mujer, que es paciente dializada y se moviliza en silla de ruedas desde que le amputaron una pierna, no llegó a despedirse de su hija. “Al día siguiente la intubaron y no recuperó la conciencia”, lamenta. Según Antonia, Jésica vivía hacía casi cinco años en ese complejo de departamentos precarios sobre la calle Málaga. “Son viviendas chicas, todas encimadas. Hacía rato que había pérdidas de gas”, aseguró a Infobae.

Tras su muerte, los familiares comenzaron a exigir justicia y apuntaron contra el propietario del lugar. Según contaron al portal San Fernando Nuestro, mientras la docente agonizaba, el dueño habría realizado modificaciones en la instalación para simular que el suministro de gas estaba cortado antes de la explosión.
El caso llegó a oídos de las autoridades municipales, aunque la familia asegura que todavía no hubo respuestas concretas. “Fui al municipio dos veces para que me reciba el intendente, pero no pasó. Queremos saber qué van a hacer”, reclama la madre de la docente.

Ahora, los familiares de la docente fallecida buscan que la causa avance y que se determine la responsabilidad del propietario. Para este lunes, convocaron a una marcha a las 18 en la intersección de Avellaneda y Málaga, en Virreyes. “Jésica no merecía morir de esta manera. Se fue sufriendo”, agregaron.
Y cerraron: “Hay más inquilinos. No es solo por Jésica, que hoy ya no está, sino por la gente que sigue viviendo ahí. Hay ocho familias más que también corren peligro. A mi hermana le apagaron la vida. Ya no está como hermana, como hija, como madre, como abuela, como tía. Ya no la tenemos. Lo único que pedimos es justicia. Justicia por Jésica Coria”.
Intervino el Juzgado de Garantías N° 3 de San Isidro, a cargo de la jueza Andrea Mentasty, y la Fiscalía Correccional de San Fernando, a cargo del fiscal Fuenzalida, que de momento está con licencia. La causa fue caratulada como estrago doloso seguido de muerte, un delito que prevé penas de entre 8 y 20 años de prisión.
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