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Qué ver en Netflix: la serie recién estrenada que ya es la más vista en 60 países

La maquinaria de Netflix volvió a demostrar su poder global: una serie recién estrenada ya domina el ranking en casi 60 países y se convirtió en un fenómeno inmediato. Se trata de Hombre en llamas, la nueva adaptación televisiva del universo que inmortalizó Denzel Washington hace más de dos décadas y que ahora regresa con una vuelta de tuerca moderna, más cruda y expansiva.
La historia retoma al inolvidable John Creasy, aquel guardaespaldas marcado por la violencia y el pasado, pero esta vez con otro rostro: Yahya Abdul-Mateen II toma el desafío de reinterpretar al personaje en una versión que no busca copiar, sino profundizar en sus traumas y contradicciones.
Lejos de ser un simple remake, la serie apuesta por ampliar el universo narrativo. Basada en las novelas de A. J. Quinnell, esta adaptación explora con mayor detalle el costado psicológico del protagonista: un ex agente de fuerzas especiales que arrastra un trastorno de estrés postraumático mientras intenta encontrar redención.
La trama, cargada de tensión, se traslada a escenarios más contemporáneos y apuesta por una narrativa más compleja. Todo comienza con una tragedia que empuja a Creasy a iniciar un camino de venganza, una cruzada que mezcla acción, dolor y dilemas morales en un mundo atravesado por la corrupción y la violencia.
LA SERIE QUE YA ES FUROR EN UNA SEMANA
El dato que termina de explicar su explosión es contundente: a pocos días de su estreno, la serie ya lidera el ranking global de la plataforma, incluso con críticas divididas.
Con siete episodios y una impronta más oscura que la película original, Hombre en llamas logra algo difícil: recuperar un personaje icónico sin depender de su figura original. Porque aunque la sombra de Washington sigue presente, esta nueva versión demuestra que el fuego —literal y simbólico— todavía tiene mucho para arder.
Netflix
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Carmen Barbieri en “Lo de Pampita”: “Interrumpí un embarazo porque podía morir”

Carmen Luz Barbieri -nacida en Buenos Aires el 21 de abril de 1955-, se consolidó como actriz y figura destacada en el humor dentro del teatro, el cine y nuestra televisión. Proveniente de una familia con tradición en la comedia, su padre fue el capocómico Alfredo Barbieri, y la artista también incursionó como directora teatral en el género de revista y condujo varios programas de televisión.
Actualmente, Carmen está al frente de Con Carmen, un magazine diario en El Nueve donde combina actualidad, espectáculos y entretenimiento, consolidándola nuevamente como una de las figuras fuertes de la televisión.
Por el lado más íntimo, Barbieri manifestó públicamente su fe católica, a la que recurrió con mayor intensidad durante los problemas de salud de su hijo Federico, quien en 2020 logró superar un cáncer de intestino. En 2021, tras ser internada por COVID-19, relató haber visto una aparición de la Virgen de Guadalupe durante su hospitalización.
Acá, los momentos más destacados de la entrevista:
—Bienvenidos a un espacio donde la verdad no se puede evitar. Hoy recibo a una persona que admiro con todo mi corazón, con una gran carrera, una artista de raza, Carmen Barbieri.
—Hola, chiquita, te amo.
—Muchos proyectos nos tocó compartir además.
—Sí, por suerte. Te cuento lo que me dijo Fede: “¡Mamá, no hay que contar tanto!”.
—Hablando de Fede y su actual relación con Evelyn Botto, ¿te gustaría ser abuela?
—Sí, me gustaría, pero no lo vuelvo loco con “¡Ay, quiero ser abuela!“ Si viene, soy la mujer más feliz del mundo. Y si no viene, también soy la mujer más feliz del mundo… Quiero que tenga una relación como la está teniendo ahora con Evelyn, pero que sea consciente, que no haga sufrir a las mujeres, siempre le digo: “Las mujeres sufrimos mucho por los hombres”.
—¿Lo has retado por eso?
—Mucho. Las últimas veces me enojé.
—¿De dónde sale ese gen?
—Del abuelo, mi papá (Alfredo Barbieri), y de su papá (Santiago Bal)… Viene por todos lados (risas). Pero ahora Fede tiene 36 años. Ya es un hombre.
—Dijiste que lo ves chapando, enamorado a full.
—Sí, sí, lo veo que está bien, que está con una mujer… -ojo, que todas las otras también eran bellas, inteligentes y divinas: las quería; yo me encariño mucho con las chicas-, pero ahora, Evelyn es una mujer muy viva, con la cabeza muy abierta y muy inteligente. La quiero mucho. Bueno, Dios dirá. Y espero que sigan amándose.
—¿Cómo es Carmen en el sexo?
—¿En el sexo? Uy, hace tanto… (ríe).
—¿Hace cuánto?
—Hace mucho.
—No, dale, ¿cuánto?
—Será, qué sé yo… nueve, diez años.
—¡Diez años, Carmen!
—No sé… sí, no me acuerdo.
—Pero, ¿por qué?
—Porque estoy grande y el sexo tiene que ser con alguien muy especial. Que me mueva el piso, pero no por lindo ni porque tiene plata, ni porque…
—Pero no le pongas tanta presión. Te podés divertir también.
—No, tiene que ser alguien que me haga divertir. Alguien que tenga humor y que me mueva el piso, si no… siempre fui así, me parece (ríe). Tenía que ser muy inteligente, tener un humor maravilloso ¡y cantar bien!
—¡¿Cantar también?!
—Por lo menos no desafinar (risas). Ojo, el sexo no fue tan importante en mi vida como el amor, como la previa, el beso, la mirada, como ese gesto de amor que una vez tuvo alguien que salí después de Santiago. Sí tuve dos o tres amores cortos, pero uno de ellos tuvo un gesto genial porque no era del ambiente. Yo hablaba de Tita Merello ¡y él no sabía quién era! Y yo me enojaba, le decía que no hablábamos el mismo idioma…Salimos siete meses nada más. Yo lo llamaba Trapito porque me lo levanté en la calle y le puse Trapito, ¿viste? Un día me dice: “Vamos a ir a un lugar que te va a encantar”; agarró y se metió para el Gran Buenos Aires; yo dije: “Ay, acá me la da, me corta en mil pedazos con un hacha” (se ríe).
—Un loco, claro.
—Porque hacía poco que salíamos, cuatro meses, cinco. El vendía insumos médicos. Llegamos al lugar todo oscuro, un chalet todo cerrado. Se para en uno con todas las persianas bajas y me dice: “Bajá”. Y de golpe se abren todas las persianas y aparecen payasos y globos.
—¡Ay, no, era un amor!
—¡Me morí de amor, claro! ¿Y sabés lo que me dijo? “Bueno, ahora vas a poder hablar tu idioma. Ellos hablan como vos”. ¡Oooooh! Te amo, Trapito, sabés que te amo.
—No te quedaste con Trapito.
—No, se casó, tiene hijos, está todo bien.
—Era otro destino el de Trapito.
—Trapito era bárbaro. Te lo cuento y me emociono. Era para enamorarme de de Trapito, peeeeero… yo me niego mucho al amor de pareja.
—¡Abri tu corazón, Carmen, ya esta!
—Vamos a ver… Tengo un candidato y es del ambiente. No es actor, es de la parte de atrás, de las cámaras. Hablo mucho con él, es buena gente.
—Acompañar tantos años a Santiago Bal, ¿fue difícil?
—Sí, fue difícil acompañarlo en esta vida de amor. Pero nunca nos peleábamos, nunca hubo gritos… hasta que un día se cayó todo: somos muy mediáticos. Yo armé una familia, vos me vas a entender. Armé una familia con todo el amor de mi vida, porque lo que quería era tener todos unidos. Los hijos de otras mujeres de Santiago quería que estuviesen en casa, tenían sus habitaciones. Quería que las madres de esos hijos festejaran los cumpleaños y venían… Julieta (hija de Silvia Perez) dice que yo soy su segunda mamá… Había armado una casa tan linda y una familia tan linda y de golpe se vino abajo. No podía creerlo. Mirá que yo iba a análisis. Mi psiquiatra me decía: “Cada vez que entrás me pongo el cinturón de seguridad”, porque yo le decía: “¡Lo voy a matar, lo voy a matar!”.
—Leí que hasta hasta lo planeaste…

—¡Sí, lo soñaba!
—¿Cómo era en tu cabeza esa fantasía de matarlo?
—Con un paraguas (risas). ¡Le clavaba un paraguas acá! (se toca la garganta). Y después entendí que sí, claro que lo quería matar, pero acá adentro (se toca el pecho).
—Querías matar al sentimiento.
—Y lo maté. Me costó un año y medio, pero lo logré.
—¿Lo pudiste matar?
—Acá adentro, sí.
—Sí, pero ¿ese sentimiento se va de adentro del cuerpo?
—Y sí. ¿Qué?, ¿no se te fue a vos?
—Yo creo que entran todos los amores adentro del cuerpo.
—Sí, tenés razón. Pero el mío era tan fuerte, el dolor era tan grande, porque luché tanto por ese hombre: para que viviera, para que disfrutara de los hijos y después, de golpe, se vino todo abajo, que no podía seguir adelante. Es decir, no veía una vida sin Santiago Bal. Y tuve mucha ira… por eso cuando desde mi programa le hablo al televidente, le digo: “No tengan tristeza porque estamos pasando un momento muy malo en nuestro país y el argentino está sufriendo mucho. No tengan tristeza y no tengan ira, no se enojen”, porque la ira es tan mala, porque te transforma en un monstruo que no sos. Sufrís tanto, tenés tanto dolor que decís cosas o hacés cosas que hieren mucho a otra gente y no te das cuenta. El dolor te transforma en un monstruo.
—Yo a Fede lo tuve a los treinta y cuatro años y a los treinta y nueve quedo embarazada otra vez de Santiago. Y al segundo mes ya tenía dieciocho de presión. “No llegás ni al quinto mes”, me dijo el médico que siempre me atendió, que sí quería que yo tuviese otro chico. Me dice: “Te doy un consejo, no te arriesgues. No solamente podés perder el bebé, podés perder la vida”.
—¿Y cómo te tomaste esa decisión?
—Fue horrible. Tuve que interrumpir el embarazo. Eso lo conté hace poco a Fede. Dice: “Ay, ¿yo tendría un hermano?”. “Sí, pero tuve que interrumpir porque me podía morir no solamente el bebé, sino yo también”. Así que, bueno, tuve que interrumpir ese embarazo. Me hubiera encantado tener otro hijo.
—Te quedaste con las ganas.
—Sí, claro. Y no intenté más, porque…
—Por salud.
—Sí, además estaba grande, treinta y nueve años; pero igual hoy está bárbaro. A los cuarenta y pico, cincuenta, tenés un hijo,genial.
—Contaste que le dabas muchos disgustos a tu padre, el gran Alfredo Barbieri…
—Sí, muchos, especialmente con un amor que tuve, que fue Jorge Porcel.
—¿Es verdad que lo quiso matar? ¡Que le disparó!
—¡A mí me quería matar! Pero no, es mentira.
—Leí que le disparó el auto. ¿Eso es cierto o es una anécdota?
—No, no, hay cosas que se inventaron (rísas).
—Ah, pensé que era verdad…
—Mi papá no sabía manejar un arma, nunca tuvo un revólver. Sí tenía una navajita así, chiquita. Una vez le dijo a Julio de Grazia, un gran actor amigo mío y de papá: “Lo voy a matar con esto”, esa navajita. Y Julio le dice: “Con eso no le vas a llegar ni a un órgano”, algo así. En broma, obvio. Pero mi papá no podía creer que yo estaba con un hombre tan grande: me llevaba dieciocho años Porcel. Y encima era un compañero de trabajo de él.
—¿Estaba enojado por tu reputación?
—No, ¡porque era gordo! (ríe) Un día, Porcel le preguntó: “¿Alfredo, por qué no me querés?” Mi papá piensa, no encontraba las palabras y le dijo: “¡Porque sos gordo!” (ríe), en broma, por supuesto. Siempre dicen los padres que quieren para nosotros lo mejor, ¿no?
—¿Te hubiera gustado formar una familia con Porcel?
—Sí, claro. Con los hombres que yo amé siempre quería formar una familia.
—Sos una romántica.
—Sí, con cada amor que tuve -que no fueron muchos, pero fueron grandes amores- me hubiese gustado haber formado una familia. Tener un hijo. Vos hiciste bien (ríe).
—Bueno, vos también tuviste.
—Pero es un hijo solo, con un hombre solo. Me hubiera gustado de cada amor que tuve, tener un hijo, porque los amé.
—En varias entrevistas de tus amores dijiste: “Este es el amor de mi vida”, y después: “Este es el gran amor de mi vida…”
—No, yo te voy a decir cómo dije: Porcel fue el amor de mi vida. Y Santiago pasó a ser el hombre de mi vida. Por eso lo elegí como papá. Por eso con Santiago tuve un hijo y no tuve con otros, que amé también, pero no fueron esos amores como para decir: “Con este voy a tener un hijo”.
—Ahora, ¿qué tiene que tener un hombre para conquistar a Carmen?
—Ay, humor. Y un poco de guita, porque ya me estoy cansando de mantener a los hombres (rísas).
—A ver, ¿cuánto necesitamos? ¿Un básico?, que pueda sacarte a comer.

—Que no lo tenga que mantener. No necesito nada para mí. Yo sola me compro, me mantengo.
—Que se pague su alquiler.
—Sí, su alquiler, su comida (ríe). Que se pague su ropa, sus viajes, si no… todo pagaba yo. No siempre, pero casi… que no se enojen.
—Pero si viene sin un mango, pero hay mucho amor, ¿lo descartamos?
—No, sin un mango no quiero (ríe). Pero no porque quiero plata para mí. Yo soy mi dueña. Mi mamá me decía “¿Por qué no dejás que te mantengan?» No, no y no.
—¿Y si te ponemos en unas App de citas que son para famosos?
—No me gusta, ya me pusieron.
—¿Y tuviste match?
—Sí, ¡pero no creían que era yo! Entonces, al otro día yo salía en la tele y decía: “Soy yo”, ponele… “Juan Carlos, la que hablaba con vos”. Y no, después me volvían loca. Así que le digo: “Chicos, sáquenme esta aplicación porque no quiero nada”.
—¿No querías ni charlar? Si estás en tu casa aburrida la noche.
—No, tengo miedo, soy miedosa.
—Ay, ¿qué te va a pasar!
—¡No lo conozco! Prefiero que me presentes vos un hombre.
—Ah, voy a pensar, ¿eh?
—Pero no, ¿vos sabés que estoy sola y estoy bien?
—Porque podés elegir bien.
—Y vos, ¿estás sola ahora?
—Más o menos…
—¿Más o menos?
—Es que no sé cuándo sale esta nota (ríe)
—Yo tendría que decir más o menos. Me encantaría decir: “Mmm, más o menos”.
—Lo mío cambia de una semana a la otra, entonces como que…
—Está muy bien.
—…no sé qué día sale esta entrevista.
—Qué sé yo. Nunca se sabe…
—Nunca se sabe.
—Está bien eso que dijiste: “Más o menos”.
—Más o menos, sí.
—Voy a empezar a decir “más o menos” yo también.
Fotos: Candela Teicheira
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Gimena Accardi contó la dura decisión que tomó tras su separación de Nico Vázquez: “Conozco mis límites y lo que me duele”

A casi un año de su separación de Nico Vázquez, Gimena Accardi recordó la drástica decisión que tomó en ese entonces para alejarse del escándalo mediático que representó poner punto final a una de las relaciones más famosas del espectáculo argentino. La actriz relató la angustia que sintió en aquel entonces y cómo su círculo íntimo de amigas la ayudó a sobrepasar la situación.
Todo sucedió cuando la actriz visitó el programa de Mario Pergolini, Otro día Perdido (Eltrece). “¿Qué momento, no Gime, de estar tan expuesta? En ese momento uno no sabe qué hacer. Uno dice, en algún momento tiene que parar y no para”, le dijo el conductor para abordar el tema. Sin mencionar la situación, ni a su expareja, Nico Vázquez, Accardi relató: “Yo apagué todo sinceramente. Pasó el tiempo, ya casi un año y podemos divertirnos. Yo creo que el humor también te salva de esas situaciones”.
Fue entonces cuando Gimena recordó la tajante pero eficiente práctica que la ayudó a no verse influida por las repercusiones mediáticas: “Pero en ese momento particularmente nunca más prendí la tele, cerré todas las redes sociales y me refugié en mi casa con mis amigas. Preferí no verlo por mi salud mental, porque sabía que si lo veía me iba a arruinar y en ese sentido soy una persona con mucho análisis y conozco mis límites, debilidades y sé lo que me duele. Tardo mucho en recomponer ese dolor”.
Con el correr de la charla, Gimena abordó otro de los momentos más sensibles de su vida junto a Vázquez, el día que se salvaron de un derrumbe en Miami. “Fueron segundos, literalmente. Vos sabés que nosotros nunca lo hablamos en las notas ese tema. Yo esa mañana me desperté y salimos a caminar con Nico, porque estábamos laburando, hacía un mes que estábamos ahí. Estábamos trabajando y estábamos en el departamento de una persona que conocíamos y no me acuerdo qué me había pasado y yo le venía diciendo: “Yo no creo en los milagros. Yo cada vez que pido un milagro…” Venía de morir mi viejo. O sea, había muerto mi viejo en pandemia. Esto fue 2021″, comenzó diciendo la actriz.
Luego, Accardi continuó relatando su frustración al no ser escuchada por Dios: “Yo le decía eso, le digo: “Yo pido, pido, pido, pero Dios no me los concede”. Yo un montón de gente veo que le ocurren los milagros. Soy una persona religiosa, pero no soy supercatólica. Creo que hay algo. Y la verdad, me han pasado cosas que me lo corroboran mucho, sobre todo desde la muerte de mi vieja, cuando yo tenía 18, y conexiones que me demuestran que están acá de algún otro modo. Pero ese día, particularmente esa mañana, le dije eso, que yo me angustio porque no se me cumplían los milagros”.
Acto seguido, la invitada recordó las sensaciones que vivió en ese instante de terror y confusión: “Y esa misma noche nos sucede este milagro, pues realmente fueron segundos, somos los primeros testigos, somos los que estábamos adentro del ascensor. Lo primero que se derrumba es el estacionamiento donde nosotros estábamos ahí. Nosotros tuvimos que hablar ante el FBI, dar nuestras declaraciones por testigos absolutos del momento, porque aparte la torre que se derrumbó murieron todos”.
Para cerrar, Gimena destacó cómo, tras sobrevivir a esta situación se dio cuenta de que Dios sí la había escuchado: “La primera columna que se derrumba, que es el estacionamiento, nosotros estamos arriba del ascensor, que justo se abre, porque viste que en Miami frenan en recepción, abren las puertas, cierran y va a tu piso. Y cuando frena en recepción es el primer estruendo, como si fuera una explosión enorme, y dije salí del ascensor. Quedamos en el hall un rato. Segundo estruendo, que es la segunda columna. Y ahí, sí. Correr. Mi primer milagro”.
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¡Un griterío sin control! El feroz cara a cara entre Emanuel y Sol Abraham en el derecho a réplica de Gran Hermano

La casa de Gran Hermano volvió a vivir un momento de máxima tensión, pero esta vez con un condimento especial: el regreso de Sol Abraham en el clásico “derecho a réplica”. Aunque ya está fuera del juego, la exjugadora apareció en formato holograma frente a Emanuel y el cruce fue inmediato, intenso y sin filtro.
Desde el primer segundo, quedó claro que había cuentas pendientes. Con tono desafiante, Sol arrancó sin rodeos:
“¿Qué vas a hacer ahora? ¿Quién esconde la mano? Tenés más para dar… ¿qué más tenés para dar?”, disparó, sin darle margen de respuesta.
Emanuel no tardó en reaccionar y lanzó una frase que encendió aún más la discusión: “Sos un holograma, no existís más acá. No existís más”. Lejos de achicarse, Sol redobló la apuesta con ironía y fastidio: “Redondeame, que me aburro. Siempre decís lo mismo, dale un fin”.
El intercambio subió rápidamente de tono. Mientras ella intentaba explicar su juego, él la interrumpía constantemente, generando un clima caótico y cargado de tensión. “Yo jugué para adentro… y también estoy jugando desde adentro, desde afuera”, alcanzó a decir Sol, marcando su postura incluso ya eliminada.
La dinámica del cruce se volvió cada vez más intensa. Sol intentó seguir hablando, pero Emanuel no le daba espacio, lo que terminó por sacarla de eje. En medio del intercambio, ella lanzó otra frase picante: “Te encantaría ser líder…”.
Cansada de las interrupciones, explotó en vivo: “¡Callate!”. El griterío fue total y el momento dejó en evidencia la tensión acumulada entre ambos desde antes de la eliminación de Sol.El cierre del cruce llegó con una frase tajante de Emanuel, que marcó el límite entre el juego y la realidad: “Estás afuera, Sol. Estás afuera”.
La respuesta fue directa y dejó en claro su postura frente a la intervención de su excompañera, que ya no forma parte de la competencia pero sigue generando impacto dentro de la casa. Como era de esperarse, el video del enfrentamiento se volvió viral en cuestión de minutos.
Los fanáticos de Gran Hermano no tardaron en opinar y dividirse entre quienes apoyaron a Sol y quienes respaldaron a Emanuel. El “derecho a réplica”, que permite a los eliminados decir lo que no pudieron dentro del juego, volvió a demostrar que los conflictos no terminan con la salida de la casa.
Esta vez, con un detalle no menor: incluso como holograma, Sol logró sacudir el tablero… y dejar en claro que su historia en el reality todavía no terminó.
Sol Abraham
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