CHIMENTOS
Enrique Bunbury, el regreso a la Argentina y una nueva mutación: “El arte es un refugio infinito ante la desgracia”

Desde que puso un pie por primera vez en América Latina, Enrique Bunbury sintió la fascinación por los sonidos de la tierra. Fue un amor a primera escucha, de la Antártida hasta el río Bravo y del Atlántico al Pacífico. Pero eran los tiempos salvajes y rockeros de Héroes del Silencio, de guitarras enigmáticas y ese sonido postpunk que no le dejaba demasiado espacio. Todo se decantó en menos tiempo de lo que esperaba. El grupo se disolvió a partir de una interna insalvable y casi al mismo tiempo empezaba su recorrido solista. Y allá estaban los sonidos de América Latina toda, esperándolo para que experimentara con ellos.
Una vez que se sacudió la coraza de la ortodoxia rockera, Bunbury se dejó llevar con esos impulsos que aparecieron con fuerza definitiva en el revelador trabajo El viaje a ninguna parte (2004). Ese espíritu de jinete sin patria ni bandera que asumió para su camino solista supo abrevar de rancheras, cumbias y boleros, entre otros estilos. Fue un avance firme pero sigiloso, respetuoso de las formas, como quien transita un campo minado dispuesto a tomar los riesgos. Así surgió un disco de versiones, Licenciado Cantinas (2011), alter ego de un pasado sinuoso y un homenaje a los grandes autores de Latinoamérica. Pero tuvieron que pasar casi 15 años para que se sentara de puño, guitarra y letra para cantar su propia historia de la región.
“No sé por qué sucedió ahora”, le dice con brutal honestidad Enrique Bunbury a Teleshow desde Los Ángeles, su residencia en gran parte del año. La referencia es para Cuentas pendientes (2025) y De un siglo anterior (2026), dos trabajos que el zaragozano ha definido como “primos hermanos” a partir de sus similitudes. Son canciones propias -con una ilustre excepción- compuestas por Bunbury y ejecutada por músicos latinos en un estudio en México.
Un ejercicio casi inédito para alguien que supo formar grandes bandas de acompañamiento, tanto con Los Santos Inocentes como con El Huracán Ambulante. Un mix de estas formaciones lo acompaña en la gira Nuevas Mutaciones con parada obligada en Buenos Aires el 4 de noviembre en el Movistar Arena. “Me faltaba hacer un disco como este, que al final terminaron siendo dos, que miran a la canción popular y a la música de raíz, antes de moverme en otras direcciones”, confiesa un artista siempre en movimiento que ya empieza a vislumbrar ese nuevo horizonte que anticipa como un giro de 180 grados: “Vuelvo a enchufar la guitarra eléctrica y me voy a ir hacia otros sonidos”.
—Supongo que las cuentas pendientes no se terminarán nunca. ¿Son muchas en tu caso? ¿Cómo es tu relación con ellas?
—Ojalá tengas razón y queden muchas, o por lo menos algunas, porque uno va encontrándose con un pasado que cada vez es más amplio, en el que hay más discos, y claramente me quedan menos discos por delante que por detrás. Entonces, tener proyectos, tener ilusiones, mantener la capacidad de sorpresa me parece imprescindible para seguir creativamente activo. Yo lucho por no ser lo que llaman ahora un legacy act: un artista que se sube al escenario a interpretar los éxitos de otra época y que ya no saca discos. Siempre me interesa más el futuro que el pasado.
—Sin embargo, desde el título y ciertas frases, en De un siglo anterior asoma cierta nostalgia por ese tiempo pasado, que muchas veces estamos tentados a considerarlo como un tiempo mejor. ¿Sos un hombre nostálgico?
—Yo no soy nostálgico de los tiempos que he vivido. No soy nostálgico de los 90, ni de los 80. Pero sí soy nostálgico de épocas que no he vivido: me hubiera gustado vivir en los años 20 del siglo pasado o hacer una visita rápida a la Edad Media. No sé si se puede decir que eso sea nostalgia, porque ser nostálgico de la Edad Media quizás sea un poco raro (risas). Me interesa más lo desconocido que lo que ya he conocido. Y también tengo mucho interés por hacia dónde vamos. Yo no soy nada apocalíptico. Cuando veo a toda esta gente que dice que el mundo va a reventar un día de estos, siempre pienso que si eso va a suceder, al menos quiero un buen asiento para verlo y disfrutar el apocalipsis.
—En este sentido parece haber un equilibrio en las letras del disco, entre el optimismo de “Un brindis al sol”, con esa premisa de ver el vaso medio lleno, y cierta alarma por este presente disparatado, de vulgaridad y economía de la atención ¿Te sale naturalmente el optimismo o tenés que ir a buscarlo?
—Hay que forzar el optimismo, y creo que hay muchos motivos para ser optimistas. En realidad, la mayor parte de las situaciones trágicas con las que nos enfrentamos provienen de leer los medios de comunicación y de atender demasiado a lo que nuestros gobernantes nos preparan. Yo siempre pienso que el enemigo nunca está a mi izquierda ni a mi derecha: el enemigo siempre está arriba. Son los gobernantes, los partidos políticos que se dedican a partirnos, a dividirnos, y las instituciones supranacionales. Pero por lo demás, creo que tenemos múltiples motivos de alegría si miramos a la gente a nuestro alrededor, a nuestras familias, a nuestros seres queridos, a las cosas que nos emocionan, que en mi caso es el arte, la música, la literatura, el cine. Ahí encuentro un refugio infinito ante cualquier tipo de desgracia.
—Cómo fue la experiencia de grabar con músicos que no conocías?
—Mis demos por lo general son bastante avanzados: hay una instrumentación completa de guitarras, bajos, percusión, teclados, batería. Eso es lo que llevo al estudio, pero a la vez les pido a los músicos que se abstraigan muchas veces de lo que yo he hecho para encontrarle a la canción nuevos lugares interesantes. Que se olviden del bajo que yo grabé para que el contrabajista sea absolutamente libre. A veces toman algo que yo hice, a veces no. Dejarles esa libertad nos lleva a encontrar nuevos lugares y a conseguir un mejor vestido para la canción.
—Hay dos guiños muy especiales hacia Argentina en el disco. Nos diste el honor de que el único cover sea un estándar de nuestro folclore, “Zamba para olvidar”. ¿Por qué elegiste ese tema?
—“Zamba para olvidar” es una canción muy conocida en Argentina, y posiblemente también en Uruguay y Paraguay, pero no tan conocida fuera de por allí, por lo que he podido contrastar con otros periodistas en otras regiones. Mientras estaba componiendo las canciones de este disco, esa canción se me cruzó por el camino y grabé mi propia versión en el estudio, yo solo. Cuando fuimos a seleccionar el material para el disco, pensé que grabarla tenía sentido, primero porque la zamba era un género en el que yo no había escrito nada, y luego, porque la música campesina argentina es algo que me apasiona. Creía que completaba de alguna manera todo este viaje que he realizado en estos dos discos.
—Y el otro guiño es el tango, un género que habías visitado como intérprete pero no lo recuerdo como compositor. ¿Cómo fue el camino hasta “En el arcén”?
—Había escrito pseudotangos: canciones que tenían un sabor, un pequeño guiño, pero que no eran realmente tangos. Esta canción sí la hice con el interés de ubicarme dentro del género. Y la verdad es que es una de las canciones que más me ha costado a muchos niveles: desde lo musical, la letra y el cantar. Es la canción que más veces tuve que grabar para encontrarle el flow y sentirme cómodo ofreciendo algo que sé que es sagrado, por lo menos para mí. Y me da la impresión de que para muchos argentinos también lo es, y no quería fallarles.
—¿Por qué fue tan complejo?
—El tango tiene una dificultad brutal. Es difícil cantar tangos, difícil componerlos, difícil tocarlos, porque ha habido grandes maestros en los que fijarse. Desde las composiciones de Piazzolla hasta, para mí, Roberto Goyeneche, que es un tótem como cantor de tangos. Me parece el Sinatra, el Dylan de la canción tango argentina, con esa rítmica, en cómo fluye su fraseo, es lo que me parece fascinante. Se fue convirtiendo en un estilo conforme fueron pasando los años y la voz le iba fallando: cada vez cantaba menos y hablaba más. Pero incluso hablando, le pasa como a Chavela Vargas: conforme iba avanzando en edad, cada vez cantaba menos, pero su interpretación era igual de potente y conseguía el mismo efecto en el público.

Sinatra, Goyeneche, Chavela, Dylan. Sin querer, en su relato aparecen cuatro figuras capitales de un siglo anterior, entre tantos nombres que forjaron su esencia de artista. Y Bunbury se mantiene fiel a esa educación sentimental que hizo oficio y profesión entre los 80 y los 90. Época de discos físicos -vinilos, casetes, compactos, aquí el formato no importa-, con una idea concebida desde la portada hasta el último acorde. Y que se publicaban con una periodicidad que no podía ir mucho más allá de un año, como mucho, dos. En la era de los singles, de las plataformas, de los feats y de las producciones volátiles, Bunbury sigue en aquel camino del que no tiene en mente apartarse. “Me abstraigo un poco de todo eso, de los cambios de la industria, de las necesidades de las propias compañías discográficas o de los mánagers”, justifica sobre esta postura.
—¿Te sentís a gusto con estas nuevas maneras de consumir la música?
—Creo que tenemos que hacer nuestras carreras a nuestra imagen y semejanza, olvidándonos de qué es lo que ocurre fuera, porque en realidad todo es posible. Lo que ha traído el streaming y las nuevas tecnologías es que todas las versiones de mostrar tu música son posibles. No hay una que sea la correcta ni la única. Podés dedicarte a grabar sencillos exclusivamente, pero también los artistas de pop graban álbumes y creen que es necesario expresar su era y su momento creativo encerrado en forma de un larga duración. Podés publicar varios discos en un año, hay artistas que así lo hacen, y también podés tardar todo lo que quieras. Es cuestión de hacerlo según tus necesidades y con honestidad.

—Este artista en estado de producción permanente también se manifestó en una serie de poemarios. ¿Cómo se diferencia al Bunbury poeta del Bunbury escritor de canciones?
—Yo principalmente escribo canciones; a eso me dedico. Excepto cuando creo que tengo algo que tiene que formar parte de una escritura más extensa y que precisa de una libertad mayor, alejada del corsé de la música y de las estrofas y los estribillos. Entonces es cuando dejo de escribir música y durante un tiempo concreto —un mes, dos meses, tres meses— me concentro en el libro y no escribo canciones. Para mí es muy sencillo porque cierro una puerta y abro otra.
La puerta que ofrece De un siglo anterior lo devolverá a Buenos Aires en noviembre como parte de la gira Nuevas Mutaciones. Un concepto que surgió un poco a la fuerza, cuando un malestar físico lo llevó a pensar que no iba a poder cantar más. El culpable resultó ser una sustancia tóxica en el humo del escenario. La consecuencia, una nueva forma de organizar los tours. “Me quedó una manera de trabajar más centrada en lo creativo que en lo interpretativo. Mis giras son mucho más cortas. Eso me permite volver a mi estudio, a grabar, a escribir y dedicarme a mis labores creativas”.
—¿Pasas mucho tiempo en el estudio?
—Sí, desde luego. Prefiero dedicarle más tiempo a la creación. Quizás también tenga que ver con el paso del tiempo y ver que por delante tengo menos tiempo que el que tengo por detrás, y querer de alguna forma exprimirme el cerebro para dejar obras mejores que las que he hecho hasta ahora.

—¿Te interesa lo que pasa musicalmente en los géneros que más se escuchan hoy?
—Como géneros, no tanto. Me interesa de repente algún artista que se desarrolla de forma más libre y que evoluciona por sus propios derroteros. Pienso, por ejemplo, en Rosalía, que me parece que dicta un poco sus propias normas. Me parece interesante Catriel y Paco Amoroso, porque también han tomado el timón llevando su música en direcciones que no parecía que fueran las que se les habían otorgado. Milo J también me gusta mucho. Al final, dentro de los géneros urbanos me interesan los que se salen un poco del género porque se les queda corto y quieren abarcar un poco más.
—¿Qué vamos a ver el 4 de noviembre en Buenos Aires?
—Voy con una banda de diez músicos en los que hay parte de El Huracán Ambulante y parte de Los Santos Inocentes. Hacemos una revisión de canciones de todas las épocas, por eso la gira se llama Nuevas Mutaciones. Ahí entran algunas que nunca habíamos tocado en vivo, otras que habíamos tocado pocas veces, mucha revisión de canciones que consideramos que tienen unos arreglos ahora más interesantes. Todo en un formato electroacústico muy orgánico, dividido en tres partes: una parte latina, otra más soul y otra más de rock and roll.
—Eso es algo que mantuviste en toda tu carrera solista, más allá de visitar cada tanto tus grandes éxitos. Siempre estuvo claro que la novedad iba a ocupar un lugar central en tus shows.
—Montar un setlist siempre es complicado, porque tenés que hacer un balance entre lo que pensás que le interesa al público. Pero el público al final no es singular, aunque lo citemos en singular: es plural, son individuos, cada uno con sus gustos y necesidades. Siempre me encuentro a alguien que dice: “Ah, no tocaste esta, no tocaste esta otra”. Siempre faltan canciones, por mucho que intentes tocar las más representativas. De hecho, en esta gira tengo mucho interés en sorprender al público con canciones que no se esperaban, mostrar parte de mi cancionero un poco menos habitual y repasar muchas cosas que han ocurrido en los últimos años en mi carrera, que creo que son interesantes.
El 6 de octubre se cumplirán 30 años del último concierto de Héroes del Silencio en su etapa clásica. Y si bien Bunbury se encargó con su obra de no anclarse a ese pasado, la pregunta se hace inevitable. Y él lo sabe y lo acepta. Y si lo fastidia, no se le nota. “Mi mirada hacia Héroes siempre es de agradecimiento a un momento que vivimos con unas edades muy juveniles y que disfrutamos a unos niveles bastante estratosféricos. Y de hecho, es un poco la base sobre la que se sostiene la posibilidad que tuve de desarrollarme como solista. Si no hubiera tenido una carrera previa con Héroes, seguramente no me habrían consentido como me han consentido”, analiza.

—Dijiste que el documental que se publicó en 2021 no reflejaba al menos tu versión. ¿En este tiempo te dieron ganas de contar tu parte del asunto?
—¿Tú dices un libro?
—Un libro sería interesante. O tu propio documental.
—El documental no es mi género; yo no soy director de cine. Pero creo que al final la historia de Héroes, en libros, en documentales, en múltiples entrevistas y discográficamente ya ha sido contada. Se puede afinar algún matiz aquí o allá, siempre está el tema de la disolución, los motivos, pero poco más se puede apuntar. Al final, ¿por qué se disuelve un grupo? Porque es lo normal, porque las relaciones se deterioran, porque cada uno va en una dirección.
—¿No han hablado ustedes de este tema a raíz del documental?
—No. La relación en el grupo nunca fue demasiado buena; bueno, al principio fue muy buena, pero llegó un momento en que hubo un deterioro. Nuestras vidas están muy separadas.
—¿Cuándo fue la última vez que alguien se le ocurrió que era posible una vuelta de Héroes del Silencio?
—La última vez… mira, esta pregunta, me la hagas cuando me la hagas, te puedo decir: el año pasado o hace pocos meses.
—¿Y la respuesta es siempre la misma? ¿Escuchás propuestas o directamente cortás el teléfono?
—Es que no soy yo el que… Un grupo son varias personas. Esa propuesta está encima de la mesa de todos y se toma una decisión. Pero creo que la última vez ya se tomó la decisión de que esto no va a ocurrir.
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CHIMENTOS
En el Día del Maestro, Mario Pergolini homenajeó a las figuras que lo guiaron en su profesión: «Nunca ocultaban como se desarrollaron y te ayudaban»

En el Día del Maestro, Mario Pergolini dedicó un reconocimiento a los docentes de la Argentina y a las personas que, fuera de la escuela, lo orientaron durante sus primeros años en los medios. El conductor ubicó a esas figuras en un lugar central de su formación y remarcó que la tarea de enseñar requiere respaldo de las familias, de la sociedad y de quienes ocupan espacios de exposición pública.
Durante una conversación compartida con Agustín Rada y Evelyn Botto en Otro Día Perdido (Eltrece), Pergolini abrió el tema con un aplauso para los maestros del país. Incluyó en ese saludo a quienes dejaron una marca positiva y también a aquellos que, aun con limitaciones, formaron parte del paso de los alumnos por las aulas. A partir de allí, planteó una preocupación por el escenario actual de la educación y por las condiciones en las que los docentes deben desarrollar su trabajo.
El conductor mencionó las pruebas PISA, la evaluación internacional que mide el desempeño de estudiantes en áreas como lectura, matemática y ciencias, como parte de la discusión sobre las dificultades del sistema educativo. Sin profundizar en resultados específicos, señaló que el debate sobre la enseñanza se vuelve más complejo en un contexto atravesado por herramientas tecnológicas de acceso inmediato.
Pergolini advirtió que chicos y adolescentes cuentan con recursos que, según su mirada, pueden usarse para eludir el esfuerzo que implica estudiar. En ese marco, sostuvo que la función del docente enfrenta exigencias adicionales y que la escuela no puede quedar sola frente a ese desafío. “Hay que ayudar a los maestros a que puedan hacer su labor bien”, afirmó.
Su reflexión también apuntó al clima que generan los discursos públicos. Para el conductor, si las figuras políticas recurren a insultos o si predominan expresiones vulgares y mensajes simplificados, la enseñanza encuentra un obstáculo mayor. El planteo no se limitó al rol de quienes están frente a un curso, sino que extendió la responsabilidad a los adultos a cargo de la crianza.
“Todos nos deberíamos ocupar de por lo menos nuestros hijos”, expresó Pergolini. En ese sentido, propuso que las familias acompañen los procesos de aprendizaje y trabajen para que la formación escolar tenga sentido. Su mensaje cerró con una convocatoria a asumir ese compromiso de manera colectiva en todo el país.

La conversación luego se trasladó a los recuerdos personales de cada integrante de la mesa. Rada contó que una docente de literatura fue decisiva para que se animara a mostrar por primera vez una habilidad que con el tiempo se convirtió en parte de su trabajo. El actor y mago recordó a Elena Di Sarli, quien le propuso presentar un número de magia en el acto de fin de año de su colegio.
Rada explicó que inicialmente se resistió a la idea, pero la insistencia de la profesora fue determinante. “Me animé y ahí empecé a trabajar de mago mucho”, relató. Además de enviar un saludo a la familia de Di Sarli, vinculó aquel momento escolar con el inicio de un recorrido profesional que mantuvo ligado al ilusionismo y al escenario.

Botto, por su parte, eligió un recuerdo de la primaria. Nombró a Rosita, su maestra de cuarto grado, como la docente que conserva con mayor ternura. La conductora bromeó con que pudo haber sido una alumna conflictiva en esa etapa, aunque destacó que la maestra la acompañó durante el año y resumió su evocación con un agradecimiento: “Gracias, Rosita”.
Al llegar su turno, Pergolini diferenció los recuerdos de su educación formal de los aprendizajes que obtuvo en el ejercicio de su profesión. Dijo que no conserva tantas referencias de maestros o profesores de la escuela, pero sí identifica a varios comunicadores como auténticos guías de oficio.
Entre ellos mencionó a Badía, Lalo, Dolina y Castelo. Para el conductor, el valor de esas figuras no residía únicamente en la admiración que despertaban por sus carreras, sino en su disposición a transmitir conocimientos a quienes comenzaban. “Te explicaban por qué hacían las cosas”, describió sobre esa forma de enseñar.
Pergolini sostuvo que esos referentes no reservaban para sí los secretos del trabajo en radio y televisión. Por el contrario, recordó que le explicaban cómo habían construido sus trayectorias y le ofrecían herramientas para comprender el funcionamiento de los medios. También asoció ese acompañamiento con la ayuda que recibió Rada de su profesora para superar la vergüenza de presentarse ante el público.
Con esas menciones, el conductor amplió el homenaje más allá de las aulas. En su mirada, un maestro puede ser quien comparte experiencia, responde dudas y acompaña a otro en un momento de formación. Por eso incluyó a sus referentes profesionales en el saludo por el Día del Maestro y destacó la generosidad que, según relató, tuvieron con él al comienzo de su carrera.
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: sábado 12 de septiembre

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
Podés sentir cierta confusión en tus vínculos y no saber exactamente qué quiso decir el otro. Una conversación puede prestarse a interpretaciones equivocadas o generar expectativas que después no coincidan con la realidad. Evitá sacar conclusiones apresuradas. Escuchar con atención y preguntar antes de suponer puede evitar más de un malentendido.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
La mente puede sentirse un poco dispersa y te va a costar concentrarte en las obligaciones cotidianas. Podés olvidarte de algo, confundir horarios o sentir que necesitás desconectarte de las exigencias. Tratá de no sobrecargarte y revisá dos veces aquello que sea importante. Tu cuerpo también puede estar pidiéndote un poco más de descanso.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
Podés entusiasmarte rápidamente con una persona, una propuesta o una idea y después descubrir que no era exactamente como la imaginabas. En cuestiones sentimentales conviene no idealizar demasiado. También puede ser un momento de enorme inspiración creativa. Usá la imaginación para crear, pero no necesariamente para interpretar las intenciones de los demás.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
Puede costarte separar lo que sentís de lo que realmente está sucediendo. Una situación familiar o profesional podría generarte dudas respecto de qué camino tomar. No necesitás resolver todo inmediatamente. Hay información que todavía puede estar faltando y será mejor esperar antes de tomar una decisión definitiva.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
Tu imaginación estará muy activa, pero también puede resultar difícil ordenar las ideas. Cuidado con mensajes confusos, información incompleta o conversaciones en las que cada uno entiende algo diferente. Si tenés que hacer trámites, firmar documentos o tomar decisiones importantes, prestá especial atención a los detalles.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
Podés sentir dudas respecto de una cuestión económica o no tener demasiada claridad sobre un acuerdo que involucra dinero. Evitá comprometerte sin conocer todos los detalles. También será importante no dejar que las inseguridades personales distorsionen la manera en que valorás tus capacidades. No todo lo que pensás sobre vos mismo en estos días refleja la realidad.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
Con Mercurio transitando por tu signo vas a tener muchas cosas para decir, pero quizás no encuentres fácilmente la manera de hacerte entender. Una persona puede enviarte señales contradictorias o despertar dudas respecto de sus verdaderas intenciones. No intentes completar con imaginación aquello que el otro todavía no expresó con claridad.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
Tu mundo interior estará especialmente activo. Pueden aparecer recuerdos, intuiciones o pensamientos difíciles de explicar racionalmente. Vas a necesitar momentos de silencio para ordenar todo lo que estás procesando. Escuchá tu percepción, pero evitá convertir una sensación en una certeza sin tener pruebas suficientes.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
Podrías descubrir que un proyecto o una situación grupal no era exactamente como la imaginabas. También puede haber confusión con una amistad o con alguien de tu entorno social. No prometas más de lo que realmente podés cumplir y tampoco construyas demasiadas expectativas sobre las promesas de otros.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
Las decisiones profesionales pueden resultar más difíciles porque todavía no tenés toda la información necesaria. También pueden circular rumores o mensajes contradictorios en tu ámbito laboral. Evitá reaccionar ante comentarios que no hayan sido confirmados. En pocos días vas a poder mirar la situación con mucha más claridad.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
Una idea puede entusiasmarte enormemente, pero antes de convertirla en una certeza necesitás investigar un poco más. Es un tránsito excelente para imaginar, escribir, estudiar o conectar con temas espirituales, aunque no tanto para creer ciegamente en todo lo que escuchás. Permitite explorar sin necesidad de llegar inmediatamente a una conclusión.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
Neptuno puede aumentar tu sensibilidad y hacer que algunas preocupaciones económicas o emocionales parezcan más grandes de lo que realmente son. Si hay dinero compartido, acuerdos o compromisos pendientes, buscá claridad antes de decidir. En lo emocional, evitá interpretar silencios o señales ambiguas: necesitás hechos concretos antes de sacar conclusiones.
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Estefi Berardi reveló el antojo que no puede soltar durante su embarazo: “Después de desayunar, almorzar y cenar”

A casi un mes de confirmar su embarazo y de revelar el género y los nombres que eligió para su bebé, Estefi Berardi contó cuál es el antojo que no puede soltar durante esta etapa. La influencer compartió una imagen desde su auto y detalló que consume golosinas varias veces al día.
La publicación apareció en sus historias de Instagram. Berardi se fotografió en el asiento del conductor, frente al volante, con dos caramelos apoyados sobre sus piernas: un Flynnpaff y un lengüetazo.
Junto a la postal, Estefi Berardi explicó la frecuencia de ese consumo y lo vinculó con los cambios que atraviesa durante el embarazo. “No puedo parar de comer Flynnpaff y lengüetazos. Después de desayunar, almorzar y cenar”, escribió.
La influencer precisó que su promedio es de “siete o diez por día”. Luego agregó una explicación en tono humorístico sobre el origen de su preferencia por lo dulce: “El bebé me pide azúcar”.
La imagen permitió ver los dos caramelos sobre sus piernas mientras permanecía dentro del vehículo. Con esa publicación, Berardi volvió a compartir aspectos cotidianos de su embarazo con sus seguidores de Instagram.
El mensaje llegó semanas después de que la panelista confirmara la noticia, comunicara el género de su bebé y diera a conocer los nombres que tiene elegidos. Días atrás, Berardi compartió una serie de postales de su embarazo y contó cómo transita los primeros meses de espera de su primer hijo junto a Félix Orsatti. En una de las imágenes, posó frente al espejo y anunció un cambio físico que ella misma destacó: “Apareció la panza”.
La panelista publicó el álbum en su cuenta de Instagram, donde suele mostrar aspectos de su vida cotidiana. En esta ocasión, reunió fotos de distintos momentos de esta etapa y acompañó el posteo con un mensaje sobre las modificaciones que tuvo que hacer en su rutina.
“Un resumen de mi nueva vida estos meses y cómo me estuve sintiendo. Tengo días buenos y otros donde me siento extremadamente cansada y débil”, escribió Berardi al comienzo de su descargo.

La periodista explicó que tuvo que adaptarse a los cambios físicos que experimenta desde que quedó embarazada. “Acostumbrada a trabajar todo el día, ahora me toca respetar a mi nuevo cuerpo. Permitiéndome hacer todo más lento, durmiendo más y aceptando que no todos los días puedo ser ‘productiva’”, expresó.
A pesar de las dificultades que mencionó, la futura mamá manifestó su entusiasmo por el proceso. “Y disfruto de esta etapa tan hermosa, quién sabe si única y/o irrepetible. Soñada”, señaló.
Al cierre de la publicación, agradeció los mensajes que recibe de mujeres que le cuentan sus propias experiencias. “Me encanta que me cuenten sus experiencias porque me siento comprendida y acompañada. Gracias por estar del otro lado”, escribió.
Durante una entrevista en Puro Show, el ciclo de eltrece, Estefi Berardi dio más detalles sobre su embarazo. En ese momento todavía no conocía el sexo del bebé, aunque aseguró que tenía una intuición: “Yo siento que es varón. Todo el mundo me dice eso, no sé cómo se dan cuenta”.
La pareja ya conversa sobre los posibles nombres para el bebé. La panelista contó que su favorito es Vincenzo, mientras que Orsatti se inclina por Salvatore.

La elección está relacionada con la historia familiar de ambos. “Queremos nombres tanos porque nuestros ancestros vienen de ahí”, explicó la periodista sobre el homenaje a sus raíces italianas.
Berardi también reveló que el embarazo fue buscado y que comenzó a intentarlo a fines de febrero. “Yo quería ser mamá, me llevó cuatro meses quedar. Empezamos a buscar el último finde de febrero y quedé el último finde de junio”, detalló.
Para seguir los días de mayor fertilidad, utilizó una aplicación que le indicaba cuándo convenía mantener relaciones sexuales. “Hicimos las cosas superbien en ese sentido”, afirmó.
estefi berardi
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