CHIMENTOS
«Llegué a pensar en…»: Ian Lucas habló del infierno que vivió tras su vínculo con Evangelina Anderson

Ian Lucas decidió romper el silencio y hablar a fondo sobre uno de los capítulos más intensos y polémicos de su vida mediática. En una entrevista íntima con Luis Ventura para Secretos Verdaderos, el influencer se sinceró sobre cómo lo afectó toda la exposición que generó su cercanía con Evangelina Anderson durante y después de MasterChef Celebrity.
Aunque evitó entrar en escándalos directos, dejó frases contundentes sobre el desgaste emocional que vivió en aquel momento y reconoció que hubo días en los que sintió que no podía más. “Llegué a pensar en renunciar, en tirar la toalla”, confesó Ian al recordar la presión que comenzó a sentir mientras el tema explotaba en programas, redes sociales y portales de espectáculos.
Todo comenzó durante su paso por MasterChef Celebrity, donde logró consolidarse como una de las grandes revelaciones del certamen. Además de destacarse en la cocina, Ian construyó vínculos muy cercanos con varios participantes. Sin embargo, la relación que más llamó la atención fue la que mantuvo con Evangelina.
La química entre ambos rápidamente generó rumores y especulaciones. Con el tiempo, empezaron a mostrarse juntos también fuera del programa y el vínculo quedó bajo la lupa mediática. Pero lejos de convertirse en una historia tranquila, la situación terminó explotando públicamente.
Mientras Ian sostenía que lo vivido era genuino y real, Evangelina tomó distancia y dejó entrever otra postura sobre el tema, situación que derivó en tensiones y fuertes repercusiones en redes. Ahora, meses después, el influencer habló del impacto que tuvo semejante nivel de exposición sobre su salud emocional. “Me estaba haciendo mal el afuera”, reconoció durante la entrevista.
Según explicó, entrar a un ambiente completamente distinto al de las plataformas digitales fue mucho más difícil de lo que imaginaba. “Soy muy transparente y se me nota todo. Entré en un ambiente que no era el mío y sentí prejuicios desde el principio”, expresó.
En medio de esa crisis emocional, Ian aseguró que el apoyo de su familia fue fundamental para no abandonar el programa. “Por suerte estuvieron todos atrás mío. Mi familia, mi equipo de trabajo… sentía que me iba”, relató. A pesar del mal momento, también eligió recordar algunas cosas positivas de la experiencia y sorprendió al hablar sin resentimiento sobre Evangelina Anderson.
“Ella es muy buena persona”, afirmó, dejando en claro que no guarda rencor por lo ocurrido. Además, reflexionó sobre cómo cambió todo cuando la historia salió del ámbito privado y pasó a convertirse en tema de debate público. “Adentro fue una cosa y afuera se empezó a opinar muchísimo”, explicó.
Ian también remarcó que jamás utilizó la situación para obtener visibilidad o generar repercusión mediática. “De mi parte nunca salió nada. Nunca subí nada ni expuse nada”, sostuvo con firmeza. Con estas declaraciones, el influencer dejó ver un costado mucho más vulnerable. Y aunque hoy asegura sentirse más fortalecido, dejó claro que hubo momentos en los que la presión mediática casi lo supera por completo.
Ian Lucas, Evangelina Anderson
CHIMENTOS
David Lebón y Pedro Aznar desbordaron de emoción la primera noche del regreso de Serú Girán

El viernes 19 de junio, David Lebón y Pedro Aznar pisaron juntos por primera vez el escenario del Movistar Arena de Buenos Aires para el regreso de Serú Girán. Fue la inauguración de un capítulo nuevo, el primero de cinco shows agotados que la banda más amada del rock argentino se dispuso a dar en ese escenario. Lo que ocurrió durante casi dos horas no fue un simple concierto: fue la prueba de que la música hecha por músicos, con el pulso de la emoción y no de las máquinas, todavía puede detener el tiempo y llenar de algo verdadero cada rincón de una sala. Y con la presencia intangible de Charly García y el fallecido Oscar Moro sobrevolando cada canción
Antes del show, un cocktail en el estadio reunió a figuras que no quisieron perderse la noche. Entre los presentes estuvieron Lali junto a Pedro Rosemblat, Nito Mestre, Sandra Mihanovich, Lalo Mir, Cecilia Roth, Gastón Pauls y muchos más. El ambiente ya cargaba con la electricidad de lo que se venía.

A las 21.10 se apagaron las luces. Lebón entró desde la derecha del escenario y Aznar desde la izquierda. Se encontraron en el centro, se abrazaron, y David lo resumió todo en tres palabras: “Bueno, llegamos”. El público, que llenaba cada rincón del Movistar Arena con una mezcla de padres con sus hijos y una mayoría entusiasta de hombres y mujeres que pasaban las cinco décadas, respondió con una ovación que no bajó de intensidad en toda la noche.
El show arrancó con “Parado en el medio de la vida”, los dos solos, sin más adornos que sus voces y sus instrumentos. Fue un comienzo que ya anticipaba el tono de la noche: íntimo, despojado, directo al hueso. Después, la intro de “La Grasa de las Capitales” y “Frecuencia Modulada” a todo ritmo, dio paso a la banda completa: Federico Arreysegor en teclados y voces, Fernando Cosenza en guitarras, Matías Sabagh en batería y Fermín Ferraris en teclados. Aznar los presentó uno por uno y luego tomó la palabra Lebón, con la voz llena de una emoción que no lo abandonó en toda la noche, dijo: “Quiero agradecer a Pedro, él fue el que juntó a esta gente atrás mío. Trabajaron como locos desde el primer día. Yo necesito decirles a todos ustedes que han pasado muchas cosas desde que nací, y nunca me imaginé que a los 74 años iba a llenar estadios”. La sala entera lo abrazó desde abajo.

El concierto avanzó por los cinco discos de estudio con un equilibrio que pocos esperaban. Del debut homónimo de 1978 —grabado en Brasil junto a Billy Bond, un disco al que le costó ser aceptado cuando la banda llegó de vuelta al país— sonaron apenas dos temas: “El mendigo en el andén” y “Seminare”, el que con los años se convirtió en el himno más reconocible de los llamados “Beatles argentinos”. De La Grasa de las Capitales (1979) llegaron cinco: la intro del tema que da título al álbum, “Perro Andaluz”, “Noche de Perros”, “San Francisco y el lobo” y “Viernes, 3AM”. Bicicleta (1980) aportó cuatro: “Canción de Alicia en el país”, “Cuánto tiempo más llevará”, “Desarma y sangra” y “Encuentro con el diablo”. De Peperina (1981) fueron cinco: “Parado en el medio de la vida”, “Cinéma Verité”, “Esperando nacer”, “En la vereda del sol” y “Peperina”. Y Serú ’92, el del breve regreso, cerró con seis: “Nos veremos otra vez”, “Si me das tu amor”, “Mundo agradable”, “Déjame entrar”, “Uno en uno” y “A cada hombre, a cada mujer”. El álbum en vivo No llores por mí, Argentina (1982) sumó el tema que le da nombre. Una distribución que honró cada etapa de la banda sin privilegiar ninguna.
Cada canción tuvo su momento particular. La voz de Lebón se quebró de emoción, casi hasta las lágrimas, cuando cantó “Nos veremos otra vez”. En “Canción de Alicia en el país”, en lugar de “el rey de espadas”, Aznar cantó la letra original: “la policía”, sin eufemismos. Y en “Peperina”, la palabra “huevos” sonó entera, sin el pitido con que la censura la tapaba en los años de la dictadura. El público lo festejó con una carga de alivio histórico que fue difícil no sentir.

En “Noche de Perros”, Aznar desplegó su bajo fretless con una precisión y ese sonido único (del que alguna vez, cuando grabó Tango 4 con Charly, abjuró) que erizó la piel de la platea; Lebón, por su parte, hizo rugir su Gibson a lo largo de toda la noche con la autoridad de quien lleva décadas hablando ese idioma sin necesitar traducción. Cuando terminó “Desarma y sangra”, desde la platea brotó un grito espontáneo: “¡Gracias, Charly!”. Charly García, alma fundadora de la banda, no estuvo presente en el escenario ni en el estadio, pero su espíritu sobrevoló cada canción de la noche. En las pantallas del estadio se sumaron imágenes de distintas épocas de García y de Oscar Moro, el baterista histórico de Serú Girán fallecido en 2006, que completaron esa presencia invisible pero permanente. Lebón asintió cuando la gente coreó el nombre de Charly: “Sí señor”. Fue uno de los momentos más cargados de la velada, de esos que no se planifican y que por eso duran.
“San Francisco y el lobo” nació como una canción de guitarra acústica, delicada, casi susurrada. Pero esa noche terminó de otra manera: con toda la banda adentro, con la potencia que alguna vez le dio Lebón en vivo para refrescarla, y el Movistar Arena entero se puso de pie para aplaudir. Antes de “Viernes, 3AM”, Lebón preguntó al público: “¿Están sintiendo?”. La respuesta fue un rugido. Cuando el tema terminó, Aznar anunció: “Los dejo un ratito con David”. Era el momento de cantar por separado, lo que García había bautizado en los recitales de Obras Sanitarias en 1981 como “momento solista”.

Lebón se quedó en el escenario con el pianista y tocó “En la vereda del sol” con tumbadoras, como en los viejos tiempos. Antes, contó que esa canción nació en Uruguay, en las primeras vacaciones que junto a Charly pudieron tomarse con los primeros dineros ganados. “Siempre andaba con pianitos chiquititos, siempre hacíamos canciones. Yo era muy chico en ese momento”, dijo, y rió con esa risa suya, ancha y sin cálculo: “Ahora tengo diez nietos”. A sus 74 años, Lebón se mostró exactamente así: pleno, presente, sin nostalgias innecesarias.
Después fue el turno de Aznar con su guitarra. Tocó “Déjame entrar” y antes de “Uno en uno” —canción suya incluida en Serú ’92— se dirigió a Lebón con una confesión que detuvo la respiración de la sala: “Esta canción la soñé, y cuando la soñé estaba cantada por tu voz. Fui a escribirla. Y cuando la escuché se me puso la piel de gallina, porque la cantaste tal como la había soñado”. El silencio que siguió fue de los que pesan, de los que dicen más que cualquier aplauso.

Antes de “Mundo agradable”, Aznar recordó que cuando Lebón les mostró esa canción a él y a García sin darle mucho crédito a su creación, los dos le dijeron sin dudar que era “su Imagine”. Lebón sonrió, dijo “ahora me gusta”, y contó que para grabar el disco de 1992 que derivaron en los shows en River cada uno andaba por su lado —Aznar giraba con Pat Metheny en Estambul— y se pasaban las canciones por teléfono. “Charly llamaba y decía que la cinta del cassette saltaba”, recordó entre risas del público que reconoció en esa imagen una época entera.
El cierre del segmento central llegó con la aparición de Juanito Moro, el único invitado de la noche, presentado por Aznar con ternura y con orgullo: “parte de la familia”. “Era chiquitito, estaba en una valijita mientras ensayábamos, todavía no habían comprado un moisés”, completó Aznar. Juanito es hijo de Oscar Moro, y tocó la batería exactamente donde su padre lo hizo durante años. La emoción en el estadio fue física, palpable. Se lució en “Cuánto tiempo más llevará” con una solidez que hizo saltar al público de sus asientos, y cerró su participación con “No llores por mí, Argentina”. Fue la imagen más poderosa de la noche: la historia de Serú Girán latiendo con sangre nueva, en manos de alguien que la lleva en el apellido.

El setlist de 22 temas recorrió toda la discografía con justicia, aunque algún fanático habrá echado de menos clásicos como “Eiti Leda”, ausente en esta primera fecha, la versión completa de “La grasa de las capitales”. El cierre fue “Peperina”, y después vino lo que el público esperaba con la misma certeza con que se espera el aire: el “oh, oh, oh, oh, oh” que miles de gargantas cantaron en los recitales de la década del 80, y el “una más y no jodemos más”, ese ritual colectivo que el tiempo no borró. Serú Girán volvió al escenario para “Seminare”, con el público de pie y la linterna de los celulares en vez de los encendedores. A las 23.07 Lebón despidió este regreso con cuatro palabras: “Todo el amor para ustedes”.
Afuera, en la noche de Buenos Aires, miles de personas salieron con los ojos húmedos y algo adentro que no sabían muy bien cómo nombrar. Quizás era eso: la certeza de que algunas cosas, cuando son verdaderas, no se van nunca del todo. Que Charly y Moro estaban ahí. Que Juanito tocó donde tocó su padre. Que David y Pedro, a los 74 y 66 años, subieron a ese escenario sin red y entregaron todo. Y que el Movistar Arena entero se fue a casa feliz.

Los cuatro shows siguientes en el mismo estadio —21 de junio, 10 de julio y 9 de agosto, todos agotados, más una quinta fecha el 12 de septiembre— completan la temporada porteña. La gira continúa por Córdoba (26 de junio, Quality Arena, agotado), Rosario (4 de julio, Metropolitano), Mendoza (25 de julio, Arena Maipú) y Mar del Plata (14 de agosto, Polideportivo), con una segunda fecha en Córdoba el 25 de septiembre con entradas disponibles.
Fotos: RS Fotos
CHIMENTOS
Qué ver en Netflix: la nueva serie española que acaban de estrenar y es ideal para el fin de semana

La competencia entre las series internacionales dentro de Netflix no da respiro y, cada tanto, aparece una producción capaz de sorprender incluso a quienes siguen de cerca los estrenos de la plataforma. Eso es justamente lo que está ocurriendo con Oasis, una ficción española que desembarcó recientemente en el catálogo y que ya empieza a despertar curiosidad entre los fanáticos del misterio.
La historia se desarrolla en un exclusivo complejo turístico reservado para las familias más adineradas del país. A simple vista, el lugar parece reunir todos los ingredientes de unas vacaciones perfectas: playas privadas, servicios de lujo y una seguridad que promete mantener alejados los problemas. Sin embargo, todo cambia cuando una desaparición sacude la tranquilidad del resort y pone a todos bajo sospecha.
A partir de ese momento, huéspedes y empleados quedan atrapados en una trama cargada de secretos, mentiras y relaciones ocultas que comienzan a salir a la luz. Lo que parecía ser un paraíso se transforma rápidamente en un escenario de tensión constante, donde cualquiera podría estar involucrado en el misterioso hecho que investiga la policía.
La serie apuesta por una fórmula que suele funcionar muy bien entre los espectadores: la del enigma que se va construyendo episodio tras episodio. Con giros inesperados y personajes que esconden más de lo que muestran, la producción busca mantener la incertidumbre hasta el final y convertir al público en parte de la investigación.
LA NUEVA SERIE ESPAÑOLA DE NETFLIX
El elenco está integrado por jóvenes figuras que ya tuvieron participación en exitosas producciones españolas. Entre ellos se destacan Ana Garcés, Tomy Aguilera y Victoria Kantch, acompañados por un amplio reparto que da vida a los diferentes personajes que habitan este complejo turístico donde nada es lo que parece.
Según adelanta la sinopsis oficial, «cuando una chica desaparece en un lujoso resort, tanto los empleados como los huéspedes quedan atrapados en el lugar como sospechosos… y no saldrán hasta que se descubra la verdad». Con esa premisa, Oasis se perfila como una de las apuestas más atrapantes para quienes disfrutan de las historias policiales, los secretos familiares y los thrillers cargados de suspenso.
Netflix
CHIMENTOS
Hernán Arbuco de La Champions Liga: “Arranqué con el éxito y después quedé solo con mi tristeza”

Hernán Arbuco tiene 33 años, casi 17 de carrera y una historia que arranca en un vestuario de Vélez Sarsfield con un teclado Casio y canciones enviadas por Bluetooth. El creador de La Champions Liga pasó por Nunca me faltes, el ciclo de entrevistas de Infobae Studio que conduce Manu Jove, y habló como pocas veces: del éxito que llegó antes de que pudiera entenderlo, de los que se fueron cuando las luces se apagaron y de la crisis silenciosa que atravesó entre el fútbol que dejó y la música que todavía no sabía bien si era suya.
Esta vez, el invitado trajo una historia que va mucho más allá de los hits: la de un pibe de las inferiores que renunció a su sueño de ser futbolista profesional para apostar por una banda que nadie del ambiente tomaba en serio, y que terminó firmando un acuerdo con la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) para poder usar su propio nombre.
Aquí, los momentos destacados de la charla:
— Sos pendejo, pero tenés una carrera. ¿Cómo llevás eso?
— Siempre digo lo mismo. Empecé a cantar a los 17 años, me empecé a profesionalizar, y ya voy a cumplir casi 17 años de carrera. Arranqué a los 17, tengo 33, voy a cumplir 34. Entonces mi cabeza me dice: vas a ser más tiempo Hernán de La Champions Liga que sin ser Hernán de La Champions Liga. Lo llevo con responsabilidad. Me siento un privilegiado. La gente me transmite mucho el tema de “marcaste una época” y eso a veces no lo termino de dimensionar, tal vez por la edad. Trato de subirme al escenario y darles todo, que se encuentren con ese sentimiento de escuchar y decir: esto me hace acordar a cuando iba al colegio.
— Me interesa mucho esas dos vidas, la vida antes y después de ser Hernán de La Champions Liga. ¿Cuánto cambió en ese momento, cuando estalló, cuando empezaste a pegarla?
— Muchísimo. Lo primero fue renunciar a un sueño, que era ser jugador de fútbol. Yo estaba en inferiores de Vélez jugando a la pelota y empecé a grabar canciones. Era suplente, nadie me aseguraba nada. Llegó un momento donde descubrí una pasión. Hoy, más grande, creo que mi misión es la música.

— ¿Cuánto tiempo llegaste a hacer las dos cosas en simultáneo? O sea, seguías entrenando, seguías con los partidos y ya habías empezado a cantar, a presentarte en boliches, en shows.
— Lo pude hacer dos meses con los chicos de la banda que había armado con los del vestuario. El técnico hasta nos preguntaba si tocábamos ese fin de semana. Después, en diciembre de 2009, llegó una propuesta para hacer una gira en Uruguay y todo empezó a cobrar otro vuelo. Hice la pretemporada en enero de 2010 y ahí estaba tocando un poco. De hecho, hace poco conté que me descubrieron en una que fui a tocar. Fui a jugar sin dormir. Había un amistoso con Independiente el sábado. Me llama el técnico y me dice: “Mirá, me dijo mi hijo que iba a ver La Champions Liga en tal lado”. Y éramos nosotros. En ese amistoso de verano citaron 22 jugadores. De los 22, dos no entramos. Yo y un amigo. Nos mandaron a correr y nos dijeron: “Última vez, última vez”.
— ¿Y eso fue un poco un quiebre también?
— Eran señales. En septiembre, octubre, noviembre, diciembre de 2009 hice algunos shows con los chicos del club. A partir de ahí lo pude sostener hasta abril, tres o cuatro meses, porque ya eran muchas las propuestas. Vino una muy grande en Uruguay, la Fiesta de la Cerveza en Paysandú, ante unas 20.000 personas. Cuando me paré ahí fue tremendo. Era ver una multitud gritando por la Champions. Había tres artistas antes: Karina, 18 Kilates, Chili, y yo cerraba el festival. Me temblaban las piernas cuando me subí al escenario. Después de esa gira, en abril de 2010, volví a casa, miré a mi viejo y me dijo: “Ya está, me parece que vas a tener que tomar una decisión”. Fue muy claro y muy crudo: “El fútbol es difícil, vos no sos titular, podés tener una lesión de rodilla”. Y lo otro, una vida útil más corta como futbolista.
— ¿Es cierto que hubo algún reclamo de la UEFA?
— Sí, es cierto. Tengo un acuerdo firmado con la UEFA para poder usar el nombre. Cuando presenté La Champions Liga, hay un convenio donde la UEFA te pone oposición. Todos se agarraban de eso: “No tiene registrado el nombre”. Como mi cara no estaba tan impuesta, aparecían otros diciéndose La Champion Liga. Me llegaron a tratar de trucho. Para pelear contra eso recurría a los programas de fútbol, porque venía de ese palo. Fútbol para todos, La patada descendente, Pura química. Era batallar desde ese lado. Yo inventé la Champion Liga.

— ¿Hay un momento en el que te das cuenta, en el que te quedaste solo? ¿Cómo es ese momento en el que mirás para los costados y los que estaban ya no están?
— Duro. Es duro. Te lo cuento con 33 años, habiéndolo trabajado, pero en ese momento son desilusiones. Vos te bajás de un escenario con la adrenalina al palo, sos el número uno, todos quieren hablar con vos, todos quieren saber qué onda. Por ahí uno te cayó bien, dos también, confiaste. Lo invitaste a tomar un mate a tu casa, saliste una noche. Y después te diste cuenta o te pidieron un favor. Cuando las luces se apagan, miraba así y estaba solo. Solo. No había nadie que me iba a pedir una foto, no había nadie que me hablaba. Estaba solo con mi tristeza. Son muchas desilusiones, a veces de golpe.
— Y esto de la imitación, los imitadores, ¿conviviste un rato con ellos?
— Sí, hasta no hace mucho. En Bolivia hay un muchacho que usa mis dos nombres, Hernán Nicolás Arbuco, y se hace pasar por mí. Usa el piano blanco que yo uso, todo. Es una estafa. El nombre ya está registrado, tengo Hernán y La Champion Liga, con acuerdo y mediación de por medio. Pero en ese momento, ¿de qué me agarraba yo? Les cantaba y me decían: “Sí, vos sos la voz que yo escucho”. La movida tropical fue muy cruel con nosotros, porque yo venía del fútbol, nunca había pertenecido a una banda. Era como llegar de otro planeta. Y pegado, porque de arranque se pegó. Un representante me dijo: “En tu caso, nunca nadie había logrado que un fenómeno se hiciera tan grande sin ponerle dinero en difusión”. Lo mío fue un boca en boca. Me conectaba al MSN y veía que los estados decían: “La Champion Liga, No lo engañes más”. Pasaban coches escuchando. Decía: esto es una locura.

— En algún momento te arrepentiste de decir: che, no, era el fútbol, le pifié.
— Tuve cuestionamientos serios, por eso terminé en terapia. Cuando empecé a cantar, me decían: aprovechá, esto dura seis meses, como mucho un año. Y yo los miraba pensando: si dura poco y largué mi sueño, va a ser complicado. Pero ya estaba surfeando la ola. Siempre que intentaba bajarme del escenario, lo intenté varias veces, tenía como señales de la vida que me decían: por acá no. Soy muy de fe por eso.
— ¿Quisiste volver al fútbol?
— Sí, intenté. Me fui a probar a otro club, pero no me daba el físico ya de tanta gira. Y también me cambiaron los horarios. Hasta los 17 años madrugaba: colegio, entrenamiento. Después me transformé en un artista. Ya no hay más cuestionamientos.
— ¿Lo pensás a veces, qué hubiese pasado si elegías el fútbol?
— Eso me pasó con el orgullo más grande, con los que me cumplieron el sueño: con la Scaloneta. Los veía y decía: creo que ellos me cumplieron el sueño. Lo de Catar lo disfruté como si yo estuviese en el plantel. Lloré mucho con ese mundial, soy una persona emocional. Después de eso fue como que realmente me cumplieron el sueño que de chiquito yo soñaba. Al mundial vamos como con la manito en el bolsillo. Pero a la pregunta, me cumplieron el sueño.
— Y en ese consejo de aprovechalo, que no sabés cuánto dura, es que llega todo eso de la gira es interminable, los diez boliches una noche. O sea, entraste también en todo ese mundo.
— Claro. Cuando dejé el fútbol ya tenía gente que me representaba en Uruguay, tenía una propuesta en Argentina. Mucha data para un chico de 17 años con todo ese proceso. Yo siempre a mi equipo le planteo lo mismo: nosotros no hacemos cantidad, hacemos calidad. No me gusta el “dale, que no llegamos al otro”, andar llegando a las seis y media, siete de la mañana. El público paga una entrada y no le podés llegar a cualquier hora porque venís tocando. Ese fue un concepto que siempre intenté romper. Soy exigente con mis compañeros: somos privilegiados de trabajar de esto y hay que tomarlo con seriedad, más allá de que es una fiesta el show. Arranqué al revés: arranqué con el éxito. El furor duró un año, un año y medio, y después hubo que volver a empezar. Eso me hizo construirme como artista. Lo que sube de golpe es muy probable que baje de golpe. Trabajé mucho en mí mismo esa caída. Mucha gente me ve y me dice: arriba del escenario sos un león. Y abajo sos re chill. Mi lugar en el mundo es el escenario. Es como entrar a la cancha.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
POLITICA2 días agoPatricia Bullrich: “El Presidente considera que Adorni dio una explicación razonable”
POLITICA3 días agoEl Gobierno envía señales de que Adorni tiene las horas contadas para evitar que sesione el Senado
INTERNACIONAL3 días agoGOP Gov DeWine urges Ohio to abolish the death penalty, says it is no longer a deterrent
















