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CHIMENTOS

Enrique Bunbury, el regreso a la Argentina y una nueva mutación: “El arte es un refugio infinito ante la desgracia”

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El ex cantante de Héroes del Silencio regresa al país con nuevas canciones y un espectáculo que resume su trayectoria

Desde que puso un pie por primera vez en América Latina, Enrique Bunbury sintió la fascinación por los sonidos de la tierra. Fue un amor a primera escucha, de la Antártida hasta el río Bravo y del Atlántico al Pacífico. Pero eran los tiempos salvajes y rockeros de Héroes del Silencio, de guitarras enigmáticas y ese sonido postpunk que no le dejaba demasiado espacio. Todo se decantó en menos tiempo de lo que esperaba. El grupo se disolvió a partir de una interna insalvable y casi al mismo tiempo empezaba su recorrido solista. Y allá estaban los sonidos de América Latina toda, esperándolo para que experimentara con ellos.

Una vez que se sacudió la coraza de la ortodoxia rockera, Bunbury se dejó llevar con esos impulsos que aparecieron con fuerza definitiva en el revelador trabajo El viaje a ninguna parte (2004). Ese espíritu de jinete sin patria ni bandera que asumió para su camino solista supo abrevar de rancheras, cumbias y boleros, entre otros estilos. Fue un avance firme pero sigiloso, respetuoso de las formas, como quien transita un campo minado dispuesto a tomar los riesgos. Así surgió un disco de versiones, Licenciado Cantinas (2011), alter ego de un pasado sinuoso y un homenaje a los grandes autores de Latinoamérica. Pero tuvieron que pasar casi 15 años para que se sentara de puño, guitarra y letra para cantar su propia historia de la región.

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“No sé por qué sucedió ahora”, le dice con brutal honestidad Enrique Bunbury a Teleshow desde Los Ángeles, su residencia en gran parte del año. La referencia es para Cuentas pendientes (2025) y De un siglo anterior (2026), dos trabajos que el zaragozano ha definido como “primos hermanos” a partir de sus similitudes. Son canciones propias -con una ilustre excepción- compuestas por Bunbury y ejecutada por músicos latinos en un estudio en México.

Un ejercicio casi inédito para alguien que supo formar grandes bandas de acompañamiento, tanto con Los Santos Inocentes como con El Huracán Ambulante. Un mix de estas formaciones lo acompaña en la gira Nuevas Mutaciones con parada obligada en Buenos Aires el 4 de noviembre en el Movistar Arena. “Me faltaba hacer un disco como este, que al final terminaron siendo dos, que miran a la canción popular y a la música de raíz, antes de moverme en otras direcciones”, confiesa un artista siempre en movimiento que ya empieza a vislumbrar ese nuevo horizonte que anticipa como un giro de 180 grados: “Vuelvo a enchufar la guitarra eléctrica y me voy a ir hacia otros sonidos”.

—Supongo que las cuentas pendientes no se terminarán nunca. ¿Son muchas en tu caso? ¿Cómo es tu relación con ellas?

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—Ojalá tengas razón y queden muchas, o por lo menos algunas, porque uno va encontrándose con un pasado que cada vez es más amplio, en el que hay más discos, y claramente me quedan menos discos por delante que por detrás. Entonces, tener proyectos, tener ilusiones, mantener la capacidad de sorpresa me parece imprescindible para seguir creativamente activo. Yo lucho por no ser lo que llaman ahora un legacy act: un artista que se sube al escenario a interpretar los éxitos de otra época y que ya no saca discos. Siempre me interesa más el futuro que el pasado.

—Sin embargo, desde el título y ciertas frases, en De un siglo anterior asoma cierta nostalgia por ese tiempo pasado, que muchas veces estamos tentados a considerarlo como un tiempo mejor. ¿Sos un hombre nostálgico?

—Yo no soy nostálgico de los tiempos que he vivido. No soy nostálgico de los 90, ni de los 80. Pero sí soy nostálgico de épocas que no he vivido: me hubiera gustado vivir en los años 20 del siglo pasado o hacer una visita rápida a la Edad Media. No sé si se puede decir que eso sea nostalgia, porque ser nostálgico de la Edad Media quizás sea un poco raro (risas). Me interesa más lo desconocido que lo que ya he conocido. Y también tengo mucho interés por hacia dónde vamos. Yo no soy nada apocalíptico. Cuando veo a toda esta gente que dice que el mundo va a reventar un día de estos, siempre pienso que si eso va a suceder, al menos quiero un buen asiento para verlo y disfrutar el apocalipsis.

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En uno de los cortes de difusión de su último disco, el español ofrece una mirada optimista de los tiempos que corren

—En este sentido parece haber un equilibrio en las letras del disco, entre el optimismo de “Un brindis al sol”, con esa premisa de ver el vaso medio lleno, y cierta alarma por este presente disparatado, de vulgaridad y economía de la atención ¿Te sale naturalmente el optimismo o tenés que ir a buscarlo?

—Hay que forzar el optimismo, y creo que hay muchos motivos para ser optimistas. En realidad, la mayor parte de las situaciones trágicas con las que nos enfrentamos provienen de leer los medios de comunicación y de atender demasiado a lo que nuestros gobernantes nos preparan. Yo siempre pienso que el enemigo nunca está a mi izquierda ni a mi derecha: el enemigo siempre está arriba. Son los gobernantes, los partidos políticos que se dedican a partirnos, a dividirnos, y las instituciones supranacionales. Pero por lo demás, creo que tenemos múltiples motivos de alegría si miramos a la gente a nuestro alrededor, a nuestras familias, a nuestros seres queridos, a las cosas que nos emocionan, que en mi caso es el arte, la música, la literatura, el cine. Ahí encuentro un refugio infinito ante cualquier tipo de desgracia.

—Cómo fue la experiencia de grabar con músicos que no conocías?

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—Mis demos por lo general son bastante avanzados: hay una instrumentación completa de guitarras, bajos, percusión, teclados, batería. Eso es lo que llevo al estudio, pero a la vez les pido a los músicos que se abstraigan muchas veces de lo que yo he hecho para encontrarle a la canción nuevos lugares interesantes. Que se olviden del bajo que yo grabé para que el contrabajista sea absolutamente libre. A veces toman algo que yo hice, a veces no. Dejarles esa libertad nos lleva a encontrar nuevos lugares y a conseguir un mejor vestido para la canción.

Enrique Bunbury explora la música latinoamericana en sus discos ‘Cuentas pendientes’ y ‘De un siglo anterior’, grabados con músicos en México (Gentileza Prensa – José Girl)

—Hay dos guiños muy especiales hacia Argentina en el disco. Nos diste el honor de que el único cover sea un estándar de nuestro folclore, “Zamba para olvidar”. ¿Por qué elegiste ese tema?

—“Zamba para olvidar” es una canción muy conocida en Argentina, y posiblemente también en Uruguay y Paraguay, pero no tan conocida fuera de por allí, por lo que he podido contrastar con otros periodistas en otras regiones. Mientras estaba componiendo las canciones de este disco, esa canción se me cruzó por el camino y grabé mi propia versión en el estudio, yo solo. Cuando fuimos a seleccionar el material para el disco, pensé que grabarla tenía sentido, primero porque la zamba era un género en el que yo no había escrito nada, y luego, porque la música campesina argentina es algo que me apasiona. Creía que completaba de alguna manera todo este viaje que he realizado en estos dos discos.

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—Y el otro guiño es el tango, un género que habías visitado como intérprete pero no lo recuerdo como compositor. ¿Cómo fue el camino hasta “En el arcén”?

—Había escrito pseudotangos: canciones que tenían un sabor, un pequeño guiño, pero que no eran realmente tangos. Esta canción sí la hice con el interés de ubicarme dentro del género. Y la verdad es que es una de las canciones que más me ha costado a muchos niveles: desde lo musical, la letra y el cantar. Es la canción que más veces tuve que grabar para encontrarle el flow y sentirme cómodo ofreciendo algo que sé que es sagrado, por lo menos para mí. Y me da la impresión de que para muchos argentinos también lo es, y no quería fallarles.

—¿Por qué fue tan complejo?

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—El tango tiene una dificultad brutal. Es difícil cantar tangos, difícil componerlos, difícil tocarlos, porque ha habido grandes maestros en los que fijarse. Desde las composiciones de Piazzolla hasta, para mí, Roberto Goyeneche, que es un tótem como cantor de tangos. Me parece el Sinatra, el Dylan de la canción tango argentina, con esa rítmica, en cómo fluye su fraseo, es lo que me parece fascinante. Se fue convirtiendo en un estilo conforme fueron pasando los años y la voz le iba fallando: cada vez cantaba menos y hablaba más. Pero incluso hablando, le pasa como a Chavela Vargas: conforme iba avanzando en edad, cada vez cantaba menos, pero su interpretación era igual de potente y conseguía el mismo efecto en el público.

Fotografía monocromática de un músico con sombrero vaquero arrodillado en un escenario iluminado, con otros músicos y el público en el fondo
Enrique Bunbury destaca la importancia de mantener la creatividad activa y rechaza convertirse en un artista de legado que repite éxitos del pasado (Gentileza Prensa – José Girl)

Sinatra, Goyeneche, Chavela, Dylan. Sin querer, en su relato aparecen cuatro figuras capitales de un siglo anterior, entre tantos nombres que forjaron su esencia de artista. Y Bunbury se mantiene fiel a esa educación sentimental que hizo oficio y profesión entre los 80 y los 90. Época de discos físicos -vinilos, casetes, compactos, aquí el formato no importa-, con una idea concebida desde la portada hasta el último acorde. Y que se publicaban con una periodicidad que no podía ir mucho más allá de un año, como mucho, dos. En la era de los singles, de las plataformas, de los feats y de las producciones volátiles, Bunbury sigue en aquel camino del que no tiene en mente apartarse. “Me abstraigo un poco de todo eso, de los cambios de la industria, de las necesidades de las propias compañías discográficas o de los mánagers”, justifica sobre esta postura.

—¿Te sentís a gusto con estas nuevas maneras de consumir la música?

—Creo que tenemos que hacer nuestras carreras a nuestra imagen y semejanza, olvidándonos de qué es lo que ocurre fuera, porque en realidad todo es posible. Lo que ha traído el streaming y las nuevas tecnologías es que todas las versiones de mostrar tu música son posibles. No hay una que sea la correcta ni la única. Podés dedicarte a grabar sencillos exclusivamente, pero también los artistas de pop graban álbumes y creen que es necesario expresar su era y su momento creativo encerrado en forma de un larga duración. Podés publicar varios discos en un año, hay artistas que así lo hacen, y también podés tardar todo lo que quieras. Es cuestión de hacerlo según tus necesidades y con honestidad.

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Enrique Bunbury, en blanco y negro, canta con los ojos cerrados, brazos extendidos. Viste camiseta, corbata, y sombrero con llamas. Sostiene un micrófono y gesticula
Bunbury resalta la importancia de la honestidad artística y la libertad de expresión ante los cambios tecnológicos y las tendencias del streaming (Gentileza Prensa – José Girl)

—Este artista en estado de producción permanente también se manifestó en una serie de poemarios. ¿Cómo se diferencia al Bunbury poeta del Bunbury escritor de canciones?

—Yo principalmente escribo canciones; a eso me dedico. Excepto cuando creo que tengo algo que tiene que formar parte de una escritura más extensa y que precisa de una libertad mayor, alejada del corsé de la música y de las estrofas y los estribillos. Entonces es cuando dejo de escribir música y durante un tiempo concreto —un mes, dos meses, tres meses— me concentro en el libro y no escribo canciones. Para mí es muy sencillo porque cierro una puerta y abro otra.

La puerta que ofrece De un siglo anterior lo devolverá a Buenos Aires en noviembre como parte de la gira Nuevas Mutaciones. Un concepto que surgió un poco a la fuerza, cuando un malestar físico lo llevó a pensar que no iba a poder cantar más. El culpable resultó ser una sustancia tóxica en el humo del escenario. La consecuencia, una nueva forma de organizar los tours. “Me quedó una manera de trabajar más centrada en lo creativo que en lo interpretativo. Mis giras son mucho más cortas. Eso me permite volver a mi estudio, a grabar, a escribir y dedicarme a mis labores creativas”.

—¿Pasas mucho tiempo en el estudio?

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—Sí, desde luego. Prefiero dedicarle más tiempo a la creación. Quizás también tenga que ver con el paso del tiempo y ver que por delante tengo menos tiempo que el que tengo por detrás, y querer de alguna forma exprimirme el cerebro para dejar obras mejores que las que he hecho hasta ahora.

Silueta oscura de una persona con cabello rizado de espaldas, mirando a la izquierda, contra un gran círculo de luz naranja y uno pequeño blanco en su espalda
La gráfica de ‘Nuevas Mutaciones’, la gira con la que Bunbury llegará a Buenos Aires el 4 de noviembre para actuar en el Movistar Arena (Gentileza Prensa – José Girl)

—¿Te interesa lo que pasa musicalmente en los géneros que más se escuchan hoy?

Como géneros, no tanto. Me interesa de repente algún artista que se desarrolla de forma más libre y que evoluciona por sus propios derroteros. Pienso, por ejemplo, en Rosalía, que me parece que dicta un poco sus propias normas. Me parece interesante Catriel y Paco Amoroso, porque también han tomado el timón llevando su música en direcciones que no parecía que fueran las que se les habían otorgado. Milo J también me gusta mucho. Al final, dentro de los géneros urbanos me interesan los que se salen un poco del género porque se les queda corto y quieren abarcar un poco más.

—¿Qué vamos a ver el 4 de noviembre en Buenos Aires?

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—Voy con una banda de diez músicos en los que hay parte de El Huracán Ambulante y parte de Los Santos Inocentes. Hacemos una revisión de canciones de todas las épocas, por eso la gira se llama Nuevas Mutaciones. Ahí entran algunas que nunca habíamos tocado en vivo, otras que habíamos tocado pocas veces, mucha revisión de canciones que consideramos que tienen unos arreglos ahora más interesantes. Todo en un formato electroacústico muy orgánico, dividido en tres partes: una parte latina, otra más soul y otra más de rock and roll.

—Eso es algo que mantuviste en toda tu carrera solista, más allá de visitar cada tanto tus grandes éxitos. Siempre estuvo claro que la novedad iba a ocupar un lugar central en tus shows.

—Montar un setlist siempre es complicado, porque tenés que hacer un balance entre lo que pensás que le interesa al público. Pero el público al final no es singular, aunque lo citemos en singular: es plural, son individuos, cada uno con sus gustos y necesidades. Siempre me encuentro a alguien que dice: “Ah, no tocaste esta, no tocaste esta otra”. Siempre faltan canciones, por mucho que intentes tocar las más representativas. De hecho, en esta gira tengo mucho interés en sorprender al público con canciones que no se esperaban, mostrar parte de mi cancionero un poco menos habitual y repasar muchas cosas que han ocurrido en los últimos años en mi carrera, que creo que son interesantes.

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El 6 de octubre se cumplirán 30 años del último concierto de Héroes del Silencio en su etapa clásica. Y si bien Bunbury se encargó con su obra de no anclarse a ese pasado, la pregunta se hace inevitable. Y él lo sabe y lo acepta. Y si lo fastidia, no se le nota. “Mi mirada hacia Héroes siempre es de agradecimiento a un momento que vivimos con unas edades muy juveniles y que disfrutamos a unos niveles bastante estratosféricos. Y de hecho, es un poco la base sobre la que se sostiene la posibilidad que tuve de desarrollarme como solista. Si no hubiera tenido una carrera previa con Héroes, seguramente no me habrían consentido como me han consentido”, analiza.

Héroes: Silencio y rock & roll, el documental de Héroes del Silencio que no convenció a Enrique Bunbury
Héroes: Silencio y rock & roll, el documental de Héroes del Silencio que no convenció a Enrique Bunbury

—Dijiste que el documental que se publicó en 2021 no reflejaba al menos tu versión. ¿En este tiempo te dieron ganas de contar tu parte del asunto?

¿Tú dices un libro?

—Un libro sería interesante. O tu propio documental.

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—El documental no es mi género; yo no soy director de cine. Pero creo que al final la historia de Héroes, en libros, en documentales, en múltiples entrevistas y discográficamente ya ha sido contada. Se puede afinar algún matiz aquí o allá, siempre está el tema de la disolución, los motivos, pero poco más se puede apuntar. Al final, ¿por qué se disuelve un grupo? Porque es lo normal, porque las relaciones se deterioran, porque cada uno va en una dirección.

—¿No han hablado ustedes de este tema a raíz del documental?

—No. La relación en el grupo nunca fue demasiado buena; bueno, al principio fue muy buena, pero llegó un momento en que hubo un deterioro. Nuestras vidas están muy separadas.

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—¿Cuándo fue la última vez que alguien se le ocurrió que era posible una vuelta de Héroes del Silencio?

—La última vez… mira, esta pregunta, me la hagas cuando me la hagas, te puedo decir: el año pasado o hace pocos meses.

—¿Y la respuesta es siempre la misma? ¿Escuchás propuestas o directamente cortás el teléfono?

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—Es que no soy yo el que… Un grupo son varias personas. Esa propuesta está encima de la mesa de todos y se toma una decisión. Pero creo que la última vez ya se tomó la decisión de que esto no va a ocurrir.



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CHIMENTOS

Sabrina Rojas, enamorada de Pepe Chatruc: “Hay muchas cosas suyas que me hacen decir ‘¡qué flor de hombre!’»

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Sabrina Rojas regresa a la pantalla de América TV con programa propio: Pasó en América

El año viene redondo para Sabrina Rojas. En lo profesional, Pasó en América —el ciclo que conduce junto a Augusto “Tartu” Tartúfoli— regresa este lunes a la pantalla de América TV, de lunes a viernes a las 23 horas, con formato renovado, panel reforzado y las mismas ganas con las que la dupla se despidió a fin de 2025. En lo personal, el vínculo con el exfutbolista José “Pepe” Chatruc avanza a paso firme y ella ya habla de amor sin titubear: “Me lo estoy permitiendo”, dice con la soltura de quien aprendió a no quedarse donde no tiene que estar.

El regreso de “PEA” —como lo llaman sus seguidores— no fue una decisión menor. Tras despedirse en diciembre pasado con un Martín Fierro en el bolsillo, la productora Corner Contenidos presentó una propuesta firme al canal para relanzar el ciclo, y América TV dijo que sí. El programa vuelve con el mismo espíritu que lo hizo querido: actualidad, humor y entretenimiento en la franja nocturna. Esta vez, Sabrina y Tartu contarán con un panel integrado por Natalie Weber, Martín Salwe, Barby Franco y Ailén Bechara. “Queremos que parezca que nunca nos fuimos”, anticipó la conductora.

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Composición vertical dividida de Sabrina Rojas. A la izquierda, ella baja gafas de sol negras. A la derecha, mira de frente con aretes dorados y cabello rubio.
Sabrina Rojas, en un gran año por partida doble: vuelve a la conducción de un programa propio y está enamorada de Pepe Chatruc

La química entre los dos conductores fue, desde el principio, el activo más difícil de replicar. Lo que arrancó en 2024 como un programa de emergencia —sin escenografía, sin panel, pensado para cubrir un bache de mes y medio— terminó convirtiéndose en uno de los productos más estables de la grilla. “La gente nos quiso, nos adoró y nos quedamos un año así”, recuerda Rojas. Ahora, con escenografía, equipo y un Martín Fierro como aval, la apuesta es consolidar lo que ya probó funcionar.

— ¿Qué dinámica nueva va a tener el programa con respecto al ciclo anterior?

— Primero que estamos muy contentos. Me parece increíble que estemos nuevamente a punto de hacerlo de nuevo. Viste que cuando uno se despide de un proyecto, en general se despide para siempre. Es muy raro que vuelvas después de un tiempo con lo mismo. Y estar volviendo es realmente increíble. Estamos todos muy, muy felices y como que todavía no caemos. Tenemos ganas de que sea tal cual fue nuestro programa. De hecho, hasta con la escenografía, que parezca que nunca nos fuimos, que la gente cuando nos vea nos reconozca. No queremos volver con otra escenografía, otra cosa. Queremos el espíritu Pasó en América cien por cien. No va a haber muchos cambios, más que algunas secciones y cosas que también se van generando en el día a día.

Sabrina Rojas, de cabello rubio, posa de perfil con un vestido negro de tirantes y falda larga, con detalles plateados, sobre un fondo verde liso.
Sabrina Rojas posa con un elegante vestido negro adornado con detalles plateados, mostrando su carisma en una sesión de fotos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

— ¿Cuándo te descubriste como conductora?

— Mirá, había hecho cosas de muy chica en Fox Sports como conductora, pero con formatos grabados, cubriendo cosas que sucedían en la nieve, carreras de motocross. Había hecho vivo, pero siempre con coconductores. Nosotras hacíamos más una participación, que era Leo Montero, Gustavo López en ese momento. Yo era muy joven y reconocía un poco ese terreno, si bien no lo había transitado mucho. Después, cuando empecé en A la Tarde con Karina Mazzocco como panelista, estuve muy poquito tiempo porque por una cuestión de horarios se me complicaba. Cuando se lo planteé al canal, Fer Merlini y Liliana Parodi me dijeron: “Nosotros te queremos hace un montón en el canal y ahora que te tenemos no te queremos perder”. Había un piloto para hacer y me dijeron: “¿Te animás a conducir?”. Y yo, a esta edad, sentí que sí, que lo podía hacer. Le dije: “Sí, hagámoslo”. Hicimos varios pilotos con distintos conductores y finalmente lo terminé haciendo con el Tucu López, que fue un programa que duró seis meses los fines de semana. Ya ahí sentí que era un lugar que me estaba gustando. Tener buenas críticas de Liliana y de Fer, con muchas cosas por pulir, me hizo pensar: “Este puede ser un terreno”. La gimnasia que te da el diario hace que te curtás mucho más, y eso llegó con Pasó en América. Era un proyecto muy corto, nos lo aclararon. No teníamos escenografía, éramos Tartu y yo, sin panel. Y no sé, la gente nos quiso, nos adoró y nos quedamos un año así. Al segundo año nos agrandaron, nos pusieron escenografía, panel y demás.

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— ¿Te temblaban las patitas la primera vez que condujiste sola SQP, cuando reemplazaste a Yanina Latorre por sus vacaciones?

— Sí, el primer día sí, porque estoy acostumbrada a mirar de costado y tener a Tartu. Entonces, si bien estaba segura de que lo podía hacer, tenía una adrenalina que me hizo temblar las patitas. Y aparte esto de prender la tele y no ver a Yanina, descubrir que hay otra persona. Fue un desafío que también hizo que se vea que lo puedo hacer sola. Ahora justamente estoy llegando al canal a reemplazar a Yani, que una vez más confió en mí para dejarme su lugar mientras ella se va de vacaciones. Todo ese desafío te enseña: hace que o sigas o desaparezcas, pero te enseña.

Sabrina Rojas y Tartu, la dupla de "Pasó en América"
Sabrina Rojas y Tartu, la dupla de «Pasó en América»

— Nombraste varias veces la frase “a mi edad”. Venías de una carrera como modelo que en algún punto tiene un techo. ¿Era esto lo que soñabas?

— En realidad me veía más como actriz. Hice mucho, mucho teatro, mucha comedia. Entonces creía que iba a ir por ahí lo mío con el paso del tiempo. Esa conductora que vi pasar en la juventud no se me había ocurrido. Pero también digo “a mi edad” porque no es lo mismo hacer un personaje en una comedia dirigida por un director que arrancar un programa en vivo y tener que pilotear con un productor que te habla por el auricular, con cosas que fallan en el momento, tratando de traspasar la pantalla para que el que te está mirando se quede. Creo que si esa oportunidad se me hubiese presentado unos años atrás, por una cuestión de inseguridades mías, no hubiese estado igual de plantada. Me llegó en el momento que me tenía que llegar, ya siendo una mujer mucho más plantada en la vida, con mucho más recorrido, con cosas más vividas y con una seguridad que hace que me pueda plantar sola, mirar a cámara y empezar un programa en vivo.

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— Estás en un programa diario sobre espectáculos y farándula, y tu propia vida personal también es noticia. ¿Cómo manejás eso?

— Un día, siendo panelista en el programa de Karina Mazzocco, me di cuenta de que mi opinión era portal. Que tal vez algún compañero o compañera opinaba sobre un tema de manera más picante que yo, pero no lo replicaban. No sé bien qué es ni por qué. También como conductora, muchas veces digo algo y se replica, y a lo mejor hay conductoras maravillosas y superexitosas, pero no las replican en los portales. Pero también, a mis 46 años, me resbala a un nivel que digo: “Guau”. Lo pienso y digo: “Qué espectacular esto que pasa”. Soy una mujer que con mi exmarido tuve guardias durante meses en mi casa, durante años, donde cualquier cosa que pasara de mi vida privada lo levantaban en los programas, y ahora estoy del otro lado. Entonces hay una parte que entiendo, porque a veces yo debo estar haciendo o diciendo cosas que no me han gustado que digan de mí, y yo con algún tema estoy opinando de la misma manera.

Selfie de José Chatruc y Sabrina Rojas sentados en un café. Él se apoya en ella, mirando a cámara con una expresión divertida. Ella sonríe, mostrando su cabello rubio y largo
José Chatruc y Sabrina Rojas posan juntos en un café, confirmando públicamente su relación.

— Pasemos al terreno personal. ¿Qué te enamoró de Pepe Chatruc?

— Ay, un montón de cosas.

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— ¿Ya se puede hablar de amor, no?

— Sí, se puede hablar de amor. Hace muy poco que estamos y siempre digo paso a paso, y soy consciente de que se puede terminar mañana por cualquier cosa de la vida, porque uno se desenamore o por lo que sea. Pero sí, lo estoy viviendo muy tranquila y me lo estoy permitiendo. Entonces sí puedo hablar de amor. Hay muchas cosas que me enamoraron. No me había pasado con nadie de registrar tantas cosas lindas que decís: “Ay, qué espectacular este hombre”. En él encontré un hombre muy íntegro, y eso me encanta y me seduce. Tiene de todo un poco, que es como difícil de encontrar. Es un hombre inteligente, con sentido del humor, con sentido común, culto, divertísimo, muy bien plantado en la vida, profesional, buen papá. Hay un montón de cosas de Pepe que hacen que lo admire y que diga: ¡guau, qué flor de hombre este!

— Han dicho: “¿Qué le vio a Pepe Chatruc?”. ¿Qué respondés a eso?

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— Sí, pobre mi alma (ríe). Si miramos en la farándula hay un montón que están robando. No sé por qué se la agarraron justamente con Pepe, porque no todas salen con Brad Pitt. Al contrario, me parece que en vez de registrar y decir: “Qué bueno que no todo es lo estético”, más allá de que yo lo veo guapísimo y que tiene toda esa cosa de morocho y linda sonrisa que me gusta. Porque primero, por supuesto, te tiene que atraer físicamente. Aparte tiene un lomazo Pepe, lo que pasa es que es un tapado, no se muestra, pero tiene exactamente el mismo cuerpo de cuando jugaba al fútbol. No se puede creer. ¿Viste cuando jugaba y se sacaba la camiseta? Te digo, está mejor que antes. Y también me gusta que, de manera unánime, cada persona de distintos rubros que lo conoce me habla muy bien de él.

Reflejo en un espejo de una mujer rubia besando a un hombre con barba, ambos vistiendo ropa casual. La mujer sostiene un teléfono para tomar la selfie
José Chatruc y Sabrina Rojas, la pareja del momento, comparten un apasionado beso en un ascensor, formalizando su amor mientras celebran el cumpleaños de la actriz en un momento íntimo capturado por ella misma.

— ¿Pudiste volver a confiar en un hombre?

— Sí, eso se construye con el tiempo. No me lo permito yo tampoco. No podría estar con una persona que hoy me genere un ruido. Hoy tengo la facilidad de soltar fácil y rápido. Hay cosas que ya no las busco. O sea, si no están, no hay relación. No pierdo un minuto de mi vida en algo que no va o en algo que me genere algún tipo de ansiedad.

— ¿Lo perdiste en algún momento? ¿Te quedaste cuando no te tenías que quedar?

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— Sí. En todas mis relaciones me quedé más tiempo del que me tenía que quedar. En todas, desde que era muy joven. Por los hijos, ni hablar, cuando tenés familia hasta se justifica más. Pero en otras relaciones que no tuve hijos en común también me quedé más de lo que hacía falta. En alguna relación, un añito antes me hubiese ido. Ahora no estoy para estar ni siquiera un mes en algo que me pueda llegar a generar ansiedad. En el caso de Pepe, es lindo saber que estás con una buena persona, más allá de que yo no buscaba estar en pareja. Y eso hace que una registre más cómo quiere estar. Porque la verdad, cuando estás desesperada por estar en pareja, cualquier cosa te viene bien, pero cuando estás bien con tu soledad estás más atenta a todo.

— En un momento hasta dijiste que a Pepe lo apuraste un poquito en la primera cita…

— Sí, él venía medio lento. Yo lo miraba y creo que él miraba para atrás como diciendo: “No me está mirando a mí, debe estar mirando al de atrás”. Era como: “¿A mí?” “Sí, a vos”. Tuve que tirar muchas señales antes para que se diera cuenta. Si hacés una nota con él, tal vez te lo discuta, pero yo tuve que insistir bastante.

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— ¿Cómo está hoy tu relación con Luciano Castro?

— Bien. Luciano y yo siempre vamos a tener idas y vueltas como cualquier familia. Hay momentos en los que tenemos más diálogo y podemos compartir algún momento familiar, momentos donde no tenemos ganas de vernos. Pero ahora estamos en un buen momento, está todo mucho más tranquilo. Son relaciones muy de familia: cuando tenés un hermano, un padre, hay veces que te llevás mejor y veces que te llevás peor. Y son vínculos que no se pueden cortar, porque al tener niños no podés decir: “No lo quiero ver más”. No es lo que quiero para mis hijos, que vean una mamá y un papá que no se saludan, que no se hablan, que no pueden hacer un chiste y reírse. Aún en nuestros peores momentos, nunca caímos en una cosa como tal vez Cubero y Nicole, de tener que tener abogados, no poder hablar entre nosotros algún problema de nuestros niños, no poder decir: “Te lo llevo”, “Dale, buscalo”. Eso no se cortó nunca, pero sí, ahora estamos mejor.

Imagen dividida: a la izquierda, Sabrina Rojas, mujer rubia con chaqueta de mezclilla; a la derecha, Luciano Castro, hombre moreno con bigote y barba, chaqueta negra
Sabrina Rojas sostiene que es la única ex de Luciano Castro que no le soltó la mano luego de su internación

— Cuando él tuvo infidelidades con Flor Vigna o con Siciliani, vos posteabas con cierta ironía. Pero cuando lo internaron, te llamaste a silencio y cubriste a la familia. ¿Cómo lo manejaste puertas adentro con tus hijos?

— Nunca hablé del tema. Porque a veces dicen “qué brava que sos”, y el tiempo lo único que hace es demostrar que yo puedo hablar de infidelidades y de cosas más superficiales. Si bien una infidelidad te puede lastimar el autoestima, te genera cosas, pero de las cosas mucho más profundas nunca hablé públicamente. Puedo contar si fue un buen marido conmigo, puedo opinar si le fue infiel a otra porque yo viví lo mismo. Pero no de cosas tan íntimas que para mí ni siquiera deberían tratarse públicamente… El otro día escuchaba las noticias sobre el cocinero, (Christian) Petersen, y yo pensaba: “No sé si es necesario contar algo tan íntimo de cómo él llegó a la clínica”. Me parece que tenemos que dejar que las personas vivan su intimidad así, de manera íntima. A mis hijos los protejo, no sé cómo hago, pero lo hago. Y después, por supuesto, se los sienta, se les cuenta la verdad y se les enseña. Porque estas cosas enseñan y también no hay que tener vergüenza ni nada. Son cosas y situaciones que hay que apoyar y cuidar. La familia siempre está. Las parejas vamos a pasar y van a pasar, pero la familia es la que está.

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— ¿Sentís que fuiste la única de sus ex que no le soltó la mano?

— No lo siento, es así. Pero tengo hijos en común. No puedo juzgar, porque creo que si no los tuviese, quizás hubiese dicho: “No sé, es tu problema”. No sé si hay relación o preocupación de los otros lados, no tengo idea, no pregunto. Pero si fuese así, no juzgo, porque yo, tal vez si no tuviese hijos en común, cortaría totalmente el vínculo. Cada uno con su vida.



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La obsesión de Diego Ramos por los colores y el orden: “Ser simple lo hace más complicado“

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Dicen que con el paso del tiempo uno se pone más mañoso. O tal vez, con más costumbres y una personalidad bien marcada. Y tal vez sea ello lo que le sucedió a Diego Ramos quien, de un tiempo a esta parte, optó por ver el mundo en solo dos colores. Al menos, eso dejó en claro en estas horas.

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El actor y conductor visitó los estudios de Otro día perdido y en ese contexto profundizó sobre ese fanatismo extremo que tiene por esos dos colores en particular. “Sos muy ordenado. Sé que tenés una obsesión por el blanco y negro”, le marcó Mario Pergolini.

A lo que Ramos reafirmó: “No es una obsesión, es una tranquilidad”. Luego de que el presentador y animador de ciclo de El Trece le recordara que hasta llegó a pintar un árbol de navidad en esos dos tonos, en su defensa el actor lanzó: “Sí, pero mirá lo lindo que queda”.

“Yo era un tipo de color. Me revestía. Me aburrí de combinar. Es más fácil blanco y negro: todo me combina. Soy más del negro. Desde las 7 de la mañana a la noche, si estás de negro estás bien”, argumentó Diego, defendiendo su obsesión.

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DIEGO RAMOS NO VE LA VIDA EN COLORES

Finalmente, recordó un contenido que estaba grabando dentro de su hogar y sumó: “El otro día hice un video de mi cocina y estaba la frutera. Y dije: ‘Qué lástima la fruta de color’. No combinaba…”. Al escucharlo, Pergolini le dijo que tenía problemas, ya que también era complicado para comer.

“La otra vez me di cuenta que ser simple, o lo que yo considero ser simple, es complicado. Porque voy a un restaurante, por ejemplo, y digo: ‘Dame una pechuga de pollo con papa hervida’, y me doy cuenta que le desbarajusta todo. Es más fácil pedir lo que tiene”, remató Ramos.

 

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Diego Ramos

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CHIMENTOS

De los grandes clásicos al abismo del suspenso, el nuevo reto teatral de Juan Gil Navarro: “El desafío siempre es constante”

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Juan Gil Navarro se prepara para el estreno de Misery en el Teatro Metropolitan, bajo la dirección de Manuel González Gil (RS Fotos)

En una cabaña perdida entre la nieve, donde el silencio pesa tanto como el temor, Paul Sheldon despierta a un destino incierto. Afuera, la tormenta es paisaje; adentro, cada palabra escrita puede sellar su suerte. Sobre las tablas, esa tensión se traslada a la piel de Juan Gil Navarro, quien junto a Julia Calvo dará vida a los inolvidables protagonistas de Misery, la obra de Stephen King que desafía los límites entre la admiración y la obsesión. En exclusiva con Teleshow, el actor revela los secretos de un proyecto que lo saca de su zona de confort y lo enfrenta a un género pocas veces explorado en su carrera.

El encuentro tuvo lugar en el corazón de Villa Crespo, en una habitación luminosa y repleta de libros, pósters de obras y fotos. Como si el clima de encierro y desvelo de la ficción se filtrara en la vida real, Gil Navarro se mueve con la soltura de quien ha transitado escenarios y sets diversos: desde el drama intenso de Las brujas de Salem y Druk, hasta los desafíos corales de Votemos y los fenómenos televisivos que lo convirtieron en un rostro familiar para el público.

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No se trata solo de protagonizar una historia de encierro, fijación y locura. El rol de Paul Sheldon lo enfrenta con dilemas que trascienden la ficción y lo invitan a reflexionar sobre los límites de la admiración, la salud mental y el poder de la palabra. Como si la atmósfera de la sala donde transcurre la entrevista, invadida de recuerdos, guiños teatrales y futuros posibles, fuera la antesala de la obra que en pocos días cobrará vida bajo las luces del Teatro Metropolitan, y nuevamente con la dirección Manuel González Gil, en la emblemática calle Corrientes, el próximo 18 de junio. Allí, el reconocido actor se prepara para provocar, inquietar y conmover a un público que busca mucho más que un simple sobresalto.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Bajo la penumbra de Villa Crespo, el actor se sumerge en los matices de la obsesión y la locura que propone Misery

—¿Qué te sedujo en primer lugar para aceptar un proyecto tan desafiante y en un género como el terror psicológico?

—Justamente eso, el diferencial. El drama tiene sus reglas y la comedia tiene sus reglas. Esto, que es más suspenso y terror psicológico, también tiene una manera distinta de ensayar y de ejecutarse en el escenario. Requiere mucha precisión. Incorpora elementos muy fuertes para la narración, como la incidencia de la luz y la música, que en otros géneros pueden estar más o menos presentes, pero acá son decisivos.

—¿Habías leído alguna obra de Stephen King o visto la adaptación cinematográfica?

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—No soy fanático del terror o del suspenso psicológico. En general me han gustado otros géneros. Recuerdo haber visto la película hace muchos años, cuando se estrenó. También recuerdo haber visto esta obra en 1999.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Con cada gesto, el actor invita al público a cruzar la delgada línea entre admiración y peligro en Misery (RS Fotos)

—¿Cuál fue el primer pensamiento que tuviste al ver tu personaje y leer sobre él?

—Siempre me pareció interesante la figura del escritor, como un testigo del mundo que habita, alguien que tiene algo para decir. Hay escritores con los que sentí una atracción por su pensamiento, más allá de lo que escribían. Es la primera vez que me toca contar la historia de un escritor. Además, el personaje es muy narcisista, un poco omnipotente al principio de la historia, hasta que se encuentra sujeto a algo en lo cual su omnipotencia no lo ayuda. Lo que lo va a ayudar es su ingenio, su sentido del humor y su ironía.

Un amigo me dijo hace poco: “Esto de alguna manera habla de la esclavitud, ¿no?”. No lo había pensado desde ese lugar, pero tiene que ver con lo que hacemos ahora, tanto mundial como localmente, para encontrar posturas y salidas frente a la estupidez, la locura y el maltrato. Eso fue lo que me sedujo.

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—¿Cómo fue la construcción de tu personaje? ¿Investigaste sobre él o viste escenas de versiones anteriores?

—No quise ver nada. Si me tocara hacer Hamlet, tampoco vería nada del trabajo de otros. Me divierte mucho encontrar mi propia visión respecto a esto.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Sobre las tablas, Paul Sheldon y Annie Wilkes cobran vida a través de la intensidad de Gil Navarro y Calvo en una versión inquietante del clásico de Stephen King

—¿Cuál fue el primer desafío que encontraste al encarar este personaje en los primeros ensayos?

—El desafío siempre es constante. No se diferencia de otro proceso. Todo parte de un caos y de algo muy general, y después se va ciñendo de a poco hasta que, por conveniencias y convenciones, uno va encontrando algo. Cuando ya tenés eso, pasas al escenario y otra vez todo se vuelve caótico y lo moldeas hasta llegar a un punto de partida, porque la obra siempre está viva y cada vez que se representa tiene matices. No es lo mismo ver la función número uno que la número cuarenta o la noventa. Siempre hay algo que va creciendo. El desafío es ese: producir un descubrimiento, llegar a un acuerdo y entender que todas las noches puede ser diferente, con más o menos matices.

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¿Cómo fue reencontrarte con Julia y con estos personajes tan fuertes?

—Conocí a Julia haciendo teatro en una obra que se llamaba Las alegres mujeres de Shakespeare hace muchos años. Luego trabajamos juntos en Soy gitano, en Las brujas de Salem y ahora aquí. Es un placer. Julia es una rockstar, una actriz con mucho trabajo hecho detrás. Tiene una mirada sobre el oficio que me encanta y respeto mucho. Comulgo con esa idea de tomarse muy en serio el trabajo, pero no a uno mismo.

¿En algún momento durante los ensayos, más allá del vínculo entre ustedes, empezaste a sentir miedo por las interpretaciones?

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—No, es un juego. Tengo muy claro que lo es y lo juego intensamente. Puede que alguien de afuera pregunte si estoy bien, pero es un truco de magia. El trabajo del actor es un truco de magia. La paloma no sufre cuando la agarra el mago; nadie sale lastimado y la gente ve cosas espantosas, pero es un truco.

Has trabajado recientemente en En el barro y en Druk. ¿Qué tiene de distinto este proyecto que te hizo elegirlo?

—No me gusta repetirme. En este momento de mi vida, tengo una postura más vehemente respecto a varios temas y necesito encontrar cosas que acompañen esa visión. Antes me relajaba más con algunos proyectos, pero ahora busco que lo que hago esté en línea con lo que quiero contar y cómo quiero contarlo.

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—En esta obra se tratan temas como la obsesión y la salud mental. ¿Sentís que puede ayudar al público a reflexionar sobre estos temas?

—No lo sé, honestamente. Lo único que sé es que nosotros podemos hacer algo y ponerlo en escena. Luego, depende de cada espectador y de su sensibilidad si quiere llevarse algo. Hay gente que se para frente a Guernica y no le pasa nada; depende mucho de cada uno. No es una pastilla salida de un laboratorio para que alguien la tome y diga: “Ahora me di cuenta de esto”. Espero que quien tenga ganas y se acerque a ver esto pueda, además de pasar un buen rato, pensar que la obra habla de otras cosas y que tenga una segunda lectura.

Misery (Prime Video)
La adaptación cinematográfica de la reconocida obra de Stephen King, protagonizada por James Caan y Kathy Bates (Prime Video)

—¿Alguna vez viviste una situación en la que un fan se haya sobrepasado o hecho algo fuera de lugar?

—No, no me acuerdo. Siempre hay alguien que tiene alguna expectativa, pero en general he tenido suerte. Tampoco soy John Lennon para que alguien quiera matarme. O eso espero.

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—¿Qué tiene el teatro para vos que lo diferencia de otros formatos y lo seguís eligiendo?

—El teatro tiene corazón. Todo bien con el cine y las series, pero las escenas en lo audiovisual son cada vez más flojas a nivel de diálogo. Crecí con una televisión donde había escenas de cuatro o cinco páginas, y eso se ha perdido bastante. Cada tanto lo encuentro en algo extranjero, como si en otros lugares se permitiera explorar más. Las cosas que suelo ver acá me parecen muy básicas.

—Y en la actualidad, ¿cómo te sentís con el hecho de que no existe la ficción en la televisión y todo pasa a plataformas o a este fenómeno conocido como “novelas verticales”?

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—Es difícil. Cuando apareció el streaming, había cosas que superaban a la televisión. Luego, el streaming pasó a ser la televisión, pero no la buena televisión, sino la mala. Ahora llega el formato vertical. La velocidad le quita el sentido a las cosas. No es lo mismo mirar el paisaje a 50 kilómetros que a 250. Me pregunto dónde puede estar el sentido en tres minutos.

—Hoy se dice que la capacidad de atención se redujo por las redes sociales y los nuevos formatos. ¿Qué opinás?

—Eso se llama lobotomía en medicina. Es una lobotomía digital.

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Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
De Kathy Bates a Julia Calvo, de James Caan a Juan Gil Navarro: el clásico de Stephen King encuentra nuevos intérpretes en Buenos Aires

—Si te propusieran participar en un proyecto de ese tipo, ¿aceptarías?

—No, prefiero hacer teatro en una plaza con una alfombra. No por prejuicio, sino porque no es lo que quiero. Cuando el cine dejó de ser mudo, mucha gente resistió el cambio, pero aun así surgieron cosas interesantes. Esto me parece distinto, una consecuencia de la velocidad de los tiempos. No quiero ser cómplice de las lobotomías digitales.

—A lo largo de tu carrera hiciste miles de papeles y proyectos. Últimamente has estado muy activo y, al menos para nuestra generación, se te recuerda mucho por el Freezer de Floricienta. ¿Te molesta o intentás separarte de ese personaje para que la gente se fije en tus nuevos proyectos?

—No, porque cada uno ve lo que quiere ver. Yo no puedo convencer a nadie.

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Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
El tiempo se detiene en Villa Crespo mientras Gil Navarro da forma a una de las duplas más inquietantes del teatro

—¿Recordás con cariño ese personaje?

—Sí, claro. Sí, con cariño y con gratitud.

—Ahora que incursionás en el terror psicológico, ¿qué tiene este género que no tuvieron tus proyectos anteriores?

—En teatro es muy raro escenificar el suspenso. Las últimas dos obras que hice eran más comerciales, como Votemos o Druk, que iban por otra línea. Esto plantea otra cosa, no solo es entretenimiento. Votemos hablaba de la salud mental, Druk sobre lo que pasa cuando uno no dice lo que quiere y por qué se supone que uno necesita un poco de alcohol para animarse a vivir mejor. Esto plantea qué pasa cuando uno es rehén de la estupidez y la locura. La pregunta es qué hace uno para salir de esa situación.

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Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Con cada gesto, el actor invita al público a cruzar la delgada línea entre admiración y peligro en Misery (RS Fotos)

—Si estuvieras en una situación similar, ¿qué harías o qué le aconsejarías a alguien que la viva?

—Probablemente haría lo mismo que hace este escritor: tratar de conservar la vida de la manera más ingeniosa posible y pensar que siempre hay una salida.

—¿Podrías adelantar algún proyecto en el que estés trabajando?

—Además de esto, terminé una serie que se llama Sanamente, que produce Adrián Suar y escribió Ariadna Asturzzi. Saldrá el año que viene por TNT. También, a fin de año o para febrero del próximo año, se estrenará una película, ópera prima de Nicolás Lanusse, llamada El refugio, que está excelentemente escrita. Cuenta la historia de un padre al que le matan el hijo y, en vez de vengarse, toma al asesino y trata de reincorporarlo, porque sabe que matarlo no lo ayuda a transitar el duelo. Me pareció fantástica esa visión.

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—Si tuvieras que resumir Misery en una frase o palabra para invitar al público, ¿cuál sería?

—Había un actor, Alejandro Urdapilleta, que en una serie llamada Tumbero decía: “Si pensás, salís”. Esa frase la recordé mucho durante la pandemia y la anotaba cada mes en 2020: “Si pensás, salís”. Creo que es aplicable a Misery y a este momento. Si pensás, salís.

Crédito: RSFotos.

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