CHIMENTOS
Tamara Meschller, la violinista que brilló con Milo J en el Tiny Desk: “Toda mi formación se la debo a la educación pública”

—¿Cómo comenzó tu pasión por la música?
—Yo soy folclorista hace veintidós años.
—¿Cuántos años tenés?
—Tengo veintiocho.
Cuando el Tiny Desk de Milo J desplegó una ráfaga de argentinidad a la National Public Radio de Washington hace mas de siete días, el país celebró la llegada de un artista que llevaba a los ojos del mundo elementos de nuestra cultura. El Martín Fierro, Mercedes Sosa, el “Nunca Más”, las Islas Malvinas. Nuestros ritmos. Dentro de los talentosos músicos que acompañaban al artista, Tamara Meschller se robó los corazones de la audiencia tocando cuatro instrumentos en una sesión de 16 minutos. “Yo quiero que hablemos más de esta reina porque es tremenda artista”, expresó una usuaria de X, hechizada por su actuación, poco después del lanzamiento.
Las mas de 5 millones de visualizaciones que viene recibiendo el video de la “oficinita” de Milo (hasta el momento), para la multinstrumentista se traducen en una avalancha de mensajes y demostraciones de afecto cada vez que abre el teléfono. “Es una locura lo que pasó. Es hermoso el cariño de la gente y los mensajes son muy lindos. Muchos seguidores nuevos también en mis redes, gente que me está conociendo por esto. La verdad que me da mucho orgullo. Así que estoy muy feliz» , repite a Teleshow la violinista nacida en Rafaela, Santa Fe, directora de orquesta y hoy un eslabón de ese fenómeno distinto que es Milo J, mientras navega días de visibilidad internacional.

En un momento de descanso luego de un showcase privado en Miami, antes de aterrizar en Paraguay y en el Estadio Nacional de Chile durante mayo, entre horas de ensayos, aviones y gira, la artista recuerda al teléfono los fines de semana acompañando a su padre músico desde muy temprana edad, su formación musical luego de asistir al colegio y la concreción de una meta como directora de orquesta por la Universidad Nacional del Litoral. “Me parece reimportante que le demos ese valor que tenemos en Argentina de la educación pública, porque a mí me abrió muchísimas puertas”, dice.
En la charla aparecerá su compromiso para que mayor cantidad de mujeres tengan visibilidad en el mundo de la música; la tormenta de nieve que postergó su primer intento para conquistar el escritorio del NPR Music que pisaron desde Dua Lipa, Coldplay y Adele a Ca7riel & Paco Amoroso, Natalia Lafourcade y Bad Bunny; el valor de las orquestas-escuela; la reivindicación de la “Argentina marrón” frente al “porteñocentrismo” y cómo ya tachó varios sueños cumplidos, pero uno solo la entusiasma por demás y la conmueve. “Mi hija te vio y la anoté en la escuela de música de mi pueblo”, cuenta, sobre esos mensajes que le llegan como simientes.


—El resultado final del Tiny Desk con Milo J está a la vista y es hermoso. ¿Tuvieron algunos inconveniente antes de grabarlo?
—Fue un proceso largo. Pensamos varias veces que se iba a hacer y se suspendía por diferentes cosas. Una tormenta de nieve nos pasó en enero, que estábamos por ir a Estados Unidos y no pudimos llegar. Ya estábamos a mitad de viaje y se suspendió por una tormenta que tenían ahí, así que se pospuso hasta ahora y lo pudimos hacer recién en marzo. Fue de mucha satisfacción y alivio que saliera todo bien. Lo recontra disfrutamos.
—Sos multinstrumentista y te volviste muy viral porque tocás violín, flauta y algunas cosas más en la presentación junto a Milo. ¿Cuántos instrumentos tocás?
—Hicimos violín, flauta traversa, pinkullo y siku. Agregamos para la canción de Milo “Solifican12″ los vientos andinos. Eso tuvo una repercusión espectacular. Es algo que estamos haciendo en todos los shows y, si bien yo sé que a la gente le gusta, no me esperaba que llame tanto la atención. Es hermoso todo lo que puedo decir de este momento de visibilidad. También canto, toco algo de piano por mi formación. En realidad soy directora de orquestas. Estudié en la Universidad Nacional del Litoral, estudié dirección orquestal, así que en realidad mi profesión es esa. Toda la vida estudié instrumentos. Me gusta incursionar en cosas nuevas. Faltó la quena también, quena también toco. Pero no mucho más, lo otro no lo hago de manera tan profesional.
La multinstrumentista nacida en Rafaela, Santa Fe, tiene un largo recorrido que une la música académica, las peñas y ahora, su arribo al Tiny Desk
(Video: Instagram)
—Contame cómo fueron tus primeros pasos en la música.
—Nací con el folclore en mi familia, mi papá es músico. A los seis años me subí con él al escenario, y él me acompañó toda la carrera. En ese momento y a esa edad le expresé el deseo de saber música y de querer estudiarla. En mi ciudad, que es Rafaela, Santa Fe, hay una escuela municipal de música que tiene una formación espectacular. Es como un terciario que hacés mientras cursás la primaria y la secundaria. Es una tecnicatura.

—¿Qué recuerdos tenés de esos años de formación?
—Estudié toda la vida en esa escuela, estudié violín y flauta traversa de una manera más académica, si se quiere. Después estudié Dirección Orquestal y me fui a vivir a Buenos Aires, pero siempre con el folclore. Toda la vida toqué folclore en la banda de mi papá primero y después acompañando a otros artistas. Ese lugar a mí me hace muy feliz. En este caso con Milo, me da muchísimo orgullo estar junto a un artista tan joven y tan talentoso. Por la diferencia de edad que tenemos, yo lo veo triunfar y me emociona estar en el lugar de música de él, ahí a un costadito, viéndolo brillar.
—¿Qué valor le das a la educación pública?
—Toda mi formación, los colegios primario y secundario, la tecnicatura que hice en la Escuela Municipal de Música, mi licenciatura, todo lo hice en la educación pública. Para mí, que soy hija de un músico que además trabajaba en una fábrica de obrero metalúrgico, no hubiera sido posible de otra manera. Me parece reimportante que le demos ese valor que tenemos en Argentina de la educación pública, porque a mí me abrió muchísimas puertas. Estoy más que agradecida.


—Muchas orquestas en los barrios sirven como lugares de contención social.
—Hay unos programas de orquestas-escuelas que son maravillosos y muy valiosos para la cultura de nuestro país. Hay muchos instrumentistas que incluso hoy llegan al Teatro Colón y a lugares así, que estudiaron y se formaron en orquestas-escuela. Es una locura sacar presupuesto a eso.
—¿Qué pensás sobre la presencia de mujeres en escenarios populares?
—No es fácil ver mujeres violinistas en estos escenarios. Hace falta todavía más. Tuvimos que hacer una ley de cupo para que haya mujeres arriba de los escenarios. Es una deuda que evidentemente no está saldada. Por más mujeres en los escenarios y que ojalá mas chicas y también chicos quieran aprender instrumentos, que es maravilloso.


—La vida era más corta, el último álbum de Milo J del que formás parte, está dedicado a la “Argentina marrón”. ¿Qué reflexión te genera?
—Me sumo a su mensaje porque me parece muy importante, como provinciana también, que salgamos un poco de la esfera del “porteñocentrismo”. Me alegra mucho su mensaje y lo apoyo. Nosotros tenemos un país muy amplio, muy diverso, y tenemos que estar todos.
—¿Cuáles son tus expectativas para lo que viene?
—No tengo ni idea de qué puede llegar a pasar. La cantidad de información es tanta. Hace muy poquito, hace como dos semanas atrás, hicimos un estadio en Perú que estuvo repleto. Eso es increíble. Un artista tan joven argentino que agote un estadio en diez horas… es mucha información. Terminamos de hacer semejante cosa y salió el Tiny Desk. Hay una vorágine por el arte de Milo que es espectacular. Tratamos de estar lo más preparados físicamente y mentalmente para acompañar este momento de él. La expectativa es poder seguir acompañándolo y veremos qué pasa. Con mucha alegría todo.

—¿Tenés algún gran deseo pendiente en lo profesional?
—De chica y toda mi vida soñé con tocar en Cosquín, en el Festival de Folclore. Ese era mi sueño máximo y lo cumplí. Dije: bueno, ¿y ahora qué más? Me parecía que era muy joven para ya no tener sueños. Había cumplido el de toda mi vida y dije: “bueno, ahora quiero tener un sueño más”. “Algún día quizá me encantaría tocar en un estadio”, dije, y a los meses lo cumplí con Milo cuando hicimos dos estadios Vélez, lo cual fue una locura también. Quizá lo próximo, qué sé yo, un estadio como River, que es una cosa muy enorme. Pero estoy tan contenta en este momento, tan feliz y disfrutando todo esto que trato de no pensarlo demasiado en esos términos. Siento que estoy viviendo un sueño todos los días.
—¿Qué le decís a quiénes quieren elegir la música como su camino?
—Hay que estar preparados. A veces las oportunidades te llegan y a veces todo te desmotiva. Es un camino muy difícil, muy sacrificado el del músico. Pasamos por muchas cosas, pero debemos estar listos. O sea, hacer todo lo mejor de uno para que si se da algo así, poder ser parte y poder aprovecharlo. Mi consejo es que estudien música. Estoy a disposición para ayudar a quien lo necesite, para tomar clases o lo que sea. Y si se arma una comunidad de violinistas mujeres, me voy a poner muy feliz.
CHIMENTOS
La influencer Geraldine Mayer rompió el silencio tras las gravísimas acusaciones de su hijo Tomás: qué dijo desde Miami

Hace apenas unas horas, Tomás Cataldi expuso con lujo de detalles el infierno que vivió en manos de su madre, Geraldine Mayer, una mujer que se hizo famosa como influencer de moda, mostrando una vida de lujos y supuesta felicidad familiar en la siempre soleada Miami. Según el joven de 20 años, la verdad es otra, muy distinta, y se parece mucho más a una película de terror.
Tomás mostró audios, fotos y videos como prueba para denunciar a Mayer quien, dijo, lo hizo sufrir “toda la vida”. El chico habló de humillaciones, maltratos, abuso psicológico, gritos, golpes y más. Y mientras las reacciones se multiplicaban en redes, en LAM se hicieron eco del tema, donde Pilar Smith contó que pudo hablar por teléfono con Geraldine.
Todo empezó cuando Ángel de Brito se refirió a un extraño tweet de Wanda Nara quien, en viaje a Milán, publicó “Mamá Tomi Cataldi” en relación a una nota sobre el viaje de la China Suárez y Mauro Icardi a Miami. Sin entender a cuenta de qué venía, en el panel mencionaron el truculento caso. “Hoy hablé con la madre, porque yo era amiga de ella cuando éramos chicas. La llamé”, reveló la angelita.
Según Smith, Mayer, que vive en Miami, “está destrozada”. “Está mal, dice que son mentiras, me negó todo, ´más adelante te voy a contar, pero no es así como él lo dice´”, contó que le dijo sobre las declaraciones de Tomás, que incluso mostró videos de los golpes que le propinaban en la casa. “Dice que lo que él dice son mentiras, estaba muy angustiada”, agregó.
LA TERRIBLE DENUNCIA CONTRA GERALDINE MAYER
A pesar de las contundentes pruebas que mostró Tomi en su video de 12 minutos lleno de estremecedores ejemplos de los maltratos a los que dice que fue sometido, la influencer señalada insiste en que el joven no dice la verdad. “Ningún padre violento lo acepta”, señaló entonces Denise Dumas, espantada con el relato.
“Este chico vive con ella en Miami y ahora se vino a Argentina, raro, a estudiar, a vivir con la abuela. Triste, muy triste; vamos a ver cómo sigue esta historia”, cerró Pilar Smith a horas del tremendo video lleno de gritos, imágenes y escenas terroríficas. ¿Y el padre? ¿Qué rol tenía en todo esto? “Mi papá siempre estuvo en la casa pero nunca me defendió en nada. Yo siempre rogándole que por favor haga algo”, dijo él.
Geraldine Mayer, Tomás Cataldi
CHIMENTOS
A 20 años de la muerte de Oscar Moro, el hombre que le puso ritmo al rock argentino

El 19 de junio de 2026, cuando Juanito Moro ocupó el lugar de su padre en la batería de Serú Girán para tocar con David Lebón y Pedro Aznar en el regreso de la mítica banda, la emoción en la sala fue física, palpable. Aznar lo presentó como “parte de la familia” y recordó que de chico andaba en una valijita mientras los músicos ensayaban, antes de que le compraran un moisés. Juanito tocó donde Oscar Moro tocó durante años. Con ese mismo apellido que, como escribió el periodista Claudio Kleiman, es tan pertinente que terminó convirtiéndose en su nombre.
Oscar Moro murió el 11 de julio de 2006 en su casa del barrio de Palermo, a los 58 años, víctima de una úlcera sangrante derivada de los excesos que lo consumieron en los últimos años de su vida. Había sido el baterista de Los Gatos, Color Humano, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán y Riff, las bandas que construyeron el rock argentino de las décadas del 60, 70 y 80. Alguna vez, al recibir una mala nota de un crítico de rock como guitarrista, Keith Richards pidió: “Denme un jurado de mis pares”. Los pares de Moro, los músicos, nunca dudaron de su enorme estatura como instrumentista. Por eso, cada 11 de julio, en su honor, se conmemora en Argentina el Día del Baterista.
Moro nació en Rosario el 24 de enero de 1948. Su padre era representante de Vermouth Cinzano; su madre, ama de casa. Una familia de clase media alta que con el tiempo fue a menos. “Mi viejo era un atorrante y le empezó a ir mal. Tuvo que vender todo lo que teníamos. Quedamos en la lona”, contó en una entrevista al periodista Víctor Pintos. Moro tenía ocho años cuando su padre lo mandaba a insultar en la puerta de la casa del hombre que lo había arruinado. “Era muy feo para mí”, recordó. Sus padres tampoco sostuvieron su vocación por la música. “No querían que me dedicara a eso y no creían en mí”, dijo. Cuando encontró el camino, los ayudó económicamente.
La música fue su salida desde antes de tener palabras para explicarla. A los cuatro años golpeaba las cacerolas de su madre con palitos de plumero, imitando el redoble de los tambores de los granaderos en los desfiles frente al Monumento a la Bandera. Hizo la escuela primaria en la escuela Domingo Faustino Sarmiento. A los 13 años conoció a Cayetano “Kay” Galiffi, guitarrista con quien formaría Los Vampiros y luego Los Halcones. Moro practicaba en ollas de cocina porque no tenía batería. Galiffi, desde su exilio brasileño, lo recordó así: “Vivía batucando en ollas de cocina ya que no tenía batería. Mientras yo tocaba la guitarra criolla, él tocaba las ollas”.

A los 17 años decidió dejar el trabajo en la florería de su tío y probar suerte en Buenos Aires con una banda llamada Los Malditos. La despedida en la estación de trenes de Rosario fue, según sus propias palabras, “terrible”: él, su padre y su madre, los tres llorando. Moro se subió a la formación con su bolsito y una batería uruguaya de parches de cuero, con un platillo y un hit-hat.
A comienzos de 1967, Nebbia vio ensayar a Moro y a Galiffi. Los Gatos Salvajes —la banda que Nebbia y Ciro Fogliatta habían tenido en Buenos Aires— se había disuelto, pero Nebbia los invitó a los dos a sumarse a algo nuevo. Moro no dudó.

El epicentro de todo era La Cueva, el famoso sótano de la avenida Pueyrredón. En marzo de 1967 quedó formada la alineación de Los Gatos: Galiffi en guitarra, Nebbia en voces y armónica, Fogliatta en teclados, Alfredo Toth en bajo y Moro en batería. Los primeros meses fueron de una precariedad extrema. Seis personas en una habitación del hotel Impala, en Libertad y Arenales. Cuando salían de La Cueva a la madrugada, iban a amanecer en plazas o en la pizzería La Perla del Once, donde Nebbia y Tanguito compusieron “La Balsa” en el otoño de 1967. Galiffi recordó que la policía solía confundirlos con vagabundos por el pelo largo. “Nuestro dinero o alcanzaba para pagar el hotel o la comida. Lo que nos salvaba era que la pizza era barata”.
La grabación de “La Balsa” estuvo rodeada de caos desde el primer minuto. Moro llegó con toda la batería al lugar equivocado —confundió la dirección de los estudios de TNT, sobre avenida Santa Fe— y el primer día de sesión se perdió. Al día siguiente entraron al estudio “mal vestidos, todo mal, porque no teníamos ni un peso”. La toma que quedó registrada era una prueba, pero la compañía la editó tal cual. El sencillo, lanzado el 3 de julio de 1967, se convirtió en el primer gran hit del rock en castellano: 250.000 copias vendidas, el tema del verano 1967/1968. Mientras sonaba en la radio, ellos seguían sin poder moverse del hotel. “Escuchábamos en la radio los temas nuestros y nosotros estábamos muertos de hambre todavía en la cama”, recordó Moro.

Para ver su primera aparición en televisión tuvieron que pararse en la vereda bajo la lluvia y pedirle al dueño de un negocio de electrodomésticos que pusiera el televisor del escaparate en el canal correcto. Lo vieron desde la calle, con paraguas. En esa época, Moro tenía un único traje, marrón, tan rígido por el uso que sus compañeros lo apodaron “el hombre del traje de madera”. Lo usaba para todo: para tocar, para los ensayos, para la vida diaria. Cuando Moris le prestó uno para una presentación ante la prensa, el pantalón le quedaba corto y las mangas del saco no le llegaban a las muñecas. Se le rajó durante el show.
Los éxitos se acumularon: “Viento dile a la lluvia”, “El rey lloró”, “Seremos amigos”. El grupo llegó a hacer entre cinco y seis presentaciones por noche en los carnavales. Grabaron en Brasil para el Festival Internacional de la Canción Popular Brasileña —donde fueron eliminados en el tercer día porque su propuesta no encajaba en el formato del concurso— y completaron el disco Seremos amigos entre Río de Janeiro, San Pablo y Buenos Aires.

En 1969, con Los Gatos disueltos y 21 años encima, Moro embarcó hacia Nueva York junto a Toth y Fogliatta en barco. El viaje duró un mes. Nebbia se quedó en Argentina para afilar su carrera solista.
Vivieron en el Greenwich Village, canjearon trabajo en una librería del barrio por alojamiento en un altillo y salieron cada noche a ver música. Moro vio, entre otros, a Jimi Hendrix, Frank Zappa, Muddy Waters, Albert King y Procol Harum. En agosto de 1969 se realizó el Festival de Woodstock. Fogliatta, el mayor del grupo y el más prudente, se negó a ir. “No, a ver si nos pasa algo”, dijo. Moro no se lo perdonó. “Nos quedamos en Nueva York esos días y en el Greenwich Village no había nadie. A los dos meses se estrenó la película y la fuimos a ver. Cuando salí le dije a Ciro: ¡sos un pelotudo!”, contó años después entre risas.
De Nueva York volvió con algo más que recuerdos: trajo la primera batería Ludwig de doble bombo que se escuchó sobre un escenario argentino. El instrumento transformó su manera de tocar y, según Kleiman, marcó “de manera muy natural la transición entre el beat y el rock progresivo”. En Ezeiza los esperaban Nebbia, Norberto “Pappo” Napolitano y el músico y mánager Billy Bond, con ganas de rearmar Los Gatos. Galiffi se había quedado en Brasil, enamorado, y no volvería. Pappo entró como guitarrista.
La nueva formación ensayó quince días y se presentó el 28 de noviembre de 1969. Los dos discos que siguieron —Beat N°1 (1969) y Rock de la mujer perdida (1970)— son de los más valorados del rock argentino. En “Invasión”, un instrumental psicodélico de más de siete minutos que Moro compuso, quedó plasmada su madurez como baterista. Cuando Los Gatos se disolvieron definitivamente en 1970, Moro quedó sin trabajo. Para sobrevivir consiguió empleo como chofer de colectivos de transporte escolar para niños con discapacidad.

En 1972, Nebbia lo convocó para el grupo Huinca. Poco después llegó la invitación de Edelmiro Molinari, ex guitarrista de Almendra, para reemplazar a David Lebón en Color Humano. Molinari recordó que admiraba tanto a Moro que al principio no se animaba a llamarlo. “En esa época era como un sí o un no en un casamiento”, escribió. Cuando finalmente lo hizo, Moro aceptó. Color Humano era un trío experimental, con arreglos complejos que encontraron en Moro una química inmediata. “Me gustaba ensayar porque yo era enemigo de tocar boludeces, y eso era exigente. Con Edelmiro aprendí muchísimo”, recordó el baterista.
El bajista Rinaldo Raffanelli describió el efecto que Moro produjo en la banda: “Con su llegada se consolidó el trío y empezamos a sonar como una orquesta del futuro de Saturno. Era tremendamente poderoso en sus golpes de bombo y tambor. Sentía que antes del show entraba en una especie de trance donde sus brazos y su música fluían libremente con la fuerza de un toro”. El doble álbum Color Humano II y III (1973, concebido como tal, pero editado por separado por los costos de producción), con el largo tema sinfónico “La sangre del sol”, es uno de los registros más valorados de esa era del rock argentino. Color Humano se disolvió en 1974, cuando Molinari emigró a California.

Moro pasó por La banda de caballos cansados, de León Gieco y sesionó para el proyecto colectivo Porsuigieco antes de recibir la llamada de Charly García. Tras la disolución de Sui Generis, García armó La Máquina de Hacer Pájaros, un experimento de rock progresivo con Gustavo Bazterrica en guitarra, Carlos Cutaia en órgano Hammond y José Luis Fernández en bajo. Moro completó la formación y firmó dos discos con el grupo: La Máquina de Hacer Pájaros (1976) y Películas (1977).
García describió años después, cuando contaba cómo funcionaba la base de Serú Girán, el mecanismo rítmico de la banda: “Moro tenía una manera muy particular de lograr el backbeat. Entre él y Pedro Aznar tocaban una maraña de notas que se definía por la confección de la canción y el pulso rítmico de la guitarra y el piano”. El periodista Alfredo Roso, fundador de Expreso Imaginario, recordó los shows en vivo de La Máquina como “una música sofisticada y rica”, con García y Cutaia “dibujando arabescos en los teclados” y Moro sosteniendo todo desde atrás de parches y platillos.

Cuando La Máquina se disolvió, García convocó a Moro para su siguiente proyecto. Serú Girán —integrado por García, Lebón, Pedro Aznar y Moro— debutó en 1978 y se convirtió en la primera superbanda de la historia del rock argentino. Kleiman lo sintetizó con precisión: “Moro había sido tan eficaz en su paso por La Máquina que fue el único sobreviviente de esa banda en la siguiente aventura de García”.

La presentación oficial en el estadio Obras fue un fracaso. La prensa no entendió la propuesta y el público tampoco. El segundo álbum, La grasa de las capitales (1979), fue el punto de inflexión: las canciones más directas y las letras de crítica social catapultaron al grupo. Bicicleta (1980) consolidó el despegue. Ese año Serú se presentó en el Festival de Jazz de Río de Janeiro y el 30 de diciembre reunió a más de 60.000 personas en un recital gratuito en La Rural, el primero en que una banda argentina convocó esa cantidad de público. Peperina (1981) reafirmó la posición del grupo.
Durante esos años, Moro fue elegido sistemáticamente como el mejor baterista del rock argentino en las encuestas anuales de la revista Pelo. Pero nunca perdió la humildad. En una entrevista con esa misma publicación en diciembre de 1980 dijo: “A mí me eligieron porque soy el más popular. Hay muchos mejores que yo”. Y agregó algo que decía en serio: “Ojalá surgieran otras bandas que nos hicieran una competencia leal. Serú Girán está como un poco distante de todos los demás, eso no puede ser”.
Serú Girán se separó en 1982 cuando Aznar decidió unirse al Pat Metheny Group.

Tras la separación de Serú, todos sus integrantes hicieron su disco solista. En una entrevista para la revista Cantarock, Moro recordó entre risas que, cuando se lo propusieron, dijo “¿Qué iba a hacer en un disco solista? ¿Un solo de batería en un lado y ponerme a bailar sobre el otro?”. Entonces, le ofreció al bajista uruguayo Beto Satragni, ex Spinetta Jade, formar un dúo. Así nació Moro-Satragni, un discazo producido con colaboraciones autorales de García, Luis Alberto Spinetta, Lebón y Lito Epumer en el que tocó un jovencísimo Ricardo Mollo. Grabó también con Celeste Carballo, Fabiana Cantilo y la banda de Alejandro Lerner.
En 1985 se sumó a Riff para grabar Riff VII junto a Pappo, Vitico y el entonces desconocido JAF. Los ocho meses con esa formación fueron, según su hijo Juan Santiago Moro, “uno de los momentos más felices de su vida”. “Con Pappo se llevaban muy bien desde la época de Los Gatos”, recordó Juanito. Las presentaciones en el estadio Obras y en Paladium quedaron parcialmente registradas en el disco en vivo Riff ‘n’ Roll (1986).

El regreso de Serú Girán en 1992 llenó dos noches el estadio de River Plate con más de 50.000 personas cada una y vendió más de 200.000 copias del disco Serú ’92, pero Moro se sintió perjudicado económicamente: alguna vez reconoció que ganó más dinero con Los Gatos que con Serú. “Nos cagaron los buitres. Cuando nos ofrecieron ir a porcentaje le dije a Charly: pidamos un fijo, no se puede controlar todo. Fuimos a porcentaje, y pasó lo que pasó”, recordó. El libro Entre lujurias y represión (Sudamericana, 2019), de Mariano del Mazo, recoge una escena del final del segundo show en River: García tiró la batería al piso en un arrebato. Moro lo corrió por el escenario a oscuras diciéndole “te voy a matar, hijo de puta”. Cuando encendieron las luces, los cuatro integrantes estaban abrazados saludando al público. Nadie advirtió nada.

Moro llevaba 28 años con su mujer, Regina, cuando dio la entrevista a Pintos, y la describió con una mezcla de amor y lucidez poco frecuente: “Nos queremos, nos peleamos. Es una relación total. Somos socios y enemigos. Más allá del amor, una gran pareja en la lucha”. Y agregó: “Yo también la banqué cuando ella estuvo mal”. Regina fue su gran soporte en los tiempos difíciles. De esa unión nació Juanito, también baterista, a quien Moro enseñó a tocar antes de mandarlo a estudiar con Daniel Colombres.
Moro se describía a sí mismo como frágil. “Soy muy ‘atravesable’”, le dijo a Pintos. Le hacían daño, mencionó en esa entrevista, los excombatientes de Malvinas abandonados por el Estado, los pibes que se suicidaban. Atribuía esa sensibilidad a una infancia solitaria, a la distancia con sus padres, a haber sido hijo único. La bohemia que había empezado en La Cueva continuó durante décadas, en los bares de Manhattan en 1969, en los de Londres en 1971, en las madrugadas eternas del Roxy de Congreso y el Samovar de Rasputín de La Boca en los años 90. El alcohol fue cerrando el círculo.

Su último proyecto musical se llamó Revólver, junto a Sergio Nasif, producidos hacia 2002 por su ex compañero de Los Gatos, Alfredo Toth, y Pablo Guyot. En el invierno de 2006, sus 58 años ya parecían varios más. Hacía un año y medio que no tocaba. Que no estaba en condiciones para hacerlo. Murió el 11 de julio de ese año, en su casa de la esquina de Serrano y Cabrera. Una úlcera sangrante, consecuencia del alcoholismo que lo había ido apagando en silencio, fue la causa de su partida.
Veinte años después, su hijo ocupó su lugar en la batería, casi al final del concierto que marcó el regreso de Serú Girán. Pedro Aznar y David Lebón lo presentaron con ternura y con orgullo. Contaron cuando Moro, mientras ensayaban en los primeros tiempos de la banda, lo acunaba dentro de una valija, porque aún no había plata para un moisés. Juanito tocó “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina”, y el estadio entero se puso de pie. Una fotografía de Oscar Moro llenó la pantalla del Movistar Arena. Fue la imagen más poderosa de la noche: la historia de Serú Girán latiendo con sangre nueva, en manos de alguien que la lleva en el apellido.
serú girán
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: sábado 11 de julio

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
Te sentirás especialmente activo y con ganas de resolver todo al mismo tiempo. Las conversaciones serán intensas y podrías defender tus ideas con mucha convicción. Será un excelente momento para estudiar, negociar o iniciar proyectos, siempre que evites responder impulsivamente.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
La atención estará puesta en tus recursos y en la búsqueda de una mayor estabilidad económica. Podrían surgir decisiones rápidas relacionadas con compras, inversiones o nuevos ingresos. Antes de actuar, será importante analizar cada paso para evitar gastos impulsivos.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
Con la Luna y Marte transitando tu ascendente, sentirás un gran impulso para avanzar y tomar la iniciativa. Tendrás mucha energía, magnetismo y rapidez mental, aunque también podrías mostrarte más impaciente o reactivo. Será un excelente momento para comenzar nuevos proyectos y expresar con claridad lo que deseas.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
Necesitarás momentos de calma para ordenar tus emociones. Aunque externamente parezca que todo está tranquilo, internamente vivirás un gran movimiento emocional. Escuchar tu intuición antes de reaccionar te permitirá tomar mejores decisiones.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
Los encuentros sociales y los proyectos compartidos estarán muy movilizados. Podrás liderar grupos, motivar a otras personas o recibir propuestas interesantes. Sin embargo, será importante evitar discusiones por diferencias de opinión.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
La vida profesional demandará respuestas rápidas y capacidad de adaptación. Podrían surgir desafíos que pondrán a prueba tu liderazgo y organización. Si logras mantener la calma, este tránsito puede ayudarte a destacarte por tu eficiencia.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
Sentirás un fuerte deseo de expandirte, aprender y explorar nuevas posibilidades. Será un excelente momento para estudiar, viajar o comenzar proyectos intelectuales. Mantén la mente abierta, pero evita querer imponer tus ideas.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
Las emociones se vivirán con intensidad y podrías sentir la necesidad de resolver asuntos pendientes relacionados con vínculos o recursos compartidos. Será un buen momento para transformar situaciones estancadas, siempre desde el diálogo y no desde la confrontación.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
Las relaciones serán el centro de atención. Habrá mucho intercambio, movimiento y conversaciones importantes con la pareja o con socios. Será un excelente momento para aclarar situaciones, aunque deberás cuidar el tono para evitar conflictos innecesarios.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
Tu rutina se volverá más dinámica y exigente. Habrá múltiples tareas que resolver y sentirás la necesidad de mantener todo bajo control. Organizar tus prioridades será fundamental para no dispersar tu energía ni caer en el estrés.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
La creatividad y el entusiasmo estarán en su punto más alto. Sentirás deseos de expresarte, iniciar actividades recreativas o vivir nuevas experiencias. También será un tránsito favorable para el amor, aunque será importante actuar con paciencia y no dejarte llevar únicamente por el impulso.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
El hogar y la familia requerirán mayor atención. Podrían surgir conversaciones importantes o decisiones que movilicen el ámbito familiar. Será un buen momento para resolver diferencias, siempre buscando el entendimiento y evitando responder desde la emoción del momento.
horóscopo
POLITICA3 días agoEl Mundial y la semana corta mantienen a la Cámara de Diputados en “stand by” mientras resuelve el Senado
ECONOMIA3 días agoCuánto cuesta viajar a EEUU para alentar a la Selección contra Suiza en cuartos de final del Mundial 2026
INTERNACIONAL3 días agoPlatner campaign putting ‘thumb on scale’ to influence possible replacement, Maine Dem alleges












