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Mauro Icardi explicó por qué no autorizó a que sus hijas tramitaran los pasaportes: “Me opongo a que vivan en Argentina”

Mauro Icardi volvió a referirse a la situación judicial que enfrenta en Italia. Pero esta vez, reencuadró el fallo del Tribunal de Milán como una victoria propia: “Para quienes saben leer entre líneas, esta resolución es, en realidad, la mejor noticia que podía recibir”, escribió en sus redes sociales, horas después de que la jueza de tutela Cristina Bassi autorizara a Wanda Nara a tramitar los pasaportes de sus hijas sin su firma ni su presencia.
La clave de esa lectura, según el propio futbolista, es que la resolución se produce en el marco de un proceso judicial que trasciende la disputa por los documentos: “Hoy se encuentra en curso un proceso de restitución internacional de dos menores», reveló Icardi, quien sostuvo que desde hace dos años mantiene una postura invariable: “Me opongo a que mis hijas vivan en Argentina, sometidas a una justicia que ha demostrado ser ineficaz y condicionada por intereses que poco tienen que ver con la imparcialidad que debería garantizar.”
Bajo ese argumento, el exjugador del Galatasaray explicó por qué se negó a firmar los documentos de viaje de sus hijas: “Firmar esos documentos implicaría actuar en contra de los principios que vengo defendiendo desde el primer día y de la lucha que sostengo, desde hace dos años, por el bienestar, la protección y el futuro de mis hijas.” Cerró el posteo con una frase que resume su posición: “Por encima de cualquier conflicto, estrategia o interés de los adultos, ellas son lo único que verdaderamente importa en toda esta situación.”
En un primer mensaje publicado horas antes de ese posteo, Icardi había apelado a los informes periciales para denunciar el impacto del conflicto sobre las niñas. Según escribió, los peritos las diagnosticaron como “rotas psicológicamente” y con “un lenguaje de adulto implantado por su madre”, un comportamiento que, según el futbolista, “no se hace presente estando con su padre”. En ese texto también afirmó que sus hijas pasaron de “una infancia normal” a vivir “bajo una exposición permanente”, con visitas al padre restringidas a “un cuarto del Ministerio Público Tutelar (MPT)”. El posteo cerró con una frase en mayúsculas —“LOS PADRES TAMBIÉN TENEMOS DERECHOS”— y con un principio que presentó como jurídico: “No podés construir derechos sobre un hecho ilícito ni trasladar el centro de vida de un hijo sin el consentimiento del otro progenitor.”

La resolución que motivó ambas publicaciones fue dictada el 31 de julio de 2026 por Bassi, jueza de tutela del Tribunal de Milán, y habilita a Wanda Nara Solange a gestionar los documentos de viaje de las niñas ante cualquier autoridad administrativa italiana, sin requerir la cooperación de Icardi. El decreto fue declarado de ejecución inmediata y se libró oficio a la Questura de Milán para que proceda a la expedición de los documentos. La resolución, a la que tuvo acceso Teleshow, condena además a Mauro Emanuel Icardi al pago de las costas procesales por 3.000 euros, más reembolso de gastos generales, IVA y aportes previsionales.
El proceso se inició a partir de una solicitud presentada por Nara ante el Juzgado de Tutela el 27 de julio de 2026, tras el robo de los pasaportes de las niñas en una villa de Galliate, provincia de Novara. La denuncia policial fue acompañada de una intimación del Juzgado de Familia de Turno D de Buenos Aires, que ordenó a Icardi comparecer ante la autoridad consular italiana y prestar su autorización dentro de las 48 horas.
Según consta en la resolución, el propio Icardi reconoció ante la Estación de Carabinieri de Galliate, el 25 de julio, que se había presentado ante las autoridades consulares italianas y argentinas en Milán y ante la Questura, pero que no logró dar cumplimiento a la orden del juez argentino porque “dichas oficinas no habían recibido comunicación alguna al respecto”. Cuatro días después, al constituirse en el proceso ante el Tribunal de Milán, sus abogados solicitaron el rechazo del pedido de Nara y plantearon la incompetencia del juzgado.

Bassi desestimó esa excepción al señalar que las niñas son ciudadanas italianas con residencia formal en Milán y que, al encontrarse en territorio italiano sin pasaporte, resultaba “manifiestamente irracional” exigir que la madre viajara a Turquía para tramitar los documentos ante el cónsul local. La magistrada también rechazó el pedido de suspensión del proceso por la tramitación del Convenio de La Haya de 1980, al precisar que ese instrumento prohíbe decidir sobre “derechos de custodia” y que el presente procedimiento se limitaba a la expedición de los pasaportes. En los fundamentos del fallo, la jueza señaló que Francesca e Isabella tienen su domicilio efectivo en Argentina desde al menos septiembre de 2024 —dato que la propia defensa de Icardi confirmó al mencionar que Nara inscribió a las niñas en un colegio ese mes, contra la voluntad del padre— y concluyó que la negativa del futbolista no encontraba “fundamento concreto alguno en el interés de las propias menores”.
Wanda celebró el fallo en sus propias redes con un mensaje directo: “La jueza ITALIANA acaba de resolver a favor de mis hijas. Se hizo justicia también en Italia.” El episodio se enmarca en un conflicto judicial de alcance transnacional: en Argentina, la justicia dispuso una prohibición de salida del país para el futbolista, mientras que en Italia continúa el proceso de divorcio ante la Sección IX del Tribunal de Milán, donde recientemente se rechazó un reclamo económico presentado por Nara.
mauro icardi
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Carlos Casella contó el secreto de su vínculo con Griselda Siciliani: “Tenemos una pasión muy parecida”

Carlos Casella y Griselda Siciliani vuelven a compartir escenario con Boite, una propuesta íntima de music-hall que reúne música, actuación, monólogos, humor y sensualidad en La Trastienda. La obra recupera la estética de los cabarets y las boîtes de la década de 1970, con músicos en vivo y un repertorio que incluye versiones de Sesso e samba, Believe y Como dos extraños, entre otros temas.
La reunión también pone en primer plano un vínculo artístico de más de 25 años. Ambos construyeron una sociedad escénica que ya tuvo pasos por espectáculos como Estás que te pelas, Sputza! y Pura Sangre. En diálogo con Teleshow, Carlos Casella, actor, baiarín y cantante, repasó ese recorrido y explicar cómo esa historia compartida dialoga con el presente de Boite, que finaliza el 27 de sepiembre.
—Boite los volvió a reunir sobre el escenario y la respuesta fue inmediata. ¿Qué tiene esa dupla que conecta tan rápido con la gente?
—Creo que tiene que ver con una química muy real. Con Griselda nos conocemos hace 25 años: yo era su profesor de danza y ella era mi alumna. Tenemos un origen muy parecido y, aunque después nuestros caminos se fueron diversificando, cada tanto se vuelven a cruzar. Cuando eso pasa, es como si compartiéramos una misma raíz, pero con nueva información. Para mí eso es recontra enriquecedor.
—Cuando una dupla funciona así, suele haber algo más que talento. ¿La clave es la confianza?
—Obviamente están las dos cosas, pero la confianza es fundamental. Tenemos una pasión muy parecida, una forma de trabajar muy afín, y eso en el escenario se nota. Podemos subir sin ningún plan y en el escenario se arma el plan. Y eso es un capital enorme, porque no te pasa con mucha gente en la vida.
—Cuando hablás de Griselda aparece mucha admiración. ¿Qué te sigue sorprendiendo de ella?
—Su pasión, su entrega y lo divertido que es trabajar con ella. Me gusta íntegra, 360. Y además, en estos años desarrolló muchísimo su expertise en la comedia, el humor y el ritmo escénico. Eso lo maneja como nadie. Para este show la escuché muchísimo en cada palabra que queríamos decir entre tema y tema. Su mirada sobre los silencios, el ritmo y el humor es enorme.
—¿Y qué sentís que aportás vos a esa sociedad?
—En estos años crecí mucho con la música. Estoy muy dedicado a cantar, a armar repertorios sorpresivos, lúdicos, divertidos. Entonces mi aporte tiene mucho que ver con la selección de las canciones, con cómo hacerlas, hacia dónde llevarlas. Y también con mi faceta como cantante.
—Viéndolos, parece que todo fluye con libertad, pero también hay mucho trabajo detrás. ¿Cómo construyen ese equilibrio?
—Hay libertad, sí, pero también una estructura. Trabajamos mucho sobre el deseo y no desde una lógica tan lineal. A partir de eso armamos una dramaturgia y un show. En elegir el material no tardamos tanto; lo que más tiempo nos lleva es ponernos de acuerdo en cuándo hacerlo. Hace bastante que veníamos hablando de Boite, pero una vez que encontramos el momento, todo se ordenó rápido.

—¿Y en ese proceso es clave una mirada externa?
—Totalmente. Nos dirige Ana Frenkel. Somos bastante grupales, pero Ana está afuera mirándonos y eso es fundamental. Las decisiones pasan un poco por los tres. Griselda y yo llevamos el material y Ana lo conduce, lo ordena, lo pone en valor.
—Hay gente que siente que cuando ustedes se juntan pasa algo distinto. ¿Vos también lo percibís así?
—Sí, lo siento. Y también me conmueve que la gente lo registre, porque en realidad no hicimos tantas cosas juntos. Entonces me parece hermoso que la gente diga: “Se los extrañaba juntos” o “qué bueno que volvieron”, porque evidentemente quedó algo muy fuerte, en los espectáculos anteriores.

—¿Te interesa entender qué produce esa dupla o preferís que una parte siga siendo inexplicable?
—Me interesa hasta cierto punto. Creo que hay algo que se puede pensar y otro poco que simplemente sucede. Hay confianza, admiración mutua y una manera de entender el escenario que compartimos. Después hay algo que pasa ahí, en vivo, que no conviene explicar tanto porque tiene que ver con lo imprevisible.
—También se nota que disfrutan mucho estar ahí arriba. ¿Eso sigue siendo el gran motor?
—Sí, absolutamente. Cada vez que está por empezar el show, estamos atrás de la escenografía esperando para entrar, y siempre nos miramos como diciendo: “Qué bueno esto que estamos haciendo”. A veces uno pierde perspectiva de lo valioso que es estar arriba de un escenario con alguien que te banca cien por ciento. Es muy enriquecedor. Y creo que algo de esa alegría le llega a la gente.

—El espectáculo ya sumó funciones. ¿Sentís que este reencuentro puede extenderse más de lo que imaginaban?
—Ojalá. Agregamos funciones y eso ya nos pone muy contentos. También hay ideas de llevar el show a lugares cercanos, como Uruguay o Chile. Estamos viendo cuándo podría hacerse, porque cada uno tiene sus compromisos, pero sí, hay ganas de que siga creciendo.
—Más allá de tus otros proyectos, ¿hoy tu energía está puesta sobre todo en Boite?
—Sí. Tengo conciertos, presentaciones y mis cosas personales, que me encanta seguir haciendo. Pero como proyecto importante de acá a fin de año, Boite cien por ciento.
Carlos Casella,Griselda Siciliani,Boite,espectáculo musical
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Analía Franchín revivió la trágica historia de su hermana Sandra y lo que llegó a hacer para rescatarla de las calles: «Tuve que ir vestida de prostituta para…»

Sandra, la hermana de Analía Franchín, sufrió durante décadas una fuerte adicción a las drogas y atravesó distintas internaciones y situaciones de extrema vulnerabilidad. En junio de 2024 murió a los 61 años luego de padecer una neumonía que se complicó. Además, tenía un diagnóstico positivo de HIV. Analía había contado públicamente durante años el enorme esfuerzo familiar que hicieron para acompañarla y ayudarla a recuperarse.
En aquel relato en PH, Franchín explicó que su hermana comenzó a atravesar una situación muy complicada cuando era joven. Según contó, Sandra tenía alrededor de 25 años y una hija de apenas tres, y en medio de su problema de adicciones llegó a llevarse a la niña. La periodista remarcó que no consideraba que lo hubiera hecho con maldad, sino que entendía que su hermana estaba enferma y atravesaba una situación límite.
“Tuve que entrar a la casa de un narco. Había una mesa con estupefacientes y una mantita donde la noche anterior había dormido mi sobrina”, recordó, al reconstruir uno de los momentos más desesperantes de aquella búsqueda. La periodista explicó que su objetivo era encontrar a su hermana y recuperar a la pequeña, mientras la familia atravesaba una situación que se volvía cada vez más peligrosa.
La búsqueda también la llevó a otros lugares de extrema peligrosidad. “Fui a tocar timbre a la casa de un tipo que estaba buscado por homicidio. Tampoco la encontré y me dirigí al Bajo Flores”, relató Franchín. La periodista recordó que, siendo muy joven, llegó incluso a recurrir a una estrategia impensada para poder ingresar a determinados lugares. “Tuve que ir vestida de prostituta a los 15 años”, contó Analía, al describir hasta dónde llegó para intentar rescatar a su hermana.
ANALÍA FRANCHÍN TUVO UNA LUCHA INCANSABLE POR SALVAR A SU HERMANA
La historia de Sandra estuvo atravesada por numerosas recaídas e intentos de recuperación. En 2021, Franchín contó que su hermana llevaba alrededor de 40 años luchando contra las adicciones y que la familia había pasado por internaciones y períodos en los que directamente no sabían dónde se encontraba. En aquella oportunidad, también agradeció públicamente a Gastón Pauls por haberla ayudado a encontrar una institución para comenzar un tratamiento.
Pero uno de los recuerdos más duros de Analía fue el día en que encontró a Sandra en un estado que la impactó profundamente. “Un día la encontré en un estado deplorable, comiendo pollo crudo”, relató en PH. La periodista explicó que, pese a las innumerables dificultades y recaídas, nunca dejó de intentar que su hermana pudiera recuperarse.
“Le juré que iba a estar con ella hasta el final y así fue”, aseguró Franchín. Esa frase terminó sintetizando una relación marcada por el dolor, pero también por una enorme presencia familiar. Durante años, Analía insistió en que no culpaba a Sandra por su adicción y que entendía que se trataba de una enfermedad que había afectado a toda la familia.
En 2021, Analía había relatado que en una oportunidad su hermana había tenido una crisis en la que estaba con un cuchillo y que fue necesaria la intervención del SAME y de la Policía. La periodista utilizó entonces su propia experiencia para cuestionar las dificultades que enfrentan las familias de personas con problemas graves de adicción y salud mental.
Analía Franchín
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Guillermo Andino: “Mi vocación nació a partir del momento más triste de mi vida”

La música acompañó a Guillermo Andino desde la infancia, mucho antes de que se convirtiera en una figura de la televisión argentina. Entre los vinilos de tango y jazz que sonaban en su casa, las guitarras que aprendió a tocar a los 7 años y una relación entrañable con su padre, el legendario periodista de gráfica, radio y televisión Ramón Andino, encontró una forma de volver a una pasión que había quedado en segundo plano.
En diálogo con Teleshow, Andino repasó los recuerdos familiares que lo unieron a Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, su fascinación por The Beatles y la emoción de haber conocido a Paul McCartney y Ringo Starr. También habló de su participación en Es mi sueño, el programa que hoy le permite cumplir el deseo de interpretar en televisión canciones que marcaron su vida.
—¿La música siempre estuvo presente en tu vida?
—Sí. Era una actividad que hacía sin que mucha gente lo supiera. Toco la guitarra y el bajo, y hasta la llegada de esta propuesta lo reservaba para mi familia y mis amigos. Después de cuarenta años ininterrumpidos en la televisión, pensé: “¿Por qué no?”.
—¿Cuándo empezaste a tocar la guitarra?
—A los 7 años, en la escuela marista de Parque Patricios. Allí aprendíamos zambas y cantábamos en el colegio, en el Club Huracán y en la misa de la iglesia de San Antonio. Sin embargo, mi objetivo era aprender temas de rock nacional y de The Beatles. Cuando estaba en sexto grado, el profesor empezó a enseñarnos otras canciones y ahí comenzó todo.
—¿Hubo un momento en que dejaste de lado esa pasión?
—Durante mi adolescencia murió mi papá y tuve que reorganizar mi vida. Empecé a trabajar y ya no tenía el mismo tiempo, aunque cada tanto agarraba la guitarra. Fue doloroso porque sentía que empezaba otra etapa, pero las ganas de cantar nunca se fueron.
—¿Qué lugar ocupaba la música en tu vínculo con tu padre?
—Mi papá escuchaba mucho tango, jazz, Los Chalchaleros. Durante los 18 años que compartimos, intercambiábamos música: él me decía “escuchá esto” y me acercaba a Aníbal Troilo con Francisco Fiorentino, a Julio Sosa y a otros intérpretes. Yo le mostraba a Phil Collins, Soda Stereo y otros artistas que escuchaba. Ese intercambio fue muy importante para mí.
—¿Tuviste contacto con grandes figuras del tango desde chico?
—Mi papá era amigo de Osvaldo Pugliese y recuerdo haber ido a su casa sin tomar entonces verdadera dimensión de quién era. Con los años entendí que había estado cerca de personas enormes de la cultura. También conservo una foto, cuando tenía 5 años, junto a Aníbal Troilo y mi papá a la salida de un teatro.

—¿Cómo nació tu fanatismo por The Beatles?
—Vivía frente a una disquería y escuchaba mucho rock nacional. Un vecino mayor tenía un disco que decía Help! y me preguntó si alguna vez había escuchado a The Beatles. Le dije que no. Después de oírlo no paré más. Le pedía a mi mamá que, si me iba bien en el colegio, me comprara un disco de ellos. Fue un estímulo enorme para estudiar.
—¿Qué significó conocer a Paul McCartney y a Ringo Starr?
—Fue muy fuerte. En una conferencia de prensa de Paul McCartney pude hacerle una pregunta y luego sacarme una foto con él, además de charlar unos 30 segundos. También conocí a Ringo Starr en un encuentro en Uruguay. Para alguien que creció escuchando a The Beatles, fueron momentos inolvidables. Al único que no pude conocer, por razones obvias, fue a John Lennon.

—¿Qué sentiste al cantar Let It Be en televisión?
—Fue cumplir un sueño. La producción de Es mi sueño armó una puesta con pantallas y fotos de The Beatles, principalmente de Let It Be. Cuando salí a cantar, quise sentirme un poco como Paul McCartney. No soy un cantante profesional, pero me aferré a todo lo que había escuchado de él durante tantos años.
—¿Por qué habías rechazado otras propuestas similares?
—Hace años me convocaron para participar en Cantando por un sueño, pero no me sentía preparado. Estaba en el noticiero y tenía cierto pudor. También me llamaron para un programa de baile, pero sé que, si no puedo hacer algo bien, prefiero no hacerlo. Esta vez sentí que era el momento.
—Si no hubieras sido periodista, ¿qué profesión habrías elegido?
—Tuve varias etapas. De chico quería jugar al fútbol y llegué a probarme en las inferiores de Ferro. Jugaba de nueve porque era alto, pero entendí que no tenía la ambición necesaria para entrenar todos los días. Después estudié Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas; soy licenciado en Relaciones Internacionales y bachiller en Ciencias Políticas. También cursé 3 años del profesorado de Historia.

—¿Cómo descubriste tu vocación periodística?
—La encontré a partir del momento más triste de mi vida, la muerte de mi papá. Empecé como cronista en Canal 13 y a la semana ya estaba enamorado de salir a la calle y contar lo que pasaba. Hice policiales y deportes, y después seguí en noticieros y magazines. Llevo 40 años en esta profesión.
—¿Cómo compatibilizaste los estudios con el trabajo?
—Entraba a Canal 13 a las 7 de la mañana, salía a las 14 y estudiaba de 17 a 22. En el último año de la facultad me convocaron para Nuevediario. Era un momento de enorme exposición y me daba vergüenza llegar a la universidad con mi foto en las tapas de las revistas, pero pude terminar la carrera mientras trabajaba.
—¿Qué te aporta esta experiencia musical?
—Me permite disfrutar y aprender. Los entrenadores dan devoluciones que intento aplicar en la canción siguiente, y pasar por distintos géneros obliga a trabajar de otra manera. Empecé con Sinatra, seguí con temas románticos, Sandro, Elvis Presley y música clásica. Ensayo como si hubiera estudiado en Berklee, porque quiero hacerlo con seriedad.

—¿También encontraste una conexión especial con tus compañeros?
—Sí. Muchos quieren iniciar una carrera y trabajan con mucho compromiso. Hablar con ellos, compartir los nervios y preparar cada tema genera un intercambio muy valioso. Termina siendo una escuela de canto para todos.
—Durante la pandemia también llevaste la música a tu barrio. ¿Cómo fue?
—Tuve COVID cuando todavía no había vacunas y mis vecinos estuvieron muy presentes. Cuando me recuperé, quise devolverles ese cariño: salía al balcón de mi habitación, ponía un parlante y cantaba canciones de The Beatles para el vecindario. Lo anunciaba en el grupo de WhatsApp del edificio. Fue mi manera de agradecerles.
Guillermo Andino,Ramón Andino
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