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El desafío de abrir un teatro en la Argentina: Almagna, la apuesta de Gastón Cocchiarale en tiempos adversos

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Gastón Cocchiarale (centro), flanqueado por Juan José Campanella (izquierda) y Eduardo Blanco (derecha), celebra la apertura de su nuevo espacio cultural, el Teatro Almagna

Hay proyectos que nacen como una necesidad artística. Y hay otros que parecen responder a algo más profundo: una forma de resistir, de dejar una huella, de construir un refugio para quienes todavía creen que el teatro puede cambiar una vida. En medio de un tiempo áspero para la cultura argentina, el actor, director y maestro de actores Gastón Cocchiarale decidió dar un paso que combina riesgo, pasión y convicción: abrir las puertas de Almagna, una nueva sala teatral en el corazón de Almagro, uno de los barrios donde el teatro independiente todavía late como un corazón obstinado.

Ubicada sobre Guardia Vieja 3783, entre Bulnes y Mario Bravo, aparece como una declaración de principios en una Buenos Aires donde cada persiana que se levanta para hacer arte parece desafiar la lógica de la época. La sala, con capacidad para cien espectadores, no es únicamente un teatro: es también un espacio cultural con salas de ensayo, un punto de encuentro para artistas y la nueva casa de “Creer es Crear”, la escuela de formación actoral fundada por Cocchiarale, que hoy reúne a más de 250 alumnos.

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La inauguración tuvo un gesto cargado de simbolismo y emoción: Guillermo Francella participó del evento y le dio nombre a la sala principal. No fue un homenaje casual. Para Cocchiarale, Francella representa mucho más que un colega admirado. “Fue quien me generó el deseo de ser actor”, confesó en una charla íntima con Teleshow, con una mezcla de gratitud y emoción que atraviesa toda su historia.

“Emprender ya es difícil. Emprender en este país es todavía más difícil. Y emprender en el arte en este país es triplemente costoso”, resumió al recordar los trece meses de obra ininterrumpida que demandó levantar Almagna junto a su socio, Jorge García. Pero detrás del cansancio aparece algo que en su relato se repite como una pulsión constante: la pasión. “Cuando uno tiene vocación y está enamorado de lo que hace, ningún obstáculo termina de derrotarlo”, sostuvo.

Dos hombres, Guillermo Francella con abrigo gris y bufanda negra junto a Gastón Cocchiarale con traje negro, sonríen frente a una puerta oscura
Gastón Cocchiarale posa junto a Guillermo Francella en la inauguración de Almagna, el nuevo espacio teatral de Argentina que desafía la situación cultural.

Las palabras no suenan vacías. Durante más de un año, el actor convivió con albañiles, planos, ensayos, clases, producción y funciones mientras seguía sosteniendo su carrera actoral. “Tuvimos una línea muy clara de lo que queríamos y cómo lo queríamos”, explicó sobre el proceso que comenzó hacia fines de 2024 y terminó convirtiéndose en un nuevo polo teatral dentro del circuito independiente porteño.

“Tuvimos la fortuna de que entre los dos hicimos un gran equipo y en base a eso pudimos tener trece meses de obra en construcción desde fines del 2024, que empezamos el proyecto, hasta marzo de este año, que inauguramos de alguna manera, primero con clases de mi escuela y de a poquito se fueron incorporando las obras, las funciones que ahora, si Dios quiere, durante todo el mes de mayo y junio terminaremos de tener toda la programación ya instalada y en cartel para que la gente pueda venir a disfrutarla”, destacó

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Pero detrás del entusiasmo también aparece la preocupación por el presente cultural argentino. Cocchiarale no esquivó el tema. “Es un momento muy frágil de la cultura en la Argentina”, dijo. Y fue más allá: “Tenemos un Gobierno que ataca de manera agresiva a la cultura, al teatro, al cine y a todo lo que tiene que ver con nuestro ecosistema cultural”. Lejos de quedarse únicamente en la crítica, imaginó otro escenario posible: “Creo que el Estado, el sector privado y los sindicatos podrían trabajar en equipo para reconstruir una industria audiovisual grande como la que tuvimos durante tantos años”.

Sin embargo, incluso en ese contexto, eligió apostar. Y esa decisión tiene raíces profundas en su propia identidad artística. Desde muy joven, mientras trabajaba en producciones masivas y populares, nunca abandonó el circuito independiente. “Nunca me gustó depender del mercado ni de la industria”, aseguró. “Desde los veinte años acompañé mi recorrido comercial con mis propias obras, escribiendo, dirigiendo y produciendo”.

Interior de un teatro pequeño con butacas vacías de color vino tinto, escaleras centrales y un escenario oscuro con telones negros y luces superiores
Vista interior del teatro Almagna, la nueva propuesta cultural de Gastón Cocchiarale, listo para recibir a su público

Almagna aparece entonces como una especie de culminación natural de ese recorrido. Un lugar donde puede desarrollar proyectos sin pedir permiso. “Tener una sala propia no me limita a la hora de pensar qué quiero hacer”, explicó. Y en esa frase parece condensarse gran parte de su filosofía artística.

Cuando habla del futuro de la sala, evita pensar en términos elitistas. Su deseo es construir un espacio donde convivan prestigio y popularidad. “A mí me interesa muchísimo combinar lo prestigioso con lo popular”, afirmó. Y mencionó como referencias a salas emblemáticas del circuito como Timbre 4, El Camarín de las Musas y Dumont 4040.

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En su mirada, el teatro independiente todavía arrastra una deuda pendiente: salir de la lógica endogámica. “Muchas veces los teatristas hacemos teatro para los teatristas”, reflexionó. Y enseguida marcó su deseo de romper con eso: “Me gustaría construir un teatro independiente más masivo, que logre llegar al gran público”.

La idea de Almagna parece apoyarse justamente sobre esa búsqueda. Que pueda convivir una figura reconocida con alumnos de la escuela. Que un espectador habituado al teatro experimental comparta butaca con alguien que simplemente busca salir una noche a ver una buena obra en el barrio. “Quiero que la gente sepa que puede gustarle más o menos lo que vea, pero que siempre se va a encontrar con estándares de excelencia”, explicó.

Tres hombres sonríen y posan juntos en un escenario oscuro con focos de luz; uno de ellos sostiene un cartel que dice "SALA Guillermo Francella"
Gastón Cocchiarale celebra la apertura de Almagna, su nuevo teatro, posando con Guillermo Francella y Jorge García, su socio.

Detrás de esa estructura hay un entramado humano enorme. Cocchiarale habla de sus equipos con la misma pasión con la que habla del escenario. Nombra a Juli de Moura como su “mano derecha” en la escuela, a Thea Contreras como pieza fundamental en la producción de ALMAGNA, a Natalia Proto y Jorge García en la administración cotidiana, a Maru Blanco —su pareja— al frente de los proyectos audiovisuales y a otros colaboradores que sostienen el funcionamiento diario de cada área.

“Soy un actor que se puso un teatro”, sintetizó en una definición que parece explicarlo todo. Porque aunque hoy dirija, produzca, enseñe y gestione, sigue pensando su vida desde el lugar más íntimo: el del intérprete. “La raíz de todo esto es mi parte actoral. Y eso no pienso perderlo bajo ninguna circunstancia”.

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Mientras inaugura la sala, además, continúa girando por el país con “Empieza con D… siete letras”, la obra de Juan José Campanella que comparte junto a Eduardo Blanco, Vicky Almeida y Maru Zapata. Rosario, Mar del Plata, Mendoza, La Plata, Quilmes y Ramos Mejía son algunas de las ciudades que recorrerá en las próximas semanas.

Pero si hay un nombre que atraviesa emocionalmente toda la historia de Cocchiarale es el de Guillermo Francella. La admiración comenzó cuando era apenas un chico que veía una y otra vez películas como Extermineitors o Los bañeros más locos del mundo. Más tarde llegó la posibilidad de compartir set en El Clan, donde interpretó a uno de los hijos del clan Puccio.

Guillermo Francella sonriente y saludando con la mano levantada, sostiene un cartel que dice 'SALA Guillermo Francella' junto a Gastón Cocchiarale en un escenario oscuro
Guillermo Francella saluda al público junto a Gastón Cocchiarale en la inauguración de la Sala que lleva su nombre en el teatro Almagna, un nuevo espacio cultural en Argentina.

“Yo tenía 21 años y estaba trabajando con alguien que había sido mi gran inspiración”, recordó. De aquel rodaje nació una relación cercana que con el tiempo se transformó en mentoría. “Cuando no quedaba en un casting, él siempre tenía palabras de aliento. Y cuando me iba bien también”, contó emocionado.

Años después, el propio Francella lo recomendó para integrar el elenco de El Encargado. “Que Guillermo haya pedido por mí fue un voto de confianza enorme para mi carrera”, reconoció. Por eso, cuando llegó el momento de bautizar la sala principal de Almagna, no hubo dudas. “Fue alguien absolutamente transversal a mi carrera y a mi vida”.

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Quizás el momento más íntimo de toda la conversación apareció al final, cuando pensó en aquel chico de Ramos Mejía que soñaba con actuar. “Imaginaba poder vivir de actor. Pero jamás todo esto”, confesó. A los 34 años, Cocchiarale no solo logró consolidarse en televisión, cine y teatro: también construyó una escuela, dirigió decenas de proyectos y abrió su propia sala teatral.

Eduardo Blanco, hombre de cabello y barba gris, ríe mientras abraza por el cuello a Gastón Cocchiarale, de espalda con barba oscura
Eduardo Blanco abraza a Gastón Cocchiarale con una carcajada, celebrando la inauguración del Teatro Almagna

«Creo que ese niño que deseaba ser actor no se imaginaba ni por casualidad a esta edad haber cumplido tantos sueños y tantos deseos. Y me tiene muy feliz eso, obviamente, porque sé que es una carrera muy difícil, que es para pocos, que poder vivir de lo que uno ama es un privilegio enorme. Entonces disfruto permanentemente todo lo que me va pasando, el paso a paso de mi recorrido, de mi carrera, y estar hoy donde estoy la verdad que me llena de una enorme felicidad», explicó al mirar hacia su propio pasado.

Entonces hizo una pausa y dejó una frase que parece resumir toda su historia: “Creo que ese niño que alguna vez fui debe estar orgulloso de todo lo que fue logrando el Gastón adulto de que nunca abandoné su sueño, que contra viento y marea siempre traté de respetármelo».



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Qué significa que una persona necesite tener siempre la última palabra, según la psicología

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Hay personas que no pueden dejar una discusión abierta. Aunque el tema sea mínimo, necesitan sumar una frase más, corregir un detalle, responder una ironía o cerrar el intercambio con una frase definitiva. Desde afuera, esa actitud suele verse como orgullo, terquedad o ganas de ganar. Sin embargo, en muchos casos, detrás de esa conducta hay algo más profundo que una simple manía, según la psicología.

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La necesidad de tener siempre la última palabra puede estar vinculada con una fuerte búsqueda de control. Para algunas personas, que otro cierre la conversación se vive como una pérdida de poder, una señal de derrota o una sensación incómoda de quedar expuestas. Por eso, aunque el intercambio ya no aporte nada nuevo, necesitan intervenir una vez más para sentir que recuperan el mando de la situación.

También puede aparecer cuando alguien se siente cuestionado. Ante una crítica, una diferencia de opinión o una observación incómoda, ciertas personas reaccionan a la defensiva. No necesariamente porque tengan razón, sino porque interpretan el desacuerdo como un ataque personal. En ese punto, la última palabra funciona como una especie de escudo: sirve para proteger la imagen propia, evitar la vergüenza o no quedar en un lugar vulnerable.

Otra clave es la dificultad para tolerar la incertidumbre. Hay quienes necesitan que todo quede ordenado, explicado y cerrado según su propia mirada. Si la otra persona no acepta su punto de vista, sienten que la conversación quedó mal terminada. Entonces insisten, repiten argumentos o buscan una frase final que les dé alivio momentáneo.

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El problema es que esa necesidad puede desgastar los vínculos. Cuando una charla se convierte en una competencia por ver quién cierra mejor, deja de haber escucha real. La otra persona puede sentirse invalidada, cansada o poco tenida en cuenta. Y lo que empezó como una diferencia común termina transformándose en una pelea de poder.

Tener la última palabra, entonces, no siempre significa tener seguridad. Muchas veces puede mostrar lo contrario: miedo a perder lugar, dificultad para aceptar otros puntos de vista o una necesidad intensa de sentirse reconocido.

Qué señales pueden aparecer en una persona que siempre necesita cerrar la discusión

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  • Interrumpe o responde rápido cuando siente que la contradicen.
  • Le cuesta aceptar que otra persona piense distinto.
  • Repite el mismo argumento aunque la conversación ya esté agotada.
  • Confunde desacuerdo con ataque personal.
  • Necesita corregir detalles menores para no “perder” la charla.
  • Usa frases finales tajantes para marcar superioridad.
  • Se incomoda cuando el otro decide no seguir discutiendo.
  • Busca tener razón más que entender lo que pasa en el vínculo.

La última palabra puede parecer una muestra de carácter, pero muchas veces habla más de una incomodidad interna que de una verdadera fortaleza. Aprender a retirarse de una discusión sin cerrar todo a la fuerza también es una forma de seguridad emocional: no siempre hace falta ganar una conversación para conservar el propio lugar.

 

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Tras el duro invierno del 2025, el Servicio Meteorológico Nacional anticipó cómo será este año: ¿habrá más o menos frío y lluvias?

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El invierno que se aproxima podría sentirse distinto en gran parte de la Argentina. Según el último Pronóstico Climático Trimestral que elaboró el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), para el período mayo, junio y julio se espera una tendencia de temperaturas normales o superiores a lo habitual en amplias zonas del país. Es decir, en promedio, el trimestre no aparece marcado por un frío más intenso que el normal.

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El dato no significa que el invierno vaya a ser cálido todos los días ni que desaparezcan las heladas. El propio criterio de estos informes trabaja sobre promedios estacionales y probabilidades, no sobre el detalle exacto de cada jornada. Por eso, aunque la tendencia general sea menos rigurosa, todavía pueden darse irrupciones de aire polar, mañanas con temperaturas muy bajas y períodos breves de frío intenso.

La señal de temperaturas por encima de lo normal aparece con más fuerza en el norte argentino, Cuyo y parte del centro del país. En cambio, para la Ciudad de Buenos Aires, el AMBA, la provincia de Buenos Aires y sectores del sur, el escenario se ubica entre valores normales o superiores a los habituales para esta época.

En comparación con el invierno pasado, la expectativa es que este año el frío sea menos persistente en el promedio general. El antecedente de 2025 dejó episodios de ola de frío y récords de temperaturas mínimas en distintas zonas del país, según reportes climáticos del propio SMN.

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En cuanto a las lluvias, el panorama no es igual para todo el territorio. Algunas regiones del norte, como sectores de Formosa, Chaco, Salta y Santiago del Estero, tienen mayor probabilidad de precipitaciones normales o inferiores a lo habitual. En otras zonas, como Buenos Aires, La Pampa, el sur de Cuyo y parte de la Patagonia, el escenario podría ubicarse entre lluvias normales o superiores.

Qué anticipa el SMN para el invierno 2026

  • El trimestre analizado es mayo, junio y julio de 2026.
  • La tendencia general marca temperaturas normales o superiores a lo habitual.
  • No aparecen señales fuertes de un invierno más frío que lo normal a nivel nacional.
  • Eso no descarta heladas, olas de frío o ingresos temporarios de aire polar.
  • El norte argentino y Cuyo muestran mayor probabilidad de temperaturas superiores a lo normal.
  • En CABA, AMBA y Buenos Aires, el escenario sería normal o superior a lo habitual.
  • Las lluvias serían desiguales: algunas zonas del norte podrían tener menos precipitaciones.
  • En Buenos Aires y otras regiones del centro-sur, las lluvias podrían estar entre normales y superiores.

Al fin, el invierno 2026 no apunta, por ahora, a ser más duro que el anterior en el promedio general. La clave está en entender el pronóstico como una tendencia: puede haber días de mucho frío, pero el trimestre completo se perfila con temperaturas menos extremas y con lluvias muy variables según la región.

 

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Invierno; Pronóstico del tiempo; Servicio Meteorológico Nacional

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Dyango y su amor por nuestra tierra: “El único país al que vuelvo todos los años es Argentina”

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Dyango habló con Teleshow en una soleada tarde de otoño en Palermo (Crédito: Gustavo Gavotti)

Dyango lleva sus 86 años como si la edad no importara. El legendario intérprete de la música romántica y el tango comparte anécdotas, sonrisas y recuerdos en una charla distendida con Teleshow en Buenos Aires. Mientras disfruta de un tostado y una gaseosa en la tarde palermitana con la compañía de Mariona, su pareja en los últimos 51 años, el cantante catalán saca a relucir su impronta futbolera y recuerda su vínculo con el club Barcelona (“soy socio y fanático”), reciente campeón, lamenta que no haya llegado a los 100 puntos en el torneo y anota en el grabador una inolvidable historia con la familia de Lionel Messi: “El papá de Messi una vez me dijo por radio: ‘Tú tienes una parte importante en Messi’. Cuándo le pregunté por qué, contó que con su esposa escuchaban mis canciones en los momentos más álgidos del amor”, relata el artista entre risas.

Su actual presencia en Argentina es el preludio para una extensa gira por América Latina, que tendrá un importante segmento en nuestro país: 14 conciertos que incluirán dos (por ahora) en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, el 4 y el 7 de octubre. Así, una vez más, reafirmo su vínculo único con el público local, que comenzó con su primera visita en 1968, hace 58 años. El intérprete repasa sus próximos pasos: “Primero la gira por América: Santo Domingo, varios puntos de Colombia, Perú y Chile. Luego, el regreso a Buenos Aires, donde seguro agregaremos más conciertos, porque siempre pasa”.

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En diálogo con Teleshow, el artista repasa su historia, sus pasiones y su mirada sobre la música actual.

Dyango y Ángela Leiva interpretando la canción «Por volverte a ver»

Estás nominado nuevamente a los premios Gardel (Mejor Álbum de Música Romántica Contemporánea por “Su amigo Dyango Vol I). ¿Qué significa esta nominación?

—Ya lo estuve hace unos años, con un disco de tango que grabé con Carlos Franzetti, que es el arreglador más importante, o uno de los más importantes, de Argentina. Fue una maravilla, con la Orquesta Filarmónica de Praga, pero no ganó. Esta vez estoy nominado otra vez; si Dios quiere, a lo mejor gano, pero hay mucha competencia, muy buena también.

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La relación tuya con el tango viene de niño, ¿no?

—Conozco de tango más que los propios tangueros. Ya desde los cuatro años, mi mamá me enseñaba tango de Gardel, de Irusta, Fogazzaro y D’Amore, gente muy popular en Barcelona. Ella conocía todas las canciones, y yo las cantaba en concursos de niños, siempre ganaba. Yo cantaba tango, los otros cantaban temas de su edad, pero yo me inclinaba al tango.

¿Y tu mamá, por qué tanto amor por el tango?

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—Mi madre, porque estaba de moda. Ella conocía todas las canciones. Había canciones que yo las he cantado aquí, y no las conocía nadie.

Tuviste una relación muy cercana con Goyeneche. Son dos “gargantas con arena”. ¿Qué recuerdos tenes de él?

—Fuimos amigos de corazón. Lo trataron muy mal aquí, no podía ser que un cantante tan grande trabajara en tres o cuatro cabarets por la noche, casi sin público. Y cantaba dos, tres canciones y se iba a otro cabaret, y así toda la noche. Yo lo acompañaba y me dolía que no se le reconociera. Acá el Polaco ha sido famoso y muy querido una vez desaparecido. Para mí fue el mejor cantante de la historia. Otros dirán: “No, y Gardel, ¿dónde lo pones?” Como una vez en una emisora me dijeron: “No digas eso porque Gardel aquí es muy querido y el Polaco no”. Óigame, es lo que yo siento, ¿qué quiere que le diga? ¿Mentiras ahora?

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Entrevista de Hugo Martin a Dyango
A losw 86 años, Dyango está nominado por segunda vez a los Premios Gardel (Crédito: Gustavo Gavotti)

¿Qué tango te marcó más?

—Uno que me cantaba mi mamá: “La noche de Reyes”. Imagínate, un niño de cuatro años cantando un tango donde se mata a un personaje, donde el personaje engaña al otro. No sabía lo que hacía ni lo que decía. . También grabé “Sur” con Goyeneche; ese es uno de mis favoritos.

— También colaboraste con muchos artistas argentinos últimamente.

—Hice un dúo con Ángela Leiva, estamos grabando el segundo disco. Tapari también canta muy bien, y con Pimpinela, claro. Me cuesta recordar nombres, pero hay muchos.

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¿Hay algo de la música nueva, la música urbana, que te atraiga?

—No hay nada que me guste de lo que pasa en lo musical con la juventud ahora. Soy músico de profesión, estudié en el conservatorio, soy trompetista, violinista también. Ahora vienen con el reguetón, es algo que no soporto. Pero, por suerte, mis canciones siguen gustando mucho en América y, sobre todo, en este país.

¿Crees que la música va a dar toda la vuelta y volverán las melodías?

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—Tiene que ser así, porque lo que se está haciendo no es música. Puede que dé la vuelta y que vuelva la música romántica o la música de amor, o, por ejemplo, el tango, el jazz, la música clásica, el bolero, sobre todo el tango.

¿Y el rock?

—Me gusta, pero es otra historia. Son historias cantadas con más agresividad, pero son cosas buenísimas dentro de la música, claro.

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La música te marcó desde los ocho años, ¿no?

—Empecé en el conservatorio a los ocho años. Mi padre era músico. Ahora mis hijos también están todos en la música: hay dos cantantes, un técnico de sonido y, bueno, uno es chef. Hasta mi nieto canta maravillosamente bien.

—Claro, el que estuvo en la serie de Luis Miguel. ¿Te gusta que tus hijos y nietos sigan tus pasos?

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—No hay mucho que hacer, la música tira mucho. Si me hubiesen dicho que no iba a ser músico, yo me muero. Hasta hoy me emociono con el jazz, la música clásica, el tango. Todo ha sido importante, como (Armando) Manzanero, que era íntimo amigo y cuya música canté mucho.

Entrevista de Hugo Martin a Dyango
Dyango y Mariona, su mujer desde hace 51 años. Cuando la conoció estaba casado y ya tenía cuatro hijos (Crédito: Gustavo Gavotti)

Llevas cincuenta y un años junto a Mariona. ¿Cómo la conociste?

—Yo ya estaba casado y tenía cuatro hijos, pero apareció Mariona, mucho más joven. Adiós. Eso fue hace cincuenta y un años, y con ella no tuve hijos. Me decía que su hijo soy yo (risas). Tenía una figura brutal, la vi bailando en un sitio donde la gente daba una vuelta muy lentamente y de tanto en tanto pasaba ella y yo decía ‘madre mía, qué culo’. Me quedé paralizado y fui directamente a por ella. Y eso que estaba casado, pero quizá estaba mal casado, no sé… Pero encontré la mujer de, de mis sueños, de mi vida.

¿Cuál es el secreto de ese amor?

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—Es ella, con su bondad. Me cuida como si fuera un niño recién nacido. Es una mujer espectacular, y sigue siendo muy guapa.

Pensaste en retirarte alguna vez, pero seguís.. acá diríamos que tenés más despedidas que los Chalchaleros…

—(Ríe) Es que tuve un momento difícil, tenía no se qué cojones, algo en la espalda. Me operaron así, pim, pum, venga (chasquea los dedos) Y a la calle. Dije: ¿y qué coño hago ahora? Pues dije, ‘perdón, les dije una mentira, voy a seguir cantando’. Recuerdo a Los Chalchaleros, esos fueron únicos, porque dijeron veinte veces que se iban (risas).

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¿Cómo te preparas para los shows con…

(interrumpe y ríe) Dilo: ¡con 86 años! Pues no me preparo de ninguna manera. Canto y canto. No importa si me cuesta moverme en el escenario, si tengo que cantar sobre un taburete, lo esencial es cantar. Que la voz siga intacta es una suerte enorme, ¿no? Lo hago bien gracias a Dios y la gente lo agradece.

¿Cómo cuidas tu voz?

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—No la cuido para nada. Lo único es una nebulización antes de actuar y me resulta fantástico.

Entrevista de Hugo Martin a Dyango
Dyango durante la charla con Teleshow: pidió un tostado y una gaseosa (Crédito: Gustavo Gavotti)

Desde 1968 que venís todos los años a Argentina, excepto en pandemia. ¿Por qué ese lazo tan fuerte con nuestro país?

—La gente aquí es muy sensible, sobre todo por el tango, que es una obra de arte. Argentina es el único país al que vuelvo todos los años. He cantado en lugares donde la gente no tenía dinero. Fui a San Justo, Morón, a los pueblos. También hice una canción especial para Gilda, que me llegó al alma.

¿Te queda algún sueño o proyecto pendiente?

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—Seguir grabando. Música nueva, cosas mezcladas con jazz y melodías. Me doy cuenta de que lo sigo haciendo bien, y hay que reconocerlo. El día que me pase que no pueda cantar, ese día será mi final.

— ¿Y te vas a dar cuenta solo o te lo van a tener que decir?

— De momento, estoy aquí, cantando.

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Fotos: Gustavo Gavotti

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