DEPORTE
A 50 años del día más dramático e inolvidable del boxeo argentino: del asesinato de Ringo Bonavena a la epopeya de Víctor Galíndez

“Probablemente haya sido la noche más dramática en la historia del boxeo argentino. Y, sin ninguna duda, el triunfo más épico”. Una frase concluyente. Pronunciada por uno de los mejores periodistas deportivos de nuestro país y testigo de una jornada inolvidable. Ernesto Cherquis Bialo, un verdadero maestro para las generaciones que vinimos después, ha dejado un legado de crónicas memorables, sobre ardientes combates en derredor del mundo. Pero ninguna como aquella. En consonancia con uno que entró en la leyenda, el 22 de mayo de 1976.
La pelea de Víctor Galíndez frente a Richie Kates. Podría haber sido fruto del ingenio de un buen guionista o surgido de la inspirada pluma de un escritor. Pero fue verdad. Cruda, lacerante, excitante y de una credibilidad impactante. Con el agregado de haberse desarrollado en la misma jornada donde fue asesinado Ringo Bonavena, para certificar que el boxeo argentino jamás tendrá otro día igual.

Galíndez había ganado el título mundial de la categoría pesado el 7 de diciembre de 1974 en el estadio Luna Park, siendo el primer pugilista argentino en lograrlo en ese mítico escenario. Superó al norteamericano Len Hutchins por abandono al concluir el 13° round, imponiéndose con autoridad, para alegría del público que colmó las instalaciones de Corrientes y Bouchard y para quienes lo siguieron en directo por Canal 7. En este caso con un bonus track: quien tuvo a su cargo los relatos fue Enrique Macaya Márquez.
En paralelo, Oscar Bonavena trataba de regresar a los primeros planos, realizando peleas, sobre todo en los Estados Unidos, con la obsesión de tener la chance de volver a combatir con Muhammad Alí, luego de la legendaria noche del Madison Square Garden en diciembre del ‘70, donde logró tirar a la leyenda, antes de caer por knock out técnico en el 15° asalto.

Entre ambos boxeadores argentinos se había dado una corriente de enorme afecto, potenciada por la inmensa idolatría que Galíndez le profesaba a Ringo, quien no solía halagar a sus colegas, pero hacía una excepción con él. Ese era el motivo principal por el que Víctor no debía conocer la noticia antes de subir al ring, como lo recordó Cherquis: “El gran problema, en esos casos, suelen ser los ansiosos y desubicados que nunca faltan. Lectoure, al conocer la noticia, nos encomendó a algunos argentinos que estábamos en el hotel, que tratáramos por todos los medios que nadie por fuera del entorno se le acercara. Porque no iba a faltar el que le dijera: ‘¿Viste Víctor que mataron a Ringo en Estados Unidos?’”.
En el mundo interno de cada deporte, todo se conoce. Y un pequeño detalle sería fundamental para aquel combate tan sangriento y dramático, como recordó Tito Lectoure: “Afortunadamente, un par de semanas antes de viajar, peleó Nicolino Locche en el Luna Park con Lorenzo Trujillo. Su manager me dijo: ‘Víctor Galíndez va a combatir ahora con alguien muy peligroso, sobre todo con la cabeza. Tiene una extraña habilidad para dar cabezazos que parecen accidentales’ Automáticamente me dio un pequeño frasco que contenía un poderoso coagulante”.

El combate comenzó como se esperaba y dentro de una gran paridad hasta que ocurrió lo que le había predicho a Lectoure, como el mismo evocó: “Al tercer round Kates hizo uso de su habilidad para golpear con la cabeza y cortó a Víctor, dejándole un tajo inmenso. El árbitro, Stanley Christodoulou, se la iba a dar por perdida, entonces empecé a pedir la descalificación y él me respondía que no había sido intencional. Yo estaba como loco y les pedí a los periodistas argentinos que invadieran el ring y, por supuesto, se armó un lío bárbaro. El combate estuvo detenido casi cinco minutos. En ese momento subió un médico sudafricano de apellido Noble, que al revisar a Galíndez me dijo: ‘La herida es fea, pero no peligrosa. Si tenés coagulante, intentá seguir la pelea’. Era una tremenda herida, como una letra T acostada, por lo que era muy difícil solucionarle el problema, porque en los tajos normales, uno toma las dos partes y trata de unirlas, pero acá eso era imposible”.
Gracias a los éxitos de Carlos Monzón, para mucha gente se había convertido en una costumbre seguir las peleas de los argentinos los sábados por la tarde por televisión (en este caso por Canal 13) y también por radio, donde había excelentes relatores, como los casos de Osvaldo Caffarelli y Ricardo Arias, que con sus voces fueron detallando minuto a minuto la batalla que se iba a dar sobre ese lejano cuadrilátero de Johannesburgo.

A partir de ese incidente, nada fue igual. Ni a como venían las acciones ni a lo que se viviría después. Galíndez se iba diezmando físicamente y, al mismo tiempo, crecía en el plano anímico. Kates estaba firme, pero no podía asestar el golpe definitivo ante un rival en esas condiciones. Mientras se desarrollaba la pelea, comenzaban a llegar a las redacciones de los medios argentinos, las primeras precisiones sobre la muerte de Bonavena, asesinado por un disparo de un rifle de caza en las manos de Ross Brymer, cuando Ringo intentaba ingresar al Mustang Ranch, el prostíbulo de la ciudad de Reno, en Nevada, que regenteaba Joe Conforte, quien lo tenía contratado para boxear.

Los rounds avanzaban y el deterioro del púgil argentino también. Cada instante era un impacto más grande, como rememoró Lectoure: “A partir de ahí, en cada descanso, le trabajaba la herida con el coagulante. Recuerdo que era casi medio dedo el que le introducía en la zona. Una cosa tremenda. Cada intervalo era un suplicio, porque la herida se agravaba, el hermano de Galíndez lloraba en el rincón y el doctor Paladino se había ido, porque era una situación de un nerviosismo brutal, con las toallas blancas tintas en sangre”.
Galíndez, enceguecido, dolorido y maltrecho, estaba empecinado en no dejar pasar esa oportunidad, como confesó apenas terminada su noche más gloriosa: “Mientras peleaba, solo pensaba en que me estaban viendo por televisión y era la única posibilidad que tenía. Solamente muerto hubiera salido del ring. Ojalá que ésta pelea haya servido para convencer a todos que soy el verdadero campeón”. Y en esa dirección fue la histórica frase que le dijo a Lectoure en uno de los últimos descansos: “Me duele, no veo nada, pero de aquí me bajan muerto. Ajústeme los guantes, Tito”.
El drama recorría cada rincón de aquel estadio y de los millones que lo seguían por televisión. La sangre seguía brotando de esa herida a la que no había forma de cerrar en ese momento. “Galíndez se refregaba todo el tiempo en la manga de la camisa del árbitro, que era la única superficie seca arriba del ring. Y esa prenda está actualmente en el museo del boxeo”, recordó Tito Lectoure.

Quedaban apenas 14 segundos. Los 15 rounds en que estaba pautado el combate, casi se habían consumido en su totalidad. Lo del púgil argentino ya era una hazaña sin precedentes, más allá de lo que dijeran las tarjetas al concluir. Pero esa fe, esas ganas de ganar y de demostrar, pudieron más que todo. No hubo que recurrir a las tarjetas, porque allí llegó el instante supremo, el que ni el imaginativo guionista ni el inspirado escritor podrían haber plasmado. Con el último resabio de fuerzas que anidaban en su ser, cuando su rostro ya era una máscara deforme, Galíndez sacó el zurdazo eterno, que impactó de lleno en la pera de su adversario, quien cayó de espaldas a la lona.
El estadio estalló en un grito, como lo hicieron tantos hogares a lo largo de la geografía nacional. Mientras el árbitro le hacía la cuenta de 10, Víctor también acompañaba del mismo modo, en una danza frenética. Mientras Stanley Christodoulou cruzaba sus brazos indicando el knock out, sonó la campana. Y entonces la invasión. Y ese abrazo eterno de Galíndez con Lectoure, como mutuo testimonio de agradecimiento. De los dos únicos hombres que pensaron que la epopeya era posible.
Pero aquella noche trepidante no iba a terminar allí. Al llegar al vestuario, Tito Lectoure se desvaneció por todo lo que había vivido. El doctor Paladino, siempre presente en los combates de los argentinos, consiguió un lugar para suturar la inmensa herida: el General Hospital, distante pocas cuadras del estadio. Cherquis Bialo fue parte de la reducida comitiva que estuvo presente en ese instante y lo testimonió de este modo: “Mientras lo cosían. Lectoure tomó la mano derecha del campeón al tiempo que el doctor Paladino y yo le sujetamos los brazos. Tito tiró la primera frase sobre la peor noticia…
-Víctor, mirá… te lo tenemos que decir
-¿Qué pasó?, dele Tito ¿pasó algo en mi casa?
-No, no, en tu casa no pasó nada, quedate tranquilo
-¿Y entonces, dónde, con quién?
-Bueno, te lo digo porque igual ya no hay nada que podamos hacer, dijo Paladino. Y tras él completé la penosa información: ‘Víctor, esta mañana, en Reno, Nevada, asesinaron a Ringo. Si a Bonavena’“.

Aún quedaban un par de puntos de sutura para aplicarle, pero Galíndez, que había resistido en condiciones antinaturales esa pelea descarnada y que estaba soportando una dolorosa sutura sin anestesia, se quebró. Y lloró en forma desconsolada la muerte de su ídolo.
El miércoles 26, Galíndez fue paseado en una autobomba por las calles de Buenos Aires, al llegar desde Sudáfrica. El agasajo se hizo en un Luna Park repleto, que lo ovacionó como nunca. Era el mismo recinto donde habían velado a Ringo apenas tres días antes. Desde allí salió el acongojado y multitudinario cortejo, que desafió el estado de sitio de la junta militar, para llegar hasta el cementerio de la Chacarita, con previa pasada por el estadio de Huracán.
Desde Sudáfrica y para la revista El Gráfico, el maestro Cherquis escribió una crónica extraordinaria del combate. Y también una página entera de despedida a Ringo. Pieza de colección. Baste este párrafo como muestra: “Un cable cruel, frío como tu cuerpo muerto, me paraliza los dedos ante la máquina, obligándome a hablarte este idioma absurdo de un chau que no entiendo. Un cable cruel, frío como tu cuerpo muerto me acelera el corazón trayendo a mi mente la evocación tierna de los días tristes. Bajo la máscara prepotente, la mentira de tu fanfarronería”. Así se despide a una grande. Así lo despidió un grande.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
Middle East,Soccer,Sport
DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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