SOCIEDAD
De haber salido hoy, es muy posible que algunos fans lo hubieran criticado ‘por no ser un videojuego’

Parece ser que hay mucha gente enfadada con la mera existencia de un videojuego como Mixtape. El título de Beethoven & Dinosaur tiene una personalidad muy concreta que no resuena con todo el mundo, pero sí lo ha hecho con algunos medios muy concretos. En líneas generales, ha gustado, pero con un Metacritic de 86 no se puede hablar de unanimidad a lo largo y ancho de la crítica, por mucho que algunos medios grandes se hayan visto deslumbrados por su propuesta. Sin embargo, el título ha concentrado toda suerte de vituperios por su sencillez jugable. Se le ha tildado de película interactiva y se le ha intentado negar la categoría de videojuego por no tener pantallas de game over o estados fallidos, por no aplicar consecuencias negativas a la hora de fracasar en sus aparentes desafíos. En definitiva, ha provocado uno de los fenómenos de gatekeeping más exacerbados de los últimos tiempos.
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Elitismo implícito
¿Qué es el gatekeeping? No voy a intentar dar una definición académica y bucear en los orígenes del término y las causas socioeconómicas que lo hacen posible, pero sí hacer una explicación somera de cómo lo entiendo yo para que sepamos de qué estamos hablando aquí. El gatekeeping es el impulso que lleva a la gente a comportarse como un portero de discoteca, discriminando quién puede entrar o no en el recinto, quién es digno y quién no lo es. Vigilar la puerta de entrada. Erigirse en juez último sobre la idoneidad de un candidato. Y ese candidato pueden ser personas o, como en el caso de Mixtape, obras concretas que osan hacerse pasar por un videojuego. El objetivo de todo es reafirmarse en las opiniones propias, establecer un territorio donde imponer una supuesta autoridad y, sobre todo, atacar a lo que se considera indigno o impropio. Elitismo puro y duro.
El gatekeeping es el impulso que lleva a la gente a comportarse como un portero de discoteca
No es un fenómeno nuevo, ni mucho menos. Lamentablemente, es un dolor de estómago recurrente, que va y viene dependiendo de las estaciones del año, con nuevas afrentas asomando el hocico cada cierto tiempo. Lo encontraría más tolerable si al menos los que se encargan de distribuir las antorchas para participar en el linchamiento fueran coherentes en sus pensamientos, pero rara vez lo son. Una de las consideraciones que se han esgrimido contra el título de Beethoven & Dinosaur es que no requiere mucho input por parte del jugador y sobre todo, que no se puede fracasar. Que el personaje jugable evita de forma automática los obstáculos y que por lo tanto, no se arriesga nada, que no hay tensión ni emoción alguna en juego. No existen unos condicionantes que nos lleven a una pantalla de Game Over si no cumplimos con unos mínimos. Y que por lo tanto, no puede entenderse como un videojuego porque esto es lo que define realmente al medio.

El problema con estas aseveraciones tan atrevidas es que no aguantan una mirada al pasado. Journey es uno de los mejores juegos que he jugado nunca y no recuerdo que tuviera tampoco estados fallidos. La complejidad mecánica era mínima y la experiencia dura poco más de 90 minutos. Hace ya 14 años que se lanzó, pero nadie discutió su pertenencia al medio por estas características, más bien al contrario. Tanto la crítica como la audiencia fueron unánimes a la hora de dispensar alabanzas, reconociendo su rol en avanzar la consideración artística de los videojuegos. Era un juego muy sencillo, que no musitaba ni una palabra, pero que hacía gala de una sensibilidad exquisita, capaz de hacernos contemplar verdades existenciales con una profundidad que ningún otro título verboso podría hacer en su lugar.

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Si vamos más atrás en el tiempo, a principios de los 90, nos encontramos con un caso aún más paradigmático. En la época dorada de las aventuras gráficas, una de las principales innovaciones que permitieron a LucasArts despuntar por encima de su principal competidora Sierra fue precisamente eliminar las muertes intempestivas y los dead ends o callejones sin salida. Fue una decisión arriesgada y un tanto polémica en su momento, pero rápidamente se entendió como acertada y una evolución natural del género, eliminando frustraciones innecesarias que aportaban poco a los juegos, facilitando a los jugadores explorar y experimentar sin miedo y animándoles a interactuar con los escenarios sin el estrés asociado. El cambio en la filosofía de diseño nos granjeó algunos de los referentes indiscutibles del medio, títulos que han soportado con vigor el paso de los años y que todavía se pueden disfrutar hoy en día. Y nadie osa considerarlos menos juegos por ello.

Toxicidad ineludible
Desde que compré de importación mi copia de Demon’s Souls hace más de 15 años, he disfrutado intensamente de la propuesta mecánica de Hidetaka Miyazaki, tanto en sus propios títulos como en muchos de la competencia, desde los títulos más celebrados a los más indies e imperfectos. Por alguna razón, es un fenotipo que encaja con mi personalidad, con mi sensibilidad y mis capacidades. Pero una de las consecuencias más deplorables de su éxito desmedido es precisamente esta obsesión por la dificultad y el gatekeeping que conlleva. No me atrevo a decir si es el culpable del fenómeno que nos ocupa, pero intuyo que hay algún tipo de relación. Si expulsamos la propuesta jugable de Mixtape por su sencillez mecánica y la ausencia de desafío, en consecuencia también deberíamos expulsar géneros enteros, desde los cozy games, a las novelas visuales, pasando por los de puzles, que quizá son difíciles conceptualmente, pero amigo, tampoco tienen estados fallidos o mucha complejidad mecánica.
Los videojuegos son una realidad muy compleja de definir, y eso es lo que los hace maravillosos pero también lo que los hace tan abstractos
Quizá ahora es un buen momento para aclarar que no comparto las alabanzas más desaforadas hacia Mixtape, pero por otras razones que no tienen nada que ver con estas. Tampoco con su linealidad o falta de decisiones interesantes. No tengo ningún problema con la propuesta mecánica en sí o su estructura de viñetas breves. Mis problemas con el juego radican en cuestiones de contenido, en el abuso torticero de una nostalgia que se antoja impostada y en unos personajes demasiado encantados de haberse conocido. Mixtape es una experiencia estética antes que nada, pero al igual que el anterior título del estudio, The Artful Escape, me dejó bastante vacío cuando asomaron los títulos de crédito. Reconozco y respeto todos sus méritos. No es fácil hacer algo así y está claro que exhibe sin ambages la visión particular de Johnny Galvatron, su director creativo. Pero, en última instancia, no consiguió conectar conmigo.

La cuestión es que tampoco se lo exijo. El universo de los videojuegos es inabarcable y entiendo perfectamente que no todo tiene que estar orientado a satisfacer mis preferencias personales, que hay más gente ahí fuera que tienen otros gustos y otras prioridades y que también tienen derecho a acercarse a este medio y encontrar algo que les interpele directamente. Hay géneros enteros que no me llaman para nada y a los que no me acerco más que para satisfacer una mínima curiosidad profesional. No le veo ningún sentido a establecer tests de pureza o definir una serie de condiciones arbitrarias para permitir la entrada en la discoteca. Podemos dar nuestra opinión, decir si algo nos parece acertado o no, interesante o no, pero cuando entramos a discriminar o cuestionar la naturaleza de un título estamos intentando censurar, y creo que eso no es de recibo.
Los videojuegos son una realidad muy compleja de definir, y eso es lo que los hace maravillosos pero también lo que los hace tan abstractos. Los límites se están constantemente expandiendo, los términos se están constantemente cuestionando. Las innovaciones llegan por cualquier lado y el abanico de habilidades requeridas cambia drásticamente. Hay experiencias extremadamente complejas que requieren mucho del usuario y requieren una inversión sustancial de tiempo, y otras muy sencillas, que piden lo mínimo y se acaban rápidamente. Hay un proceso de mestizaje evidente con otras artes mucho más pasivas y experimentos extraños, difíciles de clasificar. En última instancia, el único condicionante que cuenta en realidad es que exista una audiencia suficiente y que el título en cuestión pueda encontrarla. Todo lo demás es accesorio.
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La noticia
De haber salido hoy, es muy posible que algunos fans lo hubieran criticado ‘por no ser un videojuego’
fue publicada originalmente en
3DJuegos
por
Borja Vaz
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SOCIEDAD
Una policía de la fuerza porteña se suicidó en una comisaría de La Matanza mientras su ex novio la denunciaba por violencia

Una agente de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, de 37 años, se suicidó este sábado en la puerta de una comisaría de La Matanza mientras esperaba para declarar en el marco de una denuncia por violencia en su contra que había radicado su ex novio, de 27.
El joven había acudido esta mañana junto a sus padres a la sede policial del barrio San Carlos, en Virrey del Pino, para denunciar que la mujer, oficial primero de la fuerza porteña, había causado daños en su vehículo y en el auto de su papá. Explicó que era debido a un conflicto personal entre ellos.
No era la primera denuncia contra la policía: hace un mes y medio, la madre del chico había pedido una orden de restricción perimetral para que no se acerque a su hijo.
Mientras el denunciante relataba el episodio ante las autoridades policiales, la mujer, identificada como Leila Sosa, llegó a la comisaría para ser entrevistada y dar su versión de los hechos. Esperó en la vereda, donde se mostró visiblemente alterada, según declararon testigos.
Apenas unos minutos después de su arribo, mientras el personal policial iniciaba la entrevista con su ex, los presentes en el lugar escucharon una detonación en el sector del ingreso. Al acercarse, los efectivos hallaron a Sosa con una herida en la cabeza producida por un disparo de su arma reglamentaria, una pistola Pietro Beretta.
Ante la situación, se dispuso la preservación del lugar y una ambulancia trasladó a la oficial al hospital Paroissien, donde ingresó sin vida.
En el caso tomó intervención el fiscal Carlos Adrián Arribas, quien ordenó el levantamiento de pruebas de la escena y la realización de diligencias de rigor, incluyendo el secuestro del arma involucrada. En ese contexto, los investigadores constataron que la agente porteña tenía una denuncia previa radicada por la madre de su ex, en la que solicitó la imposición de un perímetro de seguridad. Lo había pedido el pasado 12 de julio.
Tras ser advertidos del trágico episodio, familiares de la fallecida acudieron a la comisaría. Sin embargo, al advertir la presencia de su ex, comenzó un tenso enfrentamiento que requirió de intervención policial: los allegados de la agente arrojaron piedras contra el frente del edificio y llegaron a provocar daños materiales, aunque no se registraron personas lesionadas.
La causa quedó caratulada como suicidio, aunque la instrucción judicial continúa para esclarecer el contexto del hecho.
SOCIEDAD
Proverbio chino del día: “El que culpa a los demás tiene un largo camino por recorrer”

Los proverbios chinos dejan grandes enseñanzas en pocas palabras e invitan a pensar a manera en la que se enfrentan los desafíos, las relaciones y el crecimiento personal.
Uno de los más populares dice: “El que culpa a los demás tiene un largo camino por recorrer. El que se culpa a sí mismo, está a mitad de camino. El que no culpa a nadie, ya ha llegado”. Esta frase reflexiona sobre la importancia de la responsabilidad personal y la capacidad de aceptar la realidad sin buscar culpables.
Qué significa este proverbio
La primera parte del proverbio se refiere a quienes suelen responsabilizar a otros por sus problemas o fracasos. Según esta enseñanza, esa actitud dificulta el aprendizaje y el desarrollo, porque impide reconocer el propio rol en cada situación.
En un segundo nivel, aparece quien se culpa a sí mismo. Si bien asumir responsabilidades es un paso importante, el proverbio advierte que cargar con toda la culpa tampoco es el equilibrio ideal. La autocrítica puede ser útil, pero en exceso se transforma en un obstáculo.
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La frase propone dejar de buscar culpables. Esto no implica ignorar los errores, sino comprender que muchas situaciones son el resultado de múltiples factores y que lo más valioso es aprender de la experiencia para seguir adelante.
La enseñanza que deja esta reflexión
El mensaje central de este proverbio invita a desarrollar una actitud más serena frente a los conflictos. En vez de gastar energía señalando a otros o castigándose por lo ocurrido, propone enfocarse en lo que realmente puede cambiarse: las propias acciones y la manera de responder ante las dificultades.
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La filosofía oriental sostiene que la paz interior aparece cuando se deja de luchar contra el pasado y se acepta la realidad con responsabilidad, pero sin resentimiento ni reproches.
Cómo aplicar el proverbio chino en la vida diaria
Esta enseñanza puede ponerse en práctica con pequeños cambios de actitud:
- Antes de culpar a otra persona, analizar qué se puede aprender de la situación.
- Evitar caer en la autocrítica excesiva cuando algo no sale como se esperaba.
- Aceptar que no todo está bajo control y que algunos acontecimientos simplemente ocurren.
- Enfocarse en las soluciones en lugar de quedarse atrapado en la búsqueda de responsables.
- Transformar cada error en una oportunidad para crecer y adquirir experiencia.
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SOCIEDAD
La psicología advierte que una amistad rota puede doler como una separación amorosa

El final de una amistad cercana puede doler tanto como una ruptura amorosa, aunque muchas veces ese impacto no recibe el mismo reconocimiento social. La pérdida de una mejor amiga puede dejar una sensación de vacío profunda y alterar de forma significativa el bienestar emocional.
La psicología advierte que este tipo de duelo también puede afectar la identidad y la confianza, además de modificar la percepción de uno mismo. Con el tiempo, incluso puede generar dificultades para construir nuevos vínculos y profundizar una sensación de soledad que va más allá de la tristeza inicial.
Según la American Psychological Association, los lazos de amistad fuerte cumplen una función esencial en la estabilidad emocional y la percepción de seguridad personal. Estos vínculos no solo proporcionan apoyo cotidiano, sino que también influyen en la autoestima y el sentido de pertenencia. Cuando se rompe una relación de este tipo, la sensación de duelo puede ser tan intensa como la de una pérdida familiar o amorosa.
El Journal of Social and Personal Relationships documenta que la pérdida de una amistad cercana puede desencadenar síntomas de tristeza, ansiedad y aislamiento social. Los especialistas indican que muchas personas tienden a minimizar el duelo por una amistad rota, aunque en la práctica se trata de una experiencia vital disruptiva.
La profundidad del dolor no depende de la cantidad de amistades, sino de la calidad y la historia compartida. Así lo sostiene un análisis reciente de la Universidad de Harvard, que destaca que la presencia de uno o dos amigos confiables resulta un mayor predictor de bienestar y longevidad que el tamaño de la red social.
La investigación subraya que la confianza, el respeto mutuo y la capacidad de superar diferencias representan los pilares que determinan la fortaleza de un vínculo.
Por qué se terminan las amistades y cómo se afronta el duelo

Las razones detrás del final de una amistad suelen ser variadas: cambios en el estilo de vida, diferencias de valores, mudanzas o la aparición de conflictos que no logran resolverse. Según la American Psychological Association, una ruptura de este tipo puede ser involuntaria y silenciosa, o bien abrupta, marcada por discusiones o traiciones.
El proceso de duelo por la pérdida de una amiga cercana se caracteriza por etapas similares a las de cualquier otro duelo: negación, ira, negociación, tristeza y aceptación. El desafío radica en que, a menudo, la sociedad no reconoce ni valida este tipo de dolor, lo que dificulta su elaboración.
En palabras del equipo editorial de Austrian News, “las amistades profundas funcionan como anclas emocionales; perderlas puede desestabilizar la vida cotidiana y la autoimagen”.
En los Estados Unidos, la oferta de programas y retiros dedicados exclusivamente a la recuperación tras rupturas de pareja o amistades creció en los últimos años. Según el mismo Austrian News, existen numerosas propuestas que incluyen acompañamiento terapéutico, talleres de apoyo grupal y actividades orientadas a reconstruir la identidad personal luego de una pérdida significativa.
“Identificar si se está atravesando el final de una relación, una crisis de identidad o una acumulación de duelos permite elegir el enfoque adecuado para la recuperación”, explica el medio especializado.
La amistad como factor protector para la salud mental y física

Los beneficios de contar con amistades sólidas no se limitan al plano emocional. Investigaciones de la Universidad Carnegie Mellon y del estudio de desarrollo adulto de Harvard han mostrado que las personas con relaciones de amistad estables presentan menores niveles de depresión, mejor respuesta al estrés y mayor estabilidad emocional.
Además, los lazos de amistad fuertes están asociados a una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares, hipertensión e inflamación crónica.
El concepto de “convoy social”, planteado por expertos estadounidenses, sostiene que cada individuo mantiene a lo largo de su vida un pequeño grupo de relaciones significativas, y que estas tienen un peso determinante en el bienestar general.
Las estadísticas recientes demuestran que el fenómeno de las rupturas de amistad es mucho más habitual de lo que se cree. Austrian News cita estudios en los que más del 60% de las personas adultas reconocen haber perdido al menos una amistad importante en los últimos cinco años, una cifra que invita a repensar la naturalidad y frecuencia de estos procesos.
La ruptura de una amistad cercana constituye un evento vital con impacto duradero, comparable al de otros duelos reconocidos socialmente. El acompañamiento profesional, la validación emocional y la reconstrucción de la identidad surgen como ejes para transitar el proceso de forma saludable, según coinciden expertos estadounidenses.
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