CHIMENTOS
Qué ver en Netflix: la película de humor que ya es la más vista en Argentina

Netflix volvió a encontrar una de esas películas que aparecen casi de la nada y, en cuestión de días, terminan convertidas en un fenómeno. Con una mezcla de humor incómodo, escenas absurdas y una sátira social bastante filosa, Las damas primero se transformó en uno de los títulos más vistos en Argentina y no para de crecer dentro del ranking de la plataforma.
La película, protagonizada por Sacha Baron Cohen y Rosamund Pike, empezó a ganar terreno gracias al boca en boca y a los comentarios en redes, donde muchos usuarios coincidieron en algo: es imposible verla sin sorprenderse por las situaciones extremas que plantea.
La historia gira alrededor de un hombre arrogante, acostumbrado a vivir rodeado de privilegios y a manejarse con total comodidad dentro de un sistema que siempre lo favoreció. Pero todo cambia de un momento a otro cuando despierta en un universo paralelo dominado completamente por mujeres.
Desde ahí, la película se convierte en una sucesión de escenas desopilantes, tensas y completamente incómodas, donde el protagonista tiene que adaptarse a reglas sociales totalmente diferentes a las que conocía. Y cuanto más intenta recuperar el control, peor le sale.
LA PELÍCULA QUE ES FUROR EN ARGENTINA Y LIDERA EL RANKING
Fiel a su estilo, Sacha Baron Cohen vuelve a apostar por un humor que incomoda y provoca constantemente. Detrás de los chistes y las secuencias más delirantes, la película también deja lugar para cuestionar dinámicas de poder, vínculos y comportamientos que muchas veces aparecen naturalizados en la vida cotidiana.
El fenómeno explotó especialmente durante el último fin de semana, cuando Las damas primero logró quedarse con el puesto número uno entre las películas más vistas de Netflix en Argentina y empezó a dominar buena parte de la conversación en redes sociales.
El ranking actualmente también incluye a Conquistando a mi suegro, una comedia romántica liviana que funciona perfecto para maratonear, e Intercambiados, la película animada familiar que terminó convirtiéndose en una de las sorpresas del catálogo. Una combinación que vuelve a confirmar qué tipo de contenidos está buscando hoy gran parte del público argentino: historias rápidas, entretenidas y fáciles de consumir.
Netflix
CHIMENTOS
Sergio Lapegüe, íntimo: de sus manías nocturnas entre las caminatas alrededor de la cama y el ajedrez, al momento límite en el que pensó «¿Y si me llegó la hora?»

En la cuenta regresiva para convertirse en abuelo, recién cumplidos los 62 y plenamente instalado en las mañanas de América, Sergio Lapegüe atraviesa un gran presente tanto en lo personal como en lo profesional. Con una agenda cargada de compromisos y ocho horas diarias al aire —entre radio y televisión—, el periodista, productor y conductor intenta encontrar la fórmula para llegar a todo sin resignar tiempo de calidad.
La logística, claro, no siempre es sencilla. A las extensas jornadas laborales se suman los kilómetros que separan su casa en Lomas de Zamora de los distintos estudios en la Ciudad de Buenos Aires. Por eso, y tal como estaba acordado, Sergio llega al estudio de Atlántida para sumarse a un nuevo A solas con Paparazzi con un carry on en la mano. “No es que me voy a cambiar de ropa. Ya estoy listo para grabar”, lanza al entrar, divertido.
La explicación llega enseguida. Para evitar algunas de las tantas idas y vueltas en auto, hay noches en las que Lapegüe directamente duerme en hoteles y así puede cumplir con todos sus compromisos. Incluso, después de 15 años con su clásico formato en La 100, decidió instalar un estudio en su casa para salir al aire desde allí y ganar tiempo antes de volver a Capital por la noche para su ciclo periodístico en A24.
Apasionado por su oficio, el conductor de Lape Club Social reconoce que difícilmente baje el ritmo por voluntad propia. Sin embargo, cree que la llegada de su nieta puede ser el motivo perfecto para aprender a frenar un poco y disfrutar de una etapa completamente nueva. Padre de dos hijos y casado con la popular Bochi, Sergio cuenta además que, con el nido vacío que dejó el vuelo de sus herederos, volvió a reencontrarse con su mujer desde otro lugar.
Tradicional en materia de vínculos y bastante alejado de algunos códigos amorosos de las nuevas generaciones, Lapegüe admite que no descarta perdonar una infidelidad y reconoce, entre risas, que sabe poco y nada de muchas de las responsabilidades domésticas que durante años quedaron en manos de su esposa. Simpático, carismático y dispuesto a hablar de todo, Sergio también se anima a mostrar su costado más cotidiano.
«Está compilado el tema de tiempos actualmente para mí —explica Lapegüe—. Trabajo desde muy temprano hasta muy tarde, estoy al aire ocho horas, y tengo poco horario libre en el medio. Y como vivo en Lomas de Zamora, tengo mucho viaje: casi 5 horas de auto. Entonces, a veces duermo en los hoteles: me despierto, hago el noticiero del programa, voy a mi casa, vengo… Es difícil hasta ir a un médico, no puedo ir a un gimnasio, pero bueno, son decisiones que tomé. Soy un apasionado de lo que hago y lo disfruto».
«Llego a las 12 de la noche a casa. Ceno. Al otro día tengo que levantarme temprano para volver a la tele y digo: ‘¿Cómo bajo de la locura?’. Entonces me pongo a ver un poco de deporte para olvidarme de la política. Termino de ver eso y camino alrededor de la cama para bajar lo que comí y me veo media horita de series. Y aunque no lo puedas creer, después me pongo al jugar al ajedrez online, con otros jugadores del mundo que no conozco. Me estoy ya durmiendo, pierdo el partido y me voy a dormir».
—Cuando algo te apasiona es difícil decir que no, ¿pero en algún momento pensás en el retiro, en un descanso?
—Sueño con dejar de trabajar y vivir tirado en una playa, pero sé que eso puedo hacerlo durante una semana. Soy un enfermo del laburo, me gusta mucho esto, y aunque sueño con eso, sé que nunca va a llegar lamentablemente, o por suerte. Trabajo muchas horas: cuando empecé con Bernardo Neustadt, me levantaba a las cuatro menos cuarto de la mañana, una locura; 23 años tenía. Y después me iba a trabajar con Nico Repetto en Fax. Después volvía y tenía otro programa a la noche. O sea, toda la vida fue así. Es lo que me permitió crecer: con Bernardo llevaba el té y laburaba como asistente de producción; uno va construyendo paso a paso. A los 24 años quería ser conductor, pero recién a los 42 empecé a conducir. Fui productor, asistente, productor, cronista, movilero, el que sale en vivo, y después, conductor.
—Y hoy, como conductor, conocés todo los espacios.
—Todo, todo. Me gusta mucho potenciar a cada uno de mis columnistas, de toda la vida. Cuando estaba en la colimba, que hice un año y medio en La Tablada, había un soldado que cantaba como los dioses, Jorge Arias, y yo quería ayudarlo para que sea famoso. Y yo no tenía ningún contacto con nada, iba a estudiar Ciencias Económicas, nada que ver. Y hasta lo llevé a los canales para que sea famoso. Bueno, sigo haciendo lo mismo con mis compañeros: me gusta que tengan su propio éxito, su propia luz y su propio camino.
—Con un lindo equipo, todos se potencian.
—Vos podés ser la cabeza, pero lo más importante es el equipo. Y lo más difícil es manejar los egos. No sé si soy especial para eso, pero la gran mayoría de los que trabajaron conmigo han crecido sin ningún problema, y yo disfruto verlos crecer.
—Te tocó dar la noticia en vivo del retiro de Messi de la Selección, cuando hizo el anuncio en redes.
—Y me dolió… Es el tiempo, que se va, que pasa, entonces llorás porque decís: «Ya no lo voy a ver más, ya pasó. La pucha, todo es efímero, Messi ya no está más». Cuando (Martín) Palermo se retiró, llorábamos con mi pibe por los goles que hacía, y ya no íbamos a ver más los goles. O sea, la decisión de Messi… Es nuestro, pero es tu tiempo, el tiempo ya pasó. Eso es muy fuerte para la gente. Yo sabía que iba a pasar esto en algún momento, pero no hoy. Nunca querés que sea hoy.
—Los argentinos somos tan futboleros que nos agarramos a eso que nos da un ratito de alegría.
—El fútbol es alegría. Messi generó sonrisas en la gente, generó llantos, emoción. Pero vuelvo a lo mismo, no es solamente porque Messi deje de jugar a la pelota, sino porque es el inexorable paso del tiempo, que te va golpeando como una cachetada y te va diciendo: «Flaco, todo tiene un final». Pero lo justifico a Messi: el tipo tuvo las amígdalas bien puestas para tomar la determinación en el mejor momento de su carrera, de su vida. «Hasta aquí». Aplausos.
—En un momento se rumoreaba que con Mauro Szeta había mala onda.
—Nada que ver. Es mi amigo. Mauro era productor cuando yo hacía policiales, estaba en la calle (como movilero). No sé por qué instalan cosas, no lo entiendo. Con Mauro la pasamos bien, se divierte, y no hay nadie que sepa tanto de policiales como él. Pero aparte, se divierte: es muy divertido Mauro. En el programa, las risas que escuchás son las suyas. Me gusta, porque vos podés ser serio, pero sos un ser humano y tenés que divertirte. Está bueno eso, es como romper la estructura.
—Muchos tienen esa imagen de serios y fuera de cámara son súper divertidos.
—Bueno, Santo Biasatti, que trabajé mucho con él, es muy divertido, muy divertido. Santo es muy buena persona, muy buen profesional. Lo extraño mucho a Santo.
—¿Podría decirse que Maru Botana fue una de las peores experiencias?
—No fue buena experiencia lo que fue el programa, que fue un invento mío, de alguna manera. Cuando la gente de Kuarzo me llama, me dicen: «Mirá, va a estar Maru Botana». «No la conozco», y les di la idea del programa. Yo tenía un programa escrito, Te espero en casa, que era idea mía: se lo presenté, les gustó y cambiaron el nombre, le pusieron Sábado en casa. La verdad: cuando no hay buena vibra, no hay buena vibra, y listo. No es que uno sea malo y que otro sea bueno… (Maru) es una persona muy inteligente, una genia como conductora y cocinera, pero no es que, digamos… había todo un grupo. Yo lo había puesto al Rifle (Varela), a la locutora, a Sebastián Almada; traté de armar un grupo y a veces las cosas no funcionan. Y me fui yo, directamente. Yo terminé el programa porque prefería estar en casa. Porque era un sábado, había que laburar un sábado.

—¿El fin de semana te dedicás a la familia?
—Y… trato, trato.
—¿Dejás el celular?
—Un poquito. Los sábados estoy haciendo conducciones de eventos, publicidades y demás. La verdad que tengo que dejarlo, pero pasa que me cuesta mucho decir que no cuando te llaman por trabajo. Tengo 62, y cuando me llamó Juan Cruz (Ávila, CEO de América), tenía 60 años, y dije: «¿Cuántas veces más me van a llamar?». Por eso tomé la determinación de jugármela y decirme: «Si me llaman es porque valgo, y quiero probarme». Y la verdad que me está yendo bárbaro, me explotó la cantidad de trabajo.
—Donde estás, la gente te acompaña. Tenés carisma.
—Sí, sí, se prenden. Cuando estuve en TN Central, cuando reemplazo a Mario Mazzone, que había fallecido y era amigo mío, fuimos primeros todo el tiempo en el que estuve. Después me dieron TN de Noche, un noticiero que inventé yo porque no existía el noticiero ahí. Hasta le puse el nombre, y quedó. Ganamos el Martín Fierro. El Prende y apaga, lo mismo. Siempre nos ha ido bien porque si vos tenés buena onda, la buena onda llega y traspasa. Pero para eso, tenés que ser transparente. Y después, cuando me llaman y me dicen: «¿Dejás la noche y te vas a la mañana?». «No, a la mañana no. Es un cambio, una locura, me tengo que levantar a las cuatro menos cuarto de nuevo». Y fui. Y cuando fui, estábamos mal, íbamos tercero. Y lo levantamos: lo pusimos primero durante diez años, y fue el noticiero que más medía en promedio. Y eso es construcción. Los camarógrafos, los sonidistas, los técnicos, los productores de ese canal, son mis amigos. Vos no sos más que nadie por salir en la televisión. No sos más importante que el oficinista o el colectivero. Salís a la televisión y punto: ese es tu trabajo. ¿Sos famoso? Sí, esa puede ser la diferencia, pero vos no sos más importante que el resto. Yo no puedo no saludar a todos cuando entro. Y además, lo hago con humor. Tengo un humor muy raro, muy divertido, muy de que voy e insulto, ¿viste? Y la gente se mata la risa porque siguen la joda. En cualquier lado que voy, me divierto.
—En cuanto a lo personal, ¿desde hace cuántos años están con Bochi?
—El 26 de agosto cumplimos 37 de novios. Me encanta porque la saludo y me dice: «Ya somos amigos». Y después, el 24 de abril cumplimos 35 de casados. Impresionante. Y con dos hijos. El otro día le decía: «Hicimos bien las cosas». Estábamos solos, porque estamos ahora en un momento…
—¿De reencontrarse como pareja?
—Sí, muy raro, porque ¿viste?, se volaron los pibes. Estamos los dos solitos en casa, que es grande, y es muy lindo el momento que estamos viviendo, pero muy nuevo. Cuando le dije: «Hicimos bien las cosas», nos abrazamos. A Mica (Lapegüe) le va bárbaro como actriz en el teatro; ahora ya dejó porque está por tener (a su bebé): me va a dar el título de abuelo, una cosa de loco. Y mi pibe está becado en Harvard, la mejor universidad del mundo, donde entran muy pocos en el mundo. Es un bocho, un estudioso, muy responsable; él es del bajo perfil, licenciado en Administración de Empresas. Hicimos bien las cosas porque son pibes que no están en la droga, en el chupi, en la joda; son laburantes y responsables. Y son buenos seres humanos, para mí eso es lo mejor.
—Eso tiene que ver con la educación, con la familia.
—La familia, pero vino de nuestros padres, porque nuestros padres eran así, y vos vas mamando eso.
—Y una familia que, hoy en día, es tan difícil encontrar…
—Es difícil. No es fácil.

—¿Con Bochi atravesaron crisis, algo de la pareja?
—Sí. Discusiones sí. Yo soy de la idea de no discutir, y eso es peor para Bochi, que es brava. Le digo: «¿Para qué vamos a discutir si nos podemos llevar bien?», y se pone peor. Pero no, grandes peleas no. La verdad que son boberas, pero más que nada por responsabilidad mía, por chistes estúpidos. O porque yo no hago cosas que se supone que un tipo debe hacer: no conozco un supermercado, soy un desastre, no hago nada. ¿En qué momento voy a un supermercado, si no puedo ir ni a un médico? No sé dónde está la verdulería. En ese aspecto, soy un desastre. Trabajo todo el tiempo. Y ella es la gerenta de familia.
—¿Ella administra?
—Administra absolutamente todo. Yo le digo: «Tomá la plata y después dame vos». Sí, sí, yo no toco un peso. No me interesa.
—Sería la Alejandro Stoessel de la familia.
—¡Ay, qué nombre dijiste! (Risas). Espero que no me deje como la dejó a Tini (bromea). Sí, ahora me voy a averiguar si tengo algo a mi nombre…
—¿Qué pasaría si ella te dice de abrir la pareja?
—No, ella me está diciendo más que nada: «Cerremos la pareja y no rompamos más las bolas». No, no, ni loco… ¿Vos sabés que me lo preguntó (Luis) Novaresio el otro día? Ahora están todos hablando del tema de la pareja abierta y esa cosa… No, con Bochi no. Nosotros ya somos mayores.
—Ojos que no ven… Prefiero no enterarme.
—Prefiero no enterarme. Es muy bueno eso. La verdad que tenés razón. Preferís no enterarte si te meten los cuernos. Pero pareja abierta, no.
—¿Le perdonarías una infidelidad?
—Sí. No creo: confío mucho en ella y sé que no, porque es de esas mujeres… ¿como decirte?, muy tradicional y muy madre. Pero, sin duda sí (perdonaría).
—¿Quién tiene más levante: un conductor de televisión o un guitarrista de rock?
—¡Ah, qué bueno! (Ríe fuerte). Me parece que un guitarrista. Sí. Ella era la novia del guitarrista de mi banda, así que, aunque no lo puedas creer… Su primer novio era el guitarrista de mi banda. Y cuando vuelvo con la banda, Lape Band, le digo: «Bueno, voy a empezar con la banda». Y ella me dice: «Bueno, ya dejé un guitarrista, puedo dejar otro». Por eso estamos tocando tan poco ahora: por las dudas…
—La música es un cable a tierra.
—Sí. Lo que pasa que no tengo tiempo. Te juro: estoy tan agotado… Este es el año de más laburo que he tenido, pero por las distancias más que nada.
—¿Sabes cuándo te vas a hacer un poquito de tiempo?
—Cuando nazca mi nieta, por eso estoy seguro. Voy a tratar de bajar un cambio cuando nazca la nieta. Al principio no, porque obviamente es un bebé, pero mi sueño es llevarla a la plaza, al colegio, a un club, algo que no pude hacer con mis hijos, porque al ser movilero…
—¿La vas a hacer de Boca?
—Obvio. Seguro ya es de Boca. El papá es de Boca también, así que ya está, no queda otra.
—¿Reelegirías a Riquelme?
—No. A mí me parece que ya está Riquelme. Ya está. Perdón, pero ya está. Me gustaría que venga otro con una sangre nueva, que esté… Digamos: vos no podés ser el dueño del club. El club no puede ser el fondo de tu casa. Perdón, pero es mi pensamiento. Fue un grande como futbolista, pero me gustaría que haya un tipo de negocio, un administrador. Digamos, vos no te podés meter en manejar el equipo. Y me gustan los números claros. La verdad es esa.
—Cambiando de tema, varias veces estuviste internado. ¿En algún momento tuviste miedo?
—Estuve internado por el tema Covid, y me dejó una secuela en los pulmones. Entonces, lamentablemente tengo neumonías en forma recurrente. Este año no, por suerte. Estoy haciendo un montón de tratamientos para evitarla. No sé si tuve miedo, pero sí sentía que, tal vez, era el final. Ahí sí me di cuenta, porque vos pensás que eso es eterno. Cuando estaba ahí, acostado, todavía no había pasado a la terapia intensiva, de pronto veía a la gente que se moría y yo no podía respirar. Dije: «¿Y si llegó la hora?». Tenía 56 años y ahí me puse a pensar, y me lamenté, diciéndome a mí mismo: «Mirá qué boludo, me perdí un montón de cosas. La música, estar más con la familia». Hice un click, bajé 10 cambios. Saqué un libro que se llamó Parar. Paré dos años y volví a meterme de nuevo, a enchufarme a 220. Como es el ser humano, ¿no? Es una lástima, porque está bueno volver a repensar esto. Está bueno. Pero qué tarado, ¿no? Yo estuve ahí, sí. Pero el ser humano es el único que tropieza varias veces con la misma piedra.
Sergio Lapegüe
CHIMENTOS
Carlos Casella contó el secreto de su vínculo con Griselda Siciliani: “Tenemos una pasión muy parecida”

Carlos Casella y Griselda Siciliani vuelven a compartir escenario con Boite, una propuesta íntima de music-hall que reúne música, actuación, monólogos, humor y sensualidad en La Trastienda. La obra recupera la estética de los cabarets y las boîtes de la década de 1970, con músicos en vivo y un repertorio que incluye versiones de Sesso e samba, Believe y Como dos extraños, entre otros temas.
La reunión también pone en primer plano un vínculo artístico de más de 25 años. Ambos construyeron una sociedad escénica que ya tuvo pasos por espectáculos como Estás que te pelas, Sputza! y Pura Sangre. En diálogo con Teleshow, Carlos Casella, actor, baiarín y cantante, repasó ese recorrido y explicar cómo esa historia compartida dialoga con el presente de Boite, que finaliza el 27 de sepiembre.
—Boite los volvió a reunir sobre el escenario y la respuesta fue inmediata. ¿Qué tiene esa dupla que conecta tan rápido con la gente?
—Creo que tiene que ver con una química muy real. Con Griselda nos conocemos hace 25 años: yo era su profesor de danza y ella era mi alumna. Tenemos un origen muy parecido y, aunque después nuestros caminos se fueron diversificando, cada tanto se vuelven a cruzar. Cuando eso pasa, es como si compartiéramos una misma raíz, pero con nueva información. Para mí eso es recontra enriquecedor.
—Cuando una dupla funciona así, suele haber algo más que talento. ¿La clave es la confianza?
—Obviamente están las dos cosas, pero la confianza es fundamental. Tenemos una pasión muy parecida, una forma de trabajar muy afín, y eso en el escenario se nota. Podemos subir sin ningún plan y en el escenario se arma el plan. Y eso es un capital enorme, porque no te pasa con mucha gente en la vida.
—Cuando hablás de Griselda aparece mucha admiración. ¿Qué te sigue sorprendiendo de ella?
—Su pasión, su entrega y lo divertido que es trabajar con ella. Me gusta íntegra, 360. Y además, en estos años desarrolló muchísimo su expertise en la comedia, el humor y el ritmo escénico. Eso lo maneja como nadie. Para este show la escuché muchísimo en cada palabra que queríamos decir entre tema y tema. Su mirada sobre los silencios, el ritmo y el humor es enorme.
—¿Y qué sentís que aportás vos a esa sociedad?
—En estos años crecí mucho con la música. Estoy muy dedicado a cantar, a armar repertorios sorpresivos, lúdicos, divertidos. Entonces mi aporte tiene mucho que ver con la selección de las canciones, con cómo hacerlas, hacia dónde llevarlas. Y también con mi faceta como cantante.
—Viéndolos, parece que todo fluye con libertad, pero también hay mucho trabajo detrás. ¿Cómo construyen ese equilibrio?
—Hay libertad, sí, pero también una estructura. Trabajamos mucho sobre el deseo y no desde una lógica tan lineal. A partir de eso armamos una dramaturgia y un show. En elegir el material no tardamos tanto; lo que más tiempo nos lleva es ponernos de acuerdo en cuándo hacerlo. Hace bastante que veníamos hablando de Boite, pero una vez que encontramos el momento, todo se ordenó rápido.

—¿Y en ese proceso es clave una mirada externa?
—Totalmente. Nos dirige Ana Frenkel. Somos bastante grupales, pero Ana está afuera mirándonos y eso es fundamental. Las decisiones pasan un poco por los tres. Griselda y yo llevamos el material y Ana lo conduce, lo ordena, lo pone en valor.
—Hay gente que siente que cuando ustedes se juntan pasa algo distinto. ¿Vos también lo percibís así?
—Sí, lo siento. Y también me conmueve que la gente lo registre, porque en realidad no hicimos tantas cosas juntos. Entonces me parece hermoso que la gente diga: “Se los extrañaba juntos” o “qué bueno que volvieron”, porque evidentemente quedó algo muy fuerte, en los espectáculos anteriores.

—¿Te interesa entender qué produce esa dupla o preferís que una parte siga siendo inexplicable?
—Me interesa hasta cierto punto. Creo que hay algo que se puede pensar y otro poco que simplemente sucede. Hay confianza, admiración mutua y una manera de entender el escenario que compartimos. Después hay algo que pasa ahí, en vivo, que no conviene explicar tanto porque tiene que ver con lo imprevisible.
—También se nota que disfrutan mucho estar ahí arriba. ¿Eso sigue siendo el gran motor?
—Sí, absolutamente. Cada vez que está por empezar el show, estamos atrás de la escenografía esperando para entrar, y siempre nos miramos como diciendo: “Qué bueno esto que estamos haciendo”. A veces uno pierde perspectiva de lo valioso que es estar arriba de un escenario con alguien que te banca cien por ciento. Es muy enriquecedor. Y creo que algo de esa alegría le llega a la gente.

—El espectáculo ya sumó funciones. ¿Sentís que este reencuentro puede extenderse más de lo que imaginaban?
—Ojalá. Agregamos funciones y eso ya nos pone muy contentos. También hay ideas de llevar el show a lugares cercanos, como Uruguay o Chile. Estamos viendo cuándo podría hacerse, porque cada uno tiene sus compromisos, pero sí, hay ganas de que siga creciendo.
—Más allá de tus otros proyectos, ¿hoy tu energía está puesta sobre todo en Boite?
—Sí. Tengo conciertos, presentaciones y mis cosas personales, que me encanta seguir haciendo. Pero como proyecto importante de acá a fin de año, Boite cien por ciento.
Carlos Casella,Griselda Siciliani,Boite,espectáculo musical
CHIMENTOS
Analía Franchín revivió la trágica historia de su hermana Sandra y lo que llegó a hacer para rescatarla de las calles: «Tuve que ir vestida de prostituta para…»

Sandra, la hermana de Analía Franchín, sufrió durante décadas una fuerte adicción a las drogas y atravesó distintas internaciones y situaciones de extrema vulnerabilidad. En junio de 2024 murió a los 61 años luego de padecer una neumonía que se complicó. Además, tenía un diagnóstico positivo de HIV. Analía había contado públicamente durante años el enorme esfuerzo familiar que hicieron para acompañarla y ayudarla a recuperarse.
En aquel relato en PH, Franchín explicó que su hermana comenzó a atravesar una situación muy complicada cuando era joven. Según contó, Sandra tenía alrededor de 25 años y una hija de apenas tres, y en medio de su problema de adicciones llegó a llevarse a la niña. La periodista remarcó que no consideraba que lo hubiera hecho con maldad, sino que entendía que su hermana estaba enferma y atravesaba una situación límite.
“Tuve que entrar a la casa de un narco. Había una mesa con estupefacientes y una mantita donde la noche anterior había dormido mi sobrina”, recordó, al reconstruir uno de los momentos más desesperantes de aquella búsqueda. La periodista explicó que su objetivo era encontrar a su hermana y recuperar a la pequeña, mientras la familia atravesaba una situación que se volvía cada vez más peligrosa.
La búsqueda también la llevó a otros lugares de extrema peligrosidad. “Fui a tocar timbre a la casa de un tipo que estaba buscado por homicidio. Tampoco la encontré y me dirigí al Bajo Flores”, relató Franchín. La periodista recordó que, siendo muy joven, llegó incluso a recurrir a una estrategia impensada para poder ingresar a determinados lugares. “Tuve que ir vestida de prostituta a los 15 años”, contó Analía, al describir hasta dónde llegó para intentar rescatar a su hermana.
ANALÍA FRANCHÍN TUVO UNA LUCHA INCANSABLE POR SALVAR A SU HERMANA
La historia de Sandra estuvo atravesada por numerosas recaídas e intentos de recuperación. En 2021, Franchín contó que su hermana llevaba alrededor de 40 años luchando contra las adicciones y que la familia había pasado por internaciones y períodos en los que directamente no sabían dónde se encontraba. En aquella oportunidad, también agradeció públicamente a Gastón Pauls por haberla ayudado a encontrar una institución para comenzar un tratamiento.
Pero uno de los recuerdos más duros de Analía fue el día en que encontró a Sandra en un estado que la impactó profundamente. “Un día la encontré en un estado deplorable, comiendo pollo crudo”, relató en PH. La periodista explicó que, pese a las innumerables dificultades y recaídas, nunca dejó de intentar que su hermana pudiera recuperarse.
“Le juré que iba a estar con ella hasta el final y así fue”, aseguró Franchín. Esa frase terminó sintetizando una relación marcada por el dolor, pero también por una enorme presencia familiar. Durante años, Analía insistió en que no culpaba a Sandra por su adicción y que entendía que se trataba de una enfermedad que había afectado a toda la familia.
En 2021, Analía había relatado que en una oportunidad su hermana había tenido una crisis en la que estaba con un cuchillo y que fue necesaria la intervención del SAME y de la Policía. La periodista utilizó entonces su propia experiencia para cuestionar las dificultades que enfrentan las familias de personas con problemas graves de adicción y salud mental.
Analía Franchín
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