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CHIMENTOS

Viajes, noche, venganzas, traiciones, nervios y un ruego de Maradona: Eva Anderson y Demichelis, el gran escándalo del Mundial 2010

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En el 2010 Después de Cristo (DC) Eva no mordió la manzana como en el comienzo de los tiempos. O sí, pero además manchó la pelota. Dios estaba en el banco. El Mesías en el campo de juego. Y el cor…pulento marcador central, el Adán de aquel equipo y de aquella época, también.

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Sudáfrica, que pintaba para ser el paraíso de los futboleros nacidos en la Argentina, terminó siendo el infierno tan temido. Y una sucursal del manicomio. Sin exagerar, uno de los escándalos que salpicó a esa delegación tuvo dimensiones bíblicas.

La participación Argentina en ese Campeonato Mundial de futbol duró 21 días, los que fueron del 12 de junio, la tarde del debut con triunfo 1-0 ante Nigeria, vieja conocida en este tipo de certámenes, hasta el 3 de julio, cuando en la fatídica mañana de un sábado bastante frío los tanques alemanes destrozaron las ilusiones albicelestes: el 4-0 con el que nos despacharon los teutones -luego derrotados por España en el partido siguiente, el de las semifinales- fue lapidario y demoledor.

Las esperanzas las habían alimentado tres resultados positivos y un rendimiento muy interesante en cada uno de ellos. Al triunfo contra las aguilas verdes africanas siguió una goleada 4-1 contra Corea Del Sur (con triplete del Pipita Higuain) y un holgado y cómodo 2-0 contra Grecia en el cierre de la primera fase. Esa vez, el que anotó uno de los tantos fue Martín Palermo, máximo goleador de la historia de Boca. Los octavos de final contra México no fueron sencillos, pero el 3-1 final dejó menos dudas que algunos fallos de un árbitro, el italiano Roberto Rosetti, que favoreció a la Argentina con un desparpajo que enloqueció a los aztecas.

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Hasta que llegaron los cuartos de final, y Alemania se hizo un picnic con Argentina. A los 3 minutos los europeos ya se imponían 1-0, marcador con el que transcurrió y terminó el primer tiempo. En la segunda parte llegó la debacle. Los germanos se volvieron incontenibles e incontrolables y a los nuestros no les salió una. Los goles fueron llegando como puñalada trapera uno tras otro. Pararon en 4, pero podrían haber sido más.

Fueron en total 5 partidos, con 4 victorias, 1 derrota, 10 goles a favor, 6 en contra, el liderazgo en el grupo y una dolorosa eliminación en cuartos de final.

Sin embargo, ninguno de todos esos datos alcanzó la dimensión del más saliente y recordado que dejó ese mundial, el mundial Sudáfrica 2010: el director técnico de la Selección Argentina fue nada más y nada menos que Diego Armando Maradona, con todo lo que eso podía representar. Después de los ríos de tinta y saliva que se gastaron a lo largo del tiempo sobre esa circunstancia, solo se dirá aquí que fue un estricto acto de justicia para el más grande de todos los tiempos.

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OBVIAMENTE, PAPARAZZI CUBRIO COMO NINGUNO AQUEL BOCHORNO.

LA PREOCUPACION DE MARADONA

El seleccionado argentino concentró en un predio bastante bien puesto de la ciudad de Pretoria. En los días previos al debut, en la cabeza de Maradona habitaba una inquietud que fue creciendo a medida que los entrenamientos le mostraron una realidad que no esperaba. Martín Demichelis, un zaguero recio desde siempre y que parecía más recio aun desde que jugaba en el poderoso Bayern Munich alemán, uno de los titulares indiscutido en cualquiera de sus planes, un verdadero pilar del equipo, no rendía como tenía acostumbrados a todos.

Es allí, en ese punto, donde entran en escena los rumores, las versiones, los mitos y las leyendas, como la que dice que el Diego convocó a Ariel Garcé porque una vuelta lo soñó levantando la Copa del Mundo.

-Mancu, vos sabés qué le pasa a este pibe… porque no lo veo bien.

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-Sí, Diego, está con algunos quilombos personales. Está medio separado de la mujer, y encima parece que ella es brava y no vino acá, está en Argentina.

-Uy no me digas, qué macana…

-Seee, y parece que el pibe está que camina por las paredes porque le llegan versiones, ¿Viste? Y él por ahí se hace el boludo, pero se entera de todo. El está concentrado y ella está libre… ¿Entendés?

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-Pero cómo no voy a entender! Juto a mi me decís! Hay que solucionar esto, hay que hacer todo lo posible para que la jermu venga para acá. ¿Te encargás?

-Pero sí, claro.

Por supuesto que el diálogo está ficcionado. Pero la situación fue real. Y además la mujer de Martín Demichelis no era una mujer común y silvestre. Era Evangelina Anderson, Eva, la que se había animado a colgar para siempre el delantal de maestra jardinera con tal de ser bailarina de un grupo de cumbia, la que tocada por la varita mágica de Paparazzi se convirtió en vedette, la prima de Wanda, la pareja de un brasileño, la de los problemas explosivos con algunas colegas, la que cuando se transformó en «botinera de primera», cuentan, dejó de darle bolilla a todos los que la acompañaban cuando vivía en el cornurbano.

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Y así, dice la historia nunca confirmada del gran escándalo de Sudáfrica 2010, Mancuso hizo todo el «teje y maneje» para convencer a Eva de que abandone Buenos Aires y aparezca en Sudáfrica.

MARADONA TENIA PLENA CONFIANZA EN DEMICHELIS, PERO LO NOTABA RARO. LE CONTARON QUE ESTABA SEPARADO DE EVA Y QUE ESO LO PREOCUPABA, Y EL DIEGO NO SABIA CÓMO LEVANTARLE EL ANIMO
MARADONA TENIA PLENA CONFIANZA EN DEMICHELIS, PERO LO NOTABA RARO. LE CONTARON QUE ESTABA SEPARADO DE EVA Y QUE ESO LO PREOCUPABA, Y EL DIEGO NO SABIA CÓMO LEVANTARLE EL ANIMO
MIENTRAS EL JUGABA, ELLA ESTABA EN BUENOS AIRES BAILANDO... ¿SOLO EN LA TELE?
MIENTRAS EL JUGABA, ELLA ESTABA EN BUENOS AIRES BAILANDO… ¿SOLO EN LA TELE?

EN BUENOS AIRES, A 8125 KILOMETROS DE PRETORIA

Acá se contaban otras versiones. Se decía, por ejemplo, que aquella vida de ensueño y de música aterciopelada veinticuatroporsiete que se le asignaba a Anderson en Baviera, una de las regiones más prósperas de Alemania, Europa y el mundo todo, era más una fantasía que una realidad. No porque las ventajas de vivir allí no fueran ciertas, sino porque ella se venía bancando algunas «cuestiones» de su marido.

En Alemania, decían los chimentos, él famoso era él, no ella. El admirado era él, no ella. Los autógrafos y las fotos se las pedían a él, no a ella. Ella estaba dedicada a la casa, a los chicos, a la familia, a los quehaceres del hogar, y él era la estrella, uno de los baluartes de un Bayern Munich arrasador. Para colmo con pinta de galán de cine. Y super exitoso.

En la traducción: lleno de dinero. Difícilmente a un hombre así, con esas cualidades, les falten mujeres en Alemania, en la Argentina o en el Congo belga. Y Anderson, se insiste todavía hoy, no era tonta. Podía hacerse la bo…hemia. La desentendida. La que no se enteraba de las cosas, pero cada sospecha -se sostenía en ese entonces- sumaba su granito al granero de la revancha.

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Con esa sed llegó Eva al país. «Está medio desatada» se decía en los programas de chimentos de la época. «Se la vio de noche pasándola bien». Y cuando aparece la palabra noche no se habla nada más que de un período de tiempo que puede ir desde las 19 o las 20 de un día hasta las 5 o las 6 del otro. También se fantasea con boliches, frensí, baile, tragos, descontrol, fiestas, música, cuerpos desenfrenados, hombres, mujeres, placer, lujuria, gozo, excesos, tentaciones.

Y todo eso llegaba a oídos de Demichelis, y lo distraía. Aunque enfrente estuviera en Maradona, él tenía la cabeza en otra cosa. En esas jornadas transpiradas de la noche porteña, de la que estaba a 8125 kilómetros.

A EVA LE HABLARON Y LA CONVENCIERON PARA QUE VAYA AL MUNDIAL PORQUE DEMICHELIS "TENIA LA CABEZA EN OTRA COSA".
A EVA LE HABLARON Y LA CONVENCIERON PARA QUE VAYA AL MUNDIAL PORQUE DEMICHELIS «TENIA LA CABEZA EN OTRA COSA».

EL ACCIDENTE

Las versiones se vuelven más borrosas y más difusas y más confusas aun con un tema que nunca pudo ser aclarado y del que jamás se dio un testimonio oficial. Solo alguna info que misteriosamente desapareció sin dejar rastro y al calor del silencio de todos los que estuvieron involucrados directa o indirectamente. Esto es solo lo que se puede rastrear de aquel suceso.

*Una madrugada.

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*Un auto lanzado a toda velocidad.

*Dos ocupantes. Un morocho y una rubia, juguetones, efervescentes.

*Un accidente. Ni muy violento ni menor.

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*Un herido, él, atendido de inmediato por su condición de hijo de alguien muy famoso y con mucho, muchísimo poder.

*Una ilesa, ella, la rubia, que escapa del lugar ante el temor de ser identificada y que eso le cause problemas en casa.

*Un hombre, que no estaba en el auto, que se llena de preocupación, nervios y sospechas en un momento crucial y trascendente de su vida profesional, y desborda de tensión a quienes estaban con él.

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*Un pedido, urgente, para que alguien deje esas licencias y haga un viaje urgente.

FINALMENTE, EVA LLEGO A SUDAFRICA.
FINALMENTE, EVA LLEGO A SUDAFRICA.
EN ESE PAIS, EVA CONOCIO A LOS ELEFANTES Y JUGO CON LA TROMPITA.
EN ESE PAIS, EVA CONOCIO A LOS ELEFANTES Y JUGO CON LA TROMPITA.

LA PICASESOS

Juan Carlos Demichelis, el padre de Martín, era un hombre de campo. Sabía de sembradíos, de cosechas, de animales, de laburos esforzados y de jornadas interminables pero no entendía ni jota de televisión. Nada. Cero. Por eso es probable que la gente de AM, el recordado programa de Vero Lozano y Leo Montero, lo haya agarrado con la guardia baja cuando le preguntó por su nuera en pleno mundial.

«Si querés en privado te digo lo que pienso. Me gusta aconsejar a mi hijo, cuando veo que va por mal camino se lo digo» los sorprendió con su tono campechano el hombre que encontraría la muerte dos años y medio más tarde, en enero de 2023, en un accidente de autos que terminó con su vehículo incendiado.

«Hay mujeres que todavía no entienden que lo que hace él es un trabajo, y que no podes estar llamándolo cada cinco minutos para saber qué está haciendo. En una pareja, si vos ponés dos caballos y los tirás para el mismo lado va a andar, si tirás para lados distintos, va a estar todo mal» dijo Demichelis padre para asombro de todos.

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Como si estuviera hablando en un bar de Justiniano Posse, el pueblo de Córdoba donde los Demichelis son los habitantes más famosos, Don Juan Carlos se largó con todo en contra de Eva, que aun permanecía en la Argentina. «Es una picaseso, yo no quería que vaya a Sudáfrica porque lo iba a desconcentrar». Si vien perdió vigencia, la frase aun pertenece al «acervo cultural» de la farándula argentina.

LA CAMISETA DE ARGENTINA LOS REUNIO Y LOGRO RECONCILIARLOS.
LA CAMISETA DE ARGENTINA LOS REUNIO Y LOGRO RECONCILIARLOS.

CUANDO PA SUDAFRICA ME VOY

Las charlas y las gestiones dieron resultado. Demichelis reforzó su rendimiento y fue titular en todos los partidos que jugó Argentina. Levantó mucho tanto su ánimo como sus actuaciones y hasta metió un gol, el primero en la victoria frente a Grecia en el partido que cerró la participación Argentina en la ronda de grupos.

Anderson, que estaba participando del Bailando, se ausentó del programa de Tinelli para ir, finalmente, a Sudáfrica. Desembarcó allí y rápidamente se acopló al grupo de mujeres de los jugadores de la selección. Nadie quiso saber nada. Se dice, incluso, que hasta hubo no una orden sino una sugerencia de no hacerle preguntas incómodas cuando llegara.

Hace cosa de entre un año y medio y dos años, Eva y Demichelis terminaron ropmpiendo en medio de un escándalo infernal que incluye mujeres al por mayor. El dirigió en España y ha presentado nueva pareja, y ella flirteó con Ian Lucas pero no prosperó. Llegarán separados cuando en un puñado de días empiece a jugarse el Mundial 2026.

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La historia se repite, pero esperemos que esta vez con mejores resultados.

¿SUBIDA AL PONY, O AL ELEFANTE? DICEN QUE EVA CAMBIO MUCHO CUANDO SE TRANSFORMO EN BOTINERA "TOP".
¿SUBIDA AL PONY, O AL ELEFANTE? DICEN QUE EVA CAMBIO MUCHO CUANDO SE TRANSFORMO EN BOTINERA «TOP».

 

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Eva Anderson, Martín Demichelis, Evangelina Anderson

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El famoso que quiso meterse desesperado a la casa del Indio Solari y se peleó con la policía: el video del tenso momento

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La muerte del Indio Solari golpea de lleno al público ricotero y sacude a todo un país. Uno de los tantísimos famosos más afectados por su muerte es Máximo Kirchner, quien sumó en las últimas horas un episodio inesperado que no pasó desapercibido. 

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En medio de la conmoción por lo ocurrido, el dirigente político generó sorpresa y cierta tensión en la casa del Indio en Parque Leloir, a donde se presentó a las pocas horas de constatarse la muerte y quiso acceder al interior.

Según se mostraron en Puro Show, las cámaras captaron el momento exacto en el que Kirchner llegó hasta la puerta de la vivienda. Lejos de tratarse de un ingreso inmediato, lo que se vio fue una escena cargada de incomodidad, con movimientos dubitativos y cierta desorganización en el operativo.

En las imágenes, se observa cómo en un primer momento no le permiten el acceso a la casa del Indio. Allí se dio un intercambio con los efectivos policiales que custodiaban la zona, en un ida y vuelta que dejó en evidencia la falta de coordinación frente a su llegada.

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LA MUERTE DEL INDIO SOLARI QUE PARALIZA AL PAÍS

Ese cruce, breve pero tenso, fue suficiente para que el momento se volviera viral. No hubo gritos ni un conflicto abierto, pero sí una situación incómoda que contrastó con la investidura de quien intentaba ingresar y el contexto delicado que rodeaba la escena.

Finalmente, tras una conversación, Máximo Kirchner logró acceder al lugar. Sin embargo, el episodio ya había quedado registrado y comenzó a circular con fuerza, generando múltiples interpretaciones sobre lo sucedido.

Desde el programa remarcaron justamente ese punto: más allá de que el ingreso se concretó, lo que llamó la atención fue la manera en que se desarrolló todo. La falta de previsión y el desconcierto inicial marcaron un momento que, lejos de pasar inadvertido, terminó siendo uno de los focos de la cobertura.

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La cercanía de Máximo con el Indio, data de hace años y existía una amistad. Incluso, la familia de Solari es quien luego le terminó facilitando el acceso, y el dirigente se cargó al hombro la organización del lugar a donde despedirán al Indio.

 

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Indio Solari, Máximo Kirchner

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CHIMENTOS

De la devoción al horror: Julia Calvo y el arte de protagonizar Misery en el teatro

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Entre textos y miradas, Julia Calvo explora la psicología de Annie en la nueva versión teatral (RSFotos)

Antes que enfermera, antes que salvadora, Annie Wilkes es mucho más que un simple personaje del género de terror: es una lectora capaz de convertir la admiración en amenaza. En el universo de Misery, su figura emerge como algo más que la mujer que rescata a un escritor accidentado: es la guardiana feroz de una historia que considera propia, la fanática que no negocia ni olvida. Aislada en una casa perdida entre la nieve, sostenida por una lógica inquietante y una ternura perversa, Annie lleva el cuidado al extremo del control y convierte la devoción en obsesión. Ese universo, cargado de tensión y de ecos psicológicos, se prepara para saltar de la página a las tablas, con Juan Gil Navarro y Julia Calvo como la icónica dupla destinada a perturbar y fascinar a nuevas generaciones de espectadores. En diálogo exclusivo con Teleshow, Calvo revela el vértigo y la fascinación de ingresar en la mente de una villana tan temida como profundamente humana.

En el barrio porteño de Villa Crespo, dentro de una habitación donde la luz tenue se cuela entre los libros y los pósters teatrales, Julia recibe a este medio. Afuera, un sol tímido no logra disipar el frío; adentro, la actriz irradia entusiasmo, contagia energía y anticipa, con cada gesto, la pasión con la que asumió el desafío de estrenar el próximo 18 de junio bajo la dirección de Manuel González Gil. El ambiente parece un eco del universo de Misery: cálido y a la vez cargado de una tensión latente, como la calma antes de la tormenta. Lejos de abordar la obra como un compromiso más, Calvo se sumerge en Annie con una entrega total, sabiendo que el rol exige transitar emociones extremas, contradicciones y el vértigo de poner el cuerpo y la voz que supo prestar en grandes ficciones televisivas como arriba del escenario.

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No es un reto menor. En esta adaptación, donde se entrelazan la obsesión, el terror psicológico y el debate sobre salud mental, Wilkes se instala como el eje del relato, la figura que inquieta y magnetiza a partes iguales. En ese clima que bascula entre la calidez y la incomodidad, muy parecido al que reina en las grandes historias de suspenso, Calvo comparte su mirada sobre la obra, los matices de su proceso creativo y las preguntas que la acompañan en cada ensayo. Cuando la puesta llegue al Teatro Metropolitan, en plena calle Corrientes, el público será invitado a sumergirse en una experiencia que promete tanto vértigo como reflexión, con una apuesta renovada, lista para desafiar los límites entre amor, locura y devoción.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Calvo encuentra un momento de calma y reflexión en el patio de una casa en Villa Crespo, lejos del bullicio del teatro

—¿Qué te sorprendió o qué te llamó la atención de este personaje tan icónico del género de terror?

—Cuando me convocaron, lo primero que me apareció fue la leyenda. No había visto la película ni la obra, pero recordaba el evento de su estreno con Alicia Bruzzo y Rodolfo Bebán, el cartel negro con esos ojos. Pensé que tenía que abordar algo que suponía por dónde iba. Ya en los ensayos, me relajé, me conecté con mi compañero, escuché al director, y la experiencia tomó una temperatura más cálida y hermosa de transitar.

Al principio me pregunté si lo iba a poder hacer, pero cuando te apoyás en los otros y ellos en vos, todo se vuelve más amable. Es un género en el que nunca había incursionado a este nivel, el terror psicológico. Sí interpreté villanas y personajes muy oscuros, casi sádicos, pero no desde el género. Así lo fuimos entendiendo y abordando juntos con Juan y Manuel. Hay tiempos, ríos subterráneos, y la técnica es importantísima.

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—¿Qué fue lo primero que se te vino a la cabeza ante el personaje de Annie y su historia?

—Me subyugó. Annie y el escritor, más allá del género y lo que propuso Stephen King, hablan de una problemática muy actual. No es solo la relación fan-ídolo, sino la salud mental, que puede atravesar a cualquiera: madre, esposa, hija, hermana. En este caso la relación es con su ídolo, pero para mí es importante hablar del descuido social, de la negación de la salud mental, de la esclavitud emocional. Nos conmueve mucho. Con Juana charlamos sobre todo esto y nos pega porque nos sentimos parte de una sociedad atravesada por estos temas. Ojalá la obra haga reflexionar, sobre todo a mi generación, que vivió la opresión, el encierro, la falta de libertad.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Entre plantas y luz natural, la actriz se prepara para encarnar un personaje que invita a la introspección

—¿Sentís que es una forma de llamar a la reflexión y poner temas que hoy en día tal vez no están tan presentes?

—Ojalá ese haya sido el motivo central de Stephen King, lo pienso yo. Creo que él buscó hacer terror psicológico, pero algo debió movilizarlo. En el montaje de Manuel y en los textos, me surge esa pregunta: ¿por qué quiso escribir esto? ¿Por qué exponer este tema en otra época? Está lleno de intrigas interesantes y eso me encanta.

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—Cuando te metés en la psicología de Annie, ¿la ves más como villana o como víctima?

—A veces termino un ensayo y me pongo a llorar. Los chicos me cargan, pero no puedo creer que exista gente así, porque existe gente así.

—¿Te pasó alguna vez una situación similar, aunque sea en menor escala?

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—Mucho más leve, pero sí. Tiene que ver con la cercanía que da la cámara o la pantalla. Una vez, en un locutorio, una señora me saludó como si me conociera. Me dijo: “Entrás a mi casa todas las noches”. Estaba haciendo Soy gitano. Fue una sorpresa y una conmoción, porque entendí que para ella yo era parte de su vida cotidiana. Por suerte, mis personajes han sido muy queridos y eso ayuda a que la gente también me quiera. Pero esa línea entre la ficción y la realidad es muy fina.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
De la ficción al día a día: Julia y Juan Gil Navarro llevan el vínculo entre Annie y Paul Sheldon a un encuentro íntimo en Villa Crespo

—¿Cómo manejás esa línea tan fina entre la ficción y la realidad?

—No sé si es solo separar la ficción de la realidad, sino entender que el actor tiene su ámbito laboral y su vida personal. En el caso de Annie, ella admira al escritor, se devoró sus novelas, pero en algún punto quiere que él sea suyo, y ahí se cruza una línea peligrosa. Además, él mata a su personaje favorito y para ella es algo personal. Cuando mataron a mi personaje en ATAV, en la calle me decían: “¿Cómo van a matar a la mamá?” A esta le pasa algo similar. Porque ella es fanática del escritor, pero sobre todo de ese personaje.

—¿Cómo construiste el personaje a nivel psicológico y corporal?

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—Con un compañero como Juan y la guía del director uno puede trabajar con tranquilidad. Además, Manuel hizo la obra antes, la conoce y seguro se hizo muchas de las preguntas que nos hacemos ahora. Lo construí porque mi compañero me daba la derecha y porque el trabajo fue en equipo.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Un rincón cotidiano de Buenos Aires se transforma en espacio de intercambio creativo para los protagonistas de Misery

—¿Cómo fue reencontrarte con Juan? ¿Qué te aportó ese vínculo en escena?

—Nos conocimos en Soy gitano, donde tuvimos un duelo de bruja a diablo en cámara. Después compartimos Las alegres mujeres de Shakespeare y Las brujas de Salem. Tenemos un código de trabajo y nos llevamos muy bien. Eso es lo más importante.

—¿Te sorprendiste alguna vez en un ensayo haciendo algo que no esperabas?

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—Al principio pensé que era un personaje trágico, pero descubrí que hay momentos de mucho humor. No es que busque ser graciosa, pero aparece y lo dejamos ser. Todavía no llegamos a la parte técnica más física, pero sé que me voy a encontrar con situaciones nuevas. Es muy corporal, muy intensa, y cada vez que termino un ensayo, termino agotada.

Annie Wilkes.
Kathy Bates como Annie Wilkes en la versión fílmica de Misery (Amazon Primer)

En los últimos tiempos alternaste proyectos muy variados: MasterChef, Ellas son tango, Margarita¿Cómo encontrás el equilibrio entre personajes cálidos y uno tan disruptivo como Annie?

—Pensé que iba a poder hacer otras funciones mientras ensayaba, porque ahora vuelve Ellas son tango y tenía la posibilidad de hacer algunas funciones mientras ensayaba. Pero hoy te digo que no hubiera podido. Es de mucha demanda y está buenísimo. Pero primero dije: “Ay, yo hubiera querido ir a cantar”. Igual seguimos con las chicas conectadísimas.

Pero está bueno también eso, saber dónde desapegar tranquilo y soltar por algo nuevo que además me demanda mucho y está buenísimo. Y hablando del reality, tenemos un chat con los chicos y me decían: “Julia, avisá cuando Misery, te queremos”. Porque recibí la noticia estando en MasterChef. Me decían: “Boluda, eso es genial”. Walas me dijo: “¿No viste la película? Es tremenda”. Y cuando la leí por primera vez ya tenía todo el CD ese, y es tal cual me lo dijo Walas. Es tremendo.

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—¿Te asustaste alguna vez por la exposición que genera mostrar tu vida personal en los medios?

—Sí. Recuerdo que una vez, para un programa en Israel, me pidieron un mensaje para un niño fan de Casi Ángeles. Cuando vi cómo mostraban mi casa, sentí que había expuesto de más mi espacio personal. Hoy soy mucho más cauta. Es muy común querer mostrarse más humano, pero la exposición tiene consecuencias. Todavía hoy me preguntan por el Martín Fierro que me robaron hace 25 años. A veces uno quiere contar una cosa y termina quedando marcada por otra.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
En la quietud del barrio, la actriz explora emociones y movimientos, lejos de la vorágine de los camarines

—¿Sentís que mostrarte más cercana o más humana puede ser un arma de doble filo?

—Sí. En MasterChef era yo, no un personaje, y la gente en la calle me decía: “Cómo nos reímos con vos”. Pero muchas veces estaba llorando. Es una situación rara y difícil de manejar.

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—¿Qué te dicen los fans que te haya quedado grabado y que tal vez uses en escena?

—Muchas cosas que me dicen los fans las uso. Cuando me dicen: “Ay, me muero”, yo les respondo: “No, no se muera”. Pero hay que entender que el personaje está atravesado por una salud mental frágil, y eso puede llevar a cualquier lado.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
La actriz aprovecha la luz de la tarde porteña y comparte un momento de calma y reflexión previo al gran estreno de la obra

—¿Sentís que hay una responsabilidad social en cómo se abordan estos temas desde el arte?

—Sí, hay que cuidar mucho eso. Los que damos el material, ya sea el escritor o el actor, tenemos esa responsabilidad. Y también la sociedad. Hay que estar atentos, sobre todo con los jóvenes. Hoy en día, las familias, específicamente los padres, no tienen en quién sostenerse como en el pasado. A mí me sostuvieron mi mamá, mi papá y un póster de Robert Redford.

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—¿Qué es lo que más te gusta del teatro hoy?

—La posibilidad de vivir una historia por un tiempo, de contar un cuento y de sentir cómo lo recibe el público. Me encanta el silencio, la expectativa, la risa, el llanto, pero sobre todo transitar la función. Ahora que estamos haciendo pasadas, todo el tejido de la obra aparece y siguen surgiendo cosas.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Entre tazas y guiones, Calvo se prepara para causar furor con un personaje icónico del terror (RSFotos)

—¿Qué te gustaría que el público se lleve de la obra?

—Me gusta que el público reciba una historia y que le pase lo que le tenga que pasar. El mensaje de salud mental o cualquier otro estará en cada espectador, como lo estuvo en mí. Siempre me pregunto, junto a Juan, qué es lo que alimenta la locura del personaje. Hoy las redes achican la distancia entre el artista y el público, y eso puede resultar peligroso. Hay público que solo quiere escuchar historias y otros, como Annie, quieren comulgar con el otro. El trabajo de uno no permite que te invadan.

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Crédito: RSFotos.

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CHIMENTOS

Marina Calabró: “Soy estructurada, generar cambios a mitad de año me moviliza mucho”

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Marina Calabró comienza en las tardes de América TV junto a Luis Ventura

Marina Calabró no es de las que se sientan a hablar de sí mismas con facilidad. Lo admite sin rodeos y con cierta incomodidad apenas se lo señalan. Periodista, politóloga de formación, hija de uno de los apellidos más pesados del espectáculo argentino (el de Juan Carlos Calabró), construyó su propio lugar en la televisión a fuerza de columnas, paneles y una voz que se fue volviendo reconocible en el mapa del entretenimiento local. Esta vez, sin embargo, hizo una excepción: habló con Teleshow en una entrevista en la que repasó su carrera, la figura de Jorge Lanata como referente, la crueldad que dice haber vivido en los medios, su relación con Rolando Barbano y la adolescencia de su hija Mía. Todo, en el marco del lanzamiento de su nuevo proyecto televisivo.

Mientras continúa con su ciclo radial Calabró1079 en El Observador, con su conducción y la de Luis Ventura, este lunes 8 de junio a las 16:30 llegará a la pantalla de América con Primicias Ya. El programa cubrirá la actualidad del espectáculo con una dinámica, dice, de redacción televisada. “La idea es que todo empiece a pasar en vivo, trabajar los temas como si hubiera una redacción donde hay dos editores, un equipo periodístico que propone, el cronista que busca, la redacción que chequea”, explica Calabró.

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El panel lo integran Marcela Coronel, Santi Sposato y Damasia Ochoa; los móviles estarán a cargo de Rafa July y Oliver Quiroz; la redacción tendrá al frente a Juan Pablo Godino y colaborará Pablo Montagna. Cada conductor tendrá sus segmentos propios: Ventura con Sin mordaza, su clásico espacio de trastienda mediática, y Calabró con Aplauso, medalla y beso, la columna que sostuvo durante una década junto a Lanata y luego en el ciclo de Sergio Lapegüe. “Va a haber un repaso de los temas del espectáculo con algún dato o algún diferencial de info propia, algunos análisis de audiencia”, adelantó la conductora.

El programa ocupa el horario que dejó A la tarde con Karina, el ciclo que Karina Mazzocco condujo durante cinco años en América antes de que le levantaran el programa. Ese dato no pasó desapercibido en la charla con Teleshow, y fue el punto de partida de una conversación que Calabró encaró con la misma mezcla de franqueza que la caracteriza.

marina calabró
Marina Calabró continúa con su programa de radio en El Observador y suma la conducción en las tardes de América TV

Tu programa llega después de la despedida de Karina Mazzocco. ¿Les pusieron un piso de rating desde el canal? ¿Cómo se maneja esa presión?

— La presión es la que uno mismo se pone en la lógica de los números del canal. Si me preguntás, tendríamos que arrimar a los 2 de promedio, por lo menos para una primera etapa de aceitar el programa y acostumbrar al público. Es remar un horario que hoy no está haciendo ese número. Y además nos toca en el mes del Mundial. El día que juega Argentina te rompe al medio, pero no a nosotros solos, sino a todos en general.

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¿Y cómo afecta ese contexto al lanzamiento?

— Nos va a dar un margen para aceitar el formato, pero por otro lado vamos a transpirar porque es un mes donde la atención está en otro lado, donde las señales deportivas cobran preponderancia, donde Telefe tiene derechos de transmisión de partidos. Pasó el mundial pasado, pasó históricamente: el mundial complica el encendido de aquellos que no transmiten los partidos.

¿Cómo es trabajar con Luis Ventura? ¿Qué dinámica tienen?

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— Con Luis veníamos trabajando en A24, donde él hacía la parte de espectáculos de nuestro segmento de noticias con Facundo Pastor. Y en Infama siempre nos salvaba haciendo móviles desde donde fuera. Siempre cuando a uno se le escapa un dato: “Che, Luis, ¿qué sabés de esto?” Es siempre una fuente de consulta. Ni hablar del Martín Fierro, que es una usina inagotable de información del espectáculo. Mi relación con Luis es de familiaridad y de admiración, porque es uno de los referentes de este oficio. Es un tipo muy generoso, muy relajado, y creo que eso va a hacer el laburo muy fácil.

Hay que seguirle el paso, ¿no?

— ¡Ay, no, por Dios! A veces la gente me dice “trabajás mucho”. Y sí, porque no ven lo que trabaja Ventura. Al lado de Ventura somos todos vagos. Somos todos subempleados. El otro día lo llamo, que Mirtha había dicho esto de que el Martín Fierro de Wanda era un arreglo, y me dice: “Mirá, ahora estoy pegando las chapitas en las bases de los Martín Fierro de Portales”. Él, literalmente. Si no existiera habría que inventarlo a Ventura.

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Marina Calabró y Luis Ventura
Marina Calabró y Luis Ventura

En tu despedida del ciclo de Lapegüe lo definiste como un bicho raro de la televisión, en el buen sentido. ¿Qué te sorprendió cuando lo conociste?

— Lapegüe es un tipo bueno, de buena madera, que no tiene dobleces, que no tiene segundas intenciones, que nunca va por atrás, que nunca teje, que es cero lobista y un apasionado de su trabajo. Es hipergeneroso y supersensible. Una rara avis. No tiene esa cosa entre la picardía y la avideza de estar especulando, tejiendo, rosqueando. Además es un conductor de la hostia que maneja las breaking news como nadie. Hace muy fácil lo complejo y tiene una enorme ductilidad. Tenemos algún amigo en común, como Baby Etchecopar, que siempre me habló maravillas de él, pero me sorprendió muy gratamente conocer a Sergio, a Bochi, a Mica. Es gente muy amorosa, muy sensible, muy cálida, muy generosa.

Y en esa misma despedida dijiste que en la televisión impera la crueldad. ¿Te pasó sufrirla en algún momento en particular?

— Sí, claro. Fue todo tan público y tan evidente. Cuando fue el episodio de aquel Martín Fierro, fue tema de estado, se armó el Boca-River. Es lógico porque fue un hecho recontrapúblico donde era imposible pretender que no se opine. Pero después de ahí fueron muchos meses de estar en una picota que me resultó dolorosa. Me la banco porque son un poco las reglas del juego.

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¿Y con Karina Mazzocco hablaste? ¿Cómo quedó la relación con ella?

— Sí, claro. Yo venía hablando mucho con ella desde que se oficializó el levantamiento. El viernes de la semana anterior a la convocatoria que me hace Juan Cruz Ávila, nos la cruzamos con Rolando en un restaurant, ella estaba con su familia, y nos quedamos charlando como 40 minutos de cómo había sido todo. Yo siempre me puse muy de su lado, porque era muy fan de A la tarde, de esa idea del programa como escribanía donde se dirimían cuestiones de herencias, de divorcios, de patrimonios, de estafas. Y además me dio mucho material. A Lanata le fascinaba que le contara de la escribanía de Karina. De hecho lo rebautizamos “Karina a la tarde”, porque antes estaba Fantino y era Fantino a la tarde. Yo decía que Karina merecía un destaque. Mi principal preocupación era hablar con ella para que no pensara que algo de todo esto se venía cocinando desde antes o que yo sabía, intuía o tenía algún tipo de rumor sobre la posibilidad de reemplazarla. Por suerte A la tarde, con Karina, era un programa de la misma productora, con lo cual ella estuvo siempre al tanto del minuto a minuto de cómo se dieron las cosas, y me creyó, y le creyó a Ventura. Me parece una conductora espectacular que ha manejado un programa dificilísimo. Sostener un programa cinco años es un éxito en televisión.

Marina Calabró junto a Jorge Lanata, que le dio un espacio importante en su programa
Marina Calabró junto a Jorge Lanata, que le dio un espacio importante en su programa

Vos arrancaste hablando de política en los medios y después fuiste virando hacia el espectáculo. ¿Por qué se dio ese vuelco?

— Fue medio de casualidad. Más allá de una participación chiquita a los 17 en el viejo Canal 9 con Guillermo Andino y Mabel Marchesini, después hice la carrera de Ciencias Políticas y estuve esos cinco años abocada a estudiar. Me recibí de politóloga el 29 de noviembre del 96. Al día siguiente me llaman y era la secretaria del doctor Hadad, que me proponía incorporarme a su proyecto radial, que en ese momento era FM News, que después fue La Mega y un año después armó Radio Diez. Él fue el que me metió en el periodismo político. Después trabajé con Walter Graziano, hicimos un programa de política y economía, y después con Mauro Viale, donde yo era columnista de actualidad.

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¿Y cuándo apareció el espectáculo?

— Lo primero que hice fue una temporada en Mar del Plata, donde Carlos Monti me llamó para ser su cronista. Y después me llama Guillermo Blanc para hacer su programa. Yo dudé un montón porque venía muy enfilada para la actualidad y la política. Pero como en mi familia se veía mucho el programa y mi viejo era re fan, terminé diciéndole que sí sin mucha convicción. Y de ahí pegué una seguidilla: seis o siete temporadas de Yo Amo la TV, Contalo contalo con Monti, Hechiceras del espectáculo con Marziotta, Coronel y Dlugi, cinco temporadas de Infama, Intrusos entre el 2015 y el 2018, y después DDM. Creo más en las causalidades, como diría Moria, pero fue a partir de esa propuesta de Blanck que empecé a virar.

Nombrás mucho a Lanata siempre. ¿Él fue tu gran maestro?

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— Lanata es una marca muy potente en mi carrera. Confió en mí para hacer una columna de espectáculos y me dio un montón de espacio. Había veces que hacía 45 minutos, a veces una hora, donde él me cargaba y decía “Calabró sin filtro”. Y eso en un conductor que representa lo que representaba Lanata no es usual. Hay mucho prejuicio con el periodismo de espectáculos, y los conductores en general juegan a los distraídos cuando tienen un columnista de espectáculos. Él se involucraba, se embarraba, opinaba, era más duro que yo en las opiniones, y eso le dio a mi columna visibilidad y lucimiento. Lo digo yo y es un comentario más, pero lo dice Lanata y todo era título.

Marina y su padre, el inolvidable Juan Carlos Calabró
Marina y su padre, el inolvidable Juan Carlos Calabró

¿Y más allá de la columna?

— Me impulsó mucho a involucrarme en las notas políticas, en los debates que proponía el programa. Al terminar la primera temporada me dijo: “Quiero que sigas el año que viene. Lo que necesito es que te involucres más en los temas de actualidad, que te la creas más. Sos periodista, sos politóloga, olvidate de que sos panelista”. Eso me dio una visibilidad que después hizo que me llamara Juan Cruz Ávila para conducir. Y además se preocupaba genuinamente por lo que nos pasaba. Cuando terminó TV Nostra, me armó una entrevista con Ricardo Ravanelli de TN, que juro que Ravanelli tenía interés menos cuarenta en recibirme. Pero se lo pidió Lanata. Nunca le era indiferente lo que nos pasaba.

Esta semana, cuando hablaste de tu papá, te quebraste. ¿Qué se te cruzó por la cabeza en ese momento?

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— Creo que estoy resensible por todo lo que se mueve antes de un debut. Las inseguridades, la ansiedad, la incertidumbre. Siempre es un momento incómodo la previa, por lo menos para mí. Y creo que se me cruzó en el sentido de ese acompañamiento que falta, en el sentido literal de la expresión, no en el simbólico. Porque sé que está, porque sé que va a hacer el aguante, porque sé que debe estar contento donde esté. Pero creo que siempre que me hablan de él me quiebro, y especialmente esta vez por estar uno vulnerable antes de un debut.

¿Tiene que ver también con el cambio de trabajo?

— Soy una persona muy estructurada, muy de rutinas. Cuando ya tu cabeza está formateada y creés que tenés el año armado, generar cambios a mediados de año me moviliza mucho. Estábamos realmente muy bien con Lape, el número acompañaba, la columna estaba consolidándose, más El Observador, más mi programa en A24. No fue sin dolor la partida, un poco por lo mismo que hablábamos al inicio de la charla.

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Marina Calabró, su madre Coca y su hermana Iliana
Marina Calabró, su madre Coca y su hermana Iliana

La semana que viene empieza también tu hermana Iliana con un programa. ¿Cómo lo están viviendo? ¿Se apoyan, se llaman, se dan consejos?

— Sí, re. Estamos superpendientes la una de la otra. También parece muy movilizante para ella. Además está haciendo la gira de Viuda e Hijas y está en el programa de Jime Monteverde, así que está tapada de trabajo. Lo que está bueno es que más allá de que nos toca competir un ratito, hacemos cosas muy distintas. Iliana va a hacer un programa más de servicios, más federal, porque es la Televisión Pública. El problema en realidad no lo tenemos ni ella ni yo. Lo tiene Coca, que tiene 87 años. Las dos le vamos a tomar examen a ver si me vio a mí o la vio a ella.

¿Cómo estás hoy con Rolando?

— Bien, felices. Él también está tapado de laburo. Siempre nos hacemos momentos. Y además él es muy bueno para ayudarme a desconectar, a mí me cuesta mucho más que a él. Yo salgo del programa y ya me quedo como: “Esto lo hicimos mal, esto estuvo mal resuelto”. Soy como muy pesada. Él es más de hacer y de dejar atrás. Me ayuda a no enroscarme en cuestiones que además ya son irremediables.

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¿Y se siguen el uno al otro en el trabajo?

— Estamos muy pendientes. Yo lo miro en lo de Rossi, después lo pongo en YouTube y lo voy escuchando mientras manejo hacia la radio. Él me mira en A24 y trata de escucharme lo que puede. Después yo lo miro en Resu, que él hace un streaming con Fervo, con Juli Poggio, con la Reini, con Agus García. No es que vos hacés la tuya, yo hago la mía y después contame cómo te fue. Estamos muy pendientes apuntalándonos entre los dos, porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién si no?

Marina Calabró y Rolando Barbano
Marina Calabró y Rolando Barbano

¿Consolidados en la relación?

— Sí, re. Felices, enamorados. Ahora haciendo planes de vacaciones. Teníamos algo pensado para septiembre, pero con el estreno no sé si estarán dadas las condiciones, con lo cual empezamos a apuntar a enero. Siempre proyectando.

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— Cuando dijiste planes, enseguida pensé en casamiento…

(Ríe) Siempre está en los planes. Se verá.

¿Y un hermanito o hermanita para Mía?

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— No, no, no. Estamos bien así. Mía ya cumplió 17. La semana que viene, si Dios quiere, saca el registro. Otro no, estamos en otra frecuencia.

¿Ya tiene 17? ¿Y qué quiere hacer? ¿Seguir tus pasos, los de la tía?

— Cero. Ella es perfil rebajo. Cero periodista, cero actriz, cero modelo, cero nada. Va a estudiar Derecho. Tendremos una abogada. Esperemos no necesitarla, que no lleguen cartas documento ni querellas. Pero siempre viene bien tener un abogado a mano.

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¿Y cómo lidiás con su adolescencia? Hoy los peligros que corren las chicas están a la orden del día.

— Es así. Pero estoy siempre alerta y hay un grupo de mamás que estamos todas cubriéndonos las espaldas. Pero ella es muy tranquila, muy madura para la edad. No da trabajo, como decía mi viejo. Yo le tengo muchísima confianza, pero porque se la ganó. Nunca defraudó esa confianza que le doy y esa libertad que le doy. Es fácil ser su mamá.



marina calabró

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