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POLITICA

El mensaje político de una multitud unida en el histórico velatorio al Indio Solari y los síntomas de una Argentina rota

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Casi 10 kilómetros de fila. Un flujo estimado de 1.500 personas por hora frente al féretro. Un velatorio que comenzó el domingo a las 9 de la mañana y que, según los organizadores, continuará “todo lo que haga falta”. La despedida de Carlos “El Indio” Solari ya se convirtió en uno de los funerales más multitudinarios de la historia argentina y podría reunir cerca de un millón de personas durante varias jornadas.

La dimensión de la convocatoria sorprendió incluso a los propios organizadores. También obligó a la política a observar un fenómeno que excede largamente al rock. La negativa del gobierno de Javier Milei a ofrecer la Casa Rosada o el Congreso para un homenaje oficial derivó en una negociación entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner para organizar una despedida popular en Avellaneda. Mientras la dirigencia discutía la logística y las implicancias políticas del evento, una pregunta se impuso sobre todas las demás: ¿qué estaba despidiendo realmente esa multitud?

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La muerte del líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ocurrida el viernes pasado tras sufrir un ACV no traumático luego de una década conviviendo con el Parkinson, volvió a poner en escena algo que permanecía disperso desde hacía años. Una comunidad gigantesca, atravesada por varias generaciones, con códigos propios, símbolos compartidos y una relación singular con la política.

Para intentar comprender el significado de esa movilización, Infobae consultó al sociólogo y antropólogo Pablo Semán, al ex secretario de Cultura Pablo Avelluto, al historiador Roy Hora y al filósofo Alejandro Rozitchner. Aunque desde perspectivas diferentes, los cuatro coincidieron en un punto: la despedida del Indio excedió ampliamente al rock y también a las categorías tradicionales de la política argentina. La discusión pasó por entender qué expresó esa multitud y qué reveló sobre una sociedad atravesada por cambios culturales, crisis de representación y nuevas formas de identificación colectiva.

Qué observó Pablo Semán en el velatorio

Pablo Semán estuvo durante las primeras horas del velatorio. Recorrió el predio como un seguidor más, pero también como uno de los investigadores que mejor estudió las transformaciones culturales y políticas de la Argentina reciente. Su primera conclusión cuestionó varias de las interpretaciones que circularon desde que se conoció la muerte de Solari.

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“Era una multitud herida y al mismo tiempo inteligente en su reacción”, explicó. Lo que observó no coincidió con las lecturas que intentaron interpretar el fenómeno como una demostración partidaria o como una movilización política convencional.

“Había gente procesando el duelo”, sostuvo. “En cada pogo que se armaba no estaba la intensidad de un recital. Era una cosa más autoconsciente, más mesurada, porque se estaban enfrentando a una cosa que el sentido común respeta muchísimo, que es la muerte”.

La observación pareció menor, pero resultó central para entender lo que ocurrió en Avellaneda. Muchos vieron una multitud. Semán vio una comunidad atravesando una experiencia colectiva de duelo.

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El último adiós a la leyenda de la música nacional se extenderá

“Si alguien está esperando concluir de esto que acá hay un partido político en formación, una rebelión o un 2001, eso es totalmente extrínseco a esta realidad”, afirmó.

La definición obligó a ir un paso más allá. Si aquello no era una marcha política, ni un acto partidario, ni un recital, entonces ¿qué era?

La respuesta apareció en otra idea que atravesó todo su análisis. “Los Redondos y el Indio formaron una comunidad de sentido”, resumió.

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La expresión ayuda a comprender por qué la despedida convocó a personas tan distintas entre sí. Porque lo que se reunió alrededor del féretro de Solari no fue una organización: fue una comunidad construida durante más de cuatro décadas alrededor de una poética, una ética y una forma de interpretar el mundo.

“Muchas veces se acentúa el lado de la misa ricotera, la colectividad. Eso es verdad. Pero también mucha gente se sintió contenida, escuchada y autodescubierta a partir de la propia poética del Indio”, explicó.

La lectura de Pablo Avelluto: policlasismo y una ética compartida

La misma intuición apareció en el análisis de Pablo Avelluto. “Creo que el Indio Solari y Los Redondos fueron mucho más que una banda de rock. Fueron una militancia o un punto de encuentro cultural multiclases sociales”, señaló el ex secretario de Cultura.

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La definición resultó significativa porque apuntó a uno de los rasgos más llamativos del fenómeno: su carácter policlasista.

Para Avelluto,

En una Argentina crecientemente fragmentada por ingresos, consumos, identidades políticas y experiencias sociales, el universo ricotero conservó una capacidad de convocatoria excepcional.

“Había pluralidad social. No hay tantos eventos policlasistas en la Argentina contemporánea. Este es uno de ellos”, observó Semán. A esa diversidad social se sumó una diversidad generacional igualmente extraordinaria.

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El Indio consiguió algo que muy pocas figuras de la cultura popular lograron en las últimas décadas. Se convirtió simultáneamente en referencia para quienes descubrieron a Los Redondos en los años ochenta, para quienes los siguieron durante la explosión masiva de los noventa y para jóvenes que nacieron mucho después de la separación de la banda.

Abuelos, hijos y nietos compartieron durante años un mismo repertorio simbólico. Para Avelluto, allí residió parte de la explicación de la conmoción actual.

“Fue la banda de sonido de la vida de mucha gente. Son las canciones con las que la gente se enamoró, se divorció o educó a sus hijos”, explicó.

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Pero el fenómeno no se explicó solamente por la nostalgia. Avelluto sostuvo que Los Redondos construyeron algo parecido a una ética compartida. “Evidentemente tiene que ver ese movimiento con una actitud ética, de resistencia ante el sistema”, señaló.

Y agregó una observación que ayuda a comprender por qué la despedida conmovió incluso a personas que nunca fueron seguidores del músico.

“Hay dolor en el medio, y ese dolor es muy genuino. Si no, no habría un millón de personas bajo la lluvia esperando para saludarlo y despedirse”.

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Más allá de la música, la multitud pareció reunida alrededor de una experiencia común: una experiencia construida durante décadas y capaz de sobrevivir a la separación de Los Redondos, al retiro progresivo de Solari y a los cambios culturales y políticos que atravesó el país.

Identidad cultural e identidad electoral: una relación no automática

La pregunta inevitable fue si detrás de esa comunidad cultural existió también una identidad política. Y allí aparecieron las mayores complejidades.

La dimensión emocional del fenómeno ayuda a comprender la magnitud del duelo. Pero no alcanzó para explicar por qué la muerte del Indio se transformó también en un hecho político.

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El velorio del Indio se extendió durante toda la madrugada del lunes

Porque Solari nunca fue una figura políticamente neutra. Durante años se definió como peronista. Mantuvo una identificación pública con Cristina Kirchner. La visitó, la defendió y cuestionó tanto a Mauricio Macri como a Javier Milei. En los últimos años, además, sus intervenciones públicas quedaron asociadas al universo político y cultural del progresismo argentino.

Sin embargo, la multitud que se reunió para despedirlo pareció mucho más amplia que el kirchnerismo y probablemente también más amplia que el propio peronismo.

Allí, apareció una de las paradojas más interesantes que dejó el fenómeno. Semán rechazó la idea de una traducción automática entre identidad cultural e identidad electoral.

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“Hay que resistir un modo de la sociología que supone que están sistemáticamente asociadas la comida, el voto o la música”, explicó. “La verdad es que en Argentina esas experiencias están distribuidas en campos tan distantes y son tan diferentes que el gusto musical o la pertenencia a una comunidad de sentido no habla mucho del voto”.

La observación apuntó directamente a una de las tentaciones que aparecieron desde el viernes: interpretar el velatorio como una demostración política contra Milei o como una expresión masiva del kirchnerismo.

Para Semán, la realidad fue más compleja. “Probablemente uno podría decir que la mayoría de los que están ahí votan en contra de los libertarios. Pero en este momento la mayor parte de la sociedad argentina vota contra los libertarios”, sostuvo.

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Y fue todavía más lejos. “Algunos de los que están ahí habrán votado a Milei y otros lo van a volver a votar”, afirmó.

Solari nunca fue una figura políticamente neutra

La afirmación pudo resultar incómoda para quienes intentaron leer el fenómeno en clave binaria. Pero ayudó a explicar por qué la despedida del Indio generó tantas dificultades de interpretación.

La comunidad que se reunió en Avellaneda compartió símbolos, referencias y emociones. No necesariamente compartió una conducta electoral uniforme. “La gente resiste que le digan: ‘Vos porque sos del Indio sos kirchnerista’”, explicó Semán.

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La observación adquirió relevancia por el momento político en que ocurrió la muerte del músico. Cristina Kirchner, la dirigente con la que Solari decidió identificarse durante los últimos años, ya no pudo competir electoralmente. El peronismo atravesó una discusión abierta sobre su liderazgo futuro. Gobernadores, intendentes, sindicalistas y dirigentes de La Cámpora buscaron reordenar un espacio que durante dos décadas giró alrededor de una figura dominante.

Al mismo tiempo, el progresismo argentino pareció haber perdido centralidad en la discusión pública.

Las ideas, valores y causas con las que el Indio se identificó durante buena parte de sus últimos años sobrevivieron en distintos sectores de la sociedad, pero ya no ocuparon el centro de la escena política.

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Ese lugar hoy perteneció a Javier Milei. Y esa fue otra de las razones por las cuales el fenómeno resultó interesante.

Porque la multitud que se reunió para despedir al Indio pareció expresar una sensibilidad cultural que siguió existiendo, pero cuya traducción política apareció cada vez más difusa.

Crisis de representación y reacción del Gobierno

Esa misma idea apareció, desde otra perspectiva, en el análisis de Pablo Avelluto. Para el ex secretario de Cultura, la despedida masiva dejó al descubierto una crisis de representación que atravesó a buena parte de la oposición. “Hay un electorado vacante de representación”, sostuvo.

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La definición excedió al kirchnerismo y también al peronismo. Describió, según Avelluto, a una porción de la sociedad que no encontró en Javier Milei una representación de sus valores, pero que tampoco encontró una alternativa capaz de entusiasmarla.

“Hay gente que dice: ‘Esto no me gusta, pero no encuentro entre la oferta nada que me entusiasme o nada que me represente’”, explicó. La reflexión conectó con una de las preguntas centrales de esta historia.

Si una comunidad cultural capaz de movilizar a cientos de miles de personas siguió existiendo, ¿por qué ninguna fuerza política logró convocarla con la misma intensidad?

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Para Avelluto, el fenómeno dialogó con otras movilizaciones de los últimos años. Las marchas universitarias, las convocatorias posteriores al discurso de Milei en Davos o las movilizaciones vinculadas a distintas causas sociales mostraron algo parecido: ciudadanos que participaron sin sentirse necesariamente representados por estructuras partidarias tradicionales.

“Cada vez hay más gente que uno ve en esas movilizaciones que no está encuadrada en una organización, un sindicato o un partido político”, observó.

La despedida masiva dejó al descubierto una crisis de representación que atravesó a buena parte de la oposición

Por eso consideró que reducir el velatorio del Indio a una disputa partidaria implicó perder de vista lo esencial.

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“Reducir esto a un fenómeno partidario es no ver la dimensión que tiene. Ningún fenómeno partidario en la Argentina convoca a un millón de personas hoy. Ni del oficialismo ni de la oposición”, afirmó. La frase resumió buena parte del problema.

El dato político más relevante quizás no fue que muchos de los asistentes compartieran determinadas posiciones ideológicas.El dato fue que la convocatoria existió. Que una figura cultural retirada desde hacía años logró movilizar una energía social que ningún dirigente político pareció capaz de generar.

Esa constatación interpeló a todo el sistema político. Interpeló al oficialismo, porque reveló la existencia de sensibilidades culturales que muchas veces observó exclusivamente desde la lógica de la confrontación ideológica.

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Interpeló al peronismo, porque mostró que una parte del universo simbólico con el que dialogó durante años siguió vivo mientras sus dirigentes discutieron liderazgos, estrategias y candidaturas.

E interpeló también al progresismo, que observó cómo muchas de las banderas culturales con las que se identificó durante décadas sobrevivieron en amplios sectores sociales mientras perdió capacidad para convertirlas en una propuesta política competitiva.

La reacción del Gobierno frente a la muerte de Solari terminó convirtiéndose también en parte de esa discusión.

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Para Semán, la Casa Rosada quedó atrapada en una lectura excesivamente ideológica del fenómeno.

“Si hay media Argentina llorándolo, no te ausentás de ese sentimiento”, resumió. El sociólogo consideró que la decisión de mantener distancia frente al velatorio terminó siendo contraproducente.

“Es más fácil generar antagonismo contradiciendo la sensibilidad de la gente”, explicó. Roy Hora coincidió en que la actitud oficial reveló una dificultad para comprender la magnitud cultural del acontecimiento.

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“La enorme cantidad de gente que se movilizó habla de que Solari tocó una fibra muy profunda, que ahora le vuelve como amor y afecto en la despedida final”, sostuvo.

Para el historiador, el problema excedió la coyuntura. “La renuencia del gobierno nacional a organizar el funeral habla de cuán pobre y oscura es su visión de la cultura. Parece que sólo los que son de su bando merecen reconocimiento”, afirmó.

Y agregó una reflexión que apuntó al papel institucional del Estado. “El Estado simboliza la unidad de la nación y, por razones miserables, faltó al homenaje que todo ídolo popular merece en el momento del saludo final”.

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La crítica de Hora coincidió parcialmente con la de Semán, aunque desde perspectivas distintas. Ambos observaron una desconexión entre la reacción oficial y la magnitud emocional del fenómeno.

Sin embargo, la nota también admitió un contrapunto. Alejandro Rozitchner, filósofo cercano al oficialismo y distante tanto de la obra como de las posiciones políticas de Solari, ofreció una mirada diferente.

El velorio transcurre de forma pacífica

“A mí no me gustaba el Indio. Nunca me tocó su arte. Creo que hay muchas obras más importantes dentro del rock nacional”, admitió.

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Pero rechazó la lógica de trincheras que dominó parte del debate público.

“Tampoco me molesta que haya mucha gente emocionada por su muerte”, señaló. Y concluyó con una frase que funcionó como advertencia frente a cualquier intento de apropiación política del fenómeno.

“Es absurdo que nos peleemos por música”. La observación resultó significativa porque recordó algo que atravesó todos los testimonios.

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La multitud que siguió llegando a Avellaneda probablemente no constituyó una fuerza política organizada. Tampoco una nueva mayoría electoral ni una alternativa de poder en gestación. Pero dejó al descubierto algo que la dirigencia observó con dificultad.

La existencia de una comunidad cultural gigantesca, atravesada por el dolor, la memoria compartida, la crítica a la autoridad y la búsqueda de pertenencia.

Una comunidad que sobrevivió a la desaparición de Los Redondos, al retiro de Solari y a los cambios políticos de las últimas décadas.

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Y que, durante unas horas, volvió a hacerse visible frente a un sistema político que muchas veces pareció incapaz de comprenderla.

La muerte del Indio no modificó el predominio político de Javier Milei ni resolvió los interrogantes que atravesaron al peronismo y a la oposición. Pero expuso una paradoja que recorrió la Argentina de 2026: mientras la representación política atravesó una crisis evidente, todavía existieron comunidades culturales capaces de movilizar emociones, identidades y pertenencias a una escala que ningún partido logró alcanzar.

Ese pudo ser el mensaje más profundo que dejó la multitud que se reunió para despedirlo: no una consigna electoral ni una candidatura, sino algo más difícil de descifrar y, por eso mismo, más relevante: la persistencia de una Argentina cultural, emocional y simbólica que siguió viva, incluso cuando la política pareció no saber bien qué hacer con ella.

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POLITICA

El bioeticista argentino Fishel Szlajen presentó en Lima un modelo de gobernanza de la IA para la libertad religiosa

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El Simposio Internacional de Libertad Religiosa, celebrado en Lima el 4 y 5 de agosto bajo el lema “Construyendo Puentes para Fortalecer y Promover la Libertad de Religión y de Creencias”, reunió a magistrados, legisladores, funcionarios, diplomáticos, académicos y líderes religiosos para debatir la autonomía de las comunidades de fe, la cooperación con el Estado, la no discriminación, la paz, las políticas públicas y el impacto tecnológico sobre la dignidad humana.

Entre otras personalidades estuvieron Gary Doxey, director del ICLRS; Francielli Gusso, Comisión de Derecho y Libertad Religiosa, Brasil; Paulina Gálvez, Centro Derecho y Religión, Chile; Natalia Sosa, defensora del Pueblo, Paraguay; la senadora colombiana Lorena Ríos; Jorge Arenas, Tribunal Supremo del Perú; Omar Gaibur, FIDELA; Pedro Chávez, Tribunal Constitucional de Perú; Hugo de la Fuente, Ministerio de Energía de Bolivia; Iñigo Crespo, magistrado de Ecuador; Franco Fiumara, juez de Argentina; David Frol, presidente del CALIR; Pilar Bosca, directora general de cultos del GCABA; Juan Pablo Villar, presidente del Área Sudamérica de la Iglesia de Jesucristo; y Mons. Salvador Piñeiro, presidente del Consejo Interreligioso del Perú.

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Uno de los núcleos más innovadores fue la sesión plenaria “Fe y Dignidad en la era de la IA”. Allí, el rabino, filósofo y bioeticista argentino Fishel Szlajen, miembro titular de la Pontificia Academia para la Vida del Vaticano y de la Comisión Nacional de Bioética de Argentina, presentó un instrumento que desplaza el debate desde la mera protección de los datos hacia la protección de la conciencia.

Los sistemas algorítmicos, explicó, ya no sólo procesan información entregada voluntariamente: pueden reconstruir creencias religiosas, convicciones morales y pertenencias comunitarias a partir de lugares frecuentados, consumos, festividades, lecturas, vínculos u horarios de desconexión. El problema no es sólo evitar una discriminación posterior, sino impedir que la interioridad humana sea objeto de inferencia, clasificación, predicción y manipulación.

Frente a los enfoques limitados a principios generales, Szlajen presentó la Evaluación de Impacto Algorítmico sobre Conciencia y Religión, una herramienta institucional para detectar riesgos desde el diseño, la adquisición o la contratación de un sistema, antes de que se produzca el daño.

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Disertantes internacionales en el Simposio Internacional de Libertad Religiosa, Lima, Perú

La propuesta integra derechos humanos, bioética, gobernanza tecnológica y conocimiento interno de las tradiciones religiosas. Examina cómo funciona un sistema, qué finalidad persigue, qué categorías utiliza, qué identidades atribuye y cómo afecta la autonomía personal y comunitaria.

Consultado por Infobae sobre la diferencia con los marcos regulatorios centrados en la privacidad, Szlajen explicó:

La privacidad protege información, pero la libertad de conciencia protege a la persona como autora de sus propias convicciones. Un sistema puede inferir aquello que alguien nunca declaró, atribuirle una identidad religiosa y utilizarla para decidir qué información recibirá, qué oportunidades se le ofrecerán o qué mensajes se diseñarán para influir sobre él. Una inferencia puede ser estadísticamente correcta y, aun así, resultar moral y jurídicamente ilegítima”.

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La metodología se articula sobre cinco principios: el derecho a no ser utilizado como objeto de predicción o control; la indisponibilidad algorítmica de la conciencia; la protección reforzada de la libertad religiosa; la distinción entre autonomía operativa y moral; y la responsabilidad humana indelegable.

Rabino Dr. Fishel Szlajen en el Simposio Internacional de Libertad Religiosa, Lima, Perú

Estos principios se traducen en obligaciones verificables: prohibir inferencias religiosas injustificadas; permitir impugnar identidades atribuidas por algoritmos; detectar variables neutrales que encubran pertenencias confesionales; exigir auditorías independientes y reparación; y conservar una autoridad humana capaz de explicar, revisar, detener y corregir los efectos del sistema.

La herramienta permite elaborar mapas de riesgo, revisar sistemas antes de implementarlos, establecer indicadores, capacitar equipos, diseñar auditorías y formular recomendaciones regulatorias. Puede aplicarse a selección de personal, beneficios, admisión universitaria, seguridad, salud, educación, comunicación política, perfilamiento de usuarios y contratación pública.

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No se trata de añadir una reflexión ética cuando la tecnología ya fue desarrollada, sino de convertir los derechos fundamentales en criterios operativos para su diseño, regulación, adquisición y supervisión.

Sobre las instituciones que deberían incorporarla, Szlajen respondió:

“El instrumento resulta aplicable a toda organización que diseñe, contrate, regule o utilice inteligencia artificial para adoptar decisiones relevantes: parlamentos, organismos públicos, universidades, empresas, instituciones sanitarias y comunidades religiosas. La ética no puede agregarse al final como una certificación decorativa; debe intervenir desde la propia arquitectura, definición del problema y de la finalidad tecnológica”.

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Su exposición introdujo además una distinción decisiva entre información y autoridad: que un sistema produzca una respuesta no lo legitima para decidir, clasificar o determinar qué es valioso para una persona o comunidad.

La inteligencia artificial puede procesar textos religiosos con aparente solvencia, pero carece de conciencia, pertenencia comunitaria y responsabilidad moral. Puede asistir a quien interpreta, no sustituir a la comunidad, la conciencia ni la autoridad legítima.

La distinción excede lo religioso: las decisiones algorítmicas afectan concepciones de la persona, criterios de justicia, libertades y relaciones de poder. Su gobernanza debe integrar tecnología, ética, bioética, derecho, religión, derechos humanos y políticas públicas.

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La cuestión central, hoy, concluyó Szlajen, ya no es sólo cómo proteger nuestros datos, sino cómo preservar la libertad interior frente a tecnologías capaces de anticipar decisiones, atribuir identidades e intervenir en nuestras conciencias.

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Valle Hermoso: el pueblo que fue vendido por completo y se convirtió en un antecedente histórico de la Ley de Tierras

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Un pueblo argentino fue vendido junto con sus tierras, casas, escuela, capilla, puesto sanitario y fuentes de agua. Valle Hermoso, en la provincia de La Rioja, formó parte de una operación inmobiliaria que involucró a un inversor estadounidense, quien en 2008 adquirió 200.000 hectáreas que incluían la totalidad de la comunidad y los recursos de la zona. El caso quedó como un antecedente clave para comprender el origen de la Ley de Tierras sancionada en 2011.

La operación de venta incluyó el traspaso formal de la titularidad registral de las tierras, que contenían no solo campos y montañas sino también viviendas y servicios esenciales para los pobladores. La falta de leyes que protegieran a las comunidades permitió que la totalidad de Valle Hermoso quedara en manos de un comprador extranjero, sin que mediara ningún control estatal específico para evitar la privatización de un pueblo completo.

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La venta y el impacto legislativo

Hasta ese momento, la legislación argentina no contemplaba restricciones efectivas para la compra masiva de tierras rurales por parte de extranjeros, ni establecía salvaguardas ante la posible venta de comunidades consolidadas o recursos estratégicos como el agua.

La venta de Valle Hermoso expuso un vacío legal porque la legislación argentina no tenía restricciones efectivas para la compra masiva de tierras rurales por extranjeros (El Federal)

La transacción puso en evidencia la facilidad con la que grandes extensiones de territorio podían transferirse a intereses foráneos sin una intervención estatal que protegiera a los habitantes y los bienes comunes.

El caso de Valle Hermoso se transformó en un símbolo que impulsó la sanción de la Ley 26.737 en 2011. La normativa estableció un límite del 15% a la propiedad extranjera sobre tierras rurales, fijó topes máximos por cada titular y prohibió la venta de terrenos con cuerpos de agua permanentes. La ley buscó frenar nuevas maniobras que pudieran afectar a otras comunidades rurales y proteger tanto a los habitantes como a los recursos naturales.

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La recuperación de la tierra por la comunidad

Tras la venta, la comunidad de Valle Hermoso inició una extensa batalla judicial para recuperar la posesión de sus tierras. Los pobladores reclamaron que nunca habían perdido la ocupación real ni el derecho a habitar, trabajar y vivir en el lugar. La justicia provincial de La Rioja intervino y, luego de varios años de litigio, reconoció la posesión a quienes habitaban el pueblo.

La resolución judicial determinó que, aunque la escritura de la transacción formalizó la venta y cedió la titularidad registral a un extranjero, los derechos de los pobladores estaban amparados por la legislación vigente y el Código Civil.

El proceso terminó con el reconocimiento judicial de la posesión efectiva para los habitantes de Valle Hermoso. El comprador extranjero no avanzó con reclamos formales ni logró tomar posesión del predio, y la comunidad mantuvo su derecho a permanecer en el territorio.

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Situación actual y contexto de la reforma legislativa

Hoy, Valle Hermoso permanece como parte de Argentina, bajo control de sus habitantes y de la provincia de La Rioja. El caso se utiliza como antecedente central en el debate sobre la regulación de la propiedad de la tierra rural y la extranjerización de recursos estratégicos. La experiencia motivó la aprobación de la Ley de Tierras y sirve de ejemplo para advertir sobre los riesgos de la falta de controles estatales en la compraventa de grandes extensiones de territorio.

El debate parlamentario sobre la Ley de Tierras reactivó el caso de Valle Hermoso como referencia para discutir los riesgos de la extranjerización de la tierra y la necesidad de mantener regulaciones que resguarden la soberanía territorial y los derechos de las comunidades locales.

Valle Hermoso sigue bajo soberanía argentina y su historia se mantiene como referencia cada vez que el Congreso discute los límites a la propiedad extranjera en el país.

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valle hermoso, la rioja

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El mapa de cortes por la marcha de San Cayetano hacia Plaza de Mayo, encabezada por movimientos sociales y sindicatos

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La marcha parte desde la iglesia de San cayetano en el barrio porteño de Liniers y termina en Plaza de Mayo (Foto: NA DANIEL 
VIDES)

La Unión Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), la CGT y las dos centrales de trabajadores —CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma— encabezan hoy una nueva marcha de San Cayetano desde el barrio porteño de Liniers hasta Plaza de Mayo, a diez años de la primera peregrinación que reunió a casi 300 mil personas bajo las consignas históricas de Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo: la misma fórmula que el papa Francisco definió como “derechos sagrados” y colocó en el centro de la agenda de los movimientos populares a nivel mundial.

La jornada comenzará a las 8 de la mañana en la intersección de las avenidas Cuzco y Rivadavia, frente a la Basílica de San Cayetano, donde el arzobispo Jorge García Cuerva realizará la tradicional bendición de herramientas de trabajo. Desde allí, la columna principal encabezada por la UTEP y las organizaciones sociales avanzará en caravana por la Avenida Rivadavia hacia el centro porteño, con una primera parada en la Parroquia de Francisco, en Flores. A las 11, a la altura del Congres o de la Nación, se sumarán al contingente las columnas de Territorios en Lucha y el Bloque Piquetero, que marcharán junto a la UTEP por la Avenida de Mayo hacia la meta final.

Desde las 12, sobre Plaza de Mayo y la Avenida de Mayo, se realizará un “verdurazo masivo” con una feria de producción agraria y cooperativa, a través de la cual se entregarán 1.000 kilos de verdura de estación y 500 litros de leche, y se inaugurará una muestra fotográfica que repasa la historia de la movilización desde 2016.

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La CGT se sumará al acto desde las 12, con sus columnas por la Diagonal Sur; la CTA y la CTA Autónoma llegarán por Rivadavia y la Diagonal Norte, mientras que la UTEP y las organizaciones desembocarán por la propia Avenida de Mayo. El acto central está fijado para las 13, con la lectura de un documento unitario desde el escenario montado frente a la Casa Rosada.

La consigna que une a todos los convocantes tiene origen en Roma. Fue en octubre de 2014, en el Primer Encuentro Mundial de Movimientos Populares, cuando el papa Francisco acuñó el concepto de las “Tres T”, como bandera global y las elevó a la categoría de derechos inalienables. Diez años después, en septiembre de 2024, el Papa volvió a reafirmar esa convicción ante los mismos movimientos. “Aquel día, en Roma, plantamos una bandera: Tierra, techo y trabajo. Tierra, techo y trabajo son derechos sagrados. Que nadie les quite esa convicción a ustedes, que nadie les robe esa esperanza, que nadie apague los sueños”, expresó.

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El vínculo entre Francisco y el santuario de Liniers es anterior a su pontificado. Ya como arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio presidía cada 7 de agosto la misa de las 11 frente a la imagen del patrono del pan y del trabajo. Tras asumir como Papa, envió en 2013 un videomensaje que se transmitió en pantallas gigantes frente a la basílica desde la medianoche. Y en 2016, en la víspera de la primera marcha de “Los Cayetanos”, remitió una carta al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, que fue leída ante la multitud en Plaza de Mayo: “Cuando pedimos trabajo estamos pidiendo poder sentir dignidad; y en esta celebración de San Cayetano pedimos esa dignidad que nos confiere el trabajo; poder llevar el pan a casa. Trabajo, esa T —que junto con las otras dos T: Techo y Tierra— está en el entramado básico de los Derechos Humanos”.

El papa Francisco impulsor de la ley de las

Los reclamos de esta edición se concentran en la eliminación del Salario Social Complementario y el cierre del programa Volver al Trabajo, que desde este mes deja sin su único ingreso fijo a más de 900 mil trabajadores de la economía popular.

La secretaria general adjunta de la UTEP, Dina Sánchez, fue directa al decir: “Eliminaron el Salario Social Complementario. Desde este mes de agosto, más de 900 mil trabajadores dejan de cobrar su único ingreso fijo: una ofensiva cruel contra quienes nos organizamos”.

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A eso se suman, el corte de alimentos a los comedores comunitarios, la parálisis en la urbanización de barrios populares y el avance de reformas que afectan derechos laborales formales.

Silvia Saravia, dirigente nacional de Libres del Sur, alertó que “casi 8 de cada 10 familias están salteando comidas” y que “lo que hay de fondo es un problema de modelo de país”. La secretaria gremial de la UTEP, Johana Duarte, sintetizó las demandas históricas del sector: “Marchamos para que a ninguna familia le falte su vivienda, su techo. Marchamos por ningún campesino sin tierra para producir, porque queremos la tierra en manos de quienes la trabajan y no en manos extranjerizadas”.

La marcha de San Cayetano comienza con la bendión de las herramientas

El secretario general de la UTEP, Alejandro “Peluca” Gramajo, trazó el hilo entre aquella primera convocatoria y la de hoy: “Hace 10 años comenzó a visibilizarse la Argentina profunda, miles de trabajadores que se inventan su propio trabajo ante el descarte del sistema, pero que reclaman reconocimiento y derechos. Aquel 2016 logramos instituir el Salario Social Complementario, que hoy este Gobierno le está queriendo arrebatar a la economía popular. Por eso seguimos caminando”.

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Aquella primera marcha de “Los Cayetanos”, organizada entre otros por la entonces CTEP —fundada por Juan Grabois—, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) de Juan Carlos Alderete y el Movimiento Evita de Emilio Pérsico, fue el puntapié de un proceso que derivó meses después en la sanción de la Ley de Emergencia Social (Ley 27.345). Esa normativa instituyó el Salario Social Complementario como instrumento de ingreso para los trabajadores de la economía popular, el mismo derecho que hoy el gobierno de Javier Milei busca desmantelar.

Uno de los primeros organizadores de aquella jornada, Esteban “Gringo” Castro, actual referente del Movimiento Misioneros de Francisco, repasó los orígenes más remotos de la tradición: “El primer 7 de agosto sintetizó fe y lucha. En tiempos maravillosos, de nuestro amado papa Francisco, nuestro papa argentino, que tanto nos bancó predicando las Tres T”.

Paz, pan y trabajo, el pedido mayoritario a San Cayetano (Jaime Olivos)

La secretaria general adjunta Norma Morales remarcó el carácter colectivo de la construcción: “Aprendimos que ningún derecho se conquista en soledad, sino con la organización popular de las cooperativas, los espacios de cuidado, las promotoras, vendedores ambulantes, cartoneros, las mujeres y quienes sostenemos la vida todos los días”.

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La siguiente acción conjunta de la CGT, las CTA y los movimientos sociales está prevista para la semana del 20 de agosto, con una movilización al Ministerio de Economía por la situación de siete millones de personas que dejaron de ser sujetas de crédito. El calendario sindical continúa el 2 de septiembre con una marcha en el Día de la Industria, y entre el 4 y el 6 de septiembre con la Semana Social.

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