POLITICA
Diego Santilli, un dirigente multifacético que pasó del PJ al macrismo y ascendió rápido con los Milei

Fanático del fútbol y del club de sus amores, River Plate, y apasionado del automovilismo, Diego Santilli es, sobre todo, un hombre de la “rosca política” o, en términos del presidente Javier Milei, un exponente de la “casta”. Tal vez por ello los libertarios lo habían relegado al tercer lugar de la lista violeta, un ninguneo que masculló en silencio. Pero, como él suele decir –ahora con más énfasis-, la política suele dar revancha, a veces de manera inesperada.
Ahora, después de un intenso paso como ministro del Interior, cargo al que accedió en noviembre del año pasado, Santilli suma un nuevo desafío al lado de Milei: reemplazar a Adorni, que se va en medio de sospechas por enriquecimiento ilícito y habiendo admitido que es un evasor.
La Jefatura de Gabinete se proyecta como un desafío en su objetivo de ser candidato a gobernador de Buenos Aires en 2027. En esa carrera, compite con Sebastián Pareja, el diputado libertario de confianza de Karina Milei que ofició de armador de La Libertad Avanza en la provincia.
Santilli logró entablar un vínculo estrecho con la hermana del Presidente, la funcionaria más influyente del Gobierno, y su mano derecha, Eduardo “Lule” Menem. Su afinidad con Karina Milei fue un factor determinante en su ascenso en la estructura libertaria. Finalmente, Milei se inclinó hoy por él como sucesor de Adorni, pese a que barajó como eventuales opciones al canciller Pablo Quirno y a la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello.
Tras ofrendar a Milei la victoria bonaerense en las últimas elecciones nacionales, Santilli ganó terreno en el mundillo de LLA. En noviembre pasado, antes de que volviera a asumir como diputado, el Presidente lo ungió como ministro de Interior, en reemplazo de Lisandro Catalán, caído en desgracia tras el portazo de Guillermo Francos. Asumió la interlocución con los gobernadores y sus legisladores con la mira puesta en construir consensos, y con la pérdida de influencia de Manuel Adorni absorbió tareas correspondientes al jefe de Gabinete. Por ejemplo, intervino en la negociación presupuestaria y política con los rectores universitarios para sellar un acuerdo ante la pulseada judicial por la ley de financiamiento.
El reemplazo de Espert
Santilli asumió el año pasado el papel principal en la campaña bonaerense después de la espiralización de las denuncias contra José Luis Espert. Fiel a sus genes peronistas, Santilli alecciona que hay que dar rápidamente vuelta la página. Y así lo hizo: se subió a la campaña y terminó inesperadamente como la cara del triunfo de La Libertad Avanza.
Santilli ingresó en las grandes ligas de la política de muy joven de la mano de su padre Hugo Santilli, por entonces presidente del Club Atlético River Plate. Santilli padre pertenecía al por entonces reducido lote de dirigentes del PJ porteño que respaldaba la candidatura presidencial de Carlos Menem; de hecho, le prestó las instalaciones del estadio riverplatense para el cierre de su campaña. En recompensa por su generosidad, Menem lo designó presidente del Banco Nación y el “Colo”, flamante contador público recibido en la Universidad de Buenos Aires, recaló a mediados de los 90 en la Dirección de Migraciones, a cargo de Hugo Franco.
“Ahí aprendió todo sobre política. Lo bueno y lo malo”, rememoran quienes lo conocen de esa época.
Ya por entonces había regresado de Washington, donde había cursado una especialización en finanzas, y militaba en la Juventud Peronista con quien aún es su compañero de ruta en la política: Cristian Ritondo. Ambos tenían como padrino a Miguel Ángel Toma, por entonces diputado nacional y luego secretario de Seguridad Interior de la gestión menemista.
“Desde aquel momento comenzamos a caminar juntos”, recuerda Ritondo. Eran los tiempos dorados del menemismo. Fue entonces cuando conoció a su primera mujer, la periodista Nancy Pazos, quien apuntaló su carrera política; con ella tuvo tres hijos, Teo, Nicky y Tonio.
Sobre el final del gobierno de Menem, Santilli migró a las filas de Ramón “Palito” Ortega, quien había dejado la gobernación de Tucumán para dar la batalla presidencial en 1999 con el auspicio de Menem. Fue entonces cuando el “Colo” conoció a Horacio Rodríguez Larreta, quien militaba con Palito y por entonces dirigía el Grupo Sophia, un centro de pensamiento de políticas públicas.
Si bien la carrera política de Ortega se frustró con el triunfo de la Alianza, ambos –Santilli y Larreta- se reencontrarían luego en la conducción del Instituto de Previsión Social de Buenos Aires, ambos nombrados por el entonces gobernador Carlos Ruckauf. Santilli desembarcó allí de la mano de Gustavo Beliz, hombre de confianza del ahora expresidente Alberto Fernández.
Santilli y Fernández integraron la lista que llevó en 2000 como candidato a jefe de gobierno porteño al exministro de Economía Domingo Cavallo y como vice a Gustavo Beliz. Alberto Fernández era el número 11 y Santilli, el 26.
Eran tiempos difíciles. A fines de 2001, De la Rúa convocó a Cavallo como ministro de Economía, pero la crisis hizo estallar su gobierno y Eduardo Duhalde asumió como presidente interino. En 2003, la dupla Ritondo y Santilli acompañó a Daniel Scioli como candidato a jefe de gobierno porteño, pero el ascendente Néstor Kirchner, a instancias de Duhalde, los dejó huérfanos al designar al exmotonauta como su compañero de fórmula presidencial.
La claudicación de Scioli sumió al PJ porteño en una crisis. Un sector fue cooptado por Kirchner, impulsor de Aníbal Ibarra como jefe de gobierno de la ciudad, mientras que otro sector rumbeará hacia un nuevo espacio que asomaba en el horizonte porteño: Compromiso por el Cambio.
De la mano de Juan Pablo Schiavi, Ritondo y Santilli ingresaron a este nuevo espacio y si bien la fórmula Macri-Rodríguez Larreta perdió frente a Ibarra, apostaron por darle continuidad y musculatura política. No les fue para nada mal: en 2007 llegó el triunfo en la ciudad y Santilli ocuparía una seguidilla de cargos: fue vicepresidente primero de la Legislatura y luego ministro de Ambiente y Espacio Público. Luego dará el salto al Congreso como senador nacional hasta que en 2015 llegó al pináculo de su carrera como vicejefe porteño junto a Larreta.
Decidido a no tener un papel decorativo, tres años después Santilli aceptó encabezar el ministerio más desafiante del gabinete: Seguridad y Justicia. Intuyó que ese desempeño lo catapultaría como candidato a jefe de gobierno porteño en 2019, pero no: ese año Rodríguez Larreta anunció que volverían a repetir fórmula en busca de una reelección. Fue la peor noticia para las ambiciones del “Colo”, pero aceptó.
En 2021 Larreta le impondría otro desafío: enfrentar al kirchnerismo como candidato a diputado nacional, pero por Buenos Aires. El entonces jefe de gobierno porteño se preparaba para calzarse la banda presidencial y quería a su amigo posicionado en el principal distrito del país para competir como candidato a gobernador. El “Colo” le ofrendó el triunfo y, coronados de gloria, fueron por todo en 2023. Sin embargo, el eclipse de Juntos por el Cambio los fagocitó: ambos se quedaron sin nada.
Peronista a fin de cuentas, Santilli dice que nunca está muerto quien pelea en política. De demostrada versatilidad, no le costó demasiado ofrecer sus servicios al flamante gobierno libertario, al que veía –como en su momento a Macri– carente de musculatura política.
De a poco se ganó la confianza de Karina Milei -a diferencia de Ritondo, que se acercó a Santiago Caputo, él eligió a la hermana del Presidente como interlocutora- pese al mote de “engendro” que le supo propinar alguna vez el Presidente. Después de todo, el trofeo mayor, la chance de competir por la gobernación en 2027, vale más que la fugacidad de las palabras.
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POLITICA
Cambio de nombres y estilos para sostener el modelo

No es un simple cambio de figuritas. El ascenso de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete es la coronación de un cambio radical de perfiles y de estilos en áreas sensibles y de alta exposición pública del Gobierno, que había empezado una semana antes con otras dos incorporaciones. Se impuso la necesidad de bajar tensiones, recomponer relaciones y echar lastre.
No obstante, es una transformación (por ahora, en la superficie del poder mileísta) fruto de la necesidad y no producto de la estrategia, a raíz de la larga agonía de Manuel Adorni por la saga de escándalos, mentiras y omisiones que él mismo engendró. Agravado todo por la intransigencia del Presidente y de su poderosa hermana, obligados finalmente a cambiar después de casi cuatro meses de hemorragia de poder y credibilidad en defensa de un funcionario que terminó siendo indefendible.
La aparente profundidad del resistido y demorado cambio de nombres, de antecedentes, de pertenencias y de formas tiene por objetivo inmediato sostener la gobernabilidad y el modelo y como propósito mediato llevarlo en condiciones competitivas a las cruciales elecciones presidenciales del año próximo. Un horizonte que hace cuatro meses parecía diáfano y que se volvió más que brumoso, como reconocen algunos de los principales colaboradores presidenciales.
La designación de Santilli implica que por primera vez la jefatura de ministros no sea ocupada por un mileísta originario o, más precisamente, que llene esa silla un indiscutible representante de “la casta”, al que Milei otrora atacaba con la misma ristra de descalificaciones de tipo epistemológico y ético que le dedicaba a otros rivales. No es poco.
Esa notable mutación (o concesión de fuerte contenido simbólico, como quiera verse) fue celebrada por los oficialistas sobre los que prima el sentido de la realidad por sobre el fanatismo o la sumisión y padecían la sobrevida funcional de Adorni, aunque no se atrevieran a decirlo en público y menos en reuniones grupales en presencia de los hermanos gobernantes.
En ese círculo se ubica, especialmente, la cúpula del equipo económico, que mantiene una antigua relación con Santilli, harta de responder preguntas de funcionarios de organismos multilaterales, banqueros e inversores sobre la sustentabilidad política, afectada por la sucesión de escándalos y la protección de Milei a su ahora exjefe de Gabinete. Y más hastiada aún porque entendía que los que pueden ser considerados sus logros de estos meses terminaban opacados por las insólitas e interminables andanzas del recién renunciado.
También, gobernadores y dirigentes de las fuerzas políticas que han funcionado como aliados (mal pagos) del mileísmo celebraron con prudencia y, sobre todo, en privado el ascenso del exministro del Interior, con quien han tenido infinitos intercambios de opiniones, favores y promesas no siempre cumplidas. Santilli es la antítesis de su predecesor y también de las formas y la trayectoria del Presidente. Su designación vuelve a demostrar que la necesidad y la escasez de recursos tienen cara de hereje.
El flamante jefe de Gabinete es un político de cuna (o de “casta”), de vasta experiencia tanto en la superficie como en las más hondas profundidades de la función, un negociador nato, que ejerce la simpatía con tanta naturalidad como profesionalismo. Con los propios, los ajenos, los adversarios y hasta los enemigos. Dispuesto a no pelearse con nadie y agradar a la mayor cantidad posible.
Es lo que ha venido haciendo desde que llegó al Gobierno, el 11 de noviembre pasado, para salir indemne de la feroz disputa interna entre karimenemistas y santicaputistas. Se cobijó rápido bajo el ala de la ya dominante Karina Milei, que ahora fue clave para su ascenso, pero siempre mantuvo las buenas relaciones con Santiago Caputo, aun en su fase declinante. La tabla de surf colorada ha eludido los tarascones de los tiburones de las dos especies mileístas en pugna y así llegó hasta la playa de la jefatura de Gabinete. Ahí, ahora, estará mucho más expuesto con un poder cuyo volumen es una gran incógnita.
De todas maneras, en algunos espacios, como el de sus excompañeros del Pro, donde más lo conocen, habitaban sentimientos ambiguos, que iban del reconocimiento sincero a la incertidumbre y la preocupación. A cada uno le asiste una cuota importante de argumentos para explicar la diversidad de sus emociones. Aunque primaba la satisfacción por el desplazamiento de Adorni, a quien el fundador del espacio, Mauricio Macri, había vetado sin éxito desde el mismo momento en que se enteró de su designación, hace ocho meses.
Macri le reconoce a Santilli virtudes políticas y atributos personales para ejercerla, pero siempre creyó tener motivos de desconfianza nunca aclarados. Durante su gestión el ahora ministro coordinador fue objeto de seguimiento, que desde la cúpula del gobierno macrista atribuyeron a cuentapropistas del espionaje, explicación que Santilli dio por aceptada públicamente, pero nunca digerida.
El temor a la cooptación, a que se ponga en riesgo definitivo la supervivencia del submarino amarillo están a flor de piel en el macrismo, aunque sus principales dirigentes disimulan o instalan la duda sobre el margen de maniobra que Javier y Karina Milei le darán.
Tienen tanta lógica el temor como las prevenciones y las ilusiones. La ira contra el macrismo que ha destilado el Presidente en las últimas horas por considerar que fue, junto al periodismo, un actor clave para verse obligado a desprenderse al fin de su amigo y jefe de Gabinete. El ánimo de venganza está en niveles elevados.
Del lado amarillo, sabedores de ese encono incrementado en los últimos días, ponen en dudas la profundidad del cambio que traerían los nombres y estilos. “La tendencia a la autodestrucción de los Milei ha sido tan predominante este tiempo que es difícil imaginar que vayan a cambiar. Ahora pararon la hemorragia, pero el daño está hecho, incluida a su propia autoridad y capacidad de decisión sosteniéndolo a Adorni y terminando por admitir que no lo hicieron por decisión propia, sino por presión de afuera”, dicen en la cúpula macrista.
Más allá de estas peleas y desconfianzas entre primos del espectro político, es un hecho que la designación de Santilli, aún hecha por obligación y falta de alternativas propias del mileísmo puro, expresa importantes cambios de hecho.
Otras incorporaciones
La elevación del exministro del Interior cabe verla en el contexto de las dos designaciones que precedieron a la suya y se dieron durante la semana anterior en lo que era la jurisdicción del exjefe de Gabinete caído en desgracia.
El nombramiento del economista y exdiputado Adrián Ravier como vocero presidencial y el posterior de Fabián Fernández como secretario de medios completan ahora, con la llegada de El Colo, un intento de distensión y un cambio de rumbo y vinculación del oficialismo con la política y los medios de comunicación, que Adorni no había ideado, pero al que sí había hecho aportes fundamentales para llevarlos a extremos intolerables y de altísimo costo para el Gobierno.
De un lado se privilegió el economicismo libertario de Ravier, que rápidamente hizo profesión de fe republicana y reconocimiento al rol del periodismo en un régimen democrático. Su sueño de ser gobernador de La Pampa no es ningún secreto. Del otro, se impuso la corta pero intensa y eficaz experiencia de Fernández en su relación con empresarios del ecosistema mediático y periodistas, profundizada durante su gestión como gerente del área de comunicación y prensa de YPF, empresa controlada por el Estado (o el Gobierno) a cuya pauta publicitaria no la alcanzó la motosierra.
Ambos nombramientos ya habían dado indicios de la intención de quitarle toxicidad a esas relaciones y tratar de modificar la imagen pendenciera e intolerante del Gobierno, cuyo impacto en la opinión pública se había vuelto altamente negativo.
La agresión, la altanería, la provocación y el maltrato que Adorni supo ejercer con fruición y llegaron a tener mayoritaria aceptación o tolerancia social se habían transformado en hábitos cada vez más rechazados. Si su carta de renuncia y despedida fuera solo parte de una estrategia de defensa judicial y mediática y no un ejercicio de negación, en su caída el exjefe de Gabinete debería de haber visto pasar ante sus ojos esos errores proyectados desde el subconsciente. Como esos humoristas que pasan de hacer reír a dar pena.
La comunicación es un pilar fundamental de la construcción política y del poder. Lo mismo que el diálogo, especialmente cuando las posibilidades reales de imposición de ideas y proyectos de un Gobierno encuentran límites o padece complicaciones.
La elección de Santilli, pero también la del vocero y la del secretario de Medios, operan bajo esa lógica. Como señaló un ácido comunicador político: “Santilli viene a reparar el hemisferio político, que estaba seriamente dañado por la presencia excesiva de sustancias tóxicas, y no afectar también el hemisferio económico”.
La gran duda que radica en los principales actores del sistema económico-político y también entre los oficialistas preocupados por los daños sufridos en los últimos meses es si este recambio tendrá profundidad y sustentabilidad o será un simple cambio de piel y de vestuario.
En los últimos meses, el flamante jefe de Gabinete ha venido trabajando en las entrañas del poder en pos de un cambio de formas y de relacionamiento político alimentando el sueño de Milei de convertirse en el primer no peronista en lograr la reelección presidencial. La ilusión de Santilli de ser gobernador bonaerense va de la mano.
Su gran desafío es que los caminos de ambos no terminen separándose. En la gestión libertaria el sillón de jefe de Gabinete ha sido una silla eléctrica que en dos años, seis meses y 18 días fulminó ya a tres ocupantes.
Por ahora, estamos un sensible cambio de nombres, de perfiles y de estilo, destinado a sostener el modelo y tratar de llevarlo en buena forma hasta las elecciones presidenciales. Su profundidad y eficacia son las incógnitas por despejar.
Claudio Jacquelin,Conforme a
POLITICA
Mauricio Macri siguió de cerca la designación de Diego Santilli y respaldó su nombramiento como jefe de Gabinete

La designación de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete también tuvo un capítulo reservado que involucró a Mauricio Macri. Aunque el ex presidente no participó de las conversaciones formales con el Gobierno, siguió de cerca las negociaciones que desembocaron en el desembarco del dirigente del PRO en uno de los cargos más importantes de la administración de Javier Milei.
Según pudo saber Infobae de fuentes con acceso a esas conversaciones, Macri estuvo informado desde el fin de semana sobre la evolución de las negociaciones a través de distintos emisarios que lo mantuvieron al tanto de las conversaciones entre el Gobierno y Santilli.
Ese seguimiento permanente tuvo un último episodio minutos antes de que el dirigente bonaerense ingresara a la Quinta de Olivos para reunirse con el presidente Javier Milei y con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
De acuerdo con la información reconstruida por Infobae, Macri llamó personalmente a Santilli cuando el dirigente ya se dirigía hacia la residencia presidencial. La conversación ocurrió instantes antes de que el ex vicejefe de Gobierno porteño cruzara el acceso a Olivos.
El propio Macri lo confirmó a través de su cuenta de X poco después de la confirmación del nombramiento: “Hoy hablé con @diegosantilli previo a su reunión con el presidente. Me dijo que iba a ser designado como nuevo jefe de Gabinete. Celebro esa decisión. Confío en que ayude a fortalecer el cambio, a recuperar un poco de la tranquilidad que necesita el país y a permitir que las reformas económicas avancen lo antes posible».

Santilli llegó a la residencia presidencial a las 19.20. Del otro lado lo esperaban Milei y Karina Milei para terminar de cerrar los detalles políticos de su incorporación al Gabinete nacional, luego de la renuncia presentada por Manuel Adorni.
Durante esa conversación telefónica, Macri le transmitió un mensaje de respaldo para la etapa que estaba por comenzar. Según pudo saber Infobae, le manifestó que esperaba que pudiera “ayudar a fortalecer el cambio” y también “restablecer algún orden en la Jefatura de Gabinete”, un área que quedó en el centro de la escena política tras la salida de Adorni.

Las fuentes consultadas señalaron que el ex presidente siguió con atención todo el proceso que desembocó en la designación de Santilli. Durante los últimos días recibió información permanente sobre el estado de las conversaciones y sobre las alternativas que evaluaba la Casa Rosada para cubrir una función estratégica dentro del Gobierno.
El llamado previo al ingreso a Olivos fue interpretado como un gesto político y personal hacia uno de los dirigentes con los que Macri mantiene una relación de mayor confianza dentro del PRO. Santilli integraba el círculo más cercano del ex mandatario y fue uno de los principales referentes del macrismo en la provincia de Buenos Aires.

La conversación también reflejó la expectativa de Macri respecto del papel que deberá desempeñar el nuevo jefe de Gabinete en una etapa política compleja para el oficialismo, que busca recomponer la coordinación interna del Gobierno y fortalecer su capacidad de negociación con el Congreso en momentos en que deberá afrontar debates legislativos de alta sensibilidad.
La reunión en Olivos terminó de formalizar una decisión que se había acelerado durante las horas previas y que fue monitoreada con atención tanto dentro del Gobierno como en el PRO.
El hecho de que Macri estuviera informado desde el fin de semana y que decidiera comunicarse personalmente con Santilli inmediatamente antes de la reunión definitiva con Milei constituye un dato político que muestra el seguimiento que hizo del proceso y el respaldo que eligió expresar en el momento previo a que uno de sus principales dirigentes asumiera la responsabilidad de coordinar el funcionamiento del Gabinete nacional.
Con ese llamado concluyó una secuencia que comenzó varios días antes, con contactos reservados, emisarios que mantuvieron informado al ex presidente y negociaciones que terminaron definiendo el nombramiento de Santilli. Minutos después de esa conversación telefónica, el dirigente ingresó a la Quinta de Olivos, donde el Presidente y Karina Milei terminaron de cerrar su incorporación al Gobierno.
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Patricia Bullrich: “La salida de Adorni genera una nueva respiración para el Gobierno”

La senadora Patricia Bullrich habló este domingo tras la designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete, en lugar de Manuel Adorni, y dijo que la salida del exvocero genera un “nuevo momento y respiración para el Gobierno”. “Ayuda mucho a que podamos retomar la agenda de la gente y no la que estaba segmentada en su figura”, destacó en diálogo con José Del Rio por LN+.
“Este proyecto necesita reelección para poder sentar sus raíces con mucha fuerza, que ya están. Vamos a tener un nuevo momento y esto nos va a permitir a todos trabajar mucho mejor y más concentrados”, declaró la exministra de Seguridad.
En esta línea, Bullrich afirmó que mantiene diálogo constante con Karina Milei y marcó sus diferencias respecto a la decisión de la suspensión del informe de gestión de Adorni en el Senado. “Tuvimos una situación clara la semana pasada en el Parlamento, donde era evidente que no podía llevarse adelante la situación porque podíamos tener un efecto dominó. Por los que no estaban para votar contra una moción de censura contra el jefe de Gabinete por cuestiones éticas, eso mostraba que la agenda legislativa estaba trabada”. señaló.
Además continuó: “Este tapón teníamos que solucionarlo de alguna manera. Se lo expresé a Karina y demostró mucha comprensión. Estaba convencida de que la situación que estaba sufriendo Adorni y el desenlace de una larga crisis estaba llegando a su fin”. Asimismo, la exministra advirtió que hubiese sido “difícil” continuar con los proyectos del oficialismo -como la reforma de la ley laboral o inocencia fiscal- sin un cambio en la Jefatura de Gabinete: “Todo el tiempo aparecía esa piedra”.
En cuanto a las declaraciones del presidente Javier Milei, quien explicó que Adorni dio un paso al costado tras acciones de violencia contra él y su familia, la jefa del bloque libertario en el Senado subrayó: “Yo estuve al tanto de amenazas que sufrió; imagino que en el último tiempo habrá tenido situaciones muy difíciles. Esas cosas son duras y suceden. Por eso terminó presentado su denuncia. Los funcionarios estamos acostumbrados, más con las redes sociales”.
Bullrich también dijo que el desenlace fue “triste” para Adorni pero marcó que un eventual desplazamiento tras una votación en el Congreso hubiese sido “peor” para el oficialismo: “Institucionalmente, usar la moción de censura era muy fuerte. Hubo varios intentos en distintos gobierno y nunca había sucedido. Por eso nos parecía un punto que internacionalmente iba a ser negativo e intentamos evitarlo. Iba a dar la vuelta al mundo”.
“Es muy importante cuidar la bandera del Gobierno. Si nos comparan con el kirchnerismo, uno siente que nos quieren igualar. Yo tengo una convicción clara. No es un tema personal con Adorni; con Espert hice lo mismo. Se trata del proyecto que le está cambiando la vida a los argentinos para tener un país más desarrollado y hay que cuidarlo. Por eso, cuando pasan estas cosas hay que ser sinceros”, siguió.
Acto seguido, la exministra se refirió a las declaraciones de Milei de este domingo, en las que explicó la salida de Adorni y minimizó las diferencias entre Bullrich y Adorni alegando que los liberales “no son manada”. Al respecto, indicó: “Es lo que siempre dijo, que viene a despertar leones. Ahora lo repite. Un gobierno tiene un orden y la aceptación del lugar del Presidente, pero decir las cosas, en el marco de la valoración del proyecto, es una señal para que no sea un país de empleados, sino que cada uno se anime a hacer su proyecto de vida. En lo político, se trata de decir con honestidad lo que uno piensa”.
En este sentido aclaró que muchos “hablaron por lo bajo”. “Es fácil así, no tiene costo. Lo importante es hacerlo claramente. Esa convicción hay que mantenerla toda la vida. Los liberales convivimos que distintas matices en el marco de una idea general”, detalló.
Por otra parte, Bullrich habló sobre Pro, partido desde el cual pasaron a La Libertad Avanza ella y Santilli -entre otros- y analizó su rol en el arco político: aseguró que tiene “algunas gobernaciones” y contradicciones internas pero “las va a salvar”. “Es importante que tenga una ampliación de su base y no quede circunscripto a la ciudad de Buenos Aires. Para eso lo mejor es una alianza. El país se divide en dos ideas: la liberal y la populista”, remarcó.
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