CHIMENTOS
El novio de Tamara Paganini rompió el silencio tras su crisis en Gran Hermano y reveló quién eligió la polémica palabra que recibió

Tamara Paganini atraviesa uno de los momentos más difíciles desde su ingreso a Gran Hermano Generación Dorada. Tras la visita de Santiago del Moro y la tradicional entrega de palabras enviadas por los familiares, la exparticipante quedó completamente desbordada y hasta manifestó sus ganas de abandonar el reality.
La palabra que recibió fue «Activá», un mensaje que interpretó como una crítica a su desempeño dentro de la casa. La situación la llevó a quebrarse en llanto y a pedir hablar con Gran Hermano en el confesionario, mientras sus compañeros intentaban contenerla.
En medio de la preocupación por su estado emocional, quien decidió salir a hablar fue su novio, Sebastián Cavalieri, que explicó cómo se eligió el mensaje que terminó desencadenando la crisis. «Yo no elegí puntualmente esa palabra. Ellos te llaman y te piden cinco palabras mías, cinco de la prima, cinco del padre… y después la producción elige la palabra que considera«, aseguró en Los Profesionales con Flor.
Sin apuntar directamente contra Santiago del Moro, Cavalieri dejó en claro que la decisión final no estuvo en manos de la familia. «Capaz que la India lo tomó para un lado, pero si se lo mandabas dentro de quince días, lo interpretaba distinto. Es relativo», reflexionó.
Consultado sobre el delicado momento que atraviesa la participante, Sebastián aseguró que no cree que exista un problema psicológico, sino que el aislamiento y la convivencia comenzaron a pasarle factura. «Creo que se está aburriendo. Ella entró a divertirse, no a pelearse, pero esta casa es muy picante», sostuvo.
Además, recordó que durante su primera participación en Gran Hermano el problema nunca fue el encierro, sino el impacto que tuvo la exposición mediática una vez que salió del programa. «Si la India llora o grita, ella es así, vive todo con mucha emoción. Mañana se puede estar riendo. Son momentos. Si realmente se quiere ir, se va al toque. No está mal psicológicamente», afirmó.
Luego de la cena con Santiago del Moro, Tamara pasó varios minutos dentro del confesionario y más tarde fue vista siendo consolada por algunos de sus compañeros.
Durante la mañana siguiente, participantes como Pincoya y Zilli comentaron que la exparticipante había sufrido una fuerte crisis durante la noche y que necesitaba recuperarse. Incluso, en distintos momentos de la transmisión, las cámaras evitaron mostrar lo que ocurría cuando se hablaba del tema.
Recién horas más tarde volvió a aparecer en el jardín de la casa fumando, mientras continúa la incertidumbre sobre cómo seguirá su participación en Gran Hermano Generación Dorada.
Tamara Paganini
CHIMENTOS
El comentario fuera de lugar de un conductor de ESPN sobre Morena Beltrán y la intimidad con su novio futbolista: «Lo que debe ser…»

Un momento de tensión se vivió al aire de ESPN cuando Martín Souto y Morena Beltrán protagonizaron un cruce mientras analizaban cómo había quedado la Zona B del torneo argentino. Lo que comenzó como un intercambio futbolístico terminó con un comentario del periodista sobre la comunicadora deportiva que provocó cuestionamientos y críticas por la manera en la que se refirió a ella.
Todo ocurrió cuando Souto repasaba las posiciones de la tabla y mencionaba a los equipos que compartían la parte alta de la clasificación. En ese contexto, hizo referencia a Gimnasia y recordó que Morena había desconfiado de sus pronósticos. Fue entonces cuando la periodista lo interrumpió para corregir un dato que consideraba fundamental.
“Bueno, a ver la zona B, cómo quedó. Dale. Acá estamos. Central, 22. Belgrano, 22. Argentinos, 22. Y Gimnasia, pese a que Morena Beltrán desconfiaba del señor Espina y de quien les habla…”, comenzó diciendo Souto.
“¡No está puntero! Pero chicos, tiene diferencia de gol. No está puntero. Está cuarto. Pero si hoy termina el torneo. ¿Cómo está? Cuarto. Chicos, por diferencia de gol está cuarto”, insistió Beltrán, convencida de que la ubicación del equipo debía determinarse teniendo en cuenta ese criterio.
La discusión continuó con Souto, que reaccionó con una frase que terminó convirtiéndose en el centro de la polémica. “Ah bueno, ¿esto es joda no? Perdón, pobre Blondel (novio de Morena), lo que debe ser ganar una discusión en esta chica”, lanzó el periodista, en una referencia a Lucas Blondel, futbolista y pareja de Morena Beltrán.
EL MOMENTO QUE SE VIVIÓ EN LA PANTALLA DE ESPN
El comentario fue interpretado por muchos como una descalificación personal hacia la periodista, ya que trasladó una discusión sobre posiciones futbolísticas al terreno de su relación sentimental. En lugar de limitarse a debatir el dato de la tabla, Souto introdujo una alusión a la intimidad de la pareja que generó cuestionamientos por su pertinencia y por el tono elegido.
Lejos de dejar pasar el intercambio, Morena respondió con evidente fastidio. “No, no lo puedo creer. Pero por algo está cuarto porque la diferencia de gol es uno. No tiene ningún sentido, me voy, me voy”, expresó, mientras insistía en su postura y manifestaba su incredulidad ante la situación.
Lo que parecía ser un debate simple, terminó convirtiéndose en un episodio incómodo en plena transmisión de ESPN. La frase de Souto sobre Blondel concentró la atención y abrió el debate sobre los límites de los comentarios entre colegas al aire, especialmente cuando una diferencia profesional deriva en referencias personales.
Morena Beltrán, Martín Souto
CHIMENTOS
Hace 75 años nacía la televisión argentina y hoy recupera su nombre histórico: Canal 7

¿Televisor? ¿Qué es eso? Hubo un tiempo en que ese aparato era una novedad…
Muchos años después, tras convertirse en el alimento básico de varias generaciones, un escritor estadounidense reflexionó así:
”Si queremos saber qué es la normalidad americana —es decir, lo que los norteamericanos perciben como normal—, podemos confiar en la television. Porque la razón de ser misma de la televisión es reflejar lo que la gente quiere ver. Es un espejo. No el espejo stendhaliano que refleja el cielo azul y el charco de barro. Más bien el espejo iluminado del baño ante el cual el adolescente calibra sus bíceps y decide cuál es su mejor perfil». (David Foster Wallace, en su ensayo E Unibus pluram, 1993)
Hoy, a medida que la tele pierde audiencia en su lucha con otras pantallas, acá, en Argentina, sopla 75 velitas.
No casualmentre la señal estatal se prepara para recuperar el nombre de Canal 7. El aniversario remite a una trayectoria que comenzó el 17 de octubre de 1951, atravesó la etapa de Argentina Televisora Color (ATC) y llegó hasta la actual Televisión Pública.
La fecha de nacimiento de la televisión argentina quedó ligada a una transmisión política. Ese día, LR3 Radio Belgrano Televisión llevó a las pantallas el acto por el Día de la Lealtad desde la Plaza de Mayo, con Eva Perón entre las figuras centrales de la jornada. Según registros históricos, en el país había cerca de 2.500 receptores de televisión y buena parte de ellos estaba exhibida en comercios cercanos al edificio del entonces Ministerio de Obras Públicas.
El empresario Jaime Yankelevich, referente de Radio Belgrano, impulsó la instalación de los equipos que hicieron posible la emisión. La antena se ubicó en la terraza del edificio de la avenida 9 de Julio y las cámaras registraron primero la concentración en Plaza de Mayo, antes del discurso de Eva Perón.
La emisión inaugural fue el punto de partida de una programación regular que comenzó el 4 de noviembre de 1951. La señal transmitía entonces bajo la identificación LR3 Radio Belgrano Televisión y disponía de una grilla todavía limitada por las condiciones técnicas de la época. En sus primeros años, los estudios funcionaron en distintos espacios de la ciudad de Buenos Aires, entre ellos el Teatro Alvear y el Palais de Glace.
Poco después de su lanzamiento, el canal sumó otro hito: el 18 de noviembre de 1951 televisó el partido entre San Lorenzo y River Plate desde el Viejo Gasómetro. Fue la primera transmisión de fútbol por televisión realizada en Argentina, una de las primeras señales de la relación que el medio construiría con los grandes acontecimientos deportivos.
Durante la década de 1950, la emisora atravesó modificaciones institucionales y de gestión. Luego del golpe de Estado de 1955, las licencias concedidas durante el gobierno de Juan Domingo Perón fueron anuladas. La aparición de los canales privados 9, 11 y 13, a comienzos de los años sesenta, consolidó a Canal 7 como la pantalla controlada por el Estado nacional.
Según relató Gustavo Yankelevich, aquel primer viaje de su abuelo y su padre no había comenzado con el pie derecho, pero al final tuvo buenos resultados: “Les dijeron que estaban armando las máquinas, que había que esperar tres o cuatro años porque lo que había ya estaba vendido a Rusia. A mi abuelo no le quedaba mucho tiempo, estaba enfermo. Pero cuando estaba por regresar comenzó la Guerra Fría y esos equipos que iban a ir a Rusia, quedaron disponibles”.
La señal pasó por varias sedes antes de instalarse en el complejo de Figueroa Alcorta 2977, construido originalmente para la cobertura del Mundial de fútbol de 1978. Desde ese edificio, diseñado para la producción televisiva, comenzó una de las transformaciones que definirían la identidad del canal durante las décadas siguientes.
En 1973 había adoptado el nombre Televisión Argentina. Tras el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, Canal 7 quedó bajo la órbita del Poder Ejecutivo, mientras los otros canales estatizados fueron distribuidos entre las Fuerzas Armadas. La organización del Mundial en 1978 aceleró la construcción de infraestructura para producir y distribuir imágenes en color.
El 3 de mayo de 1979, la fusión de Canal 7 con Argentina 78 Televisora dio origen a Argentina Televisora Color, conocida por sus siglas, ATC. La señal heredó el moderno complejo audiovisual levantado para el Mundial y quedó asociada a la llegada de la televisión color a los hogares argentinos.
La inauguración de las transmisiones regulares en color se concretó el 1 de mayo de 1980. Durante los primeros años de ATC, la pantalla combinó ciclos de ficción, humor, música, noticieros y espectáculos. Programas como 60 minutos, La noticia rebelde, Caloi en su tinta y ficciones como Andrea Celeste y Los hijos de López integraron distintas etapas de una emisora cuya programación cambió junto con los gobiernos y las autoridades de turno.
Con el regreso democrático de 1983, la señal redefinió parte de su contenido y reforzó los espacios culturales y periodísticos. En 1986, el Plan de Cobertura Nacional incorporó decenas de antenas repetidoras y amplió el alcance de la emisora. La expansión de la red permitió que el canal fortaleciera su presencia fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Durante los años noventa, ATC enfrentó dificultades económicas y una fuerte competencia de las señales privadas y de los canales de noticias. La gestión de Gerardo Sofovich, iniciada en 1991, estuvo marcada por un intento de privatización que no se concretó.
En mayo de 2000, el canal fue relanzado como Canal Siete Argentina. A partir de 2006 empezó a consolidarse el uso de la denominación TV Pública, con una programación centrada en contenidos culturales, educativos, informativos, deportivos y ficciones nacionales. La creación de Radio y Televisión Argentina (RTA), a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de 2009, reorganizó el sistema de medios públicos nacionales.

La pantalla también emitió eventos que concentraron grandes audiencias, entre ellos los partidos de Fútbol para Todos entre 2009 y 2017 y los encuentros de la selección argentina en los mundiales. En Qatar 2022, la TV Pública volvió a transmitir de forma abierta todos los partidos del equipo nacional.
La señal estatal acaba de anunciar una programación especial por sus 75 años, además de aprovechar la efeméride para recuperar su denominación original: Canal 7. El cambio incluye una nueva identidad visual y una actualización de la estética de pantalla, según informó la propia emisora.
El regreso del nombre reúne en una misma marca las distintas etapas de una pantalla que comenzó con tres cámaras y una emisión desde Plaza de Mayo. Setenta y cinco años después, la señal que nació como LR3 Radio Belgrano Televisión vuelve a identificarse con la denominación que durante décadas funcionó como sinónimo de televisión estatal argentina.
CHIMENTOS
El momento más doloroso en la vida de Mirtha Legrand: la traumática muerte de Danielito, el hijo con el que se reencontraba tras una relación distante y de poca aceptación

Antes de contar «el momento más duro y doloroso en la vida de Mirtha Legrand» hace falta, de manera ineludible, hacer una aclaración: la historia, traumática, difícil, prácticamente indigerible, sucedió en otra época. En otros tiempos. En un país, en un mundo y sobre todo en una sociedad muy diferentes de la actual, mucho menos comprensiva y mucho menos empática con un montón de cuestiones que la de estos días.
La figura máxima del ambiente artístico argentino en toda su historia va camino a los 100 años, 27 de los cuales los lleva viviendo con el corazón, el alma y todos los sentidos cruzado por una de esas cicatrices que no cierran nunca. Mirtha desearía borrar del almanaque, de su pasado y de su existencia ese 20 de abril de 1999 en el que vio como su hijo Danielito cerraba sus ojos para siempre poco antes de cumplir los 51 años.
Rosa María Juana Martínez, Mirtha Legrand, argentina nacida en Villa Cañás, en el corazón gringo y agrícola de Santa Fe, y Daniel Andrés Manoli Tinayre, francés de Vertheuil, tuvieron dos hijos. Al primero, un varón, lo llamaron igual que al papá: Daniel, Danielito, que nació el 20 de agosto de 1948, dos años después del casamiento de sus padres, unidos en matrimonio el 18 de mayo de 1946 en la iglesia de San Martín de Tours, en el barrio porteño de Palermo Chico.
La familia tipo de la primera mitad del siglo pasado -mamá, papá, dos hijos- se completó el 31 de octubre de 1950 con la llegada de Marcela, luego madre de los superfamosos y también polémicos Nacho y Juanita Viale y del por ahora perfilbajero Rocco Gastaldi. Cuando dio a luz a sus descendientes, Mirtha ya era una actriz de gran predicamento.
Esa popularidad y ese reconocimiento fueron creciendo con los años y resultaron, probablemente, los primeros obstáculo que encontró Danielito en la relación con la mamá. Mirtha salía cada vez más en las revistas (en aquel momento no había programas de chimentos y casi tampoco de espectáculos, incluso la televisión era una novedad) y él supo desde siempre que no quería ser famoso ni estar expuesto a las lucecitas de colores.

LA SILENCIOSA VIDA DE DANIELITO TINAYRE, EL HIJO DE MIRTHA LEGRAND
Danielito evadió los flashes y las notas, lo que aumentó el misterio en torno a su personalidad y a su relación con la gran diva argentina. Lo que se sabe fue aportado por otros, no por él, quien siempre vivió su vida en silencio. Estudió veterinaria, en algún momento de su juventud se fue a vivir a París, no tenía una relación tan fluida ni tan aceitada con Mirtha y, en virtud de esa carencia y de esa necesidad de afecto, construyó un vínculo mucho más cercano y mucho mas compinche con su tía Goldie.
«Fue su confidente», se dijo alguna vez. Para quienes conocieron de cerca ciertas cuestiones relacionadas al clan con más linaje de la farándula Argentina, Goldie fue la primera que conoció los secretos de Danielito, aquellos que Mirtha, tradicionalista, estructurada, conservadora, en su momento no logró entender ni aceptar.
Se debe repetir, en este punto, que era otro país, otro pensamiento, otra cabeza, otra mente, otra manera de expresarse y otras maneras de vivir y de pensar. No había cancelaciones ni palabras políticamente correctas. Lo que salía «de lo habitual» era «raro», «anormal». En algunos casos hasta se hablaba de enfermedades. No existían «colectivos», «minorías con derechos» ni mucho menos leyes que las representaran o las defendieran.
Algunos gustos, o preferencias, eran poco aceptados. La leyenda cuenta, en ese sentido, que Mirtha Legrand confesó en una oportunidad que nunca pudo hablar con su marido sobre la vida íntima, privada y afectiva de su hijo Danielito. La que lo comprendía, lo cobijaba, lo escuchaba y lo apoyaba, según dicen, siempre fue Goldie.

DANIELITO TINAYRE, VALIENTE ANTE EL RECHAZO
Por supuesto que Danielito igual hizo su vida. No iba a cambiar lo que sentía por una imposición ajena. Por más que sus padres, con la cabeza formateada en los años 20 o 30 hubieran preferido otra cosa o le dieran la espalda, él no iba a ir en contra de sus deseos. Eso también le quitó abrigo a la relación con Mirtha, que ya era fría.
Danielito y Mirtha empezaron a acercarse tras la muerte de Daniel, el patriarca, ocurrida el 24 de octubre de 1994. La Legrand tenía 67 años y quien era su marido 84. Sí, él le llevaba 17 años. Estuvieron juntos 48, por lo que se desprende que ella era muy joven y él ya un caballero recibido de señor cuando empezaron a transitar el amor que los marcaría para toda la vida.
El dolor los volvió a reunir, y en esas horas de angustia y borrasca madre e hijo repensaron la relación, tras lo que pusieron manos a la obra para relanzarla y reencontrarse. Algunas cosas las pudieron concretar, otras quedaron pendientes. Cinco años más tarde, para el comienzo del otoño de 1999, Danielito cayó enfermo y ya no se recuperaría.
Dos versiones han ganado la escena acerca de la dolencia que transitó el más enigmático de los integrantes de la familia Legrand. Los rumores hablaron de HIV, una enfermedad que hoy se trata pero en ese momento era incurable. Y también estigmatizante. «La peste rosa» le decían por entonces. Por otra parte, la voz oficial habló de un cáncer de páncreas fulminante y letal, y de algunos síntomas tempranos (dolores en la espalda, por ejemplo) que el muchacho dejó pasar sin advertir que eran llamados de atención.
EL FINAL DE DANIELITO TINAYRE, EL GRAN DOLOR DE MIRTHA LEGRAND
Danielito, pobre, desmejoraba día a día, lo que llevó a Mirtha a tomar una última decisión solidaria y angustiante: armó una suerte de «hospital de campaña» en su propio departamento y se llevó a Danielito a vivir con ella. Además, suspendió todas sus actividades laborales y pasó al lado de él cada minuto de sus últimos dos meses con vida.
Lo acompañaron otros familiares -solo los muy cercanos- una asistente-enfermera-cocinera de nombre Elba y su gran compañero de toda la vida, Roberto Gerosa.
«A él le encantaba la naturaleza y siempre me pedía ver los árboles, el cielo y el sol. Recuerdo que abrí la ventana porque era lo que él quería, observó, cerró los ojos y ahí comprendí que había muerto. Pero por favor, cambiemos de tema». Han pasado muchos años, casi 30, pero a Mirtha le sigue doliendo como el primer día, esa fecha que quisiera borrar de su almanaque.
Mirtha Legrand, Danielito Tinayre
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