POLITICA
Kicillof reunió a su tropa tras el desembarco de Santilli como jefe de Gabinete y trazó el plan para 2027

LA PLATA.− El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, reunió a su tropa tras la asunción de Diego Santilli como jefe de Gabinete de Javier Milei y comenzó a definir la estrategia que tendrá a los dos modelos antagónicos en la carrera hacia 2027.
Según pudo saber , entre los partidarios del gobernador una consigna quedó clara: “Hay que hacer el esfuerzo de construir algo distinto”. Distinto a la oferta de La Libertad Avanza, pero también a la de Cristina y Máximo Kirchner.
En el espacio opositor al peronismo, Santilli ya aparece lanzado como candidato a gobernador de Buenos Aires y como instrumento de la reelección del presidente Javier Milei. En ese rol, la semana pasada repitió que Kicillof es el “peor gobernador de la historia”.
El mandatario provincial, que aspira a suceder a Milei, llamó a su tropa a silencio. “No vamos a caer en ninguna provocación: nuestra única agenda es la de dar respuestas a las necesidades de nuestro pueblo”, instruyó. Kicillof entiende que La Cámpora busca hacerlo entrar en el conflicto interno.
“Hoy enfrentamos a un gobierno nacional que aplica un modelo de exclusión y que forma parte de un entramado internacional impulsado por la derecha más poderosa a nivel global”, sostuvo Kicillof ante intendentes, legisladores y funcionarios del Movimiento Derecho al Futuro.
Varios de los presentes el último viernes en La Plata, como el ministro Gabriel Katopodis y el exintendente de Avellaneda Jorge Ferraresi, están listos para competir con Santilli, cuerpo a cuerpo, por la Gobernación.
A Ferraresi incluso lo reemplazó su esposa, Magdalena Sierra, al frente del municipio de Avellaneda, para dejarlo liberado de cara a la campaña por la gobernación para el año próximo. El alcalde de la tercera sección electora es el primero en explicitar que trabajar para suceder a Kicillof.
Diferentes a Cristina
Kicillof fue claro en la consigna con que se trabajará hacia 2027. Esto es, diferenciarse del espacio con el que llegó al poder en 2019: “Tenemos que hacer el esfuerzo de construir algo nuevo”, dijo. Es decir: diferenciarse de Cristina y Máximo Kirchner, que construyen una candidatura por ahora en silencio.
Kicillof arma desde el MdF, sin consensuar con la expresidenta y su hijo. Incluso ya le planteó a su tropa que se prepare para una interna. “Nuestro accionar está guiado por el debate para tomar decisiones y actuar: estamos representando un espacio con vocación de llegar a todos los territorios, que despierta un enorme interés en todas las provincias y busca sumar a quienes quieren proponer un modelo distinto para la Argentina”, afirmó.
Cerca del gobernador afirmaron a que llegó el momento de tomar decisiones asertivas: acelerar el armado en el país, el tono de la propuesta, el armado territorial y de la ingeniería electoral.
“Tiene que ser más claro que es Axel es candidato nacional. Y construir con quienes quieren bancarlo”, se enfatizó en la Gobernación.
Santilli tiene instrumentos e instrucciones para frenar la construcción del gobernador. El primer instrumento es financiero. Las trasferencias de Nación a la provincia correspondientes a la coparticipación federal y las leyes especiales ya cayeron un 2,2% en el primer trimestre de este año, respecto del año pasado, según un informe reciente del exsenador de UCR+ Cambio Federal Marcelo Daletto.
Es apenas un detalle. Kicillof reclama una cifra exorbitante: 24,6 billones de pesos que la provincia dejó de percibir desde que Milei llegó al poder, en concepto de deudas directas del gobierno nacional con la provincia ($4,1 billones), saldos de obras públicas comprometidas ($9,2 billones), deudas por discontinuidad de programas nacionales ($13,4 billones), caída de recursos de origen nacional ($5,3 billones) y caída de los recursos de origen provincial dada la recesión ($2,6 billones).
Santilli tiene además encomendada la tarea de gestionar en el Congreso la eliminación de las PASO. Kicillof apuesta a que una PASO lo posicione ante sus rivales internos como el único candidato competitivo como presidente de la Nación. La eliminación de este instrumento expone al gobernador a una mayor presión ante La Cámpora y Cristina Kirchner, que reclama una visita a San José 1111 para acordar los términos de una candidatura. En tanto, avisó Máximo Kirchner, el espacio no tiene un candidato “por default”.
Santilli asumió en la Jefatura de Gabinete con el objetivo de ser candidato a gobernador, pero en esta variable tiene otro adversario interno: el diputado Sebastián Pareja, armador de Karina Milei en la provincia.
En la provincia la apuesta es a todo o nada: no hay balotaje. Se gana o se pierde por un voto. Para arrebatarle el poder al peronismo, Santilli necesita no sólo coordinar esta fricción con Pareja. También debe unificar espacios con los antiguos aliados de Pro, como la UCR, que en la última elección se negaron a acompañar. Un ejemplo es Daletto: pasó de ser senador por la UCR a un espacio ahora proclive a apoyar a Kicillof. Y desde allí logró un asiento en el directorio del Banco Provincia.
Santilli deberá hacer campaña en el conurbano como el jefe de Gabinete de un gobierno que no habilita fondos para la provincia. Será una bandera del espacio de Kicillof. “Vamos a aclarar a todos que es él quien no envía en dinero para obras postergadas”, se jactan en la Gobernación.
La elección de la provincia de Buenos Aires plantea, además, otro reto. Todo indica que en caso de que se suspenda la PASO nacional, Kicillof buscará anticipar los comicios provinciales, tal como sucedió en septiembre de 2025. Entonces, el peronismo ganó. Estos comicios desdoblados serán fundamentales para que el ahora gobernador peronista, que no tiene reelección, pueda consolidar y proyectar un triunfo desde Buenos Aires a Nación.
Pero sólo se podrá desdoblar en caso que no haya PASO en el orden nacional, porque por ley las PASO provinciales están atadas a las primarias nacionales. Y en La Plata entienden que no dan los tiempos jurídicos para armar una PASO nacional en agosto, una elección provincial en septiembre y una presidencial en octubre.
La alternativa, que observa como más favorable el MdF, es que la Legislatura desenganche las primarias bonaerenses de las nacionales. Pero este escenario es altamente improbable: la Cámara de Diputados está regida por aliados de Máximo Kirchner y en el Senado la vicegobernadora Verónica Magario está condicionada por la presidencia del bloque peronista a cargo de Sergio Berni.
Berni sostiene que su esposa, Agustina Propato, es candidata a gobernadora: en caso de sostener esa postulación, la exdiputada deberá enfrentarse con referentes que juegan por fuera del MdF, como los intendentes Federico Achával (Pilar), Leandro Nardini (Malvinas Argentinas), Mayra Mendoza (Quilmes) y Mariel Fernández (Moreno) o el diputado Máximo Kirchner. Demasiados candidatos para acordar un cambio de reglas en la Legislatura.
María José Lucesole,Axel Kicillof,Conforme a,Axel Kicillof,,Cara o ceca. El plan de Milei para la reelección,,Frío frío,,Charlas reservadas. Massa esquiva la interna entre Cristina y Kicillof, pero busca mediar para evitar una ruptura en 2027
POLITICA
Crisis entre Milei y Lula: la trama política, personal y geopolítica detrás del mayor choque diplomático entre Argentina y Brasil

La crisis diplomática entre la Argentina y Brasil tiene una cronología conocida. El sábado, Javier Milei viajó a San Pablo para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro y en el acto lanzó agrias descalificaciones a Luiz Inácio Lula da Silva y al ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes. Ayer, el gobierno brasileño respondió llamando a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Glinternick Bitelli, en la señal diplomática más severa desde la llegada del líder libertario a la Casa Rosada.
Esa secuencia no alcanza para explicar lo ocurrido. La crisis no empezó este fin de semana ni nació con un discurso o con una decisión de Itamaraty. Tiene una historia anterior que ayuda a entender por qué una relación construida durante cuatro décadas sobre intereses permanentes terminó, al menos por unos días, subordinada a la lógica de la política doméstica.
Para encontrar el origen hay que retroceder casi tres años.
El 28 de agosto de 2023, ocho días después de que Milei sorprendió al sistema político argentino al imponerse en las PASO, Sergio Massa viajó a Brasilia para reunirse con Lula. Infobae estuvo presente en aquella visita al Palacio del Planalto.
No fue una reunión protocolar. Fue un encuentro político entre dos dirigentes que compartían un mismo objetivo: impedir que el candidato libertario llegara a la Presidencia.
“Hacé lo que tengas que hacer, pero tenés que ganar”, le dijo Lula a Massa durante aquella conversación, según reconstruyeron ante Infobae quienes participaron del encuentro. Hubo otra frase que también quedó grabada entre los presentes: “Juntá votos, no dólares”.
Alrededor de esa mesa estaban la entonces secretaria de Energía, Flavia Royón (hoy senadora por Salta); el secretario de Industria, José Ignacio de Mendiguren (a quién Milei acusó de “ladrón” en la Rural); el secretario de Agricultura, Juan José Bahillo (hoy también senador por Entre Ríos); y el entonces embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, hoy secretario de Turismo del gobierno de Milei.
Aquel encuentro confirmó algo que ya era evidente: Lula había decidido involucrarse políticamente en la campaña presidencial argentina. Nunca ocultó esa preferencia. La expresó en público y también en privado.
Massa se reunió con Lula a fines de agosto de 2023 en Brasilia, en una conversación que, según reconstruyó Infobae en ese momento, giró en torno a un objetivo compartido: evitar que Javier Milei llegara a la Presidencia. Con el paso del tiempo, ese antecedente se convirtió en una referencia central para explicar por qué la confrontación actual entre Buenos Aires y Brasilia tiene, además de una dimensión ideológica, un componente personal y político que se arrastra desde 2023.

Con el correr de las semanas, comenzó una colaboración más estrecha entre dirigentes y especialistas vinculados al Partido de los Trabajadores y el equipo de campaña de Unión por la Patria. Formalmente, la estrategia seguía bajo la conducción del consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, otro viejo enemigo de Milei. En paralelo se incorporaron referentes como Edinho Silva, uno de los dirigentes históricos del PT que había participado de la campaña que permitió el regreso de Lula al poder en 2022.
Milei nunca dejó de hablar de aquel episodio. Durante la campaña y después de asumir la Presidencia sostuvo reiteradamente que dirigentes brasileños vinculados al PT habían participado de la estrategia negativa desplegada en su contra. Para el líder libertario, ellos estuvieron detrás de las peores acusaciones sobre su vínculo con Karina Milei y sus perros. En los últimos días volvió sobre ese recuerdo durante una entrevista radial desde el predio de la Sociedad Rural. Lo hizo casi tres años después, pero con la misma convicción.
Ese antecedente no explica por sí solo la dureza del discurso pronunciado el sábado en San Pablo. Pero ayuda a entender por qué la confrontación con Lula nunca fue una discusión exclusivamente ideológica: también tiene una dimensión personal y política que viene desde 2023.
El dato importa porque marca el momento en que la política doméstica empezó a cruzar la frontera de la política exterior. Lula actuó entonces como un actor político interesado en el resultado de las elecciones argentinas. Milei respondió ahora como presidente de la Argentina. Y allí aparece una diferencia fundamental: lo que hace tres años podía interpretarse como un episodio de campaña terminó proyectándose sobre la relación entre dos Estados.

Sería un error, sin embargo, explicar esta crisis únicamente desde Buenos Aires. Porque la confrontación tampoco resulta políticamente inconveniente para Lula.
El presidente brasileño atraviesa una campaña electoral difícil. En octubre buscará la reelección en un escenario de fuerte polarización con el bolsonarismo y con una economía que, si bien muestra indicadores más sólidos que los de otros países de la región, ya no le garantiza por sí sola el respaldo político que obtuvo en 2022.
En ese contexto, la disputa con Milei aparece como una oportunidad para reforzar un discurso que el Palacio del Planalto viene construyendo desde hace meses: la defensa de la soberanía brasileña frente a las presiones externas. Ese relato comenzó a consolidarse cuando Donald Trump endureció su política comercial hacia Brasil y vinculó parte de esa estrategia con la situación judicial de Jair Bolsonaro. El gobierno de Lula respondió presentando ese conflicto como una injerencia de Washington en asuntos internos brasileños.
La aparición de Milei en San Pablo, respaldando al hijo del ex presidente y cuestionando al actual mandatario y a uno de los ministros del Supremo Tribunal Federal, encajó en esa narrativa. No significa que Lula buscara esta crisis. Sí explica por qué el gobierno brasileño decidió responder con firmeza.
El canciller Mauro Vieira resumió esa posición. Calificó las declaraciones de Milei como “muy graves”, sostuvo que constituyeron una “interferencia en asuntos domésticos” de Brasil y pidió explicaciones al gobierno argentino. Al mismo tiempo dejó una señal que pasó relativamente inadvertida, pero resulta decisiva para entender el momento diplomático.
“La retirada de embajadores es un paso de gran gravedad. No vamos a hacer eso ahora”, afirmó. Y agregó una definición que probablemente exprese mejor que ninguna otra el desafío que enfrentan ambos gobiernos: “Tenemos que trabajar por el entendimiento entre las naciones, y la diplomacia se hace de conversaciones”.
Esa aclaración no es menor. Brasil decidió elevar el costo político de los dichos de Milei, pero evitó cruzar un umbral que hubiera colocado a la relación bilateral en una situación mucho más delicada. El mensaje fue doble: las declaraciones del Presidente argentino resultan inaceptables para el gobierno de Lula, pero el vínculo entre ambos países sigue siendo demasiado importante como para quedar atrapado en una escalada sin retorno.
Ese matiz aparece también cuando se observa el tablero internacional. Mientras Milei profundiza un alineamiento con Trump e Israel, Lula intenta ampliar los márgenes de autonomía de Brasil.
No fue casual que el mismo domingo en que estallaba la crisis diplomática el presidente brasileño mantuviera una extensa conversación con Xi Jinping. Hablaron de profundizar la relación comercial entre China y el Mercosur, de cooperación económica, de seguridad energética y también de los conflictos internacionales que dominan la agenda global. Ambos expresaron preocupación por la situación humanitaria en Gaza y por las consecuencias que los conflictos en Medio Oriente pueden tener sobre la economía mundial.
Es una mirada muy distinta de la que sostiene Milei, uno de los principales aliados internacionales de Israel y uno de los presidentes occidentales que respaldó explícitamente la ofensiva militar impulsada por Estados Unidos para neutralizar las amenazas vinculadas con Irán y sus aliados regionales.
La distancia entre Buenos Aires y Brasilia, entonces, no se limita al vínculo personal entre Milei y Lula. Empieza a reflejar dos maneras muy diferentes de entender la inserción internacional de América Latina. Mientras la Argentina privilegia el alineamiento con Washington, Brasil intenta consolidar una estrategia de mayor autonomía, profundizando al mismo tiempo sus vínculos con Estados Unidos, China, Europa y el Sur Global.
En ese contexto, la pelea entre ambos deja de ser solamente una disputa bilateral. Empieza a expresar dos proyectos distintos sobre el lugar que la región debería ocupar en el nuevo escenario internacional.
Hay otro dato, menos visible, que ayuda a entender hasta qué punto la política argentina y la brasileña siguen entrelazadas. Mientras Milei profundizaba su confrontación con Lula, la ex presidenta Cristina Kirchner terminó de incorporar a su estrategia judicial internacional al jurista brasileño Rafael Valim, un reconocido especialista en Derecho Constitucional y derechos humanos que integró el equipo de abogados del actual mandatario brasileño y mantiene una estrecha relación con el Partido de los Trabajadores.
Su incorporación no tiene consecuencias diplomáticas directas ni modifica la situación judicial de la ex presidenta. Pero vuelve a mostrar que los vínculos construidos entre el lulismo y el kirchnerismo siguen activos y trascienden los cambios de gobierno en ambos países. Es otra manifestación de una relación política que nunca desapareció. La diferencia es que, esta vez, encontró del otro lado a un presidente argentino que tampoco está dispuesto a separar la política doméstica de la política exterior.
Esa transformación es la que preocupa a buena parte del cuerpo diplomático argentino. En conversaciones con Infobae, dos embajadores que conocen como pocos la relación bilateral —Diego Guelar, ex representante argentino en Brasil, Estados Unidos y China, y Jorge Argüello, ex embajador en Estados Unidos, Portugal y las Naciones Unidas— llegaron, desde recorridos políticos muy diferentes, a una conclusión parecida.
Guelar definió la crisis como “innecesaria” y advirtió que tendrá “un impacto negativo en la relación bilateral”, aunque descartó que pueda alterar una integración económica construida durante décadas. Argüello fue todavía más lejos desde el plano conceptual. “Los presidentes pueden tener posiciones políticas e ideológicas, pero lo que no pueden hacer es imponerlas sobre el interés nacional”, dijo a Infobae.
La frase resume uno de los principios históricos de la política exterior argentina. Los gobiernos cambian, las coaliciones llegan y se van, las mayorías electorales se construyen y se pierden. Pero el interés nacional debería conservar cierta estabilidad.

La relación con Brasil fue, probablemente, uno de los mejores ejemplos de esa lógica. Desde que Raúl Alfonsín y José Sarney decidieron transformar una vieja rivalidad geopolítica en una asociación estratégica, radicales, peronistas, liberales y socialdemócratas administraron ese vínculo con una premisa casi inalterable: las diferencias ideológicas no debían poner en riesgo una relación considerada estratégica para ambos países.
Eso no significó ausencia de conflictos. Los hubo. Hubo disputas comerciales, diferencias dentro del Mercosur, desacuerdos sobre política internacional e incluso fuertes contrastes personales entre algunos presidentes. Pero existía una frontera relativamente clara entre la competencia política y la política de Estado.
Esa frontera hoy aparece mucho más difusa. Lula decidió involucrarse activamente en la campaña presidencial argentina de 2023 porque entendía que el triunfo de Milei afectaba el proyecto político que representaba en la región. Milei respondió tres años después involucrándose de manera igualmente explícita en la campaña brasileña, respaldando al principal adversario político de Lula y utilizando un lenguaje que rompió con las formas tradicionales de la diplomacia.
No son hechos equivalentes. Pero revelan una misma tendencia: la creciente dificultad para separar la disputa política interna de la relación entre los Estados.
Eso explica por qué esta crisis no puede analizarse únicamente como un intercambio de agravios. También expresa un cambio más profundo: la política exterior empieza a quedar condicionada por la lógica de las campañas permanentes.
Por eso la pregunta más importante que deja esta crisis no es si Milei y Lula volverán a cruzarse públicamente, ni cuándo regresará el embajador brasileño a Buenos Aires. La verdadera incógnita es otra: si, cuando pasen las elecciones, las campañas y las cuentas pendientes que ambos líderes arrastran desde 2023, la Argentina y Brasil volverán a colocar el interés permanente de la relación bilateral por encima de las necesidades coyunturales de sus dirigentes.
Porque ese equilibrio, construido con avances y retrocesos durante más de cuatro décadas, no parece haberse roto definitivamente este fin de semana. Pero sí quedó sometido, probablemente como nunca desde el regreso de la democracia, a una tensión que obliga a preguntarse cuánto espacio conservará la política de Estado en una época dominada por la confrontación permanente.
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POLITICA
The Washington Post dedicó un editorial a los resultados del gobierno de Milei

El diario estadounidense The Washington Post volvió a dedicar un editorial al presidente Javier Milei y destacó el rumbo económico del Gobierno, al tiempo que vinculó esa evolución con la reciente mejora en la calificación crediticia de la Argentina otorgada por Moody’s.
Publicada el sábado, la columna lleva el título “El renacimiento de la Argentina continúa” y sostiene que las perspectivas económicas del país siguen mejorando, un escenario que, según el periódico, comenzó a atraer nuevamente el interés de los inversores.
“El mensaje de las agencias de calificación es que las reformas orientadas al mercado del presidente Javier Milei están funcionando”, expresó la publicación. La semana pasada, Moody’s subió las notas de emisor de largo plazo en moneda local y extranjera de Caa1 a B3 y, además, mejoró la perspectiva de la Argentina de “estable” a “positiva”.
Esta decisión se sumó a las mejoras que ya habían sido dispuestas previamente por Fitch Ratings y S&P Global Ratings.
El periódico recordó que, cuando Milei asumió la Presidencia en diciembre de 2023, la Argentina era considerada un país con un riesgo de incumplimiento muy elevado. “Menos de tres años después, la Argentina superó su calificación de ‘altamente problemática’ y ya no posee una de las deudas más riesgosas del mercado global”, subrayaron y afirmaron que la “ambición de Milei” es alcanzar una calificación de grado de inversión en un plazo de aproximadamente cinco años.
Según el editorial, la mejora de la nota crediticia no responde a “la magia ni la suerte”, sino al proceso de estabilización económica. En ese sentido, citó la explicación de Moody’s, que sostuvo que la estabilización macroeconómica “superó la fase de ajuste inicial y se consolidó como una mejora más duradera de los fundamentos crediticios”.
“El auge de las exportaciones también mejoró las perspectivas del país, en parte gracias a la expansión del sector energético“, resaltaron, en línea con lo que dijo el presidente Milei durante su discurso en la inauguración de la Rural este domingo, cuando afirmó que el crecimiento del sector energético y la minería será lo que financiará la quita de retenciones al campo.
En el tramo final, The Washington Post puso el foco en la desaceleración de la inflación. Recordó que, cuando Milei llegó a la Casa Rosada, la inflación mensual rondaba el 25%, mientras que en junio de este año fue del 1,9%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
“Milei también abordó los persistentes déficits fiscales del país y registró un modesto superávit apenas un año después de su investidura», celebraron en alusión al ajuste del gasto público que se implementó en la Argentina desde que asumió Milei y que, según estimaciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), equivale a unos US$67.000 millones en los últimos 26 meses, cerca del 10% del PBI.
El editorial concluyó con una valoración favorable del programa económico del Gobierno: “Esto mejora la vida de los argentinos. Además, ofrece un modelo para otras economías estancadas que buscan recuperarse”.
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POLITICA
El canciller de Brasil calificó de “graves e inaceptables” los dichos de Javier Milei sobre Lula da Silva y escaló la tensión diplomática

En plena escalada de tensión diplomática, el canciller de Brasil, Mauro Vieira, tildó de “graves e inaceptables” los dichos del presidente Javier Milei sobre su par Lula da Silva, al que había calificado de “ladrón” y “presidiario”. El funcionario brasileño advirtió: “Todo este episodio es sumamente grave e inaceptable». Aunque aclaró: “Pero debemos trabajar para lograr el entendimiento entre las naciones, y la diplomacia se basa en eso, en el diálogo”.
Vieira dijo: “Las declaraciones del presidente de Argentina fueron muy graves y generaron una muy mala recepción. Dichas declaraciones fueron críticas y muy agresivas hacia el gobierno brasileño, el pueblo brasileño, las instituciones, el poder ejecutivo, el poder legislativo y el propio Presidente de la República. Constituyeron una injerencia en los asuntos internos, en los asuntos nacionales”.
El canciller de Brasil aclaró igualmente en declaraciones a TV Globo, en plena escalada de tensión entre ambos países: “La retirada de los embajadores es una medida muy seria. En este contexto de preservación, no vamos a hacer eso ahora. Necesitamos explicaciones del gobierno argentino: ¿por qué el presidente de Argentina vino a territorio brasileño para hacer este tipo de declaraciones, tan duras, groseras e inaceptables?“.
El gobierno de Brasil convocó de urgencia al embajador argentino para que dé explicaciones por los dichos de Milei
El canciller de Brasil convocó de urgencia al embajador de la Argentina en ese país, Daniel Raimondi, para transmitirle el rechazo de ese gobierno “a los improperios emitidos por el Presidente Javier Milei durante su visita privada a São Paulo, el 25 de julio, y cobrarle explicaciones sobre el comportamiento del mandatario argentino en territorio brasileño”, de acuerdo a un comunicado oficial.
Desde la cancillería de Brasil advirtieron: “No hay precedentes de un presidente extranjero que, en territorio nacional, haya acumulado agresiones y ofensas contra el Jefe de Estado, las instituciones democráticas, incluido el Poder Judicial, y el pueblo brasileño. Es especialmente lamentable que ese episodio infamante involucre al presidente de un país con el que Brasil mantiene 203 años de amistad y cooperación y que tiene, en Brasil, su principal socio comercial”.
El gobierno de Brasil además llamó a consultas a su embajador en la Argentina, Julio Bitelli, como anticipo TN. Fue luego de las duras críticas de Milei contra Lula, el sábado, durante un acto en San Pablo, de acompañamiento al lanzamiento de la candidatura presidencial del senador, Flávio Bolsonaro.
Milei dijo además: “Si en la Argentina tenemos como factor económico lo que llamamos el ‘riesgo kuka’, acá, en Brasil, hoy tienen el ‘riesgo Lula’, que se refleja en las acciones y los mercados, estoy hablando de ese mismo que mete preso a opositores por el solo hecho de ser opositores».
Brasil, Argentina, Javier Milei, Lula Da Silva
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