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DEPORTE

Fue campeón con Boca, estuvo a un paso de ser citado por Bielsa y hoy maneja una empresa de demoliciones: “Tenía que seguir el legado”

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Facundo Imboden muestra el trofeo ganado con el senior de Boca Juniors

Un domingo de su infancia lo resume todo: a la mañana jugó un partido con Boca Juniors en las infantiles, a la tarde representó a su club de barrio en básquet y antes de que cayera la noche todavía le quedaba un torneo de pádel. Cuando llegó agotado a su casa, le dijo a su padre que quería dedicarse a un solo deporte. Tenía 11 años y eligió el fútbol. Hoy, ese ex defensor que debutó en la Bombonera de la mano de Carlos Bianchi, compartió vestuario con Juan Román Riquelme y Martín Palermo, y estuvo a un paso de vestir la camiseta de la selección chilena por pedido de Marcelo Bielsa, tira paredes —literalmente— con una empresa de demoliciones y entrena a chicos de 4 a 12 años en el mismo club de Ituzaingó donde él aprendió a patear una pelota.

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Al momento de atender la llamada de Infobae, Facundo Imboden se aleja unos minutos de su trabajo como dueño del negocio creado por su padre hace más de tres décadas. Se sube a su camioneta para aislarse del ruido de la obra que llevan a cabo en el barrio porteño de Palermo y se adentra durante más de 30 minutos en un largo recorrido por su vida. El hombre de 46 años es el del medio, ya que tiene una hermana mayor que vive en Córdoba y su otra hermana más chica se desenvuelve como diseñadora gráfica y vive en Nueva Zelanda junto a su marido.

Fue parte de una época dorada en la historia de Boca Juniors y una gran cantidad de los 11 compromisos que disputó con el Xeneize tuvieron lugar a nivel doméstico durante el primer semestre de 2001, cuando los titulares eran preservados para afrontar la Copa Libertadores ganada ante Cruz Azul bajo el mando de Bianchi.

La carrera de Imboden lo llevó a vestir los colores de Belgrano, Millonarios de Colombia, Olimpo, Gimnasia, Ferro y Deportivo Cuenca de Ecuador, pero su etapa más larga como profesional sucedió en Chile con los colores de la Universidad Católica. Allí, en el primero de sus más de cuatro años en ese país, participó de un evento histórico porque fue parte del amistoso programado para el 2 de marzo de 2006 con la presencia de Diego Maradona, quien jugó con la camiseta de los Cruzados en San Carlos de Apoquindo contra la selección de Chile con un calzado prestado por Imboden: “En el vestuario le tuve que conseguir unos botines de su marca, que yo justo era auspiciado también por la misma y él no tenía botines”. Luego del encuentro, uno de los compañeros del defensor en La Franja, Jorge Polo Quinteros, le sacó una fotografía junto al Pelusa.

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Dos hombres sonrientes con camisetas de fútbol blancas y azules con el logo CRISTAL. Uno abraza al otro por el hombro
La imagen de Facundo Imboden junto a Diego Maradona con motivo de un partido amistoso entre Universidad Católica y la selección de Chile

Ese central aguerrido, que siempre buscaba salir con la pelota limpia del fondo y era fuerte en el juego aéreo, se retiró en 2012 después de que su padre sufrió un infarto y él se vio obligado a aprender desde cero cómo se manejaba la empresa de demoliciones: “Mis amigos me cargan porque dicen que, cuando yo jugaba al fútbol, tiraba jugadores porque les pegaba patadas y ahora tiro casas abajo para que hagan edificios. Sigo un poco en el rubro, ja”.

– Vos practicaste fútbol, básquet y pádel desde chico también. ¿Por qué elegiste el fútbol y cómo se da tu llegada a Boca?

– Sí, yo desde chico me crié dentro del club deportivo Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI), donde hoy tengo mi escuelita de fútbol. Me crié jugando, haciendo los deportes que se podían hacer. Hasta que un domingo, ya estaba jugando en las infantiles de Boca, y me tocó jugar a la mañana temprano con Boca contra Huracán de San Justo. A la tarde me tocó jugar al básquet representando al GEI y después tenía que jugar un torneo de pádel con un amigo, y cuando terminé toda esa jornada de domingo llegué a casa y le dije a mi papá que estaba cansado, que me quería dedicar a un solo deporte. Yo tenía en ese momento 11 años y me dediqué al fútbol. Por suerte, decidí bien y pude hacer una carrera de doce años jugando profesionalmente. Llegué a Boca de la mano de un profesor que nosotros teníamos en el club GEI. Y empecé mi carrera futbolística a los nueve años en Boca.

– ¿Terminás decantándote por el fútbol también un poco porque tu viejo había sido futbolista?

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– Mirá, la verdad que no sé. Capaz que inconscientemente sí, pero es el deporte que a mí más me gusta. Mi viejo fue jugador de fútbol, no pudo llegar a jugar en la Primera División, porque a sus 18 años él estaba para debutar en la Primera de Deportivo Morón y el padre le dijo que no lo acompañaba más y tuvo que ponerse a trabajar. Yo tuve la suerte de que ellos dos sí me pudieron acompañar en toda mi carrera infantil.

– Y más allá de ser zaguero central, ¿en tus inicios tenías otra posición?

– Sí, cuando llegué a Boca fui extremo izquierdo. Fui goleador de las Infantiles de Boca durante muchos años. Me acuerdo de haberle sacado el puesto a Adrián Guillermo, que después el Escobillón fue uno de los jugadores que pudo debutar en la Primera de Boca. Y una vez jugando ya Divisiones Inferiores, yo no jugaba y (Ramón) Mané Ponce, que era el técnico mío en esa categoría, me dijo que faltaba el número 3, me dijo si quería jugar en el lateral izquierdo. Obviamente le dije que sí porque quería jugar. Y quedé en ese puesto, empecé jugando de tres, pude debutar en la Primera de Boca de la mano de Carlos Bianchi jugando de tres y después jugué de central también. Así que pasé de delantero a defensor. Costó porque no sabía qué era marcar, pero cuando uno es joven va aprendiendo todo. Me gustaba jugar al fútbol y prestaba mucha atención.

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– Recién mencionaste a Bianchi, ¿qué recordás de tu debut en Boca?

– Fue uno de los días más lindos e importantes de mi carrera. Cuando Carlos arma el equipo en la práctica del jueves, me pone a mí de titular y después me dice que iba a debutar, fue una alegría enorme. Las palabras de tranquilidad que me dio Carlos, como también me las dieron el Patrón Bermúdez u Óscar Córdoba en su momento, que fueron los compañeros que tuve, fue especial y espectacular porque me tocaba debutar con 20 años en la Bombonera. Me dieron tranquilidad, que jugara como lo hacía en Reserva y como lo venía haciendo en Inferiores.

Un hombre de pie con uniforme de fútbol azul y amarillo con el número 3, la marca Quilmes y el logo de Nike, en un campo de césped con gradas llenas
Facundo Imboden compartió vestuario con grandes ídolos de Boca Juniors, como Riquelme y Palermo

– ¿Qué aptitudes tiene Bianchi como entrenador?

La mejor es tener a todo el plantel de la misma manera. Obviamente que él tenía un plantel titular, que en su momento ha ganado todo en Boca, pero a los suplentes también los veía de la misma manera que a los titulares. Yo cuento siempre algo de que a veces nosotros, que estábamos jugando en Reserva, el partido de Reserva no se jugaba por cualquier motivo y al domingo a la mañana entrenábamos y Boca tenía que jugar a las cuatro de la tarde, Carlos nos veía en el entrenamiento de la Reserva junto al profe (Julio) Santella. Y eso creo que no lo hacen todos los técnicos o no lo hacían todos. Eso para nosotros, saber de que Carlos estaba mirando el entrenamiento junto a su cuerpo técnico, era muy importante. Nosotros teníamos que entrenarnos al máximo porque sabíamos que el técnico de Primera te estaba mirando.

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– De hecho, cuando sumás más minutos en Boca, es justamente el semestre donde el club se queda con la Copa Libertadores 2001. ¿Qué recuerdos tenés de ese semestre en particular?

– Sí, los juveniles que debutamos en ese momento, en el 2000/01, éramos la rueda de auxilio de los titulares que venían jugando la Copa Libertadores y a nosotros nos tocaba jugar el torneo local. Y por suerte hacíamos los dos torneos de la misma manera, se jugaba de la misma manera. Obviamente que lo importante era ganar la Libertadores, que se pudo lograr, pero era muy importante que nosotros siendo los juveniles le podíamos darle tranquilidad al técnico y al equipo de que estábamos defendiendo los colores de la mejor manera.

– Más allá de Bianchi, también fuiste parte de una época dorada del club con Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Córdoba y Bermúdez, entre otros. ¿Cómo era el liderazgo de todos esos referentes?

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– Era buenísimo, porque nos hacían sentir parte del equipo titular. En ese equipo, estaban Córdoba, Ibarra, Bermúdez, Samuel, Arruabarrena, el Pepe Basualdo, Chicho Serna, Cagna, Román, Martín, Guillermo… Son grandísimos jugadores que quedaron en la historia, no solo de Boca, sino de muchos clubes. Tener esos referentes adelante me dio la oportunidad de crecer, no solo futbolísticamente, sino también como persona y, cuando asumís el liderazgo en otros planteles, es bueno tomar esas cosas que uno había aprendido de chico, de esos grandes jugadores, para poder transmitirlo.

– ¿Qué consejo te marcó para el resto de tu carrera?

– Al ser de la zona de Castelar, el Vasco Arruabarrena era de la zona, el Chicho Serna también vivía en Castelar y yo iba mucho a entrenar con ellos. Me decían que todo lo que guardara y ganara con el fútbol lo pudiera guardar, invertir bien y sobre todo ayudar a mi familia. Esa es una de las cosas que yo siempre le dije a los chicos que iban debutando después en otros clubes, que la plata va y viene y hay que saber cuidarla. Y una que nos decía Carlos Bianchi: “El tren pasa una vez sola y hay que aprovecharlo. Si no te subís, pasa, y no tenés otra oportunidad”.

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– ¿Seguís hablando con alguno de tus ex compañeros?

– Sí, hablo bastante seguido con el Pepe Basualdo, y después hablo mucho con ex jugadores de Boca, pero más grandes, como (Carlos) el Mono Navarro Montoya, (Néstor) La Tota Fabbri, Tito Pompei. Hemos hecho un grupo muy lindo jugando en el fútbol senior. Siempre les cuento que yo les alcanzaba pelotas cuando ellos jugaban. Más allá de que sea un torneo senior, poder jugar con ellos fue muy lindo, porque son también jugadores de la historia de Boca.

-Sí, de hecho fuiste campeón en el senior…

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– Sí, salimos campeones, pudimos dar la vuelta olímpica en la Bombonera. Jugaba con el Mono Navarro Montoya, (Raúl) Cascini, (Hugo) Ibarra, el Cata Díaz, Matías Donnet…

– ¿Cuándo empezaste y cuándo dejaste de jugar en el senior de Boca?

– Empecé en el 2014 o 2015, y habré dejado en el 2022, más o menos.

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Medalla plateada con cinta celeste y blanca que dice CAMPEÓN, con un jugador de fútbol y detalles del escudo de Argentina. Fondo gris texturizado
La medalla de campeón de Facundo Imboden

– En el plano profesional, jugaste en muchos clubes, pero tuviste tu etapa más larga en la Universidad Católica y eso también te acercó a la selección chilena. ¿En algún momento recibiste un llamado de Marcelo Bielsa sobre si te tenía en cuenta o si te tenía en consideración?

– Sí, en un partido, ya hacía un par de años que estaba en la Católica y, en un partido en Rancagua contra O’Higgins, sabíamos que estaba Bielsa con (Eduardo) Toto Berizzo, que era su ayudante de campo. Y el Toto Berizzo era muy cercano al Tati Buljubasich, que era el arquero y hoy director deportivo del club. Sabíamos que estaba en el estadio y una vez terminado el partido, a través del Toto Berizzo, me hizo llegar que Marcelo había preguntado por mí, que si yo estaba dispuesto a jugar para la selección chilena. Y obviamente que le dije que sí. A mí me faltaba todavía un tiempo para poder nacionalizarme chileno. Y al final después pasó esa oportunidad, pero estoy súper agradecido y contento de que me hayan mirado y pensado para poder defender los colores de Chile.

– ¿Era un plus también ser entrenado por Bielsa, más allá de ser convocado a la selección?

– Y la verdad que sí, hubiera sido lindo, porque creo que es un técnico que trabaja mucho, que le quiere sacar el máximo provecho a todos sus jugadores. Hubiera sido lindo, pero no me quejo de la carrera que tuve y los entrenadores que tuve.

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– Y justamente hay un hilo conductor entre la Católica, vos y Diego Maradona, porque te despediste de Diego el 25 de noviembre de 2020 con una publicación en la que subís una imagen junto a él y ambos tienen la camiseta del club. ¿Cuál es el contexto de esa foto?

– Yo había sido alcanza pelotas en el 95, cuando él vuelve a Boca con el pelo pintado de amarillo y solo lo había saludado. Después, en el año 2006, él va a Chile y de ahí sale esa foto. En ese momento se estaba creando el sindicato de futbolistas de Chile. Organizaron un partido amistoso entre la Católica y la selección chilena, y el invitado de lujo era Diego, que jugó para nosotros con la Católica. Cuando entra al vestuario, me ve a mí, me saluda, se sienta al lado mío y empezamos a charlar.

– ¿Te reconoció?

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– Él me reconoció. Es más, yo siempre cuento que me sorprendió porque él sabía todo de mi vida sobre los equipos y los años en que había estado jugando. Jugamos un partido y después fuimos a cenar juntos. Tengo los mejores recuerdos con el Diego dentro de una cancha y poder haber compartido ese momento con él y después ir a verlo, poder escucharlo y hablar de fútbol con él era magnífico.

– ¿De qué hablaron ese día?

– Primero, en el vestuario le tuve que conseguir unos botines de su marca Puma, que yo justo era auspiciado también por la misma marca y él no tenía botines. Obviamente con los contactos que yo tenía ahí le traje unos botines. Estaba súper agradecido. Y después en la cena, él contando historias de la selección argentina y de los clubes cuando jugaba.

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– ¿Quién te saca la foto con Diego?

– Me la sacó (Jorge) Polo Quinteros, que estaba también ahí en el plantel. Y tengo guardada la camiseta que usé yo de la Católica firmada también por Diego. Son los lindos recuerdos que a uno le quedan en el fútbol.

Pierna humana con un tatuaje de un balón de fútbol blanco y negro. El balón presenta patrones geométricos y el texto 'azteca' y 'México'
Se tatuó el balón oficial Adidas Azteca del Mundial de México 1986

– Y tenés un tatuaje vinculado a él…

– Sí, tengo la pelota del Mundial 1986 en el gemelo izquierdo.

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¿Te lo cruzaste de vuelta en algún momento?

– Después de esa foto me lo crucé varias veces con él jugando al Showbol, que lo he ido a ver en Viña del Mar y en Argentina. Llegué a estar con él, saludarlo y ver el partido.

– Luego de esa etapa en la Universidad Católica, volvés al país para jugar en Ferro y Gimnasia y te retiras en 2012 después de un paso por Deportivo Cuenca de Ecuador. ¿Por qué tomás esa decisión?

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– Tenía todavía contrato y, cuando vuelvo de vacaciones a Argentina, a mi papá le da un infarto. Él se recuperó pero decidí quedarme acá a raíz de ese problema de salud. Rescindí en Ecuador y acá no tuve ninguna oferta que me gustara. Pasó el tiempo, no extrañé seguir jugando y decidí terminar de jugar aunque no fue la manera como me hubiera gustado. Me hubiera gustado terminar jugando un partido oficial y decir: “Bueno, hoy es mi último partido”. Pero por algo se dan las cosas así. Capaz que si yo no estaba en Argentina, hoy capaz que no podría seguir disfrutando de mi viejo.

– Los ex futbolistas muchas veces cuentan que no saben cómo ocupar el tiempo vacío después del retiro y a vos te sucedió lo inverso. ¿A qué le atribuís esa diferencia?

– Empecé a disfrutar de los fines de semana con mis hijos, con mis amigos. A raíz del problema de salud de mi viejo, me hice cargo de su empresa de demoliciones. No estuve mirando el techo en mi casa, como se dice. Dejé de jugar y empecé con otra preocupación, que era el trabajo. Así que por suerte no me costó. Sé que hay muchos jugadores que les cuesta, que lo extrañan mucho más, pero a mí me hizo bien poder estar con la familia, con los amigos y tener la cabeza ocupada en el trabajo.

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– ¿En qué rol comenzaste en la empresa y qué lugares ocupaste hasta hoy en día?

– Bueno, empecé desde abajo aprendiendo cómo es demoler y hoy manejo la empresa. La creó mi viejo. Hoy ya está a nombre mío, él ya está jubilado, pero seguimos trabajando juntos. Soy el dueño y controlo las obras, estoy con los empleados por si necesitan algo. Trato con arquitectos y grupos de inversionistas, que son los que construyen. Era algo nuevo estar dentro de una obra y lo disfruto. Mis amigos me cargan porque dicen que, cuando yo jugaba al fútbol, tiraba jugadores porque les pegaba patadas y ahora tiro casas abajo para que hagan edificios. Sigo un poco en el rubro, ja.

Un hombre con traje oscuro y camisa blanca sonríe con las manos en los bolsillos, frente a una pared gris con un reloj de madera grande
Facundo Imboden posa de pie en un espacio interior, vestido con un traje oscuro y camisa blanca, mientras sonríe a la cámara.

– ¿A qué se dedica la empresa?

– Demoliciones en general. Demolemos y dejamos el terreno limpio para que después puedan construir, ya sea edificios, nuevas casas o lo que decidan hacer los inversionistas o arquitectos que nos contratan.

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– Dejaste de jugar al fútbol y empezaste a hacer algo totalmente distinto. ¿Era algo que proyectabas para después del retiro?

– La verdad no lo pensaba. Sabía que tenía que seguir con este legado que era la empresa que tenía mi viejo. Pero se dio de un día para el otro. Cuando me dicen que mi viejo está bien, que se va a reponer, tuve que agarrar su agenda y empezar a conocer y a aprender todo lo que era el rubro de la demolición. Atrás, siendo la sombra de un capataz y siendo después la sombra de mi viejo, aprendiendo. Hoy puedo decir que la puedo manejar yo tranquilamente.

– ¿Sabías algo o todo de cero?

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– Lo aprendí todo de cero. Por eso creo que todos los días podemos aprender algo nuevo.

– ¿Y cuán complicado es para un futbolista la faceta de los negocios? ¿Cuánta importancia le das a la educación financiera?

– Mucho, pero tengo unos padres que me enseñaron. Tuve la posibilidad de ir a un colegio y terminé el secundario. No hice una carrera terciaria, pero hoy puedo sentarme a conversar con cualquier persona hablando de negocios. Esto me da de comer. Tengo la suerte de tener un trabajo para poder darle de comer a mis hijos y poder disfrutar.

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– ¿Y cómo fusionás este trabajo con el otro que tenés como coordinador en la escuela de fútbol del club GEI?

– Creo que a mis 46 años se puede hacer todo todavía. Yo me levanto cuando suena el despertador a las cinco y media de la mañana. Espero que mis empleados lleguen a casa, salgo a trabajar a una hora, estoy en la obra y después del mediodía vuelvo para mi casa, me baño, me pongo la ropa deportiva y me voy al club hasta las nueve de la noche para estar con chicos de 4 a 12 años y disfrutar de ellos, transmitirles el aprendizaje que tuve yo en toda mi carrera y que ellos después decidan si quieren ser jugadores del futuro.

Hombre con barba y tatuajes, camiseta azul y gris, brazos cruzados, frente a una pared blanca con logos y texto Club GEI
Facundo Imboden con la vestimenta del club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó

– ¿De qué te ocupas?

– Tengo cinco profes a mi cargo y planificamos diferentes cosas como los entrenamientos para los chicos. Es todo muy tranquilo porque es un club de barrio. Yo no busco sacar jugadores, sino lo que quiero es que los chicos se diviertan, aprendan a jugar al fútbol y que en un futuro se acuerden de que tuvieron un profe que algo les enseñó y les dejó para su vida.

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– ¿Seguís jugando torneos de pádel?

– Sí, hoy defiendo al club GEI jugando interclubes. Lo hago un poco también para hacer un poco de deporte y disfrutar del pádel.

– ¿Qué te dio y qué te quitó el fútbol?

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– Lo que te quita es no poder disfrutar de los fines de semanas en familia, no poder estar en cumpleaños, egresados. Hoy, fuera del fútbol, que uno tiene libre todos los días, se recupera eso de llevar o acompañar a tu hijo al colegio, poder ir a verlo a un torneo de vóley o de fútbol. Poder disfrutar un fin de semana en otro lugar. Se disfrutan muchas cosas que te saca el fútbol cuando uno tiene que estar concentrado los fines de semana.



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Cumplió 30 años ininterrumpidos como DT de su club, hace más de siete años que no gana pero no renuncia porque todavía sueña con ascender

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La alarma suena a las 5. Todavía es noche en Montevideo. Fresca noche en la barriada de La Unión. José Luis de La Quintana se levanta como puede. Lagañoso pero acostumbrado. Como cada día. Lleva 21 años con la misma rutina. Un café o un cortado para despabilarse y entrar en calor. “ Soy un uruguayo atípico. No me gusta el mate aunque mi madre toma yerba Canarias. Cuando éramos chicos, y siendo yo parte de una familia numerosa, la vuelta era larga y yo muy impaciente… Lo mío es el mate cocido…”, le explica sus motivos a Olé este capitalino de 62 agostos para 63 que no baja los brazos. Ni quiere hacerlo ni puede hacerlo. Hará, rato más tarde, unas 15-20 cuadras hasta su laburo en La Blanqueada y se pondrá al hombro una ardua jornada de trabajo. Lejos de la pelota. El fútbol charrúa también tiene sus cositas organizativas, a la argentina. La Divisional C, por caso, arrancó el 10 de mayo y, para un puñado de clubes que no dieron el piné, terminó el 28 de junio. La temporada duró dos meses. Habrá que rebuscárselas. Buscar otra actividad, otro cuadro, otro cantar, otro amanecer. Lo dice La Vela. Cuando todo parece jodido es cuando hay que poner. Y José sabía.

De la Quintana, parado a la derecha del póster de Alto Perú.

A unos dos kilómetros del mítico estadio Centenario, el Autohouse Parking, al 3300 de la avenida 8 de Octubre, un estacionamiento cerrado que parece haberse quedado en el tiempo, espera por De La Quintana, quien llegará para ganarse el mango. “Recibo clientes, estaciono vehículos, brindo buena atención y cobro…”, cuenta el veterano empleado que le quitó la vista al reloj y al añejo calendario. De no creer, ese canoso playero -casi sin saberlo o sin importarle- está haciendo historia lejos de una cancha, su verdadero hábitat. Un 4 de Agosto de 1996, hace exactamente 30 años, se hizo cargo del primer equipo de Alto Perú en el arranque del torneo de Aficionados, una suerte de tercer escalón del fútbol uruguayo. En el Méndez Piana, habitual casa de Miramar Misiones en el Parque Battle y Ordóñez, y hoy por hoy, un estadio de pasto sintético también pensado para el rugby, el Negrirrojo le ganó 1-0 a Huracán de Paso de la Arena por el gol de Aldrin Almeida ante escasos 200 testigos. Fue su primer partido como entrenador. Para enmarcar: las alegrías nunca sobraron.

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Desde ese momento, hace tres décadas ya, De La Quintana nunca más dejó de dirigir al particular equipo de Malvín Norte. Ni desde adentro ni desde afuera. Porque Don José Luis no solo hace las veces de técnico: también es el presidente y máximo referente de la institución desde la muerte de Carlos Acosta Vidiella, el pope de Los Ácratas, allá por 2019. Si “lucha y resiliencia” es el actual slogan del club, el dicho -a la vez- puede pintar a su DT, que no se pondrá el buzo hasta noviembre, cuando comiencen las captaciones de jugadores de cara a un nuevo campeonato que, seguro, no lo sacará de pobre. Porque acá viene la otra rareza cósmica: desde el sábado 20 de julio de 2019 en el Parque ANCAP, cuando Alto Perú goleó a la tardecita y como visitante a Artigas por 5-2 en la vieja Primera División Amateur, el equipo no gana un partido de campeonato en la cancha. Sí, lleva más de siete años sin ganar por la Liga local y va camino a los ocho por designios organizativos.

-En el fútbol los resultados mandan. Pero usted, como presidente, no puede echar al técnico porque son la misma persona, José Luis.

-Si me salen mal las cosas no me pongo a llorar. Si en tu casa hay algo que no funciona… ¿Te vas o te quedás? No tenés que aflojar. Es un tema de mentalidad. Mi mente tiene 25 años. Razono como un hombre de 25 años más allá de lo que diga el documento. Cuando no tenga la fuerza ni la voluntad, me retiro y se terminó. Nunca nadie me dijo nada porque solo los que estamos acá adentro sabemos de qué se trata.

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-Sin embargo… ¿Nunca pensó en dar un paso al costado? Al menos, para descomprimir.

-No hay cosas turbias. No somos una improvisación. Planificamos todo pero con nuestros recursos. Queremos subir a la B pero es difícil, muy difícil. El fútbol es un concepto y te tenés que preparar para ganar. Aunque no siempre se puede. ¿O en la vida te va bien todos los días?

Cantimplora de Alto Perú.Cantimplora de Alto Perú.

De un truquito en el bar a una impensada invitación

El hombre de la calle atraviesa el temporal. Sin fútbol, las horas no corren más. Montevideo se hace todavía más lenta y, desde el parking, la vida va y viene en la cabeza de De La Quintana. Su vínculo con la redonda llega color sepia a la charla. Comenzó en el baby fútbol de Uruguay Buceo, luego pasó por Alumni, y ya en el secundario, “un señor que organizaba torneos” lo invitó a probarse en Wanderers. Luego deambuló por Liverpool hasta que el fútbol quedó en un segundo plano porque el trabajo pudo más que sus sueños. “Pero un día, jugando al truco en Puerta del Sol, el bar de Pepe y Manolo en Avenida Italia y Luis Alberto Causa, un muchacho me invitó a probarme en Alto Perú, un club de la zona. Estuve practicando durante 1986 hasta que recién un año más tarde, me llegó una carta de Acosta, el presidente, para sumarme al plantel. Conmigo entró mi papá, Antonio, que falleció como delegado activo en 2020. Tuve años negativos porque las lesiones me tuvieron a maltraer. Pude jugar hasta 1994 y, en simultáneo, hice el curso de entrenador en el ISEF (Instituto Superior de Educación Física), dentro del Parque de los Aliados…”, rememora José Luis para Olé.

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Hubo vida, claro, antes de De La Quintana DT. El 2 de octubre de 1994, en el Parque Oriental, de La Paz, Alto Perú cerraba la temporada con un 2-2 como visitante ante Salus. El Alto fue dirigido por un tal Luis Gómez, de quien el Mundo Fútbol uruguayo le perdió el rastro. Se hizo un bache profundo. En 1995, cuando el presidente del club se acercó a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) para pagar el canon por la participación en el torneo, apareció una deuda que los dejó afuera por morosos. “Revisando en el taller de mi viejo Pocho antiguos balances, vimos que a algunos clubes les habían prestado desde adentro hasta 5000 dólares para ponerse al día. Por eso, pusimos un abogado, apelamos la sanción y nos dieron la razón por votación. Por eso, en 1996, volvimos a competir…”, recuerda JldlQ sin perder su tono monocorde y armonioso. “Pensar que arranqué con un triunfo… La vida fue andando y hoy, cuando me quiero dar cuenta, ya pasaron 30 años. Ahora queda mal salir de un proyecto que necesita de gente para salir adelante. Necesitás de gente como Acosta y mi papá”, reflexiona De la Quintana. Alto Perú, sí, es una familia. Y como en toda familia…

De la Quintana y compañía en un viejo róster de Alto Perú.De la Quintana y compañía en un viejo róster de Alto Perú.

-¿Y a qué le ha gustado jugar?

-Me gusta ser un equipo fuerte defensivamente, rápido en las transiciones y con buenos definidores. Un equipo que defienda como los italianos, que sea rápido como los ingleses y que defina como los brasileños. Pero en el Ascenso uruguayo… Antes éramos todos amateurs. Ahora muchos son ultra profesionales. Y acá no hay punto medio: nos quedamos quietos o remamos.

-30 años es mucho tiempo, José Luis. Encima sin grandes resultados…

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-Me gustaba mucho Alex Ferguson y cómo, en los ’80, la dirigencia del Manchester United apostó por el largo plazo. Después ganó más de 30 títulos con los ingleses.

-Más acá en el tiempo me gustaba mucho ver en la TV argentina el programa ‘Atlas, la otra pasión’. Aunque ellos tenían mayor infraestructura por ser un reality. Me encantaba Néstor Retamar, su técnico, que la peleaba y le daba para adelante a pesar de todo. Una vez nosotros actuamos: tuvimos una pequeña participación en cancha de Rampla dentro de una serie llamada Uruguayos Campeones -de Adrián Caetano-.

-Ferguson, Retamar… El agua y el aceite.

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-No quiero compararme con nadie porque eran otras condiciones económicas y materiales. Pero ya viví lo que es pelearla acá. Y más allá de los resultados. Cuando llegué al club, Alto Perú ya no tenía cancha ni sede ni nada. Y cuando se pierde el arraigo, se pierde el barrio. Y se pierde todo…

Pocho de la Quintana, papá de José Luis y delegado de Alto Perú hasta el día de su muerte.Pocho de la Quintana, papá de José Luis y delegado de Alto Perú hasta el día de su muerte.

Entre anarquistas, carnavaleros y víctimas de la dictadura militar

Allá por 1936, cuando los uruguayos sumaban su quinta temporada de fútbol profesional, el juguete perdido de esos pibes del barrio Valparaíso era una pelota desclasada. Bajo el flamear de banderas rojas, banderas negras, los adolescentes (y no tanto) se reunían en un campo de la calle Alto Perú para darle rienda suelta al vicio de la redonda. De corazón anarquista -de allí el origen de sus colores, Sangre y Luto- y ajenos a aquellas batallas del Siglo XIX, un 1° de mayo de 1940, el Día Internacional de los Trabajadores, los botijas decidieron formalizar su agrupación y fundaron un club. Así, continuaron disputando campeonatos de potrero hasta que, en 1961, optaron por afiliarse a la AUF para participar de la Divisional Extra B, quinta categoría charrúa por esos tiempos.

Alguna vez Alto Perú gritó campeón.Alguna vez Alto Perú gritó campeón.

Sus logros se cuentan con los dedos de una mano (izquierda, claro). Las rústicas y discontinuas redes sociales de la institución destacan en sus bío que El Alto fue “ campeón Extra 1965, campeón Intermedia 1968 y campeón Apertura 2006”. Todos logros del Ascenso profundo. Incluso supo jugar algunas (poquitas) temporadas en la B, coqueteó con elencos de Primera en la Copa Alberto Lois de 1969 y, en 1981, estuvo cerca de subir a la A pero un fallo errático del árbitro mundialista Ramón Barreto lo dejó sin chances de clasificar a un triangular final. Aunque lo peor aún no había llegado.

En la manzana de Malvín Norte donde se encontraba la cancha de Alto Perú hoy funciona un Liceo (escuela secundaria) y la cancha de baby fútbol del club Terromoto.En la manzana de Malvín Norte donde se encontraba la cancha de Alto Perú hoy funciona un Liceo (escuela secundaria) y la cancha de baby fútbol del club Terromoto.

Un año más tarde, la vida de la institución tuvo un antes y un duro después: la dictadura militar se quedó con su casa de 11 contra 11, el Parque Domingo López de Avenida Italia y Mataojo (el último con tablones de madera en Montevideo), con el tablado de hormigón Antonio ‘Cachela’ Casaravilla que era punto de atracción del Carnaval, con los legendarios campeonatos nocturnos y con la vida social de todo club de barrio para transformar el terreno en el Liceo n°10 y en la linda canchita del baby fútbol de Terremoto. Más allá de tibias negociaciones, la Intendencia de Montevideo jamás realizó una reparación histórica por aquellos terrenos municipales transformados en educación y esparcimiento. En Alto Perú, puede decirse, son nómades desde hace 44 interminables años.

Una vieja vuelta olímpica de Alto Perú en su  estadio ya desaparecido.Una vieja vuelta olímpica de Alto Perú en su estadio ya desaparecido.

-¿Y dónde juegan, José Luis?

-Alquilamos lo que queda disponible. Acá son muchos los cuadros en esa situación. Cuando el club perdió la cancha comenzó a navegar en aguas turbulentas.

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-¿Y no consiguieron sede social? ¿Una sala de reuniones? ¿Un buffet? ¿Un metegol? Algo…

-Tenemos una sede administrativa. Moreli al 4000.

-¿Tiene algún escudo? ¿Algún cartel?

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-Desde afuera no te das cuenta. Es la casa donde vivo. Pero es provisoria, eh.

El dedo acusador: del “equipo en situación de calle” a “los juegos del hambre”

La estadística es ingrata. Por lo menos, en los últimos tiempos. Aquella final para definir al mejor de la C en 2006 lo encontró -sin suerte- en una final contra Boston River, hoy en Primera, y fue casi una excepción a la regla. Los números no cierran. Desde aquella mentada victoria en 2019, Alto Perú lleva la friolera de 76 partidos ligueros sin ganar ‘jugando’ con 14 empates y 62 derrotas. Y la aclaración tiene sentido: se ha llevado puntos por la no presentación del rival o la mala inclusión de algún jugador de enfrente. También se dio un gusto aunque por la fase preliminar de la Copa AUF cuando el 29 de junio de 2022 le ganó 3-2 a Progreso de Estación Atlántida -un equipo de la OFI, Organización del Fútbol del Interior- y en cancha de los aurinegros canarios allá en Canelones. Y hace un par de semanas, olía a triunfo contra Los Halcones pero a falta de dos malditos minutos, un tal Diego De Souza puso el 1-1 y los dejó sin la chance de volver a descorchar un agua con gas.

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El equipo de De La Quintana no gana un partido desde 2022. Y por torneo de liga charrúa desde 2019.

Se la da mucho color a eso. Al tiempo que llevamos sin ganar. A los partidos que llevamos sin ganar. Pero hubo temporadas en las que solo jugamos nueve partidos al año. Como que se empeñan en resaltar algo que no anda. La prensa le da más color a eso que a nuestros valores solidarios, a nuestros chicos que dan como 20.000 vueltas para poder cumplir con los entrenamientos. Acá es el espíritu humano contra la adversidad. La ilusión de progresar es el motor, el sueño. Y eso no lo podés comprar con plata ni con una SAD…”, sentencia sin perder la calma -en charla con Olé– un De la Quintana a quien suele señalárselo del otro lado del charco como el gran responsable de los momentos de tensión de Alto Perú, un club que además de carecer de buenos resultados, de una cancha y de una verdadera sede social, también carece de hinchas. Y no los busca más allá de los (pocos) interesados. Ni siquiera maneja un mínimo Depto. de Marketing que venda camisetas a pesar de los innumerables pedidos. Como si nada les interesase por ser un poquito mejores.

En 2006, Alto Perú ganó el Apertura y jugó una final por el ascenso a la B.En 2006, Alto Perú ganó el Apertura y jugó una final por el ascenso a la B.

“Un equipo en situación de calle…”, llegó a bautizarlo el periódico La Diaria. Y Gonzalo Scotti, uno de sus referentes hasta 2025, el ex capitán, habló en caliente de una institución manejada en la “total clandestinidad” y, entre tanta denuncia pública, comparó el momento con “los Juegos del Hambre”. Pensar en un guiño político también sería una trampa: en estos 30 años de JldlQ como entrenador del Sangre y Luto, pasaron presidentes como Sanguinetti, Battle y Vázquez; pasaron Mujica, Pou y Orsi; pasaron blancos, colorados y frenteamplistas. Y la historia, la deuda interna, no cambió…

Así se festejó el último triunfo, por Copa AUF, en 2022.Así se festejó el último triunfo, por Copa AUF, en 2022.

-¿Cómo sobreviven? ¿Cuántos socios tienen? ¿Cuántos colaboran con la cuota? Hay gente que dice que quiere asociarse y nunca tiene respuesta.

-Somos unos 40. Para hacerte socio tenés que hablar con otro socio y después la Comisión Directiva resuelve… ¿Cómo nos mantenemos? Cuando andás en la mala, los sponsors no aparecen. Será cosa de conseguir buenos resultados. No gastamos más de lo que contamos. Si tenemos 5 pesos, gastamos 5 pesos. Nos acomodamos también al contrato de la TV. La divisional es amateur. Practicamos después de las 16 porque el 90% del plantel es laburante. Somos una gran familia. Jorge Caetano, Chochi, desde hace 26 años es el equipier (utilero); Fernando Andino fue campeón con la Cuarta en 2004 y sigue vigente con récord de partidos; Danilo Fernández, nuestro golero, también nos acompaña desde hace rato. Somos un buen grupo de gente anónima.

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Desde hace 26 años, Jorge Caetano, conocido como Chochi, es el utilero de Alto Perú y parte de la familia del club.Desde hace 26 años, Jorge Caetano, conocido como Chochi, es el utilero de Alto Perú y parte de la familia del club.

-¿No es como quedarse en el tiempo? Justamente en Uruguay donde las SAD’s son moneda corriente, la lógica de la autogestión se aplaude pero… ¿A qué costo? Es perder y perder.

-El año pasado tuvimos ocho, diez ofrecimientos para ser SAD. Recibí incluso llamadas desde la Argentina. Uno me mandó una foto con Maradona para sacar chapa. Mis mejores épocas en Alto Perú fue cuando transité con gente de honor y palabra. Eso nos fortalece. Me encanta que varios clubes que competían con nosotros en la C hoy estén en Primera gracias a las SAD. Me parece bárbaro. Sin embargo, por ahora, mantenemos los lineamientos del club de barrio. Somos un club social. El año pasado tuvimos varias peleas por ponernos firmes en nuestras ideas. Entiendo la situación de los gurises que no pudieron jugar. Igual, no somos necios. No le podemos cerrar la puerta a nadie. Estamos preparados para todo siempre que sea derecho, concreto y honesto.

Hinchas no le sobran a Alto Perú.Hinchas no le sobran a Alto Perú.

-¿Lo peor son los resultados o lo que se dice? Parece mucho pero algunos comentarios en las redes sociales hablan de “una dictadura” por encima de una marca de continuidad que, en la actualidad, debe ser récord regional…

-No me preocupa lo que puedan hablar afuera. En el club no se habla ni de política ni de religión. Yo trabajo para ganar. Nos vamos vacíos de la cancha. El fútbol es un permanente renacer: termina un juego y vamos al otro. Venimos perdiendo porque la categoría ha cambiado. Si te llama un jugador y te dice que no puede venir porque tuvo que llevar al médico a su gurí, ¿qué voy a decir? Solo pierde el que deja de luchar. Si no podemos crecer, nos tenemos que mantener. Queremos volver a contar con nuestro espacio, nuestra casa, nuestra sede. Pero, mientras tanto, competimos. En mi mente solo me preocupa si me levanto sin ganas de seguir en la lucha…

Y la alarma de José Luis de la Quintana, como todos los días, volverá a sonar a las 5.

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DEPORTE

Neymar deja su retirada en el aire: ‘No sé cuánto tiempo debo continuar’

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El futuro de Neymar sigue siendo una incógnita. A sus 34 años y después de una temporada marcada, una vez más, por los problemas físicos, el delantero brasileño evitó despejar las dudas sobre su continuidad como futbolista y reconoció que todavía no ha decidido qué hará cuando finalice su contrato con el Santos, previsto para el mes de diciembre.

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DEPORTE

La historia de Zoey Kuhn, la delantera norteamericana que ilusiona a Rosario Central con sus goles y es furor en el fútbol femenino

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Zoey Kuhn impactó de inmediato en el fútbol femenino argentino y se convirtió el motor de Rosario Central (Instagram: @zoeykuhn_)

La irrupción de Zoey Kuhn en el fútbol femenino argentino cambió la dinámica de la Primera B y el rostro ofensivo de Rosario Central. En apenas cuatro meses, la delantera estadounidense demostró que puede marcar diferencias en terreno sudamericano, donde la fricción y la velocidad son protagonistas. Su llegada se tradujo en una revolución estadística y anímica para el equipo canalla, que hoy lidera su zona con un margen amplio.

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Vista de espaldas, futbolista con camiseta azul y amarilla número 19 y pantalones cortos azules corre en campo de césped verde, gradas al fondo
Kuhn se define como “una jugadora rápida, agresiva y técnica” (Crédito: @zoeykuhn_)

El fenómeno Kuhn se explica por números contundentes: siete goles en nueve partidos, seis de ellos como titular y siete asistencias en solo 458 minutos disputados. Estos datos, proporcionados por International Sport Talent Agency, revelan la rápida adaptación de la jugadora y su impacto inmediato en el ataque del equipo. La futbolista, que aterrizó en Rosario en abril pasado, se ha ganado la admiración de los hinchas.

Zoey Kuhn delantera estadounidense que juega en Rosario Central
Zoey Kuhn llegó en abril y ya dejó números que explican el gran momento de Rosario Central (Instagram: @zoeykuhn_)

La historia de Kuhn comenzó lejos de las canchas argentinas, en Thousand Oaks, California, donde nació en 2004. Desde pequeña, el fútbol fue su espacio de desarrollo y expresión. Durante su etapa formativa, integró los equipos juveniles del Sporting FC de Westlake Village, compitiendo en la United Premier Soccer League, una de las ligas de desarrollo más reconocidas en Estados Unidos.

En su transición a la educación superior, eligió primero Moorpark College, donde defendió la camiseta universitaria durante dos temporadas. Allí, entre los valores institucionales de diversidad e inclusión, jugó 30 partidos y convirtió dos goles. Más adelante, su carrera la llevó a la Azusa Pacific University, donde su papel resultó aún más determinante: en su primera temporada, anotó dos tantos en 17 encuentros; en la segunda, sus ocho goles en 21 partidos la posicionaron como máxima artillera del equipo.

Cuatro mujeres futbolistas con uniformes a rayas azules y amarillas. Tres de ellas se abrazan mientras una mira a la cámara. Fondo de tribunas
Desde su llegada la delantera aportó varios goles para ilusionar al equipo rosarino (Crédito: @zoeykuhn_)

El salto a Sudamérica llegó en el contexto de un equipo en reconstrucción. Rosario Central venía de descender de la máxima categoría, tras una campaña negativa, y buscaba talentos capaces de revertir la historia. El anuncio oficial de su fichaje se produjo el 10 de abril, y dos días después, Kuhn ya estaba en el banco de suplentes para el debut de temporada ante UAI Urquiza, aunque no ingresó. Su estreno en cancha llegó finalmente el 18 de abril, en la victoria ante Deportivo Morón, donde sumó sus primeros minutos con la camiseta del Canalla.

Zoey Kuhn delantera estadounidense que juega en Rosario Central
La delantera estadounidense llegó proveniente de Azusa Pacific University (Instagram: @zoeykuhn_)

La adaptación de Kuhn al fútbol argentino fue más veloz de lo habitual en jugadoras extranjeras. La atacante se insertó en el esquema del entrenador Matías Giugno y rápidamente se convirtió en una carta de gol. Su primer partido como titular fue el 9 de mayo, frente a Estrella del Sur, y desde entonces no dejó de sumar protagonismo.

En diálogo con el programa ¿Qué pasó el sábado?, la futbolista confesó sentirse plenamente integrada: “Las chicas son muy buenas y el club es increíble, así que me estoy divirtiendo”, admitió. El idioma aún representa un desafío, aunque no ha sido impedimento para consolidar su lugar. Kuhn remarcó: “Me gusta el río (Paraná), es muy hermoso. Caminé por ahí una mañana. Me gustan las calles, la vida en la ciudad. Y la gente es muy amable acá”, expresó con entusiasmo.

Zoey Kuhn delantera estadounidense que juega en Rosario Central
Con siete tantos en nueve partidos, la atacante nacida en California se volvió una pieza central del esquema en el conjunto rosarino (Instagram: @zoeykuhn_)

Las diferencias entre el fútbol femenino de Argentina y el de Estados Unidos llamaron la atención de Kuhn desde el primer día. Según su propia descripción, el aspecto físico es la principal característica del certamen local: se juega con velocidad y fuerza, lo que exige a las delanteras no solo técnica sino también potencia. Zoey se definió como “una jugadora rápida, agresiva y técnica”, atributos que se reflejan en sus estadísticas y en su forma de encarar los partidos.

Su presencia física y su instinto para el gol la convirtieron en una pieza fundamental para Rosario Central, que encontró en la estadounidense una solución ofensiva tras el descenso. El equipo ostenta 9 victorias y un empate en 10 partidos, con una diferencia de 6 puntos sobre su perseguidor más cercano en la zona B, lo que lo coloca en una posición inmejorable para pelear por el regreso a la Primera División.

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Zoey Kuhn delantera estadounidense que juega en Rosario Central
Rosario Central lidera la tabla de posiciones de la zona B con 28 puntos (Instagram: @zoeykuhn_)

Desde su debut, Kuhn aportó goles decisivos que ayudaron a consolidar la campaña del conjunto rosarino. Marcó un doblete en la goleada por 20 a 0 frente a Claypole, repitió la dosis ante Defensores de Belgrano y Aldosivi, y sumó un tanto clave frente a UAI Urquiza. La estadounidense, lejos de sentir la presión, respondió con goles y asistencias, y su actitud positiva fuera de la cancha reforzó su integración al grupo.

Mujer con cabello largo castaño y rubio, blusa negra, collar, anillos y pulseras, sentada en una mesa de patio con follaje verde y cielo azul al fondo
Zoey Kuhn llegó en abril pasado a Rosario Central (Crédito: @zoeykuhn_)

El arribo de Kuhn a Rosario Central se inscribe en una tendencia creciente: cada vez más futbolistas estadounidenses eligen desarrollar parte de su carrera en equipos sudamericanos. Casos como el de Emily Ormson en Boca Juniors, la arquera Riley Melendez en Ferro y Sarah Mirr —quien pasó por Boca y ahora milita en Ferro—, muestran que el fútbol argentino se ha convertido en un destino atractivo para talentos formados en el exigente sistema deportivo de Estados Unidos.



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