CHIMENTOS
Clara Ulrich, la artista que dejó todo por amor y construyó una carrera en Miami: “Siempre soñé con actuar en Argentina”

En 2016, Clara Ulrich atravesaba uno de los momentos más intensos de su carrera en la Argentina. Hacía radio, teatro, producción, escribía humor y se movía dentro de un circuito artístico que conocía bien. Su vida estaba anclada en Buenos Aires, una ciudad con la que se identifica por completo: el ritmo, el cemento, el subte, los cafés, la velocidad y hasta ese ruido urbano que para otros puede ser agotador. Entonces apareció una decisión que alteró ese mapa. Una propuesta laboral para su marido la empujó a mudarse a Miami y a interrumpir, al menos por un tiempo, todo lo que había construido.
La salida no tuvo épica. Tuvo desorientación, crisis y un duelo silencioso. Ulrich dejó una carrera en marcha para aterrizar en una ciudad donde nadie sabía quién era, donde su currículum no tenía traducción inmediata y donde el mundo laboral que imaginaba encontró otras reglas. La radio no funcionaba como en la Argentina, la industria audiovisual latina ya no tenía allí el peso que le habían prometido y el teatro ocupaba un lugar menor frente a una lógica más asociada al consumo, la playa y los centros comerciales. Ese primer año, según contó, fue uno de los más difíciles de su vida.
Con el tiempo, esa fractura se convirtió en un punto de partida. Lo que había sido una mudanza por amor terminó por redefinir su carrera. En Miami, Clara Ulrich encontró un escenario nuevo, construyó una voz con alcance internacional y transformó el desarraigo en material creativo. Empezó en espacios pequeños, siguió por distintas ciudades de Estados Unidos y más tarde cruzó a España, Sudamérica, el Caribe y otros destinos. Casi una década después de aquel cambio, la actriz y humorista regresará a la calle Corrientes para presentarse el 4 de septiembre en el teatro Gran Rex con Yo quiero ser mi marido.

En una entrevista exclusiva con Teleshow, Ulrich repasó su historia de vida, recordó cómo empezó a trabajar en el arte, habló del costo personal de emigrar y explicó de qué modo esa experiencia terminó por empujarla hacia un éxito internacional que hoy la encuentra de gira por varios países.
—¿Cómo empezó tu camino en el mundo artístico?
—Empecé a estudiar teatro cuando tenía 15 años. Después fui buscando la manera de dedicarme a eso, aunque durante mucho tiempo hice muchos trabajos vinculados al arte que no eran exactamente actuar todo el tiempo. Hice más de diez años de radio como humorista, me nominaron al Martín Fierro como mejor humorista en radio, después estudié locución, me recibí y terminé conduciendo programas. También trabajé en producción, en una productora de jingles de publicidad, y escribí humor para Cosmopolitan. Fui probando muchos caminos siempre con la idea de llegar a vivir de la actuación.
—En ese recorrido también aparecieron experiencias en cine. ¿Qué recordás de esa etapa?
—Siempre me acuerdo con humor de mi pequeño papel en Tetro, la película de Francis Ford Coppola. En ese momento no era tan fácil encontrar información como ahora. Me moví por mi cuenta, conseguí el nombre de la productora, llamé, mandé mi currículum y logré un papel muy chico, como amiga del personaje de Maribel Verdú. Después terminé hablando con Coppola sobre sus viñedos, porque era de las pocas personas del set que hablaba inglés. Son esas anécdotas que una guarda porque muestran todo lo que una hizo para acercarse a lo que soñaba.

—¿Ese sueño siempre fue vivir del teatro?
—Sí. Desde muy chica tuve la idea de dedicarme cien por ciento al teatro. Y hoy esa es la noticia linda de mi vida: que me está pasando. Hace ya casi diez años que vivo completamente de esto, viajando por el mundo con shows que escribo yo. La inmigración me obligó a poner toda mi energía ahí.
—Ese cambio del que hablás coincide con tu mudanza a Miami en 2016. ¿Qué pasaba en tu vida en ese momento?
—Yo venía de trabajar muchísimo en la Argentina. Conducía dos programas de radio, hacía teatro y estaba en un muy buen momento. En ese contexto, a mi marido le ofrecen una oportunidad laboral en Miami y nos mudamos. Para mí fue un cambio enorme, porque soy muy porteña. Me gusta el invierno, el guiso de lentejas, correr para tomar el colectivo, leer en el subte. Me gusta la ciudad. Y me fui a una ciudad donde casi no caminás, donde todo funciona distinto. Para alguien como yo, que necesita el ritmo urbano, fue un golpe fuerte.
—¿Cómo fue ese primer año fuera del país?
—Muy difícil. La inmigración tiene algo que desde afuera muchas veces se mira como aspiracional, pero adentro es otra cosa. Yo no me podía quejar con mis amigas porque me decían “ay, pero vivís en Miami”. Y la verdad es que dejar tu país no es fácil. Hay algo que se rompe, algo que se pierde. Yo tuve que empezar de cero. Nadie conocía a la gente con la que había trabajado ni lo que había hecho. Sentí una crisis de identidad muy profunda.

—¿Ya llegaste con la idea de seguir trabajando en lo tuyo?
—Sí, desde el primer día. Traté de ver si podía ser por el lado de la radio, pero la radio allá es muy distinta. Después me habían dicho que en Miami se hacía mucha televisión y cine latinoamericano, y cuando llegué me encontré con que gran parte de ese movimiento se había corrido a México o a Los Ángeles. Entonces pensé: radio no, tele no, cine tampoco. Quedaba el teatro. Pero Miami no era una ciudad especialmente teatral. Eso fue cambiando con los años, sobre todo después de la pandemia, pero cuando yo llegué no era un terreno tan fértil.
—¿Cuál fue el momento que cambió esa sensación de desorientación?
—Por casualidad terminé en un evento de mamás y la productora me dijo: “Clara, vos que sos humorista, ¿querés escribir algo para el evento?”. Acepté y preparé una rutina. Supuestamente iba a estar diez minutos arriba del escenario, pero terminé casi una hora. Yo tenía la duda de si mi humor iba a funcionar con personas de distintas nacionalidades, y ahí entendí que el humor puede ser transnacional. Ese fue el puntapié inicial.
—¿Ese fue el comienzo de tu carrera internacional?
—Sí, de algún modo sí. A partir de ahí empezaron a aparecer oportunidades en algunos café concerts de Miami. Después me animé a salir a otras ciudades: Houston, Nueva York, Orlando. Más tarde vino España, después Sudamérica. Y en un momento me encontré viajando por distintos países con mis propios shows. Era algo que yo soñaba desde chica, porque siempre me fascinó la idea de trabajar viajando.
—Uno de tus espectáculos más asociados a tu nombre es Café con amigas. ¿Qué lugar ocupa en tu carrera?
—Es un show muy importante para mí. Lo escribí como un homenaje a mis amigas de la Argentina, porque las extrañaba mucho. Es una obra sobre la amistad y sobre esa red afectiva que para mí sostiene la vida. Siempre digo que no sería ni la mitad de quien soy sin mis amigas. Ese show fue el que me dio proyección internacional, el que hizo que empezaran a llamarme de canales de televisión en Estados Unidos. Le debo muchísimo.

—¿Cuándo volviste a presentarte en la Argentina después de emigrar?
—En 2019, con Café con amigas. Primero fuimos a un lugar pequeño y después volví con ese mismo show al Auditorio Belgrano. Me acuerdo de que estaba muy emocionada. Fueron muchas excompañeras del colegio, esas que me habían visto actuar en las obras de la escuela, y fue muy movilizante reencontrarme con esa parte de mi historia ya convertida en un trabajo real, en algo que yo había escrito y estaba compartiendo con el público.
—Después llegaste al Teatro Ópera y ahora al Gran Rex. ¿Cómo vivís ese recorrido?
—El año pasado llevé Soltando cuentos al Teatro Ópera y para mí eso ya fue un hito. Y ahora hacer el 4 de septiembre una función de Yo quiero ser mi marido en el Gran Rex tiene un peso enorme. Es un teatro emblemático de Buenos Aires. Ahí me sale todo el orgullo porteño. Pensar que voy a estar en la calle Corrientes, en ese escenario, con un show mío, me emociona mucho.
—¿Cómo nació Yo quiero ser mi marido?
—Nació de una escena cotidiana. Un día iba manejando, apurada para buscar a mi hijo, y pensé: por qué siempre estoy corriendo yo. Por qué soy yo la que está en el chat de mamis, la que sabe los nombres de las maestras, la que absorbe toda esa carga mental. Y ahí apareció el título: “Yo quiero ser mi marido”. Primero vino desde el combustible del posparto, con las hormonas desatadas.
—¿Y cómo evolucionó ese material con el tiempo?
—Después vino la pandemia, frenó todo, hice shows virtuales y en ese período quedé embarazada de mi segundo hijo. En pleno posparto, esa idea tomó todavía más sentido, porque una vuelve a pensar en todo lo que recae sobre la mujer: la lactancia, el cuerpo, las noches sin dormir. Mi marido llegaba de trabajar y yo me iba a un café en Miami a escribir. Ahí terminó de tomar forma el show. Lo empecé a girar en 2022, luego lo dejé un tiempo porque aparecieron otros proyectos y este año decidí retomarlo con una gira internacional.

—¿Cambió tu mirada sobre el espectáculo desde aquella primera versión?
—Sí, cambió. Le modifiqué algunas cosas porque ya no estoy tan enojada. Mi hijo más chico ya tiene cinco años y hay una distancia que me permite mirarlo con más humor y menos furia. A veces los hombres vienen con miedo, creen que van a encontrarse con un reclamo permanente, y en realidad lo que pasa mucho es que las parejas se ríen juntas. Yo lo pienso como una especie de risoterapia para el vínculo.
—Vivís en una ciudad muy multicultural. ¿Eso modificó tu forma de hacer humor?
—Sí, muchísimo. En Miami aprendí a construir un lenguaje con menos regionalismos y más apoyado en temas arquetípicos. En este show hablo de pareja, convivencia, maternidad, diferencias entre hombres y mujeres, que son temas que atraviesan a mucha gente más allá del país. Igual, cuando bajo al sur le agrego un poco más de sarcasmo e ironía, porque el humor argentino tiene una aspereza que en otros lugares puede resultar fuerte.
—¿Qué descubriste de los argentinos al vivir afuera?
—Que tenemos una manera muy frontal de decir las cosas. A veces esa crudeza, esa forma de correr el velo y hablar de lo que pasa, en otras culturas se vive como algo más agresivo. Yo la valoro mucho. Me gusta esa conciencia afectiva que tenemos, esa costumbre de hablar de lo que nos pasa. Vayamos o no a terapia, en general encontramos una forma de procesar las emociones hablando.
—En la entrevista también aparece tu marido como una figura importante en tu vida y en tu trabajo. ¿Cómo es esa convivencia con alguien que inspira un show entero?
—Él se llama Sebastián y no quiere aparecer. Además cree que el show no es sobre él, lo cual me parece maravilloso. Siempre digo que no es una víctima. Tiene mucho humor, un humor bastante border, y eso hace que incluso sea difícil pelear con él porque remata con algo gracioso y me termina desarmando. Es un gran compañero. Ahora que me voy de gira, por ejemplo, se queda con toda la dinámica del colegio y las actividades de los chicos.
—Mirado a la distancia, ¿qué significó aquella mudanza de 2016?
—Fue una crisis muy profunda. Pero también fue el lugar desde donde renació todo. Yo siento que los artistas no tenemos un trabajo, somos nuestro trabajo. Entonces, cuando eso se desarma, se toca algo muy íntimo. En Miami tuve que ir al fondo del pozo para entender por dónde tenía que seguir. Por eso digo que fue lo peor y lo mejor que me pasó.
—¿Imaginabas en ese momento que esa decisión podía desembocar en este presente?
—No. Si en 2016 me decían que años después iba a volver a la Argentina para hacer un Gran Rex con un show escrito por mí, hubiera pensado que era imposible. Pero pasó. Y pasó de una manera que yo no había planeado. A veces una atraviesa una tormenta sin saber que del otro lado hay algo que todavía no puede ver.
CHIMENTOS
Mariano Iúdica reveló la extraña enfermedad que le diagnosticaron a sus 56 años: “El dolor me hace llorar”

Mariano Iúdica sorprendió al revelar detalles de un problema de salud que le provocó episodios de dolor intenso. El conductor de Polémica en el bar habló en vivo con Rodrigo Lussich, quien sospecha que podría padecer la misma afección, y contó cómo la atravesó, qué alimentos le desencadenaban los síntomas y qué tratamiento le recomendaron.
Todo ocurrió durante una emisión de Intrusos, cuando Lussich contó que sentía fuertes molestias en el dedo gordo del pie. “Tengo miedo de tener gota porque me duele el dedo gordo del pie”, reconoció. Y describió la intensidad del malestar: “Solo duele cuando apoyo. Por momentos piso y veo las estrellas”.
Ante la consulta, Iúdica confirmó que había sufrido gota y recordó los momentos más difíciles: “Tuve gota, sí. La sufrí mucho en viajes al exterior con jamón crudo”. Luego, Mariano graficó el sufrimiento que le provocaba la enfermedad con una frase contundente: “La gota me hace llorar, es como que te ves un taladro con vidrio”.
El conductor también le explicó a su colega que debía prestar atención al tratamiento y a los hábitos alimentarios. “Hay una cosa que tenés que tomar todos los días por lo menos por dos meses, se llama colchicina”, le aconsejó. Y fue tajante respecto de las restricciones alimentarias: “Busca en Google lo que no tenés que comer. Sin jamón crudo, es veneno. Carnes no, mariscos no”.
MARIANO IÚDICA CONTÓ EL DOLOR QUE SUFRE POR LA ENFERMEDAD CONOCIDA COMO GOTA
Durante la charla también intervino el médico Guillermo Capuya, quien explicó el origen del dolor: “El dolor de la gota es insoportable, es el acúmulo de ácido úrico ahí en la articulación”. Mauro Szeta, por su parte, sumó su experiencia personal: “La padecí y tengo la solución”, dijo, al mencionar los lupines y la colchicina.
Mientras intenta descubrir qué provoca sus molestias, Lussich también planteó una hipótesis relacionada con su actividad teatral: “Tengo la teoría de que el problema del dedo tiene que ver con las zapatillas armatoste que uso para las funciones”. Por ahora, su sospecha abrió una conversación que terminó con Iúdica exponiendo públicamente el sufrimiento que le ocasionó la enfermedad.
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El reencuentro de Paula Chaves y Zaira Nara: “Hay mucho cariño y mucho amor”

Paula Chaves y Zaira Nara se cruzaron frente a las cámaras de Intrusos (América TV) y protagonizaron un distendido ida y vuelta que dejó en evidencia el estado actual de su vínculo, marcado durante años por un distanciamiento público que recién en los últimos meses comenzó a ceder.
La modelo estaba dando una nota cuando el cronista del programa advirtió la presencia de Zaira en las inmediaciones y forzó el encuentro en vivo. “Vi a Zai, sí”, reconoció Chaves con naturalidad al ser consultada sobre si la había saludado. Y aclaró que la relación entre ambas ya había encontrado su cauce antes de ese momento: “Nosotras ya tuvimos nuestra charla. Nos juntamos, hablamos, todo muy bien”. Sobre la posibilidad de profundizar el diálogo en un evento público, fue directa: “Este ámbito no permite una charla mucho más profunda, pero ya la tuvimos”.
Cuando Nara se sumó al móvil, el tono viró hacia la complicidad. “Nos amamos”, soltó la hermana de Wanda Nara ante la insistencia periodística, mientras Paula le elogiaba la altura y le ofrecía llevarla en su camioneta hasta el auto, que había quedado estacionado a veinte cuadras por un operativo policial. “Te damos la exclusiva”, bromeó la conductora con el cronista.
El notero intentó indagar más sobre la naturaleza de la amistad, pero las dos cerraron filas con humor. “Basta, no nos gusta hablar de nuestra vida privada”, lanzó Zaira, imitando el discurso habitual de las figuras que esquivan preguntas sentimentales. Chaves completó el cuadro con una definición clara: “No hay orgullo. No hay rencor. Hay mucho cariño y mucho amor”.
El reencuentro televisivo cobra relevancia porque el quiebre entre ambas fue uno de los conflictos más comentados de la farándula argentina en los últimos años. Amigas íntimas y comadres, se distanciaron alrededor de 2021 y durante mucho tiempo evitaron coincidir o siquiera cruzar miradas en eventos públicos. La versión que más circuló apuntó al romance que Zaira mantuvo con el polista Facundo Pieres, exnovio de Paula durante su adolescencia, algo que la propia Chaves habría vivido como una transgresión de límites dentro de su círculo afectivo.
A esa tensión se sumaron otras capas: según reveló Yanina Latorre en SQP (América), parte del conflicto se remontó al primer Wandagate de 2021, cuando Paula quedó involucrada como intermediaria entre Wanda y la China Suárez y terminó expuesta en una disputa que no le correspondía.
Apenas días antes de este encuentro, Nora Colosimo, madre de Zaira, reavivó la polémica al confirmar en LAM (América) lo que durante años fue una sospecha del ambiente: “Fue por Pieres, totalmente. Tengo entendido que a Paula la enojó y le molestó”. Sin embargo, rechazó que su hija hubiera actuado con deslealtad. “No fue ‘Tatiana’ si Paula está casada con Pedro hace muchos años. Facundo fue ex de Paula cuando tenía 15 o 17 años”, argumentó, y cerró con una frase que no dejó lugar a ambigüedades: “En esa no la banqué a Paula”.
El deshielo entre las modelos había comenzado meses atrás, cuando coincidieron de forma casual en el atelier de una diseñadora que las viste a ambas. “Hubo un acercamiento, a veces la vida te cruza en momentos puntuales. Fue lindo para las dos, hay mucho cariño”, contó entonces Nara en diálogo con Intrusos. Chaves, por su parte, describió aquel encuentro como obra “del destino” y pidió reservar los detalles: “Es un tema nuestro y queremos preservarlo”.
El cruce del jueves por la noche, con abrazo, risas y un viaje compartido en camioneta, pareció confirmar que la etapa más ríspida del conflicto quedó atrás. “Está todo muy bien, por suerte”, cerró Paula antes de subirse a la chata rumbo al auto de su examiga.
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Nicole Neumann le habló a Wanda Nara y le hizo un inesperado pedido que nadie imaginaba: «Lo necesito»

Nicole Neumann quedó fascinada con el look que Wanda Nara lució en los Martín Fierro de la Música y no dudó en hacerle un particular pedido. La ex modelo reveló que quiere usar una de las prendas que la conductora eligió para la ceremonia y hasta averiguó cuánto cuesta.
Wanda fue una de las protagonistas de la noche del miércoles 14 de octubre, cuando se celebraron los galardones. Además de llevarse un extremadamente polémico premio por «su» canción “Bad Bitch”, la mediática llamó la atención con un estilismo que no pasó inadvertido y generó comentarios en las redes sociales.
Para la ocasión, la conductora apostó por un jean de tiro bajo con brillos, de la firma Stella McCartney, combinado con un body negro. Y entre quienes quedaron cautivados por el outfit apareció Nicole, que aprovechó su espacio de streaming para expresar públicamente sus ganas de lucir esa misma pieza.
“Wanda, necesito usar un día ese jean de Stella McCartney”, lanzó la modelo, sin vueltas y con una declaración que rápidamente convirtió el look de la mediática en el centro de su atención. Pero Nicole no se quedó solamente con el elogio. También contó que quiso averiguar el valor del pantalón, aunque su interés por la prenda parece haber pesado más que cualquier cifra.
NICOLE NEUMANN LE PIDIÓ UN JEANS A WANDA NARA
“Pregunté cuánto salía, necesito ponérmelo, me gusta mucho. Gracias”, agregó, con un mensaje dirigido directamente a Wanda. La ocurrencia despertó la reacción de su hermana Gege, quien se mostró optimista sobre la posibilidad de que la conductora acceda al pedido. “Para mí te lo re presta”, comentó, imaginando un posible intercambio de vestuario entre las dos figuras.
Ahora, la pelota quedó del lado de Wanda Nara. ¿Aceptará el pedido de Nicole Neumann y le prestará el exclusivo jean de Stella McCartney que despertó semejante fascinación? Por ahora, la respuesta sigue siendo una incógnita, aunque la modelo ya dejó en claro que tiene muchas ganas de probárselo.
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