CHIMENTOS
La Joaqui compartió una foto por el Día del Niño y lanzó una indirecta: “Cuando alguien es malo con vos”

El Día del Niño le sirvió a La Joaqui como marco para una publicación que no pasó inadvertida: una foto inédita de su infancia junto a su abuela, acompañada por un mensaje que sus seguidores leyeron como una respuesta velada a su separación de Luck Ra. Sin mencionar al cantante cordobés ni referirse de manera explícita a la ruptura, la artista eligió recordar una enseñanza de su abuela que, por el momento que atraviesa, resonó con fuerza en las redes.
“Te amo abuelita. Feliz Día del Niño a todos”, escribió La cantante en su historia de Instagram, junto a una foto analógica en la que aparece siendo una niña, sentada en el regazo de su abuela sobre un sillón de flores. La imagen, que nunca antes había circulado en sus redes, fue el punto de partida de un texto que fue más allá del saludo por la fecha.
“Mi abuelita siempre me decía que cuando alguien es malo con vos, lo primero que tenés que hacer es ser amable, y si no funciona, ser más amable”, escribió. Y cerró con una frase que concentró todas las interpretaciones: “Gracias por jamás permitirme convertirme en lo que me hicieron y hasta el día de hoy es el regalo más valioso que recibí”.

La publicación llegó en uno de los momentos más agitados de su vida pública. La separación de Luck Ra se confirmó hace pocas semanas y desde entonces el vínculo entre ambos artistas quedó en el centro de la conversación mediática, con versiones cruzadas sobre los motivos del distanciamiento. Entre ellas, la que más circuló involucra a Tuli Acosta, señalada como tercera en discordia por su cercanía con el cantante de cuarteto.
La Joaqui tampoco nombró a Luck Ra en su historia del Día del Niño. Pero la frase “gracias por jamás permitirme convertirme en lo que me hicieron” fue suficiente para que sus seguidores la vincularan con la ruptura. La lectura fue casi unánime: un mensaje de resiliencia ante un daño recibido, con la figura de la abuela como ancla emocional y fuente de los valores que, según ella misma dijo, la sostuvieron a lo largo de su vida.
Luck Ra, por su parte, también tuvo su propio momento de exposición emocional durante el fin de semana. En un show, el cantante se largó a llorar frente al público y salió a responder las críticas que recibió desde que se conoció la separación. Su descargo, sin embargo, no apuntó a los rumores de infidelidad sino a los comentarios sobre su imagen física que circularon durante los últimos días.
En medio de un show en vivo, Luck Ra sorprendió a su audiencia al hablarles a corazón abierto en medio de los tensos momentos que atraviesa luego de su separación de La Joaqui (El Ejército de LAM/Instagram)
“No es que me duela a mí, porque yo ya sé quién soy, pero hay algo que me gustaría aclarar y que es lo único donde tal vez me pueda llegar a entrar la bala. Y es que se ha hablado mucho de mí, sobre mi aspecto, sobre mi figura”, comenzó diciendo el artista ante el público.
Con honestidad y sin filtros, el cantante continuó: “Y yo quiero aclarar algo… Se los juro por Dios que si yo quisiera, me podría operar esta cara de burro de Shrek, los dientes burro de Shrek. Tengo un diente partido… Ni siquiera me lo quiero arreglar porque me lo he chupado un montón. Sinceramente, para mí el querer corregir algo… Yo no quiero nada de eso”.
El artista fue más allá y llevó el mensaje directamente a los niños presentes en el festival. “Y quiero aclarar que en realidad uno… Yo creo que en la infancia también uno puede llegar a sufrir mucho de eso. Y solo quiero decir que cada niño que esté acá necesito que aprenda a amarse tal como es. Tal vez en el colegio puede llegar a sufrir esas cosas. Y no hay ningún tipo de operación que pueda arreglar el alma de uno. Y eso es lo más importante, lo que esté en el corazón. Y cada imperfección que le digan es su marca personal. Así que yo voy a seguir andando con mi cara de burro de Shrek y con mis dientes. Y yo quiero que cada imperfección que usted sienta que tenga en realidad es su marca personal, hermano. Y después todo lo demás, bueno, no fue”, expresó, emocionado, ante el público.
CHIMENTOS
Hace 75 años nacía la televisión argentina y hoy recupera su nombre histórico: Canal 7

¿Televisor? ¿Qué es eso? Hubo un tiempo en que ese aparato era una novedad…
Muchos años después, tras convertirse en el alimento básico de varias generaciones, un escritor estadounidense reflexionó así:
”Si queremos saber qué es la normalidad americana —es decir, lo que los norteamericanos perciben como normal—, podemos confiar en la television. Porque la razón de ser misma de la televisión es reflejar lo que la gente quiere ver. Es un espejo. No el espejo stendhaliano que refleja el cielo azul y el charco de barro. Más bien el espejo iluminado del baño ante el cual el adolescente calibra sus bíceps y decide cuál es su mejor perfil». (David Foster Wallace, en su ensayo E Unibus pluram, 1993)
Hoy, a medida que la tele pierde audiencia en su lucha con otras pantallas, acá, en Argentina, sopla 75 velitas.
No casualmentre la señal estatal se prepara para recuperar el nombre de Canal 7. El aniversario remite a una trayectoria que comenzó el 17 de octubre de 1951, atravesó la etapa de Argentina Televisora Color (ATC) y llegó hasta la actual Televisión Pública.
La fecha de nacimiento de la televisión argentina quedó ligada a una transmisión política. Ese día, LR3 Radio Belgrano Televisión llevó a las pantallas el acto por el Día de la Lealtad desde la Plaza de Mayo, con Eva Perón entre las figuras centrales de la jornada. Según registros históricos, en el país había cerca de 2.500 receptores de televisión y buena parte de ellos estaba exhibida en comercios cercanos al edificio del entonces Ministerio de Obras Públicas.
El empresario Jaime Yankelevich, referente de Radio Belgrano, impulsó la instalación de los equipos que hicieron posible la emisión. La antena se ubicó en la terraza del edificio de la avenida 9 de Julio y las cámaras registraron primero la concentración en Plaza de Mayo, antes del discurso de Eva Perón.
La emisión inaugural fue el punto de partida de una programación regular que comenzó el 4 de noviembre de 1951. La señal transmitía entonces bajo la identificación LR3 Radio Belgrano Televisión y disponía de una grilla todavía limitada por las condiciones técnicas de la época. En sus primeros años, los estudios funcionaron en distintos espacios de la ciudad de Buenos Aires, entre ellos el Teatro Alvear y el Palais de Glace.
Poco después de su lanzamiento, el canal sumó otro hito: el 18 de noviembre de 1951 televisó el partido entre San Lorenzo y River Plate desde el Viejo Gasómetro. Fue la primera transmisión de fútbol por televisión realizada en Argentina, una de las primeras señales de la relación que el medio construiría con los grandes acontecimientos deportivos.
Durante la década de 1950, la emisora atravesó modificaciones institucionales y de gestión. Luego del golpe de Estado de 1955, las licencias concedidas durante el gobierno de Juan Domingo Perón fueron anuladas. La aparición de los canales privados 9, 11 y 13, a comienzos de los años sesenta, consolidó a Canal 7 como la pantalla controlada por el Estado nacional.
Según relató Gustavo Yankelevich, aquel primer viaje de su abuelo y su padre no había comenzado con el pie derecho, pero al final tuvo buenos resultados: “Les dijeron que estaban armando las máquinas, que había que esperar tres o cuatro años porque lo que había ya estaba vendido a Rusia. A mi abuelo no le quedaba mucho tiempo, estaba enfermo. Pero cuando estaba por regresar comenzó la Guerra Fría y esos equipos que iban a ir a Rusia, quedaron disponibles”.
La señal pasó por varias sedes antes de instalarse en el complejo de Figueroa Alcorta 2977, construido originalmente para la cobertura del Mundial de fútbol de 1978. Desde ese edificio, diseñado para la producción televisiva, comenzó una de las transformaciones que definirían la identidad del canal durante las décadas siguientes.
En 1973 había adoptado el nombre Televisión Argentina. Tras el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, Canal 7 quedó bajo la órbita del Poder Ejecutivo, mientras los otros canales estatizados fueron distribuidos entre las Fuerzas Armadas. La organización del Mundial en 1978 aceleró la construcción de infraestructura para producir y distribuir imágenes en color.
El 3 de mayo de 1979, la fusión de Canal 7 con Argentina 78 Televisora dio origen a Argentina Televisora Color, conocida por sus siglas, ATC. La señal heredó el moderno complejo audiovisual levantado para el Mundial y quedó asociada a la llegada de la televisión color a los hogares argentinos.
La inauguración de las transmisiones regulares en color se concretó el 1 de mayo de 1980. Durante los primeros años de ATC, la pantalla combinó ciclos de ficción, humor, música, noticieros y espectáculos. Programas como 60 minutos, La noticia rebelde, Caloi en su tinta y ficciones como Andrea Celeste y Los hijos de López integraron distintas etapas de una emisora cuya programación cambió junto con los gobiernos y las autoridades de turno.
Con el regreso democrático de 1983, la señal redefinió parte de su contenido y reforzó los espacios culturales y periodísticos. En 1986, el Plan de Cobertura Nacional incorporó decenas de antenas repetidoras y amplió el alcance de la emisora. La expansión de la red permitió que el canal fortaleciera su presencia fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Durante los años noventa, ATC enfrentó dificultades económicas y una fuerte competencia de las señales privadas y de los canales de noticias. La gestión de Gerardo Sofovich, iniciada en 1991, estuvo marcada por un intento de privatización que no se concretó.
En mayo de 2000, el canal fue relanzado como Canal Siete Argentina. A partir de 2006 empezó a consolidarse el uso de la denominación TV Pública, con una programación centrada en contenidos culturales, educativos, informativos, deportivos y ficciones nacionales. La creación de Radio y Televisión Argentina (RTA), a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de 2009, reorganizó el sistema de medios públicos nacionales.

La pantalla también emitió eventos que concentraron grandes audiencias, entre ellos los partidos de Fútbol para Todos entre 2009 y 2017 y los encuentros de la selección argentina en los mundiales. En Qatar 2022, la TV Pública volvió a transmitir de forma abierta todos los partidos del equipo nacional.
La señal estatal acaba de anunciar una programación especial por sus 75 años, además de aprovechar la efeméride para recuperar su denominación original: Canal 7. El cambio incluye una nueva identidad visual y una actualización de la estética de pantalla, según informó la propia emisora.
El regreso del nombre reúne en una misma marca las distintas etapas de una pantalla que comenzó con tres cámaras y una emisión desde Plaza de Mayo. Setenta y cinco años después, la señal que nació como LR3 Radio Belgrano Televisión vuelve a identificarse con la denominación que durante décadas funcionó como sinónimo de televisión estatal argentina.
CHIMENTOS
El momento más doloroso en la vida de Mirtha Legrand: la traumática muerte de Danielito, el hijo con el que se reencontraba tras una relación distante y de poca aceptación

Antes de contar «el momento más duro y doloroso en la vida de Mirtha Legrand» hace falta, de manera ineludible, hacer una aclaración: la historia, traumática, difícil, prácticamente indigerible, sucedió en otra época. En otros tiempos. En un país, en un mundo y sobre todo en una sociedad muy diferentes de la actual, mucho menos comprensiva y mucho menos empática con un montón de cuestiones que la de estos días.
La figura máxima del ambiente artístico argentino en toda su historia va camino a los 100 años, 27 de los cuales los lleva viviendo con el corazón, el alma y todos los sentidos cruzado por una de esas cicatrices que no cierran nunca. Mirtha desearía borrar del almanaque, de su pasado y de su existencia ese 20 de abril de 1999 en el que vio como su hijo Danielito cerraba sus ojos para siempre poco antes de cumplir los 51 años.
Rosa María Juana Martínez, Mirtha Legrand, argentina nacida en Villa Cañás, en el corazón gringo y agrícola de Santa Fe, y Daniel Andrés Manoli Tinayre, francés de Vertheuil, tuvieron dos hijos. Al primero, un varón, lo llamaron igual que al papá: Daniel, Danielito, que nació el 20 de agosto de 1948, dos años después del casamiento de sus padres, unidos en matrimonio el 18 de mayo de 1946 en la iglesia de San Martín de Tours, en el barrio porteño de Palermo Chico.
La familia tipo de la primera mitad del siglo pasado -mamá, papá, dos hijos- se completó el 31 de octubre de 1950 con la llegada de Marcela, luego madre de los superfamosos y también polémicos Nacho y Juanita Viale y del por ahora perfilbajero Rocco Gastaldi. Cuando dio a luz a sus descendientes, Mirtha ya era una actriz de gran predicamento.
Esa popularidad y ese reconocimiento fueron creciendo con los años y resultaron, probablemente, los primeros obstáculo que encontró Danielito en la relación con la mamá. Mirtha salía cada vez más en las revistas (en aquel momento no había programas de chimentos y casi tampoco de espectáculos, incluso la televisión era una novedad) y él supo desde siempre que no quería ser famoso ni estar expuesto a las lucecitas de colores.

LA SILENCIOSA VIDA DE DANIELITO TINAYRE, EL HIJO DE MIRTHA LEGRAND
Danielito evadió los flashes y las notas, lo que aumentó el misterio en torno a su personalidad y a su relación con la gran diva argentina. Lo que se sabe fue aportado por otros, no por él, quien siempre vivió su vida en silencio. Estudió veterinaria, en algún momento de su juventud se fue a vivir a París, no tenía una relación tan fluida ni tan aceitada con Mirtha y, en virtud de esa carencia y de esa necesidad de afecto, construyó un vínculo mucho más cercano y mucho mas compinche con su tía Goldie.
«Fue su confidente», se dijo alguna vez. Para quienes conocieron de cerca ciertas cuestiones relacionadas al clan con más linaje de la farándula Argentina, Goldie fue la primera que conoció los secretos de Danielito, aquellos que Mirtha, tradicionalista, estructurada, conservadora, en su momento no logró entender ni aceptar.
Se debe repetir, en este punto, que era otro país, otro pensamiento, otra cabeza, otra mente, otra manera de expresarse y otras maneras de vivir y de pensar. No había cancelaciones ni palabras políticamente correctas. Lo que salía «de lo habitual» era «raro», «anormal». En algunos casos hasta se hablaba de enfermedades. No existían «colectivos», «minorías con derechos» ni mucho menos leyes que las representaran o las defendieran.
Algunos gustos, o preferencias, eran poco aceptados. La leyenda cuenta, en ese sentido, que Mirtha Legrand confesó en una oportunidad que nunca pudo hablar con su marido sobre la vida íntima, privada y afectiva de su hijo Danielito. La que lo comprendía, lo cobijaba, lo escuchaba y lo apoyaba, según dicen, siempre fue Goldie.

DANIELITO TINAYRE, VALIENTE ANTE EL RECHAZO
Por supuesto que Danielito igual hizo su vida. No iba a cambiar lo que sentía por una imposición ajena. Por más que sus padres, con la cabeza formateada en los años 20 o 30 hubieran preferido otra cosa o le dieran la espalda, él no iba a ir en contra de sus deseos. Eso también le quitó abrigo a la relación con Mirtha, que ya era fría.
Danielito y Mirtha empezaron a acercarse tras la muerte de Daniel, el patriarca, ocurrida el 24 de octubre de 1994. La Legrand tenía 67 años y quien era su marido 84. Sí, él le llevaba 17 años. Estuvieron juntos 48, por lo que se desprende que ella era muy joven y él ya un caballero recibido de señor cuando empezaron a transitar el amor que los marcaría para toda la vida.
El dolor los volvió a reunir, y en esas horas de angustia y borrasca madre e hijo repensaron la relación, tras lo que pusieron manos a la obra para relanzarla y reencontrarse. Algunas cosas las pudieron concretar, otras quedaron pendientes. Cinco años más tarde, para el comienzo del otoño de 1999, Danielito cayó enfermo y ya no se recuperaría.
Dos versiones han ganado la escena acerca de la dolencia que transitó el más enigmático de los integrantes de la familia Legrand. Los rumores hablaron de HIV, una enfermedad que hoy se trata pero en ese momento era incurable. Y también estigmatizante. «La peste rosa» le decían por entonces. Por otra parte, la voz oficial habló de un cáncer de páncreas fulminante y letal, y de algunos síntomas tempranos (dolores en la espalda, por ejemplo) que el muchacho dejó pasar sin advertir que eran llamados de atención.
EL FINAL DE DANIELITO TINAYRE, EL GRAN DOLOR DE MIRTHA LEGRAND
Danielito, pobre, desmejoraba día a día, lo que llevó a Mirtha a tomar una última decisión solidaria y angustiante: armó una suerte de «hospital de campaña» en su propio departamento y se llevó a Danielito a vivir con ella. Además, suspendió todas sus actividades laborales y pasó al lado de él cada minuto de sus últimos dos meses con vida.
Lo acompañaron otros familiares -solo los muy cercanos- una asistente-enfermera-cocinera de nombre Elba y su gran compañero de toda la vida, Roberto Gerosa.
«A él le encantaba la naturaleza y siempre me pedía ver los árboles, el cielo y el sol. Recuerdo que abrí la ventana porque era lo que él quería, observó, cerró los ojos y ahí comprendí que había muerto. Pero por favor, cambiemos de tema». Han pasado muchos años, casi 30, pero a Mirtha le sigue doliendo como el primer día, esa fecha que quisiera borrar de su almanaque.
Mirtha Legrand, Danielito Tinayre
CHIMENTOS
La vida extraordinaria de Noëlle Balfour: de su relación con Gustavo Cerati al día en que Axl Rose la llamó al escenario

Hay historias que permanecen en silencio durante años, como si el tiempo pudiera acomodarlas en algún rincón de la memoria y mantenerlas a salvo de las preguntas ajenas. Historias que transcurren lejos de los escenarios, cuando todavía no existe la dimensión de lo que vendrá después.
Para Noëlle Balfour, una de esas historias tiene nombre y apellido: Gustavo Cerati. Antes de que el líder de Soda Stereo se convirtiera en una de las figuras fundamentales del rock en español, ella conoció al hombre detrás de las canciones, compartió con él una etapa intensa de su vida y atravesó experiencias que, hasta ahora, había preferido conservar para sí misma.
Su vida también parece escrita con la estructura imprevisible de una novela: una joven que empieza a trabajar frente a las cámaras cuando todavía es adolescente, una historia de amor con uno de los músicos más influyentes de la historia latina, viajes por Europa, una experiencia tan extraordinaria como intimidante junto a Guns N’ Roses y una mudanza a Los Ángeles que terminaría abriendo una nueva etapa profesional.
Durante décadas, muchas de esas vivencias permanecieron en un territorio íntimo, lejos de las entrevistas y de la exposición pública. Hasta que decidió sentarse a escribirlas.
El resultado es Cerati y yo, el libro que reúne recuerdos, episodios personales y situaciones que, según anticipa su autora, pueden resultar tan difíciles como divertidas. Noëlle lo escribió hace cuatro años, pero su publicación llega después de un proceso que, en sus palabras, empezó mucho antes de sentarse frente a una página: comenzó cuando se animó a recuperar experiencias que había mantenido guardadas durante demasiado tiempo.
“Creo que, en primer lugar, yo escribo hace muy poco tiempo. Empecé a escribir durante la pandemia”, contó en diálogo exclusivo con Teleshow. Su primer libro fue Seventeen Days in the Jungle, escrito en inglés, una experiencia que le permitió descubrir que podía contar historias y que había lectores dispuestos a acompañarla. Cuando terminó ese trabajo, sintió la necesidad de volcar en otro texto una parte fundamental de su vida.
“Sentí la necesidad de volcar así como un volcán en erupción, largar todas esas historias, pero sobre todo esta historia que es una parte muy importante de mi vida, sobre una persona que es muy importante para mucha gente y sigue siéndolo”, explicó sobre el impulso que la llevó a escribir acerca de Cerati.
No fue, sin embargo, una decisión tomada para responder a las preguntas que durante años le hicieron sobre su pasado ni una estrategia pensada desde el comienzo para convertir sus recuerdos en un libro. Noëlle asegura que la escritura nació de una necesidad personal, de una acumulación de episodios que no había terminado de procesar y que, hasta entonces, permanecían en el fondo de su memoria.

“Yo escribí el libro principalmente para mí”, remarcó. Y describió el primer momento de la escritura como una descarga: escribió de un tirón, sin detenerse demasiado en las consecuencias de lo que estaba poniendo en palabras, y después comenzó el trabajo más delicado de revisar, ordenar y volver sobre cada escena.
“Nunca hablé de estos temas con la gente y son historias guardadas, o historias que la gente me preguntó y les di poco detalle, no quería sacarlo de adentro mío. Creo que estaba todo empujado al fondo de mi alma”, contó. Para encontrar el tono y la medida de lo que quería narrar, recurrió a una amiga en la Argentina, con quien compartía las páginas que escribía y conversaba sobre ellas. También necesitó ayuda con el idioma: hace más de tres décadas que vive fuera del país y reconoce que el español ya no le resulta tan espontáneo como antes.
La escritura se convirtió así en una forma de volver a un tiempo que había quedado suspendido. Tuvo que revisar una y otra vez sus propios recuerdos, distinguir lo que quería contar de aquello que prefería reservar y encontrar una distancia posible frente a experiencias que todavía conservaban su carga emocional. “Hay partes muy duras, hay partes muy divertidas”, anticipó sobre el libro, que también incluye historias relacionadas con otras personas conocidas y situaciones que, según asegura, pueden sorprender a los lectores.
Terminarlo tampoco fue sencillo. Para ella, cerrar un libro tiene algo de despedida y, al mismo tiempo, de comienzo. “Yo vivo adentro de mis libros mientras los escribo”, explicó. Por eso, cuando llega el momento de poner el punto final, aparece cierta tristeza por abandonar ese universo y, enseguida, la tarea de volver a leerlo, corregirlo y revivirlo tantas veces como sea necesario. En el caso de Cerati y yo, esa revisión implicó regresar a una historia personal que había mantenido en silencio durante años.

Noëlle nació en Nueva York y se crió en Buenos Aires. Desde los 13 años trabajó como modelo y actriz. Su madre, traductora en las Naciones Unidas, había despertado en ella desde muy chica el interés por los idiomas y las culturas.
“Empecé a los trece años. Lo primero que hice fue una publicidad con Luis Puenzo como director”, recordó. Después llegaron más comerciales, el modelaje, la televisión y el cine. Trabajó durante años y tuvo como representante a Ricardo Piñeiro, una de las figuras centrales del mundo de las modelos en Buenos Aires durante aquella época.
Para ella, la actividad nunca fue un pasatiempo. “Nunca jamás pensé que era un hobby”, sostuvo. Aunque admite que las remuneraciones no siempre eran buenas, aquel trabajo le permitía sostenerse y definía su identidad profesional. No era alguien que se acercara a las cámaras para probar suerte durante un rato: trabajaba, tenía agente y construía una carrera.
No conocía a Soda Stereo ni seguía especialmente las novedades de la música argentina de aquel momento. La primera aproximación fue indirecta: una amiga le habló de una canción de la banda que sonaba en la radio de un taxi. Después la invitó a un concierto, al que Noëlle fue sin saber demasiado quiénes eran los músicos que tenía enfrente.

“Yo no sabía quiénes eran. Yo no sabía quién era Gustavo Cerati, pero tampoco Soda Stereo. Eran nuevos y, honestamente, yo no escuchaba tanta música argentina en ese momento”, recordó. Aquella primera presentación no fue el comienzo inmediato de una relación. Fue, más bien, una escena que adquirió otro significado con el paso del tiempo.
Poco después, durante el verano, viajó con una amiga a Pinamar. Soda Stereo estaba tocando allí y Noëlle volvió a cruzarse con el grupo, aunque todavía no había ido con la intención de conocer a sus integrantes. En ese contexto, cuando la banda comenzaba a ampliar su público, se produjo el encuentro con Cerati que cambiaría el rumbo de su vida personal.
En 1985, Soda Stereo ya había publicado Nada personal, su segundo álbum, y empezaba a consolidar una presencia cada vez más importante en la escena musical argentina. El crecimiento del grupo avanzaba a la par de una agenda intensa de ensayos, presentaciones y viajes. Noëlle conoció a Gustavo en ese momento de transición: cuando el músico todavía podía moverse entre el trabajo con sus compañeros, los escenarios y una vida privada que empezaba a quedar condicionada por la popularidad.
La relación sentimental avanzó mientras Soda Stereo crecía. Noëlle acompañó de cerca parte de ese proceso, asistió a ensayos y presentaciones y conoció una dimensión de Cerati que no era necesariamente la que el público veía desde abajo del escenario. Sin embargo, el aumento de la fama también trajo sus propias dificultades. A la intensidad de la vida cotidiana se sumaron las tensiones que generaba la relación y el rechazo que, según el relato biográfico que acompaña la historia, encontró en parte del entorno familiar del músico.

En medio de esa dinámica, el desgaste empezó a hacerse sentir. La relación terminó formalmente en 1986, el mismo año en que Soda Stereo grabó Signos, un disco fundamental en la trayectoria de la banda.
Noëlle continuó con su carrera y se trasladó a España. Pero la separación no significó que sus caminos quedaran definitivamente apartados. Durante un viaje a París volvió a encontrarse con los integrantes de Soda Stereo y, más adelante, Cerati la invitó a pasar unos días con ellos en Londres. El vínculo sentimental volvió a aparecer, aunque sin que la pareja retomara formalmente la relación.
Fue entonces cuando se desarrolla uno de los capítulos más delicados de aquella historia, atravesada por decisiones íntimas y circunstancias que dejaron una marca en su vida.
Tiempo después, Cerati se casaría con la modelo con la que Noëlle compartía departamento en España. Pero la escritora mantiene una posición cuidadosa al hablar de aquel vínculo y de la intimidad del músico. En la entrevista con Teleshow, cuando se le planteó la importancia que había tenido en aquella etapa de la vida de Cerati y el contexto de la grabación de Signos, prefirió no convertir la conversación en una confirmación de interpretaciones ajenas.

“Eso son cosas que dice la gente. Yo no”, respondió entre risas. Y enseguida explicó el límite que se impone al reconstruir esos años: “Si Gustavo nunca dijo nada al respecto, yo no estoy acá para decir nada que él no haya dicho”.
Esa aclaración es central para entender el lugar desde el que escribió Cerati y yo. No busca presentarse como la voz definitiva sobre la vida privada de una de las figuras más importantes del rock argentino. Su intención es contar su propia experiencia, reconstruir lo que vivió y dejar constancia de una parte de su historia sin adjudicarle al músico declaraciones que nunca hizo.
De regreso a la Argentina, volvió a acercarse al mundo de la música y comenzó a trabajar como intérprete ocasional para bandas internacionales. Antes de Guns N’ Roses había viajado con grupos como Psychedelic Furs y B-52’s, aunque sus tareas eran muy distintas de las que terminaría enfrentando con Axl Rose. En aquellos casos, las consultas eran básicas: cómo llegar a un lugar, dónde estaba la entrada, dónde comprar cigarrillos o conseguir una Coca-Cola.
La diferencia entre esas pequeñas traducciones y la situación que la esperaba en el escenario de River Plate fue abismal. Noëlle todavía no dominaba el inglés y, según cuenta, su conocimiento del idioma era muy limitado. Sin embargo, en diciembre de 1992 se encontró en medio de una situación que no había imaginado y que, décadas más tarde, seguiría siendo una de las escenas más recordadas de su trayectoria.

La historia ocurrió durante la gira sudamericana de Guns N’ Roses, cuando la banda llegó a la Argentina para presentarse en el estadio de River Plate. En diciembre de 1992, el grupo atravesaba uno de los momentos de mayor popularidad de su carrera y sus recitales eran acontecimientos multitudinarios. El clima en el estadio se volvió tenso cuando comenzaron a arrojar objetos hacia el escenario y Axl Rose interrumpió el show para reprender a los espectadores.
En ese contexto, Noëlle fue llamada para interpretar sus palabras. La escena quedó registrada en imágenes que volvieron a circular con los años y que permitieron reconstruir el desconcierto de aquella joven que, sin haber sido preparada para una intervención de esa magnitud, terminó frente a miles de personas en una de las noches más intensas de su vida.
Ella ya había viajado con otras bandas, pero nunca le habían pedido algo semejante. “Mi inglés era paupérrimo, nulo. Era ‘yes’, ‘no’, cuatro cosas entendía”, recordó con humor. Hasta entonces, sus tareas consistían en resolver cuestiones prácticas. No tenía experiencia interpretando discursos extensos, y mucho menos traduciendo en tiempo real las palabras de un cantante enfurecido frente a una multitud.
“En mi vida me esperé que me llamaran al escenario”, contó. La convocatoria de Axl la tomó completamente desprevenida. Mientras intentaba entender por qué la necesitaba, el cantante comenzó a caminar y se alejó de ella, justo cuando más necesitaba escucharlo.

En ese primer instante, la llamada del cantante fue para explicarle al público que había rumores infundados sobre la actitud de la banda con el país y su entorno.
Noëlle explicó que suele apoyarse en la lectura de los labios para comprender mejor a una persona. Para ella, observar la boca, los labios y los movimientos de la lengua es una manera de completar lo que el oído no alcanza a captar. Pero aquella noche, en medio del ruido del estadio, Axl se fue alejando hasta quedar fuera de su campo visual.
“Yo le miro la boca a la gente para poder escuchar lo que dice y entender. Para mí no es fácil mirar a alguien a los ojos y escuchar. Es mucho más fácil mirarle la boca”, explicó. En River, sin embargo, perdió esa posibilidad: el cantante se alejó, el sonido de la multitud se impuso y ella dejó de entender lo que decía.
El recuerdo todavía le provoca una mezcla de vergüenza y risa. “No pude verle más la boca, no pude escuchar más absolutamente nada. El horror absoluto, el horror absoluto. Creí que me moría. Quería que se abriera la tierra instantáneamente y que me tragara, porque era imposible sobrevivir eso”, relató.
La situación se repitió cuando Axl volvió a llamarla, pero la comunicación ya no sería en buenos términos. En las dos intervenciones posteriores, según recuerda, el cantante permaneció más cerca de ella y la comunicación resultó menos complicada. Noëlle no sabe si él comprendió por sí mismo el problema que estaba teniendo o si simplemente se quedó en el lugar por otra razón. Lo cierto es que, al poder verlo y captar mejor sus palabras, ella consiguió interpretar con más precisión la esencia de lo que decía.
Axl Rose estaba furioso y descargaba su enojo con insultos. Noëlle, en cambio, tenía instrucciones de no reproducir las malas palabras en sus traducciones. Así, mientras el cantante soltaba una catarata de improperios, ella debía encontrar sobre la marcha una manera de suavizar el mensaje sin dejar de transmitir la tensión del momento.
“Él no hacía más que putear”, recordó. Y agregó que, detrás del escenario, le habían pedido expresamente que no hiciera lo mismo al traducir. “Tenía que inventar inmediatamente algo pueril, infantil. Algo para menores de dieciocho”.
El contraste era casi absurdo: de un lado, una estrella de rock enfurecida que exigía respuestas a un público que arrojaba objetos; del otro, una intérprete que debía transformar insultos en expresiones mucho más suaves, en medio de un estadio ensordecedor y sin la posibilidad de escuchar todas las palabras. Noëlle tuvo que improvisar y resolver cada momento con los recursos que tenía a mano.

“‘You motherfucking piece of…’. Era imposible”, recordó entre risas, al reproducir el tono de las palabras de Axl. La escena, que en aquel momento vivió como una pesadilla, terminó convirtiéndose con los años en una anécdota extraordinaria, tanto por la magnitud del espectáculo como por las condiciones en las que tuvo que desempeñar su trabajo.
La experiencia no se limitó a la Argentina. La gira también la llevó a Chile, donde, según aclaró durante la entrevista, fue donde se registró la cifra de cien mil personas.
Noëlle también estaba trabajando en una telenovela en aquel momento, Princesa, protagonizada por Maricarmen Regueiro y Gabriel Corrado. La imagen de una joven que transitaba simultáneamente por la televisión y por los escenarios internacionales ayuda a entender por qué describe esa etapa como una sucesión de experiencias intensas, difíciles y, al mismo tiempo, extraordinarias. “Yo no puedo estar más agradecida al universo y a la vida de haber vivido todas esas experiencias, porque me encantaron, a pesar de que eran bravísimas”, afirmó.
La repercusión de la intervención de Noëlle no fue inmediata. Meses después de los recitales, se mudó a Los Ángeles y perdió el contacto cotidiano con lo que sucedía en la Argentina. Todavía no existían las redes sociales como las conocemos hoy y la circulación de imágenes y comentarios tenía otra velocidad. Durante un tiempo, aquella experiencia quedó atrás, como un episodio más de una vida que ya estaba cambiando de rumbo.

Pero, con el paso de los años, comenzó a leer críticas sobre su desempeño. Algunas radios la llamaban para preguntarle por Guns N’ Roses y ella respondía sin imaginar que, en internet, se estaban acumulando comentarios que cuestionaban su capacidad como intérprete.
“Empecé a ver las atrocidades que decía la gente sobre mí y mi interpretación”, recordó. “Y yo me horroricé con todo lo que vi. Eran miles de comentarios que se empezaron a acumular todos en internet”. Las críticas apuntaban a su conocimiento del inglés y a la forma en que había traducido a Axl Rose durante aquellos episodios en River.
Decidió dejar de leer. No encontraba utilidad en volver una y otra vez sobre las opiniones de quienes juzgaban la escena sin conocer las condiciones en las que se había producido. Su explicación, con la perspectiva que le dieron los años, es directa: no dominaba el inglés, no podía escuchar al cantante cuando se alejaba y, además, tenía prohibido reproducir los insultos que él decía.
“Número uno, yo no sabía inglés. Número dos, no lo escuchaba. Número tres, no podía putear. Muchas cosas juntas”, resumió. Lo que para una parte del público había sido motivo de burla, para ella se convirtió en una historia que podía contar desde otro lugar, sin el peso de la humillación inicial.

Con el tiempo, incluso encontró una ironía en el modo en que cambió la percepción sobre su intervención. “Primero me humillaron diciéndome que era la peor intérprete del mundo”, contó entre risas. “Y ahora soy la más diplomática del mundo y me adoran”.
Por su parte, la mirada que conserva sobre el músico no está definida por aquel momento de furia. Al contrario, cuando se le preguntó por el trato personal con Axl y con los demás integrantes de Guns N’ Roses, habló de una experiencia que la sorprendió por razones muy distintas.
“Me pareció un tipo amoroso, generosísimo, generoso con sus fans, cuidadoso”, afirmó. Noëlle tuvo que interpretar también conversaciones con seguidores que se acercaban a hablar con el cantante y pudo observar el comportamiento de la banda fuera del escenario. Su recuerdo es el de un grupo educado, sin las actitudes de divismo que algunos podrían haber esperado de estrellas de semejante magnitud.
“Todos eran bien educados”, insistió. Y evocó una imagen que le quedó grabada: Axl sentado en una habitación, regalando zapatillas a los fans, arrojándolas por una ventana. “Nuevas, impecables, con el logo de Guns N’ Roses”, precisó. Para ella, aquella escena decía más sobre el trato del cantante con sus seguidores que las imágenes de su enojo frente al público.

“No, en absoluto”, respondió cuando le preguntaron si había percibido aires de divismo. “Si los tenían o los tuvieron, no fue conmigo. Nunca”.
Después de aquella gira, Noëlle se mudó a Los Ángeles, aproximadamente en febrero o marzo del año siguiente, según su recuerdo. La decisión abrió una etapa completamente distinta. La ciudad que había conocido como destino profesional se convirtió en su lugar de residencia y en el escenario de una transformación personal: allí aprendió inglés por inmersión, siguió trabajando como actriz y modelo, y buscó la manera de sostenerse en una industria tan competitiva como imprevisible.
Su carrera incluyó una participación en Seinfeld, la famosa serie estadounidense. También actuó en otras producciones y continuó presentándose a audiciones. Uno de sus primeros trabajos en ese período fue en Cosmic Slop, una producción vinculada a los hermanos Hudlin, en la que interpretó a la Virgen María. Para ella fue una oportunidad importante, aunque el recorrido profesional no siempre resultó sencillo.
Los Ángeles, explicó, puede ser un lugar especialmente duro para quienes llegan con la expectativa de triunfar en el cine o la televisión. “Los Ángeles es donde vienen los sueños a morir”, dijo, con una frase que condensa la distancia entre la fantasía de una carrera artística y la realidad de sostenerla todos los días. La competencia era enorme, las oportunidades escasas y, mientras esperaba audiciones, tenía que encontrar trabajos que le permitieran pagar sus gastos.
Noëlle se resistía a abandonar la actuación para dedicarse a otra actividad. Seguía buscando oportunidades en el mundo audiovisual, con agentes y audiciones, aun cuando debía superar una dificultad adicional: todavía no hablaba inglés.
“Yo aprendí el inglés cuando me mudé a Los Ángeles”, explicó. Su método fue tan sencillo como exigente: escuchar la radio y mirar televisión en ese idioma, hablar con la gente y pedir que le repitieran las frases cuando no entendía. Volvió a recurrir a la observación de los labios, una herramienta que ya utilizaba para comprender mejor a sus interlocutores.

Con el tiempo, esa experiencia también la llevó a replantearse su vínculo con la actuación. Después de muchos años trabajando frente a las cámaras, comenzó a sentir que necesitaba otro camino. No se trató de una decisión repentina ni de una renuncia motivada por un único episodio. Fue el resultado de una vida profesional que había empezado a los 13 años y que, para entonces, ya le había dado una enorme cantidad de experiencias.
Más adelante se inscribió en un programa de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y se graduó como traductora e intérprete en áreas criminales, civiles, legales y médicas. Sin embargo, tampoco ese recorrido terminó de convencerla. Trabajó durante un tiempo en ese ámbito y luego se acercó a la locución, una actividad que le permitió poner su voz al servicio de publicidades de radio y televisión, películas y videojuegos.
La escritura apareció después de otro viaje transformador, esta vez a la selva peruana. De aquella experiencia extrema nació Seventeen Days in the Jungle, su primer libro terminado y publicado. El resultado le permitió descubrir una faceta que no había explorado de esa manera y que, durante la pandemia, se convertiría en una nueva actividad central.
Hoy, Noëlle reparte su tiempo entre la escritura, la enseñanza del español y el trabajo como intérprete. Vive en Los Ángeles y organiza sus actividades desde su casa, por teléfono, videollamada o computadora. Trabaja con abogados y médicos, y también enseña español a estudiantes angloparlantes. La dinámica le permite manejar sus horarios y elegir cómo quiere vivir.
“Son todos trabajos que me encanta hacer: escribir, enseñar e interpretar”, contó. “Me divierto y tengo mis propios horarios. Por eso te puedo atender el teléfono a la mitad de la tarde, sin tener ninguna otra presión”. Después de tantos años de actividad frente a las cámaras y de experiencias en escenarios multitudinarios, encontró una rutina más reservada, alejada de la exposición pública.

Esa preferencia por la intimidad también se refleja en su relación con la tecnología. Noëlle admite que es una persona reclusa, que sale poco y que no participa demasiado de la vida pública. Le gusta hablar por teléfono, encontrarse con amigos, compartir una comida o conversar cara a cara. No le entusiasma la idea de que los vínculos dependan exclusivamente de las pantallas.
Mientras tanto, sigue escribiendo. Después de Seventeen Days in the Jungle y Cerati y yo, tiene otros dos libros que esperan encontrar editorial. Su presente profesional está lejos de la modelo adolescente que comenzó con una publicidad o de la intérprete que, sin esperarlo, terminó frente a Axl Rose en un estadio repleto. Pero esas etapas no desaparecieron: forman parte de la misma biografía que ahora se permite revisar y narrar.
En ese recorrido también hubo un reencuentro con Cerati, años después de que la relación quedara atrás. Tras mucho tiempo sin saber de él, Noëlle recibió un mensaje del músico por Facebook para que fuera a verlo tocar en Los Ángeles. Aquella invitación le permitió volver a encontrarse con alguien que había sido importante en su vida y con quien compartía recuerdos que, durante años, permanecieron sin una conversación pública.
En ese reencuentro pudo preguntarle por algunas alusiones que creía reconocer en sus canciones. Fue uno de los pocos encuentros que tuvo con él antes del accidente cerebrovascular que cambiaría para siempre la vida del músico y conmovería a sus seguidores.
La publicación de Cerati y yo llega, entonces, desde un lugar complejo: el de una mujer que quiere contar su propia historia sin apropiarse de la de otro, que vuelve sobre una relación que formó parte de su juventud y que reconoce la dimensión que Cerati conserva para millones de personas. Su cuidado al hablar de él no implica negar lo vivido, sino establecer un límite entre los recuerdos personales y aquello que solo el propio músico podría haber confirmado.
Noëlle Balfour no es solamente la mujer que amó a Gustavo Cerati ni la intérprete que quedó asociada para siempre a una escena de Guns N’ Roses. Es también alguien que empezó a trabajar cuando todavía era una adolescente, aprendió a reinventarse cada vez que cambió de país y encontró, muchos años después, una forma distinta de mirar su pasado.
Gustavo Cerati,Zeta Bosio,Noelle Balfour,Londres
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