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CHIMENTOS

Guido Suller, sin censura: los secretos de su amor prohibido con Ricardo Fort, el paso fallido por Luzu y su relación con un «changuito de pueblo» 43 años menor

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Luego de varias charlas, finalmente Guido Süller (65) organizó su agenda y programó venir a Buenos Aires para participar de la sección A solas con Paparazzi. Si bien le divertía ser parte de este segmento, la complicación para que se concrete la entrevista tenía que ver con la nueva vida del mediático por excelencia.

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Sucede que, luego de separarse de Tomasito, el también arquitecto y ex tripulante de avión decidió vender su mansión de Pilar y cumplir su plan: alejarse de la gran ciudad para estar rodeado de gallinas, vacas y ovejas. Lo único que lo frenaba en esta idea de mudarse al campo era el hecho de estar solo, tan lejos de todo.

Sin embargo, en ese momento llegó un nuevo amor para Guido, oriundo de Jujuy: Hernán Sanabria. Ya contrajeron matrimonio, mediante una bendición en Brasil. Felices, comparten sus días. Inseparables, juntos llegaron hasta el estudio de Atlántida para grabar el reportaje. Aunque el joven de 22 años prefirió quedarse en el auto, en una decisión propia de su bajo perfil.

Pero Hernán debe esperar más de la cuenta: la entrevista se extiende. Y es que Guido tiene mucho para contar. Su vínculo amoroso con Ricardo Fort, la distancia con su hermana Silvia Süller, el sexo a los 65 años. «Empecé cuando empezó Paparazzi. 2000, 2001. Si este año Paparazzi cumple 25 años, yo también”, lanza, entre risas, recordando su desembarco en los medios.

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—En ese momento ibas mechando lo artístico con las horas de vuelo requeridas para jubilarte.

—Me jubilé en 2015 como tripulante de cabina de pasajeros. Entré en 1989: era Susano (secretario de Susana Giménez en la televisión) y me iba a volar. Me jubilé después de 23 años y 12 mil horas de vuelo por todo el mundo.

—Muchos tienen la faceta del Guido mediático, pero también tenés el título de Arquitecto y fuiste tripulante. No sos solo eso que se ve.

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—Claro. Por eso, no encajaba en la bolsa de los mediáticos, pero se me cerraron todas las puertas. Tuve que entrar por la ventana de la televisión. La verdad es que intenté buscar como actor o panelista, y todos me dijeron que no.

—Un orgullo para cualquier padre que un hijo estudie y se reciba. ¿Sentiste algo de eso en tu familia?

—No tanto. Es por el tema de la sexualidad. Mis papás sabían que tenían un hijo medianamente inteligente, que lograba cosas, que se sacaba un 9 en la facultad. Mis padres adoptaron un hijo, Marcelo, que tiene 10 años menos que yo y salió futbolista, chongo, con todas las minas: todo lo que mi papá quería que yo fuera. Mi papá era boxeador, me llevaba al Luna Park, a cazar: todas las cosas de macho. Tengo una foto que me muero de pena cada vez que la veo, donde estoy chiquito, 12 años, y dos liebres muertas y el rifle colgado. Ese era un macho.

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—¿Y tu mamá?

—Es de otro siglo y en una sociedad machista: tenía que decir todo que sí. Mis papás no te abrazaban, no te besaban, no te decían «te amo» ni locos. Yo creo que sí me amaban, pero en silencio. 

—¿Sentís que eso te marcó y demandás cariño?

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—Obvio. Todo el tiempo pido que me digan que me quieren. Me metí en la tele para ser querido, aceptado, y logré que la gente me quiera. Me llena el alma caminar por la calle y que me digan cosas lindas.

—Fuiste pareja de Ricardo Fort cuando eran chicos. Fue una relación secreta, que llegó a ser tapa Paparazzi con las cartas de amor.

—¡Una de las tapas más vendidas! Terrible. Las cartas de amor manuscritas y firmadas por Ricardo. Auténticas. Las tengo y están amarillas, la letra se está borrando porque estaban escritas con lapicera.

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Unos jóvenes Ricardo Fort y Guido Süller.

—Un amor verdadero.

—Sí, obvio. Tenía 19 años. Fui su primer amor. Imaginate lo que fue para él y para mí esa pasión prohibida donde nadie se tenía que enterar. Nos latía el corazón cuando nos veíamos, me daba retorcijones. Hubo mucho amor y mucho sexo. Parecíamos conejos: todo el día teniendo sexo. En la casa de él, en la fábrica, detrás de un árbol en un auto… La relación duró un año y medio.

—Y los dos terminaron en los medios.

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—Sí. Nos sentábamos en el cordón de la vereda, mirábamos las estrellas y soñábamos con ser inolvidables. Él quería ser cantante y yo, actor. Le pedíamos a Dios y al Universo que nos haga famosos. Los dos lo logramos, más o menos.

—¿Terminó mal la relación? ¿Volvieron a encontrarse y pudieron charlar?

—Terminó bien. Era otro Ricardo. Cuando él se enfermó, un día lo frené en Mar del Plata y le dije: «Ricardo, no podés ir a 200 kilómetros por hora porque terminás chocando. Relajate, que tenés toda la vida«. Y él me contestó: «No… Lo que pasa es que no tengo tiempo«. Después de que murió me quedé pensando en esa frase. ¿Por qué me dijo que no tenía tiempo, si tenía 40 años? Eso quiere decir que él percibía que se iba a ir de este plano.

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GUIDO SÜLLER Y SU NUEVO AMOR: UN «CHANGUITO DE PUEBLO»

A los 65 años, el mediático apuesta a una nueva relación amorosa. «Charlando con un amigo le dije que era una porquería el ambiente gay porque todos se acuestan con todos, se meten los cuernos, se mienten: ‘Quiero otra cosa’. Y mi amigo me dijo que vaya a las provincias a encontrarme un changuito de pueblo, un chico sano, que no tiene noche. ¿Y podés creer que por Instagram me escribió un changuito de pueblo?».

«Lo primero que le pregunté fue cuántos años tenía —sigue Guido, sobre Hernán—. Me dijo 19. Le dije ‘¡Chau!’. Él estaba empezando a vivir y yo, terminando. Me decía que era mayor de edad, que a él le importaba el amor, que no tenía edad ni género. Estuve negándome hasta que a sus 20, lo conocí. Él es de Jujuy y me dijo que se venía a Buenos Aires. Un día me escribe: con su familia se venían en busca de una nueva vida. Estaba por zona sur: no se animaba a tomar el colectivo. Fue en remis con la mamá hasta el Obelisco y lo esperé a tres cuadras. ¡Ah! Virgen, virgen… Imagínate la mochila. A algunos les encantará, para mí era un peso terrible. Porque tu primera relación sexual te marca… No lo olvidás».

Guido Süller y Hernán, su pareja más de 40 años menor.

—¿Ricardo fue la primera tuya?

—No, no. En cambio él, Hernán, era su primera reacción. Pero es otra época, donde a través de Internet te informás de todo: cómo se besa, se toca, qué hay que hacer. Sabía todo. Le dije que se relaje y disfrute. Fue suave y quería que no se lo olvide. Puse una música linda, fue más de besos, caricias. Como más romántico, no salvaje. En cambio, con Ricardo, sí era salvaje. Él ya tenía experiencia y yo también.

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—¿La paternidad es algo que te hubiese gustado?

—No. Me hubiese gustado cuando era joven, hasta los 40. Después ya empecé a tener edad de abuelo.

—¿Te pesa el paso del tiempo?

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—La gente me da menos edad, pero tengo 65. Me dicen que soy un vampiro energético porque me gusta la gente joven. Pero me gusta la gente joven porque es más feliz: todavía no están golpeados por la vida, tienen sueños, proyectos. Para grande estoy yo. Y más grande, está muerto.

—¿Estás conforme con tu imagen?

—Total. Hernán sí… ¡Ah! Y no sabés lo que es en la cama. No sé si contarlo, pero no puedo seguirle el ritmo: 10 veces en un día no puedo. Al principio; ya no, porque hace 2 años que estamos juntos.

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—En su momento, se dudó de la relación de novios de Ricardo Fort y Virginia Gallardo.

—La relación con ella era de amistad: (Fort) jamás le tocó un pelo. Ricardo tuvo una sola relación sexual a los 19 años, con una chica. La puso en cuatro, por detrás, le agarró las lolas y después empezó a bajar y bajar… Cuando llegó a la zona genital le faltaba algo; eso me decía a mí, porque hablábamos de estas cosas. Y no le faltaba nada. Era una mujer, no tiene nada: no hay pito ni testículos. Inmediatamente soltó, cortó la relación y dijo: «Esto, nunca más en la vida». Jamás hubo relaciones sexuales entre Virginia Gallardo y él.

—Tuviste tu experiencia en streaming. ¿Cómo te sentiste?

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—Estuve en Patria y Familia todo el 2024, en Luzu. Exitazo. Lo di todo, hablé de todo. Pero tenía encontronazos con un par de compañeras y lamentablemente, cuando terminó el contrato, al año siguiente no me renovaron. Así que un besito.

Guido Süller, en Patria y Familia

—¿Alguno no te quería?

—Lo que pasa es que soy muy llamativo. Contratan a Guido Suller, uno de los más mediáticos. ¿Cómo voy a dejar de serlo? Soy de la tele y era mi primera experiencia en stream. Ténganme paciencia. 

—¿Quienes serían, desde tu punto de vista, los hermanos Süller de hoy?

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—Los Caniggia: Alex y Charlotte. Son disruptivos, distintos, sinceros. Si te tienen que mandar a la mierda, te mandan. Muestran su vida y participan en realities.

—Hablando de hermanos, ¿cómo está hoy tu relación con Silvia?

—Distante. Mi mamá y mi hermana fueron los amores de mi vida, las personas que más quise. Por Silvia hice de todo, pero ella no se deja ayudar: está encerrada en ese círculo de dolor. Se enamoró de Silvio Soldán como 30 o 40 años, y la relación se terminó. Es autodestructiva y se pone mala con los que la quieren ayudar. Está bien así, sola. Llené el vaso, no había más lugar. Un día dije basta. La vida pasa para mi también, y me merezco ser feliz. 

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Los hermanos Süller: Silvia y Guido.

—Hace unos días Silvia dijo que si se hace la serie de su vida, solo ella podría interpretarse.

—Está equivocada. ¿Con la edad que tiene, cómo va a hacer de ella a los 20 años? Necesita una actriz joven, mediática. Ya está desvariando un poquito… Por supuesto que yo no haría de mí, de joven. Me encantaría Franco Masini, Nacho (Castañares) de Gran Hermano. Me encantaría porque tengo una vida súper intensa y cosas que no saben de mis relaciones. Hoy ya me podría morir porque lo viví todo. Y lo que no viví fue porque sé que no me va a gustar. Sexualmente, hice de todo. Hasta un trío con dos mujeres. Soy gay y pude. Y me fue bien. Pero cuando terminó el acto sexual, una era de 20 y otra de 40, y la más chica le dijo a la otra: «Vamos, mami». Me llamó la atención y les dije: «¡Ay, qué linda relación que tienen que a cada rato le decís ‘mami’!». A lo que me dijo que sí, que era su madre. ¡Se tocaban y besaban entre sí! Dios mío…

-Acaba de terminar el mundial. ¿Cuál de los jugadores te parece el más sexy de la selección?

-Obviamente que Leandro Paredes y Rodrigo De Paul. A De Paul lo veo más chanchito en la cama, más juguetón y guarro. El otro casado, con una mujer que para mí es medio tóxica, que lo domina. Muy serio y el otro me da más atorrante. Para la cama De Paul y como belleza, Paredes. 

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—Vos que sos del medio, ¿qué pensás de las relaciones de Javier Milei con Fátima Flores, Yuyito González y la cantante Daniela?

—Show mediático. Él está enamorado de su hermana. Es raro. No voy a decir que es gay porque no tengo prueba de su sexualidad, pero no creo que haya llegado a la cama. Yuyito es histérica, no me lo imagino ni loco. Por ahí de Fátima sí. Acordate que hizo esos papelones que se subió al escenario en Mar del Plata y se chuponeó. Desagradable, siendo el hombre más importante de Argentina. Es un personaje mediático. En Intratables me propusieron pelearme con Milei: estábamos al mismo nivel de mediatismo y dije que no. Si me llevaba para el lado de la Economía me iba a hacer bolsa, es inteligente. 

Guido Süler en la casa que él mismo diseño.

—¿Hoy por hoy, podrías vivir sin trabajar?

—Soy jubilado de Aerolíneas (Argentinas). El tema es que Milei se ha olvidado de los jubilados. Podría vivir porque no me drogo, no tengo vicios, no juego a nada. Soy austero. Podría vivir (sin trabajar), pero no darme lujos. Por eso sigo trabajando como arquitecto y en los medios: conduzco eventos, hago publicidades. Sí, tengo que seguir trabajando.

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—Por último, ¿quién es Guido Suller?

—Un buen tipo. Una buena persona. Alguien que se animó contra los prejuicios, que logró superar el qué dirán. Me chupa un huevo, que hablen bien o mal, pero que hablen. Ese es el secreto. El tema es cuando no hablan de vos. La indiferencia es la peor de las armas.

Guido Süller, con Paparazzi.
Guido Süller, con Paparazzi.

 

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Guido Süller; A solas con Paparazzi

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CHIMENTOS

Tenía 21 años y un enorme futuro como actriz, hasta que la filtración de un video sexual con su ex lo arruinó todo: qué es de su vida hoy, a dos décadas del escándalo

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Tenía 21 años, había estudiado actuación, canto y danza desde chica, y acababa de superar meses de castings para quedar entre los 20 elegidos de High School Musical: La Selección. María Fernanda Chachi Telesco parecía tener todo preparado para convertirse en una de las nuevas estrellas de una televisión argentina en pleno auge de la ficción. Pero en 2007 su vida dio un giro brutal.

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Un video sexual que había grabado en la intimidad con quien entonces era su novio llegó a Internet sin su consentimiento. Según contaría posteriormente Telesco, el material había sido robado por un primo y comenzó a circular hasta alcanzar una difusión masiva. En plena competencia, la producción la apartó del reality de Disney.

El impacto excedió ampliamente lo laboral. Chachi contó que atravesó trastornos alimenticios, sufrió hostigamiento y quedó expuesta, en una época en la que conceptos como violencia digital prácticamente no formaban parte de la discusión pública. También inició acciones judiciales, pero aseguró que se encontró con jueces que llegaron a interpretar que la difusión podía haberla “beneficiado” por la notoriedad que adquirió.

Chachi Telesco, en el 2007. (Archivo)

Aun así, su carrera como actriz no terminó inmediatamente. Adrián Suar le abrió las puertas de Pol-ka y Telesco consiguió reconstruir parte del camino que parecía perdido. Pasó por ficciones como Son de Fierro, Botineras y Educando a Nina, entre otros trabajos. Sin embargo, con los años descubrió que aquello que había perseguido desde niña ya no era lo que quería para su vida.

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QUÉ ES DE LA VIDA DE CHACHI TELESCO

Lejos de las cámaras, Chachi encontró en una disciplina que practicaba desde la adolescencia su nueva profesión: el yoga. Comenzó dando clases con apenas algunas colchonetas en el living de su casa y terminó creando su propia escuela y desarrollando Yogafeel, su método. Actualmente forma instructores, trabaja alrededor del bienestar y mantiene una modalidad que también le permite brindar clases de manera virtual.

Chachi Telesco y su nueva actividad: el yoga. (Instagram)
Chachi Telesco y su nueva actividad: el yoga. (Instagram)

Pero quizás el giro más significativo ocurrió con aquello que durante tantos años intentó dejar atrás. Telesco comenzó a hablar públicamente de violencia digital y su caso terminó dando nombre a una normativa sancionada en Santa Fe para castigar la difusión no consentida de material íntimo. En febrero de 2026 explicó que la existencia de esa ley incluso modificó la forma en la que ella misma pudo mirar lo ocurrido: durante años, aseguró, no había logrado dimensionar completamente el trauma.

Hoy, a casi dos décadas de aquel episodio, Chachi ya no busca recuperar la carrera que imaginaba a los 21 años. Construyó otra vida lejos de la actuación, transformó el yoga en su profesión y convirtió una exposición que jamás eligió en una causa para evitar que otras personas atraviesen lo mismo.

El escándalo que alguna vez amenazó con definirla terminó siendo apenas una parte —aunque enorme— de una historia que ella decidió continuar escribiendo lejos de aquellas cámaras.

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Chachi Telesco. (Instagram)
Chachi Telesco y un presente feliz. (Instagram)

 

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Chachi Telesco

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CHIMENTOS

Paula Roth, una cantante entre Piazzolla y Charly García: “Son las músicas que me conectan con mi identidad”

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La cantante Paula Roth canta en vivo «Preludio para el año 3001», con música de Astor Piazzolla y letra de Horacio Ferrer

En algún almuerzo de Mirtha Legrand, todavía con la tevé en blanco y negro, Astor Piazzolla habló bien de los rockeros. Dijo que lo que hacían Charly García y Luis Alberto Spinetta le parecía válido, que esa música también era argentina. Años después, cuando en una entrevista en Chile le dijeron a Charly que Piazzolla había criticado su obra, él lo desmintió sin dudar: habían hablado, y el maestro le había dicho que lo que hacía estaba bien. Spinetta, por su parte, llegó a confesar que no sabía si estaba a la altura de componer junto a semejante genio cuando se esbozó alguna posibilidad de colaborar. Nunca hubo enemistad. Hubo, en todo caso, respeto mutuo entre tres titanes de la música popular argentina.

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Eso es exactamente lo que la cantante Paula Roth quiso capturar cuando pensó en Fuga y fuego, el espectáculo con el que su orquesta TangoMina se presentará el viernes 25 de septiembre a las 20:00 en La Fábrica: el estudio y sala de ensayo de Charly García, su segunda casa, un lugar que respira esa historia en cada pared. En diálogo con Teleshow, Roth contó cómo fue construyendo ese puente desde adentro.

Que el show sea en La Fábrica tampoco es un detalle menor. El espacio de Fitz Roy fue estudio y sala de ensayo de Charly durante años, y hoy sigue siendo un lugar al que va a ver shows. “Creo que ese lugar tiene toda la energía de semejante artista”, dijo Roth. “Se han hecho cosas grandiosas ahí.” Y cuando le preguntaron si le gustaría que Charly apareciera esa noche, no dudó: “Lo voy a determinar con la mente, a ver si le mando esa energía.”

Roth es hija de la conocida productora Mirta Di Leo

Roth tiene 42 años y una historia que arranca antes de que pudiera recordarla bien. Su madre, Mirta Di Leo, fue productora de cine y comedia musical —responsable de montajes como Amor sin barreras— y amiga de David Lebón. A los tres o cuatro años, Roth la acompañaba a los ensayos porque no había con quién dejarla. “Recuerdo eso, y en ese momento decidí que yo quería cantar”, dijo. “Era muy chiquita.”

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Su tío Ricardo Di Leo la llevaba a ver a Spinetta cuando tenía seis o siete años. El tango llegó después, de la mano de su abuela y de una película: Sur, de Pino Solanas, con música de Piazzolla y la voz del Polaco Goyeneche. “Fue algo que me impactó desde muy chica”, recordó. “La alquilé cuando existían los videos. Ahí me enamoré del tango.”

Con los años vinieron el jazz —en hoteles y salas—, un contrato con Televisa en México para grabar un disco de baladas, coros junto a Black Amaya —baterista de Pescado Rabioso— y dos presentaciones en teatros como artista invitada de Pappo. También grabó Nadie como vos, un disco de tango electrónico con canciones propias que registró en parte en Europa y que hoy está disponible en Spotify. Tocó en la Esquina de Homero Manzi, en el Gorriti Art Center y en el BeBop de Palermo, y tiene apariciones registradas en la TV Pública.

Paula Roth, cantante de tango y rock
Paula Roth, con TangoMina, un show que abarca tango y rock nacional

La propuesta de TangoMina no es un experimento caprichoso: parte de una convicción. “Siempre creo que ha habido muy buena onda entre ellos, muy buena vibra, y por sobre todo respeto”, dijo Roth. “Personas que son grandes y que se consideran mutuamente importantes para la cultura del país, sobre todo en esa época.”

Lo que hace TangoMina es trazar una línea entre esos mundos y caminar por ella. La formación es de tango —bandoneón, guitarra, piano, batería y bajo— pero el repertorio cruza géneros sin pedir permiso. En el bandoneón está Martín Cecconi, músico dedicado al tango al cien por ciento. En batería, Horacio Moreno, que tiene en su currículum pasos junto a David Lebón, entre otros. El guitarrista Javier Torrecillas integra además Sobredosis de Soda, el tributo a Gustavo Cerati. Y en el piano y la dirección musical, Omar Serna, que además es el marido de Roth. “Me sale gratis”, admitió ella entre risas. “Zafé, zafé, zafé.” “Hicimos como esta mezcla de rock y de tango que en realidad es música popular argentina”, sintetizó Roth. De Piazzolla suenan “Balada para mi muerte”, “Balada para un loco”, “Chiquilín de Bachín”, “Preludio para el año tres mil uno”, “Siempre se vuelve a Buenos Aires” —con letra de Eladia Blázquez— y fragmentos de María de Buenos Aires. Del rock: “Asesiname” y “Alicia en el país” de Charly, canciones de Spinetta, “Las cosas tienen movimiento” de Fito Páez, “El témpano” de Jorge Fandermole, dos temas de Los Redondos —“Ji, ji, ji” y “Todo un palo”— y “Por qué cantamos”, con letra de Mario Benedetti y música de Alberto Favero, popularizada por Nacha Guevara.

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Todo con bandoneón. Siempre con bandoneón. “Tenemos un repertorio hermosísimo y muy popular”, dijo Roth.

Paula Roth, cantante de tango y rock
Para Paula Roth, Piazzolla y el rock nacional son parte de su identidad

— ¿Por qué Piazzolla y el rock nacional en una misma propuesta?

— Interpretar a Piazzolla me conecta con palabras y hechos profundos y atemporales. Donde estás, la musica de Piazzolla, encaja. Y el rock nacional es la voz de mis momentos, interpretarlo es estar en cualquier parte de mi casa a cualquier edad, sientiendo quien soy, siendo feliz aunque sea por tres minutos que dure el tema. Son músicas que me conectan con mi identidad. Puedo ser feliz por el simple hecho de escuchar una cancion.

— Cantaste con Pappo, ¿cómo fue ese acercamiento?

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— Yo hacía coros en una banda donde Pappo aparecía de invitado. Compartía escenario con Vivi Scalisa, vocalista de las Black and Blues. En dos oportunidades me convocó para cantar en sus propios shows, en teatros distintos. Fue una experiencia increíble, superenriquecedora. Un mundo nuevo que descubrí.

— Y para mostrar que te movés entre varios géneros, también grabaste con Peteco Carabajal.

— Hace dos meses grabé una canción con él. Para mí fue un enorme triunfo ser convocada por semejante artista, de un estilo que siempre amé y que también nos representa. Es un lujo para nuestra cultura.

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— TangoMina, el nombre de la banda, tiene más de una lectura, ¿no?

— Tres, en realidad. El tango como género, la gomina como símbolo de la estética porteña clásica, y la mina como la única voz femenina del conjunto. Está todo pensado. El tango, la gomina y la mina que soy yo. Es como una fusión de palabras que nos representa.



Paula Roth

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CHIMENTOS

La voz que viajó del escenario al micrófono: Juan Balvín, el argentino detrás de grandes personajes

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Con más de una década en el mundo del doblaje, Juan Balvín supo destacarse prestando su voz a diferentes proyectos en la pantalla chica (Gentileza de Juan Balvín)

La voz puede convertirse en un puente hacia otros mundos: puede darle identidad a un personaje, acompañar una historia y quedar asociada para siempre con los recuerdos de quienes están del otro lado de la pantalla. En ese territorio se mueve Juan Balvín, actor de doblaje, locutor, cantante y formador argentino, con más de 14 años de experiencia en la industria de la voz. Desde 2012 participa en producciones de cine, series, animación, documentales y videojuegos para estudios y plataformas internacionales, y habló en exclusiva con Teleshow.

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Su recorrido incluye personajes como Adam Goldberg, de Los Goldberg, y Donoso “Oso” Camacho, de Yo-kai Watch, además de otras interpretaciones que le permitieron explorar distintos registros y universos narrativos. En los últimos años, también prestó su voz para Jinu, de Las guerreras K-Pop, y Ben, de The Umbrella Academy, dos trabajos que forman parte de una trayectoria construida entre el entrenamiento vocal, la actuación y la búsqueda de una identidad propia frente al micrófono.

Pero para Balvín, la voz no se limita a reproducir palabras. Su formación como cantante le permitió desarrollar una mirada integral sobre la interpretación, en la que la técnica, la emoción y la construcción de cada personaje se combinan. Esa experiencia también atraviesa su trabajo como profesor de doblaje, español neutro e interpretación, y como mentor de profesionales que buscan abrirse camino en una industria que exige preparación, sensibilidad y constancia.

Con más de una década en la profesión, Balvín habló de sus inicios y su vínculo con la música (Gentileza de Juan Balvín)

—¿Cómo descubriste tu vocación por el doblaje?

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—Fue un descubrimiento sin querer. Desde chico me conectaron mucho las películas, las narraciones y los audiolibros. Crecí escuchando unos casettes con historias de una editorial argentina muy antigua. Todo eso fue formando algo en mí. Cuando entré en contacto con el mundo de las películas, los videojuegos y la lectura, empecé a acercarme a la actuación, a la ficción y a la posibilidad de hacer personajes con la voz. También empecé a cantar a los seis o siete años, así que la voz siempre fue un hilo que estuvo dando vueltas. Después se trató de caminar y encontrar esas pistas.

—¿Había alguien en tu familia relacionado con este mundo?

—No profesionalmente. Mis padres cantaban, pero como hobby. Tampoco se se dedicaban a nada relacionado al doblaje, así que fue muy interesante encontrarme con esta pasión. Había una guitarra en casa y la música estaba presente. A su vez, ellos son de Perú y, cuando vinieron acá, yo nací en 1989, en La Boca. Además, en casa se hablaba todo con la “ye”, que es un fonema que se utiliza en el español neutro. Para mí, ese aprendizaje fue muy útil cuando hice mi primer curso de español neutro en la Argentina. Me encontré con que ya tenía incorporado el recorrido vocálico necesario para trabajar con ese registro. Después me faltaba toda la parte de actuación, pero esa base ya estaba.

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—¿Cómo recibieron tus familiares la decisión de dedicarte a esta profesión?

—Al comienzo siempre aparece cierta rispidez o esa preocupación de: “No sé si vas a morir de hambre, pibe”. Con los años, entendí que muchas veces son cosas que te dicen por amor. Es lógico. Como padres, uno siempre tiende a pensar lo mejor para sus hijos. Después pasaron los años y recuerdo cuando mi padre vio por primera vez un documental de Discovery Home & Health en el que yo le había puesto la voz a un médico, creo que era nutricionista. Me escuchó y me preguntó: “¿Eso sos vos?”. No podía creerlo y hasta se emocionó un poco. Ahí entendió mejor a qué me dedicaba. A mi mamá también le pasó algo parecido cuando le mostraba algunos trabajos. Eso ocurrió hace más de 14 años. Si tengo que hablar del impacto más grande, fue pasar de cobrar 5.000 pesos por mi trabajo en esa época, en 2011, a recibir mi primer cheque de doblaje. Fue decir: “Me estoy jugando por esto”.

Previo a eso, yo trabajaba haciendo mantenimiento de electricidad en una multinacional, con todo bastante establecido. Pasar de eso al doblaje fue un giro radical. Pero el pulso de la vida te lleva a tomar ciertas decisiones y creo que, con el tiempo, esas decisiones terminan trazando el rumbo.

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La voz que viajó del escenario al micrófono: la historia de Juan Balvín, el argentino detrás de grandes personajes
«El pulso de la vida te lleva a tomar ciertas decisiones», aseguró Balvín al recordar cuando dejó su trabajo formal para enfocarse de lleno en el doblaje

—También sos músico. ¿Cómo convivieron la música y el doblaje a lo largo de tu carrera?

—La música llegó a mí desde muy chico porque empecé a cantar cuando tenía seis o siete años. Después tuve durante varios años una banda de nü metal y salí de gira. Al mismo tiempo, estudiaba la carrera de locución y empezaba a trabajar como actor de doblaje. Mis primeros trabajos fueron apareciendo mientras hacía todas esas cosas. Fue un período muy vertiginoso y la música siempre estuvo presente porque la voz era el universo que sostenía todo lo demás.

—¿Qué tiene de especial el doblaje?

—Yo conocí el doblaje cuando era muy chico, viendo Digimon, Dragon Ball, Alf y Pokémon. Esas series tenían algo muy especial: tus personajes favoritos hablaban en tu idioma y eso generaba una conexión diferente. No me remito solamente a lo que aparece en pantalla, sino también a las sensaciones y al momento de la vida que compartía con esas historias. Recuerdo tomar la chocolatada mientras miraba esos programas cuando era niño. Todo eso me lleva a un momento feliz de mi vida. Entonces me preguntaba cuánto podía hacer yo con mi voz y cuánto podía conectar con otras personas al darle voz a un personaje. Si la historia estaba bien contada, podía generar algo parecido a lo que esas series habían provocado en mí. Ese es el pulso de mi pasión.

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—¿Cuál fue tu primer trabajo como actor de doblaje?

—Mi primer trabajo fue interpretar a un abogado criminalista para Investigation Discovery. Tenía dos líneas. El personaje casi no hablaba. Pero me fui muy feliz porque había logrado grabar profesionalmente mi primer bolo. Fue una sensación inexplicable e inolvidable. Por otro lado, el personaje que después me ayudó a entrar más en la rueda fue Paul Junior, de American Chopper, un reality sobre motociclistas que fabricaban motos. Hay un meme dando vueltas sobre ese programa. Aprendí muchísimo con ese trabajo.

La voz que viajó del escenario al micrófono: la historia de Juan Balvín, el argentino detrás de grandes personajes
Entre la música y la profesionalización como actor de doblaje, Balvín fue abriéndose paso en el ambiente

—¿Qué tan difícil fue ingresar a la industria del doblaje en la Argentina?

—Era otra época. Antes de la pandemia, la vida social y la manera de trabajar eran diferentes. Íbamos a grabar a estudios que podían tener hasta 17 salas. Eran laboratorios de doblaje, pero también espacios de encuentro. Hablábamos sobre los materiales que íbamos a grabar, compartíamos ideas y muchas veces les dábamos un plus a los trabajos desde esos intercambios. También era más fácil acercarse. Uno podía pedir permiso y decirle al director: “¿Puedo pasar cinco minutos para ver?”. Te dejaban entrar, te quedabas un rato y quizás te preguntaban si querías dejar un registro de voz. Si lo que hacías estaba bueno, podían llamarte para grabar al día siguiente o durante la semana.

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Hoy es más complicado porque muchas grabaciones dejaron de ser presenciales y el trabajo se volvió más virtual. Hay que generar lazos y conexiones de otra manera. La dificultad está en que ya no existe tanto ese contacto cotidiano dentro de los estudios.

—¿La manera de trabajar y de cobrar es igual en la Argentina que en otros países?

—El doblaje es una industria grande, aunque muchas veces se lo trata como si fuera un nicho que poca gente conoce. Es un trabajo que viene de la actuación y quienes lo hacemos somos actores de voz. En la Argentina estamos dentro de la Asociación Argentina de Actores y Actrices. Durante muchos años se trabajó para defender la ley del doblaje y ordenar la actividad. Hace tiempo se había legislado, pero no se había gestionado todo lo necesario para que funcionara. Cuando eso avanzó con la ley 23.316, permitió ordenar bastante el trabajo. Antes había acuerdos entre privados, se cobraba con cheques y muchas veces los pagos se demoraban. El trabajo colectivo permitió establecer otras condiciones, cobrar por banco y fijar plazos para las empresas que forman parte de la cámara.

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El doblaje se paga por loop y por la citación mínima. Después, si un producto se comercializa en otro territorio o se utiliza para una campaña, eso corresponde a otro contrato. Si el material se amplía para Latinoamérica o para la Argentina, tienen que avisarte, firmar otro acuerdo y establecer nuevos honorarios.

La voz que viajó del escenario al micrófono: la historia de Juan Balvín, el argentino detrás de grandes personajes
Con varias horas frente al micrófono en la cabina de grabación, el doblador explicó cómo funciona la indstria local

—¿Eso ocurrió con tu participación en la película Las guerreras K-pop?

—El doblaje de la película fue una cosa y se pagó cuando grabamos el largometraje. Después, cuando apareció la acción comercial de una cadena de comida rápida y Netflix, se trató de otra contratación. A comienzos de año grabamos las publicidades para el mercado hispanoparlante de Estados Unidos y después se renovaron para toda Latinoamérica. Esas campañas son como recompensas que aparecen a partir de un trabajo anterior y se manejan de otra manera.

—La película Las guerreras K-pop continúa siendo un fenómeno. ¿Cómo recibiste esa propuesta?

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—Fue una linda sorpresa. Uno se entrena, se prepara y trabaja para que las oportunidades lo encuentren listo. En este caso, siento que no solamente yo, sino toda la industria argentina, estuvo a la altura. Yo no tuve casting. Por lo que hablé con la directora, me dijeron: “Sos vos, Juan. Necesitamos que estés vos”. Tal vez tuvo que ver con mi rango vocal, con la amplitud que puedo alcanzar y con el entrenamiento que tengo por trabajar tanto con la voz y con las canciones. Además, llegó en un momento en que la cultura coreana y el K-pop estaban atravesando una etapa de mucha popularidad. Siento que estas historias hacen que la gente conecte más. Los personajes tienen una psicología y un recorrido que permiten contar una historia interesante.

Por otro lado, es un mensaje para las productoras y para quienes trabajan en la industria: acá se hace buen doblaje. La calidad no debería ser un motivo para que el trabajo se vaya al exterior.

Las guerreras k-pop
Para la versión hispanohablante, Balvín le dio voz a Jinu, el líder de los Saja Boys (Netflix)

—¿Te gustaría seguir trabajando en proyectos vinculados con la cultura coreana?

—Sí, y ya me llamaron para otros trabajos. No es tanto una cuestión de animarme o no: si aparece un proyecto, lo hago y doy todo. Hace poco me convocó una editorial muy importante de la Argentina para grabar un libro sobre la cultura coreana, aunque desde su costado mitológico. A partir de la película también surgieron otras oportunidades. Puedo enumerar varias cosas que aparecieron este año y que estuvieron relacionadas con la popularidad de la película. Estoy muy agradecido por este momento.

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—A lo largo de tu carrera interpretaste muchos personajes. ¿Cómo trabajás para que cada uno tenga una personalidad propia?

—Al comienzo de mi carrera era un desafío porque no tenía una técnica actoral. La fui desarrollando con los años, con maestros y maestras, y a través del trabajo con distintas personas. Encontré una clave: todos los cuerpos son diferentes. La manera en que me paro frente al micrófono y la voz que utilizo también cambian de acuerdo con el personaje. Hay algo de la corporalidad que se transmite más allá de lo que uno puede hacer solamente con la voz.

Cada personaje tiene una psicología, un conflicto y un propósito. Tengo que entender cuáles son sus obstáculos, qué quiere hacer y qué preguntas necesita responder. Todo eso me da un anclaje para arriesgarme, probar una toma y avanzar en una dirección determinada. Para mí, la clave es volver a la fuente, es decir al doblaje original, conectarse con algo más grande y alimentar el imaginario para llevar verdad a las palabras.

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La voz que viajó del escenario al micrófono: la historia de Juan Balvín, el argentino detrás de grandes personajes
«Acá se hace buen doblaje», destacó Balvín respecto a la competencia dentro de la industria local con el exterior

—¿Cuál fue el personaje más difícil de encarar?

—Creo que fue Jinu. Fue el más complicado porque atraviesa muchas facetas de la película y tiene una dualidad muy marcada. Por un lado está Jinu, el miembro de los Saja Boys, el carilindo, con todo lo que eso implica. Por otro, aparece su verdadera cara: un demonio atravesado por la culpa de no haber podido salvar a su aldea. Fue difícil porque tenía que construir muchas capas. Tuve que trabajar con el cuerpo, volver al imaginario y regresar varias veces sobre el personaje. Fue un ejercicio hermoso y creo que me hizo mejor actor.

—¿Sentís que el público argentino valora más a los actores de doblaje del país?

—Creo que todavía no se sabe demasiado. Mucha gente me dice que no sabía que ciertas producciones se habían doblado en la Argentina. México suele ser considerado la meca del doblaje, aunque acá se trabaja desde hace muchísimos años. Incluso, el primer doblaje fue argentino. En nuestro país ya existían los radioteatros, con actores y actrices interpretando detrás de un micrófono. Esa experiencia fue una base importante para el desarrollo del doblaje. Por otro lado, México tiene muchos eventos, convenciones y actividades vinculadas con los cómics y el doblaje. Eso les dio una visibilidad importante. Creo que nosotros podríamos tomar algunas de esas ideas. Acá somos un poco tímidos para ese tipo de actividades.

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Las guerreras K-pop están tomando la posta y lo celebro mucho. A las dobladoras las veo viajando y participando de eventos, y me encanta que estén a full porque son nuestras representantes. Cada vez que van a otro país, representan a las guerreras del doblaje argentino. Si eso ayuda a que más personas sepan que acá se hace doblaje y que se hace con calidad, bienvenido sea.

La voz que viajó del escenario al micrófono: la historia de Juan Balvín, el argentino detrás de grandes personajes
Balvín dejando todo de sí mismo para darle su voz a diferentes personajes para el público hispanohablante (Gentileza de Juan Balvín)

—¿Qué mito del doblaje te gustaría derribar?

—Que se paga muy bien. Mucha gente piensa que nos llenamos de plata y que somos millonarios, pero no es así. Es un trabajo como cualquier otro, con sus dificultades, y también está atravesado por la realidad del país. Hoy tenemos la inteligencia artificial, el aumento del dólar y empresas que pueden elegir trasladar su producción a otros lugares. Todo eso genera incertidumbre y puede hacer que los presupuestos bajen. A nosotros nos corresponde seguir trabajando con firmeza, dar lo mejor, ser humanos y defender colectivamente aquello que amamos. Nadie se salva solo.

—¿Qué proyecto o logro sentís que todavía te falta cumplir?

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—Estoy dispuesto a cualquiera que venga. Mi cabeza no está tan puesta en el futuro, sino en el presente. En cambio, si estoy presente y atento a lo que estoy atravesando, puedo generar más empatía con quienes están tomando decisiones, como alguien que se pregunta si debe dejar una carrera o continuarla. Ahora, si tengo que decir algo concreto, me gustaría que dentro de cinco o diez años pudiera tener un hijo y estar en la playa con mi esposa, disfrutando de una vida simple. No aspiro a mucho más que a eso.

—¿Qué consejo le darías a alguien que quiere seguir tus pasos?

—Para mí es importante que se mantengan fieles a sí mismos y que no vendan sus valores. Eso es lo principal.

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Juan Balvín,Doblaje

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