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¿Hacia dónde va el Partido Demócrata?

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Los demócratas están viviendo un proceso de definición interna similar al de los republicanos a partir de la irrupción de Donald Trump, el cual culminó en el triunfo interno de Trump y su control de la colectividad después de derrotar a rivales en primarias. Los demócratas aparecen tan divididos como lo estuvieron alguna vez los republicanos, sin un liderazgo claro, y, por lo tanto, con varios aspirantes a la candidatura presidencial, pero, por lo mismo, sin definiciones claras, más allá de la total oposición al gobierno republicano.

Dependiendo del resultado de las primarias que están teniendo lugar, algunas con mayor publicidad e impacto que otras, el resultado va a decidir si el partido regresa a ser una expresión tradicional entre el liberalismo y la social democracia, o a través de una fracción conocida como los Socialistas Democráticos de América (en inglés: Democratic Socialist of America, DSA) ese triunfo significaría una izquierdización del partido, y por primera vez en la historia, una de los dos agrupaciones políticas que han llegado a la Casa Blanca, adoptaría una definición y una plataforma socialista, sin complejos, quizás similar a partidos que con ese nombre hicieron política en Francia o Italia.

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Aunque estamos lejos de ese escenario hay que pensar en esos términos dada la polarización que se vive, donde la figura de Trump ha sido tan dominante en partidarios y opositores, que todo estudio o encuesta coincide, en que el votante demócrata por sobre todo quiere una oposición total, la latinoamericanización que ha sufrido la política estadounidense, que explica la desaparición del consenso como también del centro político.

Es decir, si los demócratas socialistas transforman su éxito en primarias en triunfos en la elección general de este noviembre, podríamos estar presenciando un fenómeno que se ha dado en diversas oportunidades en otras partes del mundo, el copamiento de un partido por otra colectividad, ya sea, por fusión o adquisición hostil, de la cual el primer ejemplo que se conoce fue el triunfo interno de los bolcheviques sobre los mencheviques socialdemócratas de Kerensky en los albores de la Revolución Rusa en 1917.

Aunque varían dependiendo del país, y existiendo también en dictaduras, en general se entiende que, en democracia, un partido político es una organización de interés público cuyo objetivo es el poder político para aplicar un programa, y quienes integran la organización comparten objetivos, intereses, principios, valores y proyectos, a ser ejecutados total o parcialmente. En EE. UU. tienen la característica que solo militantes demócratas o republicanos han llegado a la Casa Blanca, instituciones que, a diferencia de otros países, más que partidos son movimientos, es decir, a su interior hay personas que tienen más libertad para pensar y actuar distinto, sin que por ello, se les sancione, y que también aceptan la existencia de facciones, que en el caso de los demócratas, además de la mencionada tienen a su interior grupos que se autodefinen como liberales o progresistas o moderados o laboristas o conservadores, además de apoyos que se reciben de otros partidos, como ocurre con el Comunista estadounidense, que desde 1984 los apoya en las presidenciales.

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Sin embargo, como cambian personas y sociedades, que lo hagan partidos cada 30 o 50 años no es algo excepcional, sino que es más habitual de lo que se cree, y testigo de ello es la propia historia de los demócratas, partido que ha sufrido cambios a partir de elecciones como la de Franklin D Roosevelt en los 30 que redefinió las características del Estado moderno estadounidense hasta su reacción actual a los cambios que trae consigo la aparición de Trump.

Es uno de los partidos más antiguos del mundo ya que sitúa sus orígenes en el Partido Demócrata-Republicano de Thomas Jefferson y James Madison, dos padres fundadores de EE. UU. y en el gobierno desde 1801, partido del que se separa a partir de 1828, destacándose quienes serían posteriormente seguidores de otro presidente, Andrew Jackson. La derrota de Jackson en la elección presidencial de 1824 a pesar de haber sido el candidato más votado ocasionó una división que condujo a que sus partidarios crearan el partido “jacksoniano” para elegirlo en 1829, partido que a partir de 1834 comienza a llamarse “Demócrata”, nombre que pasa a ser definitivo en la Convención de 1844.

La figura de Trump ha sido tan dominante en partidarios y opositores

En sus inicios, la filosofía del partido fue el conservadurismo con otra ideología que tuvo importancia posterior, el populismo que muchas veces estuvo presente en las zonas rurales del sur. Sin embargo, el New Deal, el Nuevo Trato de Franklin D Roosevelt cambió tanto al país que las facciones conservadoras del partido se extinguieron fuera del sur, coalición que además los acercó mucho a los inmigrantes católicos, a los trabajadores sindicalizados y a las posturas socialdemócratas. Sin embargo, en el sur se mantuvo siempre cercano al viejo racismo, por lo que una característica marcada fue representar tanto a los líderes del KKK como al liberalismo del este.

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En la década del 60 con Kennedy todo cambiaría y el partido se convierte en la expresión de la llamada coalición arcoíris por representar a los afroamericanos, a las mujeres y a los hispanos o latinos. Fue el periodo, en que los demócratas fueron una mezcla de posiciones a la vez socialdemócratas y liberales (que se entiende como izquierda en EE.UU), década en que la mantención del racismo se expresa a través de sectores partidarios que levantan la candidatura presidencial del gobernador Wallace en 1968, existiendo un último intento que no prosperó en la elección de 1972, hasta desaparecer la presencia del racismo cuando los demócratas hacen propio el discurso de M.L. King de tal manera que se convierten en la expresión de alianza con el voto afroamericano.

Considerando esta historia no debiera sorprender el cambio actual, ya que ahora las primarias y las encuestas muestran que hay un apoyo creciente a las ideas socialistas entre militantes y votantes, lo que ha ocurrido al mismo tiempo que un alejamiento de la idea tradicional del “sueño americano” como también al aumento a su interior de las críticas a insuficiencias del capitalismo estadounidense en temas como la salud y beneficios sociales, por lo que no es del todo sorpresivo lo que está ocurriendo, ya que no fue algo que ocurriera de la noche a la mañana. .

Ello ha ido acompañado por otro proceso, donde esa característica de ser expresión de los trabajadores sindicalizados chocó con la realidad de los otros factores que hicieron posible los triunfos electorales de Trump y los cambios que ha promovido, ya que la desindustrialización de EE. UU. se unió al ascenso chino y la irrupción de la sociedad digital. Es por ello que ha disminuido en el partido la relevancia sindical, tanto que hoy más que representar a los pobres y a los trabajadores industriales, los demócratas representan a elites universitarias de las grandes ciudades, en general, muy enojadas por las deudas universitarias que han contraído, en algunos casos impagables, sin encontrar trabajo en aquello que estudiaron, y respaldando soluciones socialistas, hoy, representadas por el alcalde Mamdani en Nueva York.

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Los cambios no se detienen allí, sino en varias otras áreas. Una ha sido el cambio desde ser el partido de la minoría judía a posiciones extremadamente críticas de Israel, y una de las certidumbres del actual proceso interno, es que quienquiera sea el o la candidata/o, su plataforma va a ir en el sentido de acabar con o rebajar la actual alianza estrecha entre ambos países, que es coincidente con los cambios que en esta materia han tenido lugar en la sociedad y en las universidades estadounidenses.

Durante la administración Biden hay modificaciones programáticas, donde el partido toma posiciones que lo alejan de la socialdemocracia, para acercarlo a corrientes del wokismo y que hoy han mutado en acercamiento a la tradición socialista, que solo sorprenden por tratarse de un país donde no habían echado raíces como es EE. UU.

Por su parte, estos sectores socialistas en ascenso no son propiamente un partido tal como lo entendemos, sino que los DSA hacen hoy política al interior de los demócratas, siguiendo el ejemplo de su indiscutido líder, el veterano senador Sanders, que ha sido electo al Senado por el partido demócrata, se ha presentado varias veces a las primarias presidenciales, pero no es militante como tampoco lo es de DSA, que se define como “una organización política y activista democrática y laborista de EE. UU.” Es decir, más que competir en elecciones como un partido, lo están haciendo al interior y en representación del partido demócrata, con lo que tienen un impacto notablemente superior, al mismo tiempo de fortalecerse allá, doble ganancia gracias a la ceguera demócrata.

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El Partido Demócrata atraviesa una definición interna marcada por la polarización y la falta de un liderazgo claro frente al avance de sectores socialistas. (REUTERS/Jeenah Moon)

Lo que ha pasado, es que esas ideas que siempre han existido, solo que, en los márgenes, una vez que se hacen en nombre de los demócratas, adquieren un tono “mainstream”, es decir, de corriente principal, que explica lo que ha estado pasando con las ideas socialistas, que se movieron desde la exclusión a la posibilidad de llegar a la Casa Blanca. Es lo que también explica lo que ocurrió en las universidades y en los medios de comunicación, donde ideas que antes eran marginales como la judeofobia adquirieron una visibilidad especial al ser habladas desde el partido demócrata, recibiendo una legitimidad antes desconocida.

Los orígenes de DSA provienen del Partido Socialista de América y de Eugene V. Debs, quien fuera cinco veces candidato a la presidencia (1900-1920). En su versión moderna, en 1982 se fusionan partidos y movimientos para dar origen a la fundación de Socialistas Democráticos de América, quienes apoyaron al candidato Ralph Nader del Partido Verde el año 2000 para asentarse definitivamente en el Partido Demócrata, quien les dio la bienvenida por la idea movimientista de convertirse en frente del progresismo más que existir sólo como un partido, idea que también se encuentra en el partido republicano en relación a las ideas conservadoras, de representar al conjunto de ellas.

El cambio definitivo ocurre cuando para las elecciones de 2016, el DSA respalda a Bernie Sanders en las elecciones primarias demócratas contra Hillary Clinton. Los activistas llegan masivamente a apoyar un desempeño que superó expectativas en número de delegados. Al concluir las primarias, los activistas no se retiraron, sino que permanecieron en el partido, captando cada vez mayor poder e influencia en las propuestas partidarias. A partir de la elección de Trump el 2016 y, sobre todo, con su nueva victoria, la militancia en el DSA ha crecido enormemente al igual que la cantidad de miembros, que compitiendo como demócratas son electos para cargos locales y puestos públicos en una cantidad creciente de Estados, lo que a su vez incrementa las propuestas demócratas de carácter anticapitalista como también el número de militantes DSA que han ganado primarias para competir por vez primera este noviembre.

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Este ascenso emparejado con el del Senador Sanders, quien adquiere nuevo protagonismo, ya que su desempeño como candidato en las primarias es tan bueno que causa temor en Hillary, que podría repetirse lo que ocurriera con el triunfo inesperado de Obama en la primaria del 2008, que en un golpe interno es bajado el senador Sanders de su candidatura después que una representación de donantes de mucho dinero, hacen ver que no seguirían apoyando al partido por un impuesto a los ingresos que postula Sanders, una idea que hoy es oficial entre demócratas electoralmente exitosos como Mamdani.

Sanders acepta bajarse, pero sus ideas pasan por vez primera a la plataforma oficial del partido, lo que se repetiría el 2020 con Biden, donde hay una renuncia de varios candidatos para posibilitar que éste triunfe en las primarias de Carolina del Norte, sellando así su alianza con los representantes afroamericanos, ya que el desempeño de Biden no había sido bueno hasta esa fecha. Sanders obtiene a cambio que toda la plataforma de Biden sea ahora oficialmente sus ideas de siempre, y que en el tema climático no solo sea la propuesta de campaña sino la del futuro gobierno mismo.

Paralelamente crece sin parar hasta hoy la importancia de los militantes DSA que también adquieren experiencia de gobierno y visibilidad en cargos de menor importancia en el gobierno de Biden, lo que les permite tanto hacer carrera como acceso a financiamiento de campaña, tal como se ha mostrado en estas primarias.

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Las primarias demócratas pueden decidir si el partido regresa a una tradición liberal y socialdemócrata o profundiza una izquierdización impulsada por los Socialistas Democráticos de América. (REUTERS/Anna Rose Layden)

¿Qué puede pasar en el Partido Demócrata?

Primero, nada, que estos candidatos que han ganado primarias sean rechazados por los votantes independientes y todos sean derrotados, lo cual es poco probable, ya que difícilmente el partido volverá a ser lo que era antes, con un predominio del voto moderado entre los representantes y la militancia, posibilidad que hoy no existe, ya que ambos partidos están cambiados, adaptándose a lo que conjuntamente han creado, un EE. UU. dividido y polarizado, sin consensos comunes. Además, en lo que a financiamiento se refiere, a diferencia de épocas anteriores, hoy los demócratas tienen mejor caja electoral que los republicanos, debido a que sus principales donantes es gente muy rica que ha hecho su fortuna en empresas de las nuevas tecnologías, en criptomonedas, IA, Internet y similares, y en general, están conformes con las posiciones demócratas.

Segundo, que la elite partidaria cuando ha tenido que actuar enfrentada a desafíos como el actual, se decida a hacer lo que hizo la única vez que tuvo una experiencia semejante, cuando durante y después de Vietnam, el espíritu del movimiento contrario a la guerra se hizo carne en el partido, eligiendo en primarias candidatos ultraliberales y pacifistas para que fueran derrotados por Nixon y Reagan por mayorías muy amplias. Por lo tanto, decidieron crear los llamados superdelegados para evitar tener presidenciables que no fueran candidatos elegibles, que se sumaran a los delegados electos regularmente por cada Estado quienes están obligados a respetar los resultados, cuando estos superdelegados no tienen esa obligación. Al mismo tiempo, su número representa un total capaz de elegir a un nuevo candidato, si es notorio que el ganador interno no tiene posibilidad por tener posiciones extremas. En general, son autoridades partidarias o que han sido funcionarios o han tenido cargos como gobernadores, alcaldes, ministros o senadores, cuyo número ha superado el 15% de los delegados en cada Convención a partir de entonces.

Quienes han estado detrás de estos números son una élite, que cuando ha tenido que tomar decisiones lo ha hecho sin dudar un instante, por poco democrático que sea lo resuelto, tal como ocurrió cuando bajaron a Biden el 2025 por su notorio deterioro físico y mental para el cargo, a pesar de que había ganado las primarias, además que la vicepresidenta Harris fue designada sin elección o legitimación interna.

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La duda es si se atreverían a dar un paso semejante para quedarse con el nombre del partido, si la situación sigue deteriorándose para ellos, paso que quizás deban dar, ya que, en un sistema tan bipartidista, no existe espacio como no lo ha existido nunca para una tercera fuerza.

Steve Hilton, candidato republicano a gobernador de California, de izquierda a derecha; Tom Steyer, candidato demócrata a gobernador de California; y Katie Porter, candidata demócrata a gobernadora de California, durante un debate gubernamental en los estudios de KRON en San Francisco (Jason Henry/Pool via REUTERS)

Hoy EE. UU. está en la recta final de una elección de medio término donde las encuestas coinciden en un triunfo demócrata, y donde ese triunfo, al igual que en su gobierno anterior, impulsaría una acusación constitucional contra Trump y, por lo tanto, un escenario distinto al actual. Sin embargo, recién se entra en la recta final, y muchas cosas pueden cambiar, incluyendo la guerra de Irán. A favor tienen los republicanos, que pueden vincular esos comicios con la presidencial, y ya al parecer tienen el candidato, en la persona del vicepresidente J.D. Vance, en cuya compañía Trump está hoy recorriendo el país, mientras que los demócratas no tienen nada resuelto dada su división actual, como tampoco tienen programa ni candidato/a, o mirado desde otra perspectiva, en vez de no, tienen varios, sin que alguno/a sobresalga.

En contra del avance socialista no solo están los republicanos, sino también los demócratas centristas/moderados. Ambos grupos repiten, cada uno desde su perspectiva, lo que se ha hecho antes, es decir contra los nuevos lideres demócratas al igual que en el pasado contra este tipo de candidaturas se ha dirigido una clásica campaña anticomunista que con votantes jóvenes que ignoran lo que fue la URSS parece haber sido muy poco exitosa, al igual que las grandes cantidades que ambos han gastado en contra de los socialistas. El fracaso consiste en repetir argumentos anticomunistas del pasado en vez de hacerlo contra aquellas propuestas que ganaron las primarias, es decir, ideas que han fracasado en todas partes donde han sido intentadas, pero que tienen base creíble: dificultades para tener trabajos bien pagados, alza en los precios de vivienda, deuda estudiantil, y similares problemas reales.

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Todo pronóstico está ensombrecido por la polarización, ya que el debate interno demócrata está contaminado con el rechazo total a Trump, y votantes que creen que todo es aceptable para derrotarlo, además que hay temor entre otros demócratas a confrontar a aquellos que tienen viento a favor, ya que entre los moderados, incluyendo dirigentes como Jeffries y Schumer hay temor que alguien en ascenso como Ocasio-Cortez los derrote en las próximas primarias, al igual que no se aprecian muchos judíos confrontando con la energía requerida al antisemitismo.

En todo caso, como hay elecciones ahora en noviembre, el primer deber de un candidato es elegirse y junto con ello, intentar después llegar o permanecer en el gobierno, ya que solo desde allí se puede llevar a cabo un programa, por lo que siempre predomina el poder, adquirirlo o conservarlo para el oficio que han elegido.

@israelzipper

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Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

Domestic,Politics,North America,Government / Politics

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Elon Musk y la Dimensión Futuro

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No me gustan los megamillonarios, creo que en países democráticos tienen aún más privilegios que los llamados “robber barons”, es decir gente como Rockefeller, Carnegie, Morgan y otros, quienes en el siglo XIX amasaron inmensas fortunas como consecuencia de ser dueños de monopolios, que en definitiva fueron limitados por ley. No me gustan sus equivalentes actuales, ya que los del siglo XIX se limitaban a defender sus intereses y a comprar influencia política, mientras que los del siglo XXI, además de lo anterior, quieren imponernos sus particulares visiones del mundo, que incluyen comer insectos en vez de carne de vaca para combatir el cambio climático.

La verdad es que no tuve interés en Elon Musk hasta hace un par de años, ya que me llamó la atención que tuviera tan mala prensa cuando estos personajes tienen en general una cobertura admirativa de quienes son. La curiosidad se unía al hecho que hasta que cambió de opinión política se le presentaba como una especie de paladín de un mundo mejor. Por último, , todo contrastaba fuertemente con una situación donde personas también ricas como BillGates seguían siendo idealizadas, dejándose incluso de mencionar el lado B, la zona oscura que todos tenemos.

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Así empecé a informarme, a leer libros biográficos, y la verdad es que me llevé sorpresas, de partida su vida personal, cómo creó con diversas mujeres un entramado familiar de 14 hijos, donde la vida privada reflejaba un discurso público de considerar a la baja natalidad como una situación grave para los países donde ocurría esa situación. En algunos casos confirmé mis sospechas o los (pre) juicios que tenía, pero en otras aparecía distinto a la imagen que existía de quien es la persona más rica del mundo; además no solo opinaba, sino también actuaba en forma diferente a otros colegas suyos, también propietarios de empresas de la alta tecnología.

Varios de ellos dirigen empresas que se han convertido en monopolios naturales como las de internet, fundamentalmente por la existencia de la Sección 230 de la Ley de Telecomunicaciones (1996) que protege la impunidad, ya que empresas de redes sociales no son considerados legalmente responsables de lo que allí se publica, con lo cual no han podido ser llevados a tribunales, lo cual felizmente parece empezar a cambiar en la justicia, positivo desde el momento que lo que ha existido es discriminatorio con tecnologías tradicionales como radio y TV.

A propósito de la Sección 230, incluso pensé que un Trump molesto por la censura de la que fue objeto por algunas redes sociales en la última elección, iba a buscar derogarla, ya que una buena cantidad de académicos han argumentado de su inconstitucionalidad. Sin embargo, no solo me equivoqué, sino que, al contrario, se han transformado en aliados, por la necesidad de confrontar a China, sobre todo en AI. De tal modo hoy existe amistad, que con frecuencia visitan la Casa Blanca y han sido invitados a cenas donde todos quieren estar, como la de Estado que recibió a Xi Jinping y esposa, como antes Trump los había llevado a Inglaterra, cuando Carlos III le ofreció un banquete de gala.

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En el caso de Elon Musk, durante años, tuvo buena prensa y las cadenas de TV lo presentaba como cercano a los demócratas, sobre todo, así se pensaba de él en California, y hacia ese partido se dirigían sus aportes monetarios a la política y a los políticos. Todo ello cambió en la última presidencial, ya que Elon Musk fue de los más generosos donantes de Trump, además de participar personalmente en varios de sus actos de campaña.

Elon Musk financió la campaña electoral de Donald Trump y asumió la tarea de reducir el gasto público. (REUTERS/Evan Vucci)

Su entusiasmo fue tal, que una vez en la Casa Blanca Trump lo nombró a cargo de una importante promesa, la de reducir el gasto público cerrando el grifo del gasto ineficiente o los fraudes. Allí estuvo hasta algo que no sorprendió como que dos personalidades fuertes chocaran, así que renunció y se fue, pero como las disputas de este tipo no son eternas, China y, sobre todo, la IA trajeron de vuelta a Elon al círculo íntimo, de tal manera que el Pentágono le encargó participar no solo en el diseño del plan para las armas del futuro sino también del Proyecto Meridian cuya misión es identificar las tecnologías claves de los próximos conflictos.

No solo hace noticia en EEUU ya que lo que rodeó su adquisición de Twitter que pasó a ser X, hizo que su nombre fuera conocido en el mundo entero, como también hicieron noticia sus conflictos con la Unión Europea y en Brasil con el juez Alexandre de Moraes. Como la visibilidad de Musk es alta y las opiniones acerca de su persona son tan apasionadas, a favor y en contra, hace tiempo que quería escribir sobre este tema, pero no sabia donde encontrar un hilo que retratara bien lo que hace y lo que dice, hasta que no hace mucho tiempo, atiné que es su dimensión del futuro lo que permite entenderlo mejor, ya que estoy convencido que está incorporada en sus decisiones personales y en las de sus empresas.

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En lo personal, me cuento entre quienes sienten curiosidad del futuro, no solo porque sentimos la necesidad de saber, sino también porque el futuro -previsible o imprevisible- es un viaje que solo se detiene con la muerte. Existe una disciplina que se preocupa de estudiar el futuro probable que se llama Prospectiva a la que dediqué años en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile.

Se me abrió todo un horizonte cuando escuché a un conocido académico estadounidense iniciar una Conferencia con una frase que de inmediato anoté “me preocupo del Futuro porque pasaré allí el resto de mi vida”, que, al encerrar una gran verdad, hace doblemente lamentable que esa dimensión figure poco entre quienes toman decisiones colectivas en muchos países, y quizás China se escapa a esa generalización.

Muchas veces se buscan razones complicadas para convencernos que el futuro debiera tener algún lugar en nuestro proceso de toma de decisiones, aunque en algún momento nos damos cuenta de que, aunque no parezca, donde si está instalada la dimensión del futuro es en nuestras actividades diarias, toda vez que salimos de nuestro hogar o del trabajo esperando que nada nos pase. Cruzamos la calle porque esperamos que no seremos atropellados. ¿Seguridad antes de hacerlo? Ninguna.

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La verdad es que todos los días tomamos decisiones de futuro sobre nuestras vidas, carrera y familia, desde subirnos al ascensor esperando que no se va a caer, hasta otras extremadamente complejas. Lo verdaderamente asombroso es que la mayoría de nuestras decisiones cotidianas implican que hemos anticipado correctamente el futuro, ya que de otra manera la vida no podría fluir o funcionar.

Y eso es lo que noto en Elon Musk, que a las empresas que ha creado, a las causas que ha abrazado y hasta en sus decisiones familiares ha incorporado la dimensión del futuro. Creo que lo hace como parte de la cotidianeidad, a veces, sin estar absolutamente consciente de esa incorporación. Quizás, parte de su éxito, se debe a que así lo ha hecho.

Eso es lo que veo naturalmente incorporado en sus decisiones empresariales, desde sus primeras y a veces pioneras empresas en internet cuyas ventas le permitieron invertir en lo que pareció aventurero para después convertirse en Tesla, que no es solo vehículos eléctricos, sino también energía solar y almacenamiento de energía; o Starlink, esa constelación de satélites en órbita baja para proveer internet de alta velocidad a nivel global, qué tan importante ha resultado ser para la Patagonia como para superar bloqueo de comunicaciones a quienes protestaban en Irán como también para que en Ucrania pudieran utilizar drones para defenderse de la invasión rusa.

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El Pentágono encomendó a Elon Musk la participación en el diseño de armas y en el Proyecto Meridian. (Photographer: Adam Gray/Bloomberg)

Esa dimensión de futuro está también en Space X, la industria aeroespacial y de transporte espacial, que le permite a EE. UU. estar presente en la carrera espacial, ya que la NASA estuvo sin apoyo demasiados años. De aquí surgen apuestas de futuro como son la colonización del espacio buscando desde allí presencia en la Luna y, sobre todo, soñar en grande con un proyecto de la importancia de que seres humanos lleguen a Marte y que allí se instale “una ciudad autosuficiente”. Tras el ensayo exitoso del cohete gigante de Space X se anunció un próximo vuelo de prueba, que culminaría con capturar el vehículo espacial en la torre de lanzamiento. Se haría mediante brazos mecánicos, con lo que ha regresado la atención periodística a los viajes espaciales, esta vez en manos de la competencia entre megamillonarios, no solo Musk, sino también Jeff Bezos (Amazon), y a un nivel menor Richard Branson (Virgin Group), donde la ventaja del nacido en Sudáfrica es el Starship, sobre todo, si se transforma definitivamente en un cohete reutilizable como también aprovechar esos viajes para abaratar la puesta de satélites en órbita.

La dimensión del futuro está incorporada en términos de acelerar su plan hacia la Luna y Marte, donde mucho depende del abastecimiento de combustible y donde la solución propuesta consiste en cargarlo cuando la nave ya está en órbita. De ahí, la apuesta por una base espacial de cien mil millones de dólares, donde no solo se sumarán 10 plataformas en la costa del Golfo de Luisiana para dar soporte a cientos de vuelos de Starship como también esta base conocida ya como Starbase permitiría concentrar fabricación del combustible y lanzamientos.

Esa dimensión también se ubica en Neurolink, esa empresa de neurotecnología que hace soñar con que personas paralíticas podrán volver a caminar o personas con ceguera podrán ver gracias a implantes cerebrales. Está también presente en The Boring Company, empresa dedicada a infraestructura y construcción de túneles ofreciendo la posibilidad de túneles para transporte de velocidad mediante vehículos eléctricos en ciudades de alta densidad urbana.

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Esta dimensión también se ha incorporado en su muy publicitada adquisición de Twitter para transformarlo en X, donde estuvo dispuesto a poner su bolsillo al mismo nivel que su boca, ya que pagó un precio superior al del mercado para adquirirlo en apoyo de su visión de lo que significa la libertad de prensa y de opinión. Como usuario me doy cuenta que esa red y plataforma ha mejorado, aunque el proyecto de transformar la plataforma en una aplicación para todo, integrando otros contenidos, todavía está en marcha.

SpaceX proyecta la fundación de una ciudad en Marte mediante el uso del cohete Starship. (REUTERS/Callaghan O'Hare/File Photo)

Y donde seguramente no solo se notará la dimensión del futuro, sino que será puesta a prueba, es lo que tiene que ver tiene que ver con Inteligencia Artificial Generativa. Es aquí donde se le da vida a Grok, no solo para usuarios y las redes sociales, sino como integración de lenguaje, análisis de datos e infraestructura para las empresas de su ecosistema, es decir, no solo para efectos de automatización, sino también búsqueda de la comprensión del universo. Dada la cantidad de contratos que Musk tiene al menos con NASA y con el Pentágono, creo que cometió un error del que puede arrepentirse en un futuro cercano, cuando anunció que Space XAI cambiaría su nombre a SpaceXSI para centrarse en el concepto de Superinteligencia, siguiendo la propuesta de Trump de rebautizar la IA.

Me llama la atención que sea la persona más rica del mundo, y respecto de lo cual, da la impresión de que su relación con el dinero es más saludable de lo que parece ya que no es Rico McPato, en el sentido que lo aprecia sólo como el medio que permite desarrollar todos sus proyectos. Creo que ello es sano, porque su riqueza viene del éxito que en el mercado han tenido sus apuestas, a veces solitarias en sus inicios y que se mide en el constante vaivén de las acciones, con titulares periodísticos como aquel que su patrimonio ganó US$ 61.000 millones como también en otras oportunidades se ha informado que esas mismas acciones, principalmente de Tesla y SpaceX han sufrido un desplome pasajero en la forma de una baja de 1,05 billones a “solo” 987.000 millones en tres jornadas de bolsa, lo cual no debería preocuparle mayormente cuando la diferencia con el segundo (Jeff Bezos) es medible en muchos miles de millones. No es dinero que tenga en los bolsillos, sino que está en el valor de las empresas por él creadas y la confianza que ese valor se incrementará, que a su vez explica que su apuesta por la electricidad y litio en las baterías, hacen que Tesla valga más que todas las otras automotoras, a pesar de la campaña en contra de la empresa, debido a las opciones politica por él tomadas de apoyar a Trump.

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En todo caso, Musk no es considerado como el hombre más rico de la historia, sino que para los historiadores económicos sería Mansa Musa (1280-1337) Emperador de Malil, cuya fortuna personal en dólares actuales habría superado a la de Musk, quizás incalculable, ya que su imperio dominaba la producción y exportación del oro y la sal (de la sal proviene el nombre “salario”), opinión confirmada también por Gemini, el asistente de IA de Google.

Si los seres humanos somos curiosos sobre el futuro no creo que sea por razones abstractas, sino eminentemente prácticas, toda vez que corresponde a aquella parte de nuestras vidas que puede ser modificada por nuestras acciones y omisiones. Ni el pasado ni el presente pueden jactarse de lo mismo, ya que el pasado no puede ser cambiado y el presente es solo el instante que lo separa el pasado. En cambio, el futuro es aquel “algo” que todavía no ha ocurrido, que puede ser moldeado y cambiado, que en Musk es visible hasta en sus cambios de opinión, aquello que tanto desconcierta o molesta a ciertas personas.

La pregunta siguiente en relación con el futuro es si se puede conocer. En las culturas antiguas, aun en las más primitivas se anticipaba todo tipo de consecuencias (tanto negativas como positivas) a fenómenos de alguna regularidad como cometas o eclipses. Esa inquietud culminó en el siglo pasado en una disciplina que entrega grados académicos a nivel universitario, la prospectiva o investigación de futuros, así en plural ya que el futuro se entiende mejor con la construcción de escenarios, ya que no es solo uno lo que es posible o probable. Más aún, en los tiempos que vivimos un número considerable de personas trabaja anticipando aspectos parciales del futuro: crecimiento de la población, cambio de clima, resultado de las próximas elecciones, aceptación de un nuevo producto por parte del consumidor.

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Sin embargo, advertir que alguien como Elon Musk lo ha incorporado en sus decisiones es quizás lo que ayuda a que existan tantos inversionistas interesados en sus impresas, aunque no habla bien de que esta faceta se le haya escapado a algunos de sus biógrafos como también a algunos de quienes hayan trabajado con o para él.

De tal modo no ha sido habitual esta incorporación de la variable del futuro a nuestras decisiones, que no figura en ninguna de las grandes mitologías, ni la griega, ni la romana, como tampoco en las orientales o las nórdicas. Lo que es cierto es que, en nuestra evolución cultural, como especie pasamos de ver al futuro como una sentencia escrita por los dioses a verlo como un abanico de escenarios, en todo caso, predominando algo que viene de la antigüedad, la idea que el futuro no puede ser moldeado a nuestro antojo como tampoco por el poder de un rey, y que sería el destino el que decide, aun por encima de los dioses, con lo que parece ser lo que no es, una fuerza inevitable.

De ahí viene la idea que deben predominar las necesidades inmediatas, por lo que hay dioses para el viento, el mar o la guerra, pero no los hay para el futuro, por lo que en la historia se ha recurrido a la profecía, en la forma de oráculos que nos dan pistas. Aun ahí predomina el futuro como algo cíclico, como un ciclo continuo de creación, destrucción, renacimiento, por lo que el futuro sería nada más que simplemente el regreso al pasado.

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Elon Musk ha incorporado a todas las facetas de su vida la dimensión del futuro (Europa Press)

Esa idea es tan fuerte que lo que aporta Musk no es una elaboración, ya que lo suyo no es la intelectualización de una realidad, sino haberlo incorporado a su cotidianeidad, en la forma de las actividades y/o proyectos que lleva a cabo. Se ve en las empresas que ha creado, donde se nota que la variable o dimensión del futuro ha sido incorporada siempre, y quizás es eso lo que no han entendido aquellos que han apostado en su contra en la bolsa. Ahora, como figura pública el exceso de optimismo lleva a que Musk haga pronósticos que no tienen todavía base alguna, como que los robots y la IA podrían elevar fuertemente la producción de bienes y servicios, lo que permitiría “una renta universal alta” para todos los que la quieran, pero, presentar lo de “alta” como una especie de derecho garantizado es poco serio, lo que también muestra sus debilidades cuando ingresa al terreno de las ciencias sociales.

Bueno tenerlo presente, cuando el encuentro de la IA con el futuro obliga a todas las personas al cambio más difícil de todos, el de conceptos e ideas, a la modificación de imágenes que nos han sido familiares por siglos, cuando ahora enfrentamos la casi segura convivencia con máquinas que se llaman inteligentes como también a la colonización del espacio. Para ello necesitaremos la comprensión de un mundo que viene hacia nosotros. Nadie sabe si mejor o peor, tan solo diferente, y donde, a pesar de todo, la facultad de pensar sigue siendo exclusivamente humana, nuestra.

Un mundo, donde advierto pocos, de hecho, ningún líder político, que estén participando en su construcción, como sí lo está haciendo Elon Musk.

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@israezipper

PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

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How a lobsterman’s privacy fight reached SCOTUS — and could ripple far beyond the water: ‘Ain’t over yet’

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One Maine lobsterman isn’t ready to give up after the Supreme Court declined to hear his challenge to a GPS vessel-tracking requirement Monday, fearing it threatens a way of life passed down for generations and could ripple across other industries.

For decades, fifth-generation lobsterman Frank Thompson has driven his boat from Vinalhaven, a small island off the Maine coast, into deeper waters to set traps and haul in lobsters. Now, he says a GPS tracking mandate has turned his boat into a government-issued 24/7 «ankle bracelet,» sparking a years-long legal battle over constant surveillance and Fourth Amendment rights.

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«This is totally against the Fourth Amendment, and somebody’s got to hear it one way or another,» Thompson told Digital. «This black box that they’re putting aboard the boat is not legal, in my mind, and I’m not a criminal.»

Thompson, who also owns Fox Island Lobster Company with his wife and two sons, was out fishing earlier this month when one of his sons texted him, letting him know the Supreme Court had declined his petition to hear the case and left in place a First Circuit ruling that said the GPS tracking requirement did not violate the Fourth Amendment because lobstering is a closely regulated industry.

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«I just told myself, I said, ‘Well, it ain’t over yet,’» he said.

The mandate, requiring a small electronic box to be installed aboard federally licensed lobster boats in Maine, has flipped Thompson’s life upside down, he said.

According to the Maine Department of Marine Resources (Maine DMR), the devices collect a boat’s location once per minute while moving and every six hours while docked. The tracking doesn’t stop there, Thompson said, with the device collecting data even during personal trips, a key concern in his case.

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Whether Thompson is traveling back to the mainland or having a family picnic, he said the device gives him «a creepy feeling» about who has his information and who is possibly watching.

«Freedom is gone. What else can they do to us?» he said.

Thompson said there is even more at stake. He described how his first boat ride happened two days after he was born and how his sons and grandchildren are following in his footsteps today.

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«Fishing’s been in my blood and I always want to be on the water and it’s something that I couldn’t explain to you the feeling that you get out fishing and stuff,» he said. «It’s just a way of life.»

Thompson equated the feeling of pulling up the line of a trap and catching dozens of lobsters to «opening a present at Christmas time.»

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«This is what I like,» he said.

Matthew Gilliam, Thompson’s attorney at Pacific Legal Foundation, said lobstermen must carry the trackers «as a condition of earning a living and keeping their lobster license,» arguing the mandate infringes on Fourth Amendment rights «because it was warrantless.»

«That forced trespass was a violation of the Fourth Amendment because it’s an unreasonable search and seizure,» he said.

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Maine DMR implemented the rule in 2023 at the direction of the Atlantic States Marine Fisheries Commission. State officials and conservationists have since backed the mandate as necessary to protect endangered North Atlantic right whales, monitor lobster populations and sustain the industry for years to come.

«They’re bringing it up because it’s for the whales,» Thompson said. «Well, the government’s lying through their teeth like they always do, and I’m not a criminal.»

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Shortly after the mandate took effect, a federal lawsuit was filed by Thompson and four fellow lobstermen, claiming the device subjected them to tracking they never consented to.

A federal judge dismissed the case, and the U.S. Court of Appeals for the First Circuit upheld that decision, finding the tracking requirement did not violate the Fourth Amendment under an exception for closely regulated industries.

Thompson said the privacy concerns extend beyond fisheries, with the American Farm Bureau Federation (AFBF), which represents farmers and ranchers, standing behind his Supreme Court appeal. The group filed an amicus brief arguing the lower court’s reasoning could weaken Fourth Amendment protections for farmers, ranchers and others in regulated industries.

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«Everybody’s got cell phones, they can track us if they want to,» Thompson said. «But put a black box on a tractor, seeing how many days that he’s out in the field or whatever, it’s just, the independence is gone.»

Although the AFBF supported Thompson’s challenge, the Conservation Law Foundation, which filed a separate brief in favor of the tracking requirement during the First Circuit appeal, praised Monday’s decision.

«This decision is a valuable step toward appropriately managing this iconic species,» CLF Associate Attorney Sarah Shahabi said in a press release. Digital reached out to CLF for comment but did not hear back before publication.

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Maine DMR also responded to the decision, maintaining its support for the tracking requirement in a statement on Monday.

«DMR continues to believe this data collection requirement is critically important to the long-term sustainability of the lobster fishery and resource,» Maine DMR Commissioner Carl Wilson wrote.

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Gilliam said that despite the Supreme Court declining to hear the case, lobstermen and others in regulated industries should not lose their privacy rights simply for doing their jobs.

«Lobstermen and others have Fourth Amendment protections and we’ll continue fighting against government overreach,» he said.

Thompson said he still wants answers about why the government is treating lobstermen like they have done something wrong.

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«We’re just out there making a living and we’re taking good care of the resource,» Thompson said. «You can’t believe the steps that we’ve done to take care of it and we don’t get credit for nothing.»

He warned that if government regulations continue to be adopted across different fisheries, it could «ruin us.»

«People just don’t think before they react to it,» he said. «All these rules and regulations and it’s taking away a lifestyle of generations of freedom.»

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As for what comes next, Thompson said he will continue to work with his lawyers to try to remove the tracking requirement once and for all.

«I’m fighting for everybody, not just myself,» Thompson said. «I’m just fighting for freedom for everybody.»

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INTERNACIONAL

Uruguay desalienta el ahorro en dólares: la estrategia del Banco Central para favorecer la moneda local

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Uruguay apuesta a la desdolarización de los ahorros de los uruguayos (EFE/ Raúl Martínez)

El Banco Central del Uruguay (BCU) ha iniciado una ofensiva para desalentar el ahorro en dólares de la población y favorecer el peso uruguayo. La tarea no es sencilla en un país en el que los habitantes suelen privilegiar la divisa estadounidense para colocar su dinero en los depósitos de bancos. La autoridad monetaria uruguaya publicó esta semana el informe Uruguay: profundización financiera en moneda nacional en el que presenta datos para mostrar que es más conveniente el ahorro en pesos uruguayos.

Los uruguayos confían en el dólar para colocar su dinero. Lo consideran una herramienta segura, que les ofrece cobertura ante cualquier riesgo externo. En otras palabras, es una suerte de seguro. Pero, ¿qué tan caro es este seguro?

“El costo que surge del perfil de retornos observados excede lo que sería razonable pagar por un seguro ante dichos eventos extremos”, dice el informe presentado por el Banco Central. Para argumentar este “costo” la autoridad monetaria recurrió a cifras. La opción de ahorro preferida por los uruguayos son los depósitos de dólares a la vista, cuyos ahorristas perdieron entre 1972 y 2026 un 6% anual de poder adquisitivo local.

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Para alguien que deposita ahorros en moneda extranjera, la probabilidad de experimentar una pérdida de poder de compra es superior a 60% en todos los horizontes y aumenta de 63% a un mes a 80% a 10 años y a 93% a 12 años, considerando ese período, según surge de datos históricos que consideran las series mensuales de la cotización del dólar y de la inflación.

“El ahorro en dólares presenta una mayor volatilidad en términos reales: en el período 2005–2026, la volatilidad del poder de compra del ahorro en dólares, medida como el desvío estándar de su variación interanual, fue de 9,8%, frente a 1,5% para los depósitos en moneda nacional”, defiende el BCU en su informe.

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De los ahorros en dólares más altos del mundo

Los depósitos de los uruguayos continúan siendo “altamente dolarizados”, se concentran en “instrumentos a la vista” y todavía “sigue siendo limitado” el desarrollo de mercados financieros vinculados al peso uruguayo, dice este documento.

El Banco Central de Uruguay avanza un paquete de medidas para incentivar la desdolarización del país (Europa Press)

De hecho, Uruguay sigue siendo uno de los países más dolarizados de América Latina pese a la reducción que hubo a lo largo de los años.

La dolarización de los depósitos a comienzos de los años 2.000 era del 90% y se redujo al 72% en julio de 2026, considerando los depósitos del sector privado. Este proceso no fue lineal y se intensificó en el último año cuando los depósitos en el billete verde fueron tres puntos porcentuales menos.

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Uruguay aparece en el puesto nueve de 108 países, solo detrás de Armenia, el Congo, Macao, Camboya, Nicaragua, Sin Maarten, Lituania y Canadá. El promedio de todos los países es de 29%.

Los depósitos en dólares de los uruguayos se han reducido pero sigue en los niveles más altos de la región  (REUTERS/Mariana Greif)

Este porcentaje significa que Uruguay “continúa exhibiendo uno de los niveles más altos de depósitos de América Latina, ubicándose sistemáticamente en el exterior superior del rango regional y muy por encima del promedio de los países comparables”.

La notificación que deben enviar los bancos

Parte de la estrategia que dispuso el BCU para desdolarizar la economía entró en vigencia este mes e implica que los bancos tengan que enviar una notificación a sus clientes que los alerte del riesgo que implica la operación. Con esto, las autoridades buscan que las personas “dispongan de más información al momento de decidir cómo ahorrar” y que se haga visible “que las variaciones del tipo de cambio pueden aumentar o reducir el poder de compra de sus ahorros en Uruguay”.

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Otra de las medidas en carpeta a futuro es para el mercado de vivienda. Lo que pretenden las autoridades es que algunos proyectos inmobiliarios estén nominados en moneda nacional. Lo mismo pretende sobre portales y plataformas comerciales.

Gobierno apuesta a que precios del mercado de vivienda estén nominados en pesos (REUTERS/Ana Ferreira)

“La complementariedad entre las medidas y su adecuada calibración resultan fundamentales para favorecer una mayor intermediación en moneda nacional, ampliar las posibilidades de ahorro y financiamiento de hogares y empresas y, por esa vía, contribuir al crecimiento y desarrollo económico del país”, analiza el Banco Central.

Una economía “más resiliente”

Históricamente, los uruguayos se preocuparon por la “resiliencia de la economía frente a los shocks”, dice el informe. Una depreciación abrupta de la moneda –como puede suceder en una crisis– perjudica especialmente a quienes se endeudan en dólares pero tienen ingresos en pesos. Un ejemplo de esto fue lo que sucedió en la crisis financiera del 2002.

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Pero en algo más de dos décadas la incidencia de estos shocks externos ha cambiado, algo que las autoridades adjudican a una macroeconomía más sólida. Una de las explicaciones es que el sistema bancario tiene un mayor nivel de capitalización, “amplios colchones” de liquidez y “una menor sensibilidad de las variables financieras y macroeconómicas”.

El informe del BCU enumera otra serie de episodios que explican que la economía uruguaya sea “más resiliente”, como una mayor diversificación de los destinos comerciales y de las fuentes de financiamiento, así como una matriz energética menos dependiente de los precios internacionales.

Hubo, además, una consolidación del régimen de metas de la inflación (fijado actualmente en 4,5%), una tasa que desde el 2023 ha estado dentro del rango de tolerancia fijado por las autoridades.

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El presidente del BCU, Guillermo Tolosa, y su antecesor, Washington Ribeiro (Presidencia Uruguay)

Otra de las claves, según la visión del equipo económico, es la “plena flexibilidad cambiaria”: desde 2021 no hay intervenciones en el mercado de cambios. Esto se puede considerar como una política de Estado, dado que desde que sucede han pasado dos gobiernos: el de Luis Lacalle Pou y el de Yamandú Orsi.

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