INTERNACIONAL
Entre USD 40,000 y USD 375.000 millones: el abismo entre las cifras y los planes que dividen a los exiliados cubanos sobre el futuro de la isla

Jorge Mas Santos, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana y dueño del Inter Miami, calcula que la isla necesitará entre USD 40,000 millones y USD 90,000 millones para su reconstrucción. Sostiene que ese capital “no es ningún problema” si existe un marco legal adecuado, se detalla en un amplio reportaje del periódico The Miami Herald.
La cifra contrasta con la de otro experto consultado por el mismo medio. Rafael Romeu, director ejecutivo de DevTech Systems y expresidente de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana, eleva la estimación a entre USD 275,000 millones y USD 375,000 millones, repartidos en diez a quince años de trabajo.
Qué está pasando hoy con la economía cubana
Cuba atraviesa en 2026 su crisis energética más grave en décadas. La isla sufrió su séptimo apagón nacional del año el 18 de septiembre, el duodécimo desde finales de 2024, según reportó la agencia AFP.
El bloqueo de combustible impuesto por Washington en enero agravó el colapso de las termoeléctricas y dejó cortes de más de 30 horas en La Habana y de hasta 60 horas en provincias del interior.
Un estudio del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo difundido esta semana calculó que el 66% de la población cubana vive en la pobreza, frente al 45% de mediados de 2025.
La organización atribuyó el salto al encarecimiento de los alimentos. La ONU advirtió además que los apagones comprometen equipos médicos críticos, entre ellos incubadoras y respiradores, y que solo había recibido USD 42 millones de los USD 94 millones que estimó necesarios para asistir a dos millones de cubanos.
El secretario de Estado Marco Rubio volvió a marcar la postura de Washington el 23 de septiembre, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. “La revolución cubana ha fracasado. Ha fracasado durante más de sesenta años”, declaró ante la prensa, según recogió la agencia Reuters. Rubio insistió en que Estados Unidos prefiere una transición negociada y no una intervención militar, aunque no descartó del todo esa vía.
El propio secretario de Estado había repetido semanas antes, en la audiencia del Congreso citada por el Miami Herald, que la administración aún no identificó a “un individuo singular” capaz de liderar el proceso de principio a fin.
El 3 de septiembre, Washington sancionó además al nieto de Raúl Castro, Fidel Ernesto Castro, de 31 años, junto a cinco empresas cubanas, según informó Reuters.
El dilema de qué hacer con los comunistas
Ese trasfondo de presión económica explica la urgencia detrás de los planes que circulan en Miami desde comienzos de año. La Fundación Nacional Cubano Americana presentó esta primavera uno de los proyectos más ambiciosos: reclama una “democracia de libre mercado” con un poder judicial independiente y un gobierno “limitado, transparente”.

Mas se declaró convencido, tras reunirse con el presidente Donald Trump y con Rubio, de que “vamos a ver un cambio en Cuba”. El empresario, que preside la compañía de infraestructura MasTec, predijo una red eléctrica de primer nivel “en el primer año” y pleno empleo en un plazo de seis meses a un año tras la caída del régimen.
¿Por qué preocupa tanto el rol de los funcionarios actuales en una eventual transición cubana? Porque cualquier plan necesita administrar hospitales, cuerpos policiales y servicios básicos desde el primer día, y los exiliados discrepan sobre si conservar a esos cuadros garantiza estabilidad o perpetúa al régimen bajo otra forma.
Rubio citó como modelo las transiciones de Polonia y la República Checa, que preservaron ciertas instituciones para dar continuidad.
Una propuesta de ley redactada por la Asociación de Abogados Cubano Americanos recoge esa lógica: permite que empleados públicos conserven sus puestos si no participaron en violaciones de derechos humanos.
Mas rechaza de plano esa idea. “Los incompetentes tienen que quitarse del camino: la familia Castro, el aparato burocrático dentro de Cuba”, afirmó al Miami Herald.
Un Grupo de Trabajo sobre Cuba de la Universidad Harvard propone en cambio que las propias autoridades cubanas “faciliten” el proceso. El informe generó rechazo inmediato: el canciller cubano Bruno Rodríguez lo calificó en la red social X de “guerra psicológica” alineada con el Departamento de Estado.
Alejandro de la Fuente, profesor de historia latinoamericana en Harvard y autor del informe, defendió su postura ante el Miami Herald. “¿Cómo lo ponemos en marcha sin una invasión?”, preguntó, y aclaró que “en ningún lugar decimos que el gobierno cubano manejará la transición”.

El obstáculo del dinero internacional
A diferencia de las transiciones poscomunistas de Europa del Este, que recibieron USD 165,000 millones en apoyo multilateral entre 1990 y 1995, Cuba no puede recurrir al Fondo Monetario Internacional ni al Banco Mundial.
La Ley Helms-Burton de 1996 obliga al gobierno estadounidense a bloquear el ingreso de la isla a esas instituciones hasta que exista “un gobierno elegido democráticamente”.
Romeu, quien presentó su hoja de ruta “Cuba Día Cero” en un evento del Museo Americano de la Diáspora Cubana en julio, calcula que la isla necesita entre USD 180 millones y USD 270 millones en ayuda de emergencia para los primeros seis meses. Ese dinero cubriría salarios de funcionarios, policías y médicos.
Una recién creada Cámara de Comercio Nacional Cubano Americana reúne a familias adineradas dispuestas a invertir, pero solo después de que exista un gobierno democrático con garantías legales. Juan Omar Sixto, integrante del grupo, señaló al Miami Herald que si alcanzan su meta de cien familias, su patrimonio combinado rondaría los USD 200,000 millones.

La sombra de Oswaldo Payá
El debate actual repite tensiones que ya enfrentó Oswaldo Payá, el disidente católico que redactó planes de transición desde La Habana durante dos décadas. Su programa de 1992 proponía que el Partido Comunista no fuera prohibido y que sus cuadros mantuvieran sus funciones bajo supervisión de comisiones de transición.
David E. Hoffman, exeditorialista de The Washington Post y biógrafo de Payá, explicó al Miami Herald la tensión de fondo: “Una purga de toda la gente del antiguo régimen habría sido una calamidad (…) pero si los incluyes, entonces tienes que reconciliarte con ellos”.
Rosa María Payá, hija del disidente y líder del grupo Pasos de Cambio, sostiene en cambio que el liderazgo actual debe marcharse el primer día. Su organización impulsa el Acuerdo por la Libertad, que reúne a varios grupos opositores y prevé que “nadie será desalojado de su hogar” durante la transición.
El papel de los cubanos que se quedaron en la isla
El volumen de planificación concentrado en Miami plantea una pregunta de fondo sobre quién decidirá realmente el futuro de Cuba. El informe de Harvard calcula que tres millones de cubanos emigraron entre 2013 y 2024, una pérdida cercana al 30% de la población.

Hoffman advirtió que ya no existe dentro de la isla un trabajo de planificación comparable al que hacía Payá. “Cuba está como vacía. ¿Está su idea desactualizada? Tal vez sí lo esté”, planteó.
Una encuesta de El Toque, plataforma independiente dirigida por periodistas cubanos en el exilio, encontró que el 54% de los encuestados dentro de la isla respalda que los exiliados participen en un gobierno de transición en igualdad de condiciones. Solo el 6% los excluiría por completo.
Will Freeman, investigador del Council on Foreign Relations, organización estadounidense de análisis de política exterior, advirtió al Miami Herald que en la isla cualquier plan de transición puede verse como “una amenaza a la pequeña forma de subsistencia a la que se aferran” muchos cubanos. Hoffman, especialista en el colapso soviético, fue más categórico: las transiciones “básicamente nunca han seguido el plan” original.
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INTERNACIONAL
La Asamblea General de la ONU en su “semana mayor”

Entre el 20 y el 24 de septiembre pasado se llevó a cabo la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, una semana intensa de reuniones, discursos y manifiestos que, como cada año, convirtió a Nueva York en el epicentro de la diplomacia mundial. Es la llamada semana de la UNGA, y deja una pregunta que merece ser formulada: ¿subirse al podio hoy es suficiente?
¿Un discurso de quince minutos puede resolver, o siquiera transformar, los problemas de fondo de los países miembros? Escuchamos intervenciones interesantes, elaboradas y cuidadosamente estructuradas, pronunciadas en ocasiones ante un hemiciclo prácticamente vacío, mientras en distintas regiones del planeta continúan conflictos, guerras y crisis que siguen esperando soluciones concretas.
Entre los participantes estuvo Luiz Inácio Lula da Silva, quien sostuvo que Brasil “no cabe en el patio trasero de nadie”, una frase que resume su crítica a determinadas formas de la diplomacia tradicional y a la manera en que las grandes potencias han entendido históricamente sus relaciones con América Latina.
Luego llegó el turno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuyo discurso giró alrededor de la idea de que “América está de vuelta” y de la reafirmación del liderazgo estadounidense en la lucha contra el crimen organizado transnacional, a través del denominado “Shields of America” o Escudo de las Américas.
Sin embargo, me atrevería a decir que una de las reuniones de mayor impacto para nuestra región ocurrió precisamente en paralelo a la UNGA. No fue simplemente otro discurso bien elaborado frente al conocido podio de fondo verde. Fueron 14 países, junto con Estados Unidos como anfitrión, los que ampliaron el denominado Escudo de las Américas, incorporando nuevos actores con una visión alineada y un compromiso que da continuidad a lo discutido en marzo pasado.
Allí se pusieron sobre la mesa compromisos relacionados con seguridad económica, cooperación contra el crimen organizado y coordinación integral entre las naciones. Este tipo de alianzas bilaterales o multilaterales específicas —ese “one-to-one” que permite pasar rápidamente de las palabras a la acción— puede terminar teniendo mayor incidencia práctica que las tradicionales alocuciones en las que se expone un diagnóstico, se formulan buenas intenciones y se presentan resultados parciales, sin que necesariamente exista un mecanismo inmediato para convertirlos en resultados tangibles.
Javier Milei tampoco sorprendió demasiado. Mantuvo su conocido discurso crítico de la izquierda y defendió las correcciones y transformaciones implementadas durante su gobierno, presentándolas como parte de un nuevo enfoque para Argentina y para la región.
Por su parte, Keiko Fujimori, en su primera Asamblea en calidad de presidenta del Perú, aprovechó el escenario para proyectar a su país como un destino amigable para la inversión y transmitir un mensaje dirigido especialmente a quienes buscan oportunidades económicas en América Latina.
Capítulo aparte merece Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela. Su presencia permitió observar una transformación particularmente llamativa en el discurso político venezolano. Rodríguez ya había ocupado ese mismo escenario en 2019, desde una posición ideológica muy diferente. Siete años después, su intervención reflejó el nuevo escenario político venezolano y, además, tuvo un elemento adicional de alto simbolismo: su encuentro presencial con el presidente Trump, una imagen inédita que recorrió rápidamente los medios y las redes sociales, acompañada incluso por un gesto de victoria.
El caso de Xi Jinping, presidente de China, merece una lectura diferente. Su ausencia de Nueva York coincidió con una agenda diplomática desarrollada en Washington, evitando así el congestionado escenario neoyorquino y priorizando el contacto directo con su homólogo estadounidense.
Y así transcurrieron los cinco días de la 81.ª UNGA. Una edición que, en muchos aspectos, guardó sorprendentes similitudes con las ochenta anteriores, a pesar de que el mundo actual es sustancialmente diferente: más globalizado, más interdependiente y, al mismo tiempo, más fragmentado en términos geopolíticos.
Pero esta Asamblea tuvo un ingrediente adicional que se respiró especialmente en los pasillos: la próxima elección del secretario general de las Naciones Unidas. Algunos aspirantes han desistido ante la falta de apoyos; otros continúan buscando respaldos, mientras algunos posibles candidatos podrían intentar aparecer como outsiders en el último momento.
Para las Américas, quizá el verdadero desafío de esta edición no consistía en determinar quién lograba convocar más asistentes o quién pronunciaba el discurso más elaborado frente al famoso podio verde. La pregunta fundamental era otra: ¿quién se sentaría en la mesa del Escudo de las Américas y quién quedaría afuera?
Porque la diplomacia del siglo XXI parece exigir algo más que discursos. Exige acuerdos, coordinación, compromisos verificables y resultados.
Ahora habrá que esperar hasta la UNGA número 82 para comprobar cuánto de lo anunciado durante esta semana se convirtió en realidad. Será entonces cuando podamos determinar si las grandes declaraciones produjeron resultados tangibles, o si volveremos a escuchar los mismos diagnósticos, quizá con otras palabras y, probablemente, con otros protagonistas.
“Al final, la historia no suele recordar cuánto duró un discurso. Recuerda lo que ocurrió después de que terminó”.
* El autor es empresario y comentarista político ecuatoriano. Fue presidente de BanEcuador.
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Las madres de los otros para entender a la propia: lo nuevo de Adriana Riva

“Mi madre fue para nosotros una extensa llanura por la que caminamos largo tiempo sin averiguar sus dimensiones. No la veo en modo alguno con ese halo de dulzura y de vigilancia que acompaña estos recuerdos cuando los seguimos. Es una gran caminata que nunca terminó, escribió Marguerite Duras”. Este es solo uno de los tantos testimonios, acerca de las madres de autores alrededor del mundo, que encontraremos en Entre otras (Seix Barral, 2026), de Adriana Riva. “Estoy escribiendo sobre mi madre –dice- y tengo la esperanza de que si junto suficientes notas voy a poder construir una madre”. Y lo cierto es que sí, que lo logra. O al menos algo parecido. Porque a través de la lectura de sus 131 páginas y de la sinfonía de comentarios y definiciones de otras personas, podremos encontrarnos, al fin, con la mamá de ella y capaz que con la nuestra también. Es como un enorme rompecabezas que Riva gestiona y administra con mucho cuidado hasta que pone la última ficha y ¡zas! aparece finalmente una madre, que podría acercarse mucho o poco a cualquiera de las que andan por ahí. Como sea, la autora convierte un interrogante personal en un viaje literario. ¿Cómo se explica una madre?: a través de un mosaico de recuerdos, de contradicciones y de vínculos de otros que le permitirá, de alguna manera, contar la propia.
Riva no pretende explicar a su madre ni darnos una respuesta unívoca a la pregunta qué significa ser madre. La cosa va por otro lado: va por los bordes, junta pedacitos, bucea en las historias ajenas aquello que pueda acercarse a una experiencia propia. ¿El resultado?, un libro hecho con retazos de vidas, delicadamente armado con un dispositivo literario creado por el novelista estadounidense David Markson. Piezas que, en principio, pertenecen a vidas diferentes y que, sin embargo, hablan entre sí. Lo cierto es que, en la obra, pareciera que una madre lleva a la otra y así sucesivamente. Y es encantador, se los aseguro.
¿Mi mamá me mima?
La madre de la narradora aparece y desaparece. Y lo hace a través de los propios comentarios de la periodista y escritora que, a la misma vez, se alimentan de las otras anécdotas. Así, la mamá de Riva, aparece filtrada por la existencia de otras, por la literatura que las retrató y por los recuerdos de los autores. Entonces, la búsqueda de una mujer concreta se transforma en una exploración de la maternidad como idea, como función y como vínculo. Riva escribe desde esa tensión: entre lo particular y lo general, entre la madre que cada uno conoce y esa figura casi abstracta que parece existir antes de cualquier experiencia personal. “Mamá, tanto que hemos peleado y nos hemos querido, que después de que te fuiste yo pensaba ¿cómo puede ser que todo eso que existió ya no exista más y que ahora ella ignore todo lo que me pasa, que de lo mismo blanco que negro? Del cuento “Querida mamá” de Hebe Uhart”. Y hay más, mucho más. Por eso las madres de los escritores no funcionan como simples ejemplos. Son una suerte de orquesta donde todos los instrumentos juntos consiguen apenas darnos algunas pistas: madres protectoras y distantes, amorosas y difíciles, presentes y ausentes, mujeres capaces de convertirse en refugio, pero también en misterio. Hay algo de investigación en ese recorrido, pero también algo de colección.

Entre otras reúne pequeñas porciones de una realidad demasiado grande y al final resuelve un acertijo. Sin embargo, cada fragmento revela solo una parte y nos obliga a leer de otra manera. Es que el texto avanza por asociaciones. Saltamos de un párrafo al otro y, casi sin darnos cuenta, empezamos a reunir algunos indicios que podrían llevarnos hacia un posible significado. Pero no. Porque, cuando lo que estamos buscando narrar resulta difícil y lleno de matices, la única manera de acercarse es aceptar la fragmentación. Entonces comprendemos que la madre puede ser varias cosas: una persona concreta, un recuerdo, una presencia, una ausencia, un dolor, una herencia, una incógnita. ¿Será por eso que la autora de Ruth se acerca a las madres de los demás para tantear de qué está hecha la propia? Me parece que algo de eso hay. Igual, en ese punto se produce una paradoja: cuantas más madres aparecen, menos posible es encontrar una definición única. Complicado, ¿no?
Hay lazos que están destinados a vivir en los márgenes de las palabras y. la relación entre una hija y su madre podría ser uno de ellos. Se puede contar una infancia, reconstruir escenas, enumerar gestos, recordar frases o intentar ordenar los episodios de una vida compartida. Pero siempre quedará algo sin decir, algo que se escapa. Una zona gris, contradictoria, imposible de nombrar. Y es sobre esa dificultad que se elabora esta singular propuesta, tan cautivante como provocadora. A por ella.
¿Quién es Adriana Riva?
Adriana Riva nació en Buenos Aires. Publicó el libro de cuentos Angst (Tenemos las Máquinas, 2017), la novela La sal (Odelia, 2019) -traducida al inglés, por Veliz Books en 2024-, el poemario Ahora sabemos esto (Rosa Iceberg, 2022) y la novela Ruth (Seix Barral, 2024) que obtuvo una mención especial (mención honorífica) en el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2025. Entre 2005 y 2014 trabajó como periodista en el diario La Nación. Es cofundadora de la editorial infantil Diente de León Juegos, para la que escribió libros ilustrados. Es coeditora de la revista literaria El gran cuaderno. Tiene tres hijas.
Adriana Riva,Entre otras,Seix Barral
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Woke megachurch pastor, Dem nominee called on congregation to repent for driving, eating beef

FIRST ON FOX: In Kansas, cows are king, but a Democrat trying to seize power once told his congregation to repent for eating beef and raising cattle.
Adam Hamilton, the Democratic nominee running to unseat Sen. Roger Marshall, R-Kan., in the Sunflower State, for years led the largest United Methodist church in the nation. He would give sermons that Marshall charged were «woke,» and counter to Kansans’ values.
One such sermon, reviewed by Digital, saw Hamilton call on his congregation to repent over their carbon footprints.
GOP SENATOR ALLEGES SCHUMER BEHIND ‘HIT JOB’ REPORT ON FORMER PATIENTS
«That’s what repentance means — I saw things differently, it changed my heart, and it changed my behavior,» Hamilton said during a January 2020 sermon called, «What would Jesus say about climate change?»
«So what I’m calling you to today, and I’m calling myself to it, because I’ve been wasteful, I’ve done things that wasn’t, you know, I didn’t think about it, how it wasn’t really good stewardship of the earth around me,» he continued. «I’m calling us to repentance to say, ‘I realize that this has impact, even if it seems small, it has an impact on the world and future generations. And I feel badly about that, and I’m going to do something different from this time forward.’»
Despite Kansas’ 94-year history of being a ruby-red bastion for the GOP in the Senate, the race between Hamilton and Marshall has unexpectedly tightened in recent months as Republicans across the country face a sobering political environment.
BIG MONEY PROPELS DEM MEGACHURCH PASTOR TO VICTORY IN LONGSHOT KANSAS SENATE BID
Kansas slipped from «Likely R» in Fox News’ Power Rankings to «Lean R,» and Cook Political Report echoed the same shift, too.
«In a state with more cattle than people, Hamilton saying that Kansans need repent for eating too much beef and flip flopping on the Farm Bill proves he’d be just like every other liberal Democrat in the Senate,» Marshall told Digital in a statement.
High fuel prices, particularly diesel in an agriculture-centric state like Kansas, spurred by President Donald Trump’s Iran war are giving voters anxiety, and expanding the map of battleground states that Republicans need to defend to maintain their majority in the Senate.
Hamilton’s campaign countered to Digital that Marshall has «repeatedly introduced legislation to reduce emissions from cattle and claimed ‘everyone’s concerned about the methane production in the cattle industry.’»
«Marshall even bragged how the decline of the herd ‘eliminated half of the methane gas produced from cattle already,’» Tyson Brody, a spokesperson for Hamilton, said. «As Adam said at the debate, Roger should repent for failing to stand up for Kansas cattle producers on tariffs, foreign imports, and skyrocketing diesel prices, and now he should repent for attacking Adam for something Roger Marshall said himself in the Senate. Kansas producers don’t need lectures from someone who voted to put warning labels on hot dogs and bacon.»
Meanwhile, Hamilton’s sermon was part scripture, part PowerPoint presentation on how greenhouse gases occur and their impact on the environment. And during his 44-minute talk, Hamilton suggested that one of Kansas’ staple economic drivers, beef, was a major contributor to the problem.
‘WHY WOULD HE DO THIS TO US?’: ONE CRUCIAL TRUMP DECISION IS HURTING HIS BASE, REPUBLICANS WARN
«Some of the things that we grow, because we like to eat them, like cattle, end up producing more carbon dioxide than other crops that we could grow, other forms of food that we could have,» Hamilton said. «And so, in all of these ways, we are creating or adding to the amount of greenhouse gases in our world.»
Cattle is a major industry for Kansas, which is the nation’s third-largest producer of beef, according to the Kansas Livestock Association. There are more heads of cattle in the state, just over 5.8 million, than people, with the state’s population sitting at roughly 2.9 million.
It provides a major cash influx for the state’s economy, too, with cattle farming and ranching producing tens of billions of dollars and employing over tens of thousands of Kansans.
«It is disappointing that a candidate for the U.S. Senate in Kansas, one of the nation’s top beef-producing states, would make a statement like this to his parishioners about beef’s impact on the climate,» Kansas Livestock Association Chief Executive Officer Matt Teagarden told Digital in a statement. «Beef is an important, nutritious part of the American diet, and cattle play a significant role in maintaining grassland health and conservation, while accounting for only 2% of total U.S. greenhouse gas emissions.»
Still, six years ago, Hamilton was calling on his congregation to change their habits to reduce their carbon footprint.
«Now, you got to do everything you can to reduce your own usage of fossil fuels, but maybe changing your diet so that the things that you eat are requiring less production that creates methane and carbon dioxide and everything else,» Hamilton said.
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