CHIMENTOS
El director Martín Saban reflexionó sobre el presente la ficción argentina: “Contar nuestra cultura es una obligación”

En una noche de reunión entre actores y guionistas argentinos en Madrid, Martín Saban dialogó con Teleshow sobre su trayectoria al frente de algunas de las ficciones más recordadas de las últimas décadas. Con una carrera que incluye Padre Coraje, Hombres de honor, ATAV, Violetta y Soy Luna, el director habló de las tensiones del rodaje, la confianza con los elencos y la necesidad de que Argentina vuelva a producir sus propias historias.
Su relato estuvo atravesado por la memoria de una televisión hecha a contrarreloj, con jornadas extensas, grandes repartos y decisiones que debían tomarse en segundos. También por una convicción que mantiene intacta: la ficción local necesita sostén, trabajo y nuevas oportunidades para que sus técnicos y artistas puedan seguir creando en el país.
En Hombres de honor, Saban tuvo que resolver escenas con un elenco muy amplio y apenas dos cámaras. Allí, explica, la dirección también implicaba administrar los primeros planos y generar confianza en los intérpretes. “Tenían que confiar en que ese plano corto estaba en determinado personaje por una razón y que después todo se iba a equilibrar”, recordó.
—¿Qué es lo más difícil de dirigir?
—Mantener la templanza. Todo lo que pasa a tu alrededor, desde que recibís el primer guion, tiende a sacarte de tu eje. El ejercicio es que eso no pase hasta el último día de rodaje. Siempre ves cosas que querés hacer de otra manera, pero no hay presupuesto. La pelea es por presupuesto y tiempo.
—¿Cómo convivís con la presión de producir rápido?
—La respuesta es: “Rápido sí, pero bien”. Después hay otro trabajo, que es el vínculo con el actor. Eso requiere mucha sabiduría, mucha templanza, saber escuchar, entender al otro y saber de dirección de actores.
—¿Qué lugar ocupa el ego en un elenco?
—Tiene una parte buena. El actor quiere que se luzca lo que tiene para dar porque lo trabajó y tiene una intención. Es lógico. El trabajo del director es encontrar un equilibrio y entender cuándo una propuesta mejora la escena. A veces es superadora, pero el tiempo no permite desarrollarla.

—¿Alguna vez defendiste una escena frente a la producción?
—En Padre Coraje negocié toda una tarde para hacer una sola escena. Era una escena de seducción entre Negro Vallejos, Leonor Benedetto y Luis Machín. Había una sensualidad amorosa entre los tres y fue muy trabajada con los actores. (La anécdota remite a la tira de época de 2004 protagonizada por Facundo Arana y Nancy Dupláa, que reunió a un elenco con Leonor Benedetto, Luis Machín, Raúl Rizzo, Carina Zampini y Nora Cárpena, entre otros).
—¿Los actores aceptaron enseguida esa búsqueda?
—Estaban fascinados. Cuando un director llega con una propuesta que mejora una escena, el actor la entiende y la agradece. He llegado con modificaciones bajo el brazo y las he pasado casi en secreto para que nadie me matara por el ego del escritor. Pero decía: “Esto es lo que puedo defender, hagámoslo”.

—¿Qué te dejó trabajar en Disney?
—En Disney todo está muy hablado, muy fiscalizado. En el final de la primera temporada de Violetta había un gran musical y se pedía contar dos o tres parejitas. Pero algunas de ellas no iban a estar en la temporada siguiente. Yo sentí que había algo más importante: el papá de Violetta, que se había opuesto durante toda la temporada a que su hija fuera artista, la veía brillar arriba de un escenario.
—¿Qué propusiste?
—Le pedí a Diego Ramos, actor argentino que interpretó al padre de Violetta, que, al final de la canción, abrazara a su hija y le diera un beso en la frente. No estaba escrito. Le dije: “No me preguntes ni cómo ni por qué, porque no tengo respuestas. El programa necesita esto”.

—¿Cómo fue la devolución?
—Cecilia Mendoza, responsable de desarrollos de Disney, me contó que hicieron un grupo de opinión y que ese había sido uno de los momentos clave de la temporada. Ahí uno aprende que hay que mirar el relato completo y encontrar dónde los chicos van a empatizar con los personajes.
—¿Por qué decidiste ser director?
—No lo sé. Cuando hago una mirada retrospectiva, me doy cuenta de que dirigí por primera vez a los diecisiete años. Era muy tímido y no quería pasar al frente en el secundario. Había una cámara VHS en mi casa y se me ocurrió hacer un noticiero como trabajo práctico.
—¿Cómo fue?
—Dupliqué a un compañero para que parecieran dos gemelos dando las noticias, uno de cada lado de la pantalla. Tuve que sincronizar todo y editarlo. Era 1989. Hoy uno edita desde el teléfono, pero entonces era la prehistoria de todo esto. Nunca paré. (Después de ese experimento, Saban inició su recorrido como asistente de cámara en La marca del deseo y más tarde trabajó como camarógrafo en Verdad consecuencia, el primer unitario de Pol-ka).

—¿Qué actores te impactaron desde la cámara?
—Hugo Arana y Alejandro Awada. Awada hacía a Felipe en Verdad consecuencia y tenía una profundidad muy particular. Desde la cámara yo tenía que anticipar cómo se iba a mover. Un buen camarógrafo intuye cómo se va a mover el actor.
—¿Y con Hugo Arana?
—Una vez lo vi encontrar el tono de un personaje borracho que hacía en Cybersix. Estábamos charlando y, de repente, vi que empezaba a encontrar ese estado. Cuando el director dijo “acción”, él ya estaba en el punto justo. Eso es compromiso. Ahí la cámara ama al actor.
—¿Cómo dirigís hoy?
—Me gusta trabajar muy cerca de los actores. Antes estaba desde el switcher y muchas veces intervenía, cortaba y volvíamos a empezar. Ahora, con los monitores al lado del set, puedo estar más cerca. Eso permite explorar, experimentar y pedir algo más.
—¿Recordás alguna escena reciente que sintetice esa forma de trabajo?
—En Soy Luna hicimos una escena con Karol Sevilla y Carnaghi. Se nos iba el sol en Puerto Madero; era invierno y quedaba un minuto y medio de luz. Él estaba inseguro con la letra, dejé los monitores, me tiré al piso con el guion y dirigí la escena desde ahí. Lo miraba a los ojos, le daba la frase y él hacía su oficio como los dioses.

—¿Qué te lleva ahora a España?
—Después de más de 30 años volví a ser freelance. Estoy proyectando mi carrera como director creador. Creé una serie, Sé tú misma, que ganó el Martín Fierro a mejor serie musical infantil. También vine con una película, A la vez, que estoy buscando financiar y coproducir.
—¿Argentina sigue siendo tu base?
—Sí, por ahora estoy basado en Argentina, pero abriendo el juego a México y a España, donde hay más producción. Ojalá vuelva pronto la producción fuerte en Argentina y la gente se acostumbre de nuevo a ver ficción en televisión.
—¿Qué responsabilidad tienen hoy los directores argentinos?
—No solamente buscar trabajo afuera, sino acompañar a que se genere trabajo en Argentina. Hay técnicos muy buenos que no queremos que se vayan a vivir a Uruguay, Paraguay o España. Tenemos la responsabilidad de seguir generando historias, conseguir financiación como sea y contar nuestra cultura como sea. Es fundamental.
—¿Esperás apoyo institucional?
—Más allá de cualquier mirada partidaria o del gobierno que sea, nuestra obligación es esa. Si hay apoyo, mejor. Pero tenemos que hablar para que eso suceda. Si nos quedamos callados, esto desaparece. Cuando queramos hablar, puede ser tarde.
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CHIMENTOS
El aterrador dato que Valentín Yankelevich ocultó en su declaración sobre la violencia y el maltrato de Darío Giordano, su papá: “Cuando Cris Morena lo va a buscar, lo golpea y arrastra a la salida del colegio”

Las declaraciones de Valentín Yankelevich -el hijo de Romina Yan- sobre los episodios de maltrato y violencia que vivió con su padre, Darío Giordano, sumaron un nuevo capítulo. En las últimas horas, Tatiana Schapiro compartió una situación puntual que la impactó por completo y que no apareció en la entrevista que le hizo al joven de 23 años.
La revelación ocurrió este sábado en La Noche de Mirtha, el programa que sigue bajo la conducción de Juana Viale mientras Mirtha Legrand sigue su recuperación. Durante la charla, Schapiro remarcó un hecho que no se lo había contado Valentín durante la entrevista, pero que sí figuraba en las declaraciones judiciales de él y de su hermano Franco.
“Hay un episodio que a mí me impactó, que no me lo relata a mí Valentín en la nota, pero está en ambas testimoniales, de Valentín y Franco”, comenzó diciendo. Cabe recordar que la periodista fue quien habló con Valentín en aquella entrevista donde contó por primera vez los golpes y la violencia que recibió de su padre durante años cuando apenas era un niño y tras la trágica muerte de Romina.
Luego Tatiana describió la situación a la que hacía referencia: “Es a la salida del colegio, un día que Cris Morena lo va a buscar, cómo (Darío) lo golpea y lo arrastra a la salida del colegio”. Un episodio súper agresivo y que suma mucho más dramatismo a lo que vivieron Valentín y Franco en su infancia. Esta situación no figura en la entrevista pero sí aparece en la declaratoria judicial.
EL EPISODIO BISAGRA EN LOS MALTRATOS QUE FRANCO Y VALENTÍN YANKELEVICH RECIBIERON POR PARTE DE SU PAPÁ
Por otro lado, Schapiro remarcó las consecuencias que tuvo aquel momento en la familia: “A partir de ese día las cosas cambian”. La periodista vinculó ese episodio con el conflicto familiar que se desarrolló tras la muerte de Romina en 2010. Según lo que relató Valentín, después de perder a su mamá atravesó situaciones de violencia física y psicológica por parte de Giordano, su padre.
La historia de Valentín también involucra a sus hermanos Franco y Azul. Tras años de maltrato y situaciones tan traumáticas como indignantes, los hijos varones de Romina lograron quedar bajo el cuidado de Gustavo Yankelevich, su abuelo. Fue allí donde empezaron a tener otra vida, lejos de los golpes de su papá y recibiendo ese amor y cuidado que tanto necesitaban.
Por supuesto, detrás de todo hay un proceso judicial donde Yankelevich logró quedarse -después de largos años de procesos legales- quedarse con la tenencia de Valentín y Franco. Por su parte, Azul, de quien advirtieron que nunca fue violentada por su papá, siguió viviendo en la casa de Giordano. El testimonio que se destapó la última semana generó conmoción absoluta dentro del mundo del espectáculo, y todavía siguen conociendo más y oscuros detalles al respecto.
Valentín Yankelevich, Darío Giordano, Tatiana Schapiro
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A corazón abierto, Matías Alé habla de los años de vértigo, el delirio místico y la oscuridad, pero también de su renacer, su casamiento y su presente: «Vivo totalmente al día»

«¿Qué le dirías a que eras 20 años atrás?». Matías Alé piensa. Sabe —como dice— que «todo pasa rápido, que la vida es un tobogán». Y que dos décadas atrás «estaba grande y ya había perdido a mi viejo». Entonces, este Matías de 49 años propone retroceder algo más, para hablarle a aquel que estaba dejando la adolescencia, y que tenía por delante todo un mundo por explorar.
«Le diría: ‘No dejes de ir a comer un domingo con tu viejo. Dejá de preocupar por el futuro. Escuchá más, asesorate en cuanto a guita. Cuidá la salud, entrená. Rodéate de gente que te quiera de verdad’. Pero también me felicito a mí mismo. No tengo representante, ni padrino, ni sponsor. Ni padre. Nadie me ayuda. Me caí y me levanté 20 mil veces. Me despierto solito a las 7 de la mañana, le pongo huevo a la vida. Me abrazo y felicito. Quien me ayuda como yo, nadie lo hizo».
Este A solas con Paparazzi comienza por el final, en la última respuesta de una entrevista que bien podría resumir la historia de un hombre que vivió varias vidas en una. Porque Matías Alé conoció las mieles del éxito, protagonizó algunos de los romances más mediáticos de la farándula argentina y supo ser uno de sus galanes más codiciados.
Tras una década junto a Graciela Alfano y noviazgos con figuras como Silvina Escudero, Andrea Estévez y Sabrina Ravelli, llegó su casamiento con María del Mar Molar. Pero en pleno auge profesional, entre temporadas teatrales, presencias y programas de televisión, su vida dio un vuelco inesperado: un brote psicótico que derivó en una internación, el final de su matrimonio y un largo proceso de recuperación, en el que contó con el apoyo incondicional de su madre.
Lejos de rendirse, volvió a empezar. Regresó a los escenarios, incursionó en el streaming, participó en películas y se involucró en la producción teatral. Y en medio de esa reconstrucción también encontró nuevamente el amor de la mano de Martina Vignolo, una joven veinteañera con quien se casó en octubre de 2025, y se instaló en Mar del Plata.
La vida le tenía preparado otro giro: en septiembre, una propuesta para conducir un magazine matutino en Net TV lo llevó de regreso a Buenos Aires, donde comenzó una nueva etapa profesional y personal.
Y es este Matías, el que se cayó y volvió a levantarse una y mil veces, quien llegó a Paparazzi, acompañado por su esposa, dispuesto a hablar de todo. De los golpes que no lograron derrotarlo, de su deseo de ayudar a quienes atraviesan situaciones similares y también de su presente económico.
Porque, aunque durante años ganó mucho dinero, viajó, se dio grandes gustos y manejó autos de lujo, hoy reconoce que vive al día, con lo justo y necesario. Una realidad muy distinta de la que muchos imaginan y otra de las tantas vueltas que dio su vida.
“Estoy feliz de esta posibilidad que se me ha dado de poder volver desde Mar del Plata. Me siento cómodo. Estoy en la pantalla de Net en un horario central, de 9 a 11. Esta es nuestra quinta semana. Y estoy feliz porque además puedo hacer lo que me gusta: conducir. Y el programa (A pura mañana) tiene mi sello”, cuenta Matías, entusiasmado.
—Ya tenés un nombre, ¿pero al instalarte en Mar del Plata no tuviste miedo de que quedar afuera o de no poder volver?
—No, no, no. Siempre tuve presente que el medio no se olvida nunca de mí. A veces pueden ser propuestas más interesantes, creativas, algunas propuestas más chicas, algunas que no tienen tanta notoriedad. Marti llegó hoy a la mañana, se queda hasta el jueves, yo me voy a Rosario: nuestro vínculo es muy dinámico, y nuestro laburo también.
—Porque no hay hijos en el medio todavía.
—¿Cómo que no? Tenemos un perro salchicha, Río. Estoy desesperado por verlo…
—En tu carrera hiciste de todo. ¿Pero hay algo que te quedó pendiente, que te gustaría hacer?
—Un buen protagónico de cine. Y haciendo un personaje totalmente antagónico a lo que puedo llegar a hacer yo. Trabajar con Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín, con Guillermo Franceella, alguna de las grandes producciones de (Juan José). Pero sinceramente, tengo 49 años e hice de todo. De todo.
—En tu última película, Maltratada, hiciste de un psicópata maltratador.
—Sí. De hecho, Marti estaba cuando filmamos esa película, íbamos a casa y me decía: «No te conozco». Mi mamá vio la película y me dijo: «Pero vos no sos así. No me gusta verte así». Yo me meto mucho (en el personaje) y lo busco hasta que sale. Y eso debe ser la versatilidad del ir haciendo. Y también hay muchos actores que a veces se les hace difícil conducir, o conductores que se les complica para actuar. Yo me siento cómodo. De hecho, creo que soy un actor que está conduciendo, más allá que tiene mucho de mí.
—La gente cree que los famosos ganan mucho, y vos tenés una larga trayectoria. ¿Es así o te cuesta?
—Yo perdí todo. Gané mucho dinero hace 20 años, cuando había presencias, hacíamos los Bailando, el teatro, Carmen (Barbieri). Muchísimo dinero gané. Y gasté mucho dinero en viajes, en autos, en cosas que vos decís hoy: «¿Para qué gasté tanto en esto?». Bueno, son experiencias, uno aprende. Siempre me supe administrar, pero me rodeé de personas que tal vez no me ayudaban a administrarme o han buscado la oportunidad de hacerme hacer algún negocio, que siempre me fue mal. Y ahora no: vivo totalmente al día. Porque además, estuve ocho años enfermo, pero nunca dejé de trabajar, salvo en el 2016, pero los trabajos que hacía no estaban bien remunerados porque yo no me sentía óptimo, porque no me animaba. Además, fueron muchos años de mantener médicos, medicamentos… Digo que vivo al día, pero vivo bien. Y mientras los míos estén bien y tenga para comer, no necesito mucho más que eso porque ya aprendí que el auto descapotable alemán no te abraza y no te dice «Te amo» cuando estás internado. Entonces, ya no voy por ahí. Y además, nunca me va a faltar una milanesa porque con todo lo que hice, si yo le golpeo la puerta a la señora que vive en este edificio y le digo: «Mire señora, estoy sin trabajo, ¿no me hace un platito de fideos?», me va a dar de comer. Nunca me va a faltar de comer. Y nuestro medio es muy subjetivo a nivel guita. Antes sí se manejaban grandes tortas de valores en publicidad, en la tele, había campaña gráfica, de todo. Además, antes tampoco éramos tantos, éramos siete: «¿A quién llamamos?», «Dale con Alé». Hoy levantás una baldosa y te sale un tiktokero. 
—¿Sentiste que los amigos del campeón desaparecieron en las malas?
—Sí, no queda nadie. Está tipo Corazón valiente, en la mitad de la guerra, pintado a lo Mel Gibson, con el caballo y la lanza, de repente tiran un flechazo en un hombro y te venís cayendo en el caballo, y mirás para atrás y decís: «¿Y los soldados?». Y hay cuatro que son los mismos de siempre, los incondicionales. Los que eran amigos antes de ser un campeón. Mi vieja, obviamente, incondicional. Y para de contar. Pero no está mal que sea así. No los podés juzgar.
—Cuando tuviste un brote psicótico, la salud mental era un tema tabú y hasta te pudo haber incomodado contarlo. Pero ayudaste vos a personas que atraviesan lo mismo.
—En ese momento no estaba bueno ser el loco del medio, ¿entendés? «Pobre Matías, se volvió loco». Pero yo, con la frente en alto, lo transité como pude. Y acá estoy, y salí. A veces uno dice: «¿Por qué me pasó a mí?». Y no es por qué, es ¿para qué? Para comunicarlo, para que la gente sepa que este pibe que hace 10 años estaba internado en un neuropsiquiátrico rezando una Ave María, porque se cruzaron los cables de repente de la cabeza, que puede suceder por estrés, por lo que sea, hoy está acá. Y rehice mi vida: tengo una esposa, tengo trabajo, el medio me sigue abrazando, estoy bien de salud, estoy lúcido, estoy lógico, entiendo, no tomo ninguna medicación, no pasó nunca más nada. Entonces, digo: no está mal transitar eso. No tiene que ser un fantasma. Y me dicen: «El medio fue muy cruel con vos». A mí me cuidaron. Iban a la puerta de la clínica Abril y, más allá de que se buscaba comunicar qué me estaba pasando, yo sentía el cariño: desde afuera los camarógrafos me saludaban.
—Vos eras el medio. Hasta dormías en los pasillos de América
—En el 2013 dormía en el sillón de Animales Sueltos porque, por ejemplo, terminaba a la una de la mañana, me faltaba hacer la Iglesia Universal, que era lo único que no hacía en América, y a las ocho abría con Pamela David. Era una locura. Era mucho, mucho, mucho… Sí, sí. Pero bueno, eso es que es la inseguridad de uno, como bien decías: «Che, ¿cuándo se va a cortar esto de la cantidad de trabajo? Aprovechá la ola». En ese momento me hubiera gustado que alguien me aconsejara: «No pierdas el tiempo en cosas que después no te van a ser trascendentales a tu vida. No te pierdas nunca un casamiento con un amigo, un bautismo, un asado, un cumpleaños de tu vieja. Elegí tus momentos». Ahora administro mis tiempos. Yo elijo que hoy, esta sea la única nota que tenga.
—Con Martina, ¿en algún momento se siente la diferencia de edad?
—Sí, ella está hecha pelota. Sí, me estoy empezando a dar cuenta que ya está. ¡Juez! ¡Cambio! (Risas). No, no, así no me sigue el ritmo. Tiene que tomar Redoxon, Danonino, no hay forma de seguir a este anciano, a este tío, como me dice…
—¿Sos celoso, de los que revisan los celulares?
—No. Primero que no me da un motivo para hacerlo: confiamos mucho, es un encanto. Solamente me daría celos ver que alguien la hace reír más que yo. Puede venir alguien con unos abdominales divinos, pero si viene alguien y la hace reír más que yo, ahí sí me diría: «¿Qué está pasando?». Eso sí.
—Antes, cuando estabas de novio, te decían: «¿Cuándo te casás?». Y después de casarte: «¿Cuándo tenés hijos?».
—Sí, es así, es así… Lo hablamos, obviamente. Tenemos muchas muchas ganas, pero como vos decís… Estamos con ganas de viajar. Hay tiempo para todo. Estamos disfrutando de nuestra pareja. Tratando también de que ella… de alguna manera… No me gusta decir la palabra pobre, porque no es pobre, sino es que… ¡Pobre el chabón que le tocó! Un día estamos en Mar del Plata, después nos venimos, después vamos, y todo. Entonces estamos tratando los dos… Pero bueno, por suerte los dos somos muy independientes y pensamos en el proyecto que nos sirva a los dos. Y en acompañarnos. Todo va a llegar cuando tenga que llegar. Por ahora estamos con Río. 
—Tuviste tantas mujeres en tu vida. ¿Alguna te gustaba y no se dio?
—Está el caballo cansado: ahora soy un pony… En su momento sí tuve como un «me gusta ir por ahí», pero eran de otro target, o tal vez no llegaba a vincularme. Actrices, no nuestras, americanas. Jennifer Aniston, por ejemplo. En su momento me encantaba.
—¿Estuviste con alguna famosa internacional?
—Con Grecia Colmenares.
—¿Fuiste muy infiel?
—¿Yo? No. Oiga…
—¿La hacías bien?
—No. Esperá, esperá. Ojo, mirá que entre fantasmas no nos pisamos la sábana, ¿eh? Vamos a aclarar esto: no es que fui muy infiel, no estuve mucho tiempo en pareja. Hay personas que creen que tienen un rótulo y que se adjudican algo que no era, y que no se habló, que no se planteó. No tuve muchas relaciones estables, de años. Inclusive esa persona que supuestamente yo estaba con ella y que yo le fui infiel, también tendría su vida para no ser tan conocida. El malo era yo en la película, pero no era tan así. Yo nunca fui claro en los rótulos, lo que pasa es que tenemos una sociedad que le encanta rotular: «Ahí va el infiel», «Ahí va el loco», «Ahí va el coso», «Ahí va…». Les encanta. Y no hay que rotular a nadie.
—¿Le perdonarías una infidelidad a tu mujer?
—Me le cagaría la risa. No sé por qué. Es como que no… No sé, no la veo. Qué sé yo. Me reiría. Le diría: «Estás loca. Me hubieras llamado».
—¿En el sexo probaste de todo?
—No estuve con hombres. He estado en lugares donde había hombres también, pero yo no estuve… Sí he transitado la sexualidad con total libertad, sin ningún prejuicio, siendo feliz, y que sea todo de una manera consensuada y con respeto. Cada uno es libre de elegir lo que quiera ser y lo que le da placer, mientras no lastimemos a nadie y siempre esté dentro de los cánones normales de nuestra sociedad. No hay nada más lindo que tener placer, pero no solamente a nivel sexual: placer en comerse una torta, en no sentirse juzgado, placer en que la vida de uno es de uno. Nadie te puede condicionar. Mientras vos respetes los valores, respetes el Código Civil y un montón de cosas, ¿quién te juzga si vos te enamoraste de alguien o si hiciste esto o si te comiste dos hamburguesas? ¿Quién escribió cómo hay que ser en la vida?
—¿Cuántas personas fue lo máximo que hubo en un cuarto?
—No, qué sé yo…. Era un tres ambientes…. No sé cuántos. Éramos varios. Era pin uno, pin dos, pin tres, pin cuatro… No se va a contar, ¿entendés?
—¿Qué pasó con Graciela Alfano que estaba todo bien y días atrás te criticó?
—Podés preguntarle a Graciela… No sé. Pero Graciela es como es como el clima: te levantás y no sabés con qué te vas a encontrar. O de repente, en el mismo día te encontrás con cuatro estaciones juntas. Pero está bien, es Graciela. Y por algo no estamos juntos. Es su forma de hacer humor. A mí, por lo menos, no me genera diversión. Pero también es su forma de comunicar. Me parece que todos estamos acostumbrados a que Graciela haga eso. Y por algo no nos elegimos desde hace tantos años.
—Hablando de política, en un momento dijiste que querías ser el Brancatelli de Mauricio Macri.
—Eso lo dije cuando estaba reloco: a la semana me internaron porque creía que Dios me hablaba y que tenía que representar un partido político porque iba a salvar al mundo. Estaba reloco.
—¿Pero te interesa la política?
—No, no. Jamás. Cuando vean que me está interesando, llamen a un psiquiatra. Si digo que quiero ser vocero, el Adorni de alguien, sepan que Mati es a la clínica Abril, sin escalas. Porque no lo sabría hacer. Duermo en paz y sé lo que hago con mi dinero, y que ayudo desde mi lugar. No tengo espalda.
—¿Quién es tu mamá para vos?
—Mi vieja es todo. Cuando me estaba recuperando, dormía en la casa de ella porque no me animaba a vivir solo, no tenía laburo ni guita para comer. Me acostaba y ella me acariciaba, y le decía que me ayude a que no me pase de vuelta. Y estaba así hasta que me quedaba dormido. Podemos pensar distinto, tener diferencias sin relación tóxica y Edipo. Supo ser mamá y papá joven, porque mi padre murió hace 30 años. Al día de hoy, mi vieja me pide que le avise cuando llegue. La amo. Que siga leyendo Paparazzi, que es fanática: me llama para preguntarme cómo entrar a sus notas desde Instagram. En mi primera internación no podía entrar a visitarme porque estaba peleada con mi ex (María del Mar Molar) y se paraba a las 4 de la mañana con baliza, y me mandaba con un seguridad una Gatorade y un postre Yummy.

—¿Le tenés miedo a algo?
—Al dolor físico. Hace dos años que estoy con un dolor de oído y me tiene bastante molesto. Son cosas que uno no puede gobernar. No tengo miedo a perder control porque lo tengo en todo momento. Veo a mi perro con diarrea y me asusto. Si a Marti o mi vieja le pasa algo… No poder ayudar. Este año me operé el oído, la vesícula. Después, cuando me tenga que morir, me iré. Que me recuerden y pongan esta nota.
Matías Alé, A solas con Paparazzi
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Zorrito Quintiero y Fernando Samalea celebran el MTV Unplugged de Charly García: “Detrás de ese genio hay una persona cariñosa”

A tres décadas de Hello! MTV Unplugged, el repertorio acústico de Charly García volverá a escena con varios de los músicos que participaron de aquella histórica grabación. El homenaje por los 30 años del disco llegará al Teatro Coliseo el 19 de octubre, después de una serie de funciones realizadas en La Fábrica, el espacio que funciona en la antigua casa-estudio del músico en el barrio porteño de Palermo.
La propuesta reunirá a Fabián “Zorrito” Quintiero, en teclados y bajo; Fernando Samalea, en batería; y a los hermanos Erica y Ulises Di Salvo, en violín y violoncello. Junto a Emme Vitale y la saxofonista Michelle Bliman, los intérpretes retomarán las canciones que formaron parte del especial registrado para MTV en 1995.
García compró en 1987 una casona de la calle Fitz Roy y la convirtió en su espacio de trabajo. Durante casi dos décadas, hasta 2005, la propiedad alojó ensayos, grabaciones y distintas etapas de su producción artística. Allí se preparó también el MTV Unplugged de 1995, en un momento de expansión del formato de la señal musical.

El edificio funciona hoy como sala y bar bajo el nombre de La Fábrica, con conciertos programados cada semana desde hace más de un año. Desde ese mismo sitio nació la idea de recuperar en vivo el álbum que García grabó tres décadas atrás.
La producción original debió conciliar la lógica acústica que proponía MTV con el sonido de una etapa marcada por secuencias e instrumentos eléctricos en la obra de García. La formación encontró entonces una versión propia para el repertorio, cuyo resultado quedó plasmado en Hello! MTV Unplugged.

En diálogo con Teleshow en La Fábrica, Fabián “Zorrito” Quintiero y Fernando Samalea hablaron del regreso a Hello! MTV Unplugged, tres décadas después de la grabación que acompañó a Charly García en Miami. Para los músicos, retomar esas canciones en el espacio que fue casa y estudio del músico modifica el trabajo previo al show del Teatro Coliseo.

– ¿Les vienen recuerdos de esa época?
– Samalea: Muchos, sí. La mente es mecánica y hay una cosa de trance, de evocar, ¿no? También con el sinsabor por la ausencia de María Gabriela, por supuesto, nos deja siempre esa cosa contradictoria. Pero en el fondo es celebrar la música de Charly, ese repertorio maravilloso que él ha creado, intentar estar a la altura y recrearlo, por supuesto, sin, sin pretender reemplazar lo irreemplazable que sería su presencia. Que ojalá en algún momento más adelante, si decide volver a los escenarios, estaremos ahí.
– ¿Qué podemos esperar del show del lunes?
– S: Es hacerle honor a ese repertorio maravilloso. Hay un deseo de mostrarlo a las nuevas generaciones ahora. Tuve la fortuna de grabar en una docena de sus discos, o sea que evidentemente me di unos cuantos gustos y hemos compartido no solamente la música, el humor, las salidas, charlas sobre mitología griega, cine. Charly es muy sensible, muy abierto. Es nuestro Leonardo Da Vinci.

– ¿Cómo surgió hacer esta celebración en el teatro?
– Zorro: Surgió acá (en La Fábrica), porque como ahora la histórica sala de ensayo se transformó en un bar concert muy lindo, estábamos diciendo: “Y acá en nuestra casa”. “¿Y qué por qué no hacemos un Unplugged, que nunca lo tocamos? ¿Y a quién podría? Porque no se trata de reemplazar, no hay reemplazo de nadie. Sino quién nos puede ayudar.
– S: Pasamos años de la vida acá bajo la meta física de Charly, con mucha alegría, muchos discos, muchos ensayos. El ensayo del Unplugged justamente fue acá después de que vinimos de Coronel Díaz. Ese inolvidable show ahí con María Gabriela, el Zorrito, Charly y los hermanos Di Salvo.

– ¿Hablaron con Charly de cómo recibe estos homenajes?
– Z: Charly sabe, sabe bien lo que la gente lo quiere. Le pasa todo el tiempo. Sale de la casa y hay cien chicos queriéndolo abrazar, conocer. Sabe lo que nosotros lo queremos también. Y él disfruta. Él decidió también en este tiempo que le toca salir de los escenarios, no tocar, pero hace otras cosas. Está en el otro lado del escenario. Y disfruta a su manera de su tiempo libre. Viene mucho acá. Lo siente como un lugar suyo. Lo inventó él, como tantas cosas que inventó. Así que está muy tranquilo y nosotros muy agradecidos a todo lo que nos enseñó y nos permitió vivir, porque gracias a él vivimos un montón momentos increíbles.
– ¿La idea de este próximo show es trasladarnos al unplugged, como si estuviéramos ahí?
– Z: Yo creo que sí. Les va a pasar eso, como que van a estar ahí en ese estudio de televisión, porque hubo gente el día que lo grabamos. No sé cómo sortearon o era público que vivía en Miami, ¿no? Que estaba de paso y era una tribuna llena. Era como un teatro con tribuna de Latinos. Más argentinos, pero latinos, porque García era muy conocido en Latinoamérica.

– Zorro, fuiste clave para el desarrollo del Unplugged…
– Z: Me tocó estar en el minuto cero. Entre MTV y Charly hablaba yo primero. Charly, la autoridad máxima, mi capricho es ley, como dice él. Íbamos y veníamos, hicimos muchos ensayos en el living de la casa, hasta que surgió la idea de sumar violín y chelo. Entonces nos dieron el número de los Di Salvo. Hicimos un ensayo, pactamos con Charly para que los pruebe, que vea cómo se sentía. Ya cuando tocaron la primera canción, Charly se convenció de que estaba muy bueno, de que tenía una onda, y ahí se encaminó todo.
– Siempre se menciona que Charly pidió una limusina en Miami. ¿Para qué era? ¿Para despejarse, para componer?
– Z: No, llevame a dar una vuelta, llevame para acá, para allá. También era un living extra, móvil. Algunos fuimos también, por momentos estuvimos ahí y estábamos en un hotel en la calle Ocean Drive, el Clevelander. O sea, imaginate. Yendo a grabar un unplugged con Joe Laney de técnico en las perillas. Estaba todo bien, pero había que terminarlo, dejar grabado el show y fue una jornada larga.

– ¿Cómo reaccionaron cuando se enteraron del pedido de la limo?
– Z: A Charly siempre le atrajo la limusina, siempre le gustó. El problema es cuando íbamos a un lugar y una vez tuvimos que inventar una limusina. No sé de dónde la sacamos en Uruguay, quería una limo. Ya prácticamente no existen, no se usan más. Pero bueno, hay que darle el gusto.
– S: Sí, con su pátina surrealista y también con su cosa de alianza, ¿no? Charly siempre ha sido muy compañero de sus grupos, y de compartir en un plano amistoso.

– ¿Otra excentricidad que recuerden?
– Z: Y la compra de la muñeca (risas), fue yendo para la grabación, paró en una juguetería y compró la muñequita esa, la que habla. Dijo: “Esto es Unplugged”. Habla sola la muñeca. Después recuerdo que Charly se quedó en Miami, se quedó a ver cómo había salido y cómo sonaba. Cómo MTV iba a editar el show. Yo ya no estaba, pero tengo información que se juntó con Pels a verlo. Charly quería meter mano un poco. Pero obviamente era de MTV. Después se quedó tranquilo. Lo que sí, no imaginábamos lo que iba a ser. Se convirtió en un disco con el tiempo y no imaginamos que iba a ser tan querido. Deberíamos haber salido de gira por todos lados con ese show.
– ¿Lo recuerdan como uno de los trabajos más demandantes que hicieron?
– S: En lo personal, yo nunca sentí que estábamos rindiendo un examen o que él fuese un jefe ni nada por el estilo. Para mí, todo lo contrario, siempre fue como un gran líder que nos dio un lugar hermoso, nos lo sigue dando y que permite que uno saque la mejor versión. Y él lo ha fomentado siempre en nosotros. Charly siempre nos ha dado un hermoso lugar y solo sentimos gratitud por todo eso.

– Z: Tuvo, para mí, un extra por esto de estar en el medio de la negociación. Y también el productor general era amigo nuestro personal, fue el director del videoclip “Funky”, Alejandro Pels. Pero en este momento estaba de director general ahí en MTV en español y bueno, él tenía que defender sus intereses. Charly hacía valer los suyos. Yo iba y venía. Yo sentí alivio al terminar, porque pudimos cumplir con lo pactado.
– ¿Qué significa ser un músico de Charly? Es un distintivo para toda la historia…
– S: Tuve suerte, desde mis veinte años que empezamos a ensayar. Fue una sorpresa y a la vez algo natural. Mágicamente la vida te obliga a vivir las cosas tan importantes de una forma natural, si no te volverías loco. A partir de la integración en sus bandas fue algo completamente natural. Tengo la ilusión intacta y con él y con muchas otras cosas es como la primera vez. Así que también suelo maravillarme con tantas cosas vividas.

– Para cerrar, ¿qué aprendieron de Charly?
– Z: Aprendí que un jefe puede ser el mejor jefe del mundo. Puede ser muy leal a un equipo que elige para trabajar. Estuve en muchas situaciones de trabajo en distintas etapas y nunca vi la lealtad de alguien con su gente como la de Charly. Nunca. Me lo hizo sentir a mí. La entrada es gratis. La salida vemos, pero una vez que entrás, sos parte. Yo siempre sentí la protección, el cuidado, el cariño, e incluso me sentí incluido en algunos privilegios también, hasta los hoteles. Él iba al cinco estrellas, nosotros íbamos al cinco estrellas. No había rancho aparte. Y eso destacó siempre en este ambiente. Aprendí el oficio también de tocar, aprendí música. Y aprendí que también detrás de ese genio y esa figura y esa obra hay una persona que es humana, muy cariñosa con la gente que él quiere. Y te hablo de la persona, no te hablo del artista. Hay una persona como vos, como yo, que se hace querer, que te quiere, que a veces te lo dice.



















