DEPORTE
“Dios me puso ahí”: fue quien le dejó su lugar a Maradona el día de su debut y desde hace 42 años trabaja en una inmobiliaria

Rubén Giacobetti tiene un altar con algunos recuerdos de su paso por el fútbol. Lo componen una camiseta de Argentinos Juniors, recortes periodísticos, también algún cuadro, pero la medalla más valiosa es invisible, construida con el noble material del orgullo.
Hace 50 años, el volante surgido de la cantera del Bicho quedó grabado a fuego en la historia mágica de Diego Armando Maradona. Porque, en el inicio del segundo tiempo de la derrota 1-0 ante Talleres de Córdoba, Giacobetti fue reemplazado por Pelusa, de entonces inocentes 15 años, con un talento rebosante y el dorsal N° 16. “Me lo van a recordar siempre. El destino me premió”, resalta Rubén Aníbal en diálogo con Infobae.
Giacobetti había hecho su presentación en la élite en junio de 1976, en el reclasificatorio mediante el cual Argentinos se mantuvo en Primera. “En el Torneo Nacional, del que también participaban los clubes del Interior, se arriesgaba más. Los técnicos hacían debutar a los juveniles; era el espacio para mostrarse. Era el fogueo ideal para muchos de nosotros”, profundiza Rubén desde la inmobiliaria que conduce desde 1984 en Villa Urquiza.

A su vez, la presentación estelar de Maradona resultaba inminente, empujaba con una habilidad arrebatadora. “Llevaba poco tiempo entrenándose con nosotros: había dado el salto desde la Séptima a la Reserva, y enseguida a la Primera. En las prácticas veíamos algo distinto. Se veía venir lo que iba a ser”, sostiene. Claro que, como mediocampista, muchas veces le tocó marcarlo en los ensayos. Ahí no lo disfrutaba, lo padecía: “Había que amagar a marcarlo y retroceder… Era imposible para los rivales; un problema si te encaraba. Pasabas de largo, era una vergüenza…”, acepta.
Aquel 20 de octubre de 1976, el plantel hizo a pie las dos cuadras desde donde almorzó hasta el estadio que hoy lleva el nombre del astro. Una escena que en la actualidad asoma imposible. Incluso, los jugadores se cruzaron con varios hinchas de Talleres que iban camino hacia el sector visitante. Dentro de Maradona ya bullía el Maradona que fue. “¿Si lo vi nervioso? Nooo, quería jugar, nada más», rubrica Giacobetti.
“Diego, juegue como usted sabe. Y si puede, tire un caño”, fue la indicación que le dio el director técnico Juan Carlos Montes. Obediente para la fantasía, lo tiró: la víctima fue Juan Domingo Cabrera. Finalmente, la T se impuso por 1 a 0, con gol del Hacha Ludueña. Pero todos los detalles resultaron una anécdota.
“A medida que pasan los años, me genera más satisfacción y orgullo haber vivido lo que viví con Diego al lado. No muchas personas tuvieron esa posibilidad. Fuimos privilegiados”, remarca, mientras se prepara para los homenajes y reconocimientos de este martes.
Sin embargo, ese día, cuando fue reemplazado por Diego, sus entrañas burbujeaban de bronca. “Me habían puesto de mediocampista por izquierda, para contener la línea media de Talleres, que era brava. Y la verdad es que anduve flojo. Todos sabían que Diego iba a entrar, pero me tocó salir a mí, en el entretiempo. Por suerte, la historia me recompensó”, reconoce.
En el Bicho, Giacobetti jugó 28 partidos y convirtió un gol. Luego quedó en libertad de acción. Pasó por el fútbol de La Pampa y emigró al exterior. Si bien hoy la Major League Soccer pasó a ser un mercado potente (ni hablar desde el desembarco de Lionel Messi), a fines de los 70 y principios de los 80 se dio una primera avanzada, con el desembarco de una enorme cantidad de figuras, con el Cosmos de Pelé como nave insignia. “En esa época no había representantes, ibas a la AFA a buscar el pase y hacías contactos. Un empresario me ofreció ir a una prueba a Los Ángeles, donde había dos equipos. No quedé, pero me avisaron que un técnico de Rochester me quería ver. Fui y arreglé”, narra su mudanza a Estados Unidos.
En el norte de Nueva York estuvo dos años, en un plantel que bien podía ser parte de la torre de Babel: “El técnico era de Albania. Había siete yugoslavos y tres húngaros. Antes de que yo llegara, por el club habían pasado los dos primeros sudamericanos de la historia, que habían sido Carlos García Cambón y Carlos Pachamé. Yo sabía el inglés del secundario, nada más. Pero me arreglé”.
Más allá de lo económico, la apuesta le reportó experiencias fuertes. Jugó contra el brasileño Carlos Alberto, contra Teófilo Cubillas, contra Franz Beckenbauer o Johan Cruyff: “Me deslumbraron, eran jugadores de toda la cancha”. La siguiente estación fue Italia. Le surgió la posibilidad de continuar su carrera en el Senori, de la Tercera Divisón de Italia.
A la vuelta, cambió los pantalones cortos y los botines por el traje. “Me retiré joven. Cuando había quedado libre de Argentinos, previendo que la carrera es corta y que no iba a poder vivir siempre del fútbol, había hecho la carrera de martillero público. Sabía que el fútbol es una pasión, pero cuando se termina, empieza otra vida. Cuando regresé de Italia tuve alguna oferta de Deportivo Español, que estaba en la Primera B, pero en el Ascenso a veces costaba cobrar, y yo quería comenzar con esta profesión para desarrollarla bien, con tiempo”, justifica su decisión.
Desde hace 42 años, construye día a día su otra versión en la inmobiliaria, la de su “segunda vida”, sin haber usado como publicidad su pasado como futbolista o su papel en la leyenda de Maradona. “No me gusta mezclar. Sí, por ejemplo, siempre hablé del tema con los clientes futboleros”, explica su postura.

Los caminos lo volvieron a cruzar con Diego una vez más, en 1982, cuando viajó a ver el Mundial y pudo entrar a la concentración de la Selección y volver a saludarlo. Y el dolor lo abordó, como a todos los que Maradona tocó su corazón, el día de su muerte en 2020: “Nadie tiene la vida comprada, todos somos mortales, pero fue muy triste el final. Él fue una persona distinta, por todo lo que nos dio. Yo tomo al fútbol como un arte, y él merecía otro final. Me queda el recuerdo de la persona”.
Como quien vende una propiedad cotizada, Giacobetti pone en valor el fútbol argentino: “Es como que tuvimos tres Premios Nobel, con Di Stéfano, Maradona y Messi. Y a los distintos no se los puede comparar. Cada uno fue el mejor, en épocas diferentes, con alimentación y entrenamientos diferentes… Tal vez aparezca otro distinto”, arriesga, con la sabiduría que le otorga conocer de primera mano lo que crece en esta tierra y el haber jugado a la pelota hasta cuando la pandemia cortó la rutina semanal con sus amigos. “Ahí nos empezamos a quedar. Extraño jugar, pero hay que aceptarlo”, dice a los 70 años.
“A mí me tocó estar con un distinto. Fue algo casual que justo me tocara salir a mí para que Diego debutara, porque podría haber sido otro. Sin embargo, Dios me puso ahí”, concluye, y le pone palabras a su mayor trofeo. Porque hay tesoros intangibles, que no caben en ninguna colección de memorabilia.

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Doblete de Gio Simeone en el Torino: al top histórico de la Serie A

Noche soñada para Giovanni Simeone por la Serie A. En el cierre de la séptima fecha del torneo, este lunes con Torino visitó al Parma en el estadio Ennio Tardini, y el argentino fue clave: doblete para meterse en un ranking histórico y victoria 3-0 de su equipo para acomodarse en la tabla de posiciones.
El primer gol, en su cuenta personal y en el partido, llegó en el arranque. A los 4′ del primer tiempo, Belghali mandó un gran centro desde la derecha, que el Cholito conectó con un zurdazo de primera y al primer palo. Se trató del primer tanto en la temporada para el argentino.
No obstante, el ex River, Fiorentina y Napoli no se conformó con uno y fue por más. Ya en la segunda mitad, a los 23′ y con el marcador 2-0 para el Torino (Che Adams había ampliado la ventaja a los 24′ del PT), Simeone se despachó con un verdadero golazo: recibió en campo rival, giró, avanzó unos metros y sacó un potente fierrazo de derecha y la clavó en un ángulo desde afuera del área.
El encuentro finalmente terminó 3-0 para los de Turín, que treparon al puesto 10 en la Serie A con 10 unidades. En tanto, el Parma sigue en zona de descenso: con apenas cuatro puntos y solo un triunfo, quedaron en el 19°.
Además, cabe aclarar que este lunes el Cholito Simeone alcanzó una marca histórica. Con su doblete al Parma, Gio igualó a Diego Milito y se metió entre los diez argentinos con más goles en la historia de la Serie A, con 86 gritos en 337 partidos y seis clubes. El ranking lo lidera Gabriel Batistuta, con 183 anotaciones, y lo siguen Hernán Crespo (153), Lautaro Martínez (136) y Paulo Dybala (131).
Video: el doblete de Gio Simeone en el 3-0 del Torino al Parma
El argentino anotó 2 en la victoria del Parma 0 Torino 3
Lo que se le viene al Torino de Gio Simeone
Luego de la goleada por 3-0 ante Parma, al Toro le espera una seguidilla de encuentros por Serie A. El próximo viernes 23 de octubre, se medirá ante Monza en condición de local, desde las 15.45. Cuatro días más tarde, el 27/10, recibirá al Como de Nico Paz desde las 16.45; y comenzará el nuevo mes visitando a Frosinone el 1° de noviembre desde las 11.00.
🇦🇷 GIO SIMEONE FUE ELEGIDO MVP 🔝
▶ El delantero argentino anotó un doblete en la victoria de Torino 3-0 ante Parma y fue reconocido como el mejor jugador del partido por la Serie A 🇮🇹
🎥 /torinofc1906 pic.twitter.com/rvgzyNf1lM
— Diario Olé (@DiarioOle) October 19, 2026
Así está la tabla de la Serie A
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¡Vuelve el lío con la Copa África! El TAS pone fecha a la decisión que puede quitarle el título a Marruecos

La final de la Copa África 2025 se disputó el pasado 18 de enero en Marruecos, pero aún no tenemos ganador. Sobre el campo venció Senegal, pero en los despachos, Marruecos. El TAS lleva tiempo valorándolo todo para tomar una decisión definitiva que, casi un año después, está cerca de ver la luz.
El Estadio Prince Moulay Abdellah de Rabat fue el escenario de un bochorno histórico. El partido, marcado por decisiones polémicas a favor de Marruecos, se decidió en la prórroga, tras 114 minutos de tiempo reglamentario, y con los jugadores de Senegal marchándose del campo por orden de su entrenador, Pape Thiaw, tras un polémico penalti sobre Brahim Díaz en el último suspiro.
Los jugadores de Senegal celebran la Copa África que luego les fue arrebatada por la CAF / JALAL MORCHIDI / EFE
Contra todo pronóstico, los senegaleses volvieron al terreno de juego, Brahim falló la pena máxima con un ‘Panenka’ horrible y Pape Gueye le dio la victoria a los Leones de Teranga con un zarpazo impresionante directo a la escuadra. Eso es lo que pasó sobre el césped.
La CAF, con Marruecos
El 17 de marzo comenzó realmente el choque en los despachos, cuando la Confederación Africana de Fútbol (CAF) adjudicó el título al equipo marroquí por la «incomparecencia en la final de la Copa Africana de Naciones CAF TotalEnergies Marruecos 2025″ de Senegal. Se armó una buena. Los jugadores y aficionados de los Leones de Teranga estallaron en redes sociales mostrando su rotundo rechazo.
Pape Gueye, autor del gol de la victoria / AP
Senegal llevó la decisión de la CAF al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), con sede en Lausana, y desde entonces se analiza lo sucedido con detalle para tomar una decisión. El argumento central de Senegal pasa por cuestionar las consecuencias disciplinarias de lo ocurrido durante la final. La selección había regresado al campo y el encuentro había continuado hasta su conclusión, por lo que considera que el resultado deportivo debe ser respetado.
En el otro lado está Marruecos, que cuenta con el reconocimiento oficial de la CAF como campeón tras la aplicación de la normativa relativa al abandono del terreno de juego sin autorización arbitral.
Noviembre, el mes clave
El pasado 8 de octubre, el TAS celebró una audiencia a puerta cerrada en Lausana para estudiar el caso. Ahora, el tribunal ha confirmado que el panel arbitral prepara un laudo completo, que incluirá tanto la decisión definitiva como sus fundamentos jurídicos.
La resolución está prevista para finales de noviembre de 2026, por lo que todavía habrá que esperar varias semanas para conocer el desenlace de un escándalo monumental. El fallo será determinante para establecer si se mantiene la decisión de la CAF, que reconoce a Marruecos como campeón, o si Senegal consigue que se revoque la sanción y se restituya el resultado de la final ¿Quién debe ganar la final?
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Una tarde de miércoles con aroma a domingo que cambió la historia del fútbol argentino: a 50 años del debut de Diego Maradona

La cancha de Juan Agustín García y Boyacá. Allá en la lejanía de 1976. Con el aroma a barrio aún impregnado en cada esquina, en las costumbres inalterables de los vecinos. Aquel Argentinos Juniors, que no perdía la distinción del toque que trae en el ADN desde su fundación, pero que en los últimos años debía conformarse con el proletario esfuerzo de tener que ganarse el pan en cada partido, para no tener que caer en las desventuras del fondo de la tabla. Sus hinchas, los habitués del tablón, sabían interiormente, que les esperaba un destino de grandeza. Porque habían nacido y crecido en el credo del fútbol bien jugado. Solo necesitaban una estrella. Y fue la más fulgurante de todas
El debut de Diego Armando Maradona. Esa fecha ya debería estar en los textos escolares, junto con el 25 de mayo de 1810 o el 9 de julio de 1816. Porque el 20 de octubre de 1976, se partió al medio la historia del fútbol argentino. Un chico, del que se venía hablando desde hacía tiempo, coronaba el anhelo de llegar a primera. Pese a que eran tiempos donde no teníamos el permanente bombardeo de datos de la actualidad, ya se sabía de él. El de los Cebollitas, el que hacía jueguitos en los entretiempos, desmintiendo a su edad que apenas arañaba los dos dígitos. El que causó asombro en los exitosos sábados circulares de Pipo Mancera, llevando sus acrobacias a los estudios de televisión.
Era una promesa. Pero no como tantas. ¿Cuántas veces se escuchó la remanida frase “en las inferiores hay un pibe que la rompe”? Acá todos sentían que era de verdad. Que habitaba allí algo distinto. El día soñado podría haber ocurrido un mes antes, pero el destino sabe cuándo tiene que jugar sus cartas, como lo relató el propio Diego en su autobiografía: “Podría haber debutado un mes antes, pero me mandé una… Resulta que en un partido de tercera contra Vélez, en septiembre, el árbitro había sido realmente un desastre. Cuando terminó, me acerqué y le dije, así tranquilamente: ‘Juez, usted es un fenómeno, tendría que dirigir partidos internacionales’. Me dieron cinco fechas por la cabeza y retrasaron el debut”.

El año de Argentinos Juniors había sido irregular hasta allí. En el Metropolitano, luego de la fase de grupos, debió disputar el mini torneo por la permanencia, donde quedó apenas dos puntos por encima de San Telmo, el único descendido. En el Nacional arrancó mejor y en el momento de tener que enfrentar a Talleres, con siete fechas disputadas, estaba segundo en la zona, un punto por detrás de Newell´s.
El histórico partido se programó para el miércoles 20 de octubre a las 16. En su autobiografía, Diego contó cómo se enteró que sería protagonista: “En la práctica del martes en Comunicaciones, se me acercó el técnico que era Juan Carlos Montes y me dijo: ‘Mire que mañana va a ir al banco de primera’. A mí no me salían las palabras, entonces le respondí: ‘¿Qué? ¿Cómo?’. Y él me contestó: ‘Si, va a ir al banco de primera… Y prepárese bien porque usted va a entrar’. Entonces yo agarré, desde ahí mismo, de Comunicaciones, me fui corriendo con el corazón en la boca para contárselo a mis viejos. A los dos segundos, por medio de la Tota, ya lo sabía todo Fiorito”.
En este recorrido de la profesión, uno tuvo el gusto de poder entrevistar a Juan Carlos Montes, quien ya nos dejó. Pero siempre recordaré su don de gente y su humildad para contar, en el living de su casa rosarina, como fue partícipe clave de ese día emblemático: “En aquellos tiempos las cosas eran muy diferentes con respecto a la actualidad con los planteles de fútbol. En Argentinos Juniors apenas tenía a Rodolfo Valgoni como preparador físico y a un delegado del club, que era el que todos los días me insistía en que tenía que ir a ver a un chico de la séptima que la rompía. Yo le respondía que una vez que nos salváramos del descenso en el Metro, íbamos a ir a ver todo lo que quisiera. Una vez cumplido el objetivo, le pedí que lo trajera a la práctica de primera. Al rato, vi como venía caminando despacio un chico bajito, que tenía puesta una camiseta de Newell´s. Cuando lo tuve cerca le dije: ‘¿Me estás cargando poniéndote la camiseta del club donde jugué?’, a lo que tímidamente me contestó: ‘No, señor, es la única camiseta de fútbol que tengo y me la regaló Mario Zanabria’“.

Con el tono calmo que siempre lo caracterizó, siguió relatando aquellas horas imborrables: “Comenzamos la práctica y fue una cosa asombrosa. Nunca había visto nada igual. La habilidad, la desfachatez y la calidad con la que jugaba con tan solo 15 años, ese tal Diego Armando Maradona, eran de otro planeta. A partir de ese momento, le dije que viniera todos los días a entrenar con el plantel de la primera. A los pocos días fui a la AFA para hacer un trámite y me lo encontré a Menotti, que estaba trabajando junto a Ernesto Duchini, preparando al juvenil para el Sudamericano que iba a clasificar al primer mundial de la categoría en 1977. El Flaco me preguntó si tenía algún pibe del club para esa selección. Obviamente mi respuesta fue afirmativa: ‘Hay uno que para mí va a ser un fenómeno. Vení a verlo cuando quieras porque está alternando en primera’. Vinieron, lo vieron, se asombraron y lo convocaron”.
Era una fecha entre semana, pero dentro de lo particular que fue el Nacional 1976, con dos grupos de 8 equipos y otros dos de 9. Ese disparate hizo que las zonas C y D, tuvieran dos jornadas más. La primera de ellas fue la del miércoles 20 de octubre. En la previa, el partido de La Paternal concitaba gran atención, no tanto por la buena campaña del local, sino porque Talleres había sido la revelación de los dos Nacionales anteriores y aquí estaba en levantada. No había comenzado bien en las primeras cuatro jornadas (1 empate y 3 derrotas), pero en ese momento sumaba tres triunfos consecutivos, de una extraordinaria serie que llegaría hasta 9.
Los diarios de la época lo reflejaban, como el caso de edición matutina de Crónica: “Todos los partidos de hoy comenzarán a las 21, excepto el que en La Paternal apurarán Argentinos Juniors y Talleres, que comenzará a las 16 y que, sin dudas, se roba la fecha”. Y más adelante señalaba: “El local Argentinos Juniors (9) se convirtió en la vedette del certamen. Está segundo en su zona y se prepara para recibir a Talleres (7) que está levantando cabeza y quiere demostrar, de una vez por todas, que es el mejor del interior”.

El sueño se iba a hacer realidad para aquel pibe que deslumbraba a todos desde el tiempo de los Cebollitas y así lo evocó: “Cuando llegó el gran día hacía un calor bárbaro. O eso sentía yo, por lo menos. Me puse la camisa blanca y el pantalón de corderoy turquesa, con la botamanga ancha. ¡El único que tenía! Se hablaba de los premios y yo pensaba: ‘Bueno, en ese partido al suplente le toca algo y si entra, un poco más’. Hacía cuentas: ‘Por ahí me compro otro pantalón o algo’. Después perdimos, je, pero igual fue todo muy lindo. A la mañana, cuando salí, mi vieja me acompañó hasta la puerta: ‘Voy a rezar por vos, hijo’, me dijo. Mi viejo pidió permiso para salir antes del laburo para ir a verme y recuerdo que antes de ir a la cancha me avisaron que había llegado a tiempo”.
En la continuidad del relato, Diego describe el candor y la bohemia que aún imperaban en nuestro fútbol hace 50 años. Visto desde el hiper profesionalismo actual, es casi un cuadro surrealista: “Lo primero que me impactó fue la hinchada de Talleres. ¡Había cordobeses por todos lados! Nosotros, los jugadores de Argentinos, nos juntábamos antes del partido a comer en Jonte y Boyacá el clásico bife con puré, con la charla técnica de Montes como postre. Después, cruzábamos caminando hasta la cancha entre la gente. ¡No nos conocía nadie! Y encima eran todos cordobeses con su tonada inconfundible. Ellos tenían un equipazo: Ludueña, Ocaño, Luis Galván, Oviedo y Valencia. Nosotros no teníamos tantas figuras. ¿La verdad? Nos tendrían que haber hecho dieciocho goles. Recuerdo nuestro cuadro de memoria: Munutti; Roma, Pellerano, Gette, Minutti; Fren, Giacobetti, Di Donato; Jorge López, Carlos Álvarez y Ovelar”.
La superioridad que mencionaba Diego en el libro fue una realidad dentro de la cancha. Talleres fue muy superior desde que comenzó el cotejo, haciéndose fuerte a partir de su premisa del buen trato del balón, sobre todo cuando pasaba por los pies de Valencia y Ludueña. Y fue este último, el que, a los 33 minutos, abrió el marcador llegando a definir dentro del área como un centro delantero, a despecho de su posición natural de volante central. Es que ese equipo tenía una movilidad abrumadora e iba a hacer historia.
Así terminó la etapa inicial. Y si el entrenador tenía decidido hacer debutar a Maradona, el score en contra lo terminó de convencer, como lo detalló Diego: “Antes del final del primer tiempo, Montes, que estaba en la otra punta del banco, giró la cabeza y me clavó la mirada, como preguntándome: ¿Se anima? Yo le mantuve la mirada y esa, creo, fue mi respuesta. Enseguida empecé con el calentamiento y en el arranque del segundo entré. En el borde de la cancha, Montes me dijo: ‘Vaya, Diego, juegue como usted sabe… y si puede, tire un caño’. Le hice caso: recibí la pelota de espaldas a mi marcador, que era Juan Domingo Patricio Cabrera, le amagué y le tiré la pelota por entre las piernas. Pasó limpita y enseguida escuché el Ole de la gente, como una bienvenida. No estuvieron todos los que dicen haber estado, pero las tribunas estaban hasta la manija, no se veía ni un pedacito de tablón”.

Los que habían ido imantados por el posible debut de Maradona, ya sentían que estaba paga la entrada. Desde el primer destello, dejó su huella. La que se acrecentó hasta el infinito y llega hasta nuestros días. Por suerte hubo una interesante cobertura fotográfica que nos permite observar a ese Diego de camiseta roja con la banda blanca cruzando el pecho. Las mangas largas que le quedaban holgadas, pero siempre con la mirada fija en la pelota, los rulos negros enmarcando el rostro de un joven a diez días de cumplir 16 años.
Ese gol que marcó Ludueña en el primer tiempo fue el único de la tarde inigualable. Maradona ya había cautivado a todos y como muestra, baste su mención en el breve comentario que la revista El Gráfico hacía en una pequeña columna, debajo de las formaciones de los equipos en cada partido: “En el segundo tiempo Talleres se apretó contra sus palos para defender el 1-0. Argentinos quedó sepultado en su incapacidad ofensiva. Ni siquiera la inclusión del sorprendente, habilidoso e inteligente ex cebollita Maradona alcanzó para resolver el problema”. La firma es del admirado colega Héctor Vega Onesime, que puntuó con 7 la tarea de Diego.
La historia empezaba a dibujar sus primeros trazos y Juan Carlos Montes nos regaló una anécdota poco conocida del partido siguiente: “A los tres días teníamos que viajar a Rosario para enfrentar a Newell´s, donde yo había sido campeón como técnico en 1974. Le había advertido a Diego que en el medio de ellos estaban Berta y el Tolo Gallego, que, si te agarraban, te liquidaban (risas). Mi consejo fue que no arriesgara demasiado y que no se dejase pegar. Llegamos el sábado a Rosario y apenas me instalé en la habitación del hotel me sonó el teléfono. Era el Gringo Berta, a quien había tenido como jugador hasta principios de ese año. Las primeras palabras tras el saludo fueron: ‘Avisale al pibe habilidoso que traés, que a la primera que toque, va al alambrado’. A lo que le contesté: ‘Quedate tranquilo que ya le dije, pero igual tené cuidado de no quedar pagando, eh’. El tema es que comenzó el partido y Diego otra vez hizo lo mismo: tomó la pelota y en la primera, le tiró un caño”.
Y uno concluye que la historia de nuestro fútbol cambió su rumbo aquella tarde irrepetible. Luego llegarían la Selección, Boca, Barcelona, Nápoli, Sevilla, Newell´s y el regreso a Boca. Los Mundiales, las sanciones, las luces y las sombras. También la fama desmedida, quizás, el único rival al que nunca pudo gambetear como deseaba. Pasaron 50 años del debut. Su legado, desconoce el paso del tiempo.
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