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Rubio urges Cubans to work with CIA to bring political change to communist-run island

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Secretary of State Marco Rubio urged Cubans seeking political change Friday to discreetly cooperate with the CIA as President Donald Trump separately floated sending Rubio to the communist-run island to negotiate a deal.

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«To those who seek to create positive change in Cuba – now is the time,» Rubio wrote in a post on X.

«The disappointment of failed promises, corruption, and the privileged lives of only a few; seize this opportunity to create the change you desire through a discrete partnership with the CIA.»

RUBIO WARNS CUBA HAS INFILTRATED US WITH SPIES, CALLS COMMUNIST REGIME AN ‘ESPIONAGE SUPERPOWER’

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Rubio’s message explicitly encouraged Cubans to work with the U.S. intelligence agency but did not identify a specific operation or explain what such cooperation would involve.

Rubio, the son of Cuban immigrants, has long advocated for a tougher U.S. approach toward the Cuban government. 

The former Florida senator has been a prominent critic of the communist leadership in Havana and opposed efforts to normalize relations without political reforms.

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Trump, meanwhile, raised the possibility of U.S. ships stopping near Cuba while discussing Iran during a midterm rally in Fort Myers, Florida, Friday.

TRUMP EXPANDS CUBA SANCTIONS BEYOND US COMPANIES IN MAJOR CRACKDOWN ON FOREIGN ENABLERS

Secretary of State Marco Rubio speaks to reporters alongside White House deputy chief of staff Stephen Miller, left, and CIA Director John Ratcliffe, center, after U.S. military actions in Venezuela at his Mar-a-Lago residence in Palm Beach, Fla., Jan. 3, 2026. (Jim Watson/AFP via Getty Images)

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«Don’t worry. We’ll take care of Cuba on our way back from Iran with it. We’ll do a little stopover now. We’ll do a little stopover,» Trump told the crowd.

«Actually, what we’re going to do with Cuba is we’re going to come back from Iran. Those beautiful ships will pass Cuba. We’ll have one of them stop about 50 yards off the coast. They’ll raise up their hands.»

Trump then suggested Rubio could handle negotiations with the communist-run island.

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IRANIAN NEGOTIATORS KICKED OUT OF US AS TALKS STALL, TRUMP LAYS OUT ‘POSSIBLE’ TIMELINE FOR MORE STRIKES

Secretary of State Marco Rubio

Secretary of State Marco Rubio and US President Donald Trump speak to the press following US military actions in Venezuela, at Trump’s Mar-a-Lago residence in Palm Beach, Fla., Jan. 3, 2026. (Jim Watson/AFP via Getty Images)

«And then we’re going to send Marco Rubio in to finish up the deal. We’ll have Marco. Marco. We don’t even have to stop. We could just put him in there and he’ll figure it out. He’s a great guy.»

Trump did not provide details about any proposed agreement with Cuba or indicate whether his remarks reflected an actual military or diplomatic plan.

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Fox News Digital reached out to the CIA, State Department, White House and Cuban Embassy in Washington, D.C., for comment.



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‘Slow Horses’ convierte a los peores espías de Gran Bretaña en protagonistas de la serie del momento

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Slow Horses es una de las series del año (para muchos, LA serie del año). Esta semana, cerró su sexta temporada con un final que no ofrece consuelo ni certezas, fiel a la lógica de una serie que lleva cinco años desarticulando cada convención del espionaje televisivo. La producción de Apple TV+, un prodigio de la manera británica de contar una historia, fusionó por primera vez dos novelas de Mick Herron —Joe Country y Slough House— en una sola entrega de seis episodios, y resolvió su desenlace con la brutalidad emocional que define al programa desde su origen.

El autor, Herron, es todo un personaje en sí mismo. Nacido en Newcastle en 1963 y formado en literatura inglesa en Oxford, pasó años como subeditor en el departamento legal de una firma de investigación laboral en Londres antes de publicar su primera novela en 2003. Los atentados del 7 de julio de 2005 lo empujaron de la ficción detectivesca al espionaje: como viajero habitual entre Oxford y Londres, la experiencia le reveló que “para estar en la primera línea, basta con estar en una ciudad”. En 2008 comenzó a escribir Slow Horses, publicada en 2010, y desde entonces construyó un universo de nueve novelas y cinco nouvelles que vendió más de cuatro millones de ejemplares, ganó el Gold Dagger de la Crime Writers’ Association y el Diamond Dagger a la trayectoria en 2025. El diario The Daily Telegraph la ubicó entre las veinte mejores sagas de espionaje de todos los tiempos.

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Su estilo —una prosa donde el ritmo heredado de sus años como poeta convive con un humor corrosivo deudor tanto de John le Carré como de P. G. Wodehouse— no celebra el género sino que lo desarma: donde le Carré otorgaba a sus espías una melancolía noble, Herron los hundió en la incompetencia burocrática. “No quiero escribir una novela de espionaje con un malvado genio; me interesa la incompetencia, las cosas que salen mal, las motivaciones turbias, y eso es básicamente nuestra realidad política”, ha dicho. El título mismo de la saga condensa la filosofía del proyecto: “Slough House”, el edificio ficticio donde el MI5 confina a los agentes que fracasaron, se deforma en boca de sus propios habitantes hasta convertirse en “Slow Horses”, los caballos lentos, un apodo cruel que el servicio de inteligencia reserva para quienes considera descartables, los marginados, los inútiles, los que nadie quiere en su equipo. Esa convicción de que el espionaje, despojado de sus mitos, es trabajo administrativo ejercido por personas rotas dentro de instituciones que las desprecian, convirtió a la serie en el estándar contra el que se mide hoy cualquier narrativa de inteligencia en pantalla.

Una sátira del espionaje de la Guerra Fría

Antes de convertirse en la joya silenciosa de Apple TV+, Slow Horses existió durante una década como universo literario. Mick Herron publicó la primera novela en 2010, tras años de gestación, y construyó un catálogo de quince entregas que incluye novelas principales, relatos y novelas cortas. Su propuesta no fue celebrar el género sino desarmarlo: donde John le Carré otorgaba a sus espías una melancolía noble, Herron los hundió en la incompetencia burocrática y el fracaso profesional.

El escenario central, Slough House, funciona como un purgatorio administrativo del MI5: un edificio decrépito ubicado muy cerca de la estación Barbican (y del edificio brutalista del mismo nombre) donde el servicio de inteligencia británico deposita a los agentes que no puede despedir pero sí humillar. La estrategia institucional consiste en asignarles tareas degradantes hasta que renuncien por agotamiento. Pero la premisa narrativa de Herron se activa cuando esos marginados —los “caballos lentos” del título— terminan resolviendo las crisis que generaron quienes los exiliaron. La obra funciona como una crítica sostenida al sistema de clases británico y a la arrogancia corporativa, envuelta en la mecánica del thriller.

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El servicio secreto británico confina en el edificio de Slough House a los agentes relegados para forzar su renuncia

Durante cinco temporadas, la adaptación televisiva mantuvo un esquema riguroso: una novela por entrega. La sexta rompió ese pacto. La nueva showrunner, Gaby Chiappe, y el director Adam Randall determinaron que Joe Country, pese a su potencial cinematográfico y su ambientación invernal en Gales, carecía de desarrollo suficiente para los personajes centrales de la serie. Marginar a Gary Oldman y a Kristin Scott Thomas durante una temporada completa habría desestabilizado el equilibrio del programa. La síntesis permitió integrar la cacería rural de Joe Country con el ataque sistémico contra exagentes que articula Slough House, aunque el sacrificio fue considerable: se eliminó la trama galesa, se reubicó la acción en la costa de Suffolk y se descartaron subtramas moralmente espinosas de los libros, como las acusaciones de pedofilia contra un personaje secundario. Lo que se ganó en densidad dramática se pagó, según varios críticos, con cierta confusión argumental. El debate sobre si la serie puede sostener dos novelas en seis episodios quedó abierto.

El “Londres sucio” define una estética

Si Slow Horses se distingue del resto del espionaje televisivo, la razón no es solo narrativa sino visual. Desde la primera temporada, el director de fotografía Danny Cohen impuso un credo estético al que llamaron internamente “Dirty London”: prohibición de retroiluminación, ausencia de luz de relleno suave, cámaras con ISO alto para incrustar grano en la imagen digital. Los personajes debían parecer integrados en las paredes mugrientas de su oficina, no separados de ellas.

Para la sexta temporada, el relevo recayó en Eben Bolter, quien respetó la paleta desaturada pero introdujo modificaciones. El formato permitió composiciones panorámicas donde los agentes lucen diminutos frente a las geometrías aplastantes de los rascacielos o la desolación costera de Suffolk. Las distorsiones lumínicas y la profundidad de campo reducida en los bordes intensificaron la paranoia: los personajes parecen permanentemente vigilados.

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Gary Oldman, Rosalind Eleazar y Christopher Chung conversan en el interior de una iglesia durante una escena de la sexta temporada de 'Slow Horses'

El editor Harrison Wall enfrentó un problema complementario. En el montaje inicial del primer episodio, la muerte apacible de David Cartwright —el abuelo de River, interpretado por Jonathan Pryce— precedía inmediatamente al asesinato brutal de un exagente quemado vivo en un contenedor. Las pruebas de pantalla demostraron que ese choque anulaba cualquier posibilidad de humor posterior. Wall optó por fragmentar el duelo en flashbacks silenciosos, activados solo cuando River se encontraba inmóvil y a solas, y acelerar el ritmo en las escenas grupales para reflejar cómo la maquinaria del MI5 le negaba espacio psicológico para procesar la pérdida.

Gary Oldman es el anti-James Bond

Todo el andamiaje de Slow Horses gravita en torno a Gary Oldman, un crack. El actor, nombrado Caballero del Imperio Británico en 2025, ha declarado que Jackson Lamb ocupa la cúspide de su carrera junto a Winston Churchill y George Smiley. La afirmación no es retórica: seis temporadas le han permitido construir un personaje de una complejidad que ningún largometraje podría contener.

El desagradable Jackson Lamb es, en su superficie, una acumulación de defectos: higiene deplorable, alcoholismo funcional, flatulencias como arma de interrupción, ropa de vagabundo. Oldman ganó peso y adoptó el cabello descuidado del personaje para anclar la degradación física. Pero la actuación consiste en demostrar que esa repugnancia es camuflaje táctico. “Es genial que todo te importe una mierda”, dice Lamb, y en esa frase se cifra su ventaja: la liberación de las restricciones que paralizan a los burócratas trajeados de Regent’s Park. Su memoria institucional es impecable, sus réplicas devastan con precisión quirúrgica y su quietud puede durar minutos antes de un movimiento letal.

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El núcleo emocional que Oldman protege bajo capas de sarcasmo es la devoción hacia sus agentes. Lamb los insulta para endurecerlos, pero cuando los escuadrones rusos los cazan en la sexta temporada, la fachada colapsa en una fiereza paternalista forjada en la Guerra Fría. El clímax del final de temporada lo encuentra negociando geopolítica británica y rusa desde una mesa plagada de migajas de pastel infantil en una fiesta de cumpleaños, mientras convence a la manejadora de la GRU de que un magnate mediático es el verdadero culpable. No necesita moverse para controlar el tablero. Le basta con observar sus defectos.

Su dinámica con Scott Thomas —la despiadada Diana Taverner— sostiene el pináculo dramático de la serie. Sus confrontaciones son esgrima verbal donde el asco mutuo se entrelaza con una dependencia simbiótica. En el episodio final, Taverner confiesa ante Lamb ser “la mayor amenaza a la seguridad nacional que hemos visto en años” y ofrece su renuncia. Lamb, que normalmente saborearía la derrota de su rival, le lanza un salvavidas. La necesita vulnerable y en deuda, no destituida. Una Primera Silla comprometida es un activo; una destituida, un cabo suelto.

[Fotos: prensa Apple TV]

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Identifican restos de militar panameño desaparecido durante la invasión de Estados Unidos en 1989

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Después de más de 36 años de incertidumbre, fueron identificados los restos de Roberto Adolfo Aparicio Oliva, un integrante de las Fuerzas de Defensa de Panamá que falleció a los 21 años durante la invasión militar de Estados Unidos, el 20 de diciembre de 1989.

El joven prestaba servicio en el Cuartel Central y su familia llevaba décadas intentando localizarlo.

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La identificación fue anunciada este sábado 24 de octubre por la Comisión 20 de Diciembre de 1989, organismo encargado de investigar y documentar las víctimas de la operación militar estadounidense.

El resultado fue posible mediante análisis genéticos especializados realizados con la participación de instituciones panameñas y guatemaltecas, después de un complejo proceso de recuperación de material óseo.

El trabajo científico estuvo a cargo de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG), en coordinación con el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IMELCF) y el Ministerio Público.

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Especialistas de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala y del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Panamá participaron en los análisis genéticos que permitieron identificar a la víctima. Ilustrativa

Las muestras fueron comparadas con perfiles genéticos aportados por familiares, lo que permitió establecer la identidad del joven pese al deterioro de los restos.

Aparicio Oliva era hijo de Félix Adolfo Aparicio Pérez y Lidia Maritza Oliva Gómez y residía en San Miguelito, en Cerro Batea.

Durante la invasión prestaba servicio en el Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa, donde desarrollaba funciones relacionadas con el abastecimiento y la alimentación de los efectivos militares.

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Después de iniciada la invasión estadounidense del 20 de diciembre de 1989, sus familiares recibieron información sobre su posible fallecimiento en el sector de El Chorrillo, según el comunicado oficial. Sin embargo, no consiguieron localizar sus restos, lo que dio inicio a una búsqueda que se prolongó durante más de tres décadas.

Durante ese período, la familia acudió a hospitales, cementerios y diligencias de exhumación con la esperanza de encontrar información sobre su paradero. Posteriormente, las autoridades recibieron datos que apuntaban a una posible sepultura en una fosa común del Cementerio Jardín de Paz, lo que permitió orientar las investigaciones forenses.

La invasión militar de Estados Unidos comenzó durante la madrugada del 20 de diciembre de 1989 y afectó varios sectores de Panamá, especialmente El Chorrillo, donde estaba ubicada la Comandancia de las Fuerzas de Defensa. Tomadas de Facebook

La identificación constituye una respuesta para sus familiares después de décadas de búsqueda, además de permitir que el joven reciba finalmente una sepultura con su identidad plenamente establecida.

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Aparicio Oliva había sido ascendido póstumamente al grado de cabo segundo, mediante el Decreto N.º 228 del 31 de mayo de 1990.

El hallazgo se suma a otras identificaciones realizadas durante 2026 mediante estudios de ADN. En julio, la Procuraduría General de la Nación entregó los restos de Marcos Antonio Coulthrust Quiñones y Manuel Carol Ojo, dos víctimas de la invasión cuyos cuerpos fueron identificados mediante análisis realizados en Panamá y Guatemala.

Las investigaciones también permitieron identificar anteriormente a Ricardo Aurelio Arana Riquelme y Eric Abdiel Bonilla Terrero, como parte de las diligencias para esclarecer las desapariciones. Los trabajos incluyen exhumaciones, análisis de restos óseos y comparación genética, procedimientos necesarios para resolver casos que permanecieron sin identificación durante décadas.

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En julio de 2026, las autoridades panameñas entregaron los restos identificados de Marcos Antonio Coulthrust Quiñones y Manuel Carol Ojo, otras dos víctimas de la invasión estadounidense de diciembre de 1989. Tomada del MP

La invasión comenzó durante la madrugada del 20 de diciembre de 1989, cuando Estados Unidos ejecutó la denominada Operación Causa Justa, cuyo principal objetivo era capturar al general Manuel Antonio Noriega, quien gobernaba de facto Panamá.

Aproximadamente 24.000 soldados participaron en el despliegue contra objetivos militares panameños, mientras los enfrentamientos y bombardeos afectaron sectores residenciales, especialmente en El Chorrillo.

El número de fallecidos continúa siendo uno de los aspectos más controvertidos de aquella intervención militar. Estados Unidos reportó 202 civiles y 314 militares panameños muertos, mientras organizaciones de derechos humanos formularon estimaciones considerablemente mayores.

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La ausencia de registros completos y los entierros sin identificación dificultaron establecer un balance definitivo.

Hasta marzo de 2026, el registro de la Comisión 20 de Diciembre contenía 238 fallecidos y desaparecidos confirmados, además de 205 registros bajo investigación que podrían incluir coincidencias con casos ya documentados.  REUTERS/Erick Marciscano

Hasta marzo de 2026, el Registro de Víctimas de la Comisión 20 de Diciembre contenía 443 nombres en distintas etapas de verificación. De ellos, 238 correspondían a fallecidos y desaparecidos confirmados, mientras otros 205 permanecían bajo investigación, aunque algunas entradas podían coincidir con personas previamente registradas.

La Comisión fue creada mediante el Decreto Ejecutivo N.º 121 del 19 de julio de 2016, con el propósito de esclarecer la verdad sobre las víctimas de la invasión. Su labor comprende la recuperación de identidades, la investigación de desapariciones y la reconstrucción documental, en coordinación con organismos forenses y autoridades judiciales.

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La identificación de Roberto Adolfo Aparicio Oliva representa un nuevo avance en una investigación que permanece abierta. Aunque su familia podrá finalmente darle sepultura, todavía existen restos pendientes de identificación y desapariciones sin esclarecer, más de tres décadas después de la intervención militar estadounidense en Panamá.

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El 70% de las entidades obligadas en El Salvador opera sin herramientas automáticas contra el lavado de dinero

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Las organizaciones delictivas en El Salvador encontraron en las nuevas herramientas financieras una vía para movilizar dinero ilícito, un fenómeno que afecta principalmente a personas vulnerables y exhibe las debilidades de control en el sector corporativo. Así lo advirtió Walter Morales, especialista en finanzas y riesgos y director de la consultora Yancor Coaching & Mentory, en un diálogo con Infobae.

Para comprender este escenario, conviene definir con sencillez qué son los activos digitales. Se trata de representaciones de valor que existen únicamente en formato electrónico, como las monedas virtuales, las transferencias por billeteras en teléfonos móviles y cualquier saldo que circule a través de plataformas en internet.

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Aunque estas herramientas agilizan los cobros y pagos cotidianos, también abren la puerta a que redes criminales oculten el origen ilícito de sus fondos si las compañías carecen de controles adecuados.

Uno de los mecanismos que cobró mayor fuerza en los últimos cinco años consiste en reclutar a ciudadanos con ingresos escasos o deudas elevadas para que presten sus cuentas corrientes o billeteras electrónicas.

Estas personas, conocidas en la jerga financiera como mulas, reciben depósitos que luego transfieren a otros destinos o al exterior a cambio de pagos diarios o mensuales.

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De acuerdo con el especialista, la gran mayoría de quienes caen en estas trampas no dimensionan que cometen un delito grave. “En términos de mula financiera, por así decirlo, de diez personas en un proceso involucrado, normalmente siete son mujeres y tres son hombres”, explicó Walter Morales a Infobae. El experto recordó que en un operativo reciente que derivó en 296 órdenes de captura, el 70% de las imputadas correspondió al sexo femenino.

Un usuario confirma una transferencia bancaria desde su teléfono inteligente junto a varios billetes de dólares estadounidenses dispuestos sobre una mesa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A este esquema se suma el fraccionamiento de dinero mediante remesas familiares y aplicaciones de pago, donde los sospechosos dividen montos pequeños, de 150 a 400 dólares, hacia destinatarios sin ningún lazo de parentesco. Además, proliferan empresas ficticias que contratan a personas locales como presuntos directivos o representantes legales con el objetivo de encubrir actividades ilícitas y eludir a la justicia.

Siete de cada diez entidades enfrentan un rezago en tecnología preventiva

El uso de mecanismos modernos como la inteligencia artificial para vigilar operaciones sospechosas presenta una brecha notable en el país. Cerca del 30% del sector, dominado por bancos de capital internacional, cuenta con sistemas automatizados para evaluar riesgos.

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En contraste, el 70% restante, conformado por:

  • Lotificadoras
  • Importadoras
  • Firmas de bienes raíces y pequeños operadores de activos virtuales, supervisa sus transacciones de forma manual o con planillas básicas.

“El problema en este sentido no es el costo de la IA, sino también es la cultura de la gestión de datos. Porque no podemos poner IA donde no tenemos datos limpios”, remarcó el director de Yancor Coaching & Mentory. Para el analista, el paso previo a cualquier automatización exige estructurar los registros internos y capacitar al personal para que detecte patrones fraudulentos.

Frente a este panorama, la normativa salvadoreña impone diversas obligaciones que las compañías deben cumplir con rigor. Morales citó la Ley de Protección de Datos Personales, un estatuto que obliga a resguardar la identidad de los usuarios frente a robos informáticos.

Un sello fechador y un recibo de papel sobre una mesa de madera ilustran el cambio administrativo hacia el almacenamiento de datos en servidores informáticos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque una modificación legislativa suprimió la figura del delegado de protección, el experto recalcó que las exigencias y sanciones penales siguen plenamente vigentes para las entidades privadas.

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El marco legal del país centroamericano comprende también la Ley Especial contra los Delitos Informáticos y Conexos, vinculada a la ciberseguridad, y la Ley de Prevención, Control y Sanción del Delito de Lavado de Activos. El especialista recomendó la realización de auditorías independientes periódicas para verificar los protocolos antes de que intervengan las autoridades estatales.

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