INTERNACIONAL
El Niño y la señal del Pacífico que podría ayudar a prever algunos episodios hasta un año antes

El Niño podría anticiparse con un año de ventaja en ciertos casos, según un estudio que examinó pronósticos de nueve modelos climáticos desarrollados por centros de distintos países. La clave está en el estado del Pacífico al momento de hacer la proyección: cuando atraviesa una fase de La Niña, las señales sobre el evento del año siguiente ganan precisión.
Tres de los nueve modelos lograron prever el pasaje de La Niña a El Niño con más de 70% de acierto a 12 meses. En uno de ellos, la precisión llegó a 82,21%. El resultado podría aportar más tiempo para prepararse ante sequías, inundaciones y otros efectos asociados a los cambios en el Pacífico tropical.
La investigación, publicada en Science Advances, fue liderada por la científica de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO), Nandini Ramesh, junto con especialistas de la Universidad de Melbourne. Los autores advierten que el método todavía no forma parte de los sistemas operativos de alerta y que no todos los pronósticos a un año tienen la misma confiabilidad.
La Niña ofrece una ventana para anticipar el próximo El Niño
El Niño y La Niña son las dos fases extremas del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENSO por sus siglas en inglés. Se originan en las interacciones entre el océano y la atmósfera del Pacífico tropical, pero sus efectos alcanzan a buena parte del planeta.

El Niño se vincula con un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. La Niña, en cambio, está asociada con un enfriamiento de esa misma región. Esas variaciones pueden modificar los patrones de lluvias y temperaturas a miles de kilómetros de distancia.
Para el estudio, los científicos analizaron pronósticos retrospectivos de nueve modelos climáticos desarrollados por centros de distintos países. El conjunto incluyó proyecciones iniciadas entre octubre y enero y evaluó qué fase del ENSO se registraba en el período de mayor intensidad del evento siguiente, entre octubre y febrero.
El dato más relevante fue que tres de los nueve modelos acertaron más del 70% de las veces la transición de La Niña a El Niño con un año de anticipación. En uno de los sistemas examinados, el CESM1-1-CAM5-CMIP5, esa precisión alcanzó el 82,21%.

La conclusión modifica la forma de leer una proyección climática de largo plazo. Hasta ahora, el foco solía estar puesto en cuál modelo ofrecía el mejor rendimiento general. El nuevo trabajo plantea que, antes de decidir cuánto creerle a una advertencia, conviene observar en qué estado se encuentra el Pacífico al comienzo del pronóstico.
El estado neutral del Pacífico complica las proyecciones
La ventaja no se repite cuando el océano se encuentra en una fase neutral, es decir, sin señales claras de El Niño ni de La Niña. En esos casos, los modelos dinámicos mostraron un desempeño mucho menor al intentar anticipar qué ocurrirá un año más tarde.
Los investigadores encontraron que los pronósticos emitidos desde una condición neutral tuvieron una precisión de entre 23% y 43%, según el modelo. Como referencia, una proyección básica construida solo a partir del comportamiento histórico del sistema alcanzaba una precisión del 61% en esas situaciones.

Esto implica que, bajo ciertas condiciones neutrales, un tomador de decisiones podría obtener mejores resultados si se guía por los patrones históricos que si toma como definitiva una proyección de un modelo climático inicializado. El estudio detectó que esos sistemas tienden a generar falsas alarmas, sobre todo cuando anticipan La Niña o El Niño después de un período neutral.
El contraste fue marcado en el CESM1-1-CAM5-CMIP5. Mientras sus pronósticos de un pasaje de La Niña a El Niño resultaron correctos en 82,21% de los casos, cuando anticipó una La Niña a partir de una fase neutral acertó solo 8,94% de las veces.
La diferencia ayuda a entender el aporte de la investigación. La nueva herramienta no pretende reemplazar los pronósticos existentes con una única predicción anual. Propone, en cambio, acompañarlos con una medida de confianza: determinar qué tipo de transición está proyectando el modelo y revisar qué tan bien funcionó esa clase de aviso en el pasado.
La barrera de primavera limita los pronósticos tradicionales
Prever el ENSO no es sencillo. Los eventos suelen alcanzar su pico entre fines de año y el comienzo del siguiente, pero la capacidad de los modelos para anticiparlos disminuye durante los meses de marzo a mayo en el hemisferio norte. Ese período recibe el nombre de “barrera de predictabilidad de primavera”.

En esa época, pequeñas alteraciones en el Pacífico tropical pueden cambiar de manera considerable la evolución del sistema. Por eso, aunque los servicios meteorológicos suelen emitir proyecciones estacionales con varios meses de margen, extender ese horizonte hasta un año mantiene un alto nivel de incertidumbre.
El nuevo análisis muestra que esa barrera no afecta de la misma manera a todos los escenarios. Las proyecciones iniciadas durante La Niña conservaron una capacidad predictiva comparable a la de los pronósticos operativos emitidos con apenas tres o cuatro meses de antelación, según la comparación realizada por los autores.
Una posible explicación está en la propia evolución de La Niña. A diferencia de El Niño, que con frecuencia se disipa con rapidez hacia el final del verano boreal, las anomalías frías pueden mantenerse durante más tiempo. Esa persistencia ofrecería una señal más clara sobre la temperatura del océano y la energía acumulada en el Pacífico tropical.
Los investigadores también consideran que durante La Niña puede haber menos variabilidad atmosférica aleatoria, un factor que facilitaría la predicción. De todos modos, las causas físicas de esta mayor capacidad de anticipación todavía requieren más estudio.
Los científicos analizaron 7.500 pronósticos a un año
La base de datos usada reúne simulaciones climáticas retrospectivas de una década, iniciadas cada año entre 1961 y alrededor de 2020. En total, el archivo contiene 125 miembros de conjuntos de pronóstico entre los nueve modelos analizados.

Para evaluar la proyección a un año, el equipo examinó más de 7.500 pronósticos iniciales. Si se cuentan todas las transiciones anuales dentro de las simulaciones de diez años, el conjunto suma 67.500 casos. Los datos de temperatura de la superficie del mar provinieron de registros de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.
El estudio clasificó cada año en tres categorías —La Niña, neutral o El Niño— a partir del índice Niño 3.4, que mide las anomalías de temperatura en una zona central del Pacífico ecuatorial. Esa definición coincidió en gran medida con la categorización de la NOAA para los eventos registrados desde 1960.
Los resultados mostraron que la fase de partida pesa más que las diferencias generales entre los modelos. Es decir, un modelo considerado más preciso en promedio puede emitir una proyección poco fiable si parte de un estado neutral, mientras que otro puede dar una señal útil si el Pacífico estaba bajo La Niña.
El método no forma parte de las alertas oficiales
La aplicación práctica podría alcanzar a sectores sensibles a las variaciones del clima, como la agricultura, la gestión del agua, la prevención de desastres y la salud pública. Una señal más confiable con un año de margen permitiría anticipar decisiones ante la posibilidad de sequías, lluvias intensas o cambios en las temperaturas.

El impacto económico de estos avisos también es amplio. El artículo señala que los pronósticos estacionales influyen sobre actividades y activos valuados en alrededor de USD 13 billones a escala global, desde mercados agrícolas hasta sistemas de seguros y planificación de infraestructura.
Aun así, el trabajo plantea límites claros. Los autores analizaron proyecciones retrospectivas de modelos climáticos y no un sistema de alertas que ya esté en funcionamiento. Además, observaron que la precisión de las transiciones baja por debajo del 50 % en todos los casos al extender el horizonte al segundo año.
La única excepción consistente a dos años fue la capacidad de prever la ausencia de un nuevo El Niño durante los dos años posteriores a un El Niño. Para los científicos, ese resultado podría ser útil ante el riesgo de períodos prolongados con condiciones frías en el Pacífico, vinculadas con sequías de varios años en regiones subtropicales.
El próximo paso será comprobar cómo puede incorporarse esta lectura de confianza a los sistemas de predicción utilizados por las agencias meteorológicas y evaluar si métodos estadísticos o de aprendizaje automático mejoran los resultados cuando el Pacífico parte de un estado neutral.
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INTERNACIONAL
La mortalidad infantil en Cuba se disparó un 147% en siete años: cesáreas demoradas, bebés sin oxígeno y hospitales con aguas negras

Cuba cerró 2025 con una tasa de mortalidad infantil de 9.9 muertes de menores de un año por cada 1,000 nacidos vivos, mientras madres y familiares denunciaron demoras en cesáreas, falta de medicamentos y condiciones deficientes en hospitales.
El deterioro del Programa de Atención Materno Infantil coincide con menos nacimientos y con una intervención internacional destinada a reforzar servicios obstétricos y neonatales, según Diario de Cuba.
Los 68,051 nacidos vivos comunicados de manera preliminar por el Ministerio de Salud Pública representaron 3,108 menos que en 2024. Aplicada a ese total, la tasa infantil equivale a unas 674 muertes de bebés menores de un año, una estimación derivada de ambos indicadores y no una cifra oficial de fallecimientos divulgada por separado.
La situación contrasta con los registros de 2017 y 2018, cuando el indicador era de cuatro muertes por cada 1.000 nacidos vivos. El salto respecto de 2018 fue del 147.5%.
La Organización Panamericana de la Salud reconoció en abril de 2026 la tendencia de deterioro de los indicadores cubanos, aunque sostuvo que el país mantenía resultados superiores a los promedios regionales.
La tasa preliminar cubana superó la de Chile, de 5.9 por cada 1,000 en ese año; Argentina había registrado 8.5 en 2024, y Costa Rica informó 8.56 entre noviembre de 2024 y octubre de 2025.
Cesáreas demoradas y muertes neonatales
Más de 24 horas de trabajo de parto precedieron el nacimiento de la hija de Dania, residente en Nuevitas cuya identidad fue modificada a pedido suyo. La bebé nació en el Hospital Materno de Camagüey con bajo peso y niveles muy bajos de oxígeno y glucosa, por lo que pasó varios días en una incubadora.

La madre afirmó que la intervención llegó demasiado tarde: “La niña nació azul, no respiraba, pensé que se moría”. También atribuyó las complicaciones a la demora para practicarle una cesárea: “Todo por la misma razón, por una decisión tardía, el equipo no quería hacer la cesárea, y la tuvieron que hacer, en el último momento”.
La hija de Dania sobrevivió, pero el hijo de Alina, otro nombre utilizado para preservar la identidad de la entrevistada, murió antes de que se realizara la operación. La mujer ingresó un sábado por la tarde con escasez de líquido amniótico y señaló que los especialistas la atendieron recién el lunes.
“Para resumir una historia que me sigue martirizando, me hicieron la cesárea cuando el niño ya había fallecido”, relató Alina. Tras años de intentos para quedar embarazada, describió la pérdida como un golpe para toda su familia: “Era el niño más deseado y esperado”.
Las denuncias de familiares incluyeron otros casos ocurridos en Camagüey. En septiembre de 2025, Leydys Marian Guerrero González denunció que su hija murió luego de que el personal del Hospital Ginecobstétrico Ana Betancourt demorara la atención ante la escasez de líquido amniótico y realizara la cesárea cuando la bebé ya había fallecido.
El periodista independiente José Luis Tan Estrada difundió ese caso en redes sociales. Un mes antes, Lianet Barranco había cuestionado la respuesta médica después de la muerte de su hija, tras presentar síntomas de alarma durante el embarazo.

Camila Leyva Obregón, residente en Bayamo, contó en enero de 2025 que pasó horas perdiendo líquido amniótico antes de recibir atención para el parto. Su bebé desarrolló complicaciones y murió a los 11 días de nacido.
Otra muerte neonatal fue reportada el 12 de octubre de 2026 en el Hospital Materno de Camagüey, a partir de fuentes consultadas por Tan Estrada. La inducción del parto se prolongó más de 24 horas y el recién nacido sufrió broncoaspiración de líquido amniótico meconial, hipertensión pulmonar y fallo multiorgánico.
El periodista denunció además más de 15 fallecimientos de recién nacidos en ese hospital entre enero y mayo de 2026. También señaló filtraciones de aguas albañales desde un baño de la planta superior hacia zonas cercanas a los bebés, presencia de insectos y falta de medicamentos para combatir infecciones.
El 29 de abril de ese año, Tan Estrada informó que embarazadas aguardaban para dar a luz en los pasillos de la Sala A, en un contexto de hacinamiento, calor y falta de higiene. Las denuncias familiares no determinan por sí solas la existencia de negligencia médica, pero exponen cuestionamientos sobre las demoras, la atención de síntomas de alarma y las explicaciones recibidas.
Diferencias territoriales y falta de medicamentos
La tasa de mortalidad infantil mostró contrastes dentro del país: La Habana registró 14,2 muertes por cada 1,000 nacidos vivos en 2025 y Camagüey, 12,4, de acuerdo con indicadores demográficos de la Oficina Nacional de Estadística e Información. Pinar del Río notificó 4,7.
La disponibilidad de tratamientos esenciales también fue cuestionada por familias de recién nacidos. Beba Cabrera denunció que su nieta, nacida el 28 de septiembre de 2025 en el Hospital Hijas de Galicia de La Habana, murió tras una hemorragia grave.
Los médicos diagnosticaron un déficit de vitamina K, necesaria para la coagulación de la sangre, según explicó el doctor Lucio Enriquez Nodarse. La familia sostuvo que el hospital no disponía del medicamento que se administra a los bebés para prevenir esas hemorragias.

La niña recibió transfusiones y ventilación mecánica, pero murió el 1 de octubre. Sus familiares afirmaron además que, tras el parto, el personal les pidió 5.000 pesos para garantizar una cama para la madre.
Las muertes alcanzaron también a mujeres embarazadas. La mortalidad materna subió de 40,6 fallecimientos por cada 100.000 nacidos vivos en 2024 a 44,1 en 2025, un aumento aproximado de 8,6%, según precisó el Ministerio de Salud Pública.
La diferencia absoluta fue de una muerte materna adicional. Aunque la reducción de nacimientos incide en el cálculo de la tasa, el número de mujeres fallecidas aumentó en un año con menos nacidos vivos.
En febrero de 2022, los familiares de Yanelis Medina Cardoza, de 30 años y con un embarazo avanzado, denunciaron irregularidades en la atención que recibió en La Habana. Según su testimonio, perdió al bebé después de una cesárea de urgencia y luego ella también murió.
Laura Castillo Zulueta falleció en mayo de 2024, a los 29 años y con 25 semanas de gestación. Su madre, Janet Zulueta Curbelo, denunció presuntas negligencias en el Hospital Hijas de Galicia antes del traslado de la joven al Hospital Nacional.
La dirección del centro rechazó las acusaciones y sostuvo que las complicaciones estaban relacionadas con una enfermedad previa, la enfermedad de Hirschsprung. También dio una versión diferente sobre las circunstancias del traslado y difundió información clínica de Laura para responder a la familia, una decisión que generó cuestionamientos sobre la privacidad de los datos de la paciente.
Daniela Aurora Ochoa Hernández, de 22 años, murió junto con su bebé en diciembre de 2025 en el Hospital Roberto Rodríguez de Morón, en Ciego de Ávila. Sus familiares, citados por la activista Idelisa Diasniurka Salcedo y el Observatorio de Género de Alas Tensas, indicaron que había acudido con dolor intenso de cabeza y entumecimiento de las extremidades.
La joven sufrió convulsiones y fue sometida a una cesárea de emergencia, pero los médicos no lograron salvarla ni al recién nacido. La familia cuestionó la evaluación inicial y las demoras para recibir atención especializada.
Dos millones de euros para reforzar la atención materna
La Unión Europea financia con dos millones de euros un proyecto conjunto de la Organización Panamericana de la Salud, UNICEF y el Fondo de Población de las Naciones Unidas para fortalecer la atención materna y neonatal en Cuba. La iniciativa, anunciada en mayo de 2026, prevé alcanzar directamente a 310.685 personas.

El programa se denomina Salvar vidas al nacer: Prestación de Atención Vital Materna y Neonatal en Cuba y se desarrolla junto al Ministerio de Salud Pública en La Habana, Santiago de Cuba, Granma, Las Tunas, Holguín y Guantánamo.
La OPS vinculó el deterioro de los indicadores de salud materna y neonatal con la crisis prolongada del país, los problemas energéticos, los eventos climáticos recurrentes y los daños provocados por el huracán Melissa en octubre de 2025. Sus prioridades incluyen medicamentos e insumos esenciales, servicios obstétricos y neonatales de emergencia, rehabilitación de infraestructura, agua segura y saneamiento.
Maylin Fernández Suris, abogada de Diario de Cuba especializada en políticas sociales, sostuvo que las revisiones internas de los hospitales no bastan para responder a las familias. “Los hospitales cuentan con mecanismos internos para revisar fallecimientos y posibles deficiencias. Pero las familias necesitan algo más que una investigación administrativa: conocer las causas, acceder a información médica, recibir explicaciones suficientes y disponer de vías efectivas para reclamar cuando existan indicios de responsabilidad”.
La letrada planteó que la respuesta estatal debe incluir suministros, servicios básicos, capacidad de atención, información pública y mecanismos de reclamación. “Las familias tienen derecho a conocer las circunstancias de la muerte de sus seres queridos y a reclamar cuando existan indicios de responsabilidad”, afirmó.
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INTERNACIONAL
Second Amendment fight moves beyond guns with Supreme Court poised for big ruling

Two federal court rulings Wednesday extending Second Amendment protections to switchblade knives and body armor have fueled optimism among gun-rights advocates ahead of a major Supreme Court showdown over bans on AR-15-style rifles.
The Fifth Circuit Court of Appeals ruled that a federal law restricting the interstate commerce of switchblade knives violated the Second Amendment, while a federal judge in the Western District of New York struck down New York’s restrictions on personal body armor. In both cases, the courts determined that switchblades and body armor qualify as constitutionally protected «arms.»
The twin rulings come as the Supreme Court prepares to hear oral arguments in Viramontes v. Cook County, a case that could determine whether AR-15-style rifles qualify as «arms» protected by the Second Amendment.
National Association for Gun Rights President Dudley Brown, whose organization filed an amicus brief in Viramontes, said a Supreme Court ruling against AR-15 bans could influence future legal challenges to restrictions on ammunition magazines, automatic knives, body armor and other defensive equipment.
«The interesting thing about both of these cases is that they’re both going to be really decided by the U.S. Supreme Court in the Viramontes decision,» Brown told Digital.
SUPREME COURT UNANIMOUSLY LIMITS USE OF GUN LAW USED TO PROSECUTE HUNTER BIDEN
The recent rulings rely on two major Supreme Court decisions defining the scope of the Second Amendment: District of Columbia v. Heller and New York State Rifle & Pistol Association v. Bruen — both of which will play a key role in the Supreme Court’s review of AR-15-style rifle bans.
In its 2008 decision in Heller, the Supreme Court established that the Second Amendment protects an individual right to possess firearms for lawful purposes, including self-defense. The Court also ruled that the amendment protects weapons in lawful common use while acknowledging a longstanding tradition of restricting «dangerous and unusual» weapons.
Heller recognized that the term «arms» encompasses both offensive weapons and defensive armor. The decision did not address switchblades or body armor directly but the recent rulings relied on its broader understanding of what may qualify as an arm.
The decisions also reveal how Bruen ’s text-and-history test could shape the Supreme Court’s review of bans on AR-15-style rifles.
Under Bruen, courts first determine whether the Second Amendment’s text covers the weapon or conduct at issue. Because both courts answered that question affirmatively, the burden shifted to the governments to show that the restrictions were consistent with the nation’s historical tradition of arms regulation.
George Lyon, a Second Amendment attorney, said the governments in both cases failed to identify sufficiently similar historical laws justifying the modern restrictions.
ATF SUSPENDS FEDERAL REGISTRATION AND APPROVAL RULES FOR CERTAIN FIREARMS
«Once what you want to do is shown to come within the text of the Second Amendment, the presumption is that the regulation is unconstitutional,» Lyon said.
The Fifth Circuit found that switchblades are commonly used «arms» protected by the Second Amendment, citing their historical use for defense and everyday purposes. It then ruled that the government had failed to identify a sufficient historical tradition for the Federal Switchblade Act’s specific restrictions on interstate commerce, which regulated switchblades in a way that differed from historical laws.
In the New York ruling, the state argued that body armor was a tactical accessory to a firearm rather than an «arm» protected by the Second Amendment. The judge rejected that argument, finding that body armor falls within the historical definition of arms recognized in Heller. The court then concluded that New York had not shown a sufficient historical tradition supporting its civilian purchase ban.
That reasoning could become important in Viramontes, where the Supreme Court is being asked to decide whether AR-15-style rifles fall within the definition of protected arms recognized in Heller.
GUN RIGHTS GROUPS CAPITALIZE AFTER JUDGE REVERSES DECADES-OLD RESTRICTIONS: ‘MONUMENTAL’
The case arises from a challenge to Cook County’s assault-weapons ban. The Seventh Circuit concluded that AR-15-style rifles were comparable to machine guns and therefore fell outside the category of arms protected by the Second Amendment. The Supreme Court’s decision could resolve whether that reasoning is consistent with Heller and Bruen.
Lyon said the Seventh Circuit improperly treated AR-15-style rifles as comparable to machine guns.
«The current case at the Supreme Court, Viramontes, will address that because the Seventh Circuit had taken the position that because AR-15s are ‘like machine guns,’ they don’t constitute an arm as defined under Heller,» Lyon said. «That was just totally wrong in my view.»
Justin Davis, director of public affairs for the National Rifle Association, said the dispute over AR-15-style rifles is part of a broader legal fight over what qualifies as an «arm» under the Second Amendment.
«There’s a major discussion going on in the courts about what is and what aren’t arms,» Davis said.
Davis pointed to litigation involving suppressors, ammunition magazines, stun guns, pepper spray and other equipment used for self-defense.
«They talk about how the Second Amendment only applied to muskets because that’s what existed at the time of the Founders, but we don’t apply the First Amendment only to newspapers, books or speech in public forums,» Davis said. «Social media, texting and phones didn’t exist at that time, either.»
«The world evolves, but the core fundamental rights never change,» Davis continued.
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INTERNACIONAL
La radiación que enfrentarán los astronautas en futuras misiones a la Luna: el hallazgo de Artemis I que ajusta los cálculos de riesgo

A bordo de la nave Orión, dos maniquíes equipados con miles de sensores atravesaron el entorno lunar sin tripulación humana. Los registros de esa misión confirmaron que la radiación cósmica cerca de la Luna supera la exposición de los astronautas en la órbita terrestre baja, aunque la distancia entre ambos escenarios resultó menor de la que anticipaban los investigadores.
Los datos fueron recogidos durante Artemis I, la misión no tripulada que llevó la cápsula de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA) alrededor de la Luna entre finales de noviembre y comienzos de diciembre de 2022. El análisis, publicado recientemente en la revista Radiation Measurements, aportó referencias para calcular los riesgos de futuras expediciones humanas fuera de la protección del campo magnético terrestre.
Más de 10 mil pequeños detectores fueron ubicados dentro de dos modelos con forma humana que viajaron en Orión. El objetivo consistió en medir de qué manera la radiación espacial alcanzaría distintas zonas del cuerpo de un astronauta durante un viaje lunar.

Entre esos instrumentos había detectores experimentales de fluoruro de litio, desarrollados por el Instituto de Física Nuclear Henryk Niewodniczański de la Academia Polaca de Ciencias (IFJ PAN), con sede en Cracovia. El equipo polaco también aportó cerca de 600 detectores termoluminiscentes, otra tecnología empleada para medir la radiación.
La radiación cerca de la Luna fue mayor, pero la diferencia no resultó tan amplia
La comparación con la órbita terrestre baja tiene una explicación ligada al escudo natural del planeta. En torno a la Tierra, los astronautas reciben parte de la radiación de protones de baja energía atrapados en los cinturones de Van Allen, regiones dominadas por el campo magnético terrestre.
Cerca de la Luna, esos cinturones no existen. Allí cobra mayor peso la radiación cósmica galáctica, formada por partículas de alta energía que llegan desde fuera del Sistema Solar. Estas partículas pueden atravesar el cuerpo humano y depositar energía a medida que avanzan por los tejidos.

El profesor Paweł Bilski, coautor del estudio e investigador del IFJ PAN, explicó que las mediciones modificaron una expectativa inicial. “Las dosis totales cerca de la Luna son más altas que las de la órbita terrestre debido a los considerables niveles de radiación galáctica, pero la diferencia no es tan grande como cabría esperar intuitivamente”, afirmó.
El hallazgo no implica que el viaje lunar carezca de riesgos. La exposición a radiación ionizante puede dañar células y aumentar amenazas para la salud durante misiones prolongadas. La novedad está en que las mediciones directas alrededor de la Luna permiten ajustar mejor los modelos que estiman las dosis que recibirían los astronautas.
Los maniquíes de Artemis I registraron una dosis distribuida de forma uniforme
La posición de los detectores dentro de los modelos humanos permitió observar otra diferencia entre el entorno terrestre y el lunar. Durante experimentos anteriores en la Estación Espacial Internacional, la radiación no se repartía de manera pareja dentro de los maniquíes porque los protones de baja energía perdían su fuerza a distintas profundidades.

En las proximidades lunares, las partículas galácticas tienen una energía mucho mayor. Por esa razón, pueden atravesar el cuerpo en lugar de concentrar su efecto en una sola capa. En otras palabras, la dosis quedó distribuida de forma más uniforme dentro de los maniquíes que viajaron en Orión.
“Los protones de baja energía, atrapados por el campo magnético de nuestro planeta dentro de los cinturones de Van Allen, pueden explicar la mayor parte de la dosis de radiación que reciben los astronautas en órbita terrestre baja”, señaló Bilski. El investigador añadió que, en el entorno lunar, esa contribución desaparece y gana presencia la radiación galáctica.
Este resultado ofrece información para el diseño de trajes, cápsulas, hábitats y protocolos de protección. Las futuras misiones deberán enfrentar un tipo de radiación distinto al que predomina en la órbita de la Tierra, donde se encuentra la Estación Espacial Internacional.

Los cristales de fluoruro de litio funcionaron como una película fotográfica
Los dispositivos analizados por el equipo de Cracovia son detectores pasivos de fluoruro de litio. No transmiten información en tiempo real, sino que conservan las huellas de las partículas que los atravesaron. Su funcionamiento se asemeja al de una película fotográfica: la exposición deja una señal que luego se estudia en el laboratorio.
Cuando una partícula de radiación ionizante cruza el cristal, altera de forma mínima su estructura interna. Esas alteraciones, conocidas como centros de color, reaccionan luego ante una luz azul y emiten fluorescencia roja. Los científicos observan esa señal con un microscopio para reconstruir el paso de las partículas.
“Una vez que los cristales han sido expuestos a la radiación, las huellas dejadas por las partículas individuales deben analizarse ópticamente bajo un microscopio”, explicó Bilski.
Los detectores convencionales de trazas suelen fabricarse con plástico y requieren un proceso químico antes de su lectura. Los cristales de fluoruro de litio evitaron ese paso. El grupo de investigación destacó que un microscopio de fluorescencia estándar permitió observar las huellas sin necesidad de aplicar grabados químicos.
El nuevo método detectó partículas por debajo del límite de tecnologías anteriores

El reto no estuvo en encontrar las marcas, sino en traducirlas en medidas precisas. La radiación cósmica llega desde múltiples direcciones y contiene partículas de distintos tipos y energías. Esa variedad genera trazas con apariencias diferentes: algunas forman líneas nítidas y otras dejan puntos separados.
Para resolver el problema, los investigadores diseñaron correcciones y un programa informático destinado a reducir el ruido de fondo de las imágenes. Luego compararon los resultados con los obtenidos mediante detectores convencionales.
“Nuestros resultados difirieron en no más del 15% de los obtenidos con detectores de trazas convencionales”, indicó Bilski. El equipo también informó que los cristales identificaron numerosas trazas asociadas con depósitos de energía inferiores al umbral de detección de los sistemas empleados hasta ahora.
Los detectores son de tamaño milimétrico, frente a los dispositivos convencionales que pueden medir centímetros. Según el IFJ PAN, esa característica facilita su incorporación a equipos portátiles y permite estudiar un rango más amplio de partículas y energías. Algunos cristales enriquecidos con litio-6 también pueden registrar neutrones, partículas sin carga eléctrica que exigen métodos de detección específicos.
La investigación formó parte del Matroshka AstroRad Radiation Experiment (MARE), un proyecto internacional destinado a comprender la exposición de los astronautas fuera de la magnetosfera terrestre. La magnetosfera es la región dominada por el campo magnético de la Tierra, que desvía una parte de las partículas cargadas procedentes del espacio.
Artemis I constituyó una prueba de vuelo para la cápsula Orión y para sistemas que la NASA prevé utilizar en sus próximos programas lunares. A diferencia de esa misión de 2022, los vuelos posteriores contemplan tripulación humana, lo que aumenta la necesidad de conocer con precisión las condiciones de radiación.
La investigación de los físicos polacos contó con financiación del Centro Nacional de Ciencias de Polonia, a través de su programa OPUS. Los resultados del experimento MARE suman mediciones directas para evaluar qué protección necesitarán las personas que viajen, trabajen o permanezcan durante períodos prolongados en las cercanías de la Luna.
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