POLITICA
El momento bisagra para Milei

Los procesos políticos y económicos se desenvuelven a partir de hechos y datos constatables, pero también por percepciones y expectativas etéreas. Se construyen a partir de indicadores fácticos, pero cobran dimensión en la subjetividad de las sociedades. Se edifican en esas sensaciones de que un país está bien o mal, o de que un programa de gobierno puede considerarse exitoso o no. La Argentina se encuentra en tensión entre esas dos pulsiones, en un momento bisagra que define si está en un punto de inflexión o en un punto de no retorno. El instante de quiebre.
La reunión de la mesa política de este martes condensó en parte estas miradas. Fue la primera vez en varias semanas que estaban todos sus integrantes, tras suspensiones y ausencias. Tenía un significado especial. El actor que movió la partida volvió a ser Luis Caputo. El ministro hizo un relato sombrío del diagnóstico mundial que escuchó en Tailandia, donde participó de la cumbre del FMI y el Banco Mundial.
Guerras sin fin que impactan en el precio de los combustibles, explosión social en Europa, perspectivas de menor crecimiento y mayor inflación a nivel global. Un cuadro amenazante que le sirvió para plantear que si bien la Argentina está mejor preparada que en otras oportunidades, va a sufrir los efectos de la inestabilidad internacional. Y a partir de ese razonamiento, esgrimió por enésima vez -pero según testigos con más énfasis- que era imperativo un acuerdo urgente con los gobernadores.
En la intimidad, el ministro de Economía abandonó el tono eufórico para pasar a un modo más realista. Contagió al propio Presidente, quien terminó por admitir que “los indicadores de Argentina no estarían evolucionando tan positivamente como esperábamos en un primer momento”. Una versión inédita de Javier Milei, pero más en línea con los datos de la semana: un Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que avanzó en agosto solo 0,1% y dejó al país al borde de la recesión; un consumo masivo que retrocedió 1,2% en septiembre, según la consultora Scentia; y un riesgo país que perforó el techo de 700 puntos.
En la cúpula del Gobierno hay figuras importantes que empiezan a dudar de las posibilidades de reactivación económica, sin que medie algún tipo de estímulo adicional. Públicamente lo desarrolló Patricia Bullrich, pero hay otros que lo hacen en reserva. Es el “grupo Ozempic”. En esas conversaciones proliferan ideas alternativas que respeten las líneas rojas de Milei, que van desde una política más activa en la promoción de créditos, a un régimen de beneficios para pymes (aunque ya rige el RIMI, el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones, aún sin efecto) o una moderación de la baja de subsidios a las tarifas.
Es un debate meramente intelectual porque todo depende de que Caputo adopte el tema y, sobre todo, de que atraviese el filtro de Milei, quien siempre está apuntalado por Federico Sturzenneger. En este sector se imaginan una reactivación natural de la economía (en oposición al “grupo Ozempic”), de la cual ya creen ver indicadores, como cierta recuperación del salario frente a la inflación, un retroceso de la mora y un atisbo de reversión en la caída de la recaudación.
El dato central es que el plan económico, que hasta ahora era una tabla escrita en piedra, está en el centro de una discusión interna inocultable. Pero el Gobierno está en una encerrona, porque el programa no permite flexibilidades sin adulterar su naturaleza. Este es el programa que Milei quiere representar. Esa rigidez fue una virtud para lograr los objetivos macroeconómicos iniciales, pero hay quienes piensan que se convirtió en un problema para amplios sectores de la economía real. Es indudable que el impacto del modelo libertario este año fue muy superior al de los dos anteriores. La discusión que dio Milei por la gente que no llega a fin de mes fue una representación grotesca de esta tensión.
En la mirada de Caputo, la única manera de dar certezas es a través de un acuerdo con los gobernadores, y ese mensaje solo se logrará a partir de la suspensión de las PASO. El tema de las primarias dejó de ser solo una cuestión electoral, es una prueba de gobernabilidad. Representa la capacidad de la gestión libertaria de lograr mayorías para un proyecto emblemático.
Por eso esta semana la cuestión se discutió con más dureza. Karina Milei, acompañada por los Menem, repite que coincide en pactar con los gobernadores, pero anticipa que hay que postergar los acuerdos electorales para el año próximo. Es decir, que voten ahora las PASO, y después ver caso por caso la estrategia en cada provincia. Diego Santilli asegura que tiene los votos en el Senado, pero no terminan de plasmarse. Quizás le pesa la tímida generosidad política de Karina y las restricciones económicas que le impone Caputo. Bullrich ya avisó que ella no puede hacer nada hasta que no haya un arreglo con los jefes provinciales.
En la Casa Rosada observan a la senadora con desconfianza ante sus movimientos cada vez más desafiantes, pero entienden que hay un pacto implícito con Milei para que haga su juego. Ella todo el tiempo les envía mensajes a sus votantes, a los que intuye identificados con el rumbo general, pero no con la rigidez actual.
Por ahora, hay una dinámica de complementariedad: ella colecta lo que se le escapa a Milei. Pero en su cabeza no está descartada la idea de la suplantación: un Milei declinante que no pueda ir por su reelección, que le libere el camino a ella. “Lo que no nos puede pasar es que vayamos para atrás, como nos ocurrió con Macri. Si no hay reelección, algo hay que hacer”, argumentan cerca de Bullrich. “Mileismo sin Milei”, la fórmula que el propio Presidente descartó esta semana. Las provocaciones de Bullrich meten mucho ruido dentro del Gobierno; pero Milei bajó la orden de no confrontar. La quiere mantener adentro.
Con una ayudita de los amigos
Las dudas sobre el momento económico fueron también parte de las conversaciones que mantuvieron el subsecretario de Estado norteamericano, Christopher Landau, y el responsable del Hemisferio Occidental, Juan Carlos Segura, durante su visita a Buenos Aires esta semana. En una de esas charlas se profundizó en el tema de las dificultades de la transición que atraviesa la Argentina. Ahí se volvió a hablar de la disposición del gobierno de Donald Trump a aconsejarle un waiver al FMI para las metas fiscales del año próximo, como un modo de ayudar electoralmente a Milei. En el propio Departamento de Estado admiten que analizan con el Tesoro diversas opciones de ayuda directa en el caso de que haga falta, como el año pasado.
Incluso en los pasillos por fuera de las reuniones que mantuvieron ambos funcionarios corrió una versión, tan relevante como difícil de constatar: que la Secretaría del Tesoro y el FMI estarían trabajando en un paquete para garantizar el financiamiento de todo el 2027, a fin de que el Gobierno pueda conservar sus reservas para enfrentar probables turbulencias cambiarias. Demasiado bueno para ser verdad, debe pensar Caputo.
Pero la visita de Landau y Segura tuvo un telón de fondo que atravesó varias de las conversaciones, que fue la discrepancia por el proyecto de Ley de Soberanía. El gobierno norteamericano pidió que la iniciativa, que incluye un capítulo de sanciones para las empresas que intervengan en la explotación petrolera en las aguas de Malvinas, fuera frenada temporalmente, hasta que los abogados de la Casa Blanca lo evaluaran. Peter Lamelas fue uno de los que transmitió el mensaje.
El planteo sorprendió porque las compañías que habían manifestado su preocupación habían abierto un diálogo con el Gobierno y con el Congreso para introducir ajustes que permitieran avanzar la próxima semana en comisión. Las ideas centrales giraban en torno de adoptar una redacción menos laxa a la hora de establecer la cadena de posibles responsables, y de incorporar una cláusula de salida, para que las firmas que están involucradas en las tareas en Sea Lion pudieran optar por operar en Vaca Muerta, antes de ser sancionadas.
El proyecto encuentra al oficialismo muy disperso. Al ser una iniciativa gestada por Santiago Caputo y codificada por la secretaria legal y técnica, María Ibarzabal, no cuenta con el entusiasmo de Martín Menem, el cosechador de votos en la Cámara de Diputados. Este ruido lo percibieron varios de los actores involucrados. Tampoco el canciller Pablo Quirno está muy feliz de recibir la queja de EE.UU. por una propuesta en la que él no intervino. De hecho no hubo nadie de Cancillería el día que se presentó el proyecto en el Congreso; solo Ibarzabal fue en representación del Gobierno. Pero hay un dato a tener en cuenta: el tema también tiene partido al peronismo, donde hay un sector a favor del rechazo directo, y otro que prefiere no dejarle la bandera a LLA y propone desafiarlo con un endurecimiento de medidas aun mayor.
Mientras se dan estos debates, el primer ministro británico, Andy Burnham, está hiperactivo con el tema. Volvió a hablar el viernes del asunto con Trump, quien enfrió sus gestos hacia la Argentina. Además el premier ayer operó sobre el eje Chile, en una charla con el presidente José Antonio Kast, donde habló de “fortalecer las capacidades militares”.
La malvinización de la política exterior también se percibió esta semana en lo que originalmente había sido concebido como el Argentina Week en Londres y que terminó achicharrado en un Argentina Day. Lo impulsaba Luis Caputo como un modo de atraer inversiones en sus esfuerzos reactivadores, pero la Cancillería le puso un hielo porque se interponía con la nueva doctrina que emergió tras la cadena nacional de Milei. Conclusión: solo viajó el secretario de Energía, Luis Lucero, que depende del ministro de Economía.
Todo el tiempo aparecen en el Gobierno líneas de intereses entrecruzadas y superpuestas, por el plan económico, por el acuerdo con los gobernadores, por la Ley de Soberanía, por la relación con EE.UU. y Gran Bretaña. Este desorden le quita eficacia al paso de la gestión.
Pero el chisporroteo en torno de Malvinas fue apenas un susurro al lado del estruendo que causó Milei con España. Fue tan tormentoso su paso por Madrid que, según trascendió en pasillos diplomáticos, Pedro Sánchez evalúa convocar a consultas a su embajador en la Argentina, Joaquín María de Arístegui, como había hecho en 2024 con su antecesora, María Jesús Alonso. Hasta ahora lo habría frenado una gestión del canciller José Manuel Albares.
Más allá del estupor que provocó el torbellino Milei en la campaña española, y el aprovechamiento que hizo Sánchez de su iracundia, quedó un sedimento de inquietud por el comportamiento presidencial. Quienes en su entorno hace un tiempo trataban de explicar racionalmente sus actitudes, ahora no quieren traducirlo más. Por momentos dejaron de entenderlo. Se transformó en un jugador impredecible incluso para ellos. Cada vez menos acceden al Milei dispuesto al diálogo franco que solía habilitar. Hoy es un hombre con cicatriz. Sus últimas agresiones contra el periodismo lo certifican.
Mensajes desde París
Las dudas que el desempeño económico derramó sobre las chances electorales de Milei excitaron a un peronismo que empezó a desperezarse. La novedad de los últimos días fue la reactivación pública de Sergio Massa, quien hasta ahora venía operando en la trastienda. Hizo trascender su encuentro con Cristina Kirchner y se reunió con rectores universitarios y sindicalistas. Dejó frases sugestivas, como si nadie supiera que quiere volver a ser candidato. Pareció asumirlo cuando admitió varias veces que arrastra “un problema con la sociedad”. Solo alcanza con ver su imagen en las encuestas para darle la razón.
El motivo esencial por la que Massa resolvió salir a escena es que percibía demasiado cómodo a Axel Kicillof como candidato único. Esa interpretación es la que buscó desinstalar. Contó para ello con el guiño de Cristina, pero sin que haya habido un pacto. Ambos comparten un objetivo táctico, aun cuando la expresidenta siga en la búsqueda del postulante ideal.
Massa abandonó su posición tradicional de “prenda de unidad” para pararse en un lugar más nítido. La consecuencia natural fue que Juan Grabois se corrió del cuadrante cristinista y se asoció con Kicillof. “Empezamos a entender que el candidato que mejor posicionado está para ganarle a Milei, es Axel”, explican al lado del diputado. No muy lejos de Massa también se activó el senador Gerardo Zamora, a quien algunos gobernadores lo estimulan para que compita. Y a pocas bancas de ahí también corre el sanjuanino Sergio Uñac.
Nada de todo esto se habló en la nueva cumbre que se hizo el jueves en la Casa de La Pampa. “Ahí entramos todos con máscaras”, ironiza uno de los presentes. El punto central de la reunión fue consolidar el rechazo a la suspensión de las PASO, para blindarlo ante posibles fugas. Desconfían de algunos gobernadores y senadores amigables con el oficialismo, y admiten que no depende de ellos la sanción de la ley. La llave la tiene el Pro: si sus legisladores aceptan el cambio, atrás esperan los radicales y los peronistas aliados.
Mientras el Gobierno debate las efectividades de su plan económico, y en tanto el peronismo se enfrasca en la discusión por su liderazgo sin un debate doctrinario de fondo, conviene prestar atención a las señales que llegan desde Europa. En las protestas que invadieron varias ciudades, pero especialmente París, emergieron disparadores locales, aunque con implicancias globales. ¿Cuan sostenible es el Estado de Bienestar con un déficit fiscal del 5,4% del PBI como el francés? ¿Cuan competitiva es la economía europea frente a la avanzada china? ¿Cuan desarrollada es su tecnología en comparación con Silicon Valley y Shenzhen? ¿Hasta qué punto es un problema socioeconómico o es una derivación de la inmigración? ¿Es una confrontación entre los valores occidentales y los islámicos?
Pero para la Argentina hay dos mensajes especiales. En primer lugar, que todas las movilizaciones en Europa arrancaron con el protagonismo de los sub-25, por temas educativos, laborales o inmobiliarios. Emerge ahí una crisis generacional muy fuerte, una crisis de futuro, de expectativas. Y en segundo término, son convocatorias sin liderazgo ni representación articulada, un magma caótico que tiene un punto de encuentro en las redes sociales. En la revuelta de los chalecos amarillos de 2018 los líderes de la protesta pedían ser atendidos por Emmanuel Macron para plantearles sus demandas; a los de ahora ni les interesa esa interlocución. No hay una expectativa institucional; solo sirve romper comercios para expresar esa sensación profunda de enojo y desencanto.
Jorge Ossona, historiador y especialista en el conurbano bonaerense, habla de que “Europa se conurbanizó” y que “vive con un mayo francés lumpenizado”. En esa descripción encuentra analogías con las lógicas territoriales de Buenos Aires, donde “cada vez más hay una naturalización de las dinámicas de sobrevivencia y de marginalidad, por la descomposición de la vieja sociedad industrial”.
Cuando se están por cumplir los 25 años de la crisis de 2001 en la Argentina, son indicadores a tener en cuenta para entender cuánto han cambiado las bases sociales en lo que va del siglo.
Jorge Liotti,Análisis,Análisis,Conforme a
POLITICA
Milei celebró que Netanyahu haya ordenado a los diplomáticos israelíes apoyar a la Argentina en el reclamo por Malvinas

El presidente Javier Milei celebró este sábado en sus redes sociales las revelaciones periodísticas de que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ordenó respaldar el reclamo argentino por las Islas Malvinas.
Lo hizo dos veces en su cuenta de X. Primero citó un posteo de The Jerusalem Post que decía: “Informe: el primer ministro Benjamin Netanyahu ordenó a los diplomáticos cambiar la posición oficial de Israel sobre la soberanía de las Malvinas y sumarse a la Argentina en el pedido de conversaciones directas entre ese país y el Reino Unido”. Horas después compartió la nota original de The Telegraph, titulada “Netanyahu autoriza el apoyo a la Argentina por las Malvinas”, con una foto de los dos sonrientes y con los pulgares hacia arriba.
En los dos casos, el único comentario de Milei fue “MAGA!”, la sigla de “Make Argentina Great Again” que copia a “Make America Great Again”, el lema del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Según el diario británico, Netanyahu les habría pedido a los diplomáticos israelíes que cambien la posición oficial del país y acompañen el llamado argentino a abrir conversaciones con Londres sobre el futuro de las islas. Hasta ahora, Israel había mantenido una postura neutral en la disputa.
The Telegraph aclaró que ese eventual respaldo no implica un reconocimiento formal de la soberanía argentina sobre las Malvinas, sino un apoyo a que los dos países se sienten a negociar. “En teoría, ha llegado el momento oportuno para que Israel se incline a apoyar a Argentina”, señaló el artículo.
El diario vinculó el posible cambio de postura con la relación estrecha entre Netanyahu y Milei, pero también con las tensiones entre Israel y el Reino Unido por las sanciones británicas a los asentamientos israelíes en Cisjordania.
El tema ya había aparecido en la agenda israelí. A fines de septiembre, el ministro Itamar Ben-Gvir le pidió a Netanyahu que reconozca el reclamo argentino. “Es hora de que el Estado de Israel reconozca públicamente que las Islas Malvinas son territorio argentino ocupado, que los británicos le roban violentamente al pueblo argentino”, escribió en X.
Además, el embajador de Israel ante la ONU, Danny Danon, pidió negociaciones directas entre el Reino Unido y la Argentina. “Israel reconoce la importancia que el público argentino otorga a este tema, así como sus esfuerzos continuos a través de canales diplomáticos y de conformidad con los principios del derecho internacional”, dijo ante las Naciones Unidas. También sostuvo que, para avanzar en el reclamo, hay que considerar “todos los aspectos históricos, jurídicos y humanos pertinentes”.
El 24 de septiembre pasado, Milei se reunió con Netanyahu en Nueva York. En esa reunión hablaron sobre Malvinas y avanzaron en un acuerdo bilateral de cooperación en seguridad.
El reclamo argentino por las Malvinas se profundizó en las últimas semanas y llegó incluso al Tribunal Internacional del Derecho del Mar. El organismo multilateral ya convocó a audiencias para el 10 y el 11 de noviembre tras la presentación del Gobierno para frenar el proyecto petrolero Sea Lion, en aguas cercanas a las islas.
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POLITICA
IDEA llamó a un debate “sin agravios” tras los ataques de Milei a LA NACION

El Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) se pronunció en defensa de la libertad de prensa y reclamó un debate público sin agravios ni descalificaciones, después de los ataques del presidente Javier Milei contra . A través de un comunicado, la organización puso el foco en la “responsabilidad de quienes fueron elegidos para gobernar”.
Bajo la consigna de “promover un debate público basado en el respeto y la responsabilidad”, el instituto expresó: “La libertad de prensa y el respeto por las ideas, aun cuando existan diferencias, son pilares fundamentales de la convivencia democrática. Desde IDEA consideramos que el debate público debe desarrollarse en un marco de pluralidad de opiniones, diálogo y respeto, sin agravios ni descalificaciones”.
Luego, la entidad marcó el deber de los funcionarios frente a las diferencias en la discusión pública. “Quienes fueron elegidos para gobernar deben actuar con responsabilidad y contribuir a un debate público respetuoso. Los agravios a periodistas en el ejercicio de su función contradicen ese deber”, sostuvo.
También vinculó ese planteo con la situación del país: “En un contexto en el que la ciudadanía realiza un esfuerzo colectivo para alcanzar la estabilidad y el desarrollo del país, desde IDEA insistimos en la necesidad de promover y respetar la libertad de prensa y de expresión, y de sostener un debate público basado en el respeto, la tolerancia y la responsabilidad”.
El pronunciamiento se conoció después de que Milei cuestionara este viernes la cobertura periodística del caso $LIBRA, tras el sobreseimiento del Presidente en la investigación. Durante su discurso en la cena de la Fundación Faro, el mandatario acusó a de utilizar la causa para “extorsionar al Gobierno y evadir impuestos”.
En ese tramo de su exposición, nombró a Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodrigues, Natalia Volosin y Luis Novaresio, quienes cubrieron el caso, y los calificó de “ensobrados y corruptos”. Poco después, afirmó: “Se tienen que quemar en la hoguera son los hijos de puta”.
Las declaraciones provocaron rechazos de entidades periodísticas y dirigentes de distintos espacios políticos, incluidos sectores aliados del oficialismo. La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) rechazó la reacción del Presidente ante el sobreseimiento en la causa $LIBRA y advirtió sobre una escalada de los agravios contra la prensa. “La réplica, la refutación y la aclaración nunca deberían ser reemplazadas por el insulto y el agravio”, indicó.
Por su parte, la Academia Nacional de Periodismo emitió un comunicado en el que cuestionó los reiterados insultos de Milei a periodistas y señaló que se realizaron amenazas de muerte. La institución alertó sobre las consecuencias de la violencia institucional para la democracia. El repudio también alcanzó a referentes del peronismo, la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica y Pro, que expresaron su solidaridad con los periodistas señalados por el mandatario.
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Javier Milei condiciona los pasos de su Gobierno y suma tensión al vínculo con los aliados

“Por supuesto que resta. No veo lugar donde eso sume”, precisó ante Infobae en estricta reserva una fuente que transita a diario Casa Rosada. La valoración remite a las definiciones del presidente Javier Milei, quien durante su visita a Neuquén a principios de semana volvió a relativizar las dificultades de los sectores de la sociedad que no llegan a fin de mes. La polémica suma un nuevo frente de preocupación para un Gobierno que busca ordenarse rumbo a las elecciones de 2027.
Aferrado a la literalidad de su planteo, el mandatario insistió en preguntarse cómo hace la gente para “comer y beber” los 10 días que restan del mes, mientras el ala política intenta resolver sus diferencias internas para sellar los acuerdos necesarios con los gobernadores aliados. Además de intentar sentar las bases para un nuevo mandato en 2027, objetivo central de los libertarios, el Poder Ejecutivo busca avanzar en la agenda legislativa trazada.
La decisión de Milei de confrontar con lo que definió como “una pelotudez del tamaño de una casa”, en referencia a los planteos sobre las dificultades de las familias para cubrir sus gastos hasta fin de mes, parece empantanar la labor de los propios funcionarios. A eso se suman sus recientes cruces con periodistas españoles por la situación económica, que también colocan a la administración libertaria en una posición incómoda.
“Sus posiciones muy extremas como la de España nos complican porque nos pone en una situación muy border”, confesó un integrante del Gabinete. “Es una mala idea, pero es un Presidente que nunca recula. Si está pensado comunicacionalmente es extraño y nos puede meter en un quilombo grande porque el bolsillo no deja de ser el órgano más sensible”, coincidió un legislador libertario, que parafraseó a Perón. El dirigente aclaró que detrás de esa confrontación se esconde una ofensiva del Presidente contra los medios de comunicación y la oposición.

Pese a que hay coincidencia en que la formulación no fue la adecuada, al menos desde lo comunicacional, quienes lo justifican aseguran, irónicamente, que no hay que tomar su expresión de manera literal. “No fue literal, quiso cuestionar el eslogan que quiere instalar la oposición. La forma supone un riesgo, sí, pero es un presidente que estila tomarlos”, intentó explicar un funcionario.
Fiel a su olfato político, la senadora Patricia Bullrich se anticipó con un planteo que apuntó a correr el foco del periodismo y reubicarlo en las respuestas que el Gobierno debe dar a la sociedad. “Tenemos que definir a quién le hablamos. ¿Comentamos lo que dice el periodismo o salteamos todo y vamos a la gente? Tenemos que dejar eso e ir a la gente donde encotramos los problemas reales. Tenemos que atender al ciudadano y mediar lo menos posible”, expresó Bullrich en una entrevista en Infobae En Vivo.
Desde su entorno aseguran que la legisladora, que volvió a sorprender el pasado viernes con un sugestivo video en clave electoral, intentó abordar el tema desde una perspectiva más cercana a los problemas cotidianos y mostrarse “comprensiva” con la realidad de una parte de la sociedad. Con ese desmarque, Bullrich busca contener dentro del oficialismo a quienes toman distancia de las expresiones del mandatario y evitar que el malestar se traduzca en un alejamiento del espacio.
Tanto la reacción de Milei como el contrapunto de la senadora se producen en un contexto en el que las principales demandas de la sociedad continúan siendo económicas, según distintas mediciones.
Un informe realizado por la consultora Zentrix indicó que los ingresos de dos de cada tres argentinos alcanzan para vivir hasta el día 20 de cada mes y que la proporción asciende al 72% entre los menores de 40 años y al 83,3% en la clase baja. El endeudamiento es otra señal de las dificultades para llegar al final del mes: el 56,2% tomó deuda en los últimos seis meses. A la par, el 81,8% de los consultados siente que su salario no le gana a la inflación.

En otro indicador del endeudamiento de los hogares, un informe del Banco Central reflejó que la mora de las familias registró una leve baja en agosto y se ubicó en el 12,81%, lo que representó un descenso de 0,13 puntos porcentuales respecto de julio. La evolución fue dispar: cayó la morosidad de las tarjetas de crédito, pero los préstamos personales y, en menor medida, los prendarios mostraron leves subas.
Las expectativas económicas a futuro tampoco muestran señales de mejora. La encuesta mensual que elaboran AtlasIntel y Bloomberg refleja que, en septiembre, el 55% de los encuestados respondió que considera que la situación económica empeorará en los próximos seis meses, el 31% prevé una mejora y el 14% cree que permanecerá igual.
El contraste entre sus dichos y los datos económicos obligó al presidente libertario a aclarar su postura y a reconocer que los indicadores de pobreza e indigencia arrojan cifras complejas. “No es que no entendemos el problema de que las personas estén teniendo postergaciones, está reflejado en el treinta y dos por ciento de pobreza. La foto nos parece horrible, pero la película sigue siendo la mejor de la historia”, planteó en declaraciones a Radio Rivadavia a su regreso de España.
La formal incomodidad de los aliados
La preocupación interna es compartida por los aliados, que reconocen malestar ante determinadas expresiones, aunque eso —al menos por ahora— no se traduce en una quita de apoyos al rumbo del Gobierno.
“Los dichos caen muy mal y a nosotros nos deja en una posición incómoda. Nunca nos pudimos separar porque nuestro electorado no lo permitía, pero ahora se retiran por estas cosas y nos dejan pegados”, explicó un legislador de un espacio aliado.

El malestar también se hizo oír entre los representantes de las provincias. “Nadie entiende esas declaraciones o por qué dice lo que dice. En las provincias las cosas no andan bien. Pero bueno, hay que concentrarse para que el Congreso funcione sacando las leyes”, plantearon ante este medio desde el entorno de un gobernador del norte.
Tampoco fue casual la advertencia del salteño Gustavo Sáenz, quien esta semana estuvo en Buenos Aires y pidió acelerar la “reactivación del consumo”. “Cuando el Presidente se enoja y toma literalmente lo del día 20, que la gente no llega al día 20, por supuesto se enoja y en su forma lo toma muy literal. Lo que estamos diciendo es que claramente la gente no está bien, que la gente no la está pasando bien”, sentenció el gobernador en una entrevista a TN.
Sin embargo, en Casa Rosada le bajan el precio a la posibilidad de que las diferencias impacten en el vínculo con los aliados y confían en que el jefe de Gabinete, Diego Santilli, profundizará, en coordinación con Karina Milei, los canales de diálogo con los gobernadores. En paralelo, el Congreso aún debe tratar la reforma electoral, el Presupuesto 2027 y la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, entre otras iniciativas clave.
“A los políticos no les importa la gente”, argumentó una fuente con acceso al despacho presidencial. “Los aliados no se tienen que hacer cargo necesariamente de lo que dice el Presidente. Solo defender el modelo y apoyar las reformas”, sumó un funcionario.
Una muestra del estado de las conversaciones quedó plasmada durante la última sesión en la Cámara de Diputados en la que el oficialismo logró anotarse victorias pírricas luego de verse obligado a modificar algunos proyectos para avanzar en su aprobación. Las gestiones se dieron con el Presidente afuera del país, en Madrid, abocado a apuntalar la campaña electoral de la derecha española. Una escena que se repitió en las últimas semanas desde distintos puntos de mundo.

Tras la media sanción en Diputados de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que reincorporó las restricciones a la compra de tierras impulsadas originalmente por el kirchnerismo, los libertarios avanzaron además con una nueva Ley de Discapacidad, pese a las quejas del Ministerio de Economía, y lograron bloquear las propuestas opositoras en torno al tema de morosidad.
¿Pragmatismo o entreguismo?
Como todo, el avance en la agenda legislativa da lugar a una serie de lecturas internas respecto a la posición de La Libertad Avanza en el Congreso. Por un lado, están los que destacan el pragmatismo y la muñeca política que se jactan de haber adquirido en el último tiempo como una vía para cumplir con los objetivos.
“Hay momentos en los que sabemos que hace falta negociar. Estamos ante un cambio de estilo. Hay tiempo para todo”, expresó un funcionario que responde a este grupo. Entre quienes se muestran abiertos a consensuar con los aliados están Martín Menem, Patricia Bullrich y Diego Santilli.
En Balcarce 50 destacan que la experiencia negociadora de Diego Santilli refleja el músculo político que logró construir la administración libertaria. En contraposición, sostienen que, pese a la vocación dialoguista de Guillermo Francos cuando ocupaba la Jefatura de Gabinete, el contexto político no era el mismo.
No obstante, esta postura encuentra resistencia entre los Caputo, que cuestionan algunas concesiones porque consideran que desvirtúan las iniciativas. Distanciado de las definiciones políticas que estila a delegar en su hermana, Javier Milei evita tomar postura e influir en las decisiones de la mesa política.
La discusión excede la táctica parlamentaria. Mientras algunos defienden la negociación como una herramienta para sostener la agenda legislativa, otros advierten sobre las consecuencias que las concesiones podrían tener para los proyectos. En medio de esas diferencias, el ala política también debe lidiar con un escenario económico complejo, una serie de definiciones pendientes y los traspiés del mandatario, que profundizan las dificultades en la relación con los aliados.
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