ECONOMIA
Aceiteros y agroexportadores llegaron a un acuerdo salarial: qué aumento consiguieron para el año

Finalmente la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) alcanzaron este lunes un acuerdo salarial con los sindicatos del sector aceitero que pone fin a un conflicto abierto desde fines de mayo. Las partes lograron firmar la nueva paritaria luego de semanas de negociación y tras la jornada del jueves pasado, que se extendió por más de 15 horas.
El convenio, según comunicó Ciara-CEC, cubre la totalidad de 2026 y establece un incremento acumulado del 29,5% indexado al Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec, con proyecciones basadas en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM).
El acuerdo se firmó después de que el jueves pasado venciera la conciliación obligatoria dispuesta por el Ministerio de Capital Humano sin que las partes hubieran llegado a un entendimiento. Empresarios y gremios optaron entonces por extender el diálogo de forma voluntaria y retomaron la negociación este lunes en la Secretaría de Trabajo de la Nación, donde finalmente se rubricó el entendimiento.
Según el comunicado de Ciara-CEC, la industria logró que la discusión quedara circunscripta exclusivamente a salarios, sin que prosperaran otras demandas sindicales. La fórmula acordada replica la propuesta que los empresarios habían defendido desde el inicio: actualización mes a mes según la evolución del IPC, con el argumento de que ese mecanismo preserva el poder adquisitivo de los trabajadores. La cámara destacó que el acuerdo garantiza la paz social durante el resto del año.
“Se arribó finalmente a un acuerdo salarial con los sindicatos aceiteros. La industria logró hacer sentar a los sindicatos a negociar únicamente salarios. El acuerdo cubre todo el año 2026 basado en el índice de precios del consumidor del Indec estimado vía el REM (índice de expectativas mensuales de inflación). El monto total acumulado es del 29.5%. Esto garantiza la paz social durante todo el año”, sostuvo Ciara-CEC en un comunicado.
Los gremios que participaron de la negociación son el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros (SOEA) y la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina (FTCIODyARA), que representan a entre 10.000 y 12.000 trabajadores del sector.
El conflicto se había desatado a fines de mayo, cuando ambos gremios declararon un paro por tiempo indeterminado en todas las plantas del país tras la oferta empresaria de un incremento del 0% para ese mes. Los sindicatos habían exigido un aumento del 20% retroactivo a mayo y rechazaban que la indexación por inflación fuera suficiente para recomponer lo perdido, en un sector donde el básico inicial se ubicaba en $2.344.000 frente a una canasta básica que, según los gremios, alcanzaba los $2.802.754. En ese entonces, el ministerio de Capital Humano dictó conciliación obligatoria de forma casi inmediata.
Durante el periodo que se extendió el conflicto salarial, el bloque empresario liderado por Ciara-CEC había advertido sobre el costo concreto de cada jornada de paro: $160.000 por trabajador por día, lo que en una semana acumulaba $960.000 por empleado. La cámara llegó incluso a apelar directamente a los trabajadores de base para que presionaran a sus dirigentes a firmar la propuesta de indexación al IPC, que definió como “la única viable para defender los salarios aceiteros”.
La disputa se desarrolló en un contexto de tensión más amplia: semanas antes del paro del 27 de mayo, transportistas autoconvocados de la provincia de Buenos Aires habían paralizado las terminales portuarias de Bahía Blanca y Necochea en reclamo de mejoras en el flete, con pérdidas estimadas en al menos USD 450 millones para el complejo agroexportador. La industria aceitera procesa y exporta cerca del 80% de la soja que produce Argentina.
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ECONOMIA
Cerró fábrica de maquinaria agrícola Plantium y dejó sin trabajo a más de 100 personas

La fabricante de pilotos automáticos para maquinaria agrícola cerró sus puertas. Los trabajadores se enteraron al llegar a la planta
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Plantium cerró en Villa Constitución, despidiendo a más de 100 empleados abruptamente.
La empresa culpa a la competencia china y crisis sectorial; negociaciones sindicales fracasaron.
El sindicato exige pagos, denuncia «traición» y pide reincorporaciones.
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ECONOMIA
Sin crédito no hay transición productiva

La economía argentina atraviesa una transformación que va mucho más allá de la estabilización de sus principales variables. La normalización de los precios relativos, la apertura comercial y los cambios en las condiciones de competencia están modificando las reglas de juego para miles de empresas. Algunas encuentran nuevas oportunidades de crecimiento; otras tienen que revisar su modelo de negocio, mejorar su productividad o reconvertir parte de su actividad.
En este escenario hay una pregunta que debería ocupar un lugar central en la discusión económica: ¿Cómo vamos a financiar esa transformación?
Una economía no se vuelve más competitiva solo por modificar sus precios relativos. También necesita invertir, incorporar tecnología, mejorar sus procesos y encontrar nuevos mercados, y casi nada de eso se hace a escala sin acceso al crédito.
Una empresa que necesita modernizar su maquinaria para competir con productos importados requiere capital. Otra que encuentra una oportunidad de exportación necesita financiar la producción
Una empresa que necesita modernizar su maquinaria para competir con productos importados requiere capital. Otra que encuentra una oportunidad de exportación necesita financiar la producción antes de cobrar. Una tercera puede descubrir que su negocio tradicional perdió rentabilidad, pero que tiene capacidades para desarrollar una nueva línea de productos. En todos los casos, el crédito marca la diferencia entre aprovechar la oportunidad o dejarla pasar.
Una transición que necesita financiamiento
Cuando una economía cambia sus condiciones de funcionamiento, los recursos tienen que desplazarse hacia nuevas actividades, sectores y empresas. Ese movimiento no ocurre solo: requiere inversión, tiempo, información y capacidad para asumir riesgos.

Sin financiamiento, las oportunidades de crecimiento quedan limitadas al ahorro de cada empresa. Las que ya tienen recursos pueden invertir; otras, incluso con buenos proyectos o licitaciones ganadas, quedan afuera. El resultado es una transición más lenta, más desigual y con menos capacidad para generar nuevos sectores o regiones productivas.
Por eso el desarrollo del crédito privado tiene que entenderse como una parte del proceso de transformación, y no como una consecuencia que llegará sola una vez alcanzada la estabilidad. No alcanza con estabilizar la economía para que aparezca la inversión: también hay que construir los mecanismos que permitan financiarla.
El mercado de capitales como complemento del sistema bancario
Los bancos cumplen un papel central, pero no pueden ni deberían ser la única fuente de financiamiento de las empresas. El mercado de capitales permite sumar otros participantes, distribuir los riesgos entre distintos inversores y desarrollar instrumentos para necesidades diferentes: cheques de pago diferido, pagarés bursátiles, obligaciones negociables y fondos de crédito privado.
El mercado de capitales permite sumar otros participantes, distribuir los riesgos entre distintos inversores y desarrollar instrumentos para necesidades diferentes
El mercado de capitales viene creciendo. En el descuento de documentos, la herramienta que más usan las pyme para el capital de trabajo, la participación del mercado de capitales pasó del 6% al 43% en una década, con un volumen que ronda los $1,6 billones mensuales en pesos reales.
Pero todavía falta mucho: el crédito privado en la Argentina ronda el 15% del PBI, la mitad que en Uruguay y muy lejos de Brasil o Chile.
Para una pyme, contar con estas alternativas significa mucho más que conseguir una tasa competitiva. Le permite financiar una venta a plazo o encarar inversiones que de otra manera tendría que postergar. El objetivo no es reemplazar el crédito bancario, sino complementarlo.
La importancia de medir lo que está pasando
El Índice de Financiamiento PyME (IFP) que desarrollamos en VetaCap y se actualiza mensualmente se ubicó en septiembre en 26,84% de tasa nominal annual, 0,75 puntos por encima de agosto y 24,36 puntos por debajo del mismo mes del año anterior. Conviven dos fenómenos: una mejora importante frente a un año antes y, al mismo tiempo, una suba reciente del costo del dinero que merece atención.
Pero mirar solo la tasa de interés sería insuficiente, y este mes lo muestra con claridad. El volumen creció 5% real frente a agosto, con la mayor cantidad de operaciones del año: casi 37.000, por $656.000 millones. El plazo promedio se estiró de 64 días en enero a 74 en septiembre. Las operaciones avaladas se financiaron a 88 días, contra 64 de las que no tienen garantía, y a una tasa cinco puntos porcentuales menor.
El desarrollo financiero también debe medirse por su capacidad para acompañar a las empresas
La recuperación del mercado está llegando antes por el volumen y el plazo que por la tasa. El desarrollo financiero también debe medirse por su capacidad para acompañar a las empresas.
Para evitar nuevas crisis de crédito necesitamos más crédito
El reciente aumento de la morosidad en distintos segmentos del sistema financiero volvió a poner sobre la mesa una preocupación legítima: los riesgos de una expansión del crédito. Sin embargo, sería un error concluir que la solución consiste en restringir su desarrollo.
La economía argentina conoce demasiado bien el comportamiento procíclico del financiamiento. Cuando las condiciones mejoran, crece el crédito; cuando aparecen dificultades, se encarece o desaparece justo cuando las empresas más lo necesitan.
Una empresa con una caída transitoria de ventas puede encontrarse, al mismo tiempo, con mayores costos financieros y menos posibilidades de refinanciar su capital de trabajo. Así, un problema de liquidez se transforma en uno de solvencia. Cuando la economía se complica, pagan más las que tienen menos respaldo, que en general son las más chicas.
Para reducir la fragilidad del sistema necesitamos un mercado de crédito más grande, más competitivo
Más crédito no significa prestar indiscriminadamente. Una expansión sin criterios de evaluación adecuados agrava la morosidad. La cuestión es otra: para reducir la fragilidad del sistema necesitamos un mercado de crédito más grande, más competitivo y con mejores mecanismos para evaluar y distribuir el riesgo.
También necesitamos plazos más largos. Una economía que financia su actividad productiva con instrumentos de muy corto plazo obliga a las empresas a renovar sus deudas todo el tiempo, y cada renovación las expone a un cambio repentino del mercado. Un sistema financiero profundo no elimina las crisis, pero ayuda a absorber mejor los shocks y evita que dificultades puntuales se conviertan en restricciones generalizadas.
El financiamiento define el futuro productivo
La economía argentina está atravesando una transformación que obliga a muchas empresas a repensar sus negocios. Algunas tendrán que invertir, otras buscar nuevos mercados y otras reconvertir parte de su actividad. Una autopartista que quiere convertirse en proveedora de una minera necesita capacidad, esfuerzo y un proyecto viable. Pero también necesita financiamiento para llevarlo adelante.
Ahí es donde el mercado de capitales tiene un papel fundamental. Complementar al sistema bancario y canalizar el ahorro hacia la producción es clave para que las oportunidades de crecimiento no queden reservadas a quienes ya cuentan con capital.
El desafío para quienes formamos parte del sistema —agentes de liquidación y compensación, sociedades de garantía recíproca y organismos públicos— es construir un mercado más profundo, capaz de acompañar a las empresas a lo largo del ciclo económico y no solamente cuando las condiciones son favorables.
Necesitamos que el financiamiento deje de ser una restricción y se convierta en una fuente de competitividad. Porque una economía que solo financia a quienes ya tienen recursos termina limitando su propio potencial de crecimiento.
El autor es economista y CEO de VetaCap
LEGACY: Financials (TRBC),Financials (TRBC level 1),South America / Central America
ECONOMIA
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Nada cambió para la economía y la relación bilateral, más allá de las tensiones políticas y los sucesos de la salida de Bolsonaro de Brasil
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La crisis global, tasas de EE.UU. y el petróleo impactaron fuerte en los mercados.
El riesgo país argentino subió más que las tasas externas, afectando bonos en dólares.
Acciones de energía destacaron frente a tecnológicas y bonos locales en moneda nacional.
Argentina: acciones ganadoras y bonos en la mira
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