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Ana María Casanova antes de ser Moria Casán: la infancia de una mujer que aprendió a construirse a sí misma

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Antes de los tacos aguja, de las plumas, de las luces de la revista, de las cámaras de televisión y de esa manera tan particular de entrar a un escenario como si éste le perteneciera desde siempre, hubo una niña llamada Ana María Casanova.

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Una niña que creció entre el olor de una huerta, el perfume de un sabayón preparado por su abuela, la música clásica que sonaban en su casa, las clases de danza y piano, los veranos en Mar del Plata y los abrazos enormes de un padre que la sostenía mientras una ola los cubría en el mar.

Mucho antes de que el público conociera a Moria Casán, existió Ana María. Y en esa infancia, hecha de recuerdos luminosos y también de heridas que tardaría muchos años en poder nombrar, estaban algunas de las claves de la mujer que después construiría una vida a su medida.

Ana María nació un 16 de agosto, a las nueve de la mañana, en el Hospital Militar Central, en Belgrano. Era hija única y sus padres eligieron llamarla Moria desde el comienzo. El nombre quedó unido a ella para siempre, mucho antes de que pudiera imaginar que terminaría convirtiéndose en una de las identidades más reconocibles del espectáculo argentino.

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Criada en el oeste del conurbano bonaerense, en José Ingenieros, partido de Tres de febrero, en su casa había afecto, disciplina y una educación que desde temprano la acercó al arte. Pero también existía ese otro territorio fundamental en la vida de cualquier niño: el de los abuelos, las tardes interminables y esas pequeñas escenas familiares que, con los años, adquieren una importancia que nadie puede medir cuando están ocurriendo.

Una joven Moria Casán posa con un vestido de baile y adornos florales en el cabello en una fotografía de antaño.

En ese mapa sentimental hubo una figura que quedó especialmente marcada: su abuela Gerónima, la madre de su padre. Fue ella quien, según el recuerdo de Moria, dejó una huella particular. Esa mujer tenía los ojos celestes, casi transparentes, comparables en su intensidad con los de un perro husky, rememoraría. Vivía en Coronel Granada, un pequeñ pueblo de la provincia de Buenos Aires, y allí la infancia adquiría otro ritmo, mucho más ligado a la tierra y a las cosas simples.

Con ella, la pequeña Ana María conoció una parte de la vida que estaba lejos de las luces de Buenos Aires. La abuela la llevaba a la huerta y le enseñaba a cosechar remolachas y rabanitos. La mandaba al gallinero a buscar huevos. Le explicaba cómo se ordeñaba una vaca. Le mostraba, en definitiva, un mundo en el que las cosas no aparecían terminadas sobre una mesa: había que sembrarlas, cuidarlas, esperar y después recogerlas.

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Y cada tarde tenía un premio: el sabayón.

Gerónima se lo preparaba para ella y ese ritual quedó asociado a una infancia atravesada por los sabores, la tierra y el cariño. No era solamente la comida. Era el tiempo compartido. Era la sensación de estar con alguien que tenía un mundo propio y que, durante unas horas, se lo entregaba a esa niña.

La otra abuela, Magdalena, era de La Pampa, pero un tiempo se mudó con su familia a la casa de la futura diva, y allí el vínculo tenía otra dinámica. Era una mujer a la que Moria recordaría como cariñosa y, al mismo tiempo, con un carácter fuerte. Sufría diabetes y la niña la observaba todas las mañanas inyectarse la insulina. Hay imágenes de la infancia que no necesitan explicación.

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Magdalena estaba casi siempre sentada y vestida de negro. Tenía una piel muy blanca, ojos azules y el pelo completamente blanco. La enfermedad formaba parte de la rutina doméstica y la pequeña asistía, en silencio, a esos rituales cotidianos que le permitían comprender que incluso los adultos que parecían invencibles también tenían fragilidades.

Imagen en blanco y negro de una mujer de perfil con los brazos extendidos, ataviada con tocado con perlas y vestido con corsé sobre un fondo oscuro
La actriz Moria Casán posa con los brazos extendidos y un vestido con corsé y tocado en sus primeros años de carrera.

Entre ambas abuelas existía una diferencia que Moria conservó en su memoria. Gerónima quedó asociada a la tierra, a la cocina, a la huerta, a los animales y al contacto con la naturaleza. Magdalena, en cambio, estaba ligada a la casa, la televisión y las novelas que seguía con una devoción que la niña nunca terminó de compartir. La televisión todavía no era el lugar de Moria. Pero, sin saberlo, ella ya estaba aprendiendo a mirar a los demás.

También quedó grabada la figura de su abuelo Bartolomé. Era un hombre de una inteligencia singular, casi artesanal. La diva lo recordaría como una especie de gran matemático capaz de convertir el paso del tiempo en un juego de observación. Construía relojes de cemento y los distribuía en diferentes sectores. La hora podía conocerse según la manera en que la luz del sol incidía sobre ellos.

Aquella imagen tiene algo profundamente cinematográfico: una niña recorriendo el universo de su abuelo, mirando cómo el sol se desplazaba sobre objetos que él mismo había construido y descubriendo, quizás sin saberlo, que el tiempo podía medirse de muchas maneras.

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Su padre, Juan Casanova, era oficial del Ejército. Era un hombre de una presencia física imponente, de más de un metro noventa y cinco, y un gran nadador. De hecho, uno de los recuerdos más poderosos de aquella relación transcurrió en Mar del Plata.

Era la primera vez que la menor se acercaba al mar. Su padre se levantaba temprano para nadar y ella lo acompañaba. En una de aquellas jornadas entraron juntos al agua. Una ola los cubrió mientras él la abrazaba.

Moria Casán publicó una foto de sus 15 años
Moria Casán a sus 15 años (IG: @moria_laone)

El recuerdo permaneció: el agua, el cuerpo del padre, el abrazo, la sensación de estar protegida. Décadas después, aquella escena seguía teniendo la fuerza de una fotografía que el tiempo no pudo borrar.

Y si la abuela Gerónima le había enseñado el lenguaje de la tierra, su padre comenzó a mostrarle otro: el del arte. La llevaba al Teatro Colón. La acercaba al ballet. Iban al anfiteatro de Agronomía. En la casa sonaba música clásica desde la mañana hasta la noche. La niña escuchaba, miraba, aprendía.

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Todavía no sabía que algún día sería ella quien estaría bajo las luces, pero el escenario ya había comenzado a formar parte de su educación sentimental.

Su madre, Rosa Faga, había sido actriz vocacional y profesora de labores antes de casarse y dedicarse al hogar. En la familia existía además una particular atención por la belleza y el cuidado personal.

De aquellos años quedó una escena extraña y fascinante. Durante los veranos, su madre cubría el cuerpo de la pequeña con barro y la dejaba secarse al sol. El barro se endurecía sobre su piel y luego era retirado con agua tibia y una toalla. Primero estaba la transformación. Después, la limpieza. Finalmente, la piel volvía a quedar libre.

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Fotografía en blanco y negro de un hombre con traje, camisa, corbata y gafas, junto a una mujer con peinado recogido, pendientes y top de encaje
Los padres de Moria Casán aparecen en un retrato en blanco y negro

Con los años, aquella escena adquiriría una dimensión casi simbólica. Porque Moria terminaría haciendo de la transformación una de las grandes características de su vida: cambiar de piel, reinventarse, construir un personaje y después volver a desmontarlo.

Pero antes de eso estaba la niña, esa que también aprendía a bailar. En el Club Unión Argentina de Ciudadela comenzó a frecuentar espacios vinculados con el baile. Todavía no existía una carrera diseñada ni una formación académica perfectamente trazada. Lo que aparecía era algo mucho más instintivo: una conexión temprana con el cuerpo, con el ritmo, con el movimiento y con esa necesidad de expresarse frente a los demás.

La danza no llegó primero como profesión, llegó como impulso, como juego, una manera de estar en el mundo. Y esa conexión se volvió cada vez más fuerte.

Moria pasaba largos momentos frente al espejo inventando coreografías. En los cumpleaños familiares, cuando le pedían que bailara, desaparecía durante unos minutos y regresaba preparada para actuar, con la ropa adecuada y las zapatillas de punta.

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El escenario todavía era doméstico, el público estaba compuesto por familiares y las luces podían ser imaginarias, pero la escena ya existía.

Hasta sus juegos tenían una estructura teatral. En una de sus fantasías infantiles representaba su propia muerte. Se hacía la muerta, una amiga asumía el papel de marido, aparecían las flores y el llanto, y después llegaba el momento de resucitar.

Retrato en blanco y negro de una mujer joven con cabello oscuro y flequillo, lleva una diadema, un collar de perlas y un vestido de escote cuadrado
Moria Casán sonríe en un retrato de su cumpleaños de 15: el parecido con su hija Sofía Gala es notable

La tragedia duraba lo que duraba el juego. Después había que volver a vivir. Quizá haya algo de eso en toda la historia posterior de Moria Casán: la capacidad de atravesar el drama y transformarlo en otra cosa.

En su infancia también estaba la estudiante. Cursó la primaria en la Escuela N.º 13 de Villa Devoto y fue una alumna destacada. Estudió danza, danzas españolas, piano e inglés. Llegó a recibirse de profesora de piano junto con una prima y continuó rindiendo exámenes en el Conservatorio Santa Cecilia.

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No era solamente una niña que soñaba frente al espejo, también era disciplinada, estudiosa, exigente consigo misma. A los doce años, además, apareció otra de las características que terminarían definiendo su vida: la independencia.

Durante una salida de compras con su madre vio unas zapatillas amarillas que quería tener. Pero no quiso esperar. Decidió conseguir el dinero por su cuenta.

Pidió que transformaran el garaje de su casa en un pequeño estudio de danza. Quiso una barra, espejos y hasta un cartel que la presentara como profesora de danzas clásicas españolas. Todavía no tenía el título, pero ya tenía iniciativa.

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Una mujer joven con cabello rizado oscuro y corto está sentada leyendo un libro abierto, vestida con una camisa y un chaleco
Una joven Moria Casán, con cabello oscuro y rizado, aparece sentada mientras lee un libro que sostiene con ambas manos.

Comenzó a dar clases de danza y gimnasia y consiguió sus primeros ingresos. La escena parece pequeña: una niña, un garaje, unos espejos, una barra, algunos alumnos. Pero había algo enorme detrás de esa decisión: la idea de que podía construir su propio camino. No pedir, hacer. No esperar, buscar. Ese principio la acompañaría durante toda su vida.

La adolescencia llegó con nuevos descubrimientos. A los ocho años había tenido su primer novio, un compañero de escuela con quien intercambiaba cartas y pequeños gestos de afecto hasta que una maestra los descubrió.

Más adelante, a los catorce, inició otra relación con un joven que se había mudado frente a su casa, pero el amor nunca pareció desplazar su necesidad de libertad.

Mientras cursaba el secundario en el Liceo N.º 12 de Caballito, podía ser popular y participar de actividades con sus compañeros, pero también conservaba una distancia propia. No le interesaban demasiado algunos rituales de la adolescencia. Incluso decidió no participar del viaje de egresados a Bariloche. Podía estar en el centro, pero no necesitaba pertenecer. Esa contradicción sería parte de ella para siempre.

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Al terminar el secundario, la familia imaginó para ella un camino diferente. Había abogados en su entorno y comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de Buenos Aires, pero la carrera duró apenas dos años. La vida tenía otro plan.

Libreta estudiantil abierta de la Universidad de Buenos Aires con la foto de una mujer, su nombre Ana María Casanova y un sello de 1973
La libreta estudiantil de Ana María Casanova, conocida como Moria Casán, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, con su foto de 1973.

En 1968, durante una función en el Teatro Nacional, un amigo la presentó a quien entonces era el coreógrafo. Él reparó en ella y le hizo una propuesta. Fue así que a los pocos días, aquella joven que había estudiado piano, danza, inglés y a las 9 de la mañana había asistido a una clase de Derecho, 12 horas después debutaba como figurita en la revista Cuando abuelita no era hippie, junto a Zulma Faiad y Adolfo Stray.

La puerta que había estado buscando sin saberlo finalmente apareció y ella entró. El Derecho quedó atrás y la revista apareció adelante. Así las cosas, el 2 de agosto de 1973 debutó como primera vedette en el teatro Cómico (ahora, Lola Membrives)

Después llegarían la televisión, las giras, la comedia, los grandes escenarios y una carrera que terminaría convirtiéndola en una figura imposible de ignorar.

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Pero había una parte de esa infancia que permanecía en silencio. Moria también contó que durante su niñez sufrió abusos sexuales por parte de su abuelo paterno, Antonio Bautista. Según su reconstrucción, comenzaron cuando tenía alrededor de ocho o nueve años y se prolongaron durante un período de su infancia. Sus padres no llegaron a saberlo.

Esa experiencia forma parte de la historia de una niña que también tuvo momentos de felicidad, vínculos familiares profundos y una educación que estimuló su independencia y su relación con el arte.

Una mujer con cabello largo y oscuro y un vestido negro sin mangas posa sobre un fondo gris liso. Su brazo derecho está estirado y su espalda descubierta.
Moria Casán en una de las imágens para la revista Siete Días, en su debuit como primera vedette, en 1973 (Mágicas Ruinas)

No hay una sola explicación para Moria. No existe una única escena capaz de explicar una personalidad tan compleja.

Están las heridas, pero también están la huerta de Gerónima, los rabanitos, las remolachas, los huevos del gallinero, el aprendizaje de ordeñar, el sabayón de cada tarde.

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Está Magdalena sentada frente al televisor, vestida de negro, con su piel blanca y su pelo blanco, mientras la pequeña observaba los rituales de su enfermedad.

Está Bartolomé y sus relojes de cemento, midiendo el tiempo con la luz. Está el padre en el mar, está la madre cubriéndola de barro bajo el sol. Está el piano, el espejo, el garaje, la barra de danza y las zapatillas amarillas que una niña decidió comprar con su propio esfuerzo.

Y está aquella muchacha que, cuando apareció una oportunidad inesperada, tuvo el coraje de abandonar Derecho para entrar a un escenario.

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Mujer con flequillo en vestido negro sin espalda posa para la tapa de la revista Siete Días Ilustrados, fondo verde, banda con texto UCR La Oferta de Perón
Moria Casán posa para la portada de la revista Siete Días Ilustrados con motivo de su debut como primera vedette (Mágicas Ruinas)

Por eso, mirar los primeros años de Moria Casán es mirar mucho más que la infancia de una futura vedette. Es mirar el origen de una mujer que desde muy temprano aprendió que podía construirse a sí misma.

Una mujer que creció entre la tierra de una huerta y las luces imaginarias de un escenario, que aprendió de sus abuelas el valor de las pequeñas cosas.

De su padre, el arte y el refugio, de su madre, algunos de los rituales de belleza, de la danza, el lenguaje del cuerpo.

Y de la vida, demasiado temprano, la necesidad de resistir. Después llegarían los tacos, las plumas, los flashes, los teatros llenos, la televisión, los amores, los escándalos, la fama. Y finalmente ese nombre que terminaría siendo suficiente para saber de quién se hablaba: Moria.

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La dedicatoria de Tini Stoessel a Lali Espósito tras su histórico show: “Hay cosas que suceden cuando una está preparada para vivirlas”

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Un video de los ensayos muestra a la Triple T llegando de incógnito al Monumental y confesando sus nervios antes de compartir escenario, quince años después de admirar a la estrella

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Tini Stoessel compartió un mensaje en sus redes sociales horas después de su participación sorpresa en el tercer show de Lali Espósito en el Estadio de River Plate. La cantante publicó una serie de fotografías de su paso por el escenario del Monumental junto a un texto en el que reflexionó sobre el significado del encuentro con su colega.

“Por las niñas que fuimos y sobre todo por las mujeres en las que nos convertimos”, escribió Stoessel al inicio de su publicación en Instagram. La frase retomó las palabras que la propia Espósito había pronunciado arriba del escenario durante la presentación conjunta, cuando tomó la mano de la Triple T frente a las miles de personas presentes en el estadio.

Tini Stoessel publicó un mensaje en redes sociales tras su aparición sorpresa en el show de Lali Espósito

En el posteo, Tini agregó: “Hay cosas que suceden cuando una está preparada para vivirlas”. La artista continuó su mensaje con una referencia al vínculo que las une desde hace años: “Desde el día que me invitaste, hubo un camino muy lindo donde pudimos construir juntas”. También destacó el valor emocional que tuvo para ella la experiencia compartida sobre el escenario: “Lo que vivimos anoche tuvo un significado muy hermoso y profundo para mí”.

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Tini Stoessel reconoció el talento de Marilina Bertoldi en su publicación tras la presentación conjunta
Tini Stoessel reconoció el talento de Marilina Bertoldi en su publicación tras la presentación conjunta

El texto incluyó, además, palabras de reconocimiento hacia Lali: “Te respeto profundamente, admiro tu valentía y todo lo que sos. Gracias por tu abrazo, tu cariño y por la generosidad con la que compartiste conmigo algo que voy a guardar para siempre”, escribió Stoessel, con una mención directa a la cuenta de su colega. La publicación cerró con un saludo a Marilina Bertoldi, la tercera artista que se sumó a la presentación: “Dios mío, ¡qué bestia! Un honor haberte conocido. Qué talento, y qué lindo fue compartir juntas”.

El mensaje llegó después de una noche que quedó registrada como uno de los momentos más comentados del pop argentino. El sábado, en el barrio de Núñez, Lali Espósito cerró la era de “No vayas a atender cuando el demonio llama” con la presentación de Tini como invitada especial, después de años de pedidos de los fanáticos de ambas artistas para que concretaran una colaboración. La expectativa había crecido a partir de una fotografía de años atrás, tomada en un estudio de grabación, que alimentó las especulaciones sobre un posible cruce entre las dos.

Las cantantes rindieron homenaje a Madonna con la canción Like a Virgin y atuendos de novia
Las cantantes rindieron homenaje a Madonna con la canción Like a Virgin y atuendos de novia

Sobre el escenario, las cantantes rindieron homenaje a Madonna con una versión de “Like a Virgin”, en una reinterpretación de la presentación que la Reina del Pop realizó junto a Christina Aguilera y Britney Spears en los MTV Video Music Awards de 2003. Al igual que en aquella actuación, Lali y Tini aparecieron vestidas de novia, en una referencia a sus respectivos casamientos. Más tarde, Marilina Bertoldi se sumó a la escena y protagonizó un beso con ambas, en un guiño a aquella presentación y al “Chape Tour”, que la artista de “Fanático” llevó adelante durante su gira “Disciplina”.

Lali Espósito y Tini Stoessel cantaron la canción 1AMOR antes de sus respectivos casamientos
Lali Espósito y Tini Stoessel cantaron la canción 1AMOR antes de sus respectivos casamientos

Tras el cierre de la canción, Tini tomó el micrófono para agradecer la invitación: “Lali, te vimos crecer todos los argentinos, fuiste parte de mi casa, de mi living, de mis meriendas. Me acompañaste en muchos momentos desde que soy muy chiquita, y es un honor estar al lado tuyo, cantando con vos, viendo todo lo que lograste”. Espósito le respondió con la frase que después Stoessel retomaría en redes: “Sos preciosa. Esta invitación, como nos dijimos en privado, es por las niñas que fuimos, pero sobre todo por las mujeres en las que nos convertimos”.

Después de la interpretación de “Like a Virgin”, ambas artistas cantaron “1AMOR”, el tema que Lali escribió como manifiesto de un amor sano, que en su caso llegó de la mano de Pedro Rosemblat, con quien se casará en los próximos meses. Tini, por su parte, también dará el sí a fin de año, en su casamiento con Rodrigo de Paul.

La cantante destacó el vínculo que mantiene con Lali Espósito desde su infancia
La cantante destacó el vínculo que mantiene con Lali Espósito desde su infancia

La organización de Espósito compartió un video del detrás de escena de los ensayos, en el que se observa a Stoessel ingresar al estadio con un buzo con capucha y anteojos oscuros para evitar ser reconocida antes de la sorpresa. En las imágenes, Tini recordó el vínculo que mantiene con Lali desde el inicio de su carrera: “Cuando yo estaba por hacer los primeros Gran Rex con Violetta, me acuerdo que Lali nos vino a dar una charla y yo estaba en modo fan”. Y agregó: “Hoy, después de 15 años, estar cantando con ella, viviendo esto hermoso en nuestro país, estar cantando esta canción, casarnos el mismo año, ¿qué querés que te diga? Es una locura”.

En el mismo material, Evitta Luna, integrante del equipo de redes del tour, presentó a Tini ante el resto del staff con la frase “llegó ella, la triple T”, mientras el público coreaba el nombre de la artista. Durante los ensayos, Tini también describió la energía de su colega: “Ella tiene mucha paz. Tiene mucha energía, pero se le siente como una paz”. Espósito, por su parte, bromeó sobre su propio rol en la organización del espectáculo: “Soy una gran inventadora de buenos momentos de show”.

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La organización difundió un video del detrás de escena donde Tini Stoessel ingresó al estadio con capucha y anteojos oscuros
La organización difundió un video del detrás de escena donde Tini Stoessel ingresó al estadio con capucha y anteojos oscuros

Antes de subir al escenario, Lali le agradeció el gesto a su invitada frente al resto del equipo: “Bienvenida al demonio”, en referencia al nombre de su gira, y pidió un aplauso para Stoessel. Al finalizar la presentación, Tini resumió la experiencia con una frase que también compartió públicamente: “Nunca estuve tan nerviosa en toda mi vida. Fue increíble, fue una locura, gracias”.

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Nico Cabré se llevó a la hija de la China Suárez a Europa y cumplió un sueño: “Fue un año duro”

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Nicolás Cabré cumplió uno de esos sueños que llevaba años persiguiendo. El actor corrió la Maratón de Berlín, atravesó una preparación marcada por lesiones y dolores y finalmente consiguió la medalla que tanto había deseado. Pero hubo otro detalle de su viaje que no pasó inadvertido: estuvo acompañado por Rufina, la hija que tuvo con la China Suárez, en medio de todas las idas y vueltas que atravesaron en los últimos años los vínculos de esa familia.

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Cabré venía preparando esta carrera desde hacía tiempo y hasta había contado públicamente que llegaba al desafío con una lesión en la columna. Lejos de abandonar, decidió continuar con su entrenamiento y afrontar la competencia. Después de cruzar la meta, compartió la emoción por haber conseguido aquello que parecía cada vez más difícil.

“Fue un año duro donde todo me pegó en el cuerpo, me lesioné por todos lados, casi no pude entrenar, pero igual la terminé. Y así después de 8 años tengo esa medalla que tanto soñé”, escribió junto a las imágenes del momento en el que recibió la distinción.

En ese recorrido tuvo un acompañamiento muy especial. Cabré viajó a Berlín junto a Rufina, la hija que nació de su relación con Eugenia “la China” Suárez. La presencia de la adolescente adquiere una particular dimensión por todo lo que ocurrió alrededor de los adultos de esa familia en los últimos tiempos: separaciones, nuevas parejas, reencuentros, conflictos y una permanente exposición mediática que muchas veces puso a prueba los vínculos.

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CABRÉ VIAJÓ A EUROPA CON LA HIJA DE LA CHINA SUÁREZ

La escena también aparece en un contexto particular para la propia Rufina, que mantiene relación tanto con su mamá como con su papá y que en los últimos meses quedó, inevitablemente, cerca de algunos de los movimientos sentimentales que protagonizaron los adultos de su entorno. Cabré, por su parte, también construyó una nueva etapa junto a Rocío Pardo, con quien se casó y a quien incluyó entre las personas fundamentales para llegar a cumplir este objetivo.

“Gracias a todos los que estuvieron y me acompañaron en este camino. Especialmente a Rocío, a Rufina y a mis amigos”, expresó Cabré después de la carrera. Y cerró con una frase que resumió el significado personal de semejante esfuerzo: “Sueño cumplido”.

Meses antes, cuando todavía estaba entrenando y los dolores amenazaban con complicar sus planes, el actor había explicado cómo encaraba el desafío. “Cada vez que entrené para un maratón me lesioné”, contó. Y agregó: “Estoy entrenando para Berlín con una lesión en la columna y mil dolores”, para luego asumir que “las cosas casi nunca son como uno quiere, son como tocan”.

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Cabré incluso había dejado una definición que, después de completar la prueba, tomó otro significado: “En mi caso parece que los maratones si no duelen no valen. Por eso se entrena igual, buscándole la vuelta”. Y había sido contundente sobre su decisión de seguir adelante: “Y si Berlín tiene que doler, dolerá porque no pienso bajar los brazos, no vale bajar los brazos”. Finalmente, lo consiguió y tuvo a Rufina a su lado para compartir uno de los momentos más importantes de su año.

 

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El mensaje de Flor Peña a Juan Otero por sus 18 años: “Volá alto que tus alas son grandes y poderosas”

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La actriz compartió en redes un mensaje para su hijo por su cumpleaños y un video con fotos de distintas etapas acompañado por música de Jorge Drexler (Video: Instagram)

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Juan Otero, el hijo de Florencia Peña, cumplió 18 años y la actriz le dedicó un mensaje por su cumpleaños a través de sus redes sociales. La actriz compartió un video con distintas fotos junto a su hijo, musicalizado con la canción “Me haces bien”, de Jorge Drexler, y acompañó la publicación con una reflexión sobre su crecimiento.

En el texto, Flor expresó su emoción al ver la evolución de su hijo y resaltó sus rasgos personales. “Me emociona verte crecer, mi pequeño Juan, y ver cómo te convertís en vos”, escribió. La actriz definió a su hijo como una persona “única, original, llena de vida y alegría”, y también destacó que es “valiente y fuerte”, “genuino y sensible”, “amoroso, ocurrente y talentoso”.

El emotivo posteo de Flor Peña por los 18 de su hijo: “Te amo desde las entrañas”

La publicación incluyó un video con diversos momentos familiares junto al joven, quien viene trabajando en televisión desde hace dos años, es actor, cantante, trabaja en el ciclos de streamig e incluso fue subcampeón de Cantando 2024. Peña abrió el saludo con la frase “Para todos mis miedos… está tu sonrisa” y destacó la importancia de la fecha por los 18 años de su hijo del medio. Luego lo describió como un joven “único”, “original”, “lleno de vida y alegría”, “valiente y fuerte”, “genuino y sensible”, además de “amoroso, ocurrente, talentoso” y “tan vos siempre”.

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También aludió a su forma de enfrentar los desafíos y sostuvo que Juan vive “defendiendo tu libertad con uñas y dientes”, con “un corazón gigante y una tremenda fortaleza para bancar las embestidas”. Sobre el vínculo que los une, expresó: “Cómo podría con palabras expresarte el amor que siento. Me explota el corazón de orgullo y amor profundo”.

flor peña juan otero
“Sos extraordinario”, el saludo de Flor Peña para Juan Otero en su cumpleaños

Florencia valoró el tiempo compartido con su hijo al señalar: “Qué hermoso plan es estar juntos. Reírnos tanto. Decirnos cosas lindas y no tan lindas. Discutir ideas, abrazarte aunque ya no seas mi pequeño Buda”. Además, le manifestó: “Te amo. Desde las entrañas. Desde lo más profundo de mi ser”.

flor peña juan otero
Flor Peña junto a sus hijos Toto, Juan y Felipe (Instagram)

La actriz aseguró que Juan “va a estar siempre donde sea feliz”, “donde sienta que crece” y “donde haya amor”. También le prometió: “Ahí también voy a estar yo. Aunque ya no me necesites tanto, yo voy a ser tu guardiana hasta el último de mis días”. En el cierre, Peña escribió: “Feliz cumple, Juan de mi corazón. La vida es más linda desde que estás en este mundo”. Finalmente, lo alentó con las frases “Volá alto que tus alas son grandes y poderosas”, “nadie nunca podrá contra tu determinación” y “sos extraordinario”, antes de concluir: “Hoy y siempre celebro tu vida (y nosotros sí que sabemos celebrar)”.

flor peña juan otero
Flor Peña celebró los 18 de Juan Otero: “Me explota el corazón de orgullo”

El cumpleaños de Juan Otero llegó pocos días después de que se conociera que Florencia Peña había recurrido a la Justicia por una situación que, según contó la actriz en LAM, ocurrió años atrás. El caso involucró a una joven que era amiga de su hijo y a la madre de ella, quienes frecuentaban a la familia en el barrio privado de Pilar.

flor peña juan otero
Flor Peña celebró el cumpleaños de Juan con un mensaje: “Hoy y siempre celebro tu vida”

De acuerdo con el relato difundido en el programa, la mujer y su hija habrían realizado consumos no autorizados con tarjetas de la familia y se habrían llevado objetos de la vivienda. El hecho salió a la luz cuando Juan, que tenía 14 años al momento de los sucesos, le contó a su madre que recibía amenazas y pedidos de dinero para que no se difundiera información de su vida privada.

flor peña juan otero
“La vida es más linda desde que estás en este mundo”, el mensaje de Flor Peña a su hijo Juan

Peña explicó que optaron por no hablar públicamente del tema mientras avanzaba la causa. “Hicimos la denuncia, la Justicia accionó y nuestro abogado consiguió condenas”, afirmó en el ciclo televisivo. La actriz señaló que lo que más afectó a la familia fue que se trataba de personas cercanas: “Lo que nos dolió, y le dolió a Juan, fue que eran amigos, que venían a casa y con quienes compartíamos cenas y cosas”. El proceso judicial concluyó con condenas vinculadas a la denuncia. Para Peña, el punto central de aquella situación fue el cuidado de su hijo frente a las amenazas que recibió cuando era menor de edad.

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