POLITICA
Apareció la palabra prohibida

Hubo una noticia que llamó la atención de los que siguen la economía, más específicamente el mundo de las finanzas, y se trata de una decisión que tomó el ministro de Economía, Luis Caputo, después de una deliberación muy larga con el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, con quien forma un equipo muy integrado porque eran socios en la actividad privada. La noticia tiene que ver con el récord de depósitos en dólares que hay en la Argentina y, ligado a eso, una decisión del Gobierno: permitirle a los bancos usar parte de esos depósitos. no más del 15%, para prestarlos a empresas que no generen dólares.
Hasta el momento estaba permitido prestar dólares a los que los aportan, pero ahora se decidió flexibilizar su oferta y que los bancos puedan destinar 15% de sus depósitos a prestarlos a empresas, no a particulares, que no los exportan.
Es una medida que generó cierta inquietud en algunos economistas, no en todo, ni siquiera en la mayoría, porque presumen que podría producirse una corrida de la gente en busca de los dólares que no están porque fueron prestados. Por ese motivo, la decisión del BCRA es muy restrictiva y los bancos que decidan usar esos dólares tienen que poner de su propio capital más que en otros préstamos. Hay mucho cuidado en que no se vuelva a presentar un problema como el de 2001.
Este cambio fue anunciado por Caputo, a pesar de que es una medida adoptada por el Banco Central. La autonomía del BCRA, que para los liberales es sagrada, en este caso está relativizada.
¿Dónde está el punto de interés si uno mira las películas de la economía y de la política? En cómo justificó Caputo la medida: “Va a ayudar a reactivar la economía”. El verbo “reactivar” lo usan los economistas cuando la actividad está aletargada o cuando un determinado nivel de crecimiento se desaceleró. Por eso, esa palabra que usó el ministro es una especie de lapsus para un Gobierno que niega cualquier problema en la actividad, principalmente en los sectores que están planchados, como construcción, industria y comercio.
De esta manera, después de haber prometido en abril que se venían los 18 meses más espectaculares de la economía argentina en décadas, el ministro admitió que se necesita reactivación. Pero esto no nos debe sorprender porque la noticia para el Gobierno no llega desde la observación de la economía real, sino por un efecto secundario de ese decaimiento del nivel de actividad: cómo impacta en la recaudación.
Caputo se da cuenta de que la recaudación del IVA y del Impuesto al Cheque, entre otras, está cayendo. A su vez, en la Capital Federal, las autoridades del gobierno de Jorge Macri están inquietas porque Ingresos Brutos cayó 10% respecto al año pasado. Sucede algo parecido en todas las provincias.
Y también hay un mensaje del FMI que pasó inadvertido porque los propios técnicos del Fondo quisieron que así sea. En el informe que publican cada vez que examinan la situación argentina, se publicó una afirmación elogiosa: “La política fiscal se ha mantenido prudente y coherente con el objetivo general del Gobierno en materia de resultado de caja. El superávit primario federal alcanzó el 1,4% del PBI en 2025, lo que permitió obtener un superávit de caja global equivalente al 0,2%”.
En ese texto se agregó una llamada al pie de página, en la que se aclaró: “Esta medida excluye los pagos de intereses correspondientes a los bonos cupón cero, que se registran ‘por debajo de la línea’. Si se incluyera ‘por encima de la línea’ el componente real de los intereses capitalizados, el déficit global ascendería aproximadamente al 0,8% del PBI”. Es decir: si los intereses de la deuda se calcularan de modo convencional, habría déficit.
El FMI aclaró este dato porque tiene que hacerlo pero lo hizo en una nota al pie de página, para no entrar en contradicciones con el gobierno de Milei respecto de la vaca sagrada del Poder Ejecutivo: la política fiscal y el equilibrio de las cuentas públicas, en el cual, obviamente, Milei y Caputo avanzaron. Pero ahora se encuentran en el círculo vicioso de los ajustes. Salir de los ciclos de la alta inflación por la vía del enfriamiento de la economía termina afectando a la política fiscal porque caen los ingresos y el superávit se vuelve cada vez más lejano. Se va corriendo el arco.
La caída en el nivel de actividad tiene que ver, más allá de la discusión sobre el tipo de cambio, con un recorte en el salario. Los aumentos han sido reprimidos para que no haya una carrera de precios que determinen más inflación y hay, además, un peso importante en el que se habla todo el tiempo del nivel de endeudamiento en las familias, problema que afecta a muchos y se volvió un asunto importante, aunque en términos de producto bruto no sea tan alto. Es decir, los técnicos miran los números y consideran que acá no hay un problema macroeconómico, sino político. O, en todo caso, un problema delicado social, de la gente que no puede pagar sus deudas, sobre todo aquellos que están endeudados con organismos que no son bancos o, directamente, con usureros informales, como pasa en muchísimos lugares, principalmente en el conurbano bonaerense.
Hay otras razones por las cuales el salario está retraído y hay una caída del poder adquisitivo: el peso de los servicios públicos ha aumentado enormemente y hoy es, en el promedio del salario en blanco, un 15%. Cuando se retiró el gobierno Alberto Fernández era del 6%: se regalaban los servicios y eso generaba un déficit público enorme por los subsidios que había que pagar.
También hay motivos por los cuales hay un problema en la recaudación y tienen que ver no sólo con la dinámica de la economía, sino con la ideología económica del Gobierno.
La primera de esas razones es que el Gobierno mira la economía pensando en dos velocidades. Es una forma de entender la política económica y la manera que tiene el Gobierno de intervenir en ella. Hay una cláusula del catecismo de Milei que establece que no debe haber política industrial. el Estado no debe inmiscuirse en la lógica del mercado ni favorecer o desalentar a ningún sector. Esto, que es un dogma de fe para todo el pensamiento económico liberal o ultraliberal, en la cúspide de sus expositores está Federico Sturzenegger, en la realidad no es así. El Gobierno promueve determinados sectores a los que le quita impuestos, como la minería, el gas, el petróleo y todo lo que privilegia la política industrial del Gobierno, que se llama RIGI. Y ahora está el sector de la tecnología, lo que se llama economía del conocimiento, que va a tener un súper RIGI.
Esos sectores se alientan pero son los que menos tienen que ver con el consumo y con la recaudación del IVA o del Impuesto al Cheque. Los otros, a los que el Gobierno no mira y a los cuales no quiere alentar porque sería intervenir sobre la economía, como si sobre los sectores de minería, oil and gas, etc., no interviniera, son los que producen el mayor impacto fiscal sobre la recaudación y esos son los que están retrasados.
Quiere decir que hay un diseño de política económica y una forma de ver el mundo material y los sectores que deben ser alentados o desalentados que tiene muchísimo que ver con la caída de la caja del Gobierno que preocupa a Luis Caputo, y que hace que el ministro termine diciendo algo que decían sus críticos: esta economía debe ser reactivada; está adormecida y hay que despertarla.
Además hay otra razón por la cual también cae la recaudación: la cultura del blanqueo, que es permanente en este gobierno, así como en otros. Consiste en que a aquel que debe se le perdona la deuda o se le hace un plan de pagos. Un estilo que se llama en términos muy generales y metafórico “inocencia fiscal”. De esta manera, el que debe sabe que, si espera un poco, va a llegar un nuevo perdón. Así, decide seguir evadiendo porque no hay sanción.
Este esquema también impacta sobre las cuentas públicas y está ligado a la evasión, que ha aumentado muchísimo. Sube el consumo pero la recaudación de IVA no le sigue el ritmo, y, cuando cae el consumo, la recaudación de IVA baja más. En la diferencia entre ambos, consumo e IVA, se juega la evasión fiscal, que también incide sobre esas cuentas que preocupan al ministro y que le hacen ver finalmente, por el lado de lo fiscal, que la economía real está castigada en sectores muy importantes. Así se enrarece el clima general de la sociedad.
Esto, por supuesto, tiene efectos políticos. El primero tiene que ver con la estructura de la casta. IVA y ganancias son impuestos coparticipables, entonces, si baja el IVA, le cae a Caputo, pero también a cada uno de los gobernadores que recibe de una cuenta del Banco Nación el goteo diario de lo que se recauda por esos impuestos y va a las provincias. Así se empieza a generar un malestar que siente Diego Santilli, el jefe de gabinete, a quien se le encomendó la relación con las provincias, que es, asimismo, la relación con el Congreso.
En ese punto empieza a haber ruidos que hacen que el Gobierno no pueda sacar todas las leyes, o artículos de leyes, que quiere sacar y tenga derrotas parlamentarias que hacen que algunos oficialistas en el Congreso piensen que va a haber poca actividad parlamentaria porque no se van a lograr tan fácilmente las mayorías.
Los gobernadores ven que les cae la recaudación, pero, además, que el Gobierno se apropia de algunas cajas que debería girarles. Una es la que publicó Hugo Alconada Mon en , que está vinculada al mantenimiento de rutas. Había un billón y medio de pesos destinado a ese propósito y el Ejecutivo se quedó con dos tercios de ese fondo que tenía que ir, por ley, a las provincias. Hubo una denuncia penal de la diputada Victoria Tolosa Paz por este tema. A los gobernadores la cuestión fiscal los empieza a inquietar.
A su vez, hay otra razón para complicar la política, que es más poderosa: la reelección de Milei, que hasta hace seis meses que se daba por asegurada, sobre todo después del envión que tuvo el Gobierno con la excelente elección parlamentaria del año pasado, empieza a ser más dudosa. Comienza a pensarse que hay una posibilidad de que no se dé. Y las encuestas empiezan a insinuar ese fenómeno.
Esta semana, Aresco, consultora de Federico Aurelio, hizo un trabajo muy interesante en este sentido. Le preguntó a sus encuestados si votarían por un espacio que no sea libertario ni kirchnerista, es decir, por una tercera posición. Un 14,6% respondió que “seguramente sí”, mientras que los que aseguran que podrían hacerlo son el 40,7%; un 55,3% en total.
Aurelio no solamente hace esa pregunta, indaga en la cabeza de esa gente y se da cuenta de que es gente que activamente está buscando algo que no sea Milei o, algo que no sea, para sintetizar, Cristina Kirchner. El 17,4% dice que nunca votaría esa tercera opción y hay un 27,7% del que no se sabe adónde va a ir. Luego está la distribución de la intención de voto. ¿Usted a quién votaría? Al mileísmo, 29,8%. Al kirchnerismo, en un sentido muy amplio, 26,9%. A la izquierda, 8%. Y una opción intermedia, 22,7%. Si el 55% votaría algo intermedio, el 22,7% son los que dicen: efectivamente yo lo votaría en comparación con las otras opciones. ¿Qué es lo importante de este número? Que no alcanza para que el grupo que votaría una opción por fuera del mileísmo, el kirchnerismo y la izquierda, salga segundo en una primera vuelta y entra el ballotage.
Hay un consenso bastante extendido entre encuestadores y analistas políticos de que, si Millei no gana en primera vuelta, se le hace muy cuesta arriba ganar la segunda. Porque el que salga segundo, podría quedarse con todo el resto. Es decir, con lo que, según otras encuestas, es un 66% de gente que quiere el cambio.
Para los que quieren esa opción intermedia, hay un problema. Lo advierte a Aurelio preguntándole a la gente qué piensa. ¿Y cuál es el problema? Que ese universo de los que dicen yo no quiero votar a alguien de Milei, pero tampoco a alguien de Cristina, es muy variado. No piensa igual. Es gente que adhiere en sentido muy general a determinadas líneas de acción del Gobierno, la preservación del equilibrio fiscal y la estabilidad económica. No quieren volver al mundo de la alta inflación y del despilfarro. Por supuesto no quieren crisis con el dólar. Ese es un denominador común de ese conjunto. Quiere decir que le resulta más difícil entrar en ese universo al kirchnerismo, y al peronismo que esté contaminado de kirchnerismo, que al Gobierno.
Para entender, hacia dónde va la política, tenemos que plantearnos escenarios para el año que viene. Si el número de apoyo al mileísmo empieza a caer, si la economía sigue cayendo, es probable que la cifra de los que irían por una opción intermedia crezca, aún pese a su diversidad. Por eso Aurelio cuando estudia este fenómeno dice: acá la clave está en las características del candidato más que la ideología. No tiene que hacer propuestas muy específicas. Porque los que irían por una opción intermedia o el 55% que votaría una tercera opción, piensan cosas muy variadas. Van a valorar más el tipo de candidato que se les presente. Que tiene que garantizar algo básico: estabilidad económica.
La otra encuesta interesante pertenece a Pulsar. Un instituto de ciencias sociales que estudia la opinión pública que depende de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y lidera Augusto Costa. La misma apunta a las preferencias ideológicas. En 2023, 37% decía que no iba a votar a ningún partido político. En 2024 ese número se redujo al 25%. En el 2025 creció al 30% y ahora son el 42% los que dicen que no van a votar a ninguno. Todo lo demás se mantiene más o menos estable, salvo un achicamiento muy importante de Juntos por el Cambio, que pasó de tener una identificación de 26%, en 2023, al 8% en la actualidad.
Por otro lado, el peronismo se mantiene estable y LLA tiene una pequeña pérdida de 23% a 18%. Y después aparece lo más importante. El universo que coincide con la encuesta de Aurelio: los que dicen, de los que hay, no quiero a nadie. Piden un tercero. Luego aparece la ubicación ideológica de esa gente. Del 1 al 10, si uno es izquierda y 10 es derecha, ¿usted dónde se ubica? El 36% se ubica en 5: en el centro. Entonces, hay un universo de gente que dice ‘yo no quiero kirchnerismo’ y ‘no quiero a Milei’, pero que está en el centro. No es gente radicalizada que quiera algo más de derecha que Milei o más de izquierda que Cristina. Ahí está el eje de la política.
Luego aparece otra escala que propone, del 1 al 10, donde uno es izquierda y 10 es derecha, ¿dónde se ubicaría usted? La opción “Ninguno” tiene el 5,1% de promedio. Es decir, la primera minoría está entre los que dicen, “ninguna opción me representa”. Ahí hay un terreno fértil para que aparezca una tercera opción que no necesariamente va a aparecer. La gran dificultad es cómo estructurar ese conjunto, porque se trata de gente muy variada.
Es clave observar esto porque pone en tela de juicio el dogma de la reelección de Milei. Si el promedio que elige la opción “Ninguno” se estructura, puede aparecer alguien que salga o primero o segundo en una primera vuelta. Y que sea quien se quede con el poder.
La idea de que no es seguro, pero es posible, que haya un cambio en la elección del 2027 tiene su repercusión en la economía, sobre todo en el Índice de Riesgo. En el informe que realiza todas las semanas para Econviews, el economista Miguel Kiguel publica un gráfico que muestra el índice de riesgo país de la Argentina en comparación con el índice de riesgo país promedio de países con mucho riesgo, por ejemplo Ecuador, Egipto, El Salvador, Ghana, Pakistán o Sri Lanka. Lo más importante es que el riesgo de la Argentina es superior al promedio de países con mucho riesgo. Pero lo más importante es que, mientras estos países en la última etapa, en las últimas semanas, siguió cayendo el índice de riesgo, la Argentina tuvo un repunte. De 400 a 470 puntos. Y esto es importante porque dificulta un poco más que el Gobierno pueda salir a buscar plata en el mercado con una tasa razonable.
Que se haya instalado un signo de interrogación sobre la reelección de Milei explica, que el índice de riesgo país de la Argentina sea más elevado que el de países similares. Y esto el Gobierno lo percibió y tuvo una reacción política. La primera reacción fue “llamemos a Macri”. Porque si le quieren garantizar a la gente que mueve la curva del riesgo país, que la reelección es muy probable y que casi está garantizada, lo que primero tengo que mostrarles es que el espacio no peronista está unificado. Y ahí surge otro problema: ¿qué capacidad tienen las fuerzas no peronistas que no son del Gobierno de armar una candidatura alternativa? Macri respaldó la candidatura de Hernán Lacunza, que es un economista crítico. Probablemente desde el Gobierno vieron eso, llamaron a Macri y dijeron nos saquemos una foto.
Macri tuvo una larga conversación con Karina Milei el lunes de la semana pasada. Y después se produjo la reunión, una reunión que nadie se toma muy en serio. No porque la gente que la protagoniza no sea seria, sino por la naturaleza política de la reunión. Había tres personas del Pro. Una es Fernando De Andreis que es la sombra de Macri, el otro era Santilli pero, ¿a quién representa el jefe de Gabinete? Probablemente ni él lo sabe. Institucionalmente, a Milei. Sobre todo a Karina Milei.
Para vigilar a Santilli, y asegurar que represente a quien tiene que representar, estaban los Menem, sobre todo Lule. qué es los ojos y oídos de Karina Milei. Y después estaba Cristian Ritondo, que hace de diputado del Pro, pero está tan cerca del Gobierno como Santilli, tanto que le han dado cantidad de direcciones de hospitales, delegaciones del PAMI y otros beneficios territoriales Quiere decir que Macri mandó gente para simular un encuentro, pero probablemente no está del todo convencido de que el gobierno esté realmente dispuesto a reconocerlo.
A sus amigos, Macri les dijo, “a mí no me interesan las candidaturas del año que viene: me interesa que el Gobierno me diga hacia dónde va”. Que le dé algunas garantías institucionales. Hay que acordarse de que Macri rompió con Milei básicamente a partir de la candidatura del juez Ariel Lijo para la Corte Suprema. Y por otro lado también le interesa incorporar gente de él al Gobierno. Con la intención, que él declara, de mejorar la calidad de gestión del oficialismo.
Macri también tiene una fragilidad. Santilli, Ritondo, Rogelio Frigerio en Entre Ríos, Nacho Torres en Chubut. Le van tomando la gente sin hablar con él. Esto fue una estrategia diseñada muy temprano por el ”Mago del Kremlin», por Santiago Caputo, quien imaginó: “A Macri lo jubilamos y nos quedamos con el Pro”. Ahora, esa estrategia se vuelve un poco complicada porque hay algunas novedades.
Balance: para que haya tranquilidad en el mercado, el Gobierno debe garantizar que la reelección es casi segura. Con esta economía es muy difícil. Con esta economía que, y digo la palabra prohibida: hay que reactivar. Para garantizar que la reelección está asegurada y para emitir señales en ese sentido hay que unificar el espacio no peronista. Entonces lo traen a Macri.
Con el expresidente hay una discusión central. La ciudad de Buenos Aires es el corazón del Pro. Dicho de un modoi más desagradable pero sin ofender a nadie: es la caja del Pro. Entonces, ¿Qué va a pasar con LLA y la Ciudad? ¿Van a respetar el liderazgo del Pro? Probablemente tenga que hacerlo, porque desde que se cayó Manuel Adorni, muchos votantes que tenían en el exjefe de Gabinete un candidato, o veían en él a Milei, han vuelto a elegir, en las encuestas, al Pro.
Y esto va de la mano de un problema personal y muy difícil de resolver para Macri, que es la recuperación de Jorge Macri. El alcalde porteño se ha aproximado al Gobierno para acercarse a ese electorado que era de Milei, que era de Adorni. Jorge Macri hace gestos amigables con Milei, habla bien del Gobierno y mejoró algunos indicadores claves para su gestión. Uno tiene que ver con la limpieza urbana. Para ponerlo en términos de Larreta, el olor a pis.
Con esto, Jorge Macri se pone más fuerte, lo cual, paradójicamente, es una mala noticia para Mauricio, que tiene problemas de liderazgo en el gobierno de su primo. Jorge ha tenido en muchos temas una autonomía que en su momento ni Larreta tuvo frente al por entonces Presidente Macri. En cambio, el alcalde porteño gobierna con un Macri que no se sabe dónde está, si retirándose o pensando en volver.
Este panorama.se completa en este duelo entre los Macri con un personaje que media entre los dos, que es Daniel Angelici. Quien le dice a Mauricio, “Estás condenado a Jorge”. ¿Por qué? Porque Jorge es malo. Y si lo menospreciás, si buscas otro candidato, por ejemplo De Andreis, Jorge se va a postular igual y con los votos que saque, con el gobierno porteño detrás, vos perdés. Esta es la obra de teatro que se está representando en la ciudad de Buenos Aires entre Milei, que quiere arreglar con el expresidente, Macri que quiere que garantice la ciudad y que quiere que su primo se le subordine o, en todo caso, reemplazarlo.
Frente a todo este panorama aparece otro dato. Que preocupa también a Santilli. Y que se relaciona con la situación de los gobernadores. Una reunión inesperada entre Máximo Kirchner, Sergio Massa y Axel Kicillof. Ese encuentro, más allá de las particularidades de la interna peronista, fue un cónclave hecho a pedido, sobre todo, de los dos presidentes de bloque del Congreso: Germán Martínez, de la Cámara de Diputados, y José Mayans, de la Cámara de Senadores. Dijeron algo así como: “Queremos que las distintas versiones del peronismo se reúnan y nos den instrucciones en un tema estratégico, el sistema electoral. ¿Vamos a admitir o no que den de baja las PASO?”. A partir de esa reunión, el peronismo, incluido el de las provincias, se mostró más reticente a bajar las primarias. La vocación de diálogo, de acuerdo y de subordinación de muchos gobernadores peronistas frente a Milei se explica porque no tienen candidato. Pero si empieza a haber un universo electoral que dice que podría haber un candidato alternativo, se van a poner más duras esas relaciones. Va a haber más tensión entre las provincias y Milei. Por lo tanto, eso va a repercutir en el Congreso.
A Santilli no le tiene que haber gustado la reunión del peronismo porque termina pegando en el Congreso. Porque aparentemente, más allá de la gran crisis que vive el peronismo, como nunca la tuvo desde el ‘83 hasta la fecha, parecen haber encontrado en temas muy importantes, que tienen que ver con la supervivencia política, un centro de decisión. O por lo menos de coordinación. Todo esto lleva a que los gobernadores redescubran frente a Milei, frente a Santilli, el poder que tienen. Por eso Santilli tuvo que ir a Catamarca a hacerle un homenaje al gobernador, Raúl Jalil, que es un aliado, y llevarlo al ministro de Economía, Luis Caputo a que muestre la billetera.
Porque los gobernadores se dan cuenta que tienen un poder frente a Milei superior al que pensaban. Y esto se va a manifestar en la discusión económica, sobre todo cuando veamos el tratamiento del Presupuesto. Y se está manifestando muy sigilosamente en la agenda institucional, porque los gobernadores tienen 100 causas fiscales en la Corte Suprema que es la que se encarga de las disputas entre Nación y las provincias por plata. Mirando esos intereses en el máximo tribunal, empiezan a advertir que para ellos la conformación de la Corte es muy importante y esto hace que en el Gobierno empiece a anidar, no la vocación, no el deseo, la necesidad de ampliar la Corte para satisfacer a todos. Para ampliarla se necesita una ley con mayoría simple en el Congreso. Que va a poner en discusión a otros actores, entre otros Macri, porque si te doy los votos para ampliar, voy a pedirte un ministro de la Corte.
Esto empieza a desdibujar alguna fantasía, como por ejemplo la del juez Mariano Borinsky. Que hasta mostraba sus chats con Milei pensando que va a ser ministro de la Corte ¿Lo postularán? Ya pagó el peaje Borinsky. La semana pasada como juez de Casación, contradiciendo un dictamen de él mismo, dijo: “La Cámara de Casación puede resolver problemas de competencia”. Y todo lo de la AFA, que le interesa tanto al ministro de Justicia, Juan Bautista Maíques, y a su padre, amigo de Pablo Toviggino , sin olvidar las versiones tan fundadas de que festejó su cumpleaños en la mansión del mano derecha de Claudio “Chiqui” Tapia o de sus testaferros, en Villa Rosa.
Estos temas de la AFA, que le interesan tanto al ministro de Justicia, van a pasar al juzgado de Campana. Al tribunal que querían los sospechosos de esa causa: Tapia, Toviggino y Javier Faroni. El juez Adrián González Charvay, que es un experto en algo que los jueces federales conocen a la perfección, y que es uno de los grandes vicios de la Justicia Federal argentina, que es la cronoterapia. Reciben el caso y lo van demorando, van mirando los diarios, miran la situación del poder, y piensan: “Tampoco me voy a quemar por la gente de la AFA, pero, los tranquilizo y se resolverá en algún momento”. El juez Lijo tiene causas que se iniciaron en el año 2008 y todavía no las resolvió.
Esto no termina con el problema de la AFA, pero lo atenúa. Queda lo de Estados Unidos todavía. Eso lo tiene preocupado a Tapia, que está menos preocupado desde que Borinsky, con otro juez, que es Diego Barroetaveña, a quien ellos llaman cariñosamente “Bed and breakfast”, también decidió que la causa vaya al juzgado de Charvay. Esa jugada de Barroetaveña es clave porque era presidente del Tribunal de Ética de esta gestión de la AFA y no sintió que, por ética, tenía que excusarse. Gran aporte de la Justicia Federal, gran aporte de Mahíques a las autoridades de la AFA.
Mahíques es más expeditivo y eficaz con la AFA que con el propio Milei y con su hermana que tienen problemas todavía no resueltos en la justicia. Tapia igual mira a Estados Unidos donde le retuvieron un celular. Probablemente no es el que usa acá, un celular que usaba en Estados Unidos. Tan preocupado está el máximo dirigente del fútbol argentino que se hizo hacer un homenaje de su propio club. Por parte de sus propios empleados, en la cancha de Barracas Central este fin de semana, donde le entregaron un reconocimiento. Así, pasamos del secanunas a la plaqueta: un salto de calidad institucional.
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Elecciones en la UTA: se pone en juego la conducción del poderoso gremio de colectiveros

La Unión Tranviarios Automotor (UTA), el estratégico sindicato de los colectiveros, afrontará entre el 7 y el 8 de octubre una elección de alto voltaje para definir sus autoridades nacionales. El actual secretario general, Roberto Fernández, buscará revalidar por quinta vez su cargo al frente del gremio, que conduce desde hace 18 años.
A diferencia de las últimas tres veces, Fernández se enfrentará a un escenario inédito: competirán otras tres listas que buscarán desplazarlo. La atomización opositora, sin embargo, favorece al oficialismo. Sus retadores serán Maximiliano Escriba, líder de la seccional Mar del Plata, una de las cinco jurisdicciones que el oficialismo perdió en 2022; Alberto Patiño, actual secretario de Organización que decidió desafiar al jefe, y Claudio Gómez, con raíces en la izquierda.
Las casi dos décadas de conducción de Fernández, que tiene 82 años, se encuentran marcadas por un perfil negociador con las cámaras empresarias, adaptación a los distintos gobiernos y verticalismo interno. Su hegemonía, sin embargo, se pondrá a prueba frente a fallos judiciales sensibles que propiciaron una mayor apertura electoral en la UTA y abrieron paso a los opositores. En las urnas, esas expresiones buscarán canalizar el descontento por el deterioro del poder adquisitivo, de las condiciones laborales y la cobertura médica. Todo en un contexto signado por la caída de los aportes y la crisis de rentabilidad de las empresas del sector.
El sindicato de los colectiveros tiene alrededor de 70.000 afiliados en todo el país y conserva un alto poder de fuego al momento de instrumentar medidas de fuerza por su capacidad para paralizar el transporte público. Con la votación en dos jornadas, prevista para los choferes de larga distancia, la disputa también se replica a nivel regional, ya que se renovarán las autoridades de las 25 seccionales. El oficialismo será el único que tendrá candidato propio en todas las seccionales e intentará revertir el crecimiento de la oposición en cinco distritos: Mar del Plata, Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero y Jujuy.
Para la pulseada entre la CGT y la Casa Rosada, no parece resultar menor en manos de quién quedará la UTA. Fernández cortó vínculo con la central obrera y, en desacuerdo con el último cambio del triunvirato, ordenó retirar a su tropa del consejo directivo. En paralelo, adoptó una relación diplomática coyuntural con el gobierno de Javier Milei, condicionada por la dependencia de los fondos públicos, que no escaparon a la motosierra de la administración libertaria. En el último trimestre, la UTA viene de acordar un aumento salarial del 10,5% para los choferes de corta y mediana distancia en AMBA. En septiembre, sin contar viáticos, el salario básico quedó en $1.707.175.
Desde enero de 2024, los ingresos en el área metropolitana aumentaron un 181% en términos nominales ante una inflación acumulada que rondó el 246% desde entonces. Esa disparidad impactó en la capacidad adquisitiva de los colectiveros, que ya acarreaban retrocesos significativos, con el pico del 211% del IPC anual en 2023. Pero el escenario más agudo se sitúa en el resto del país, donde las paritarias están atravesadas por acuerdos fragmentados, ingresos básicos congelados por debajo del millón e incumplimientos por las dificultades para trasladar incrementos a las provincias, que ya no disponen del Fondo Compensador del Transporte del Interior.
Dentro del universo sindical, Fernández ha mantenido una pelea crónica con Hugo Moyano y su familia. Asumió la conducción de un gremio de colectiveros golpeado por el escándalo patrimonial protagonizado por su antecesor, Juan Manuel Palacios, quien dejó el cargo en 2006 después de 22 años al frente. Fernández era entonces su secretario adjunto y, lejos de retirarse junto a su mentor político, decidió quedarse para completar el mandato. Aquella decisión fue interpretada como una traición para el moyanismo y un golpe duro a su esquema de alianzas. Palacios era un dirigente de extrema confianza del líder de Camioneros, con el que conformó el ala combativa contra el menemismo en los noventa.
En consecuencia, el clan Moyano respaldó incursiones internas de rivales para intentar desplazar a Fernández de la UTA. El pico de tensión por el control del gremio colectivero llegó en 2019, con la violenta toma de la sede de la calle Moreno por parte de grupos disidentes. Fernández resistió la avanzada desde el techo del edificio y posteriormente acusó a Pablo Moyano, secretario adjunto de Camioneros e hijo de Hugo, de haber pergeñado la ofensiva en connivencia con Cristian Jerónimo, titular del sindicato de Empleados del Vidrio y actual integrante del triunvirato que conduce la CGT. Ese antecedente quedó como la razón de la ruptura de Fernández con la central obrera, concretada después de la elección de Jerónimo en noviembre de 2025 .
En las últimas elecciones de la UTA, realizadas en 2022, los Moyano —que siempre negaron haber participado de aquella revuelta— respaldaron abiertamente al principal rival de Fernández, Miguel Bustinduy, a quien también le atribuían una presunta participación en la toma. Fernández se impuso otra vez, mientras que Bustinduy se retiró de la UTA y se refugió en la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA), el gremio alternativo de los colectiveros que integra la CTA y al que arribó con el grueso de los choferes del Grupo DOTA.
La flexibilización del estatuto
Históricamente, el estatuto de la UTA impuso fuertes trabas para evitar que hubiera oposición, como la obligación de presentar listas completas en todo el país. Esas condiciones, calificadas de “proscriptivas” por sus críticos, dieron origen a un extenso periplo judicial impulsado por Bustinduy con el patrocinio del abogado Leandro Recalde. El proceso recayó en la Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, que dio lugar al reclamo y falló a favor de la anulación de artículos claves, con una consecuente flexibilización del régimen electoral del sindicato.
De acuerdo a las decisiones de la justicia laboral a las que accedió LA NACIÓN, quedaron anuladas la obligación de presentar candidatos en todas las seccionales y delegaciones para competir por la conducción nacional, la exigencia de una “carrera sindical” previa y el requisito de haber realizado cursos de capacitación dictados o acreditados por la propia conducción. Además, por primera vez, los afiliados tendrán la opción de cortar boleta, por lo que podrán votar candidatos distintos para la conducción nacional y las seccionales.
Con Bustinduy fuera de la UTA, al frente de la opositora “Agrupación La Palacios” (bautizada así en honor a Juan Manuel Palacios) quedó Maximiliano Escriba, líder de la seccional Mar del Plata, una de las cinco jurisdicciones que el oficialismo perdió en 2022. En esta ocasión, Escriba disputará directamente la conducción nacional como candidato de la Lista Negra. Aunque no contará con la palanca del grupo DOTA, su espacio llega con el mayor despliegue territorial del arco opositor: competirá en 14 seccionales.
La Lista Marrón está encabezada por Alberto Patiño, referente de la “Agrupación 2 de Julio”, una escisión surgida de las propias entrañas de la conducción de la UTA. Patiño rompió con Fernández después de más de una década a su lado. Todavía es el secretario de Organización, considerado el puesto número tres en la jerarquía del sindicato, el mismo cargo que tuvo Bustinduy. En diálogo con este medio, Patiño justificó su ruptura con Fernández por “su gran pasividad frente a la mala situación de los trabajadores”, “su acomodo frente a los distintos gobiernos” y “su afinidad con los empresarios”.
La Lista Bordó representará a la izquierda sindical a través de Claudio Gómez, chofer de la línea 86 y referente de la “Agrupación 460”.
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El kirchnerismo suma presión para centralizar la discusión electoral en CFK y condiciona el armado del PJ

“Desde el día que inició el camino de la ONU, tiene una voluntad de representar los intereses de argentinos que entienden que ella puede ser nuevamente”. La definición no da lugar a dudas. Máximo Kirchner reveló en Infobae al Mediodía la segunda parte del planteo que el kirchnerismo venía haciendo hace tiempo sobre una eventual candidatura de Cristina Kirchner, que era la decisión de la ex presidenta de tener voluntad de competir en el caso de que lo pueda hacer. El pedido de sus dirigentes por un lado, la aceptación de ella por otro.
Hasta el momento, tanto el líder de La Cámpora como varios dirigentes del kirchnerismo duro, como Mayra Mendoza, Facundo Tignanelli, Lucía Cámpora, Oscar Parrilli o Sergio Berni, venían repitiendo su intención de que la ex presidenta sea la candidata del peronismo en el 2027. Pero desde ayer lo que quedó en claro es que ella tiene la voluntad de ser y agotará todos los caminos posibles para lograrlo.
“Si Cristina no está en la boleta, el peronismo pierde mucha competitividad. Su capacidad electoral está vista. Fue tres veces en una boleta. Dos veces como presidenta y una como vicepresidenta. Junto con Juan Domingo Perón son las personas que han ido a elecciones así y han sido electas”, aseguró Kirchner. Y agregó: “Si el próximo gobierno es peronista, la presidenta debe ser CFK”. No dejó demasiado lugar para múltiples interpretaciones.
El principal y gran limitante sobre ese objetivo es la prisión y la inhabilitación para ejercer cargos públicos de por vida que pesa sobre la ex mandataria en la condena de la causa Vialidad. Sobre esa situación se apalancó para que sus abogados hicieran una presentación ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de que el fallo sea revisado y sea suspendida esa inhabilitación.
“La proscripción perpetua es, en realidad, la pena principal. La privación de la libertad por seis años es sólo la accesoria”, dijo CFK el 29 de julio, cuando se comunicó la presentación ante la ONU y su defensa concretó un cambio en la estrategia judicial. Ese giro tuvo, a la luz de los hechos, un anclaje electoral bien claro. La ex mandataria hará lo posible para competir el año que viene.
Los pronunciamientos del Comité no son vinculantes, pero pueden tener impacto político e institucional y suelen ser invocados como antecedentes en discusiones jurídicas posteriores. Si el fallo es considerado, revisado y existe una postura favorable para los intereses de CFK, esa decisión de la ONU podría generar un gran cimbronazo en la política argentina.
“Si Cristina es candidata, es presidenta, gana las elecciones”, dijo algunos días atrás el ex secretario general de la presidencia Oscar Parrilli. Su voz retrata el pensamiento que hay dentro del kirchnerismo desde hace tiempo, pero confronta con el que tiene otra parte importante del peronismo: la seguridad de que CFK es parte del pasado y que la fuerza política tiene que dar vuelta la página respecto a su ciclo político.
Con el pasar de las semanas, y ayer en su pico cumbre, debido a peso específico de la palabra de Máximo Kirchner, el kirchnerismo suma presión para que la ex Jefa de Estado esté en el centro de la discusión electoral del 2027. Si no puede ser candidata, al menos que tenga la mayor influencia posible en las negociaciones donde se ponen sobre la mesa la estrategia política, los lugares y los nombres en la lista, y los acuerdos provinciales.

La semana pasada en el mundo K hicieron girar algunas encuestas que muestran a la ex presidenta con capacidad de competir electoralmente. Es decir, tiene buenos indicadores de imagen positiva y una proyección competitiva ante un eventual balotaje con Javier Milei. Esos números, además del armado político que aún conserva, le dan espalda para mantener su influencia dentro de la discusión política.
Dentro del peronismo advierten que CFK se moverá con decisión para pesar en las decisiones electorales del año que viene. La gran mayoría considera que su sector tiene que ser parte de la alternativa, pero que su nivel de influencia debe ser menor al de otros tiempos. Ya casi nadie quiere al kirchnerismo al mando del proyecto político del PJ. Hay un cambio de ciclo y el peronismo no puede volver a ofrecer una opción con la misma identidad que en el 2019. Esa es la reflexión que atraviesa a algunas vertientes de la coalición Y lo que va a generar fricciones en la etapa final del proceso electoral.
En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) hay quienes piensan que CFK solo quiere condicionar el crecimiento de Axel Kicillof y tratar de ganar volumen de cara a las negociaciones del año electoral. En el círculo más chico del Gobernador intentan neutralizar la tensión y son concretos respecto al anuncio que hizo Máximo Kirchner. “Que cada uno tenga su estrategia. Lo importante es no joder a los demás y que todo el peronismo pueda acumular”, precisaron a este medio.
La idea que tienen el kicillofismo es esquivar la interna y limitarse a seguir, al pie de la letra, la estrategia trazada en La Plata, que implica darle volumen al MDF, evitar las confrontaciones con otros sectores y seguir ampliando el mensaje de cambio, respecto al modelo de Milei, por distintas provincias del país. El futuro, por el momento, está lejos de CFK y de una construcción asociada para fortalecer la alternativa peronista en el 2027.
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POLITICA
El Gobierno reunirá a la mesa política para ordenar la agenda legislativa antes de la gira presidencial a París

El Gobierno reunirá este martes a la mesa política para ordenar la agenda legislativa antes de la gira presidencial que protagonizará Javier Milei en París junto a varios de sus funcionarios y un grupo de 13 gobernadores clave para las negociaciones en el Congreso.
Al igual que en las últimas semanas, el encuentro en las oficinas del extinto Ministerio del Interior se celebrará a las 13 con la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, a la cabeza. Como es habitual, fueron convocados el jefe de Gabinete, Diego Santilli; el ministro de Economía, Luis Caputo; el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem; la jefa de la bancada oficialista en el Senado, Patricia Bullrich; el armador nacional, Eduardo Menem; el asesor Santiago Caputo; el vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt; y el secretario de Comunicación y Medios, Fabián Fernández.
En la última edición del martes pasado, el grupo se reunió para dar por cerrado el conflicto público que se desató entre Bullrich y otros integrantes del Ejecutivo, entre ellos Santilli y el ministro de Economía, por los sorpresivos recortes que se incluyeron en el Presupuesto 2027.
En ese sentido, si bien no volvieron a reunirse desde entonces, el propio Javier Milei buscó desactivar las tensiones este domingo en una entrevista donde calificó de “excelente” su relación con la senadora porteña y aseguró que las diferencias internas son bienvenidas en su Gabinete.
“Lo bueno de este Gobierno es que hay distintas miradas y eso nos permite componer una estrategia mejor. Cuál es el problema”, cuestionó. en diálogo con LN+. Además, reconoció que “a veces puede haber algunas desinteligencias”, como ocurrió con los recortes en Discapacidad, pero le restó dramatismo al asunto: “No es la muerte de nadie. Lo trabajará el Congreso”.
En ese contexto, la mesa política se reunirá este martes con una agenda abierta donde los principales estrategas del oficialismo repasarán el escenario legislativo en el Congreso, además de abordar los detalles del inminente viaje a París.
Por un lado, la Cámara de Diputados avanza esta semana con discusiones en comisiones para tratar los proyectos referidos al endeudamiento familiar y morosidad, mientras en paralelo el oficialismo inicia el debate de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
A su vez, el Gobierno logró un dictamen propio para reemplazar la ley de emergencia en Discapacidad que vence a fin de año, un tema que podría discutirse en las próximas semanas. Mientras tanto, los bloques discuten internamente el proyecto de Presupuesto 2027, que el Gobierno apunta a comenzar a discutir en comisiones en dos semanas y tratarlo en el recinto recién en noviembre. También está pendiente de tratamiento la reforma de la carta orgánica del Banco Central, que fue aprobada con modificaciones en el Senado y necesita la revalidación de la cámara baja.
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