ECONOMIA
Cómo va a seguir el programa de compra de reservas del Banco Central hasta fin de año

Luego de que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) alcance los USD 10.000 millones adquiridos a principios de junio y superara la meta de compras de divisas para todo 2026, el ministro de Economía, Luis Caputo, aclaró cuál es el objetivo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y anticipó que el ritmo comprador no se sostendría durante lo que resta del año.
“La meta con el FMI es una sola: USD 10.000 millones de dólares. No hay tal cosa como una ‘meta de mínima’ y una de ‘máxima’. Argentina casi nunca cumple con esta meta. Esta vez se cumplió y con siete meses de anticipación. Una gran noticia”, escribió el ministro en la red social X.
A principios de esta semana, durante su participación en el evento de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios Argentino Brasileña de la República Argentina (Cambras), Caputo ya había explicado que el compromiso con el FMI era por 10.000 millones de dólares. Esta cifra, según detalló, corresponde a la única meta formal que el país mantiene con el organismo internacional y representa el piso que guió la política cambiaria oficial durante los últimos meses.
No obstante, reconoció que en las conversaciones puertas adentro en el equipo económico plantearon otra meta de compra de reservas. “Nosotros éramos más optimistas y pensábamos que en un escenario en donde la cosa fuera muy bien podríamos llegar a comprar en el BCRA USD 17.000 millones”, detalló mostrando un gráfico ante empresarios. Sin embargo, el ministro subrayó que esa cifra solo correspondió a una expectativa interna y no a una meta formal establecida ante el FMI.
Más allá de la liquidación de la cosecha gruesa, el equipo económico apunta al sector energético para mantener abastecida la oferta en el Mercado Libre de Cambios (MLC). “En la energía hubo un vuelco importantísimo pero todavía no hemos visto todo. Para 2031 el saldo de la balanza comercial de energía y minería será de USD 60.000 millones, es decir, USD 40.000 millones más que hoy. Y les aseguro que estos números están subestimados, porque la mayoría de los proyecto del RIGI están enfocados en ese sector”, señaló el titular de Hacienda en declaraciones recientes.
La perspectiva de Caputo incorporó incluso una proyección más audaz, vinculada al ritmo actual de compra de divisas por parte del BCRA. “Hoy, al ritmo de que viene comprando el BCRA, está prácticamente cumplida con el Fondo y si pudiéramos mantener ese ritmo, podríamos comprar USD 24.000 millones. No es lo que esperamos, seguramente vamos a estar entre USD 10.000 y USD 17.000 millones”, aclaró ante el auditorio de la Cambras. En las últimas horas, el funcionario insistió en que el número de USD 24.000 millones surgió como una proyección teórica basada en la tendencia actual, sin constituir un objetivo formal ni una expectativa concreta.
La hoja de ruta delineada por el jefe de la cartera económica se apoya en la comparación entre el compromiso formal con el FMI, las proyecciones internas de máxima y las tendencias observadas en el ritmo de compras del BCRA. En cada intervención, Caputo insistió en que el único lineamiento oficial corresponde al objetivo de USD 10.000 millones, y que los escenarios de USD 17.000 millones y USD 24.000 millones solo responden a cálculos técnicos o hipótesis sujetas a la evolución del mercado y a condicionantes macroeconómicos.
Las precisiones de Caputo se produjeron en un contexto en el que el cumplimiento anticipado de la meta con el FMI generó repercusiones en los ámbitos financiero y político. El ministro quiso ordenar la discusión pública y reiteró que cualquier cifra superior a USD 10.000 millones no forma parte de la agenda oficial ni condiciona la ejecución de la política económica.

Así, Caputo sostuvo que lo más probable es que el saldo final de compras del BCRA en 2026 quede comprendido dentro del rango que va del compromiso internacional al escenario interno más optimista (USD 17.000 millones). Aunque no se debe perder de vista que más alla del objetivo de adquisición, el Gobierno también tiene uno de acumulación: USD 8.000 millones para diciembre de este año.
“Los USD 10.000 millones son consistentes con esos USD 8.000 millones de acumulación de acuerdo al programa financiero con el Fondo. No implican que se den al mismo tiempo. Está claro que las compras se dieron antes de lo esperado”, escribió Caputo en X en respuesta al economista Federico Machado quien afirmó que la meta para 2026 es la acumulación de reservas netas por USD 8.000 millones y “falta mucho para eso”.
Aunque para la consultora 1816, el BCRA habría superado el objetivo de acumulación de reservas de junio. “Las compras del BCRA hacen que la meta 2026 del FMI esté muy bien encaminada. Según nuestros cálculos, el objetivo para fin de junio ya está sobrecumplido en unos USD 2.000 millones y parecen ser muy buenas las perspectivas pensando en la meta de diciembre”, indicó la firma. Esto implicaría un cambio en el historial reciente de la Argentina: no debería solicitar un waiver -dispensa- en la próxima revisión.
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La Argentina proyecta exportaciones mineras por USD 18.500 millones para 2030: los límites del boom y la gran apuesta del sector



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Todo el año hubo viento de cola para la Argentina, pero ahora empezó a soplar también de frente

A lo largo de 2026, el Gobierno se benefició del fuerte aumento de los precios internacionales de productos que exporta. La guerra en el Golfo Pérsico generó un fuerte salto del petróleo, que siete meses después del inicio volvió a ubicarse arriba de los 100 dólares el barril. La soja también operó en alza y subió más de 20%, llegando hasta los USD 480 por tonelada.
La consecuencia es que los términos de intercambio de la Argentina subieron al mayor nivel de la historia. Las exportaciones superarán este año por primera vez los USD 100.000 millones y la balanza comercial podría arrojar un superávit inédito que según las últimas estimaciones del sector privado podría llegar a los 28.000 millones de dólares.
Este viento de cola que tuvo la economía local también se reflejó en fuertes compras del Banco Central. La entidad ya lleva adquiridos USD 14.200 millones, aunque en septiembre aflojó sustancialmente.
La oferta de dólares permitió no solo abastecer a los importadores, al público que quiere atesorar y a las empresas que giran dividendos al exterior, sino también al propio BCRA para fortalecer el balance de la entidad.
Los precios internacionales están fuera del alcance del Gobierno, que se benefició de esta situación particular. De todas maneras, resultaron claves las inversiones en energía para que Argentina pasara de ser neto importador hace tres años a un exportador neto cada vez más relevante. Se espera que el complejo de energía y minería genere un superávit cercano a los USD 30.000 millones, del mismo orden que el sector agropecuario.
Este fuerte ingreso de dólares y la mayor robustez del Central también ayudaron para que el riesgo país descienda hasta los 400 puntos básicos a fines de julio pasado. Muchas empresas, bancos y provincias aprovecharon para colocar deuda en el exterior, sumando cerca de USD 22.000 millones a la oferta de divisas en lo que va de 2026.
Sin embargo, lo mismo que beneficio a la Argentina este año ahora también está generando dificultades. La suba del petróleo por encima de los USD 100 sumó inflación a la economía norteamericana, manteniéndose en niveles cercanos a 3,5% anual.
La Reserva Federal norteamericano decidió ayer la primera suba de tasas en tres años. Fue una respuesta a un fuerte aumento además de los rendimientos de los bonos del Tesoro de largo plazo. Los de 10 años pasaron a rendir 5% anual, niveles que no se veían hace muchos años.
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Este aumento de los rendimientos perjudicó a los activos de riesgo e impactó negativamente sobre los mercados emergentes. Hubo consecuencias directas también para los bonos argentinos, que cayeron luego de haber alcanzado un pico de precios a mediados de julio.
La consecuencia directa de esta situación fue el aumento del riesgo país a los 500 puntos básicos. Si se agrega a la tasa de 5% anual que pagan los bonos norteamericanos, la consecuencia es que si Argentina quisiera financiarse en los mercados internacionales debería pagar una tasa superior al 10% anual en dólares.
Este viento de frente que empezó a soplar desde Estados Unidos está pasando factura a la política de endeudamiento del Tesoro argentino. En las dos últimas licitaciones no se colocaron bonos en dólares en el mercado local para no convalidar un incremento de las tasas. Y se optó por deuda en pesos de corto plazo, que vence en su totalidad durante la gestión de Javier Milei.
Se dan así dos situaciones simultáneas. Argentina se beneficia del viento de cola del fuerte alza de las materias primas que exporta, pero al mismo tiempo también sopla viento de frente por el aumento de tasas norteamericanas, que aumenta la aversión al riesgo de los inversores internacionales.
Luis Caputo,Di Tella
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