CHIMENTOS
De Sergio Denis a la gloria de México 86: la canción que se convirtió en cábala de los campeones del mundo

Hay historias que parecen escritas por el destino. O por esas fuerzas invisibles en las que algunos creen y otros prefieren llamar de otra manera. Carlos Salvador Bilardo jamás aceptó la palabra “cábala”. Para él eran simplemente “costumbres”. Así las definía cada vez que alguien intentaba asociar sus rituales cotidianos con la superstición. Era una forma elegante de esquivar discusiones, incluso las observaciones del sacerdote al que visitaba con frecuencia en la Basílica de Luján. Sin embargo, quienes lo conocieron de cerca sabían que detrás de esas “costumbres” se escondía una fe inquebrantable en ciertos hábitos que, según él, ayudaban a que las cosas salieran bien.
La historia venía de mucho antes del fútbol profesional. Desde sus años de estudiante de medicina en La Plata, Bilardo repetía recorridos, horarios y movimientos casi con precisión quirúrgica. Si debía rendir un examen importante, procuraba subir siempre al mismo interno de la línea 110 y abordar exactamente la misma formación del subte. Un cambio inesperado, una demora o una modificación del recorrido podía convertirse en una amenaza para ese delicado equilibrio que, estaba convencido, lo acercaba a la buena fortuna.
Aquel universo de rituales terminó encontrándose, sin que nadie pudiera preverlo, con una canción de Sergio Denis. Y esa unión inesperada quedó para siempre asociada a una de las mayores gestas deportivas de la historia argentina.
Mientras el país recuerda la consagración en el Mundial de México 1986, de la que mañana se cumplirán 40 años, vuelve a cobrar fuerza una anécdota tan singular como entrañable: la de Gigante chiquito, el tema que acompañó a la Selección Argentina en su camino hacia la gloria y que terminó convirtiéndose en una especie de himno secreto de aquel plantel liderado por Diego Maradona.
La relación entre el fútbol y Sergio Denis no se remite sólo a esa canción. Años después, otro de sus grandes éxitos, Te quiero tanto, alcanzaría una dimensión impensada. Lo que nació como un tema romántico terminó transformándose en una de las melodías más adoptadas por las hinchadas de fútbol de todo el planeta.
Desde Argentina hasta Europa, pasando por Asia y distintos rincones de Latinoamérica, miles de fanáticos adaptaron su letra para convertirla en canto de cancha. Atlético de Madrid fue uno de los casos más emblemáticos: “Vamos, dale, Atléti, te sigo a todas partes, yo te quiero”, entonaban sus hinchas sobre la base musical creada por el oriundo de Coronel Suárez. El fenómeno también se replicó en Francia, Grecia, Alemania, Japón y numerosos países donde la melodía encontró una segunda vida completamente inesperada.
“¡Dios! Treinta años tiene esa canción. En ese momento me daba cuenta qué tema se podía transformar en un hit, pero no en esto. ¿Quién se iba a imaginar semejante sorpresa?”, confesaba el cantante en 2017, todavía maravillado por el alcance que había tenido aquella creación.
La emoción seguía intacta cuando recordaba algunas escenas que lo habían conmovido profundamente: “El otro día prendí la tele y estaba la hinchada del Mónaco cantándola y te juro que se me caían las lágrimas. Me mostraron a la hinchada del Barcelona cantándola en una jugada de Messi y me hizo llorar. Es muy fuerte. En Japón, Grecia y Alemania también cantan mis canciones”, relató en distintas entrevistas.
Pero ninguna apropiación futbolera alcanzó la dimensión emocional de la que tuvo lugar en México durante el Mundial de 1986.
Gigante chiquito, incluida en el álbum Afectos de 1985, comenzó a sonar en la intimidad de la concentración argentina casi por casualidad. Lo que nadie imaginaba era que terminaría acompañando cada paso de una selección destinada a entrar en la eternidad.
Bilardo la convirtió en parte de sus rituales diarios. El tema sonaba durante los traslados entre el hotel y los estadios. Los futbolistas la escuchaban una y otra vez. La melodía se repetía hasta transformarse en banda sonora de aquella aventura que terminaría con la Copa del Mundo en manos argentinas.
Años después, el propio entrenador reconstruyó una escena que retrata a la perfección el lugar que ocupaba la canción dentro de aquella rutina.
“Antes de ir a jugar los partidos teníamos que escuchar Gigante chiquito. Teníamos la costumbre de escuchar esa canción desde que comenzaba hasta que terminaba. Y la íbamos escuchando y el del micro al principio no sabía cómo era la cosa. Y entonces los chicos ponían la canción y el micro iba despacito, tenía que terminar. Cuando apenas terminaba, el tipo frenaba y bajábamos del micro, ¿no?”, recordó Bilardo entre risas.
Pero claro, no nació de la nada: “Se hizo el primer partido, ganamos y después cuando ganamos, olvidate. Ganamos, ganamos, ganamos… Y siguió hasta el último día. El último partido pusieron más policía. Siempre nosotros llevábamos dos policías adelante y uno atrás, siempre. Y el último partido quedaban dos tipos solos y teníamos como diez policías delante, un ruido, un barullo. Y los tipos no sabían, porque los policías que sabían eran los dos que tenían que ir despacito para que nosotros podamos escuchar la canción. Pero después cuando vino todo el pelotón ese a encabezar al micro, ¿quién le va a hablar? No, nadie le habló. Y los tipos picaban como locos. Y yo le dije al del micro ‘No, no, pará, no le haga caso’. Y se enojaba, ¿viste? La policía nos venía a buscar otra vez y le decían al micro que se apure. Y yo que no le haga caso. Frenaba el micro, se acababa la canción. Y bajábamos y entrábamos al estadio.
La anécdota resume la esencia del entrenador campeón del mundo: obsesivo, meticuloso y convencido de que ningún detalle debía alterarse antes de un partido decisivo.
Sergio conoció la historia tiempo después y jamás ocultó la emoción que le provocó saber que una de sus canciones había acompañado a la Selección en el camino hacia la gloria.
Durante una visita al programa de Susana Giménez, recordó con orgullo: “En el ’86, la canción que escuchaban desde el hotel hasta el Estadio Azteca era Gigante chiquito por cábala”.
La revelación adquirió una dimensión todavía más profunda cuando Diego Maradona también habló del tema. En el libro México 86. Mi mundial, mi verdad: así ganamos la Copa, el capitán argentino mencionó a Gigante chiquito como una presencia imprescindible dentro de la concentración.
“Era una canción que no podía faltar”, escribió. Y agregó una confesión que resume el vínculo emocional que había desarrollado con ella: “Me hacía llorar como un nene”.
Detrás de aquella conexión existía además una historia personal. Según contó Sergio, fue un amigo platense quien funcionó como puente entre la canción y el entrenador.

“Un amigo de La Plata, Julio Zuccolillo, se la acercó a Bilardo antes de que se vaya a la Selección. Y no solamente me halaga Bilardo con sus palabras, sino que Maradona en 1991 me halagó con su presencia en un montón de Gran Rex que hicimos y me contó esa anécdota. Y la verdad, que una canción haya formado parte de un hecho histórico para el deporte argentino es muy conmovedor”, expresó el artista.
Para Denis, acostumbrado a llenar teatros y estadios con sus canciones románticas, aquella revelación representó un reconocimiento distinto. No provenía de la industria musical ni de los rankings de ventas. Llegaba desde el corazón de una hazaña deportiva que marcó a generaciones enteras de argentinos.
El 29 de junio de 1986, en el Estadio Azteca de Ciudad de México, la Selección derrotó 3 a 2 a Alemania Federal y levantó la segunda Copa del Mundo de su historia. Cuatro décadas después, aquella epopeya sigue alimentando recuerdos, homenajes y relatos. Entre ellos aparece esta historia singular donde una canción romántica, un entrenador obsesionado con sus costumbres y un grupo de futbolistas destinados a la inmortalidad terminaron unidos por un mismo hilo invisible.
Como si el destino hubiera decidido escribir una de esas coincidencias imposibles de planificar. Mientras Maradona emocionaba al mundo con la pelota y Bilardo conducía a su equipo hacia la gloria, la voz de Sergio Denis sonaba una y otra vez dentro de un micro que recorría las calles mexicanas. Nadie podía imaginar entonces que aquella melodía quedaría para siempre asociada a una de las páginas más gloriosas del deporte argentino.
Ese mismo 1986 que inmortalizó a la Selección también encontró a Sergio Denis atravesando uno de los momentos más exitosos de su carrera artística. El cantante cerró aquel año inolvidable con dos funciones a sala llena en el Luna Park, mientras sus canciones seguían multiplicándose en radios, escenarios y hogares de todo el país. Sin saberlo, una de ellas ya había quedado grabada para siempre en la memoria de los campeones del mundo.

Sin embargo, detrás de aquella melodía que acompañó el recorrido de los campeones del mundo había una historia mucho más profunda de lo que la mayoría imaginaba. Porque Gigante chiquito no había nacido pensando en el fútbol, ni en las cábalas, ni en las tribunas. Había surgido de una herida íntima de Sergio Denis, de uno de los momentos más difíciles de su vida personal y de una emoción tan universal como desgarradora: el amor de un padre hacia sus hijos.
Años después, durante un recital, el cantante decidió revelar la verdadera génesis de la canción. Lo hizo con la voz quebrada por los recuerdos y con la sensación de que el público conocía la melodía, pero no necesariamente la historia que escondían sus versos.
“Quiero contarles… porque a veces no conocen la historia verdadera de una canción. Nos emocionamos tanto con un tema y no entendemos por qué una letra o una melodía nos conmueve tanto. Es porque hay un mensaje detrás, un mensaje intrínseco. Está escondido entre las palabras”, explicó.
Denis relató entonces que la inspiración nació a partir de la transformación emocional que significó convertirse en padre. “Cuando tuve a mis hijos, creo que fue la primera vez en mi vida que verdaderamente amé. Había querido hasta ese momento, pero no había sentido el sentimiento de amor que me provocaron ellos tres”, recordó.
Aquella revelación modificó para siempre su manera de entender la vida. Tanto que, según confesó, llegó a jurarse que jamás se separaría de ellos. “No me quería ir al lado de ellos ni loco, porque no quería provocar ese dolor”, contó. Sin embargo, el tiempo y las circunstancias terminaron llevándolo por otro camino. “Las cosas de la vida no las decide uno. Van cambiando. Nos obligan a tomar decisiones que, a pesar del dolor, a veces hay que tomarlas”.
La canción comenzó a tomar forma en medio de ese conflicto emocional. Existía una melodía sencilla compuesta en guitarra, una sucesión elemental de acordes que parecía pedir una historia determinada. Denis y el letrista Roly Hernández intentaron primero otros caminos, pero nada funcionaba. “La letra era un espanto, no tenía nada que ver con la sensibilidad de la melodía”, recordó entre risas.
Fue entonces cuando, en pleno estudio Ion, apareció la verdadera esencia del tema. Mientras buscaban nuevas palabras para acompañar aquella música, Denis comprendió quién estaba hablando en la canción: “No era la historia de un padre que podía llevar a su hijo por el mundo y enseñarle todo. Era la historia de un padre que se va y está quebrado porque se va. Siente que el mundo que armó para ellos, en ese momento, él mismo lo está rompiendo. Entonces no sabe cómo pedir perdón ni cómo apaciguar el dolor que siente”, explicó.
Por eso, entendió mucho tiempo después, el protagonista de la canción pronuncia una frase tan particular como “ayúdame a querer ser bueno”. No era una expresión casual. “Se siente malo. Se siente un insensible por irse al lado de sus hijos”, confesó.
Mientras reconstruían la letra, Hernández le preguntó qué veía cuando pensaba en esos chicos que inspiraban la canción. Denis respondió casi sin pensarlo: “Son los seres más transparentes, más buenos, más dulces y más puros que tuve delante de mí”.
Y cuando el compositor insistió preguntándole qué representaban para él, apareció la imagen definitiva: “Es como un enano grandote”, respondió. La devolución llegó de inmediato: “Es un gigante chiquito”.
Así nació el título. Y así nació también una de las canciones más conmovedoras del repertorio de Sergio Denis. Un tema atravesado por la culpa, el amor, la ausencia y el deseo desesperado de proteger a quienes más se ama. Tal vez por eso logró conmover a generaciones enteras. Tal vez por eso emocionó a Maradona hasta las lágrimas. Tal vez por eso terminó encontrando un lugar inesperado en el corazón de una Selección que, mientras perseguía la gloria en México, escuchaba una y otra vez una historia que hablaba, en el fondo, de amor, fragilidad y esperanza.
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Ángel de Brito confirmó el escándalo infernal de dos mega figuras de América TV: «A fin de año se…»

Una nueva interna sacude los pasillos de América y tiene como protagonistas a dos nombres fuertes de la pantalla: Sergio Lapegüe y Mauro Szeta. Fue Ángel de Brito quien expuso detalles de la relación entre ambos periodistas y lanzó una información que promete generar repercusiones: según aseguró, no habría buena sintonía entre ellos y Szeta se iría del canal a fin de año. En medio de las versiones sobre su futuro profesional, también dejó entrever que el proyecto que le habían prometido nunca terminó de concretarse.
Todo comenzó cuando el conductor habló sobre la situación contractual del periodista especializado en policiales y buscó poner paños fríos sobre las especulaciones acerca de su continuidad. “Mauro Szeta es una estrella de América, está contratado, lo bancan a full. Va a haber novedades con él, ya las anunciaremos o las anunciará él. Su programa de los fines de semana sigue; por ahí va después”, afirmó De Brito, al referirse al presente laboral de su colega y a los movimientos que podrían producirse en la programación.
Sin embargo, el panorama cambió cuando Mariana Brey quiso saber si el periodista estaba molesto con el canal. La pregunta abrió la puerta a una revelación mucho más contundente por parte de Ángel, quien no esquivó el tema y señaló directamente la relación entre Szeta y Lapegüe. “Se lleva mal con Lape. Se va a ir a fin de año. No hay onda”, sostuvo, al describir una interna que, hasta entonces, no había quedado expuesta con semejante claridad.
La información llamó todavía más la atención porque, según recordó Brey, Szeta había dejado Telefe para apostar por su nuevo desafío profesional en América. “Él dejó Telefe para jugársela por el canal, por ese proyecto”, planteó la panelista, al poner sobre la mesa el compromiso que había implicado ese cambio de pantalla. La observación también abrió interrogantes sobre las condiciones que le habrían ofrecido al periodista cuando decidió incorporarse a la señal.
Frente a ese comentario, De Brito hizo una aclaración que sumó otro elemento a la discusión y apuntó a la estructura del ciclo que conduce Lapegüe. “El programa es de Sergio, se llama Lape Club, no se llama Mauro”, remarcó. La frase dejó en evidencia una diferencia entre las expectativas que podían haberse generado alrededor de Szeta y el lugar que finalmente ocupó dentro de la propuesta televisiva.
Brey insistió entonces con una cuestión puntual: “¿No iba a tener el horario que tiene Marina Calabró?”. La pregunta apuntó a las versiones sobre el espacio que el periodista habría esperado conseguir dentro de la programación de América y a las posibles diferencias entre lo conversado inicialmente y lo que finalmente sucedió. Aunque no se dieron mayores precisiones sobre los términos de aquella negociación, la respuesta de De Brito fue tajante.
ÁNGEL DE BRITO CONTÓ LA PELEA DE MAURO SZETA Y SERGIO LAPEGUE
“El programa que le prometieron nunca llegó”, sentenció el conductor. Así, la versión que expuso no solo puso el foco en la supuesta mala relación entre Lapegüe y Szeta, sino también en las expectativas profesionales que habrían quedado sin cumplir.
Por ahora, no hubo una confirmación pública de una eventual salida por parte de los protagonistas, pero las declaraciones de Ángel instalaron un interrogante sobre el futuro del periodista en América y sobre cómo continuará una interna que ya salió a la luz.
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El fuerte cruce entre Luis Ventura y Marina Calabró por la presencia de Claudia Villafañe en el juicio por la muerte de Maradona

Luis Ventura y Marina Calabró protagonizaron un tenso debate al aire del ciclo de América TV Primicias Ya, que conducen ambos, sobre la presencia de Claudia Villafañe en la audiencia del juicio por la muerte de Diego Armando Maradona, que se desarrolla en los tribunales de San Isidro. La discusión se dio en una jornada en la que la querella pidió condenas para los imputados por el delito de homicidio simple con dolo eventual, entre ellos el médico Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov.
“¿Qué hacía Claudia Villafañe en un juicio en el que no le pertenece?”, preguntó Ventura, quien cuestionó el rol de la expareja del Diez en el proceso judicial. Marina Calabró respondió de inmediato: “Es el padre de sus hijas, es el hombre que lo acompañó por…” y fue interrumpida por el periodista, que sostuvo que podrían haber asistido otros familiares. “La parte denunciante son las hermanas y las hijas”, remarcó.
Ventura profundizó su planteo al señalar que existió “una puesta en escena” durante la jornada en la que se exhibieron las imágenes del cuerpo sin vida de Maradona. “Hay como una intencionalidad de agravar y hacer mucho más profundo lo que es una herida sangrante de hace tanto tiempo para las hermanas, para los hijos y para todos”, expresó. Calabró le recordó que se trata de un juicio y que, por lo tanto, “hay que repetir todo” lo relacionado con la causa.
El cruce escaló cuando Ventura comparó la situación con lo ocurrido durante el velatorio de Maradona, en noviembre de 2020. “Se condicionó el velatorio de Diego Maradona para los que eran aliados y no aliados”, afirmó, y mencionó los casos de Lucía Galán, integrante del dúo Pimpinela, y de Rocío Oliva, expareja del futbolista, a quienes según el periodista no se les permitió el ingreso. Calabró aclaró que desconocía si a Oliva se le había prohibido la entrada o si ella misma había decidido no presentarse, aunque remarcó que la ex del Diez había manifestado previamente su intención de asistir a la audiencia judicial.
Ante la insistencia de Ventura sobre la función que cumplía Villafañe en el tribunal, Calabró fue tajante: “Acompañar a sus hijas, ¿te parece poco?”. El periodista respondió que, a su criterio, Villafañe debía haber acompañado a Dalma y Gianinna Maradona “hasta la puerta del juzgado, no adentro”, y argumentó que “Maradona no lo hubiera querido tampoco”. Calabró le retrucó que son las propias hijas quienes solicitan justicia por su padre y que ellas decidieron la presencia de su madre en la sala.
El debate también incluyó referencias al denominado “juicio de las marcas”, vinculado a la disputa por el patrimonio de Maradona, en el que participa el abogado Matías Morla. Ventura sostuvo que existe una diferencia entre los responsables directos de la salud del futbolista y quienes definieron el entorno médico que lo atendió en sus últimos días. “¿Quién elegía los médicos? ¿La familia dónde estaba cuando se elegían los médicos?”, planteó.

Calabró coincidió parcialmente con el cuestionamiento sobre la ausencia de Morla entre los imputados del juicio por la muerte de Maradona, aunque mantuvo diferencias con Ventura respecto del rol de la familia. “¿Por qué el problema es Claudia y no es Luque, Cosachov, Forlini, Díaz, Almirón?”, lanzó la periodista, en referencia a los profesionales de salud que integran la lista de acusados. Ventura respondió que “no fue la única gente que lo dejó morir” y apuntó contra quienes, según su visión, eran conscientes de la gravedad del estado de salud de Maradona y no intervinieron.
La conductora remarcó su postura sobre el fiscal Patricio Ferrari, a quien calificó como “un buen fiscal” aunque consideró que “no tuvo el coraje de sentar en el banquillo a Matías Morla”. Calabró relató además un intercambio previo con el fiscal, quien le habría asegurado que Morla sería juzgado “en otro juicio”. “Esa gente permitió que Diego se muriera. Esa gente desoyó todas las señales, todas. Hoy lo dijo el fiscal”, sostuvo la periodista.
Ventura cerró el debate con una definición sobre el sistema judicial: “La justicia bendice a los ricos y condena a los pobres”, a lo que Calabró respondió que por esa misma razón Morla no se encuentra entre los imputados del expediente. Ambos coincidieron en que todos los herederos de Maradona, entre ellos Dieguito Fernando, Diego Junior, Jana, Dalma y Gianinna, forman parte del pedido de justicia por la muerte del Diez, aunque mantuvieron posturas diferentes respecto de los alcances y responsabilidades del proceso judicial en curso.
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¡Escándalo! El desplante de Messi a Nico Occhiato en su partido despedida que destapó lo más grave: “Te hiciste el canchero y diste la peor noticia que un hijo puede escuchar”

La despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina quedará sin dudas guardada en la memoria de todos. No solo por la emoción y el adiós del capitán, que decidió no seguir jugando en el combinado nacional, sino también por las polémicas alrededor del evento. Pero en este contexto también hubo protagonista destacado en la noche: Nico Occhiato.
El conductor de Luzu TV fue uno de los tantos famosos que decidió ir al Monumental para seguir las incidencias del último partido de Messi con la Selección. Fue un día lleno de sensaciones, con las pulsaciones a mil, y un Occhiato que pudo vivir un momento especial y único. Sin embargo, el broche de oro hubiese sido poder hablar con el astro.
Pero no lo logró. Messi no se detuvo en la zona mixta para dar notas, y aunque logró saludar a una que otra persona conocida, Occhiato no tuvo la suerte. ¿Fue a propósito o simplemente no lo pudo ver? La teoría explotó en las redes sociales después de que el propio conductor explicara todo lo que sucedió en el detrás de escena de la cancha.
“Messi a mí no me ve, porque pasa y no da notas. A Davo lo ve y lo saluda. Se ve, porque pasa y lo saluda”, contó Nico sobre el encuentro fallido con Messi. Ante esto, Martín Garabal, su compañero en Luzu, le preguntó si el capitán lo hubiese saludado en caso de haberlo visto, a lo que el conductor quiso mantener el perfil bajo: “Y no sé, qué se yo”.
EL ENCUENTRO FALLIDO DE NICO OCCHIATO CON MESSI EN SU DESPEDIDA DE LA SELECCIÓN ARGENTINA
Si bien Occhiato buscó mostrarse con un bajo perfil y previamente mostró que se había saludado cálidamente con Celia, la mamá de Messi, el episodio trajo a colación un momento poco agradable. Porque si bien en el programa no lo dejaron instalado, en las redes explotaron porque recordaron la fake news que Florencia Peña había dado sobre el papá del ídolo.
Incluso, varios sugirieron que Messi no quiso saludar a Nico. “Qué necesidad de aclarar que no lo saludo porque no lo vio! Dios mío…”, “No será porque en tu canal mataron al padre y después tiraste la pelota afuera? Ni en pedo, no?”, “El otro día dijo que era amigo íntimo de Messi y ahora dice esto”, “Y no sé flaco, capaz porque diste la peor noticia que un hijo puede escuchar y encima lucraste con eso, haciéndote llamar su amigo, capaz que sea eso, no?” y más fueron algunas de las reacciones.
“Te hiciste el canchero con un nene de 3 años!! Bien merecido tenes que te haya ignorado”, “En la vida hay que hacerse cargo de las cosas, no el boludo, así maduras y crecés. Y este pibe se hizo el pelotudo, ahora paga las consecuencias, no te vio claro, sí seguro…”, “No me ve porque pasa y no me da nota dice el pelotudo*, quien te crees que sos”, también fueron otras de las reacciones.
Si bien en su momento Occhiato explicó que se comunicó directamente con Messi y su círculo íntimo para hacerle llegar las disculpas de la fake news de Peña, para algunos el gesto que ahora tuvo el capitán argentino demuestra cómo realmente quedó su relación con el conductor. ¿No lo vio realmente o no lo quiso saludar?


Messi, Nico Occhiato, Selección, Argentina
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