ECONOMIA
Con el Congreso y Bessent a su favor, ahora Milei debe convencer al mercado de que puede cambiar

Hubo una novedad en el discurso de Javier Milei, que sintetiza el momento político «bisagra»: eligió como frase de cierre el lema trumpista: «Hagamos a Argentina grande de nuevo». Para el presidente, es la hora de acelerar: considera que su ahora holgada situación parlamentaria le dará no sólo el aval para desarmar las restricciones económicas que había heredado del peronismo, sino para imponer una agenda nueva.
Hasta ahora, Milei afirmaba que en 2023 había recibido un mandato –job description, prefiere decir, en jerga corporativa- que consistía básicamente en dos puntos: bajar la inflación y combatir la delincuencia.
Ahora, en cambio, siente que puede aplicar un plan que fue refrendado por la población y, además, por el respaldo de la primera potencia mundial. Implementación de un nuevo marco laboral, reforma impositiva, aceleración de la inversión privada, revisión del sistema jubilatorio: todos los puntos clásicos del liberalismo, para los cuales nunca se alcanzaba mayoría política, hoy se ven como logros factibles.
Y, cumpliendo con el pedido que le han hecho desde varios frentes -desde Trump hasta Mauricio Macri, desde los gobernadores provinciales hasta el Fondo Monetario Internacional-, el presidente mostró un cambio de tono. No hubo frases revanchistas ni burlonas, no hubo alusión a «kukas», «econochantas» ni «mandriles», sino más bien un guiño a la oposición para que las reformas sean la consecuencia de un consenso amplio.
Ese era, más que las cifras del escrutinio, el gran interrogante que había en el ámbito político y en el mercado financiero: si de las palabras y el tono de Milei podía inferirse una vocación de aislamiento o si estaría abierto a sugerencias.
Y, si bien no entró en detalles, Milei dio la impresión de haber tomado nota de los pedidos. El solo hecho de afirmar que es a partir de ahora que empieza la transformación del país lleva implícita la aceptación de que, hasta ahora, el foco estuvo en el ajuste fiscal.
Los primeros gestos del presidente indican que, en la segunda etapa, se acercará al reclamo público que le había hecho Macri hace dos semanas: «Ahora hay que arrancar y crecer sin parar». En aquella carta pública, el ex presidente planteó la necesidad de «construir una nueva mayoría», con lo cual se podría dejar atrás el estancamiento -o sea, contrariaba el triunfalismo oficialista sobre el crecimiento de la economía-.
También ganó Bessent
Pero, sobre todo, lo que dejó el resultado de la elección fue la confirmación de un dato conocido -el alto rechazo que sigue generando el kirchnerismo- y la aparición de un dato sorpresivo: que la población tomó como un hecho positivo el apoyo del gobierno de Estados Unidos.
Ese punto era, también, una de las cuestiones que generaba dudas entre los encuestadores. En lo discursivo, los argentinos suelen expresar un sentimiento de rechazo hacia la nación del norte -aunque las preferencias a la hora de consumir y de elegir destinos vacacionales no parezcan confirmarlo-. Lo cierto es que había una sospecha de que esa dependencia de la asistencia financiera del Tesoro estadounidense podía ser interpretada casi como una intervención el gobierno de Milei por parte de la administración Trump. Y, que, como consecuencia, un sentimiento de orgullo nacionalista herido generase un rechazo en las urnas.
No por casualidad, con la astucia política que la caracteriza, Cristina Kirchner había planteado que la verdadera disyuntiva en las elecciones legislativas era «Bessent o Perón», haciendo un paralelismo con el «Braden o Perón» de 1946.
Pero la realidad demostró que Cristina tuvo un error de cálculo: ese eslogan pudo haber sido efectivo para el núcleo duro del peronismo, sobre todo los de su generación, pero difícilmente le dijera algo a los jóvenes veinteañeros que nunca tuvieron un empleo con sueldo fijo, para quienes Perón es un personaje histórico, y para quienes EE.UU. genera más sentimientos aspiracionales que de rechazo.
Más bien al contrario de lo que esperaba Cristina, el viejo eslogan parece estar dándole más rédito político al gobierno de Trump, como quedó demostrado por la chicana de Bessent a la senadora demócrata Elizabeth Warren, a quien comparó -en una foto trucada por IA- con Evita Perón.
El alto costo de la estabilidad
La contundencia del resultado debe haber convencido a Milei y su equipo de que buscar la ayuda de Estados Unidos cumplió uno de los objetivos buscados: llegar a la fecha de las elecciones sin que se generara un caos cambiario ni un contagio del dólar a los precios.
El costo a pagar fue alto, como lo reconoció el propio Toto Caputo: tasas de interés en niveles incompatibles con el crédito, enfriamiento de la economía y una sensación de incertidumbre para las inversiones, con alto índice de riesgo país.
Además, claro, del costo financiero propiamente dicho: en un mes -sin contar las intervenciones en futuros ni las ventas de bonos dólar linked- el BCRA vendió reservas por u$s1.156 millones. Además, en el mercado se estima que el Tesoro vendió otros u$s2.107 millones. Y si a eso se suma los u$s2.000 millones del US Treasury, la cantidad de dólares volcados al mercado suma un total de u$s5.263 millones en un mes.
En la expectativa del gobierno, ahora parte de ese costo se recuperará, por varias vías: empezando por el dólar, que seguramente bajará su cotización, lo cual permitirá al Tesoro recomprar a precio más barato del que vendió. Además, hará menos onerosa la colocación de los bonos «dólar linked». Y hasta queda la posibilidad de que el Banco Central tenga una ganancia importante en el mercado de futuros.
Si se confirma lo que el mercado espera -es decir, una suba generalizada de bonos de deuda soberana y acciones de empresas argentinas-, entonces la apuesta de Bessent al «comprar pesos subvaluados» terminará siendo negocio para el secretario del US Treasury… y para sus inversores amigos, que habían hecho fuertes apuestas al carry trade en 2024.
Milei, con mayoría pero sin excusas
Pero entre los aliados de Milei hay todavía un temor: que el presidente confunda el respaldo electoral como un permiso para avanzar en sus políticas más cuestionadas, como por ejemplo el uso del dólar como ancla de la inflación.
Desde los industriales hasta el propio FMI han reclamado que, tras las elecciones, se debería hacer una transición suave hacia un esquema de libre flotación. Sólo de esa manera se podrá acumular reservas, un objetivo que Caputo pareció relegar a un segundo orden de importancia, pero que para los economistas es el gran talón de Aquiles del plan económico. Sin embargo, hasta ahora no hubo señales del gobierno en ese sentido.
Luego está el tema del gasto público. La interpretación de los politólogos y de la «oposición dialoguista» es que la gente votó a Milei a pesar de la motosierra y no como expresión de apoyo al ajuste permanente.
Esto implicará un desafío para el gobierno, que reconoció públicamente que los gobernadores provinciales tenían razón al quejarse sobre el recorte de recursos financieros para la obra pública.
Gastar más en rubros que han sido virtualmente congelados implicará elegir otras variables de ajuste, y ninguna será indolora. Es probable que haya que acentuar la reducción de subsidios a los servicios públicos, lo cual enervará más a la clase media.
Y, finalmente, lo que tiene muy claro la facción aliada de Milei -sobre todo el macrismo-, es que una victoria legislativa de medio término no es una garantía contra sobresaltos. Macri había obtenido un triunfo resonante, ganándole a la mismísima Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires, y pocas semanas después quedó sumido en la debilidad política, con el Congreso bajo una lluvia de piedras y un mercado que lo forzó a devaluar y pedir ayuda urgente al FMI.
¿Qué lectura política hará Milei sobre el mensaje del electorado? Por lo pronto, lo que está más claro es que, tal como él planteó durante la campaña, hay una reticencia de la sociedad a regresar a la fórmula populista. No está tan claro, en cambio, qué margen de tolerancia social queda para continuar un escenario de ajuste.
En definitiva, lo que el presidente ganó en las urnas lo perderá en lo discursivo. Porque ya con una posición holgada en el Congreso, hay también un momento bisagra en el plano político: de ahora en adelante, no habrá formar de culpar al «riesgo kuka» por los reveses que surjan en el manejo de la economía.
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ECONOMIA
YPF aseguró que no prevé aumentos inmediatos en los combustibles pese a la suba del petróleo

El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, afirmó que la petrolera estatal no tiene previsto aplicar aumentos en el precio de los combustibles en el corto plazo, a pesar de la fuerte suba del petróleo en los mercados internacionales como consecuencia de la tensión en Medio Oriente.
El directivo explicó que la compañía mantiene una política de precios orientada a evitar sobresaltos para los consumidores y que analiza la evolución del mercado mediante un sistema que permite amortiguar las variaciones bruscas del crudo.
La postura de YPF ante la volatilidad del petróleo
Marín ratificó la posición de la empresa a través de un mensaje publicado en su cuenta de la red social X, donde señaló que la petrolera busca mantener estabilidad en los precios al público.
«Entiendo la incertidumbre que genera la volatilidad del precio internacional del petróleo, por eso creo importante reafirmar nuestra posición», expresó el ejecutivo.
En ese marco, aseguró que YPF no generará cambios abruptos en los valores de los combustibles.
«YPF no va a generar cimbronazos en los precios de los combustibles. Somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores», sostuvo.
La estrategia de «micropricing» para estabilizar los valores
El CEO explicó que la empresa aplica una estrategia denominada «micropricing», que consiste en monitorear el comportamiento del mercado de manera constante para definir los valores en los surtidores.
Según detalló, el sistema funciona mediante un «moving average» o promedio móvil, que permite analizar los precios día a día y semana a semana. Con ese mecanismo, la empresa busca evitar que las subas o bajas repentinas del petróleo impacten directamente en los combustibles.
De acuerdo con Marín, esta metodología permite «atenuar picos de aumento y bajas, dando mayor previsibilidad a los consumidores y manteniendo un precio más estable».
El directivo agregó que la volatilidad de los mercados energéticos suele generar movimientos especulativos que no reflejan necesariamente el valor real del producto.
«La volatilidad y la incertidumbre no generan valor real sino especulación de corto plazo, y nosotros buscamos ser confiables en el tiempo», afirmó.
Expectativa por la evolución del precio de las naftas
Fuentes de la compañía señalaron que la política de YPF consiste en no trasladar de manera inmediata las variaciones del precio internacional del petróleo a los surtidores.
«No vamos a trasladar la volatilidad del precio internacional al surtidor», indicaron voceros de la empresa.
Esta postura había sido planteada por Marín la semana pasada cuando el barril de crudo Brent se ubicaba en torno a los 80 dólares, y fue ratificada nuevamente este lunes, cuando el precio superó los 100 dólares por barril.
El ejecutivo participa actualmente en el evento Argentina Week, que se desarrolla en Nueva York, donde se espera que exponga sobre el presente de la producción energética del país y las oportunidades de inversión en el sector.
Un mercado sensible a los movimientos del crudo
A pesar de la decisión de la petrolera, en el sector energético reconocen que si el precio internacional del petróleo se mantiene elevado durante un período prolongado, eventualmente podría impactar en los valores locales.
Marín había advertido en declaraciones recientes que, en ese escenario, el ajuste podría producirse de manera gradual.
«Si el precio del barril se queda muy alto, va a afectar el precio de los combustibles, aunque muy de a poco», señaló.
La intención de la compañía es que las subas o caídas rápidas del petróleo no se reflejen de forma directa en los surtidores, lo que permitiría dar mayor previsibilidad al mercado interno.
Cómo están hoy los precios de los combustibles
En la Ciudad de Buenos Aires, donde la competencia entre estaciones de servicio y la carga impositiva son menores que en otras regiones, el precio promedio del litro de nafta súper ronda los $1717, mientras que el gasoil se ubica cerca de $1768.
En lo que va del año, los combustibles acumulan un aumento del 9,6%, mientras que el precio del crudo Brent registró una suba del 67% en el mismo período.
Solo en marzo, el incremento de los combustibles fue del 7%, tras una baja registrada en enero vinculada a la caída del precio internacional del petróleo.
Presión de costos en las refinadoras
En el sector petrolero señalan que la reciente escalada del crudo, impulsada por el conflicto en Medio Oriente, generó una situación particular en el mercado local.
Según fuentes de la industria que hablaron en reserva, las refinadoras estarían vendiendo combustibles por debajo de su costo, ya que compran el barril de petróleo a valores cercanos a los 90 dólares, mientras que el precio que trasladan al mercado interno equivaldría a unos 70 dólares por barril.
Cómo está compuesto el mercado de combustibles en Argentina
El mercado argentino de combustibles está dominado por cuatro grandes empresas que concentran la mayor parte de las ventas.
YPF lidera el sector con aproximadamente el 55% del despacho, seguida por Shell con el 19%, Axion Energy con el 14% y Puma Energy con cerca del 5%.
La evolución del precio internacional del petróleo y las decisiones de estas compañías serán determinantes para definir el comportamiento del mercado en los próximos meses.
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ECONOMIA
Horacio Marín, CEO de YPF: “Insisto, no habrá cimbronazos en el precio de la nafta, seguiremos con nuestra estrategia, pero sin saltos”

Desde Nueva York – Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, está en esta ciudad para ser parte del Argentina Week, el evento que organiza el gobierno de Javier Milei para promocionar el país en el corazón del mundo financiero e inversor.
El ejecutivo habló con Infobae en medio de la incertidumbre por un nuevo salto del precio del petróleo, que rozó los USD 120 por barril esta mañana, mientras aumenta la tensión bélica en Medio Oriente.
“Repito, no habrá cimbronazos. Tenemos un compromiso honesto con los consumidores. Tenemos un moving average que tiene en cuenta los costos, cuyos detalles no revelamos. Y se transfiere para arriba y para abajo. No damos detalles de los cómo y los cuándo de ese proceso. Entiendo la incertidumbre que generar la volatilidad del precio internacional del petróleo, por eso creo importante reafirmar nuestra posición”, destacó.
“No sabemos si este proceso será largo o no. Habrá que ver el valor final de equilibrio de este periodo, que marcará el real movimiento de los combustibles hacia adelante. Hay mucha volatilidad porque nadie sabe qué ocurrirá: llegó a 120 pero muy rápido bajó a 104”, dijo.

“Está claro que no generando cimbronazos. Si no, hoy la nafta tendría que tomar el precio internacional de USD 100 y no es así, para nada. Todavía no se afectaron los costos de YPF, pero a medida que se vayan afectando, podría haber movimientos, pero mucho más lento. Eso es bueno porque si la semana que viene se normaliza Ormuz va a volver a bajar. Por eso insisto con el compromiso que tomamos con la gente”, remarcó.
“La volatilidad y la incertidumbre no genera valor real sino especulación de corto plazo y nosotros buscamos ser confiables en el tiempo. Cuando en los diarios vemos un bombardeo a una zona de Irán, de depósito de petróleo o refinería, si es así, es lógico que se mueve el precio porque empieza a ver que va a haber escasez. Lo mismo cuando el Estrecho de Ormuz se paraliza. Todo eso impacta en los precios globales”, dijo Marín, quien confió que esta mañana tuvo una call con sus vicepresidentes para monitorear la situación.
El ejecutivo destacó que la “base” del los precios de los surtidores locales, de antes del comienzo del conflicto, estaba en unos USD 70 por barril, y que de ahí se fue moviendo para arriba.
La escalada del conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos disparó el precio internacional del petróleo y encendió las alarmas sobre el posible impacto en los consumidores argentinos, aunque la petrolera estatal YPF, bajo la conducción de Horacio Marín, descartó días atrás aumentos automáticos en los surtidores. El temor inmediato radica en un traslado directo de la volatilidad internacional a los combustibles locales, pero la empresa aseguró que su política de precios, basada en promedios móviles, busca evitar “cimbronazos” que afecten el bolsillo de los conductores, según declaraciones de Marín
La situación en el Estrecho de Ormuz parece cada vez más complicada. El precio del barril crudo Brent, referencia local, experimentó una suba de más de 34% en menos de una semana y llegó hoy a un máximo de USD 119, para luego bajar y ubicarse en torno a 104 dólares (si se toman los últimos 6 meses, el salto fue de más de 57%). A fines de la semana pasada, los analistas hacían cálculos negativos para el eventual escenario que barril superara los USD 100.
Marín explica que en escenarios donde el petróleo se mantiene en niveles altos durante varios meses —por ejemplo, USD 85 durante cuatro meses— el incremento sí se traslada a los precios locales. En cambio, “si mañana sube a 100 dólares y al día siguiente vuelve a 70, el efecto sería prácticamente nulo”, aclaró el titular de YPF.
Con respecto al proyecto Argentina LNG, para exporta gas licuado al mundo desde la Patagonia, Marín destacó que se están terminando todos los documentos con los socios Eni y XRG (Adnoc), para comenzar el proceso de due diligence formal para hacer el FID, la decisión final de inversión, para fin de año. “Y ya en 2027 empezar la construcción de plantas, oleoductos, gasoductos, para que en el 2031 sea una realidad la exportación de Argentina a partir del Argentina LNG. Por otro lado, en paralelo, el otro, el LNG, el que hacemos con PAE y otras empresas, está en marcha y ya le vendió gas a Alemania para empezar a exportar en 2027″, aseguró.
El proyecto requerirá inversiones en infraestructura de USD 20.000 millones y otros USD 10.000 millones en upstream para llegar el pico de producción. Luego la inversión será continua.
Con respecto al Argentina Week, Marín dijo que se trata de un evento, “fundamental” para mostrar las posibilidades que hay en Argentina. “Hay que visibilizar aún más todos los sectores de crecimiento para que los inversores vean las posibilidades que hay en Argentina con los cambios que se están dando, con las nuevas leyes. Es un país con grandes posibilidades de inversión y me parece excelente la iniciativa de realizarlo, de venir a Nueva York”, expresó.
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ECONOMIA
Guerra en Irán dispara precio del gas cuando Argentina define importación para enfrentar el invierno

La volatilidad extrema regresó a los mercados energéticos globales y puso a la Argentina frente a un escenario de máxima tensión. El conflicto armado en Medio Oriente no solo disparó señales de alerta sobre los precios del crudo que en el caso del Brent se acerca peligrosamente a la barra de los u$s100 por barril, sino que se extiende al comercio global del Gas Natural Licuado (GNL), del cual el país es aún comprador estacional.
En este contexto, el país se prepara para cubrir el pico de demanda invernal bajo una modalidad inédita en dos décadas a partir del traspaso del control de las importaciones de GNL hacia manos privadas, mediante una licitación pública internacional en marcha. Este giro en la política energética local ocurre en un momento de fragilidad logística internacional.
El cierre virtual del Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del gas y petróleo mundial, paralizó el despacho en Qatar, uno de los mayores exportadores del planeta. Como resultado, el indicador TTF de Europa -referencia clave para las compras argentinas- registró un salto del 70% desde el 24 de febrero al 6 de marzo, lo que obliga a recalcular los costos de un suministro que el país necesita asegurar en cuestión de semanas.
El proceso de desregulación, oficializado mediante el Decreto 49/2026, estableció que un «agregador-comercializador» privado reemplace el rol histórico que cumplía la estatal Enarsa en la compra de cargamentos. Esta nueva figura debe gestionar la logística y el financiamiento de los buques regasificadores, asumiendo riesgos de mercado que hasta el año pasado recaían exclusivamente en el Tesoro Nacional.
GNL de importación para la Argentina
Juan Bosch, presidente de SAESA, advierte sobre la particularidad de esta crisis en comparación con el mercado del petróleo. Según el directivo, «aunque el estrecho de Ormuz ve pasar a diario un quinto del petróleo mundial, hay más fuentes y rutas para el petróleo que para el GNL, lo que hace que el impacto en el gas sea más pronunciado», con lo cual es mucho más sensible al bloqueo de arterias marítimas estratégicas.
Para la Argentina, a pesar del estremecimiento global, el mercado local se encuentra en una posición ventajosa al pasar de ser deficitaria a superavitaria en energía, principalmente por las exportaciones de petróleo, lo que significa mayores ingresos al subir el precio del crudo. Además, se posiciona para convertirse en pocos años como un proveedor de GNL confiable y alejado de las zonas de conflicto y rutas afectadas.
«Un impacto negativo es que Argentina, a pesar de ser superavitaria en energía y gas natural en general, sigue siendo importadora de GNL durante los picos de consumo en invierno (junio-julio). Los precios de importación son muy elevados, y este será el primer invierno en que la gestión de importación y comercialización de GNL estará en manos de una empresa privada», resalto Bosch.
Es que la tensión global se dio en momentos en que «la administración de las importaciones de gas ya no estará a cargo de la empresa estatal ENARSA, sino de una empresa privada a través de una licitación. Aunque es pronto para evaluar, se espera que una gestión privada sea más diligente y eficiente, lo que podría generar eficiencias en la asignación de costos y el análisis de riesgos, aunque el éxito dependerá también de factores como la severidad del invierno», advirtió.
La invasión rusa de Ucrania en 2022 disparó los precios del gas, afectando severamente a Europa. En ese momento, Argentina se vio obligada a comprar GNL a precios altísimos que llegaron hasta 22 USD/MBTU, comparado con los 2-3 USD/MBTU actuales al no haber anticipado las compras. Sin embargo, la guerra también favoreció comercialmente a Argentina al disparar los precios de los productos agrícolas.
Un cambio de paradigma en la gestión
El principal desafío para el futuro operador privado reside en un complejo desfasaje temporal de precios. El esquema diseñado por el Gobierno y la complejidad misma del mercado obliga al comercializador a cerrar los principales contratos de compra con los comercializadores internacionales durante los meses de marzo y abril, cuando no es posible anticipar si la volatilidad por el conflicto en Irán podrá bajar o seguirá en alza.
Sin embargo, ese recurso se venderá a las distribuidoras locales recién dos o tres meses después, durante el pico de consumo invernal, lo que puede generar una renta extraordinaria en caso de que el combustible mantena esta volatilidad alcista o generar un bache financiero que requiere de una espalda de capital considerable, explicaron voceros del sector.
Este escenario expone al adjudicatario a un riesgo cambiario y de mercado que podría volverse inmanejable. Mientras el precio de adquisición queda cristalizado en el momento de la contratación internacional, el precio de venta final en el mercado interno debe responder a una estructura de tarifas que no siempre se ajusta con la misma celeridad. Sin mecanismos de cobertura claros, el operador privado corre el riesgo de sufrir un estrangulamiento de caja, advierten los analistas.
La ingeniería financiera se vuelve aún más compleja al observar el mecanismo de selección de la licitación. Al basarse en la oferta de la menor tarifa en USD/MMBTU, el modelo busca eficiencia, pero deja un margen de error casi inexistente, poniendo en duda la sustentabilidad de toda la operatoria para este primer invierno sin Enarsa.
Para mitigar estos riesgos, la Secretaría de Energía introdujo una «cláusula de seguridad» que le permite al Estado adquirir volúmenes adicionales ante cualquier amenaza al suministro. Esta reserva es una admisión implícita de que la capacidad de respuesta del sector privado podría verse desbordada por factores exógenos. Si el agregador no logra utilizar plenamente la capacidad de regasificación de las terminales de Escobar o Bahía Blanca, o si las ventanas de arribo de los buques se ven alteradas por la logística global, será el Estado quien deba volver a intervenir de emergencia.
El costo de importación en invierno
Para entender la magnitud del mercado que el Gobierno decidió delegar, basta observar el desempeño de la balanza energética en los últimos dos años. Durante 2024 de acuerdo a las cifras públicas de Enarsa, la Argentina importó un total de 30 cargamentos de GNL por un monto aproximado de u$s672 millones. En aquel invierno, el precio promedio por cada millón de BTU (MMBTU) se ubicó en torno a los u$s10,7, una cifra que permitió un ahorro significativo respecto de los picos históricos de la pospandemia.
Sin embargo, el escenario de 2025 mostró una dinámica diferente que sirve de advertencia para el nuevo operador privado. El año pasado, la cantidad de buques se mantuvo en niveles similares —se adjudicaron finalmente 27 barcos— pero el costo total ascendió a cerca de u$s740 millones. Este incremento respondió a un precio promedio de importación más elevado, que osciló entre los u$s12,5 y los u$s13,6 por MMBTU en las licitaciones de Enarsa.
En 2024, el país logró reducir las importaciones en más de u$s1.000 millones respecto del año anterior porque la engrada en oepración de nueva infraestrutura de transporte como el gasoducto Perito Moreno permitió un mayor abastecimiento del mercado local. Aquel año fue el primero en que estuvo operativo durante los 12 meses el nuevo gasoducto que aportó más de 20 MMm3/d.
En 2025 esa tendencia se estancó, pero en este caso parte de las importaciones de GNL no fueron para el abastecimiento de la demanda prioritaria (usuarios residenciales) sino a desplazar parte de los combustibles más caros y contaminantes como el gasoil y el fuel oil que utilizan las centrales térmicas.-
Así, a pesar de los récords de producción en el yacimiento neuquino, la Argentina sigue atada al mercado spot global para superar los meses de frío extremo, una dependencia que ahora el sector privado deberá gestionar con sus propios recursos. El nuevo comercializador privado debutará con el riesgo de enfrentar un mercado internacional con precios sensiblemente altos, como ya ocurrió en 2022 cuando se llegaron a pagar hasta 28,8 dólares por MMBTU tras la invasión rusa en Ucrania.
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