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ECONOMIA

«Nos van a salir dólares por las orejas»: por qué la historia contradice la frase de Milei

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Imposible no percibir una sensación de «deja vu» ante las declaraciones de Javier Milei, en las que prometió que «nos van a salir dólares por las orejas» por el futuro ingreso masivo de divisas, así como por su satisfacción por el hecho de que «los que apostaron al dólar están teniendo una sangría y pérdidas enormes».

Hay, en realidad, una larga lista de frases grandilocuentes referidas al dólar, que han pasado a la historia. En su mayoría, se trata de pronósticos fallidos antes de crisis cambiarias, lo cual deja entre los argentinos de todas las edades una desconfianza genética ante los períodos de «peso fuerte» y, ciertamente, no contribuye a que aumente la confianza hacia el plan económico de Milei.

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De hecho, aun cuando el tipo de cambio se desplomó desde la intervención del Tesoro estadounidense en el mercado local, eso no fue suficiente para que los ahorristas dejaran de demandar dólares en los bancos, ni para que los gerentes financieros de empresas necesitadas de liquidez vendieran sus divisas. Prueba de ello es que se siguen convalidando tasas muy altas en pesos -cercanas al 100%-, porque el mercado prefiere pagar ese costo antes que desprenderse de los billetes verdes.

La afirmación de Milei es, en rigor, una verdad parcial. Porque las ganancias o las pérdidas siempre dependen del momento en el que se realizó la inversión y en que salió de ella. Así, quienes hayan comprado dólares en el momento en el que el ministro Toto Caputo sugirió «no te la pierdas, campeón» y luego vendió cuando se llegó al pico de $1.515 en septiembre, ganó un 22% por la suba de la cotización en menos de dos meses. E incluso quienes se quedaron con los dólares guardados, siguen un 10% arriba.

Es cierto que hubo quienes perdieron al apostar a la devaluación. Sobre todo, los que en las últimas semanas tomaron coberturas en el mercado del dólar futuro, apostando a que en noviembre habría una cotización de $1.550.

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Pero, en realidad, lo que buscan los presidentes o ministros de economía que hacen estas afirmaciones no es castigar a quienes pudieron haber tenido pérdidas en el pasado, sino persuadir a la población de que quien apueste a una devaluación saldrá lastimado. En el caso de Milei, su frase se inscribe en esa tradición, y los argumentos son los habituales: Argentina mejorará sus exportaciones, tendrá crédito internacional y llegarán inversiones externas para explotar los recursos naturales del país.

El que apostó al dólar, ganó

La historia reciente marca situaciones parecidas a la actual. La frase más recordada al respecto es la de Lorenzo Sigaut, quien en la dictadura militar sustituyó a José Martínez de Hoz en el ministerio de Economía. Había desconfianza sobre el sostenimiento de la «tablita cambiaria» y, para disipar los temores, Sigaut inmortalizó la frase: «El que apuesta al dólar, pierde». La historia no lo dejó bien parado, porque ese 1981 trajo una mega devaluación y un posterior default de la deuda externa.

Terminaba así el período en el que se hizo famosa la expresión «deme dos», pronunciada por los argentinos que invadían los negocios de Miami y Río de Janeiro y se asombraban de lo barato que era el mundo.

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A la hora de echar culpas, no faltó otro clásico: el repentino cambio de las condiciones internacionales. En ese caso, la brusca suba de las tasas de interés dispuestas por Estados Unidos.

Algo similar había ocurrido en la gran crisis precedente, la del «Rodrigazo» de 1975. La tercera presidencia de Juan Domingo Perón se había beneficiado, al inicio, del aumento de los precios agrícolas, en el marco de una turbulencia económica global por el embargo petrolero.

Cuando el ministro José Ber Gelbard dejó el cargo, había una fuerte distorsión de precios, con un dólar atrasado y tarifas pisadas. El ministro Celestino Rodrigo fue el encargado de anunciar las malas noticias: «Seguimos un camino dislocado y distorsionado de irrealismo, continuando en una ilusión enfermiza de prosperidad creciente«, dijo en cadena de TV, antes de un ajuste cambiario y tarifario que derivó en estallido inflacionario.

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Blindaje, fiesta de la soja y conspiraciones

Más cerca en la historia, también hubo otras situaciones en las que se dio el mensaje de que no había riesgo de que en Argentina faltaran dólares. La gestión de Fernando de la Rúa es recordada por el «blindaje financiero» que, en teoría, aseguraba el pago de todos los vencimientos de deuda sin riesgo de que se resquebrajara el «uno a uno».

«El 2001 será un gran año para todos, qué lindo es poder dar buenas noticias», había sido el mensaje findeañero del presidente, en uno de los pronósticos más desacertados de toda la historia. Un año después, tras haberse «fugado» gran parte de ese blindaje y después de un «magacanje» de deuda, llegó el momento temido: ante el corte del crédito del Fondo Monetario Internacional, colapsó el plan de convertibilidad y se desató la crisis social.

Durante el kirchnerismo también se generó una sensación de un mayor poder adquisitivo en dólares, como consecuencia directa del boom de la soja en el mercado internacional y por la irrupción de China como potencia proveedora de divisas. Pero aun esa situación, que parecía que iba a cambiar los paradigmas, encontró su techo. Después de tocar niveles récord de u$s600 por tonelada, la soja redujo su precio a la mitad.

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Y Argentina, después de años de default, empezó a pagar sus cuentas. Cuando los dólares escasearon, se recurrió a las reservas del Banco Central; después, se prohibió la transferencia de divisas al exterior, y luego se restringió la importación.

Cristina Kirchner tenía una visión conspirativa respecto de las corridas cambiarias, que atribuía a grandes empresas y bancos para desestabilizar su gobierno. Fue en ese contexto que en 2011, tras una fuga récord de capitales que coincidió con su reelección presidencial, se instauró el cepo cambiario.

La otra «lluvia de dólares»

La promesa de «una lluvia de dólares» se empezó a escuchar en la campaña electoral de Mauricio Macri en 2015. El argumento era que, con el fin de los controles cambiarios, la supresión de las retenciones a la exportación agrícola y un clima «friendly» para los negocios, habría tal ingreso de dólares que la preocupación del gobierno sería cómo hacer para que el tipo de cambio no se derrumbara.

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Durante dos años, el dólar se mantuvo relativamente estable -para solaz de quienes fueron a alentar a la Lionel Messi al mundial de Rusia-, pero las cosas no se dieron exactamente como se habían prometido. En realidad, sí hubo un ingreso masivo de divisas, pero fue por la habilidad del entonces ministro de Finanzas, Luis Toto Caputo, para acceder al mercado de capitales.

En cambio, los dólares provenientes de la inversión externa fueron escasos, y los del agro sufrieron el efecto de una nueva caída de precios. Una vez más, ocurrió lo habitual: lo que mantenía el equilibrio, que era el ingreso de capitales financieros para compensar el déficit de la cuenta corriente, tuvo un freno.

Al cambiar el clima financiero internacional, se produjo el flujo de capitales hacia los lugares seguros, y en esa huida Argentina fue uno de los más perjudicados: se quedó con la deuda financiera, el déficit comercial y sin «lluvia de dólares». Ni el salvataje récord del FMI alcanzó para evitar otra crisis devaluatoria.

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No todas las crisis fueron iguales, claro. Había condiciones políticas y sociales muy diferentes en la hiperinflación de 1989 que en el Rodrigazo o en la aguda recesión ocurrida durante la pandemia de Covid en 2020. Pero, en casi todas, hubo un denominador común: salían más dólares de los que entraban.

Es lo que en la jerga económica se llama «déficit de cuenta corriente», y que muchas veces se intenta compensar con dólares prestados. La historia demuestra que ese remedio puede ser efectivo, pero no dura eternamente.

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ECONOMIA

El BCRA encadenó 30 jornadas seguidas comprando dólares y esta semana sumó u$s600 millones

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En un contexto de estabilidad cambiaria, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) logró encadenar 30 jornadas consecutivas con saldo comprador, tanto dentro como fuera del mercado oficial, tras adquirir u$s42 millones este viernes. Desde el inicio de 2026, la autoridad monetaria ya acumuló más de u$s2.000 millones, superando el 20% de la meta anual de reservas fijada para el año.

Así, el BCRA terminó con un saldo comprador de u$s615 millones en la semana, el más elevado desde enero de 2025.

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Durante este período de 30 ruedas, las compras totalizaron u$s2.089 millones, en el marco de la denominada «fase 4» del programa económico vigente. Para concretar estas intervenciones, el BCRA emite pesos no esterilizados, lo que le permite sostener la liquidez del sistema y evitar presiones adicionales sobre las tasas de interés. Luego, el Tesoro absorbe parte de esos pesos mediante licitaciones de deuda en moneda local.

En cuanto al nivel de activos, las reservas internacionales se ubican actualmente en u$s45.158 millones, tras una suba diaria de u$s102 millones. En el último mes, el stock alcanzó un máximo desde agosto de 2021 al tocar los u$s46.240 millones, impulsado en parte por la evolución del oro en los mercados internacionales.

El metal precioso, que ascendió a u$s5.058 por onza, actúa como refugio de valor en períodos de incertidumbre y tiene un impacto directo sobre el balance del Central. La entidad posee cerca de 1,98 millones de onzas troy, equivalentes a 61,5 millones de toneladas, un componente clave dentro de su estructura de reservas.

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La batalla por las reservas: el objetivo que condiciona al dólar

Desde Mega QM señalaron que el equilibrio cambiario de 2026 es clave porque es el año en el que el BCRA debe acumular la mayor cantidad de reservas posible. En su visión, ese objetivo tiene un doble propósito: colaborar con la señal de solvencia que permitiría al Tesoro volver al mercado de capitales y, además, construir un respaldo pensando en 2027, un año que vuelve a estar atravesado por el desafío electoral.

Los expertos de la sociedad de bolsa explicaron que la compra de reservas no es solo una cuestión financiera: también aparece como uno de los caminos para atender una demanda real de pesos que se espera creciente. En ese marco, el rol del Banco Central comprando dólares pasa a ser una variable crítica, pero su margen concreto depende de cómo se ordenen los flujos de oferta y demanda de divisas.

Para Mega QM, los últimos meses dejaron en claro dos elementos: sigue existiendo un nivel razonable de superávit comercial medido en base caja, y la capacidad del BCRA de comprar dólares queda vinculada al nivel de atesoramiento de los individuos y a los ingresos que se logren por la cuenta capital. En otras palabras, el comercio exterior ayuda, pero no explica por sí solo la película completa.

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Ese diagnóstico coloca al dólar en una tensión permanente: si el superávit comercial se mantiene, pero el atesoramiento sube y el financiamiento no alcanza, el equilibrio se vuelve más fino. Y cuando el equilibrio se afina, el tipo de cambio suele ser el precio que primero refleja el cambio de clima.

Atesoramiento: la variable inestable que marca el margen del Banco Central

El atesoramiento aparece como el termómetro más inestable dentro de la ecuación cambiaria. Desde Mega QM destacaron que este factor es el que define el margen efectivo que puede tener el BCRA para acumular o no reservas. En un mercado donde cada flujo cuenta, el ahorro en dólares del público puede funcionar como una aspiradora que reduce el excedente disponible.

Los especialistas del bróker detallaron que las referencias históricas en años sin limitaciones sobre los flujos minoristas muestran volúmenes del orden de USD 17.800 millones anuales, lo que equivale a casi USD 1.500 millones por mes. Esas cifras, remarcaron, no fueron lineales: hubo pisos cercanos a USD 10.000 millones y techos que alcanzaron USD 27.000 millones durante la crisis cambiaria de 2018.

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Desde Mega QM señalaron que las cifras de los dos últimos meses de 2025 estuvieron en línea con esos promedios, aunque incluyeron meses de estacionalidad alta, como diciembre por el aguinaldo. Si el escenario se consolida, evaluaron, el promedio podría ubicarse algo por debajo de esa referencia histórica, pero seguiría siendo suficiente para fijar una exigencia relevante de generación de divisas.

Ese punto es el que empuja el foco hacia los flujos financieros: cuanto más alto sea el atesoramiento, mayor será la necesidad de compensación por el lado del crédito y la deuda. Ahí se define una parte central de la pregunta sobre qué pasará con el dólar: si el financiamiento neto acompaña, el equilibrio se sostiene; si se corta, la presión aparece rápido.

Crédito en dólares: la promesa de tasas bajas y el riesgo detrás del regreso

Desde Epyca señalaron que en los últimos días se intensificó el rumor en torno a una posible aprobación por parte del Directorio del BCRA de un nuevo esquema regulatorio que ampliaría fuertemente el acceso al crédito en dólares para residentes y empresas no exportadoras. El objetivo oficial sería aprovechar el nivel récord que generarían los depósitos en moneda extranjera y orientar esos recursos hacia préstamos productivos, con tasas competitivas y fondeo más barato que en pesos.

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Los expertos de la consultora explicaron que, bajo ese enfoque, las tasas se ubicarían en rangos de 2% a 4% para depósitos y de 5% a 7% para créditos prendarios e hipotecarios. En un contexto de tasas en pesos altas y escasez de crédito local, el atractivo del esquema es evidente: abaratar el financiamiento y mover sectores sin presionar de inmediato sobre precios.

Sin embargo, desde Epyca también cuestionaron el supuesto «combustible» disponible para ese plan. Según señalaron, el Gobierno sostiene que los dólares fuera del sistema equivaldrían a un PBI: entre USD 170.000 y 200.000 millones dentro del país y otros USD 400.000 millones en cuentas offshore difíciles de repatriar. Para Epyca, esas cifras estarían sobreestimadas, ya que se repiten desde hace décadas y probablemente una parte de esos ahorros se haya gastado.

En el marco del régimen actual, Epyca planteó además que el control de agregados monetarios, con tasas y encajes en niveles récord, se utiliza como ancla de precios mientras la inflación sigue un sendero ascendente: enero marcó 2,9% mensual y 32,4% interanual, por encima de diciembre de 2025 (31,5%). Bajo una lógica comparable a la que se usó como guía durante la Convertibilidad, se espera que una mayor dolarización contribuya a reactivar sin generar inflación, pero la consultora recordó que hubo inflación tanto en pesos como en dólares.

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Mercados: cayeron las acciones argentinas, detrás de la tendencia de Wall Street

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En Wall Street continúa el proceso de corrección de precios tras recientes máximos.

Los activos bursátiles argentinos reflejaron inestabilidad ante un contexto externo volátil, tras nuevos datos económicos estadounidenses y ventas provocadas por la Inteligencia Artificial.

Los índices bursátiles estadounidenses pasaron de caídas iniciales a una suba de hasta 0,5% en la media rueda, pero finalmente se decantaron nuevamente por las pérdidas sobre el cierre, pese a que un informe sobre la inflación más suave de lo esperado mantuviera a la Reserva Federal en la senda de los recortes de las tasas de interés este año.

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Con esta influencia, el índice accionario líder S&P Merval de la Bolsa de Buenos Aires revirtió una baja inicial y pasó a subir al promediar los negocios, pero cerró con una caída de 1,2%, en los 2.816.127 puntos, luego de derrumbarse un 5,5% en la sesión previa por el contexto global adverso.

En tanto, los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- finalizaron mixtos, con un riesgo país de JP Morgan que subió 12 unidades, a 519 puntos básicos para Argentina.

En los EEUU la inflación se enfrió más de lo esperado en enero, según mostraron los datos publicados el viernes por la Oficina norteamericana de Estadísticas Laborales.

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El IPC (Índice de Precios al Consumidor) mostró que los precios al consumidor aumentaron un 0,2% en enero con respecto al mes anterior y un 2,4% interanual. Los economistas encuestados por Bloomberg esperaban un aumento mensual del 0,3% en los precios al consumidor y un incremento anual del 2,5 por ciento.

Los analistas de Balanz indicaron que “la inflación de enero en Estados Unidos sorprendió a la baja al mostrar una variación de 0,2% mensual versus 0,3% esperado. El primer registro del año también se ubicó por debajo del de diciembre pasado (+0,3%). En cuanto a los componentes, los variación en alimentos se desaceleró a 0,2% desde 0,7% en diciembre, mientras que energía mostró una baja de 1,5% (desde +0,3%), principalmente por menores precios de la gasolina (-3,2%). El componente vivienda, uno de los de mayor peso y mayor resistencia a la baja que venía mostrando, tuvo una variación de 0,2% mensual desde 0,4% en diciembre por una menor presión en los alquileres”.

“En términos interanuales, la inflación total se redujo a 2,4% desde 2,7% en diciembre (se esperaba 2,5%), mostrando el menor registro desde mayo del año pasado. La inflación núcleo, en cambio, se mantuvo en 2,5%, en línea con lo esperado y por debajo del 2,6% de diciembre”, añadieron desde Balanz.

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En el plano doméstico, el BCRA acumula compras por más de 2.000 millones de dólares en lo que va del 2026, en línea a las exigencias del FMI (Fondo Monetario Internacional).

Al respecto, una misión del FMI encabezada por Luis Cubeddu y Bikas Joshi finalizó el jueves su visita al país para monitorear los avances en las metas pautadas.

“Se registraron muy buenos avances en las conversaciones, que continuarán en los próximos días. Brindaremos más información a su debido tiempo”, dijeron fuentes oficiales del FMI sin dar más detalles.

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La media sanción en el Senado del proyecto de ley de reforma laboral impulsado por el Gobierno, en búsqueda de una mayor desregulación para la tercera economía de Latinoamérica, da mayor confianza al presidente Javier Milei para avanzar en su política ortodoxa.

“La economía argentina bajo la presidencia de Javier Milei se desarrolla en un escenario marcado por cambios en la política económica, reordenamiento macroeconómico y transformaciones en la dinámica productiva del país”, dijo Alexander Londoño, analista de ActivTrades.

El Tesoro realizará la semana entrante un canje de deuda ligada a moneda dura por unos 2.400 millones de dólares, por otro instrumento similar con vencimiento en abril.

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“Podría ser una buena idea no tomar aún deuda en los mercados internacionales de deuda, a pesar de una importante baja en el riesgo país, dado que la tasa que se pagaría -cercana al 9% anual- superaría a la tasa potencial de crecimiento del PIB -alrededor de 7% del PIB, sumando la inflación internacional-”, estimó el IERAL de la Fundación Mediterránea.

Los mercados financieros de Argentina permanecerán cerrados lunes y martes por las celebraciones de Carnaval.



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ECONOMIA

Hacé trabajar tus dólares: cuáles son los fondos que ofrecen una rentabilidad de hasta 9% anual

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Con la tendencia a la baja de las tasas en pesos y un escenario cambiario más estable, muchos ahorristas volvieron a mirar los fondos comunes de inversión en dólares como alternativa para no dejar los billetes quietos en la caja de ahorro. La pregunta se repite en la City y entre inversores minoristas es si conviene asumir algo de riesgo para buscar rendimiento en moneda dura o mantener liquidez absoluta aunque la tasa sea baja.

En el mercado local, la oferta de FCIs en dólares se divide en tres grandes categorías: money market T+0 -me voy y tengo dólares disponibles de inmediato-, fondos de corto y mediano plazo con rescate T+1 -me voy y tengo dólares disponibles 24 horas después-, y estrategias de retorno total con mayor volatilidad.

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Cada uno responde a un perfil distinto y a una necesidad concreta como lo es la liquidez inmediata, rendimiento moderado o búsqueda de mayor retorno asumiendo riesgo.

Money market en dólares

El primer escalón lo ocupan los fondos T+0 en dólares, diseñados para administrar liquidez. Son vehículos que invierten en instrumentos de muy corto plazo, con bajo riesgo crediticio y mínima fluctuación en el valor de la cuotaparte.

Entre los más utilizados del mercado aparecen:

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  • Adcap Ahorro Dólares C, con un rendimiento a anual de 1,91% y un patrimonio cercano a u$s125 millones.
  • MEGAQM Liquidez Dólar B, con 1,59% anual y alrededor de u$s241 millones bajo administración.
  • IEB Corto Plazo Dólar B, con 1,50%.
  • Allaria Dólar Ahorro B, con 1,47% y un patrimonio en torno a u$s265 millones.
  • SBS Liquidez USD B, con 1,43%.

Estas tasas, medidas a un día, reflejan el rendimiento acumulado en el período y sirven como referencia de la dinámica reciente. En términos anuales, se ubican en un rango bajo, pero la principal ventaja es la disponibilidad inmediata de los dólares ya que el inversor puede rescatar y disponer de los fondos el mismo día.

Dentro de la oferta de Allaria Fondos, el Allaria Dólar Ahorro Money Market presenta un perfil conservador y horizonte de corto plazo, con un rendimiento anual esperado de 1,4%. Es una herramienta clásica para quienes no quieren asumir riesgo de mercado y buscan simplemente que los dólares no queden parados.

Este tipo de fondo suele ser elegido por empresas que administran caja en moneda dura, inversores que esperan una oportunidad de mercado o personas que priorizan liquidez absoluta.

Corto y mediano plazo

Un segundo grupo lo conforman los fondos en dólares con rescate T+1 y una estrategia algo más amplia. Aquí ya se incorporan instrumentos corporativos o soberanos de mayor duración, lo que permite mejorar la tasa esperada.

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En la gama de Allaria Fondos, el Allaria Dólar Ahorro Plus, también de perfil conservador y corto plazo, apunta a un rendimiento anual estimado del 4%. La diferencia frente al money market es que se resigna liquidez inmediata, pero se gana rentabilidad.

Más arriba aparece el Allaria Dólar Dinámico Corporativos Argentina, de perfil moderado y horizonte de mediano plazo, con un rendimiento anual esperado de 6%. Aquí la cartera ya incorpora deuda corporativa local en dólares, lo que introduce riesgo crediticio y cierta sensibilidad a tasas.

En el segmento soberano, el Allaria Dólar Global, enfocado en bonos argentinos en moneda dura, proyecta 7,5% anual. Este tipo de fondo depende en mayor medida del comportamiento de la deuda pública y del riesgo país. Si los spreads se comprimen, la cuotaparte puede subir con fuerza; si el riesgo se amplía, la volatilidad se hace sentir.

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La clave en este tramo es el horizonte ya que no se trata de instrumentos para rescatar a los pocos días, sino de posiciones pensadas para varios meses.

Retorno total

En la parte más agresiva del espectro se ubican los fondos de retorno total. Estos vehículos combinan bonos de mayor duración, estrategias activas y gestión táctica de cartera.

El Allaria Dólar Retorno Total, también de Allaria Fondos, muestra un rendimiento anual esperado de 9%, con horizonte de largo plazo y perfil moderado. La tasa es sustancialmente más atractiva que la de un money market, pero el inversor debe tolerar variaciones en el valor de la cuotaparte.

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En el universo T+1, se destaca además el Schroder Retorno Total Cuatro B, que exhibe un rendimiento a 30 días de 3,08% y un patrimonio cercano a u$s28 millones. Se trata de una estrategia que busca capturar oportunidades en distintos tramos de la curva en dólares.

En estos fondos, la dinámica de tasas internacionales, la evolución del riesgo argentino y la gestión activa del equipo administrador son determinantes para el resultado final.

El fenómeno Cocos

El crecimiento de las fintech, especialmente Cocos Capital, también impulsó el uso de FCIs en dólares entre inversores minoristas y merece un parrafo aparte. La plataforma ofrece fondos que permiten suscribir y rescatar desde el celular, con montos mínimos bajos y con una propuesta que arrasa con el resto de alternativas del mercado.

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En especial es por el caso de Cocos Ahorro Dólares, la TNA promedio a 60 días se ubica en torno a 2,85%, con baja volatilidad y rescate ágil 24/7 -en cualquier horario del día y sin estar atado a los horarios del mercado-. En los últimos 30 días acumula una suba de 0,19% y en el año 0,29%.

Por su parte, Cocos Dólares Plus apunta a un rendimiento anual estimado de 7%, con un avance de 2,37% en los últimos tres meses, rescate en 24 horas y un patrimonio que ronda los u$s228 millones.

La diferencia entre ambos es la misma que en el resto del mercado ya que uno prioriza liquidez y estabilidad; el otro busca rendimiento adicional asumiendo riesgo moderado.

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Tres variables para decidir

Antes de elegir un fondo en dólares conviene evaluar los tres factores centrales:

  • Liquidez: T+0 o T+1.
  • Horizonte de inversión: semanas, meses o más de un año.
  • Tolerancia al riesgo: estabilidad versus búsqueda de rendimiento.

Un money market puede rendir 1% o 2% anual, pero prácticamente no fluctúa, y un fondo soberano puede proyectar 7,5%, aunque su valor diario puede oscilar con fuerza.

El retorno total promete hasta 9%, pero con mayor sensibilidad a tasas y spreads.

La diferencia de varios puntos porcentuales anuales puede parecer menor en montos chicos, pero en carteras de u$s50.000 o u$s100.000 el impacto es relevante.

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¿Dólares quietos o trabajando?

Dejar los billetes inmóviles implica resignar rendimiento real -en dólares-, incluso una tasa de 4% anual ayuda a preservar poder adquisitivo frente a la inflación internacional. En un contexto de mayor normalización financiera y estabilidad cambiaria local, los FCIs en dólares volvieron a convertirse en herramienta habitual de cartera.

La decisión no es igual para todos y quien necesita disponibilidad inmediata elegirá un T+0 mientras que quien no prevé utilizar esos fondos en el corto plazo puede buscar rendimiento adicional. Y quien tenga visión de largo plazo podrá asumir mayor volatilidad a cambio de una tasa más atractiva.

El mercado ofrece opciones concretas para cada perfil, lo relevante es entender que no todos los fondos son iguales, que el rescate y la composición importan y que el diferencial de tasa es, en definitiva, el precio del riesgo asumido.

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