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ECONOMIA

Por qué el mercado teme que el riesgo país siga subiendo aunque Milei salga victorioso en las elecciones

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Una sospecha empieza a instalarse con fuerza en el mercado: incluso si a Javier Milei le va bien en las elecciones, hay altas probabilidades de que el dólar suba y que el índice de riesgo país siga elevado. Peor aun, ya hay dudas sobre si el actual esquema cambiario sea capaz de durar hasta las legislativas de octubre, dada la creciente demanda de dólares que se está observando.

Así lo indican los antecedentes históricos y la persistencia de problemas como la imposibilidad de acumular reservas genuinas, al tiempo que se deteriora la balanza de pagos.

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Por lo pronto, quedó claro que ya no alcanza con la excusa del banco chino que demandó de golpe u$s30 millones. Este jueves, ya con el operativo para «proveer liquidez» a un mercado presuntamente nervioso por el «riesgo kuka», hubo una fuerte demanda de divisas, que el Tesoro no pudo proveer en su totalidad.

Se estima que la venta fue por unos u$s320 millones. Es una cifra que lleva a la inquietante pregunta sobre si será factible estirar este plan de intervención durante todo septiembre y octubre, dado que la demanda podría quebrar las tenencias del Tesoro, que según Federico Furiase rondan los u$s3.000 millones -una cifra que muchos analistas ponen en duda-.

Además, el Banco Central intervino en el mercado de futuros del dólar, con contratos por el equivalente a u$s400 millones. Y el monto límite de intervención que permite el marco regulatorio -u$s9.000 millones- ya luce peligrosamente cercano.

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El costo de esta política de defensa del tipo de cambio bajo el «techo extraoficial» de $1.362 es el mantenimiento de altas tasas de interés en torno de 54% nominal anual -casi 70% efectivo- que está llevando al desplome del crédito. Según una estimación del analista Salvador Vitelli, el monto prestado por concepto de adelantos cayó a $7,4 billones, mientras a mediados de julio había alcanzado un pico de $9,6 billones.

Lo cierto es que las críticas a la estrategia de emergencia del gobierno proliferan entre los operadores del mercado. Por caso, apuntan que como consecuencia directa del anuncio sobre la intervención oficial sobreel mercado de divisas, hubo una virtual desaparición de la oferta de privados, que dejaron solo al sector público como oferente.

Igual, pero más caro

Pero, si hay un tema en particular que provoca la irritación de los analistas es la reinstauración de los pases pasivos remunerados del Banco Central. Esta práctica, que había sido común en el gobierno anterior y que Toto Caputo se empeñó en eliminar como parte de la «limpieza del balance» del BCRA, tuvo que volver de emergencia para paliar los problemas operativos que causó la eliminación de las LEFIs.

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Es así que estos pases ya alcanzaron un volumen de $4,5 billones, el nivel más alto desde su eliminación hace un año. Y la peor parte de es que esa ventanilla para que los bancos alojen liquidez excedente le genera al Central un costo alto, con una tasa que ronda el 50%.

Es decir, lo que está ocurriendo ahora contradice el argumento principal por el que se desarmaron las LEFIs. Según explicó en su momento Santiago Bausili, con esas letras se estaba subsidiando a los bancos, que no manejaban que eficiencia su liquidez para evitar que hubiera sobrantes en el sistema.

En aquel momento, la tasa que se pagaba por las LEFIs era de un 30% anualizado. Es decir, casi se duplicó el costo para el BCRA. Y eso no es todo: los pases, al igual que las LEFIs, implican vencimientos diarios, cuando lo que dijo Toto Caputo que había que evitar era el riesgo de tener una gran masa de activos que todos los días podían transformarse en pesos líquidos que generaran una turbulencia en el sistema.

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Es cierto que el volumen de los pases es la cuarta parte de los pesos que estaba colocado en LEFIs, pero aun así, abundan las críticas por la obstinación del gobierno en seguir defendiendo una medida que se juzga como el inicio de la turbulencia financiera.

El fantasma de la deuda

Es en ese panorama que la lupa del mercado vuelve a posarse sobre las reservas del BCRA y sobre el desafío de los pagos por vencimientos de deuda. Sobre este punto, el economista Amílcar Collante plantea una clara relación inversa entre compras de reservas y nivel de riesgo país.

Así, en los momentos de mayores compras netas de dólares por parte del Central -cuyo pico fue el primer trimestre de este año- coincidieron con los momentos de reducción en el índice de riesgo país, que en enero pasado tocó un mínimo de 560 puntos en la escala EMBI del JP Morgan. Y, por el contrario, cuando se produjo una caída y posterior estancamiento de las reservas, el riesgo país comenzó su escalada que lo llevó cerca de los 900 puntos.

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La argumentación de los economistas es que un alto nivel de reservas influye en el aplanamiento de la curva de rendimiento de la deuda dolarizada, con lo cual se posibilita la extensión en los plazos de vencimiento con un menor costo por el pago de intereses.

Pero lo que está ocurriendo es lo opuesto. Y esto lleva a que aumente la inquietud respecto de la posibilidad de hacer frente al calendario de vencimientos que el año próximo prevé unos u$s28.000 millones.

En las oficinas de las empresas y bancos proliferan los informes de consultoras que advierten sobre los riesgos del giro que dio el plan económico.

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Por ejemplo, la consultora 1816 fue contundente sobre el desafío de la deuda: «Un riesgo claro de esta estrategia, que el gobierno parece dispuesto a asumir, es que las cosas se deterioren tanto en estos meses que, incluso con un buen resultado para el oficialismo, post elecciones los bonos queden cotizando en niveles que dificulten mucho imaginar el rollover de los vencimientos de deuda externa en un futuro previsible».

Lecciones de la historia reciente

Entonces, ¿Caputo está equivocado y no hay ninguna influencia de la política sobre el riesgo país? Claro que no. Un vistazo a la historia reciente deja en evidencia que la percepción de riesgo crediticio de un país depende de muchos factores, como el ratio de deuda respecto del nivel de exportaciones y la cantidad de reservas en el Banco Central. Pero también influye la tasa de ahorro del país -que en Argentina está, en su gran mayoría, fuera del sistema financiero-. Y, por cierto, también influye la línea política del gobierno y su capacidad para convivir con el Congreso.

Además, hay movimientos que ni siquiera dependen de Argentina sino del mercado global, como los movimientos de las tasas de la Reserva Federal y las fluctuaciones en el precio de las materias primas.

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De hecho, un análisis de la gestora de fondos Adcap muestra que la caída del índice registrada al inicio de la gestión de Milei coincidió con medidas desregulatorias, pero sugiere además que parte de la mejora estuvo influenciada por la baja de tasas en el escenario global.

Una mirada al pasado reciente puede ayudar a entender ese punto. En 2007, el índice de riesgo país argentino era de 200 puntos. Gobernaba Néstor Kirchner, el país tenía un récord de juicios en el tribunal del Ciadi por parte de los accionistas de empresas privatizadas y la cuarta parte de los acreedores de la deuda pública habían rechazado el plan de canje de la deuda con una fuerte quita del capital y litigaban en tribunales de Nueva York.

Durante el primer mandato de Cristina, el riesgo país se mantuvo en torno a los 400 puntos, y recién subió con fuerza tras la instauración del cepo.

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Con la llegada de Mauricio Macri al poder y el arreglo con los «fondos buitres», se reabrió el mercado de crédito, lo que llevó a un paulatino descenso del índice EMBI. El punto más bajo se produjo a fines de 2017, cuando se alcanzaron los 342 puntos. Puede atribuirse ese logro a la victoria del macrismo en las legislativas de medio término, pero también es cierto que había u$s55.000 millones en las reservas del BCRA y que el PBI había retomado el crecimiento.

No fue necesario que Cristina Kirchner empezara a subir en las encuestas para que el índice subiera: ya con la saga de devaluaciones de 2018 se volvió al entorno de los 600 puntos, y se alcanzó un pico de 1.000 puntos básicos en mayo de 2019. Y eso ocurría a pesar de que el BCRA contaba con reservas por u$s67.000 millones.

Probablemente haya influido el anuncio de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner, pero lo cierto es que el mercado de crédito ya estaba cerrado para el país, que dependía absolutamente del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

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El momento que sí justifica la argumentación de que un cambio político puede agravar la percepción de riesgo ocurrió tras la derrota macrista en las PASO, en agosto. El índice tuvo un salto desde 871 puntos previo a los comicios hasta un nivel de 1.741 puntos. En simultáneo, se retiraron del sistema bancario el 10% de los depósitos en apenas un día.

Durante la mayor parte del período peronista el índice se mantuvo en torno de 2.000 puntos, y recién cayó por debajo de 1.000 puntos en octubre de 2023, cuando Milei se empezó a perfilar como ganador de la elección. Ahora, el gobierno argumenta que la gran diferencia respecto de los gobiernos anteriores es la existencia de un superávit fiscal. Sin embargo, la persistencia de un riesgo país alto induce a pensar que los inversores no ven ese logro como garantía suficiente.

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ECONOMIA

Thomas Owsianski, CEO de General Motors Sudamérica: “Soy optimista con Argentina, veo tendencias positivas en el mercado”

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Thomas Owsianski, Presidente de General Motors Sudamérica, concedió una entrevista exclusiva a Infobae en Argentina para discutir sus objetivos y los próximos pasos de Chevrolet Argentina. (General Motors Argentina)

Thomas Owsianski asumió el pasado 20 de enero el cargo de Presidente de General Motors Sudamérica. Es alemán, nació en Hannover en 1967, pero conoce muy bien Argentina porque ocupó la presidencia de la filial local de Volkswagen entre 2019 y 2022.

En su nueva etapa profesional enfrenta el desafío de conducir la operación completa de la región en una automotriz distinta, que tiene sus raíces en Estados Unidos pero tiene alianzas industriales en China.

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Hoy, Chevrolet es la tercera marca en Brasil, donde tiene el 10,8% del mercado tras vender 275.000 vehículos en 2025. En Argentina, tras dos años en los que se vio obligara a retraer su participación por los impedimentos para importar vehículos, recién pudo empezar su recuperación en 2025, subiendo del 6% al 8% en solo 12 meses, pero duplicando el volumen de unidades porque pasó de vender 23.000 autos en 2024 a 46.000 unidades a fines de diciembre de 2025. Actualmente es la quinta marca en cantidad de ventas.

– ¿Cuál es el objetivo para el mercado argentino teniendo en cuenta que los productos son básicamente los mismos que en Brasil?

– Nuestro objetivo es de seguir creciendo en nuestro market share local y alcanzar ese 10% en los próximos años. Aspiramos a tener un desempeño similar al Brasil. Tuvimos un desafío importante en los últimos dos años para recuperar parte del mercado aquí. Pero ahora Argentina es un mercado mucho más abierto, bastante comparable con otros mercados en América del Sur. Mi opinión es que esto es normal. Lo que no era normal era lo anterior.

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– ¿Cómo ve a la Argentina?

– Soy optimista. Después de haber vivido tres años aquí antes, diría que soy optimista. No soy político, soy sólo un ejecutivo, pero veo tendencias positivas en el mercado. Para General Motors con Chevrolet, Argentina es el mercado número 2, siempre fue súper importante.

– Argentina produce pickups de todas las marcas excepto de General Motors porque la Chevrolet viene importada de Brasil. Estratégicamente, ¿no sería bueno fabricar la una pick-up en el país?

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– Esa es una estrategia para garantizar el abastecimiento de mercado en los dos países y en toda la América del Sur. Entendemos que es una estrategia correcta. Hacemos la pick-up S10 en Brasil, la exportamos para Argentina y así abastecemos el mercado.

La nueva Chevrolet Tracker es
La nueva Chevrolet Tracker es el único producto que produce GM Argentina en su planta de Rosario

– Argentina es un país que exporta esencialmente pick-ups y para tener una buena escala industrial parece ideal tener un vehículo que se exporte, pero Tracker se vende en el mercado doméstico. ¿No deberían apostar a un utilitario?

– Es coyuntural. Con Tracker por ahí el volumen de la fábrica no es el que esperamos. Pero si se va hacia atrás, cuando fabricábamos otros productos exitosos como el Classic, la fábrica estaba a capacidad completa, por ejemplo.

– Pero el mundo cambió…

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– Por eso, son momentos. Nosotros lo que tenemos en Sudamérica, entre Brasil y Argentina, es un hub de producción con varias plantas y con una locación de productos entre las plantas en base a cómo se van analizando los proyectos, y dónde creemos que es el mejor lugar para determinado producto en determinado momento.

– ¿Cuántos años más hay de esta Tracker?

– Esta es una generación nueva y tiene para algunos años, no sabemos cuántos, pero la idea es siempre modernizar el portafolio. Nos estamos modernizando con los autos que traemos de China como el Captiva PHEV que va muy bien y con los autos de Brasil. El portafolio completo de Chevrolet en América del Sur es muy completo y moderno. Y con perspectivas claras de ir renovando e impulsando más tecnología, diseño y seguridad para los vehículos.

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– Usted habló de la complementación entre Argentina y Brasil, de los dos polos industriales. ¿Fabricar Tracker en Argentina y Tracker en Brasil no resulta menos productivo que si fuera un producto de una sola fábrica para abastecer a los dos mercados?

– Yo diría que es como un seguro que garantía. La oferta de un producto que toda la región tiene como un producto de deseo, y teniendo la producción en las dos plantas es importante que, si tenemos un problema en una fábrica, tenemos esa redundancia positiva, y con eso, la garantía del producto para abastecer a toda la región. Tracker es número uno en Argentina en su segmento en los últimos tres o cuatro años. Es todo un desafío para nosotros sostener ese nivel, y por eso vamos a lanzar el nuevo Sonic en algunas semanas más aquí también.

Thomas Owsianski dialogando con Infobae
Thomas Owsianski dialogando con Infobae en las oficinas de GM Argentina. El ejecutivo alemán dijo que Chevrolet tiene la ventaja de producir autos en todo el mundo, incluyendo China. (General Motors Argentina)

– La electrificación en la región está creciendo a través de los autos híbridos y no tanto por los eléctricos puros. ¿Es la estrategia adecuada apostar por los híbridos con más fuerza en este momento?

– La realidad es que, como una marca de grande volumen, necesitamos un portafolio que incluya más o menos todos los sistemas de propulsión. Necesitamos motores de combustión (ICE), Mild-Hybrid, híbridos PHEV y también eléctricos para competir. Y claramente aquí, en América del Sur, la transición hasta ser 100% u 80% eléctricos va a necesitar tiempo. Bastante tiempo, diría yo.

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– ¿Cómo ve el cambio global de apostar inicialmente al eléctrico y después cambiar los objetivos? ¿Hubo un error de cálculo?

– Durante los últimos dos años, cuando yo trabajé en Europa, pude comprobar que también hay diferencias muy grandes entre países. Por ejemplo, en Noruega casi el 100% de los autos nuevos son eléctricos. Pero hay otros países en el sur de Europa, como Italia, con menos del 3%, y otros países en la mitad. Entonces lo que hay es una transición, y parece que será un proceso más lento en algunos países a causa del contexto económico. Se necesita un ecosistema de cargadores, de infraestructura, etcétera. Si se va a necesitar un poco más de tiempo.

– ¿Cómo se trabaja con China?

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– En nuestro caso es bastante claro. Tenemos dos alianzas en China, con SAIC, nuestro socio en Shanghai, que se llama SAIC-GM, y en Guizhou con SGMW. Con esto tenemos la oportunidad de traer vehículos de China para América del Sur. Y eso ayuda mucho. Tenemos un pie en cada parte del mundo y esa es nuestra gran ventaja como una empresa global.

– ¿Entonces se puede decir que para General Motors no es una preocupación la expansión china, sino que es una herramienta que tienen para crecer?

– No, claramente es sí es una presión adicional en el mercado, esa es la verdad. Pero tenemos productos chinos en nuestra compañía también, y podemos usarlos para competir o para complementar nuestro portafolio sudamericano al que también le aportamos otros productos de los Estados Unidos, por ejemplo.

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La alianza entre GM y
La alianza entre GM y Hyundai prevé fabricar 3 nuevos vehículos en la región. Uno de ellos podría destinarse a la fábrica de Alvear, Santa Fe

– ¿Cómo está la alianza de General Motors y Hyundai para fabricar en la región?

– Estamos avanzando en la alianza. Es una alianza de desarrollo de proyectos de ingeniería y una alianza de desarrollo de sinergia de abastecimiento. Eso está avanzando. Tenemos anunciado la producción de tres vehículos en la región y un vehículo en los Estados Unidos, y eso avanza. Estamos en la etapa de esperar para anunciar el acuerdo formal y los productos que serán fabricados conjuntamente.

– ¿Y hay posibilidad que uno de esos tres productos venga a Argentina o es algo que todavía no está definido?

– No tenemos una definición de las plantas, aún no tenemos, pero todas las plantas están siendo evaluadas.

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– ¿Cómo está la planta de Alvear en cuanto a capacidad de producción y producción actual?

– Estamos en un porcentaje bajo, pero estamos trabajando mucho en mejorar la competitividad, porque las plantas acá en la región tienen que estar enfocadas en exportar. Y para exportar tienes que ser muy competitivo con las nuevas reglas del mercado y de los competidores. Entonces, estamos trabajando justamente en este momento en la planta para lograr esa eficiencia, de modo tal que cuando exista un proyecto, sea competitivo a nivel regional y por qué no a nivel global.

– ¿Y en esa competitividad cuánto es un trabajo interno y cuánto depende de bajar la carga de impuestos que tiene la producción de automóviles en Argentina?

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– Bajar los impuestos es superimportante. Para estar competitivo eso es clave. Es fundamental para el futuro, porque permitirá aumentar o mejorar la competitividad de la planta argentina.

– ¿Las novedades para este año son Sonic y Tahoe?

– Sonic va a ser la gran novedad de la marca. Es un vehículo de volumen, va a ser muy fuerte. Y Tahoe la mostramos en el verano y tuvo gran aceptación en la gente. Y mira, es posible traerla con el acuerdo de Argentina con Estados Unidos.

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ECONOMIA

Casos $LIBRA y Adorni desatan tormenta perfecta que hace temblar a bonos y dispara el riesgo país

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El ruido político vuelve a colarse en el mercado financiero. Si bien no es el único ni el principal factor que pone en rojo a los bonos argentinos en dólares e impulsa al riesgo país por encima de 600 puntos, en el mercado creen que un eventual debilitamiento de la imagen pública de Javier Milei, a raíz de los avances en denuncias de presunta corrupción, es uno de los motivos que hoy desalienta a los inversores y profundiza la cautela. De fondo, y con mayor peso, el escenario luce complejo por el conflicto bélico en Medio Oriente.

El desempeño de los títulos de deuda argentina en dólares es negativo en lo que va de marzo, con bajas de hasta 4% en los que vencen en 2046 y 2041. Las fuertes compras de reservas del Banco Central, que en el año ya superan u$s3.600 millones, y las señales del Gobierno respecto a financiamiento para garantizar los pagos actúan como drivers positivos. Pero pesa más el «fly to quality» global y se sumarían otros factores, como los ruidos políticos.

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Los avances en la investigación del caso $Libra y la polémica en torno a los viajes del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, golpean en el corazón del oficialismo: contradice el discurso emblema de La Libertad Avanza de apuntar contra «la casta» política, los privilegios y la corrupción. Ambos casos, que se juntaron en los últimos días, contribuirían a enrarecer un escenario que ya es negativo, principalmente por razones externas.

No sería extraño que los próximos sondeos de opinión pública sobre la imagen del Gobierno y del Presidente registren más deterioro: hay repunte de la inflación, aumento del desempleo, noticias sobre cierres de empresas y la reaparición de casos vinculados con presunta corrupción. Además, esta semana se publicó el índice de confianza del consumidor que elabora la Universidad Di Tella, que refleja cómo la población siente «el bolsillo», y marcó una caída de 5,3% mensual y se suma a la baja de 4,7% de febrero.

Obviamente, el ruido político sería sólo un factor más que estaría contribuyendo a la cautela de los inversores del mercado bursátil. Sobre todo, teniendo en cuenta que este año no hay elecciones, así que por ahora no implicaría un riesgo de gran magnitud: habría tiempo para revertirlo. El mayor peso se encuentra en la incertidumbre vinculada con la guerra en Medio Oriente y las tensiones que se derivan a partir de la disparada del precio internacional del petróleo, que esta semana rozó los u$s120 por barril.

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Qué dice la City sobre el impacto de los ruidos políticos

Si bien este factor no es compartido por todos (algunos se basan en la lejanía de las próximas elecciones para restarle importancia), crece en el consenso en el mercado de que es uno de los componentes que explica el mal desempeño de los bonos soberanos en dólares y la consecuente suba del riesgo país. Uno de ellos, el analista Gustavo Ber, estima que el ruido político, a la espera de testear el efecto sobre la opinión pública, tiene incidencia en la cautela de los inversores, por supuesto junto al mal clima externo a partir de la guerra en Medio Oriente.

El equipo de research de Max Capital coincide en que las bajas de los títulos de deuda argentina en dólares, a contramano de sus pares, probablemente «refleja los temores políticos, en medio de rumores en torno al escándalo del caso $Libra». Los descensos se dan a pesar de la expectativa de mayor ingreso de dólares al país a través de exportaciones del agro, energía y minería, impulsados tanto por mayor producción como por la suba de los precios internacionales de las materias primas.

La consultora 1816 también marca a los ruidos políticos como uno de los posibles condicionantes de los inversores. Resalta que en los últimos días la agenda política giró en torno al caso $Libra y la polémica por los viajes de Adorni, dos temas que afectan a La Libertad Avanza, un «contraste notable con los últimos meses de éxitos legislativos del oficialismo nacional y con el hito de llevar a once gobernadores a las reuniones con inversores globales en el Argentina Week» que se realizó la semana pasada en Nueva York.

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Martín Genero, de Clave Bursátil, no descarta la incidencia de estos temas sobre el comportamiento del mercado. Considera que, a pesar de que los que operan activos de América Latina están acostumbrados a convivir con corrupción, golpes de Estado y todo tipo de eventos disruptivos, el «punto sensible» sería que a partir de estos hechos se deteriore tanto la imagen presidencial que se especule con una pérdida de apoyo por parte de la población. Sin embargo, resalta, aún falta mucho tiempo para los próximos comicios.

Por qué el riesgo país volvió a superar los 600 puntos básicos

«Argentina tuvo superávit primario en 24 de los últimos 26 meses (algo muy difícil de anticipar en diciembre de 2023, tras el cambio de Gobierno), Milei tuvo un éxito electoral contundente en octubre de 2025, el Gobierno cuenta con un apoyo inédito de Estados Unidos y el Banco Central lleva comprados más de u$s3.600 millones de reservas en lo que va del año. Aún así, el riesgo país tocó esta semana su valor más alto de 2026 y superó los 600 puntos, nivel que hace que, al menos en este momento, el mercado internacional esté cerrado», expone la consultora 1816.

Por lo tanto, plantea varias hipótesis para intentar responder por qué, aún con datos positivos y tras haber caído por debajo de 500 puntos a finales de enero, el riesgo país supera nuevamente los 600 puntos. En primer lugar, ubica al contexto adverso para los mercados emergentes, en medio del conflicto en Medio Oriente. Además, resalta, una eventual derrota de Donald Trump en las próximas elecciones legislativas por la extensión de la guerra no sería bien vista por los inversores en Argentina, teniendo en cuenta el apoyo y la cercanía de los mandatarios.

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A la vez, cita datos vinculados a la dinámica de los rendimientos de los bonos en dólares y la posición técnica respecto a la cantidad de papeles en poder de los inversores. Otro punto es la aceleración inflacionaria de los últimos meses y la falta de «derrame» del crecimiento económico, que se refleja en el aumento de la tasa de desempleo. Además, como se mencionó anteriormente, señala a las tensiones políticas locales como una de las hipótesis que explicarían el mal desempeño de los bonos soberanos en dólares y la consecuente suba del riesgo país.

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Productividad récord, salarios en retroceso: la paradoja de la era de la IA

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La productividad está aumentando. Los márgenes corporativos mejoran cuando el costo laboral cae (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hace unos días leí un ensayo provocador titulado “The 2028 Global Intelligence Crisis”, publicado por CitriniResearch junto a Alap Shah. No es una predicción, sino un ejercicio mental. Pero como todo buen ejercicio estratégico, no intenta adivinar el futuro: intenta obligarnos a pensar lo impensable.

La pregunta central es incómoda: ¿qué pasa si la inteligencia artificial cumple todas las expectativas optimistas… y eso mismo termina siendo bajista para la economía?

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Durante dos siglos, cada revolución tecnológica destruyó empleos, pero creó más y mejores. La máquina de vapor desplazó artesanos, pero expandió la industria. La electrificación transformó fábricas, pero multiplicó la productividad. Internet eliminó agencias de viajes, pero creó gigantes como Amazon y Google.

Durante dos siglos, cada revolución tecnológica destruyó empleos, pero creó más y mejores

Sin embargo, todas esas revoluciones compartían un supuesto silencioso: la inteligencia humana seguía siendo el recurso escaso.

Hoy ese supuesto está en revisión.

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Empresas como OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Meta están desarrollando sistemas capaces de escribir código, diseñar productos, analizar mercados, estructurar estrategias y optimizar operaciones a una velocidad y escala inéditas. Jensen Huang, CEO de Nvidia, habla abiertamente de una nueva era industrial basada en “fábricas de inteligencia”. Satya Nadella sostiene que la IA será la electricidad del siglo XXI.

La productividad está aumentando. Los márgenes corporativos mejoran cuando el costo laboral cae. El mercado celebra. Pero la pregunta incómoda es: ¿qué ocurre si esa eficiencia no se traduce en nuevos empleos humanos sino en sustitución estructural?

El ensayo de Citrini plantea un escenario donde se activa un bucle sin freno natural:

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La IA mejora → las empresas reducen plantilla → reinvierten en IA → la IA mejora aún más.

Jensen Huang, CEO de Nvidia
Jensen Huang, CEO de Nvidia (REUTERS/Carlos Barria/File Photo)

Desde el punto de vista individual de cada empresa, la decisión es racional. Desde el punto de vista sistémico, puede ser disruptiva.

Estados Unidos es, ante todo, una economía de servicios profesionales. Los trabajadores “white collar” no solo representan una porción relevante del empleo, sino que concentran la mayor parte del consumo discrecional. El 20% de mayores ingresos explica aproximadamente dos tercios del gasto en sectores como vivienda, educación privada, turismo, tecnología y bienes durables.

Si esos ingresos se comprimen estructuralmente, el impacto macroeconómico puede ser desproporcionado.

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No estamos hablando de un escenario subprime como 2008. No es un problema de crédito otorgado irresponsablemente. Es un problema potencialmente más complejo: hipotecas concedidas a profesionales con FICO alto, 20% de anticipo y empleo estable… cuyo ingreso futuro deja de ser previsible porque la naturaleza del trabajo cambia.

El artículo menciona casos de deterioro en mercados como San Francisco, Seattle y Austin, donde la concentración tecnológica es alta. No es casualidad. Cuando el motor de ingresos se redefine, el activo financiero más apalancado del sistema —la vivienda— reacciona.

La historia económica nos enseñó que la destrucción creativa es dolorosa pero regenerativa

Pero el fenómeno no se limita al mercado laboral.

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La intermediación, ese conjunto de fricciones que durante décadas justificaron comisiones y márgenes, está siendo comprimida por agentes autónomos. Plataformas SaaS, modelos de suscripción, intermediarios inmobiliarios, sistemas de pago tradicionales como Visa, Mastercard o American Express enfrentan una realidad nueva: cuando el consumidor es un algoritmo que compara todo en tiempo real, la fidelidad de marca pierde peso y la fricción desaparece.

El margen se reduce.

El sector de private equity y private credit tampoco es inmune. Durante la última década, gigantes como Blackstone, Apollo y KKR construyeron estructuras complejas donde aseguradoras financiaban préstamos privados respaldados por flujos “recurrentes” de empresas tecnológicas. Si la recurrencia se ve afectada por automatización acelerada, el supuesto financiero cambia.

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La historia económica nos enseñó que la destrucción creativa es dolorosa pero regenerativa. Sin embargo, esta vez el activo que se vuelve abundante es la inteligencia misma.

Y eso obliga a una reflexión estructural.

Los sistemas fiscales modernos se basan en gravar ingresos laborales. Si la productividad se desplaza hacia capital computacional y no hacia salarios, la base tributaria se erosiona. Ya se discuten propuestas que van desde impuestos a la inferencia computacional hasta fondos soberanos vinculados a infraestructura de IA.

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El debate político apenas comienza.

Como ingeniera y empresaria que trabaja en tecnología y energía, no veo este escenario como fatalista. Lo veo como una advertencia estratégica.

Primero, no toda automatización es sustitución permanente. La historia muestra que nuevas categorías emergen, aunque no siempre al mismo ritmo que la destrucción inicial. Segundo, la adopción tecnológica real suele ser más lenta que la narrativa. Tercero, la regulación, los incentivos y el diseño institucional pueden moldear resultados.

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Pero ignorar la magnitud del cambio sería ingenuo.

Estamos frente a la primera revolución tecnológica donde el factor productivo más valioso —la capacidad cognitiva— deja de ser exclusivamente humano. La pregunta no es si la IA continuará avanzando. Lo hará. La pregunta es cómo rediseñamos los sistemas que asumían su escasez.

El ensayo termina con una frase potente: el canario todavía está vivo.

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Estamos en una etapa donde los mercados aún celebran máximos históricos y las inversiones en infraestructura de datos crecen exponencialmente. Pero las decisiones que tomemos hoy —en educación, en política fiscal, en diseño corporativo y en regulación— determinarán si transitamos una transición ordenada o una corrección desordenada.

La inteligencia abundante no es una amenaza en sí misma. Es una herramienta poderosa. Pero toda herramienta que multiplica productividad sin un diseño institucional adecuado puede amplificar desigualdades y tensiones.

La verdadera batalla no es contra la tecnología. Es contra el tiempo.

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Tiempo para adaptar marcos regulatorios, para reentrenar capital humano y rediseñar sistemas fiscales.

Tiempo para construir una economía donde el valor generado por la inteligencia —sea humana o artificial— circule y no se concentre.

La crisis de 2028 puede no ocurrir exactamente como la describe CitriniResearch. Pero el ejercicio cumple su objetivo: obligarnos a cuestionar los supuestos invisibles sobre los que construimos nuestras inversiones, nuestras empresas y nuestras políticas públicas.

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Porque si la inteligencia deja de ser escasa, el verdadero activo estratégico no será la capacidad de calcular.

Será la capacidad de anticipar.



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