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ECONOMIA

Se bajó uno de los candidatos a quedarse con Carrefour: los motivos y las 3 empresas que siguen en carrera

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Imagen de archivo de una tienda de Carrefour. (Adobe)

Esta tarde se confirmó oficialmente que la chilena Cencosud, dueña Jumbo, Easy, Vea y otras marcas, anunció que ya no compite más para quedarse con la cadena francesa Carrefour, quien está en proceso de venta de sus locales en el país.

Si bien Cencosud participaba del proceso de venta liderado por Deustche Bank, “ha decidido no continua en el proceso actualmente en curso”.

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“Llevamos más de 40 años en Argentina, con un negocio sólido y una posición de liderazgo en centros comerciales, supermercados, tiendas de mejoramiento del hogar y servicios financieros. Además, contamos con terrenos en ubicaciones estratégicas que respaldan nuestro crecimiento en el país. Tenemos plena confianza en Argentina y un potencial de inversiones muy atractivo que privilegiaremos frente a esta oportunidad”, señaló.

Además, la empresa agregó que “se mantiene siempre atenta a los movimientos del mercado y a evaluar oportunidades de crecimiento. Sin embargo, lo hace con disciplina en la asignación de capital y considerando también las alternativas que existen en todos los mercados donde opera”.

Cencosud es dueña en el
Cencosud es dueña en el país de marcas como Jumbo, Easy y Vea, entre otras

La chilena asegura que su propósito es “servir de forma extraordinaria en cada momento, es uno de los retailers más grandes y prestigiosos de América”, y detalla que opera en seis países, tiene más de 120.000 empleados , 1.510 tiendas y más de 3,6 millones de m2 de superficie de ventas. En el país vendió por USD 3.400 millones los últimos 12 meses y a junio 2025, y tiene 279 supermercados, 28 mayoristas y 22 centros comerciales.

Como detalló Infobae días atrás, uno de los desafíos principales para la chilena radica en la aprobación regulatoria, ya que una integración con Carrefour generaría una concentración de mercado de escala inédita. Además, organismos internacionales, como agencias de calificación, adviertieron que un incremento marcado de la exposición de Cencosud a la situación argentina impactaría sobre su perfil crediticio.

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Grandes jugadores locales e internacionales evalúan las condiciones para comprar la operación argentina de Carrefour, en la recta final hacia una definición. La decisión de venta se articula en medio de un escenario de consumo bajo y alta incertidumbre, con implicancias directas en la industria alimenticia y de consumo masivo. Además del futuro de una marca relevante, en la transacción se juegan acuerdos con proveedores, el replanteo de estrategias de precios y la posición de miles de puestos de trabajo.

Alfredo Coto
Alfredo Coto

El proceso, que se encuentra en la ronda final, exige que las empresas interesadas presenten sus ofertas vinculantes en noviembre. Las reuniones con el equipo de management de Carrefour se activaron en los últimos días, como parte del proceso de “management meetings” previsto en este tipo de negociaciones. En este marco, los tres grupos quedan, luego de la salida de Cencosud, son:

  • Coto
  • Grupo De Narváez (GDN), con la participación de L Catterton
  • Klaff Realty

Francisco de Narváez lidera Grupo De Narváez (GDN), holding que gestiona la cadena Changomás —antes conocida como Walmart Argentina—. En la operación para adquirir Carrefour, GDN sumó a uno de los fondos de inversión más importantes del mundo en consumo masivo e indumentaria: L Catterton, respaldado por el grupo francés LVMH y por inversores destacados. Esta alianza posiciona a GDN como uno de los favoritos internos del proceso. Diversas fuentes, en off the record, apuntan que la experiencia de De Narváez con Walmart y la solidez de L Catterton ofrecen ventajas competitivas frente a otros candidatos.

Francisco de Narváez
Francisco de Narváez

Actualmente, Changomás registra cerca de nueve mil empleados.

La firma Coto, comandada por la familia homónima, recorre el proceso con la agilidad de una empresa gestionada bajo control familiar. Esto le otorga ventaja para tomar decisiones rápidas y ejecutar movimientos de adquisición sin extensos procedimientos de aprobación interna. La conducción operativa está a cargo de Germán Coto, hijo mayor de los fundadores, quien lidera la propuesta para incorporar Carrefour al portafolio de la compañía.

El alcance de Coto se encuentra concentrado en la región del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y la provincia de Buenos Aires, lo que puede limitar la aparición de objeciones regulatorias en materia de competencia. El monto estimado de la operación ronda los 1.000 millones de dólares.

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Klaff Realty, fondo de origen estadounidense, encara la puja apoyado en un modelo de negocios focalizado en la adquisición, el desarrollo y la posterior venta de grandes cadenas minoristas. Previamente gestionó firmas del rubro supermercados en el mercado estadounidense, como Albertsons y Safeway, donde aplicó estrategias de expansión y posterior transferencia de activos. En el entorno regional, Klaff Realty controla la cadena Tienda Inglesa en Uruguay, con cerca de 100 sucursales y una facturación estimada en 750 millones de dólares al año.

La ausencia de operaciones previas en Argentina representa un desafío considerable para Klaff Realty.



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ECONOMIA

Frigorífico del creador de las hamburguesas Paty se presentó en concurso con una deuda millonaria

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Frigorífico General Pico, una de las firmas históricas de la industria cárnica argentina y vinculada al origen de la marca Paty, se presentó en concurso preventivo de acreedores y pasó a integrar la lista de compañías que en lo que va del año terminaron judicializando su crisis financiera para intentar reordenar pasivos y preservar la continuidad operativa.

La decisión fue comunicada este 31 de marzo por sus directivos, Ernesto «Tito» Lowenstein y Alan Lowenstein, luego de varios meses en los que la empresa intentó sostenerse con actividad mínima, suspensión de personal y la búsqueda de una salida empresaria para evitar un deterioro mayor. En ese recorrido, la firma exploró distintas alternativas, entre ellas la posibilidad de vender el frigorífico, ceder la explotación de la planta o avanzar con algún esquema de alquiler de largo plazo, pero ninguna terminó de cerrarse.

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El deterioro financiero que empujó esa decisión quedó reflejado en los registros de deudores del BCRA. Según la actualización al cierre de marzo, la compañía acumula 1.152 cheques rechazados por un total de poco más de $15.800 millones, mientras que su deuda bancaria asciende a alrededor de $24.300 millones.

Dentro de ese pasivo financiero, unos $2.500 millones figuran en situación 2, es decir, con seguimiento especial, y otros $16.100 millones aparecen en situación 3, la categoría que el sistema financiero asigna a deudores con problemas de cumplimiento. Sólo entre esos dos grandes rubros, la empresa ya exhibe compromisos por más de $40.000 millones, sin contar otras obligaciones comerciales, laborales y financieras.

La foto actual muestra un agravamiento claro frente a la que exhibía la firma apenas dos meses atrás. En enero, Frigorífico Pico ya cargaba con una deuda bancaria de $22.771 millones, más de 1.000 cheques rechazados por casi $11.700 millones y pagarés emitidos en el Mercado Argentino de Valores por otros $1.770 millones, con vencimientos concentrados en el segundo trimestre. En ese momento, además, el sistema financiero todavía la ubicaba bajo seguimiento especial. Ahora, una parte relevante del pasivo ya pasó directamente a la categoría de deudores con problemas.

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La sociedad se dedica a la producción y al desarrollo de mercados locales e internacionales de carne vacuna, menudencias y subproductos, y toda esa operatoria se apoya en sus dos plantas frigoríficas ubicadas en La Pampa, en las localidades de Trenel y General Pico.

De una planta de escala a una operación mínima

La crisis financiera vino acompañada por un derrumbe operativo y laboral que ya se había vuelto inocultable desde comienzos de año. En enero, la compañía había suspendido a unos 450 trabajadores y prácticamente frenado la actividad en sus plantas, que quedaron reducidas a una guardia mínima de mantenimiento.

El contraste con su capacidad reciente es fuerte. Hasta hace dos años, Frigorífico General Pico faenaba alrededor de 600 cabezas diarias, con planes de escalar a 800. Incluso durante el año pasado todavía había procesado más de 96.000 animales, pero la falta de liquidez, el peso del endeudamiento y la pérdida de ritmo comercial terminaron por desarmar esa estructura.

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La faena se desplomó luego a niveles cercanos a 50 animales diarios, un volumen incompatible con los costos fijos de una planta de ese tamaño. En paralelo, se retiraron incluso los equipos de faena kosher, una unidad clave para la exportación a Israel, lo que terminó de mostrar hasta qué punto se había deteriorado la operación.

A ese cuadro se sumó el frente laboral. La empresa ya arrastraba aportes previsionales y de obra social impagos desde octubre del año pasado, mientras intentaba amortiguar el conflicto con el pago de una suma fija mensual y la entrega de carne. Pero con el correr de las semanas la situación se agravó todavía más y la compañía avanzó con el despido de unos 200 trabajadores, mientras otros 400 quedaron sujetos a la incertidumbre sobre la continuidad de las plantas y el eventual cobro de salarios e indemnizaciones.

Venta, alquiler y una salida que no llegó

Antes de presentarse en concurso, los dueños de la compañía venían buscando una alternativa que permitiera sostener el activo industrial sin avanzar hacia una liquidación. En ese marco, la planta de Trenel aparecía como el principal activo a preservar dentro de una estructura que, aun deteriorada, conserva valor por escala, habilitaciones y ubicación.

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Sobre la mesa hubo distintas variantes: desde una venta total del frigorífico hasta la posibilidad de que un tercero tomara la explotación de la planta bajo otro esquema. En las últimas semanas, además, la propia empresa había dejado trascender que mantenía conversaciones con un grupo empresario de origen europeo, al que definía como uno de los actores con interés en participar de una solución para la continuidad operativa.

Ese interés, sin embargo, nunca terminó de traducirse en una salida concreta. Según explicó la compañía en su comunicación más reciente, las tratativas no avanzaron lo suficiente como para cerrar una operación y, en paralelo, siguió creciendo la presión de acreedores financieros y no bancarios.

En el propio comunicado, la empresa señaló que se analizaron alternativas para sostener la planta, entre ellas «propuestas de terceros que contemplaban esquemas de explotación de la planta en el largo plazo», incluida una opción «cercana a los u$s40 millones mediante un esquema de leasing a ocho años». Ninguna prosperó.

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También apuntó contra «un determinado grupo financiero que reviste simultáneamente la condición de accionista y acreedor«, al que acusó de haber «obstaculizado de manera reiterada las distintas alternativas presentadas por la empresa para asegurar la continuidad de la operación», al priorizar «el recupero de su crédito y contrariando el interés social».

En ese contexto, el concurso aparece ahora como la herramienta para ordenar acreencias, frenar el deterioro y ganar tiempo. No se trata de un dato menor en un sector que ya viene golpeado por consumo interno deprimido, caída de exportaciones, menor dinamismo de China, hacienda cara y costos fijos elevados, una combinación que dejó particularmente expuestas a las plantas más endeudadas.

Pese al cuadro crítico, Frigorífico General Pico intenta sostener un argumento central: que todavía conserva valor industrial y potencial de continuidad. En su comunicado, la empresa remarcó que cuenta con «activos productivos relevantes, inversiones recientes y habilitaciones internacionales», y sostuvo que la planta de Trenel mantiene «un importante potencial operativo y comercial». También aseguró que continuará trabajando para «reactivar en el corto plazo la operación y preservar las fuentes de trabajo».

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La incógnita ahora es si ese paraguas judicial servirá para facilitar una salida empresaria para una de las plantas históricas del negocio cárnico pampeano o si terminará administrando una crisis que ya dejó suspensión de personal, despidos, deuda creciente y una cadena regional cada vez más golpeada.

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ECONOMIA

Cavallo insistió con la eliminación del cepo cambiario y advirtió que dos factores impiden la baja del riesgo país

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El ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, insistió con la eliminación de los controles cambiarios. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

La actual liquidación de divisas provenientes del sector agropecuario y del petróleo, junto con la proyección de mayores ingresos en los próximos meses, representa una oportunidad para levantar los controles de cambio y aumentar las reservas netas del país. Así lo sostuvo Domingo Cavallo, ex ministro de Economía, quien advirtió que el contexto de alta liquidez en divisas permite avanzar hacia una reforma profunda del sistema monetario y cambiario sin la presión de un salto brusco del tipo de cambio.

En un posteo en su blog, Cavallo consideró que el momento es propicio para que el Tesoro compre todas las divisas necesarias para el pago de intereses de la deuda externa y para que, hacia fin de año, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) sume al menos 10 mil millones de dólares en reservas netas adicionales.

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El exfuncionario recordó que en condiciones normales, un giro de este calibre en la estrategia monetaria suele desencadenar una depreciación del tipo de cambio. Sin embargo, Cavallo evaluó que la elevada oferta de divisas en el mercado local limitaría ese efecto y resultaría menos riesgoso que demorar la decisión hasta acercarse a las elecciones.

De esta manera, insistió en que el Gobierno debe “abocarse de inmediato a legislar la reforma monetaria, cambiaria y financiera”, una iniciativa que, según su visión, contribuiría a mitigar riesgos inflacionarios y a consolidar la expectativa cambiaria como pilar de un plan de estabilización. A la vez, destacó la importancia de combinar este esquema con el equilibrio fiscal, para lograr tanto una baja sostenida de la inflación como una pronta recuperación de la demanda interna.

En su análisis, Cavallo cuestionó el carácter contradictorio de los controles de cambio. Explicó que, si bien suelen instaurarse para frenar la salida de capitales en situaciones de crisis externa, cuando se prolongan “desalientan el ingreso de divisas” y encarecen el costo del capital, afectando tanto la inversión en activos fijos como en capital de trabajo. Sobre el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el ex ministro de Economía planteó que el Gobierno reconoce esta distorsión al permitir que quienes invierten bajo ese marco dispongan libremente de las divisas generadas por exportaciones. “Para quienes inviertan protegidos por el RIGI se les asegura que no existirán controles de cambio”, explicó.

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No obstante, marcó que el resto de las empresas continúa enfrentando fuertes restricciones para administrar sus excedentes en moneda extranjera y para acceder a financiamiento externo. Esta situación, alertó, termina elevando el costo del capital y desincentivando la inversión.

Respecto al riesgo país, el padre de la Convertibilidad expone que la permanencia de controles de cambio para las compañías fuera del RIGI y el bajo nivel de reservas netas del Banco Central mantienen el indicador por encima de los 600 puntos básicos, a pesar de los resultados fiscales positivos. Según el ex ministro, las dificultades del BCRA para acumular reservas por temor a la emisión monetaria alimenta la percepción de que la estabilidad cambiaria es frágil y que una depreciación abrupta podría desatar nuevas presiones inflacionarias. “Si el Banco Central acumulara más reservas, aún a costa de admitir una depreciación temprana del tipo de cambio, la expectativa de depreciación futura disminuiría”, sostuvo.

Cavallo también consignó que los controles de cambio fomentan la informalidad, ya que muchos exportadores y prestadores de servicios optan por ingresar divisas a través del mercado informal en lugar de liquidarlas en el circuito oficial. El ex titular del Palacio de Hacienda argumentó que, sin restricciones, la disponibilidad de dólares para pagos y financiamiento internos sería mucho mayor que la que permite el régimen de “inocencia fiscal”, al que calificó como “necesariamente transitorio y legalmente inseguro”.

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El ex ministro propuso que, una vez eliminados los controles, el Banco Central autorice a los bancos a utilizar los depósitos en dólares para financiar inversiones, ya sea a través de créditos o mediante la compra de obligaciones negociables del sector privado. Además, consideró que la expansión del crédito en dólares bajo un régimen de controles resulta riesgosa, porque la inestabilidad cambiaria y las altas tasas en pesos incrementan el peligro de incobrabilidad.

Domingo Cavallo concluyó que la eliminación de los controles de cambio y la liberalización del mercado cambiario acercarían a la Argentina a un modelo más competitivo, alineado con la idea de una economía sin Banco Central, como la que promovió Javier Milei durante la campaña presidencial. En tal sentido, ejemplificó con el caso peruano al señalar que la Constitución de Perú prohíbe el financiamiento monetario al Tesoro y los controles cambiarios, lo que permitió al país alcanzar una estabilidad de precios destacada pese a la inestabilidad política.

“Es muy difícil que se pueda avanzar hacia la despolitización de la economía, es decir a sacar al Estado de la intermediación entre vendedores y compradores en los mercados de bienes y servicios, si en materia monetaria, cambiaria y financiera impera la discreción por arriba de las reglas”, cerró su análisis.

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ECONOMIA

Por qué nuevo bono en dólares deja en evidencia que inversores ponen límites para financiar a Caputo

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La última prueba de Toto Caputo para fondearse con dólares «sin depender de «Wall Street» dejó, por primera vez, una señal de advertencia sobre si, pese a la elevada liquidez de billetes verdes, el ministro de economía está llegando al límite de la capacidad del mercado local.

Y no faltan, incluso, quienes creen que a Caputo le pueda haber jugado en contra su propio discurso sobre el componente de «riesgo kuka» en la tasa de interés de los bonos que vencen después de 2027.

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El viernes, Caputo había celebrado el hecho de que se había generado, otra vez, una fuerte demanda de los inversores locales por bonos en dólares. Se colocaron los u$s150 millones previstos para cada uno de los dos bonos. Y el mayor motivo de festejo fue la nueva caída en la tasa de interés para el título que vence en octubre 2027, que pagó apenas 5,02% anual, cuando en las licitaciones previas la tasa había sido de 5,8% y 5,4%, respectivamente.

Pero el resultado para el bono nuevo, el que vence en 2028, fue más ambiguo. También hubo demanda, pero la tasa de interés fue de 8,5% nominal, algo que Caputo tomó como confirmación de que el mercado sigue con temor a que en las elecciones presidenciales del año próximo pueda haber un regreso del kirchnerismo y que, eventualmente, haya un default o reperfilamiento de estos bonos dolarizados.

Hasta ahí, como reza el eslogan oficialista, «todo marchaba acorde a lo planeado». Pero cuando el lunes se realizó la segunda tanda de licitación, para colocar un adicional de u$s100 millones para cada bono, llegó la sorpresa negativa.

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La demanda por el título con vencimiento 2027, es decir el que está totalmente «libre de riesgo kuka», quedó u$s3 millones por debajo del cupo, cuando en las licitaciones anteriores se había excedido la oferta por más de u$s200 millones. Y, en lo que respecta al bono que devuelve el capital en 2028, la demanda estuvo u$s66 millones debajo del cupo.

En definitiva, en una licitación en la que Caputo aspiraba a captar u$s500 millones -sumando dos tandas de ambos bonos-, logró u$s431 millones, un 14% menos que lo esperado. La cifra propiamente dicha no es mala, pero lo que varios analistas están interpretando es que es posible que se esté en un quiebre de tendencia. En otras palabras, que la capacidad de fondearse en dólares con el mercado local entre en fase decreciente.

¿Se terminó el entusiasmo?

Hasta ahora, sumando las tres licitaciones realizadas con los nuevos bonos, el Tesoro captó u$s931 millones, sobre un total de u$s2.000 millones que anunció que buscaría a lo largo del año, con el objetivo de financiarse para hacer frente al calendario de vencimientos de deuda.

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En particular, preocupaba al gobierno el abultado vencimiento de julio, cuando haya que cancelar capital más intereses por u$s4.200 millones.

Y el relativo mal resultado del bono 2028 -se demandaron u$s184 millones ante una oferta de u$s250 millones, y los inversores pidieron una tasa que excede en 3,48% la pactada por el bono 2027- deja una nota de duda respecto de si Caputo querrá volver a emitir este título dentro de dos semanas o si considerará que el costo del «riesgo kuka» no vale la pena.

Por lo pronto, lo que está claro es que la liquidez en dólares del sistema bancario sigue siendo elevada, con depósitos por u$s40.000 millones, y de los cuales apenas la mitad fue colocado en créditos.

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Pero si se necesita una prueba incontestable de que hay apetito por activos a comprar con dólares, el mismo día del segundo tramo de la licitación hubo una salida al mercado de una nueva Obligación Negociable corporativa, que despertó fuerte interés. En este caso, se trata de Pampa Energía, que consiguió u$s200 millones, a una tasa de 5,49% anual, con un vencimiento a 36 meses.

El cálculo de los analistas es que, desde las elecciones legislativas de octubre hasta ahora, ya superan los u$s12.000 millones las emisiones de crédito corporativo y de deuda de los gobiernos provinciales.

Un argumento de doble filo

Ante esa situación, en el mercado se está planteando el debate sobre si Caputo hizo bien en lanzar su bono 2028, o si el resultado de ese test se pudo haber transformado en un efecto boomerang.

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Así lo plantea la consultora Outlier: «El argumento del ‘riesgo kuka’ para explicar esa situación es un arma de doble filo, porque implica reconocer que el mercado asigna una probabilidad significativa no solo a la no continuidad de la actual administración, sino a un quiebre y reversión abrupta del enfoque por la misma impulsado».

Lo cierto es que hay muchos analistas que coinciden en que la licitación no salió bien para el gobierno, y no necesariamente por las cifras, sino por el mensaje tácito que devuelve el mercado. Básicamente, que la confianza sobre la estabilidad del modelo económico es de corto plazo.

El propio Caputo hizo el cálculo. Estableció que el «riesgo país Milei» es de apenas 117 puntos básicos. Ese es el número que surge de restarle a la tasa del bono argentino -5,02% en la licitación de este viernes- el costo de la tasa de referencia mundial, que ronda el 3,8%. Para el gobierno, esa tasa no sólo es baja porque lleva implícito un riesgo país muy inferior al que mide el índice de JP Morgan a nivel mundial -en torno de 600 puntos- sino que, además viene en franco descenso.

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En contraste, el riesgo país a octubre de 2028 fue calculado por Caputo en 460 puntos. Y la «tasa forward» -como se denomina en la jerga financiera a la diferencia de interés entre dos momentos futuros, en este caso octubre de 2028 versus octubre de 2027- equivale a una tasa nominal anual de 14,09%.

La parte mala para el gobierno es que, detrás de la chicana al kirchnerismo, hay un reconocimiento de que el mercado sigue viendo una probabilidad relativamente alta de un quiebre de rumbo económico y de un cambio de signo político tras las elecciones del año próximo.

Afuera, tasas prohibitivas

Para el corto plazo, el interrogante que dejó esta licitación es si Caputo podrá completar su plan original de tomar u$s2.000 millones del mercado argentino y pagar una tasa en torno al 5% anual. De ello depende, en buena medida, la continuidad de la estabilidad cambiaria y la cotización de los bonos de deuda soberana.

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Si hoy el ministro tuviera que pedir crédito en el mercado financiero global, debería pagar una tasa anual de más de 9%, que sería el resultado de la tasa de referencia, más el índice de 600 puntos que mide hoy Argentina tras la turbulencia global generada por el conflicto en Medio Oriente. En otras palabras, una tasa prohibitiva.

El nuevo secretario de Finanzas, Federico Furiase, intentó llevar calma al mercado al afirmar que ya está asegurada la cantidad de dólares necesaria para cumplir con los vencimientos de deuda del año. Sin embargo, por un mix de factores internos y externos, el índice de riesgo país argentino sigue firme en su tendencia alcista, y se ubica en 630 puntos.

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